miércoles, 28 de febrero de 2018

diagramas

Algo les he ido contando de la aventura mecánica que estoy viviendo últimamente en la parte más oscura de cierto taller de mi ciudad, un apartado especial marginal de Monkey Road, al que hemos dado en llamar MR Performance.

Montar desde cero una moJonda CRF 450 hasta su total finalización, puesta en marcha y funcionamiento total y satisfactorio.
Ya se montó el motor. Ahí aprendí mucho y puse en práctica todo lo estudiado. Después de hizo la boda con el chasis, con sustitución de algunos rodamientos de las bieletas de suspensión. Se empezaron a colocar algunos elementos básicos del sistema eléctrico y electrónico, lo justo para arrancarla y comprobar que íbamos bien antes de seguir adelante: regulador, CDI y bobina, fueron suficientes para dar unas patadas y escuchar cómo sube fulgurante de vueltas con pocas inercias. Fantástico!!!

Ahora atacamos en dos frentes. Por un lado hay que "hacer la horquilla" (en el argot, para designar el procedimiento de desmontar, limpiar, cambiar retenes y volver a montar todo), y lo más peliagudo, y que no es estrictamente algo verdaderamente mecánico: la instalación eléctrica. 


La CRF es originalmente una moto de cross, que viene, como quien dice, en pelotas eléctricamente hablando. Utilizando una metáfora, lo que tiene es un bikini, y lo que lleva una Panigale actual sería un traje de fiesta con todos sus complementos.

Hay que coger un piña de luces, y tirar cableado para luces cortas, largas, posición, frenos e intermitentes. Y digo yo que habrá que poner algún fusible por algún lado, cosa que no hemos contemplado en ese diagrama primigenio.

A mí la electricidad me da miedo desde chiquitito, porque me dieron tres o cuatro calambrazos con enchufes. Y esa fobia ha derivado en un total desentendimiento e ignorancia. 
A ver, algo sé, algo de teoría, pero poco. 
Y cojo con alegría esta misión que sé que me va a enseñar mucho y al final me va a acabar gustando. Como dice Antonio Lozano, el gurú y guía y maestro en estas lides, "son sólo 12 voltios, hombre". 

De momento, lo que tenemos es un mazo con cables finitos de varios colores, muy bonito.

jarros de agua fría

Supongo que algunos de ustedes ya saben que mi limitador tiene un VW Touran. Yo no tengo coche, vendí el mío hará cosa de mes y medio, cosa de la que no me arrepiento, ya que no lo he echado de menos ni lo he necesitado en todos estos días.

El limitador insistió en su momento en que debía comprar aunque fuera un pequeño utilitario para el día a día, para un desavío, para una necesidad, y etcétera. Yo no lo hice ni caso. Si vendí mi coche es porque no hacía falta, y si la hiciera, sería algo puntual, mera coincidencia de necesidades, urgencias fantasiosas y creadas. Prefiero invertir ese dinero que obtuve de la venta en otras cosas.

Pero no quiero desviarme del objeto de esta entrada.
Mi trayectoria de vehículos electrodomésticos para el día a día no ha sido ni mucho menos placentera, ni agradable, ni feliz. Creo recordar que algo he ido relatando en este bloc al respecto, aunque de todos modos relataré un breve resumen a modo de reseña y puesta en antecedentes.
Cuando me independicé del hogar familiar que me educó y crió, me hice con un Seat Ibiza tdi 110. Era el pepino de los tedeíses: pequeño y matón, consumía poquísimo y corría tela sin apenas esfuerzo. Yo era joven y estaba un poco loco. Sigo loco, pero mucho menos joven. 
El Ibizita no cumplió las expectativas, pues un caudalímetro causante de innumerables problemas, y un turbo que me fastidió un viaje familiar a Madrid, me hizo deshacerme de él con 60.000 km, un poco deprimido y mosqueadillo con el servicio postventa de la marca.
El que compramos con el embarazo de mi primer hijo, un Renault Megane ranchera 1.9 dti, era un aparato cómodo, muy espacioso, no caro, agradable y se guiaba con placer en carreteras de curvas. Pero con 110.000 km tuve que deshacerme de él. En ese lapso de km ocurrió todo esto: motores de ventanillas, amortiguadores, alternador, tres baterías, y gripaje del rodamiento de la bomba de vacío (va engranda solidariamente con un árbol de levas, lo que supuso una avería monumental de la distribución en plena A-49, saliendo de viaje con esposa y dos hijos). El coche se reparó y a los pocos meses el aire acondicionado dejó de hacer su función. Hasta los cojones del francés de mierda, lo entregamos deprisa y corriendo como entrada de un Seat Altea XL tdi 140. 
Este sí, este corría una barbaridad, buena amortiguación, frenos, espacio, cómodo... y tres años tirando de coches de sustitución ( por lo general infames Ibizas de tres cilindros), tratando de encontrar un grenlim que producía averías electrónicas por doquier. Cuando funcionaba, iba de lujo, fantástico rendimiento. Pero por desgracia, este auto estuvo más tiempo en Huelva Motor que en mi casa. Una de las muchísimas veces que nos aseguraron que "ahora sí, hemos dado con lo que causaba el error, puede estar tranquilo", le dije a mi limitador: "niña, como vuelva a fallar, nos lo quitamos de encima de una puta vez". Efectivamente, así fue.
Fuimos recibidos con los brazos abiertos en Huelva Wagen, donde lo entregamos con menos de 70.000 km, para adquirir el actual Touran 1.6 tdi. 
Con el Toruan todo fueron alegrías, albricias, osannas, aleluyas y esas cosas. Un coche, aunque un poco inframotorizado, muy bien equipado. Comodísimo, bien acabado, fácil, agradable al tacto, espacioso, útil. Contraté la extensión de garantía a cuatro años que me ofrecieron, cosa de la que me alegré en el cuarto de año de uso cuando se rompió algo llamado "mecatrónica del cambio", pvp de reparación >2000€. Ole.
Poco después llegó el "dieselgate" de Volkswagen, y en la siguiente revisión le hicieron, por prescripción administrativa gubernamental, una reprogramación del software que regula la eliminación de residuos del filtro de partículas, y le pusieron un par de filtros aquí y allá, que como consecuencia arruinaron abolutamente la conducción del chisme. Por dos veces tuvimos que llevarlo de vuelta a Huelva Wagen para que lo ajustaran y pusieran bien a punto, con las consiguientes voces más altas que otras, llamadas a servicio post venta y tal y cual. Muy mal sabor de boca.
A pesar de todo el pataleo y lucha y buenas palabras y promesas, el coche no va como iba antes de. Pero uno se acostumbra de todo y al final se te olvida cómo iba hace un año o dos.
Ayer fue mi limitador a Sevilla a un funeral, con incineración y entierro en columbario (aunque no sé si llamar entierro a eso). Y me llamó alarmada contándome que había una fuga de líquido refrigerante y se habían encendido una luz roja...
HORROR.
El día de la marmota es la historia de mi relación con los utilitarios. La grúa llevó al objeto y a la sujeta a las puertas del concesionario, para que le metieran mano. Una señorita con un piercing en la nariz le dijo con modos secos y bordes, al verla llegar, literalmente, que "los coches que vienen en una grúa tardamos unas semanas en mirarlos". 
Me da la risa. Tienen la cara de decirte cada vez que haces alguna operación allí, que cuando llamen para hacer la encuesta de calidad, digamos que estamos "sumamente satisfechos".
Semanas.
Esta gente viven en los mundos de Yupi. ¿Eso es el servicio post venta al cliente de una marca que quiere situarse en el top del mercado? Un sitio donde te cobran 75 euros la hora de mano de obra.
Semanas.
Sumamente satisfechos.
Claro.

Pero talleres de coches es lo que sobran en esta Huelva mía. Ténganlo claro. 

Esperemos que mañana o a lo más tardar el viernes 2 de marzo esté listo, pues se trata de un tubo del sistema de refrigeración, nada del otro mundo. Para empezar, hoy me quedé sin navegar, y mañana más de lo mismo seguro, con la que se avecina... sigh.
Y el viernes 2 de marzo tenemos una cena en Sevilla, y el sábado 3 de marzo una boda. 

Estas cosas son así. 
¿Soy una víctima de la obsolescencia programada? ¿Me persigue una maldición? 

lunes, 26 de febrero de 2018

café para un lunes cualquiera

Siegl, no hace falta decir más.



Como es habitual, pueden profundizar algo aquí.

viernes, 23 de febrero de 2018

JBT

Es la vida misma. Es el gen X. Es la emoción. Y el pánico.

Es la pura vida.

No hay texto alternativo automático disponible.

miércoles, 21 de febrero de 2018

4x4

Y Antonio Monkey se hizo con un Vitara. 
Un modesto vehículo todo terreno, igualmente válido para la desmesura fuera de la carretera pavimentada, y más en manos de ese equilibrista del motor.
Antonio ve las cosas, comprende el espacio, domina el tiempo, percibe la pendiente, el agarre, la inclinación lateral, la guiñada, el cabeceo, incluso sabe de algún modo inexplicable que no va a volcar.

Las dehesas de la provincia son testigos de nuestro paso, un grupo que se fue separando poco a poco, huyendo del polvo levantado por los aparatos automotrices. Algunos vacunos no muestran asombro ni miedo:


En un momento dado, el Suzuki rompe algún elemento de la transmisión afectante al tren delantero. Pero el buen hacer y disposición de Antonio logró hacer un apaño para terminar la ruta mientras los demás tomábamos un corto refrigerio. 
Nada que alambre y unos alicates no puedan solucionar: 


Continuamos lo poco que restaba para acabar la ruta prevista en modo 4x2, suficiente en las hábiles manos del piloto, hábilmente guiado por mi persona leyendo el rutómetro.
Decidimos continuar por nuestra cuenta en busca de algún bonito paraje para almorzar, aunque es ya un poco tarde. Da igual. 
Nos internamos siguiendo el curso del Río Tinto, lo que asegura localizaciones sin igual.


Antiguos y abandonados molinos de agua son pintorescos y curiosos de visitar.





Proseguimos. El paisaje es verdaderamente espectacular, siguiendo una antigua vía férrea minera que algunos quieren convertir en vía verde para ciclistas... lo que obviamente impediría el uso de otro tipo de usuarios del campo, la montaña y la naturaleza, pero eso ellos no lo ven ni lo comprenden. Porque el ciclista es, por lo general, excluyente, egoísta, avaricioso, y como no, vanidoso y siempre en posesión de la verdad y la razón absoluta.



A pesar de la época del año, el río lleva poca agua. Normal, ha llovido sólo cuatro o cinco días desde el final del verano. Nos podemos permitir cruzar en algún punto el cauce y llegar a una zona muy bonita donde tomaremos tortilla de patatas, chacinas y quesos, con refrescos y alguna cerveza.




El rutómetro me lo quedé, para trazar el track y volver a hacerlo en moto, con mis aportaciones particulares y disfrutar de otro modo, distinto aunque emparentado.

café

Lo siento, se me pasó el lunes, demasiadas cosas en la mente.



Un poquitín más de info sobre Holographic Hammer aquí.

miércoles, 14 de febrero de 2018

En la noche de los tiempos

No es la primera vez que hablo aquí de H. P. Lovecraft. He vuelto a leer otro libro suyo, más bien un cuento, pues por su extensión no cabría llamarlo de otro modo.
Su longitud es más que suficiente, y me atrevería a criticar que sobra, teniendo en cuenta lo que cuenta, que no es mucho, sino una vez más lo mismo de siempre.
Y es que Lovecraft me cansa, siempre con lo mismo, vuelve al monotema una y otra y otra vez, y supongo que este relato ya me ha dado la puntilla para no volver a coger un libro firmado por él nunca más.

Publicado en 1936, justo un año antes de su fallecimiento, esta obra es un vivo y claro ejemplo de lo que caracteriza el estilo del autor, el denominado "horror cósmico", término creado para él, y la descripción exhaustiva, repetitiva y cansina de los mismo escenarios horribles y de pesadilla. 

La realidad y la locura, el sueño y la vigilia, lo posible y lo imposible, se mezclan sin fin en una trama inexistente, que se limita a contar lo que el protagonista cree que le pasa, le ha pasado e incluso le pasará, basado en la creencia de que su cuerpo ha sido poseído por un ente, y que él mismo ha poseído el de tal criatura pudiendo así acceder a su mundo, su tiempo (que no es el nuestro), sus conocimientos. 

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Recuerda inevitablemente a otros trabajos suyos, como el que ya comenté aquí, "En las montañas de la locura", aunque aquí introduce una variable nueva, y es la posibilidad del viaje en el tiempo por parte de las criaturas, a las que llama "la Gran Raza". 

La sensación de desasosiego con su lectura, causada sobre muchas personas, es lo común a toda su literatura, y lo que le lanzó a la fama como escritor de fantasía y una incipiente ciencia ficción, aunque no creo que deba llamarse así a este libro. No.

Lovecraft tiene su sentido en una época y un lugar en el que destacó indudablemente, los hechos son los que son. Hoy no causa misterio, ni asombro, y son pocos los que le recuerdan con placer o cariño. Yo no seré uno de ellos.

En resumen, En la noche de los tiempos se puede leer, pero tampoco pasa nada si no lo hacen, sobre todo si ya lo han hecho con alguna otra obra de Howard Philip.

lunes, 12 de febrero de 2018

café

Comienzo una serie dedicada a preparaciones sobre motos Ducati. Los lunes trataré de poner alguna.
Traigo hoy la Café Veloce:



Un poco más de información aquí.

pequeña historia de la impotencia de Honda

La acción se sitúa a mediados de los años 50, cuando el Campeonato del Mundo era ampliamente dominado por los fabricantes europeos, ante la impotencia de Honda, que no era capaz de hacer una máquina competitiva.
El empuje de la tecnología y la fiereza de marcas como NSU, Mondial, MA Agusta... era tal que conseguían prácticamente doblar la potencia de los motores de Soichiro Honda, que no daba con la tecla, no sabía, no podía.
Al final, la solución vino como todo lo que han hecho los japoneses: copiar. 

Ya lo explica Emilio Duró en sus conferencias sobre felicidad, productividad, motivación y superación: macho, tú no eres ningún genio, joder; si ves que tu negocio no funciona, no intentes inventar, coño, no inventes; simplemente copia lo que funciona!!!!

Es lo que hizo el bueno de Soichiro, se lo pusieron en bandeja con "el pacto de la abstención". Unas semanas después de finalizar el Campeonato del Mundo de 1957, un comunicado conjunto emitido por Gilera, Moto Guzzi y Mondial provocaba un verdadero cataclismo en el motociclismo mundial: “Las Marcas susodichas, por tanto, se han encontrado de acuerdo en el propósito de abstenerse, a partir de 1958 y hasta otra eventual decisión, de participar sea directa o indirectamente en las carreras, reservando su mejor interés y aprecio a las manifestaciones que serán convocadas sobre la fórmula de no perjudicar a la velocidad”. 
En ese complejo y rebuscado lenguaje del pasado anunciaban su retirada indefinida de la competición, fundando su resolución en motivaciones políticas, económicas y personales, y dejando sola a MV Agusta, que con el ambicioso y aristocrático Conde Agusta al frente, logró todos los títulos, tanto de marcas como de pilotos, de 1958 a 1960, cosa que ningún otro fabricante había logrado antes. MV  se centró en las categorías de 350 y 500 a partir de 1961, dejando al resto de pequeños fabricantes las categorías inferiores.
Así fue como Honda llegó en 1959, Suzuki en 1960 y Yamaha en 1961, que se encontraron como únicos rivales a MZ, Morini, Bultaco, Benelli, EMC, Aermacchi y alguna otra marca, ninguna de las cuales gozaba de un potencial tan grande como el que tuvieron en su momento Gilera, Mondial y Moto Guzzi que, sin saberlo, allanaron el camino a la industria japonesa.

Tras la retirada pactada, Giuseppe Boselli, propietario de Mondial, regaló a Soichiro Honda una Mondial de 125, para que el japonés descubriera sus secretos mecánicos. Ese gesto por parte del propietario de Mondial no sería olvidado por los responsables de la marca del ala. De hecho, al entrar en el museo "Motegi Collection Hall", la primera moto que encontraremos será una Mondial 125 de GP.

El magnate de la prensa Roberto Ziletti adquiere en 1999 los derechos de Mondial con la idea de reflotar una de las grandes marcas históricas del país transalpino, y qué mejor modo de llamar a las puertas de Honda para que les suministre un motor para equipar su nueva creación, la Piega, que de otro modo haría inviable su fabricación por motivos de costes de desarrollo y fabricación. 
En Honda, que guardaban en su memoria el obsequio de Giuseppe Boselli, facilitan a Mondial el motor bicilíndrico de la VTR 1000 SP1, modelo con el que participan en el WorldSBK, en un acuerdo a largo plazo que se convierte además, en el primer acuerdo de Honda para suministrar sus motores a otro fabricante (los escasos casos de chasis Harris, Rickman, o las Bimota-Honda, fueron a base de comprar privadamente motos completas para usar sus motores).

A pesar del fuerte esfuerzo por reflotar Mondial por parte de Ziletti, que invirtió más de 11 millones de euros, la marca pasa de mano en mano hasta su desaparición o suspensión durmiente. Una pena, realmente, porque un esfuerzo y una oportunidad así merecen terminar bien.

La Piega es una deportiva pura con un ligerísimo chasis tubular realizado en cromomolibdeno el cual abraza al motor VTR, obteniendo un conjunto muy estrecho y compacto, sobre todo en comparación con las RC-51 de la que procede. El motor queda inalterado, y sólo hay modificaciones en la caja del filtro de aire, el escape, y una electrónica retocada. Se anuncian 18 kg menos de peso que la SP1, y algo más de potencia, pero los que las probaron en la prensa especializada siempre hablaron de un comportamiento errático en la inyección, menos potencia de la anunciada, y para más inri, Honda puso en el mercado la versión SP2, que mejoraba aún más los pocos defectos de la SP1, convirtiendose en un duro rival para la propia Piega. 
Con un precio de 23.900 euros para la versión normal, y algo más cara la completamente carbonatada, se fabricaron muy poquitas (casi no les dio tiempo), y se vendieron menos todavía. 



Mondial Piega Dash
Mismos "relojes" que la Honda

Mondial Piega Front
Se adelantó a Terblanche con los faros superpuestos

Mondial Piega Prototype Suspension and Brakes
Masivo equipamiento para frenar

Mondial Piega Prototype Swingarm
Basculante multitubular en acero cubierto de fibra de carbono

Mondial Piega Prototype
Todo muy muy racing

Mondial Piega Naked
Impresionante, pero no lo suficiente...



Wikipedia Mondial

blog Odd-bike

y conocimientos propios.

sábado, 10 de febrero de 2018

Stalker, pícnic extraterrestre

Arkadi y Borís Strugatski, dos hermanos rusos, escribieron esta novela de ciencia ficción, que fue publicada en la Unión Soviética en 1972. 
Mi ejemplar: 

¿Qué decir de ella? Una idea genial plasmada soberbiamente, con un final de película. 

Se cuenta que unos extraterrestres llegaron, estuvieron un tiempo aposentados en ciertos sitios, y se fueron sin más, dejando ciertos restos desechados. Llámanse "stalker" a los que se dedican, normalmente con nocturnidad y alevosía, a penetrar en las zonas visitadas para recolectar objetos de origen alienígena, con extrañas propiedades y poderes... pero también hay otras cosas que mejor ni las nombro aquí.
La historia es toda una metáfora de la miseria humana, del bien y el mal, de la razón y la sinrazón, de la locura.

Escrita de manera muy moderna y actual, como todo lo que he leído de más allá del telón de acero, rebosa calidad por los cuatro costados, y ya no sé si es que allí son culturalmente así, o es que a Occidente sólo llega lo mejor de lo mejor.
Sea como fuere, la novela bien se merece los premios que ganó en su día, y el reconocimiento de la valía de sus autores. Me la he tragado de dos sentadas, literalmente, y me ha encandilado.
Es buena.
Muy buena.

viernes, 9 de febrero de 2018

Todo no es lo que parece

He tenido ocasión de probar un nuevo vehículo. Nuevo para mí, claro.
Tal que éste: 

Resultado de imagen de seat leon st fr

El Seat León ha tenido una trayectoria bien definida en los muchos años que lleva fabricándose, y vendiéndose bastante, siendo siempre llamativo para un público joven que busca prestaciones, una mínima fiabilidad, y sobre todo bajo precio. A los que no les llega para el Golf, o piensan que el de Wolfsburgo es para puretas, les hace mucho tilín el León. 

En este caso, el modelo probado presenta algunas peculiaridades, no es cualquier León, sino un ST (la versión "ranchera", vaya), y además en acabado FR (siglas que tienen su origen en las palabras Factory Replica, un nivel por debajo del CUPRA en equipamiento y prestaciones). Como quiera que ahora CUPRA se va a establecer como marca independiente (como ya hicieran Fiat y Abarth, por ejemplo), este cochecito puede considerarse como el tope de gama. La versión es un dos litros alimentado por esa cosa asquerosa que usan las calderas, 150 cv, y cambio de seis marchas automático de doble embrague propia del grupo VW, con toda la parafernalia electrónica al uso encaminada a tener bajo consumo y emisiones ridículas. 
Por dentro no está mal, Seat ha cambiado mucho:

Imagen relacionada

El puesto de conducción es agradable, todo cae a mano, y presenta opciones de conectividad con tu celular acordes con los tiempos. Los asientos son cómodos y sujetan sin molestar. La palanca de cambio en su sitio, aunque tampoco importa pues una vez puesta en D, ya no la volverás a tocar. 

Los acabados, materiales, tacto, ajustes, son bastante dignos. Si le quitas el emblema del volante, realmente no me atrevería a asegurar que voy en un Seat, sino en algo más. La diferencia de precio con las gamas superiores (Golf y A3 en este caso), van por otro lado, como insonorización, y los materiales usados en sitios puntuales. Ahora cada cual debe valorar si quiere pagar los más o menos 3000 euros que supone cada escalón, tanto por apreciar esas diferencias, como por imagen de marca. Es un debate, de todos modos, en el que no quiero ni debo entrar ahora.

El León es agradable de conducir. El auto es suave y dócil, y sus siglas FR, antaño seña y distintivo de deportividad, se han aburguesado mucho. El motor no asusta ni lo más mínimo, hace ya mucho que dejó de ser brusco y hasta violento en algunas versiones. Tuve un Altea XL con una versión más antigua de 140 cv, y la impresión era de un tacto más deportivo, más duro.
En cambio, el ST se deja conducir sin pena ni gloria. No es que no ande, que lo hace bastante bien, con poco ruido, poco consumo, pero también poca alegría, sin emocionar. 
El volante es correcto, tanto, tanto, que no he notado nada raro. Ni me pareció grande, ni pequeño, ni grueso ni delgado. Tampoco vibra a ningún régimen. Ya les digo, la seda hecha vehículo anodino.
Coge las curvas sin despeinarse, bien amarrado al suelo por un chasis evolucionado y desarrollado durante décadas, literalmente, y pegado al asfalto por generosa monta de ruedas de 17". Ningún pero a los frenos.
El FR va de fábula, y sería un vehículo que sirve igual para la abuelita del pueblo, como para el niñato con carnet recién sacado, así de fácil y predecible es.

Eso sí, las plazas traseras son para dos adultos. Tres ya irían mal. Y el maletero, merced al volumen extra rancheril, es aceptable. Pero sólo eso, aceptable. En ningún caso se tirarían cohetes por este motivo. Las formas en chaflán aerodinámico no ayudan, pero supongo que mucho mejor que un León normal, que tiene que ser de pena, visto lo visto.

Desde 17.030 euros la versión más barata del aparato, que mejor ni mirar las especificaciones mecánicas y de equipamiento, llegamos a tener que abonar la nada despreciable suma de más de 27.000 euros. Joder. 

El León ST FR mola, pero hay que pagarlo.

domingo, 4 de febrero de 2018

On any sunday

Es el título de una película que todo aficionado al surf debería haber visto. Yo no hago surf, pero la vi, y reconozco que, la verdad, me dejó un poco frío. Mucho mejor usar ese tiempo en disfrutar de "El Gran Miércoles", sin duda.
Pero no me hagan mucho caso, ya saben que soy raro de narices, y un freak reconocido y convencido, y por méritos propios.

Sea como fuere, un domingo cualquiera, la idea, el concepto, juega a mi favor, y podría aplicarse a casi cualquier afición. Es por ello que, un domingo cualquiera, o un sábado cualquiera, o un martes, puede configurarse como la ocasión ideal para pasar un día en el campo, mitad excursión exploratoria metiéndonos en algunos líos (se saldaron con medio cuerpo mojado, una palanca de freno doblada, y muchas risas), y mitad comida entre familia y amigos. Buen plan.



Nuestras motos, tan buenas como osados sus dueños, dieron el do de pecho, y nos hicieron creer una vez más que todo es posible. 


A pesar de lo que se ve en las pictografías a color de escenas bucólicas repletas de referencias hidrográficas, no se lo crean: el campo está muy seco para ser febrero, y echamos de menos más charcos, barro... y ausencia de polvo. Oh, sí, maldito polvo.


Seguimos ahondando en el conocimiento de nuestra extensa provincia, maravillado me quedo con sus bosques y las pintorescas y paisajísiticas pistas que se nos ofrecen para disfrutar de la naturaleza en pleno esplendor, en sitios alejados del tránsito humano (alabado sean los dioses).

Sólo espero vivir un poco más para seguir paladeando estos sabores que colman mi espíritu y sacian mi hambre de sensaciones.

Amén.

Oda XI

Oda XI del libro Primero.

Tu ne quaeseris, scire nefas, quem mihi, quem tibi 
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios 
temptaris numeros. Ut melius, quidquid erit, pati!
Seu plures hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam, 
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare 
Tyrrhenum, sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

Horacio (siglo I a. C.)

No indagues, Leuconoe, no es lícito saberlo,
qué plazo a ti y a mí nos habrán dado los dioses,
ni consultes los números de Babilonia.
¡Cuánto mejor es aceptar cualquier cosa que suceda!
Sean muchos los inviernos que Júpiter te ha concedido,
sea éste el último, que al mar Tirreno debilita ahora
en los opuestos escollos, sé sabia, filtra el vino
y no tengas esperanza larga en el breve espacio
de la vida. Mientras hablamos, habrá huido envidioso
el tiempo: goza este día, nada fiable es el mañana.

La traducción es buena, aunque he leído versiones algo diferentes. Pero lo importante es captar el mensaje, ya que la belleza del original es imposible para el que no domina la lengua latina clásica.

jueves, 1 de febrero de 2018

La noche de los tiempos

Desde 1968 nos llega esta novela de auténtica ciencia ficción, escrita por Rene Barjavel, que plantea una hipótesis fantástica, al menos para mí. 

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¿Cómo había pasado desapercibida esta joya? No sólo está francamente bien escrita, sino que la trama, aunque no novedosa, engancha rápidamente y mantiene en vilo al lector hasta la sorpresa final que, a la postre, resulta ser el desenlace más obvio dada la idiosincrasia común al ser humano, sea cual sea la procedencia o ideología. Esto último lo comprenderán cuando lo lean, no quiero descubrirles el pastel.

Unos científicos que exploran el subsuelo de la Antártida, encuentran un extraño objeto, una gran esfera de oro, a casi mil metros de profundidad enterrada en el hielo. La sorpresa es mayúscula cuando se data hace 900.000 años, y se descubre en su interior, perfectamente conservados merced a una tecnología superior, los cuerpos perfectamente conservados de un hombre y una mujer. 
Con esta premisa, la expedición compuesta por sujetos de diversas nacionalidades, se embarca en la tarea de descongelar a la pareja y desintrincar el misterio que anuncia su presencia.

La novela aborda el presente, con las cuitas, sospechas de unos y otros, rencores de países, desconfianzas, egoísmos por obtener la información y la tecnología. Y se va intercalando el origen de la esfera, la historia de Eléa, la mujer, que es la primera en ser despertada, quien describe como era su avanzada sociedad, rayana en la divinidad y viviendo en lo que hoy se consideraría una utopía, pero enfrentada a la de otro país rival hasta el punto de llegar a una guerra que destruiría el planeta tal y como lo conocían entonces. 
Se nos presenta, pues, un retrato fiel de la estulticia, egoísmo (ya lo dije, ¿no?), avaricia y afán de dominancia del ser humano, y al tiempo se describe un amor inmenso que siente la pareja formada por Elea y su amado Paikan, un amor que ha traspasado las fronteras del tiempo hasta lo inimaginable, y que por desgracia se nos presenta como una atroz tragedia digna del mismísimo Shakespeare.


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Una obra genial, fantástica, inolvidable, cuya lectura recomendaré a partir de ahora siempre que pueda.