jueves, 29 de enero de 2015

democracia

Esta entrada va a ser un poco más larga de lo normal, y sin dibujitos ni conjuntos de píxeles coloreados que formen imágenes llamativas. Va de algo más serio, y como tal voy a tratarlo de manera seria, a pesar de no profundizar demasiado proque tampoco se trata de escribir un libro, aunque el tema lo merezca. Seguro que alguien lo hizo ya por mí. Son sólo un conjunto de reflexiones personales, aunque algunas deberían ser tomadas como dogmas de fe y seguro que mejor nos iría a todos. Espero que les guste, estén o no de acuerdo:


¿Es esto la democracia?  Votar cada cuatro años una lista para que gobierne un partido político en base a un programa que, desde que tengo uso de razón ninguna de las formaciones que llegaron al poder jamás cumplió, desde luego tiene poco parecido con algo que signifique, más o menos,  “gobierno del pueblo”.
Vale, algunos dicen que la democracia representativa es la menos mala de las formas de gobierno. No estoy de acuerdo, para variar, con lo que piensa la mayoría. En nuestro país, la democracia se configura como el gobierno de lo que la mayoría elige, lo que, inevitablemente, lleva a que ocupe ese cargo alguien que tenga la mitad más uno de los escaños. Eso puede significar que, según las actuales normas que rigen la legalidad electoral, puede ser Presidente alguien a quien no ha votado siquiera la mitad de los españoles (y no españoles también) con derecho a hacerlo.
Luego está el espinoso asunto de la mayoría absoluta. Yo es que cuando leo o escucho la palabra “absoluto”, es que me dan unos escalofríos similares a los que sufrí cuando la pequeña Caroline se metió en el aparato de TV en “Poltergeist”. En serio.
¿Es esto la democracia? Los tiempos han cambiado, indudablemente, y creo que no hay que demostrarlo. No ya la Constitución de 1978 (que nació viciada a nativitate), sino los sistemas de gobierno que se aplican en la mayoría de los Estados occidentales, se pueden considerar caducos, desfasados, obsoletos. La sociedad ha cambiado, las ideas políticas han evolucionado, la implicación del pueblo es distinta o quiere serlo, y también la economía, tanto a nivel local como global, tiene poco o nada que ver con la de antaño, no sólo en España, sino en el planeta.
Se impone una aportación de los librepensadores que existen (que sí, que los hay, lo sé), filósofos de la política, estudiosos de la sociología, economistas no vendidos a los poderes fácticos… un mejoramiento ideológico práctico, con formas aplicables, sostenibles, que se explique de manera diáfana a los habitantes, a los ciudadanos. Tienen que convencernos de que puede hacerse algo verdadero, algo factible, que nos beneficie a todos. Que todos aportemos y que todos recibamos.
Deben reconocerse derechos verdaderos de los cuales cualquier sociedad avanzada que se precie no pueda prescindir, pero también tenemos que concienciarnos de que tenemos una responsabilidad, unas obligaciones que cumplir con nuestros conciudadanos, con el prójimo. El conjunto de todos, que es esa cosa etérea y difuminada que llamamos “Estado”, la res pública, ese ente abstracto que, en verdad, no lo es. No hay Estado sin pueblo, el Estado somos todos, somos nosotros, y nos sirve a nosotros. Es, al mismo tiempo, una herramienta de distribución con una función principal, y esto debe quedar muy claro: administrar el dinero que recibe de nosotros. Punto. Esa es la función primigenia, el origen de todo. Debemos desechar la idea esa tan funesta y que tanto daño ha estado haciendo de que “ese dinero no es de nadie”, o peor aún, “es del Gobierno”. Falso. Ese dinero es mío, tuyo, nuestro, de todos, y como tal debe invertirse en nuestro bienestar, en el de las personas, todas y cada una, que han aportado.
¿Es esto la democracia? Obviamente, hay que seguir unos principios de solidaridad, pero de verdadera solidaridad, no esa caridad mal disfrazada que es lo que ha ido sustituyendo poco a poco, sin que muchos se den cuenta, al concepto original. La solidaridad es “ir juntos”. Unos hacen unas cosas y otros otras, unos aportan algo, y otros aportan lo otro, cada uno en función de su potestad, su posibilidad. La solidaridad que nos han hecho creer que es, es una mentira, una falacia horrible que sólo lleva a la anulación de muchas personas, y a la explotación inmisericorde de otras, es la caridad obligatoria e impuesta, algo que por su propio concepto es no sólo contradictorio y paradójico (ya que la caridad, per se, es algo voluntario), sino una aberración, una barbaridad, una imposición cruel, una fuente de mala educación y malestar.
¿Acaso, pregunto, es esto democracia? El descontento de un sector de la población ha ido en auge desde que en 2007 comenzó el declive económico y financiero que afectó a Occidente en general de forma grave, pero mucho más en nuestro país, cuya economía se basaba en gran medida en el ladrillo. Con el paso de estos últimos años, hemos aprendido a vivir con la derrota. Sí, la derrota que supone ver la quiebra de principios sociales que creíamos inexpugnables e inamovibles. Pero vemos que se han cerrado centros de salud, plantas enteras de hospitales, se eliminaron ayudas necesarias, se han reducido los salarios de muchos empleados públicos que han dedicado su vida a la enseñanza o a la medicina (pilares fundamentales de nuestros reconocidos derechos), nuestros mayores han perdido poder adquisitivo, cientos de miles de ciudadanos se quedaron sin trabajo, y miles y miles de familias pasaron y aún pasan unas carencias imposibles de comprender y asimilar por los que antaño constituyeron el grueso de la clase media de nuestra sociedad.
Algunos dicen que cargan demasiado peso sobre esa clase media, formada por funcionarios de todo tipo, asalariados, familias con ambos cónyuges trabajando, y pequeños empresarios. Se especula con que quieren destruir a esa masa de población, hundirla en la miseria, exprimirla hasta decir basta. A ellos se les ha incrementado la exacción de impuestos (aún en contra de lo prometido en la campaña electoral correspondiente), se les ha exigido mayor productividad, más horas semanales, y todo a cambio de menos sueldo, mientras el precio de las cosas subía y subía. Pero no se preocupen, no pueden acabar con la clase media. Si lo hacen, ¿quién sostendrá el país? Son los únicos que con el pago de sus impuestos alimentan esa insaciable boca mamona del Estado que nunca se sacia. Sin clase media, el Estado no se puede nutrir. Por eso digo que todo tiene un límite, y aunque hijos de puta, los encargados de velar por la subsistencia de dicha clase no son tontos.
Perdónenme el exabrupto, no es propio de mí expresarme en estos términos, pero creí conveniente meter un poco de sal en ese punto del monólogo. ¡Que no decaiga!
Siendo esto la democracia que tenemos, ¿qué hacemos con ella? Llegados a este punto, y viendo que la clase política es conservadora en la evolución de su ideología, formas, ofertas y expectativas, ¿qué hacer? La desolación es en mí, cuando veo la oferta, aunque parece que la actual demanda de mayor justicia real, tanto en los Juzgados como en la distribución de la riqueza adquirida por la fuerza de los curritos que no pueden huir de las exacciones obligatorias y constantes del fruto de su esfuerzo, repito, la oferta y la demanda van cambiando, y eso siempre es motivo y señal de cambios.
El cambio es bueno, o así lo creo yo. Pero el ser humano es reticente al cambio. Lo normal es tener miedo, porque el cambio, por lo general, significa lo desconocido, que es el mayor miedo que tiene el hombre. Y todos sabemos que el hombre es cobarde por naturaleza. Hacen falta, pues, valientes, a un lado y al otro, tanto en la oferta como en la demanda.
La cuestión ahora es ¿los hay?
Por tanto, yo, nosotros, todos, quienes formamos parte de la demanda del cambio, de la petición de sentido común, del basta ya contra la corrupción desmesurada, contra el expolio continuado e inagotable de nuestras cuentas corrientes, los que deseamos y soñamos con una regeneración total de la clase política (que ha demostrado una absoluta falta de empatía con el pueblo al que representa, que es miope, que es prepotente, torticera, cruel y déspota), tenemos que jugar nuestras cartas. Tenemos que posicionarnos. Debemos hablar, gritar, para ser oídos. Y aunque sólo sea una vez cada cuatro años, tenemos ahora una oportunidad de oro para expresarnos.
¿Qué democracia es ésta? La que permite que, con la famosa frase de “un hombre, un voto”, el sufragio universal se haya convertido no sólo en la norma general y común de Occidente, sino que, por fuerza de repetirla insaciablemente, se torne en principio universal, inmutable e incontestable del concepto de la democracia. Ahora, que vivimos en la era en la que la mayoría de los que tienen derecho a voto ostentan una formación deficiente, da miedo pensar en las intenciones de voto.
Hace unos días leí que hoy tenemos a la población peor formada y mejor informada de la historia reciente. Y la información es importante, sin duda, sobre todo si uno aprende a cribar, a separar el grano de la paja, y a verificar y asegurarse de que las fuentes de que se nutre son fiables y no tendenciosas. Me preocupa, en cambio, la falta de formación. Es ello algo que siempre ha existido, desgraciadamente, pero en lo que atañe al sufragio universal es un tema inquietante y aterrador a partes iguales.
Dieciocho años. Prácticamente el único requisito que se necesita para votar. Piénsenlo bien. Vale, en algún momento de la vida de toda persona hay que establecer un punto de inflexión, hay que suponer una madurez suficiente, una formación adecuada para emitir juicios basados en conocimientos y observación de la realidad que te rodea.
Pero la experiencia del día a día demuestra todo lo contrario. Mientras que físicamente, los individuos de 18 años están más maduros que antaño, grandes, fuertes y desarrollados con creces, la edad mental es harina de otro costal. No hay más que dar un paseo por la calle, por los primeros cursos de cualquier Universidad, por los centros deportivos, charlar un rato con ellos. Es lamentable y cruel, pero es así.
La inmadurez del español medio de 18 a 25 ó 30 años es algo sensacional. La falta de criterio, la falta de formación política o filosófica, la negación a aceptar responsabilidades, la huída de las obligaciones, da miedo. Y al mismo tiempo, no son conscientes de ello. Claro, como en todo, hay excepciones. Pero no son las excepciones las que votan, sino lo general, que en este caso es todos.
¿Democracia condicionada? Nuestro país, además, arrastra el estigma de la terrible Guerra Civil, a pesar de que hace 75 años que terminó. Sus efectos, es cierto, acabaron en 1975, aunque puede decirse que, en tanto en cuanto la Ley Fundamental que nos rige, la Constitución de 1978, fue dictada como una transacción para contentar al antiguo y al nuevo régimen, puede decirse, como iba señalando, que alcanzan hasta nuestros días. Y me pregunto, triste, cuántas generaciones más, cuántas décadas, tienen que pasar para que nos desprendamos de esta losa que  condiciona el pensamiento de muchos de nuestros compatriotas, hasta tal punto que suelen decir cosas como  “ es que a mi abuelo lo mataron unos X (póngase aquí el bando que prefiera)”. Y de ahí no hay quien los saque, a pesar de que sus signos vitales revelen una forma de vida totalmente opuesta a lo predicado.
¿La democracia? Claro, claro, sí, sí. Y la cacareada “conciencia de clase”, ¿qué me dicen de eso? Uno participa de tal signo político en función de su puesto laboral o estatus social, simplemente por la pertenencia al mismo. Y si mi situación cambia, bien porque ahora me convierta en pequeño empresario, o bien porque me traslade a vivir a un chalet porque mis posibilidades económicas me lo permiten, o si me quedo en el paro y ahora me he arruinado, entonces también cambiará mi filiación política.
Lógico, muy lógico.
Y todo el problema es que la política no deja de ser un tipo de filosofía, en verdad es filosofía económica aunque se quiera disfrazar de ideales más elevados introduciendo parámetros prácticamente rayanos en la religión. Y la filosofía, en sí, no es ninguna tontería. Para saber filosofía, para entender de ella, hay que estudiarla, y hacerlo bien a fondo. Eso merece tiempo y, sobre todo, esfuerzo, que es algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer.
Hay que profundizar en los porqués, los cuándos, enlazar con la historia, y no sólo de nuestro país, sino historia universal, de los hechos y del pensamiento. Para llegar a conclusiones válidas, y reforzarlas, y poder defenderlas, hay que saber qué, porqué, cuándo y para qué. La filosofía y la historia nos enseñan todo eso, pero la educación que recibimos en la escuela, institutos, incluso en las universidades, carecen de la profundidad necesaria, quizá porque a los poderes fácticos y políticos que nos gobiernan no les interesa. De todos modos, no es el sitio ni el momento de entablar ahora una teoría de la conspiración al respecto. Sólo digo que hay que estudiar, formarse, ilustrarse, aprender a razonar. Y eso es algo que echo mucho en falta en nuestra sociedad.
Mi voto no puede valer lo mismo que el de quien vota a X porque su padre lo hace, sin más. No puede valer lo mismo que el que vota porque es un currito asalariado explotado por el patrón, que mañana cambiará su voto por el contrario si decide largarse de la fábrica y monta una panadería. No puede valer lo mismo que el que vota sin criterio porque no sabe lo que son derechos y obligaciones, ni tiene la mínima idea de las leyes fundamentales que rigen la economía de mercado. No puede valer lo mismo que la del rebotado de la Guerra Civil. No puede valer lo mismo del que vota porque le cae bien un candidato sin más. No puede valer lo mismo que… La lista es inagotable. Y todo amplificado pro la legislación electoral que hace que el voto de las grandes ciudades valga más que el voto aislado o de pequeñas poblaciones. O que el voto de la minoría que puede hacer de partido bisagra valga infinitamente más que el del que vota a un partido mayoritario (cien mil votos dirigen un país, como lo ha hecho el PNV, por ejemplo, durante muchos años, eso es inconcebible e inadmisible). Eso es horrible.
¿Qué democracia? En un sistema en el que no hay separación fáctica de poderes, y la propia Constitución reconoce abierta unas tremendas desigualdades entre los habitantes de este país (sanitarias, educacionales, fiscales, o de responsabilidad penal…), un estado que cada día que pasa es más y más burocrático, más y más regulado, más y más coartador de derechos y libertades, más y más kafkiano… sinceramente, no me apetece participar de ese juego. No comulgo con el sistema. Lo soporto y aguanto lo mejor que puedo, pero no me pidan que participe activamente. Ni me echen la culpa de nada por no participar, pues ninguna culpa tengo. Simplemente aguanto como puedo el chaparrón.

momentos, ocasiones, oportunidad

Hoy, entusiasmado, me dirigí a la playa, ese nuevo spot redescubierto para navegar prácticamente en soledad (me encanta), y válido para ciertas direcciones del viento que impiden practicar en los sitios habituales.
Pero en el transcurso del viaje, la fuerza eólica disminuyó, tanto que no pude hacer más que intentarlo sin éxito. Había que probar, ya que estaba allí. La pereza es enemiga de la salud, y es como perder una batalla del cuerpo contra la mente. De modo que me enfundé el neopreno, hinché la 12 (una pena no haber llevado todo el arsenal...), y traté de evolucionar, remando a base de tremendos ochos y kiteloops, que terminaron rápidamente con una derivada brutal de casi 200 metros orilleando downwind.
El retorno, claro, fue un merecido paseo de la vergüenza, pero menos, porque no había ningún testigo aunque yo ahora aquí confiese mi pecado.

El astro rey estaba bajando ya, y sin nubes que estorbaran, calentaba más de la cuenta para ser 29 de febrero. Recogí los bártulos y caminé tranquilamente hacia el coche. La calma era en mí, a pesar del pinchazo, y me lo tomé con filosofía. No había perdido mucho tiempo y quedaba bastante tarde por delante para hacer cosas.
Con una sonrisa en la cara me cambié de ropa, quedándome en camiseta porque el día lo pedía a gritos, y me quedé un rato sentado en el borde del maletero, junto al camino de tablas de madera que lleva hasta la playa. Tenía al Sol enfrente y me daba de lleno, transmitiéndome sus cálidas radiaciones. Cerré los ojos, relajé mi cuerpo, enderecé la espalda y practiqué unos ejercicios de pranayama.
Hacía bastante tiempo que no respiraba con profundidad, sitiéndolo de verdad, llenando y vaciando cada recoveco, intentando no pensar en nada. En un estado semimeditativo, me di cuenta de la felicidad que sentía en ese preciso momento, y fui consciente de que no haber navegado había propiciado una ocasión de disfrutar de otro modo. Fui REALMENTE feliz.

A eso no puede llamar "perder la tarde". Aunque solo fuera por ese ratito, ya estaba salvada, y no sólo la tarde, sino todo el día.

Al yoga le debo bastante, sobre todo aprender mucho sobre mí y sobre mi cuerpo. En su día aportó grandes beneficios a la mejora y corrección de mi espalda, pero con el paso de los años he ido descuidando su práctica. Eso me deja un regusto amargo, casi un sentimiento de culpabilidad, porque sé que es bueno para mí, pero no practico lo que debiera.
Las ocupaciones, hobbys, práctica de otros deportes... le han robado su espacio. Las cosas son como son, pero de vez en cuando encuentro la oportunidad de meter un par de asanas, sobre todo si no he hecho nada muy físico en el día.

Ahora estoy enfrascado, y ésta es una nueva oportunidad, en sanar algunos dolores que aparecen, como tendinitis en codos, pequeñas lumbalgias, y una molestia en el hombro derecho motivada por un revolcón con la moto, que aunque leve, me ha desmotrado que los años han hecho gran mella en mi resistencia y, sobre todo, en mi capacidad de recuperación. Para este fin, con cierta perspicacia y no poca osadía, me permito hacer uso de lo que algunos llaman "yoga terapéutico", que no es más que aplicar con inteligencia y propiedad algunas posturas para distender, relajar, fortalecer... esos músculos y articulaciones que lo necesiten.
Bueno, les dejo ya, que me voy a hacer el perro boca abajo.

sábado, 24 de enero de 2015

cita?

La vida te enseña que hay que aprovechar el momento. Nunca se sabe cuándo será la próxima vez.
Como ya dijera el señor Horacio, carpe diem, quam minimum credula postero.

 

Calla de una vez!!


jueves, 15 de enero de 2015

Cruel Dakar

Y llegó la etapa 8 del Rally Dakar 2015.
Partiendo del Salar de Uyuni y hasta Iquique, las motos debían completar una llamada "etapa maratón" dividida en dos días. Era el segundo día de la maratón, lo que significa que los pilotos no han dormido en sus motorhomes (los que lo tuvieran, claro...), sino en un barracón estilo militar, y además no han tenido a su disposición las asistencias técnicas de sus equipos (los las tengan, claro...). Maratón se asocia a larga carrera, muchos kilómetros sin descanso, tantos que lo han tenido que hacer en dos días.
El lugar de llegada la etapa 7, y partida de la 8, es el Salar de Uyuni, que el desierto de sal más extenso del mundo, y además situado a más de 3660 metros sobre el nivel del mar. Esto añade complicación.
La sal, como todo el mundo sabe, es enemiga de la mecánica. Yo creo que es enemiga de todo, salvo para solucionar la falta de sabor de algunos platos.
La cosa se agrava con la altitud, que hace que la mecánica no rinda óptimamente, ni tampoco los cuerpos humanos, que tienen que trabajar en condiciones de poca concentración de oxigeno y en este caso, además, frío. La temperatura en el momento de la salida era de 2 grados centígrados, que contrasta con los 45 grados de un par de días antes (que dio lugar a averías mecánicas, abandonos, e incluso la muerte por deshidratación de un piloto de motos).
Para rizar el rizo, había estado lloviendo por la noche, y poco antes de la "largada", una pertinaz llovizna seguía haciendo mella en el ánimo de los pilotos.

A la salida de la especial después del tramo de enlace, muchos pilotos llegaron ya en condiciones de hipotermia, y todavía quedaba lo peor. Imaginen que, muertos de frío, tenéis que circular a 150 km/h en un lago de agua y sal, a dos grados. Por todo ello los pilotos dijeron que "así no se podía salir", a lo que la organización se negó. Basta transcribir las palabras de Paulo Gonçalves: "La organización ya ha cobrado la pasta de la etapa y ahora nos sacarán a nosotros como a perros." Curioso, el portugués hablaba en español.



Al llegar al primer repostaje, pararon las motos y al intentar arrancarlas, éstas se negaron. Sal en los componentes eléctricos y agua, ya tienes el cóctel perfecto para problemas mecánicos. Fueron muchos los que no podían arrancar la moto pero además, la sal en los radiadores evitaba que pudiesen refrigerar correctamente.
Pilotos empujando la moto, tirando agua con una botella a los radiadores, intentando arrancar... y Marc Coma gritando a Etienne Lavigne (de la ASO, empresa que organiza el Rally) que parase las motos si alguna salía porque si no, se iban a quedar con diez. Y con diez no se quedó, pero al final fueron quince los que se quedaron fuera, bien por casos de hipotermia (Farrés tuvo que ser trasladado al hospital) o problemas mecánicos.



Después, en el programa que Teledeporte dedica todas las noches siguiendo la competición, dan la razón a los pilotos. A esos lloricas. A esas nenazas, sí, porque ya hay que hablar en esos términos. Y comienzan a decir sandeces como que éste está siendo el Dakar más duro de la historia, o que la etapa 8 se recordará para siempre como la más dura, que qué cruel es la ASO, y tal y cual.
Una mierda para todos ellos.

Recuerdo hace dos años, en el Dakar 2013, que los pilotos y, sobre todo, la prensa, se quejaban de que con la llegada del rally a América, había perdido la dureza y el componente aventura. En el 2014 la cosa tuvo un giro interesante, fueron etapas más largas y por rutas más duras, con cambios de temperaturas y de altitud. La cosa se empezaba a poner buena, y pronto salieron las voces de los quejicas.
Ahora, desde la etapa 1, ya hemos escuchado quejas, hemos tenido que aguantar las pataletas de estos niños pequeños con cuerpos de hombretones que, para mí, cada vez merecen menos respeto y veneración, si es que alguna vez lo tuvieron. Sólo me descubro ante los que disputan la categoría Malle Moto, motos sin asistencia, en la que los propios pilotos se lo tienen que hacer todo, que vienen durmiendo una media de tres horas por noche... cuando duermen.
Me parto el culo cuando veo a Marc Coma lloriqueando, o a Barreda llorando, literalmente, porque la moto no le arranca y le tienen que remolcar 300 km perdiendo tres horas y cualquier opción de ganar. Monsieur, ca c'est le Dakar.



En Africa, todo era distinto. También era otra época. Los años pasan muy rápido, y la gente tiene poca memoria. Yo recuerdo etapas de más de 1000 km con motos de 250 kg. Recuerdo pilotos que tenían que subirse en marcha porque no podían estar parados (no llegaban al suelo y se caían de lado). Recuerdo gestas épicas de hacer el Dakar en Vespa, en Porsche 911, en vehículos prácticamente de serie, con apoyos mínimos y durmiendo a diario en tienda de campaña. Ahora las condiciones son diferentes, el paisaje es infinitamente más variado, hay dunas gigantes, arena, barro, altura, bosques, pistas de grava, lluvia, frío y calor. Y puedes tener de todo en una sola etapa. Acojonante. Definitivamente, me gusta más el nuevo Dakar, que es más épico, más bonito, más lejano y exótico (al menos para los europeos).
El Dakar lleva buen camino, y su propia dureza hará de criba para pusilánimes y pijos con ganas de colgarse la medallita de llegar al final (como pasaba antes con el Lago Rosa). Ahora el Dakar es para hombres. Perdón, es para HOMBRES. El Dakar, no es rally for old men, eso es así. Y parece que muchos se apuntan pensando que es la Baja California, el Campeonato de España de Rally-TT, o el Faraones. Y no.
El Dakar no se puede comparar. El Dakar es el Dakar, y punto.

Y si no te gusta, o te asustaste, haber elegido muerte, Marc Coma.

El robo

poeticslave:

kyriasmith:

beben-eleben:

During a robbery, the bank robber shouted to everyone in the bank: “Don’t move. The money belongs to the State. Your life belongs to you.”
Everyone in the bank laid down quietly. This is called “Mind Changing Concept” Changing the conventional way of thinking.
When a lady lay on the table provocatively, the robber shouted at her: “Please be civilized! This is a robbery and not a rape!” 
This is called “Being Professional” Focus only on what you are trained to do! 
When the bank robbers returned home, the younger robber (MBA-trained) told the older robber (who has only completed Year 6 in primary school): “Big brother, let’s count how much we got.” 
The older robber rebutted and said: “You are very stupid. There is so much money it will take us a long time to count. Tonight, the TV news will tell us how much we robbed from the bank!” 
This is called “Experience.” Nowadays, experience is more important than paper qualifications! 
After the robbers had left, the bank manager told the bank supervisor to call the police quickly. But the supervisor said to him: “Wait! Let us take out $10 million from the bank for ourselves and add it to the $70 million that we have previously embezzled from the bank”.
This is called “Swim with the tide.” Converting an unfavorable situation to your advantage!
The supervisor says: “It will be good if there is a robbery every month.” 
This is called “Killing Boredom.” Personal Happiness is more important than your job.
The next day, the TV news reported that $100 million was taken from the bank. The robbers counted and counted and counted, but they could only count $20 million. The robbers were very angry and complained: “We risked our lives and only took $20 million. The bank manager took $80 million with a snap of his fingers. It looks like it is better to be educated than to be a thief!” 
This is called “Knowledge is worth as much as gold!” 
The bank manager was smiling and happy because his losses in the share market are now covered by this robbery. 
This is called “Seizing the opportunity.” Daring to take risks! 
So who are the real robbers here?

Oh

Wow… If you don’t read this, you’re wilding.

Durante un robo, el ladrón de bancos gritó a todo el mundo en el banco: "No se muevan. El dinero pertenece al Estado. Sus vidas les pertenecen a ustedes ".
Todo el mundo en el banco se tiende en el suelo silenciosamente. Esto se llama "Mind Changing Concept", cambiar la forma convencional de pensar.

Cuando una señora estaba sobre la mesa provocativamente, el ladrón le gritó: "¡Por favor, sea civilizada! ¡Esto es un robo y no una violación! "
Esto se llama "Ser Profesional", concentrarse sólo en lo que están capacitados para hacer.

Cuando los ladrones de bancos volvieron a casa, el ladrón más joven (con un máster en Administración de Empresas) le dijo al ladrón viejo (que sólo ha terminado el grado 6 en la escuela primaria): "Eh, hermano mayor, vamos a contar lo mucho que tenemos."
El ladrón más viejo refutó y dijo: "Tú eres muy estúpido. Hay tanto dinero que nos va a llevar mucho tiempo contarlo. Esta noche, los telediarios nos dirán cuánto hemos robado del banco. "
Esto se llama "Experiencia". Hoy en día, la experiencia es más importante que las calificaciones de papel!

Después de que los ladrones se habían ido, el gerente del banco le dijo al supervisor bancario que llamara a la policía rápidamente. Pero el supervisor le dijo: "¡Espera! Saquemos fuera 10 millones del banco para nosotros y lo añadimos a los 70 millones que hemos malversado previamente del banco ".
Esto se llama "Nadar con la marea." Conversión de una situación desfavorable para su ventaja.

El supervisor dice: "Sería bueno que hubiera un robo cada mes."
Esto se llama "Matar aburrimiento." La felicidad personal es más importante que su trabajo.

Al día siguiente, las noticias de televisión informaron que 100 millones fueron tomados del banco. Los ladrones contaron y contaron y contaron, pero sólo podían contar 20 millones. Los ladrones estaban muy enojados y se quejaron: "Arriesgamos nuestras vidas y sólo tomamos 20 millones. El gerente del banco tomó 80 millones con un chasquido de dedos. ¡Parece que es mejor ser educado que ser un ladrón! "
Esto se llama "El conocimiento merece la pena tanto como el oro."

El gerente del banco estaba sonriendo y feliz porque sus pérdidas en el mercado de acciones están ahora cubiertas por este robo.
Esto se llama "Aprovechar la oportunidad." Atreverse a tomar riesgos.

¿Quiénes son los ladrones reales aquí?

sábado, 10 de enero de 2015

Formosa

La ría de Formosa separa al aeropuerto de la ciudad de Faro, al sur de Portugal, del mar. Entre la ría y el mar se halla un brazo de arena, al estilo de la barra del Rompido, que en su extremo más oriental permanece como una playa salvaje durante un recorrido un par de kilómetros.
Cuando hay viento de levante o norte, que por sus características no entra en Huelva, o entra mal, Faro es un lugar a tener en cuenta. Este spot bicéfalo ofrece, en un entorno privilegiado en cuanto a paisaje, dos distintos modos de practicar el kitesurf. Por un lado, la ría, con su agua plana, aunque siempre con algo de corriente, como corresponde a toda ría, acomodando su llenado a la marea que toque. Lo malo es que con marea baja se queda prácticamente vacía, y mientras eso ocurre, quedan aquí y allá pequeñas charcas con profundidad de centímetros, en algunos sitios con un fondo de pequeñas algas y "bichos" que te rajarán la planta de los pies si no tienes cuidado.
Si el viento es fuerte y viene de levante, serás un afortunado, pues tendrás a tu disposición un spot de olas fantástico... pero sólo para nivel alto de manejo del instrumento pandorguero. Hacerlo con tabla de surf strapless es toda una proeza, doy fe.
Me pedí el viernes de vacaciones, el primer día del año. Y mereció la pena realmente. La experiencia que viví junto a Julen y Diego me ha curtido. Nos ha curtido. Sin duda, ahora somos mejores, o al menos más duros. Incluso más duros, porque vaya tres!!!!!

La ría, para aprendices y truqueros.


Para macho men

Olas de un metro hasta más de dos metros y medio, con algún tubo que se vio, acojonaban cuando se acercaban a tí, a una velocidad que no te imaginas cuando las ves desde la arena. Cargadas de poder, y sin misericordia, acabaron con mis energías, no sin antes tratar de surfearlas como buenamente podía, en la zona más segura a unos 15 ó 20 metros de la orilla. El viento, demasiado anortado, añadía un plus de peligrosidad, pues en caso de caida de cometa o rotura de material, dificultaría muchísimo el rescate por tratarse de un off-shore total, prácticamente perpendicular a la linea costera.










Ahí nos estuvimos bregando largo rato, hasta que cambió la marea, y con ella las olas aumentaron su intensidad, rompían en la orilla haciendo prácticamente imposible meterse en el agua, con un periodo más corto, y la virulencia del viento se extremó, yendo pasados de trapo con nuestras cometas.



Nos fuimos tras las preceptivas cervezas en la taberna que el simpático Hugo tiene al final de las casas de los pescadores, acompañadas de sus hamburguesas completas y unas tostas especiales buenísimas.

Un día que será difícil de olvidar por las sensaciones vividas. Una pena que el Gurú del Viento, aún tocado por un esguince de rodilla, no se pudiera meter en el agua con nosotros. ¡Animo, amigo, pronto surcaremos los mares juntos de nuevo!

Pinos, arenas, barro, carretera... autopista al trail

Un sábado más, y ya se está convirtiendo en costumbre, he salido con el sector de Huelva, del CTA.

Esta vez fuimos cuatro, todos con motos monocilíndricas en torno a los 650 cc, que por eliminación y características propias, se convirtieron desde tiempos iniciales a la creación del concepto en las máquinas ideales para estos menesteres, porque tienen la potencia suficiente para desplazarte por carretera cargado de equipaje si viene al caso, y su peso es contenido para poder manejarlas con más o menos éxito en el off-road.

No pude salir, una pena, pero alguien tuvo que apretar el obturador...
De derecha a izquierda: BMW Sertao, KTM 690 Enduro R, Yamaha XT660R, y BMW xChallenge.

Cuatro motos, cuatro, y las cuatro distintas, como distintos sus jinetes, con diferente experiencia pero con un denominador común: querer disfrutar de la naturaleza a lomos de estas bestias de entre 48 y 63 cv.
Aconsejado por Paco Oliver, el más endurero, le bajé la presión al neumático delantero hasta un punto que yo jamás lo habría hecho... pero los resultados han sido espectaculares. Mi moto ha volado bajo sobre las arenas entre Bollullos, Almonte y Lucena. Jamás disfruté tanto de la arena.
Me llegué a creer Laia Sanz, en serio.
Largas derrapadas en las curvas más abiertas, velocidad mantenida en las rectas serpenteando la parte trasera mientras la delantera se mantenía estable y firme, con seguridad. Ha sido muy bonito.
El bosque de pinos en la zona cercana al Rocío es espectacular. Pinos elevados en un más de arena y sotobosque que hace las delicias de nosotros, zigzagueando por los caminos ancestrales que unen pequeñas localidades y fincas, a la sombra... ahora con tierra más suelta, luego con barro y algún pequeño charco, más adelante terreno firme y de buen agarre. Un poco de todo.


Hasta que llegamos a una trampa de barro. Un lodo pegajoso que hizo que un par de motos tocasen suelo sin mayor consecuencia, y que nos hizo sudar de lo lindo para atravesar los 400 ó 500 metros que eran una auténtica pista de patinaje. Menudo fregao.



En fin, el tiempo se nos echaba encima, hemos perdido un buen rato en el fango, pero llegamos a Lucena por fin. A la salida del pueblo, un poco más allá, cruzamos el río Tinto, un vadeo no muy profundo, pero vadeo al fin y al cabo. El primero que he hecho desde que empecé en este rollo del trail en moto. Por supuesto, con éxito:

Toma ya, y encima chuleando a una mano!!!!

Tras el vadeo vino el incidente del barro. Cuando por fin salimos a la carretera que une San Juan del Puerto con Niebla, y tras un intento infructuoso de volver a Huelva por campo, nos encontramos una valla, ya eran pasadas las dos de la tarde y decidimos volver por carretera y unos kilómetros de autopista a Huelva.
No me canso de repetirlo, me parece maravilloso, increíble, que unas máquinas que nos han llevado eficazmente por todo tipo de terreno, sean capaz después de trasladarme a 40 metros por segundo sin esfuerzo ni problema por la pista asfaltada a dos carriles, en plena sintonía con el resto del tráfico rodado enlatado... solo que muuuucho más molón!!!!

MUAHAHAHAHAHAHAHAH

Al principio dije que lo que nos unía era querer disfrutar, y el objetivo se consiguió con creces.

Prueba gráfica con perspectiva poco agraciada, pero igualmente ilustrativa.

miércoles, 7 de enero de 2015

¿Es Somalia anarquista?

Somalia, como nación, tiene un lema: "patria o muerte".

Hace ya un tiempo, un querido amigo que hizo un largo viaje en barco de vela recorriendo medio mundo, me contaba cosas incréibles de aquella zona, de sus peligros, de sus maravillas naturales, de que allí estaban las mujeres más hermosas del planeta.
También me contó la forma de entender la vida de sus habitantes, que se resume en el siguiente enunciado: "Yo contra mi hermano. Mi hermano y yo contra mi familia. Mi familia y yo contra mi pueblo. Mi pueblo y yo contra mi país. Mi país y yo contra el Mundo." Impresinante declaración. Lo llevan, por lo visto, grabado a fuego en sus mentes castigadas por las constantes luchas tribales y la dominación intermitente y sucesiva de los caciques de turno. Pero la historia es la que es, y es verdadera.

Flag of Somalia.svg
Banderita de Somalia


Alguno me ha preguntado alguna vez si yo me siento andaluz, sevillano, onubense o qué, dado que nací en Tarragona; con poco más de un mes de vida me trasladaron a Almería, donde viví hasta que con tres añitos fuimos a Pamplona; de allí a Sevilla un año más tarde, donde luego llegué a Dos Hermanas a los once años de edad; y finalmente, entre los veinticinco y los veintisiete, establecí mi residencia en Huelva. Todo esto teniendo en cuenta que mi sangre y ascendencia por muchas muchas generaciones es extremeña al cien por cien. Menudo cacao. La verdad es que en cómputo total, donde más tiempo seguido he pasado ha sido en mi actual hogar, pero eso, la verdad, no dice mucho acerca de lo que siento.

¿Acaso soy un desarraigado? No creo. Yo me siento, transcurrido un tiempo prudencial, del lugar donde me hallo, y soy consciente de que esto es así por motivos que quizá trascienden mi voluntad: de pequeño porque los traslados eran consecuencia del voraz apetito opositor de mi padre, que le hacía cambiar de destino y ocupación cada vez que aprobaba un nuevo examen. Y de mayor porque ya no quise estudiar más y comencé a trabajar nada más terminar los estudios universitarios. El trabajo estaba en Huelva. Aquí estoy yo. No hay otro motivo. Huelva no es especial, al menos no para mí. Al menos no en ese sentido.
Con el tiempo, y eso es cierto, he ido descubriendo las cosas que son bonitas de aquí, me he adaptado, y llevo una vida agradable, aceptable. Soy incluso feliz. ¿Cuánto se debe a Huelva y cuánto a mí? ¿Qué papel juega en esta situación mi limitador de velocidad, mis hijos?
Bueno, no merece la pena agobiarse, ni si quiera molestarse, con estas cuestiones.

En mi adolescencia aprendí, y no se me ha olvidado, una cita de Arthur Schopenhauer, que venía a decir algo así: "todo execrable imbécil que no tiene otra cosa de la que vanagloriarse, lo hace del sitio donde nació por pura casualidad".

Pero una vez que estoy aquí, en esta localización geográfica, y es lo que tengo, lo que hay y lo que soy, hay que intentar hacer las cosas bien. Por ello, empezaré explicando algo que se ha olvidado, porque el pueblo es dado a olvidar, curiosamente, unas cosas, y en cambio guarda recuerdo constante de otras. A veces me pregunto los porqués de la selectividad de la memoria. En fin, ese es otro tema.

Nuestra sociedad tiene un problema (entre muchos otros, claro), y es la falta de rigor, la ausencia de expresar con propiedad las ideas, los pensamientos. Es muy duro reconocer esto, porque son conceptos que todos hemos estudiado, pero por culpa de la manipulación de los medios, y sobre todo por la utilización torticera e interesada de los poderes fácticos y políticos dominantes, sus significados se pierden, se tergiversan, se adulteran, se utilizan con fines inapropiados. Pero otra parte de culpa la tenemos todos. Somos débiles, acomodados, dados a lo fácil. En contra de lo que muchos creen, el trabajo intelectual es mucho más tedioso, costoso, difícil e intenso, que el trabajo manual. Leer cuesta. Leer prestando atención, comprendiendo, cuesta más. Estudiar, eso es lo más, sobre todo si se ha perdido el hábito... o incluso si nunca se tuvo, que es lo que le ha pasado a la mayoría de los actuales habitantes.

¿Qué entiende la mayoría por anarquismo? Uno oye esa palabra, y enseguida se asocia a punkis, okupas, la ultraizquierda, y toda una ralea de vagos y maleantes cuya meta fundamental es no hacer nada, vivir en casas de otros, pintarrajear fachadas y pasar el día bebiendo calimocho y escuchando música hardcore. Sin dios ni amo, junto a una A rodeada por un círculo, era una pintada habitual en los años 80 y 90. ¿Eso es anarquía? Definitivamente no.

La anarquía no es, per se, una ideología de izquierdas. Hay corrientes socialistas o colectivistas, y corrientes liberales. De hecho, la verdadera anarquía que se ha llegado a poner en práctica con éxito ha sido la liberal. Lo otro, lo socialista, antes o después ha quebrado por su propio concepto fundamentado en una utopía que ningún izquierdista es capaz de reconocer: que todos no somos iguales.

La anarquía supone que no puede existir un ente superior, entendido como un sistema político más allá de lo local, que regule mi forma de vida. Toda mi ordenación legal debe venir de mi relación con los que me rodean, y no más allá. O sea, da igual quién tenga los medios de producción, quién sea patrón o empleado, alcalde, policía o maestro. La Ley, con mayúsculas se pacta entre iguales, de tú a tú, de persona a persona. Al carajo la existencia de un Estado. La cosa, idealmente, sería algo así: en la Comunidad de Vecinos se crean unas reglas de convivencia, cosas como pagar unas cuotas para el sostenimiento y mantenimiento esencial de dicha comunidad. Previamente tendremos que establecer unas normas dentro de nuestras propias casas, en nuestra familia. Cuando todo eso esté perfectamente a punto, pasamos al barrio, y del barrio a la ciudad. La implicación en la creación de normas, la regulación de la convivencia, debe ser completa y total entre todos los ciudadanos. Se atajarán los problemas, solucionarán los dilemas, y se presentarán soluciones a las demandas de los ciudadanos, todo ello en función de los recursos de los mismos ciudadanos y sus peticiones. Por ello, no se gobernará igual la sociedad de Huelva que la de Almería, ni mucho menos la de Bilbao, Barcelona o Arroyo de San Serván, porque cada una tendrá unas querencias, un desarrollo más o menos industrial, de servicios o agrícola, y habrá más o menos habitantes que se dediquen y/o quieran unas cosas u otras.
A posteriori se establecerían, si ha lugar, una forma para relacionar unas localidades con otras. Estas relaciones pueden ser necesarias, convenientes, o totalmente indiferentes. O sea, yo, que vivo en Huelva, y estoy contento con su organización y esquema normativo y social, a lo mejor jamás me relaciono con Aljaraque o Gibraleón o Sevilla. Entonces, ¿por qué tengo que compartir algo mío con ellos, o ellos conmigo? ¿Y por qué tiene que venir uno de Sevilla en forma de Junta de Andalucía para imponer normas que ni nos vienen ni nos van? Lo mismo con el Estado Central, que gobierna y legisla lo mismo para Ceuta, Tenerife, Logroño, o Cáceres. No tiene mucho sentido.
Me preguntan si me siento andaluz. No, definitivamente no me siento andaluz. porque, ¿qué es ser andaluz? ¿vivir dentro de una demarcación geográfica determinada? ¿determinada por quién y por qué, y con qué consecuencias? ¿qué tiene que ver un Ayamontino con un inmigrante de segunda generación en El Ejido, Almería? Esas dos personas no tienen nada, absolutamente nada, en común, y siguen siendo andaluzas. Los anhelos de un jienense, los problemas de un jerezano, las preocupaciones del que vive en el centro de Granada... poco tienen que ver. Sin embargo se regulan como si fueran un todo simétrico, análogo.
Craso error.

Pues señores, eso es la anarquía, organizar la vida en comunidad desde abajo hacia arriba, y no al revés. Descentralizar para que el ciudadano final viva mejor. Anarquía no es desorden, sino al contrario, todo bien ordenado, pero por quien lo tiene que ordenar, no por alguien a 500 km de distancia que en su vida a puesto un pie aquí, ni lo va a poner. Y eso no tiene nada que ver ni con derechas ni con izquierdas. Eso es el daño de la propaganda, sin más.

Por eso digo que Somalia es anarquista. Primero yo, luego la familia, después la tribu, el pueblo, la comarca, el país, el mundo.

martes, 6 de enero de 2015

Tarifa es así

Creo recordar que ya he dicho por este vloc que tengo una relación amor/odio con Tarifa.
La Meca del Viento, la llaman algunos. Yo no.
He ido muchas veces. Hace años como windsurfista, y ya entonces sufrí las consecuencias perniciosas de la reconversión al turismo brutal que sufrió esta pequeña y tranquila localidad en los años ochenta.
Mis recuerdos de entonces, siendo yo un tierno universitario, hace entre 20 y 25 años, son de un pueblo lleno de gente joven con muchas ganas de fiesta. Discotecas abarrotadas, mucho turismo nacional... y no tanto viento como la publicad prometía.

Un par de décadas más tarde, reenganchado al viento a mis cuarenta, descubro que algunas cosas han cambiado. Los hostales, hoteles, albergues, cortijos, casas rurales y cámpings se han multiplicado; el turismo es más internacional que nunca, sobre todo alemanes; y apenas hay windsurf, que ha tenido que ceder territorio y aguas, y compartir con los kiters lo que antaño fue su feudo particular. Pero hay cosas que siguen igual: el viento, o su ausencia.

No hay tantos días de viento al año como se pregona (se habla de 300 días al año, cosa que, a todas luces, es una barbaridad). Y de los días que hay, hay que descartar la mitad, bien por defecto, bien por exceso, bien por una orientación tan inadecuada que practicar cualquier tipo de actividad náutica se convierte en un ejercicio de lotería en el que te puedes jugar la vida por lo racheado, inconstante e impredecible.

¿Qué nos queda, entonces? ¿Por qué seguimos acudiendo? ¿Dónde reside el atractivo?

Bueno, en primer lugar, sobre todo en invierno, es normal que no haya viento en ninguna parte salvo allí. Ya saben lo que se dice, "en el país de los ciegos, el tuerto es el rey". Es mejor malo que nada.
A ver, no me malinterpreten, en Tarifa obviamente se navega, y mucho. No son las condiciones ideales, pero se navega, y eso es mucho cuando en Huelva, por ejemplo, entre noviembre y diciembre sólo hemos tenido tres días aprovechables. Dos o tres meses de sequía acaban con los nervios de cualquiera, y uno empieza a plantearse otro hobby, a hacer viajes en busca de la presencia de Eolo, a convertirse al ascetismo. Y uno acaba, antes o después, en Tarifa.
Es rara la ocasión en que uno navega en Tarifa y se va de allí con una sonrisa en la boca. Te sueles ir agotado, roto, a veces cabreado, otras veces indiferente. Según la época del año, te tienes que pelear con cien personas para entrar o salir del agua. Debes prever el vacío de viento que suele haber en la orilla. Esquivar a las 37 escuelas de kite que están haciendo su agosto particular en cuanto se mueve una brizna de brisa. Y luego, cuando has pasado todas esas barreras, cuando por fin llegas a la zona "buena" de viento, te encuentras con un Levante que consiste en un viento ligeramente off-shore, de tierra, que es siempre racheado. Y quiero decir muy racheado. Esto significa que te mueves normalmente en un rango de 15-25 nudos, o como este sábado pasado, que en la orilla había 15-30, la locura para meterte en el agua o para bajar la cometa.

Hay días que el viento se asura un poco, y entonces tienes uno de esos días gloriosos que te hacen cambiar la percepción de las cosas. Un paraíso se abre ante tí, y la conjunción con un agua verde transparente, el entorno semisalvaje de la Valdevaqueros, las chicas en bikini, el buen tiempo, y el after hours, conviertene a Tarifa en lo que es. Por desgracia, estos días son los menos, aunque existen, doy fe.
Del Poniente ni hablo, de eso estamos hartos en Huelva, y es, sin duda, la mejor componente de la que podemos disfrutar en Andalucía.

Atractivos, pues: viento cuando en ninguna otra parte hay; buena restauración, buena oferta hotelera, marcha nocturna, buen ambiente siempre.
Contras: viento racheado, que puede ser tan fuerte que lo haga impracticable; playas atestadas; demasiado postureo; robos de material en la orilla.

El Levante acude normalmente en series de días impares. No sé porqué, pero es así. Suele durar 5 ó 7 días. Los primeros días normalmente no se puede navegar, superando los 40 nudos. Mejor entonces buscar spots alternativos donde amaine un poco, como Caños de Meca, Palmones, Getares, incluso Conil o Rota. Después ya se estabiliza un poco y podemos aprovechar, a sabiendas de que el viento suele ser off-shore, de tierra, y que nos la estamos jugando si salimos del abrigo de la duna de Valdevaqueros. No es difícil complicarse la vida si algo falla y no podemos volver a la costa. Hay que estar preparado para hacer un autorrescate, contar con la ayuda de amigos o compañeros, rezar porque los Sea Angels estén ojo avizor, o, simplemente, desprenderse del material y volver a nado. De todos modos, yo suelo decir que los accidentes no existen, y normalmente vienen motivados por imprudencias, falta de cuidado y mantenimiento del equipo (líneas rotas, velámen rajado...), uso con desconocimiento de los sistemas de seguridad, navegar en condiciones extremas sin la pericia adecuada. Todo ello es evitable. Aún así, suceden cosas imprevisibles, pero la mayoría de las veces, los "accidentes" son previsibles y evitables.

Lo que dio de sí el domingo


Dicho todo esto, he pasado un par de días con Manu y unos amigos y sus familias en susodicha localización. Lo hemos pasado bien. El sábado tuvimos un tremendo día de levantera, tan fuerte por la mañana que nos desplazamos hasta Caños en busca de condiciones asumibles sobre todo por Manu, y nos encontramos con que allí no entró. En invierno se suele anortar, y por tanto se convierte en algo de lotería. Tuvimos que volver, y cuando llegamos a la zona del Tumbao, sobre las dos de la tarde, ya había 50 cometas navegando. El viento había bajado un poco. De modo que nos metimos y pasamos una buena tarde que fue de menos a más, totalmente contra el pronóstico meteorológico. Sopló el doble de fuerte de lo previsto, y durante tres horas más de la cuenta. Yo acabé surfeando la pequeña ola de la orilla con la Drifter de 7 metros de Manu, en lo que acabó siendo una tarde casi gloriosa. Manu rascó un par de horas y también acabó muy contento. Julio tuvo sus más y sus menos, terminó con una sensación un poco agridulce. Y Diego, en su línea, pasado con la 9 metros para variar, pero a él le gusta así.
El domingo, ná de ná. Tarifa es así. Lo mismo te regala lo imprevisto, que te deja con las ganas. Es impredecible. Es especial. O te gusta o lo odias.

Yo todavía no he decidido.