martes, 30 de noviembre de 2021

Epic distance cycling


 Sí, sí, al menos para mi. Jamás acometí empresa igual, y mucho menos sin tener obligación ni recompensa, sin más motivación que la exploración de los límites personales físicos y mentales. 
    Después de haber pospuesto este viaje al menos dos veces, ya que lo tenía pensado desde mayo o junio, por fin todo cuadró para efectuarlo el pasado sábado 27 de noviembre, un día particularmente fresco, pero en el que el Sol no dejaría de acompañarme, y eso siempre anima. También tuve la suerte de que la dirección del viento no me molestaría, antes al contrario, podía ser favorable en algunos tramos, y como en líneas generales la ruta es descendente (al menos en principio y sobre el papel), todo ello haría más llevadero el trámite.
    A las 9:37 horas estaba ya montado en mi Émonda, bien abrigado con camiseta térmica y una chaqueta cortavientos y con forro calentito, además de un sotocasco específico para el frío, y un culotte de pernera larga y buena badana. El primer tramo hasta San Juan del Puerto pasé algo de frío en las manos, pero pronto se pasaría tras el calentamiento corporal ciclístico habitual. En la bici se mueven grupos musculares grandes, correspondientes sobre todo a cuádriceps y piernas en general, pero también espalda, brazos, y si pedaleas de pie ya se produce un baile en el que entran en acción prácticamente todas las fibras de tu cuerpecito. Músculos grandes implican calor, y hay que refrigerarlos, lo que provoca en mi caso que toda mi ropa, por muy técnica que sea, se empape y pierda mucho líquido y sales.
    Como decía, atravesé tranquilamente San Juan del Puerto, ojo avizor porque los fines de semana la gente conduce a otro ritmo, descuidadamente, para donde quiere, gira al tuntún, arranca sin avisar, y abre puertas como si la calle fuera el pasillo de su casa...
    Pronto me desvié hacia Lucena, y a la altura de esta población encontraría la subida más importante del viaje, que acometería con tranquilidad y buen paso. El ritmo era tranquilo, pues tenía muchos km por delante y quería guardar fuerzas por lo que pudiera pasar. En estas ocasiones hay que ser  conservador para no llevarse sustos... Cuando llevaba poco más de hora y media estaba ya entrando en Almonte, antes de lo previsto. Iba a buen ritmito, feliz y prácticamente a solas. Tenía previsto parar a redesayunar, lo que hice en el primer bar que encontré en la travesía:


No quería perder mucho tiempo (la meta estaba en casa de mis padres, donde me esperaban para almorzar), pero aún así me había enfriado, y cuando comencé a pedalear de nuevo, toda la ropa mojada comenzó a mostrar la inclemencia inmisericorde de las frías mañanas de finales de noviembre. 
Como ya conozco mi cuerpo, sabía que enseguida volvería a entrar en calor, sobre todo si acababa de ingerir alimento y bebida, como así fue: al cuarto de hora ya no me acordaba de la temperatura, y me dirigía tan a gustito hacia Coria del Río, pasando, o más bien rodeando, Hinojos, Pilas y Aznalcázar. Sería a partir de Hinojos cuando más tráfico aparecería, bien porque ya era mediodía, la orilla estaba más agradable, o porque hay más población repartida en pequeñas urbanizaciones, diseminados y localidades junto a la carretera. Aún así, en ningún momento percibí más peligro que el que pudiera derivar de algún tramo con nefasto firme.
    En algún punto acercándome a Bollullos de la Mitación, al ponerme de pie sobre los pedales para afrontar un pequeño repecho, noté una sensación rara y desconocida en mi cuádriceps derecho, como un temblor o amago de calambre. Inmediatamente bajé el ritmo, y me aparté a la entrada de una finca para estirar espalda y piernas un ratito. Me había ido animando viendo la cercanía de la meta, pues llegar a Bollullos era un punto interesante: a partir de ahí es prácticamente cuesta abajo hasta Coria. Mis pedaladas alegres y confiadas fueron, pues, atenuadas. Caí en la cuenta de que había bebido muy poco en todo el trayecto, achaco tal circunstancia al frío reinante, que no anima precisamente a ingerir bebida, de modo que tomé un par de sorbos. Una leve deshidratación, unida a la pérdida de sales minerales, pueden ser suficientes para provocar no sólo un calambre (que puede ser algo puntual y pasajero en el mejor de los casos), sino también un fuerte descenso en la capacidad de rendimiento. 
Bueno, la sangre no llegó al río, pero quien sí que llegó fue un servidor, ya en Coria, en el clásico sitio para cruzar el Guadalquivir a bordo de una barcaza o miniferry que me costó 120 céntimos. El artefacto se llenó enseguida con cuatro vehículos a motor y catorce velocípedos además de mi Trek, y en un ratito ya estábamos en la otra orilla.


Este trance de esperar que arrancara el peculiar transporte, sumado al trayecto, hizo que me volviera a enfriar, pero ya quedaban apenas 16 km para la meta, todo llaneando por terreno conocido, sin sorpresas. Pero a  los dos kilómetros de pedaleo me volvieron las curiosas contracciones involuntarias del muslo derecho, así como otros efectos similares en el isquiotibial izquierdo. ¿A dos bandas? Maldije mi suerte, con lo cerca que estaba ya... Volví a hacer una pausa para estirar, bebí agua, tomé una barrita energética que llevaba, con la suerte de que el terreno adolecía de cuestas, fue dejando caer el peso de las piernas una y otra vez sobre el pedalier, avanzaba tranquilo a unos 20 km/h, quizá un poco más, pero iba bien de tiempo, feliz, sonriendo de lo fácil que había sido, y contento por las enseñanzas aprendidas. No se volvieron a repetir episodios de contracturas, creo que la deshidratación fue la principal causa. 

Unas pochas con langostinos me esperaban a mesa puesta, tras reconfortante y cálida ducha. 

¡Y qué bonita sensación de libertad transportarse en bici!

viernes, 26 de noviembre de 2021

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Esta es la Ducati 999 RS del Equipo DFXtreme utilizado por Steve Martin para el Campeonato Mundial Superbike 2004.

Con esta bomba de 189 caballos, el buen Martin logró subir cino veces al podio y poder superar a los oficiales varias veces durante el transcurso de la temporada.

Esta 999 RS cuenta con un motor F03 (es decir, el que llevaban las motos del equipo oficial de la fábrica el año anterior) que está respaldado por la inyección electrónica Marelli gestionado por una centralita MF5 de inyector único para cilindro (IWF1 el nombre en código), usa una horquilla invertida y presurizada Ohlins con barras de 42 mm, y monoamortiguador en la parte de atrás siempre Ohlins, manteniendo el basculante de aluminio bibrazo que equipaba la 999 R de serie con los cambios obvios del caso: una pieza fabricada por Pierobon (igual que el chasis), dos centímetros más largo que el original para tener más tracción y mayor estabilidad en curvas rápidas.

El chasis sigue siendo el hasta entonces omnipresente en la marca, un multitubular tipo Trellis (enrejado a base de triángulos), en tubos de acero con varias modalidades de ajuste en la rigidez gracias a los tubos intercambiables ( para buscar más flexibilidad en pistas con asfalto irregular).

El motor rendía unos 189 cv para 165 kg de peso, que permitía poner en jaque a las motos del equipo oficial, cosa bien distante de la situación de hoy.

Otros tiempos, buenos tiempos.






martes, 23 de noviembre de 2021

cita:

 Cuando la tiranía es Ley, la revolución es Orden.


Calle 13, de su tema "Adentro"

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Vale

 Y por fin se retiró VR46, para muchos demasiado tarde. Para otros mejor nunca. Sea como fuere, tanto fanáticos como detractores, es difícil ignorar lo que ha significado para el motociclismo de competición este italiano de sonrisa casi permanente, que tantas y tantas veces nos hizo vibrar, gritar, emocionarnos. 

Para celebrar su última carrera en Cheste, Valencia, noviembre de 2021, a sus 42 años de edad, Dorna le preparó un stand con las nueve motos con las que se proclamó Campeón del Mundo en las diversas categorías, a saber: 125, 250. 500, 800, 990 y 1000 cc.. Y con tres fabricantes diferentes: Aprilia para las pequeñas 125 y 250 de dos tiempos, Honda y Yamaha. También lo intentó con Ducati durante dos años, pero no pudo ser.




Ciao, Vale!! Será difícil que tengamos otro como tú.


La Picota, mejor en compañía

Una vez más acometo la conquista de este puertecillo de tercera categoría, en esta ocasión junto a mi querido amigo Julen GG. Tenía mucho interés en mostrarle esta linda carretera a este sujeto. De modo que alrededor de las nueve de la mañana del sábado día 13 de noviembre de 2021 arrancamos subiendo el primer repecho tras dejar los coches aparcados en el descampado que queda junto al embalse del Corumbel, sitio típico donde se estacionan los vehículos de ciclistas y senderistas de la zona.


El ritmo es sosegado, podemos ir charlando sin fatigarnos demasiado. La mañana está fría, pero una hora más tarde nos sobrarán el chaleco cortavientos y la braga para el cuello. El Sol nos acompañará dando un calor quizá hasta atípico de estas fechas. Nosotros vamos encantados con la temperatura agradable y la práctica ausencia de viento que nos moleste.
Me llama poderosamente la atención la ausencia de más ciclistas y de motocicletas, que son los usuarios habituales de esta vía, sobre todo los fines de semana. Aún hoy me sigo preguntando las causas.
Tras algo menos de una hora llegamos al mirador que hay justo antes de Berrocal, donde tiro unas instantáneas de Julen vaciando vejiga, y nos hacemos unos retratos de rigor, así como a los velocípedos: su Trek Domane SL4 y mi Trek Emonda ALR5.
Iniciamos un breve descenso lleno de curvas hasta el río Tinto, y comenzamos la ascensión de tres km que nos llevará a La Picota, cuyo último km llega a tener hasta una pendiente del 12%. Lo superamos sin más problemas pues no vamos muy cansados y nos lo tomamos con calma y filosofía.


La vuelta es por el mismo recorrido, que tras subir el par de collados al inicio del retorno, ya es casi todo levemente cuesta abajo, lo que nos deja correr enlazando curvas en algunos tramos, relevándonos en cabeza y a rebufo, hasta llegar a los coches, satisfechos y no demasiado cansados, pues el ritmo general ha sido conservador.



Es la primera vez que ruedo en compañía por carretera, y no puedo estar más satisfecho y contento con la experiencia. Ha ayudado mucho el nulo tráfico y el clima que tuvimos, amén de los bonitos paisajes de la zona que hacen que te olvides de todo mientras orbitas el planeta pedalier sin más objeto que evadirte, en un trance de meditación insospechadamente no buscada.


 

sábado, 13 de noviembre de 2021

jueves, 11 de noviembre de 2021

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Cita:


 Jesús Quintero: "Señor Gala, ¿qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?"

Antonio Gala: "En principio yo le diría: irse a una playa. Pero en el fondo, de verdad, tengo que decirle que salir de esta especie de laberinto en que nos han metido, una vida que no es la nuestra y que no es la mandada. Que es una organización que necesita esclavos para seguir manteniendo la pura organización que necesita esclavos, y así hasta el final. Salirse de esa cadena terrible, desencadenarse. A riesgo de la soledad, a riesgo de la falta de comprensión, pero irse un poco al campo, en el mejor de los sentidos. Salir de esa extraña y monótona esclavitud de cada día. Darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo, su propio color, su propio aroma. Eso es la inteligencia. Porque una inteligencia que no nos ayude a vivir, no la quiero. No me sirve para nada. No creo que le sirva para nada a nadie".

Fotografía de Braulio Valderas


martes, 9 de noviembre de 2021

El gran dictador



Cuando la idea de "The Great Dictator" (El gran dictador) empezó a gestarse en 1937 pocos veían en el nazismo una amenaza. Sin embargo, Charles Chaplin ya imaginaba una sátira en donde se permitiría criticar y burlarse de las dictaduras y el totalitarismo. Para preparar su personaje de Adenoid Hynkel, Chaplin estudió horas y horas los discursos y arengas de Hitler, a fin de aprender todos sus gestos y tics.

El rodaje del film se iniciaría el 9 de septiembre de 1939, solo nueve días después de que Alemania invadiera Polonia. Chaplin tuvo que afrontar la producción únicamente con su propio capital.

Luego de su pre-estreno exclusivo en Nueva York, llegaría a todos los cine de Estados Unidos en Marzo de 1941.

Se sabe que la película fue vista de manera privada por el mismo Adolf Hitler. El Führer se habría confesado a sí mismo como gran admirador de Chaplin. Sin embargo, el film no le hizo mucha gracia. Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, llegó a decir: «Chaplin es un pequeño judío despreciable». A pesar de eso, la habrían visto dos veces.

En Estados Unidos y el mundo, la película logró ser un gran éxito de público y crítica. Pero a pesar de la aceptación casi unánime, algunos sectores reaccionarios acusaron a Chaplin de defender tesis comunistas en la película, algo que siempre fue negado por el cineasta.

El Comité de Actividades Antiestadounidenses, presidido por el senador Joseph McCarthy, lo puso en su lista negra. Y en 1952, mientras Chaplin estaba en Inglaterra, el Servicio de Inmigración, a instancias del director del FBI J. Edgar Hoover, le prohibió el retorno a Estados Unidos. No volvería a poner pie en suelo estadounidense hasta veinte años después.

Queda claro que Chaplin era un favorito de la gente, pero no de los poderes.