miércoles, 10 de octubre de 2018

Un muchacho y su perro

Se trata de esto:

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Un muchacho y su perro se refiere a la historia de un adolescente (Vic) y su perro telepático (Blood), que trabajan juntos como un equipo con el fin de sobrevivir en la peligrosa tierra baldía post-apocalíptica del suroeste de Estados Unidos. 
Publicada en 1969, y ganadora del premio Nebula, 

El autor, Harlan Ellison, publicó unos dos mil cuentos de diversa longitud y un puñado de novelas cortas de gran mérito. Todo ello le reportó siete premios Hugo, cuatro Nebulas y dieciocho Locus, por lo que estamos ante un señor que sabía. 

En ésta, que ha sido mi primera lectura de él, reseñada como quizá su obra cumbre, usa un estilo curioso, que no malo. Sí un poco diferente de lo acostumbrado, con la creación de una jerga o vocabulario especial, recurso también visto en otros autores de obras basadas en distopías o situadas en escenarios post apocalípticos, y tiene un ritmo que recuerda un poco a aquellas obras beatnik un poco anteriores al momento de escribir Un muchacho y su perro.

El perro es el resultado de la evolución tras unos experimentos en que se mezcló genética de can y delfín, y tiene ciertas cualidades telepáticas (para comunicarse con su amo) y de raciocinio, pero perdió en algún momento del camino su capacidad para buscar por sí mismo el alimento, el sustento. Para ello se une a Vic, el humano, un chico que vive solo, movido únicamente por la comida y el sexo, ambas cosas encontradas por su fiel perro. La violencia es norma común y habitual, se ha perdido todo rastro de ciencia, tecnología, conocimiento, sociedad. Pero bajo la superficie hay unas comunidades que viven anquilosadas en la forma de vida previa a la Primera Guerra Mundial por decisión propia, en las que reinan la hipocresía, la rigidez de unas reglas inmutables, y la esterilidad de los machos. 
En un momento dado, el protagonista debe elegir entre vivir en uno o en otro sitio, pues cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes.

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Fue llevada al cine en 1975

Sin duda, un pequeño hito, una novela corta singular, casi imprescindible, que se lee rápido porque tiene acción, mantiene la tensión y tiene pocas páginas. Un must.

lunes, 8 de octubre de 2018

Guía del autoestopista galáctico

Escrita por Douglas Adams, y publicada en Londres allá por 1979, esta curiosa novela de ciencia ficción rayana en la órbita de las obras de fantasía, ha tenido durante años un gran éxito, y es rara la lista del tipo "las mejores 20 novelas de ciencia ficción" y similares en las que no ostente una posición destacada.
Bueno, el librito es entretenido, pero en ningún modo puede catalogarse como obra maestra o definitiva o inigualable o innovadora. Ni nada que se le parezca a ninguno de los citados adjetivos calificativos.
Simplemente, y por acabar rápido: es bastante entretenida. Pero se aleja de la plausibilidad que debe incluir toda creación de este curioso nicho literario, que es precisamente lo que lo hace atractivo: que no es, o al menos no lo es aún, pero que podría ser o haber sido. O directamente será.
En cambio, en Guía del ..., sólo vemos un cúmulo de historietas graciosas, hábilmente encadenadas, para llevarnos a un final muy poco resolutivo, aunque ahora que lo pienso, mejor que acabe como acaba, ya que por su propia estructura argumental podría seguir el mismo plan literario durante decenas de cientos de miles de páginas. Y más aún. Por eso es mejor que acabe como acaba y cuando acaba. 

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No se dejen engañar por el título, que es meramente anecdótico y sirve de poco en lo que es la verdadera trama (¿?) de la historia: el planeta Tierra va a ser destruido porque su lugar va a ser ocupado por una autopista galáctica. El único superviviente es Arthur, que es salvado in extremis por un extraterrestre de nombre Ford Prefect que lleva unos años afincado en su pueblo sin que nadie sospeche su cualidad de alienígena. Lo que pasa después es el meollo del libro.

Datos a tener en cuenta: usa un lenguaje fresco, y su lectura es bastante divertida, recurriendo permanente e insistentemente al humor, humor inglés, claro. A mí me ha gustado, pero no lo pondría en una lista de las 20 mejores novelas de ciencia ficción.

Alegre, entretenido, pasarán ustedes un buen rato, pero no busquen contenidos filosóficos, tecnológicos, utopías sociales, etc.

Para terminar, señalar que se hizo una versión cinematográfica que... bueno, mejor lo olvidamos.

viernes, 5 de octubre de 2018

Desmoservice (III)

Todo tiene un método. Yo he intentado formarme para llevar a cabo el reglaje de válvulas de la rubia, pero ¡qué gran verdad aquella de "cortando cojones se aprende a capar"!

Pedí las pastillas calibradas que me hacían falta para el cilindro vertical, y tardaron ocho días en llegar. De las cuatro solicitadas, tres venían bien, pero otra, que debía tener un espesor de 3'45 mm, y así está marcado al láser en un costado, medía en realidad 3'59 mm. Ya estaba yo advertido de que algunas pastillas podían variar respecto de lo marcado... pero una cosa son un par de centésimas, y otra lo que yo me he encontrado. Un desastre. Será que el Luigi de turno se había tomado más Camparis de la cuenta el día que le tocó medir y clasificar su lote.

Bueno, ante todo hay que tener calma. Yo ya sabía que esto iba a llevar tiempo y se podían presentar complicaciones. Esto no es nada comparado con cosas más graves o peculiares que pueden ocurrir.

Monté la culata vertical y comprobé que las demás válvulas me han quedado demasiado ajustadas. Pero todo tiene arreglo con unos cambios de pastillas por aquí y por allá. Con las válvulas sujetas y la correa de ese cilindro desmontada para que no mueva los árboles de levas, giro el motor para dejar el cilindro horizontal en PMS, y procedo a desmontar, por fin, su tapa de balancines:


No, no se asusten, no es una hemorragia. Es aceite que queda depositado en la parte baja de la culata, que al quitar la tapa se vierte un poco. Ese es el color del Motul 7100 que puse recientemente, hará unos 400 km. Como se ve, aún tiene el aspecto original, buena cosa.

Como ocurrió con el otro cilindro, todas las holguras de cierre están mal, con excesivo juego, algunas válvulas con más del doble de lo recomendado. Así y todo, este motor arrancaba, funcionaba bien, ralentizaba estupendamente. Pero ahora supongo que lo hará todo mejor, claro.

En el proceso de desmontar las pastillas, ha ocurrido un hecho extraño: los dos semianillos que retienen una de las pastillas de cierre han desaparecido mágica, misteriosamente. Usé un imán para extraerlos, y parecía que todo iba bien, pero contra toda lógica los perdí de vista. Los he buscado por activa y pasiva, he vaciado y limpiado todo el aceite alojado en los recovecos de la culata, he pasado el imán por cada esquina y hueco, he mirado y remirado, me he arrastrado por el suelo buscando... pero nada. Sólo espero que no hayan caído en alguno de los sumideros que recogen el aceite para llevarlo a la parte baja del motor, pues eso puede provocar una avería más o menos grave, pero fue el primer lugar en el que busqué.

Sea como fuere, tengo semianillos de repuesto. Pensaré que los ausentes salieron volando por algún motivo y deben estar en algún sitio del garaje. Ya medí todas las pastillas e hice las matemáticas. Esta vez sólo tengo que pedir tres pastillas, y ya tengo elaborado todo un plan para el trasvase de unas válvulas a otras para que todo cuadre. 

Lo curioso es que todo esto no es que sea difícil, pero consume mucho tiempo, sobre todo esta primera vez. Por eso es importante tener paciencia; hacer los deberes previos en forma de estudio del manual de taller, visión de videos, lectura de hilos en foros; tener las herramientas, las ganas, el espacio; y lanzarte a la piscina. 

No me cabe duda de que esta operación me está reportando placer en el sentido de entretenerme, aprender cosas, comprender mejor la máquina que llevo entre las piernas. Estaré más unido a ella cuando acabe este trance, mi relación se aprieta mucho, y aunque se trata de una simple máquina, ya sabemos que las motos son algo inerte muy especial. 

domingo, 30 de septiembre de 2018

Desmoservice (II)

Meter mano a mi querida rubia es un placer. Y lo digo literalmente. Esta máquina está bien parida, bien diseñada, ejemplarmente pensada, concienzudamente ideada. 
Planeada como un todo desde el primer trazo que Pierre Terblanche dibujó, es cuando uno la desmonta para llevar a cabo diversas tareas mecánicas, cuando se da cuenta de esta forma de hacer las cosas, toda una ideología. Maestría, diría yo.

Muchos se quedan en el secundario detalle de si tuvo más o menos ventas que la saga 916/996/998 a la que sustituyó, en si es más o menos bonita, más o menos eficaz... y estas importantes cuestiones quedan relegadas a un segundo plano.

Aparte de la genialidad estética que suponen las XX9, junto con el legado de otras máquinas de la misma firma como la Multiestrada, la MHe, SportClassic, y las Monster 696/1100, cuya calidad aumenta conforme pasan los años, dándole la razón, con esta moto, Terblanche demostró que se puede, y se debe, diseñar como un todo, y que su trabajo no consiste en poner un traje a un maniquí para esconder cosas y hacer parecer bueno algo que no lo es, sino hacer que ese algo sea bueno en su conjunto, y no una pesadilla a la que es imposible meter mano cuando retiras el carenado que oculta las vergüenzas...

Para acceder a la culata trasera, sólo hay que quitar el depósito. Para hacer lo mismo con el cilindro delantero hay que retirar el radiador de agua, para lo que hay que vaciar el circuito quitando un tornillito en la tapa de la bomba; desconectar un par de manguitos con cuidado de no verter al suelo el refrigerante remanente que siempre queda por las diversas tuberías; desenchufar las clemas de los ventiladores, y quitar dos tornillos. 

La cosa quedaría así:


Aquí podemos ver el terreno completamente despejado:


He aprovechado que también tenía tiempo para desmontar los ram-air de la admisión y cambiar los filtros de aire por unos nuevos de espuma, marca Pipeline, que es hoy por hoy el único fabricante aftermarket que sigue haciendo estos filtros para las Testastretta. Montar los filtros originales no son una opción ya que la moto lleva escapes menos restrictivos y centralita electrónica acorde, y Ducati Performance no hace más los que tenía mi moto, muy deteriorados ya.

En esta última imagen se puede apreciar la estrechez del motor, uno de los puntos fuertes de las Ducati, que permite hacer chasis igualmente delgados y adaptar el diseño de depósito y fibras haciendo unas formas muy ergonómicas y dando siempre la impresión de llevar una bicicleta:

El hombre demolido

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Acerca del autor

Alfred Bester, nacido en Nueva York (EE. UU.) el 18 de diciembre de 1913 y fallecido en Pensilvania en 1987, fue periodista y escritor de ciencia ficción.

Aunque publicó su primer relato en 1939, su salto a la fama vino a comienzos de los cincuenta, después de una etapa en la que trabajó como escritor de guiones para radio y televisión. Sus relatos, y sobre todo su premio Hugo de 1953 (el primer premio Hugo que se otorgaba) por El hombre demolido le encumbraron a la fama, fama que aún aumentó con su siguiente novela: Las estrellas, mi destino (también conocida como ¡Tigre, tigre!) considerada uno de los hitos de la ciencia ficción. Sin embargo, Bester, autor no muy prolífico, abandonó el campo para dedicarse a escribir artículos para la revista Holiday (de la que llegó a ser redactor jefe).

Su vuelta a la ciencia-ficción en la década de los 70 no resultó como esperaba, y las novelas escritas por entonces no resultaron exitosas. Es por ello su fama de autor «cometa». Desalentado, volvió a abandonar el género. En 1987, moría sin haberse enterado de que acababa de recibir el galardón de Gran Maestro por su corta pero intensa carrera. Dejó, además de sus dos sobresalientes novelas, una pequeña pero exquisita colección de cuentos.

Los dos grandes temas (casi obsesivos) de Bester son los viajes en el tiempo y la posesión de poderes paranormales. Casi todos los relatos y novelas recogen alguno de los dos temas. Las dos principales novelas, El hombre demolido y Las estrellas, mi destino, tratan de poderes paranormales. Asimismo, son consideradas pioneras del movimiento cyberpunk en cuanto a su estilo, por muchos críticos.

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El libro está ambientado en el siglo XXIV. Los viajes espaciales se han convertido en algo corriente y existen colonias humanas en Marte, Venus y los satélites principales de los planetas exteriores. La telepatía es una de sus temáticas centrales, y en el universo de ficción es normal que los personajes puedan comunicarse de esa manera, aunque algunos lo logren con mayor efectividad que otros. La novela utiliza asimismo jeroglíficos y contiene elementos premonitorios del cyberpunk. 

Junto con la anteriormente reseñada ¡Tigre! ¡Tigre!, forma una pareja de estupendas lecturas. Llena de buenos diálogos, toques de humor, escenas de acción, y situaciones que sin duda rememoraremos con las obras escritas muchos años más tarde por Heinlein y Philip K. Dick, profundiza en la telepatía, la percepción de la realidad, la intriga y, por supuesto, el amor.

Absolutamente recomendable y de inexcusable lectura.
Siempre.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Filtrando desde cero

Tenía yo pendiente esta tarea desde que me hice con la rubia, hace ya año y medio. pero nunca vi el momento ni la oportunidad correcta. Ahora, con el parón motivado por el desmoservicio que tengo entre manos, voy haciendo estas pequeñas tareas que uno ha ido posponiendo.

El filtro de repuesto lo adquirí hace meses ya, ante la duda de si habría sido cambiado alguna vez por alguno de sus anteriores dueños... Una vez que lo he desmontado, fácilmente (todo hay que decirlo), compruebo que no lleva el de origen, y que fue cambiado en algún momento. Buena cosa, sin duda.

He estado demorando este asunto unos días, no obstante, porque habría unos cuatro litros de gasolina dentro, y al intentar vaciarlo por el antiguo método de chupar a través de un tubo y aprovechar la fuerza de la gravedad para verterlo en otro recipiente, casi caigo redondo al suelo mareado por los vapores del hidrocarburo... Lo intenté dos veces, y me vi imposibilitado para ello.

¿Seré un inútil redomado y sin remedio?

Plan B: colocar el depósito en la posición que ven en la imagen, y rezar para que no llegue a derramarse por algún rebosadero. ¡Bingo! Ou yeah.


Este es el conjunto, que en el manual es llamado "brida", que contiene la bomba de gasolina, el filtro, y el termistor (cosita que hace que se encienda la luz de reserva):


Cambiar el elemento filtrante es un juego de niños:


Después de una somera limpieza llega el momento de montar la brida en el depósito, para lo cual hay que engrasar a conciencia tanto una junta toroidal como el alojamiento donde ésta apoyará en el tanque, para que ajuste con suavidad. Hay quien comenta que esta junta hay que cambiarla cada vez que se desmonte la brida... me parece excesiva esta precaución. Hay que observarla bien, buscar grietas, sequedad, o alguna deformidad. Yo no la he cambiado, y tras montarlo y apretar todo, he dejado el depósito (recuerden que contiene algo de gasolina) en su posición natural para observar si hay fuga de líquido:





En principio está todo bien seco. Aún así, tengo varios días para hacer un seguimiento y ver si gotea por algún punto. En caso positivo, la solución cuesta unos cinco euros y ya sé que lo haría en cinco minutos.

Bueno, hasta aquí la tarde de hoy. Ha sido una operación más rápida de lo que había pensado, la verdad. Supongo que, gracias a esta experiencia, no vacilaré cuando toque hacerlo de nuevo.

domingo, 23 de septiembre de 2018

cita:

Desmoservice

Confié en que alguno de los anteriores dueños hubiera dado el cariño que se merecía esta increíble máquina. Craso error. 
Aunque cuando llegó a mis manos le cambié correas, bujías, fluidos, y limpié filtros de aire, dado el kilometraje acumulado decidí no mirar el juego de las válvulas. Craso error.

Y es curioso, porque la moto va de fábula: arranca muy bien tanto en frío como en caliente, aguanta el ralentí con estabilidad, tiene buen tacto de acelerador, y anda en la carretera estupendamente. Es cierto que tampoco es que yo vaya con el cuchillo entre los dientes, y rara vez la subo de seis o siete mil rpm, cuanto su techo son 11.000 rpm. Realmente no hace falta más en la calle.

De modo que procedo a desnudarla, llegando a tenerla de esta impúdica manera:


Empezaremos por el cilindro vertical, que es el que tiene mejor acceso. No sólo mejor, sino también más cómodo. El uso de las galgas para medir los minúsculos huecos entre los árboles de levas y los balancines es casi como un arte, pues hay que interpretar un poco. Hablamos de diferencias de centésimas de milímetros y tampoco hay que ser tan tiquismiquis.


Una vez hemos apuntado todas las holguras ordenadamente (aquí cada uno tiene su método, yo aún estoy buscando el mío...), se desmontan los árboles de levas y se sacan las pastillas de reglaje, que en el caso de las Ducati llevan el doble que los demás motores del Universo: una para abrir la válvula, y otra más para cerrar (en vez de un muelle, que es lo normal). Les ahorraré los detalles del sistema desmodrómico de distribución, puede parecer algo muy técnico. Sólo les diré que es algo que vienen usando desde los años sesenta en la fábrica de Borgo Panigale, y se le achacan adjetivos como "mágico", "vudú", "secreto", etcétera. 
Pero no hay misterios insondables en el mundo de la mecánica de motos. 


Se miden las pastillas de reglaje, se echan unas cuentas, y se sacan las medidas de las nuevas pastillas que hay que adquirir. Yo las encargo on-line, ya que el concesionario más cercano se encuentra a 110 km, y me sale más caro y farragoso ir a por ellas allí que hacerlo por la interné. Bendita globalización... 

No puedo meter mano al otro cilindro, el horizontal, hasta que no monte de nuevo el vertical. Podrían remontar con las piezas antiguas, pero eso supondría hacer todo el trabajo dos veces y no estoy dispuesto. No tengo prisa. Cuando tenga las nuevas pastillas calibradas  y monte el vertical, comenzaré con el otro.

Por cierto, el horizontal, además de estar casi a nivel del suelo y obligarme a arrodillarme o directamente acostarme en el garaje, me va a obligar a desmontar el radiador, algo que odio porque suele liarse parda con el líquido refrigerante guarreándolo todo. Qué asco! En fin, trataremos de andar con cuidado y paciencia.

¿Otoño is here?

Esta madrigada, sobre la una de la mañana, ha entrado el otoño, dicen. Yo no he notado nada, únicamente hace calor como si estuviéramos en julio o agosto. Si quería coger la moto debía madrugar, como vengo haciendo desde mayo, prácticamente.

Ha hecho incluso más calor que ayer, que también di una vuelta con el Martillo de Lucifer. Hoy he cogido una ruta un poco distinta, porque con la 690 quiero huir de carreteras rápidas y transitadas. Mejor muchas curvas, cuanto más lentas mejor. 


La máquina austríaca es una pasada. Acostumbrado a motos más pesadas, entre su agresivas geometrías y la ausencia de inercias, requiere un tiempo de adaptación. Es asombroso lo rápido que puedes cambiar de dirección, lo tarde que se puede frenar, lo pronto que puedes abrir gas aunque vayas bastante inclinado. 
Buscarle las cosquillas pasa de ser un juego a convertirse en una obligación, porque ella te pide más y más. Su motor se estira y ofrece empuje lineal hasta la línea roja sin desfallecer, y puede correr mucho, muchísimo más de lo que uno espera de una moto con ese aspecto campero.


La sierra más oriental de Huelva ofrece ricos paisajes, entornos boscosos que todos los años son castigados con algún incendio, lamentablemente. Hoy anduve en las cercanías de un pueblo llamado Castillo de las Guardas, donde, a mitad del recorrido de mi ruta, decidí desayunar lo más típico: 


La vuelta ocurrió sin incidencias, y sólo señalar la abundancia de ciclistas a pesar del calor reinante, pero ya uno está acostumbrado a compartir las carreteras con estos individuos abusones, intransigentes, abusones y maleducados. En general creo que no nos molestamos mucho, pero es sólo porque he aprendido a esquivarlos y predecirlos.

Es lo que hay.

Fantástica ruta. Quizá la última de la 690 con rudas de carretera. 

jueves, 20 de septiembre de 2018

Gixxer, poco a poco

Hubo que desmontar mucho para llegar a este punto, como ya expliqué. En las siguientes imágenes tenemos un montón de cifras y cuentas, con las pastillas calibradas por delante:


El árbol de levas de escape junto al tensor hidráulico de la cadena de distribución:


Y los puentes que sujetan los árboles de levas, junto a la llamada "tapa de balancines", aunque esta moto no lleva balancines, sino que los empujadores actúan directamente sobre las válvulas:


Se pidieron las pastillas de recambio adecuadas, y vinieron rápido a través de los contactos de MRPerformance, y una vez montado todo nos hemos encontrado que hay un par de válvulas que siguen fuera de medidas. Esto es normal cuando uno trabaja con válvulas pisadas, y acertar con la pastilla adecuada es una cuestión de ensayo y error, lo que supone tiempo y dinero, pero sobre todo tiempo y el engorro de tener que desmontar y montar todo de nuevo una y otra vez... De paso se han pedido unas juntas que siempre es recomendable cambiar cuando se abre la cabeza de la culata, y que por su ínfimo precio en el montante final de la operación no merece la pena reutilizar.

Lo más reconfortante es que lo más engorroso ya está hecho, y dependemos de los envíos y transportes para acabar esta aventura. 

Mientras tanto, yo me he embarcado en mi propia revisión de holgura de válvulas, pero eso será objeto de su entrada propia en este mismo bloc.