lunes, 29 de enero de 2024

El buen vino

Por fin me animé el domingo por la mañana a probar los últimos cambios de la Hei Hei SS, recién la niebla se levantó, que dejó el terreno ligeramente húmedo, que no encharcado ni embarrado: perfecto en agarre y verdor.
Agradeciendo el frío ambiente, que pronto tornara en temperaturas primaverales con dos meses de adelanto, aprecio enseguida, me doy cuenta (casi lo había olvidado) de la gran bicicleta que es ésta, que ganó muchísimo con el paso de la horquilla rígida a la suspensión delantera, no sabiendo si achacarlo al ligero cambio en la geometría o a la comodidad y seguridad propias de la amortiguación. Un nueve le otorgo a la Fox F80, suavísima y mucho más rígida que la Sid Team que monta mi otra Hei Hei, que es más ligera, más lineal, pero también claramente menos rígida. Ahí la Float gana por goleada, pero el exceso de gramos la penaliza para obtener la máxima calificación.


Me gusta mucho la Kona, sí, es inevitable. Y los nuevos/viejos frenos, en conjunción con las llantas cerámicas, ofrecen una capacidad de deceleración difícil de asimilar, tanto por potencia como por modularidad. Trato, no obstante, de no cruzar charcos, riachuelos ni similares, no me gusta el efecto que causa en las llantas la suciedad que queda.

En el margen de un camino me llama la atención esta construcción, fruto de una arquitecta octópoda perteneciente a una de las 46.500 especies que existen: 


Sigo girando el pedalier, la Kona avanza ayudada por las Leyes de Newton, sobre todo la Segunda: la inercia es tu amiga, hay que tratar de mantenerla como sea. Huyo de fuertes pendientes, aunque algunos repechos son inevitables, y la falta de forma hace que las pulsaciones se disparen. En los llanos y ligeras bajadas la dejo correr, casi hipnotizado por el sonido de abejorro del Cristo Rey trasero. Ahora muchos fabricantes utilizan rachet en sus bujes, pero sólo hay uno original y pionero, y su sonido música sigue siendo inconfundible y peculiar.


Me encuentro con Julio G&G bajando el "cañón del colorado", y charlamos un par de minutos. Un rato más adelante, me cruzo con Javi el cristalero, pero él va tan lanzado que no se da cuenta de quién soy...
El día la verdad es que es propicio para el paseo matutino, una de esas mañanas perfectas para el recreo a dos ruedas.


 Pensar que el cuadro de la Hei Hei ha realizado ya casi 27 vueltas al Sol, tiene miga. Ahí está, como el primer día, igual de bonito, igual de válido. Pero hay que saber apreciarlo, o querer hacerlo. Yo quiero, y lo aprecio mucho.

lunes, 22 de enero de 2024

Cita:


 

Volver atrás


Teniendo unas ruedas montadas con bujes Cristo Rey (CK) y aros cerámicos en la buhardilla, para freno de llanta, llevaba yo tiempo dando vueltas a montarlas en la Hei Hei SS. Esas ruedas estuvieron montadas mucho tiempo en mi Explosif durante su etapa de singlespeed, y tienen la particularidad de que el buje trasero es específico para esta modalidad. Sólo faltaba hacerme con unos frenos V-brake. He estado meses esperando a ver si salía algo especial en Wallapop o en eBay, como los Avid de titanio (mandos y "puentes") que conseguí para la otra Hei Hei... pero son más raros que una rana con pelo.
De modo que me he tenido que conformar con un modesto juego de Avid Single Digit 5 (creo que se colocan en la gama de los XT más o menos) que pude adquirir por módico precio.
Sólo queda desmontar el adaptador del fabicante "AZ2" para la pinza trasera del cuadro, y rutear unos cables nuevos y sus fundas para los nuevos uve mecánicos.

primer plano de pinza Hope con buje y accesorios "rasta"

detalle del adaptador, que evita tener que modificar el cuadro


Nueva configuración con una estética más sobria y limpia

A veces menos es más, y creo que los frenos uve concuerdan más con el espíritu del aparato. Estos, en conjunto con las llantas cerámicas, frenan del carajo, y el sonido del buje es pura delicia adictiva. Espero colgar algún daguerrotipo a color en una próxima incursión campestre, para que luzca mejor que en el claustrofóbico ambiente de mi trastero.

Y como la cosa va de retro, además añado otro experimento. Me encanta experimentar con mis bicis, como creo que ya se habrán percatado, y la víctima ahora será la Explosif, a la que monté un manillar drop, y ahora voy un paso más allá al colocarle una rueda delantera de 700, para lo que he tenido que usar unos adaptadores en los puentes de freno que ubican las zapatas a la altura de la nueva llanta. 
Es lo que se llama en el argot una 69er, y no es nada nuevo.
He podido dar un paseo por la ciudad, e inmediatamente me he sentido muy cómodo. Ya está encargada una cubierta tipo gravel, y si funciona igual de bien en pistas y senderos fáciles, puede convertirse en el descubrimiento de 2024.

primera imagen (mala) del engendro

viernes, 5 de enero de 2024

El problema del estiércol de caballo de 1894

Las entre 15 y 30 libras de estiércol producidas diariamente por cada bestia multiplicadas por los más de 150.000 caballos en la ciudad de Nueva York dieron como resultado más de tres millones de libras de estiércol de caballo por día que de alguna manera debían eliminarse. Eso sin mencionar los 40.000 galones diarios de orina de caballo. 

En otras palabras, las ciudades apestaban. Como dice Morris, el "hedor era omnipresente". Aquí hay algunos fragmentos divertidos de su artículo:

Las calles urbanas eran campos minados por los que había que transitar con sumo cuidado. En las esquinas había “barrenderos”; Por una tarifa, despejarían el camino a través del fango para los peatones. El clima húmedo convirtió las calles en pantanos y ríos de lodo, pero el clima seco trajo pocas mejoras; el estiércol se convirtió en polvo, que luego fue azotado por el viento, asfixiando a los peatones y cubriendo los edificios.

. . . incluso cuando lo habían retirado de las calles, el estiércol se acumulaba más rápido de lo que podía eliminarse. . . A principios de siglo, los agricultores estaban felices de pagar una buena cantidad de dinero por el estiércol; a finales del siglo XIX, los propietarios de establos tenían que pagar para que se lo llevaran. Como resultado de este exceso. . . los terrenos baldíos en ciudades de todo Estados Unidos se llenaron de estiércol; en Nueva York a veces alcanzaban los cuarenta y hasta los sesenta pies.

Debemos recordar que el estiércol de caballo es un caldo de cultivo ideal para las moscas, que propagan enfermedades. Morris informa que los brotes mortales de fiebre tifoidea y “enfermedades diarreicas infantiles se deben a picos en la población de moscas”.

Al comparar las muertes asociadas con accidentes relacionados con caballos en Chicago en 1916 con los accidentes automovilísticos en 1997, concluye que las personas morían casi siete veces más a menudo en los viejos tiempos. Las razones de esto son sencillas: . . . Los vehículos tirados por caballos tienen un motor con mente propia. El miedo de los caballos añadió un peligroso nivel de imprevisibilidad al transporte del siglo XIX. Esto era particularmente cierto en un entorno urbano bullicioso, lleno de sorpresas que podían sorprender y asustar a los animales. Los caballos a menudo hacían estampidas, pero un peligro más común provenía de los caballos que pateaban, mordían o pisoteaban a los transeúntes. Los niños corrían un riesgo especial.

Las caídas, las lesiones y los malos tratos también afectaron a los propios caballos. Los datos citados por Morris indican que, en 1880, cada día se retiraban de las calles de Nueva York más de tres docenas de caballos muertos (casi 15.000 al año).


jueves, 4 de enero de 2024

Trainspotting


 

Tokio


La ciudad más grande del mundo y con mayor población es Tokio, con 40 millones de habitantes. 



 

Ellas no lo entienden


 

miércoles, 3 de enero de 2024