jueves, 31 de diciembre de 2020

Epic pisteo.

 O cómo vivir en tus propias carnes el acercamiento al dolor de culo, el hastío de pistas infinitas cuyas rectas parecen no querer acabarse nunca, y demás mierda propia de pisteros.

Como desde hace ya muchos años, con ocasión de la celebración de mi nacimiento (un día superfluo por lo demás), hago algo especial en bici. Ayer no pudo ser, pero hoy, 31 de diciembre, despido este raro año que nos ha tocado con este paseo un poco especial.

Poco más de las nueve de la mañana y el termómetro quiere asustar con gélidas interpretaciones y reflejos de la inclinación del eje de giro del planeta en conjunción con la órbita de traslación alrededor del Sol:

El objetivo era llegar a esta aldea, cerca de Valverde aunque en término municipal de Beas:


Para ello, previa composición y estudio del trazado vía Google Earth y Maps, Wikiloc y trackoteca particular de mis aventuras en moto, me lancé a interceptar la carretera del cementerio de Aljaraque a través de Corrales, La Monacilla, y la linde Norte de La Dehesa Golf, esta vez sin perderme y acabar en medio de una finca de explotación de cítricos como la última vez. Ya sobre dicha carretera/carril llegaremos a cruzar sobre la A-49 y pronto, paralelos a la Vía Verde del Litoral, llegamos a Gibraleón sobre un puente del antiguo ferrocarril minero.
En los márgenes del camino, la noche, con su humedad y frescor, nos deja un poso en forma de escarcha que blanquea la vegetación. Empiezo a dejar de sentir las puntas de los dedos de los pies:


Atravieso la población, ya llena de vida sobre las 10 de la mañana (se escuchan enormes petardazos como tiros de escopeta, muchos seres humanos haciendo compras de última hora, otros que, como yo, aprovechan un raro día vacante para hacer ejercicio...), y salgo por donde la Cooperativa  Nuestra Señora de la Oliva, tomando la pista que va hacia el Alcolea. Este primer tramo del camino es muy ancho y recto, y en otras épocas del año se levanta mucho polvo al transitar por él. Pero ahora está medio húmedo y apenas hay circulación, pues mejor para mí. 
Se cruza la vía del tren que va en dirección Norte, y la pista discurre paralela a la misma un buen rato, entre algunos árboles, esquivando charcos y baches hasta que se separa hacia la derecha en una serie sucesiva de toboganes, subidas y bajadas muy divertidas, y va empezando lo bueno (alrededor de unos 25 ó 30 kilómetros recorridos ya). En un determinado punto, me salgo del camino principal que llevo siguiendo desde que salí de Gibraleón y voy en dirección Este, atravesando dehesas. El paisaje cambia, otros árboles propios de la latitud (encinas, alcornoques, olivos), y numerosos ejemplares de vacas retintas con sus pequeños terneros, así como caballos, me observan curiosos. El uso de pasos canadienses facilita el paso entre fincas sin necesidad de estar abriendo y cerrando puertas, ¡bien!


Es la parte más bonita de la ruta, y sólo por esos kilómetros hasta llegar a Fuente de la Corcha ha merecido la pena el paseo. No hay muchas cuestas, y en su mayoría es más o menos plano y muy llevadero. Mi ligera y cómoda Scalpel levemente modificada va de maravilla por este tipo de terreno, y aprovecho para lanzarme cuando el firme es propicio, incluso despegando ambas ruedas del suelo en varias ocasiones. El disfrute es enorme, pero pronto llego a una serie de lagunas (no charcos, oiga, LAGUNAS), algunas más fáciles de salvar que otras. A veces hay un recorrido alternativo paralelo y cerca, otras veces toca aventurarse por la linde pegado a una alambrada de espinos, mientras las ruedas se sumergen más o menos en unas aguas marrones y opacas que no dejan ver ni la profundidad ni el tipo de suelo que esconden, que a veces tracciona, y otras no. Chico, esto del btt es así, y cada estación del año tiene su afán.
Pronto llegué a la aldea, donde me tomé un mantecado que llevaba escondido, junto con un café en el bar de La Hermandad, lugar típico de reunión de parroquianos, ciclistas y endureros (de moto).



La vuelta la hice por el carril bici Vía Verde d los Molinos de Agua hasta Trigueros, en su mayoría cuesta abajo, a buen ritmo dado que tanto la gravedad como el firme liso ayudan. Desde allí cogí el Camino de Huelva a Trigueros, en buen estado, muy transitado por todo tipo de vehículos, que llega hasta La Ribera, donde ya todo es asfalto, por la carretera del cementerio, hasta mi casa. 
Ruta larga para lo que yo estoy acostumbrado, han salido 74'9 km, que a muchos les parecerá lo normal, pero no lo es para mí, y encima en solitario, pues el que iba a acompañarme, Pedrito Redondo, tuvo un contratiempo de última hora y no pudo unirse. Quizá lo haga de nuevo más adelante, pero introduciendo alguna variación, sobre todo a la vuelta para hacerla más amena.
Esta será mi última entrada del año, y con ella les envío mis mejores deseos de superación y buen año venidero!!!


Es posible lo moderno

 Publicado en 2016 en mi otro bloc:

Es posible, no cabe duda. Un diseñador, y al fin y a la postre un preparador tiene siempre algo de diseñador (o debería), debe hacer lo vanguardista, lo atrevido, lo novedoso.
Se corre, si no, el riego de caer en lo ya visto, en lo no distinto, y entonces ¿para qué un diseñador?

Me encuentro esta Ducati anónima, que una vez fue una sportclasic, y lo sigue siendo en sus inescondibles cromosomas, pero se han dado varios pasos adelante.
¿Lo que Ducati debería haber hecho a día de hoy? Es indudable que hay una demanda de este tipo de producto, y aunque los de Bolonia fueron los primeros en verlo hace ya varios años, lo dejaron en el olvido, y una corta producción las ha convertido en objeto casi de culto.
Mientras tanto, hoy día BMW se apunta al carro con la modular Nine-T, y Triumph deslumbra con las recientemente presentadas y revisadas bonnies en sus versiones más deportivas, asombrando a propios y extraños.

La Ducati anónima es ésta:

ducatisportclassic:
“Ducati Sport Classic Custom
”

Lo primero que notamos es la ligereza visual, conseguida a base de jugar con un color oscuro y mate, llantas negras, hasta los tubos del chasis y el escape son de ese color. El negro empequeñece, de todos es sabido. Y contrasta con otras piezas como la horquilla tope de gama con anclajes para las pinzas radiales, o los también dorados y amarillos del Olhins trasero. Un colín más estrecho y corto que el original, espejos retrovisores minimalistas, foco modernito... y voilà, tenemos una máquina bonita, fuera del tiempo, exclusiva, y moderna.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Aniquilación

Con la trilogía "Southern Reach", Jeff Vandermeer nos presenta un mundo extraño, invasivo, contenido en la denominada Area X, en cuyo interior parece ser que rigen otras leyes de la naturaleza distintas a las que conocemos.

La primera entrega tiene por título "Aniquilación", la segunda "Autoridad", y la tercera y última (por fin) "Aceptación". 

Yo llegué a estos libros gracias a la película que toma el título del primero de los volúmenes, que es del año 2018. Me impactó cuando la vi, pues mezcla un poco géneros de ciencia ficción, e intriga, todo aderezado con un auténtico espectáculo visual que la obra escrita no llega a transmitir. 

Hablemos de lo escrito. Cada volumen trata de lo mismo, pero contado de diferente manera. Así, en el primero, desde la base que se encuentra justo a las afueras del Area X se prepara la 12ª expedición al interior de la misma. Todas las expediciones anteriores han fracasado, bien porque no han vuelto, o si lo han hecho, sus participantes han muerto al poco tiempo de cáncer. Los que no volvieron fue porque se mataron unos a otros en una especie de locura colectiva, o bien se suicidaron, o bien nunca más se supo. La nueva expedición la forma la directora del centro, que es sicóloga, además de una bióloga (protagonista de la narración, que se hace en primera persona, y cuyo nombre nunca es desvelado), una topógrafa, una antropóloga, y una lingüista que no llegó si quiera a incorporarse a la expedición. Se adentran en el Area X y observan, toman nota, experimentan todo lo que ven: una naturaleza salvaje llena de mutaciones que no vienen a cuento, la aparición de una "anomalía topográfica" en forma de torre invertida, es decir, un túnel bajo tierra que lleva a nadie sabe dónde y que contiene algo que nadie sabe qué. El objeto es llegar hasta el faro que se encuentra en la costa que linda con el Area. Pero van sucediendo cosas, algunas más explicables que otras. 

El segundo volumen, "Autoridad", cambia de protagonista: la sicóloga de la expedición 12ª era la anterior directora, y como no volvió, hay que poner a uno nuevo que se llama a sí mismo "Control". Aparece la bióloga, pero parece no recordar nada. Control la interroga varias veces, pero sufre el boicot de la subdirectora, llamada Grace, y no es que haya mucha colaboración por otros miembros científicos de Southern Reach, cada uno de los cuales tiene su particular teoría, pero que no sirven para aclarar nada del origen del fenómeno, las causas, su solución, ni el resultado final. Se introducen otras cuestiones que hacen caer en el tedio al lector, avatares de la vida de Control, su pasado, relaciones con sus padres e incluso con su abuelo. Ocurren algunos descubrimiento extraños, pero nada concluyente ni definitivo. Al final del libro el Area X se expande engulliendo a las instalaciones de Southern Reach.

El tercer y último volumen, "Aceptación", está redactado en numerosos capítulos protagonizados por diferentes personajes: la bióloga, Control, la directora, y Saúl (el farero, un expredicador dedicado en cuerpo y alma a su faro, un tipo solitario y un poco filósofo, que vive su homosexualidad y su misantropía a su manera). Entretiene porque mezclando todas las historias parece que se ve algo, que se explica... pero nada de eso ocurre. Acaba la novela y te quedas igual, nada se explica, te deja peor que cuando lo empezaste, y todo con un estilo, sobre todo el primer libro, que recuerda mucho a Lovecraft y a J.G. Ballard (en clara referencia a "El mundo de cristal", que en su día ya hice una entrada sobre él), aunque claro está, sin llegarles a los talones, desde luego. Uno lee y lee, y aunque el autor lo intenta por varios medios, no lo consigue. Sí, me ha enganchado, pero sólo porque quería ver si aportaba algo más que no viera en la película... y resultó que fue al revés.

La película:


Protagonizada por Natalie Portman, tan convincente y bella como siempre, la película tiene un principio y un final dignos de dicho nombre. Aunque los presupuestos argumentales son básicamente los mismos, pronto la historia coge otros derroteros, y se presenta claramente el origen extraterrestre de lo que ocurre. Se da más importancia a la relación entre el esposo de la bióloga, Lena (aquí si tiene nombre), y en el Area X, cuando van hacia el faro, pasan cosas que son una interpretación muy espectacular de lo que se describe en los libros. El guionista y director Alex Garland nos da su particular visión, colorida y maravillosa, de las mutaciones que tienen lugar en la selva, los animales, las flores... y las personas. Nos introduce en un mundo casi mágico u onírico, y mezcla escenas de acción con drama sicológico, cortes de exteriores increíbles, y momentos íntimos o de encierro en pequeñas habitaciones que agobian. La trama se hila correctamente, todo o casi todo se entiende a la primera, y el espectáculo visual está asegurado. 



La peli la vi en 2018, y ahora, tras la lectura de la trilogía, he querido verla de nuevo para corroborar el buen sabor de boca que me dejó, y lo regulero de la versión escrita.

Rara vez ocurre esto, que la película sea claramente mejor que el libro. Eso hay que aprovecharlo y disfrutarlo. Les animo a no leer y sí a ver, en este caso.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Puliendo detalles, mejorando el SS

 Años intentándolo, al final he tenido que pasar al fiable tensor de toda la vida. Todo no se puede tener, y la opción de un pedalier excéntrico que, por sus limitaciones, me obligaba a usar un medio-eslabón, me hizo sacrificar varias cadenas que se rompían en el más inoportuno momento, todo por tener una estética más limpia.

En la vida hay que ser prácticos a veces, y la lógica se suele imponer en la mecánica:

No es lo mismo, pero me vale. Sigue siendo una bici muy especial para mí, y seguro que me seguirá dando buenos momentos de disfrute como los que tuve hoy mismo.

Un poco de exploración saliéndome de los senderos conocidos, me ha llevado a encontrar alguna perla escondida. Hay que arriesgarse para triunfar, en la mayoría de los casos. Además, salirse de lo típico me ha llevado por sitios en los que la ausencia de barro hizo que ciclar por allí fuera más gozoso.





Dauer 962 LM

En el salón del automóvil de Frankfurt del año 1993 se presentó uno de los coches aptos para carretera más "locos", el Dauer 962 LM, basado en el coche de carreras más exitoso de los años ochenta. 
Jochen Dauer lo convirtió en un supercar de 730 cv y 1080 kg, que alcanzaba las 60 mph en sólo 2'6 segundos. Su velocidad máxima era de 404 km/h muchos, muchos años antes de la todopoderosa Volkswagen AG lograra esa misma velocidad con un coche "road legal" con el Veyron. 
Su precio: 1'2 millones de dólares. Producido en serie muy reducida, la mayoría de los cuales fueron a parar a Brunei, sus prestaciones se probaban en las instalaciones de Ehra-Leissen, pertenecientes a VW...



Por supuesto, su motor era un Porsche Type 935 de tres litros KKK con doble turbo, de seis cilindros bóxer.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Lujuria

 Gracias a las redes sociales puedo encontrar a menudo verdaderas maravillas. Ejemplares de bicicletas maravillosas que algunos conservan como el primer día, sistemas curiosísimos de suspensiones, piezas y componentes que son verdaderas obras de orfebrería... Todo ello es excepcional y me hace soñar, pero me conformo con simplemente poder verlas aunque sea en foto:

Quizá la primera Santa Cruz de suspensión trasera, un monopivote (sistema que estuvieron utilizando hasta no hace mucho con sus modelos Juliana y Heckler, por ejemplo), con el plus de esa horquilla de paralelogramos muy exótica:

En mi predilección por las vainas elevadas, no puedo dejar de poner aquí esta Nishiki, fabricante muy desconocido en nuestra tierra. Este ejemplar data de principios de los 90, tiene una cosa que me encanta, que es los tres cables que van hacia atrás por el lado derecho del tubo superior del cuadro:





Por aquí ya he puesto alguna vez algún ejemplar de Alpinestars, pero ninguna como la de ahora, una ti-mega, muy escasas y realmente bellas:


Grupo completo totalmente "tropicalizado", o más bien en colores "rasta", para dar un toque de color a tu clásica:


No puede haber un aficionado a quien no le suene el nombre de John Tomac. Esta fue una de sus peculiares y famosísimas bicis, una Yeti con los tubos del triángulo principal en fibra de carbono, la rueda trasera Tioga Disc (a base de un cable de kevlar entrelazado) que tenía ese sonido tan peculiar, y por supuesto su manillar de carretera con el que era capaz de bajar más rápido que nadie en su época;

Más rasta, y de la realmente cara:


Detalle de la horquilla de la Heckler de antes:


Impresionante Fat Chance Team Issue de 1993, de estas se ven muy muy pocas:


Verde que te quiero verde:


Si les dije antes que era raro ver una Alpinestars ti-mega, ahí van dos juntas:


Ejemplar de sistema alternativo de suspensión delantera:


No podía faltar uno de los primeros sistemas de suspensión total del mundo btt, la Sbike de 1989 creo, con su punto de giro superelevado (imaginen la elongación de la cadena al amortiguar... menos mal que tendría poco recorrido) y su vanguardista horquilla invertida:


Colección de horquillas Manitou de diversas añadas, de izquierda (más viejas) a derecha (más nuevas). Más bellas cuanto más antiguas, sin duda:


El trópico ha llegado a su casa, oiga:


Horquilla de suspensión sin elementos móviles o puntos de giro, verdadero trabajo de soldadura, cálculos de deformación e ingenio. ¿Funcionará? Seguro que sí:


Para acabar, esta Yeti Ultimate de 1991, verdaderamente espectacular:


Los testamentos

 Margaret Atwood se hizo más famosa cuando se popularizó “El cuento de la criada”. Tres décadas más tarde, la autora recupera su distópico mundo y lo lleva hasta un final dramático en esta secuela en la que se pone punto final a la historia de Gilead.


De conocidas ideas feministas, Atwood sin embargo no usa su habilidad como escritora de un modo combativo o dañino, sino con mucha habilidad, retratando una sociedad que es reflejo quizá de cómo se sienten millones de mujeres, víctimas de un sistema que no pueden cambiar... pero que sí pueden cambiar o, al menos, pueden intentar huir, y en el que cada una tiene su forma de luchar. 
Desde luego, esta secuela no tiene la garra ni la fuerza ni el original planteamiento (a veces horrible y atroz) de "El cuento de la criada", y emplea una técnica totalmente diferente en su redacción y desarrollo, a base de testimonios de sus protagonistas leídos por alguien que los encuentra muchos muchos años después de los sucesos ocurridos, encontrados casi por casualidad por un grupo de historiadores. No quiero decir que su lectura sea una pérdida de tiempo, al contrario, es bastante entretenida, pero hay que decir que la historia puede ser bastante previsible en sus presupuestos principales, lo que quita valor al conjunto y te deja un poco decepcionado. Pero se puede leer, y de hecho se lee rápido y de manera amena.

Mi compañero de  la oficina Juan Ramón (vaya nombre, siendo de Huelva, eh), quien arrastra su afición a la ciencia ficción igual que yo, me prestó su ejemplar de este libro que he aprovechado para leer durante unos días de vacaciones que he tenido en este mes de diciembre. Desde aquí le doy las gracias por el préstamo, que no es la primera vez que lo hace.


sábado, 12 de diciembre de 2020

F50GT



A pesar de las apariencias, ambos coches tienen pocas cosas en común.
Los datos oficiales del F50 son 513 cv a 8.500 rpm para 1230 kg en seco.
El website de Ferrari indica 750 cv a 10.500 rpm y 860 kg en sego para el F50 GT. Total ná.

 

Es otro rollo

Con las lluvias llegaron los charcos, las lagunas, los barros. Y mi adorada Explosif y sus frenos uve de zapatas no me gustan con agua: pierden eficacia, hacen ruidos raros, y guarrean toda la bici. Es el momento de sacar la Hei Hei. 




La tierra ha absorbido la mayoría del agua caída, pero en la parte más baja de algunos senderos se han formado charcos de lodo machacado, algunos verdaderas trampas en las que es fácil quedarse clavado. También encontraremos lagunas en los cruces importantes, unas veces son salvables dando pequeños rodeos campo a través, pero en otros casos hay que dar la vuelta. 
Todo se vuelve una pequeña aventura en estas circunstancias húmedas a las que no estamos muy acostumbrados en nuestra zona particular de recreo ciclista btt.




miércoles, 2 de diciembre de 2020

Bushido Racing

 Hay pioneros. Rarezas. Desconocidos sucesos que, por adelantados a su época, no llegaron a cuajar. 

Las razones, los motivos de este fracaso, pueden ser distintos, variopintos. Más allá de las ocurrencias, hay genialidades a las que merece la pena echar un vistazo. Una de ellas, sin duda, es este ejemplar de bicicleta de 1987, con suspensiones de larguísimo recorrido, un producto hecho por encargo, muy caro, en el que no sólo se podía elegir el material de construcción (titanio o aluminio), sino ángulos de dirección y tubo de sillín, así como tipo de acabado. 

Once pulgadas de recorrido tanto delante como detrás, que son unos 275 mm, es tela, incluso para una bici de descenso actual, pero da una idea de la radicalidad del concepto. Otros detalles son los frenos de disco de fibra de carbono, ¡en 1987! Todo ello con un peso inferior a 25 libras, equivalentes a menos de once kilos y medio. Brutal.

Supongo que un precio exorbitado hizo fracasar el proyecto.







martes, 1 de diciembre de 2020

Venecia en los pinos

Estamos deseando que llueva. Y cuando por fin lo hace, la cosa viene de forma torrencial, abrumadora casi, inundante. Y lo digo literalmente. Los pinares se han convertido en una enorme laguna surcada por numerosos canales, y ciclar por ellos se vuelve una aventura que acaba con la paciencia, el calor corporal, y el ánimo del sufrido (en este caso) deportista, así como con la puesta a punto de la máquina, el velocípedo, que se queda sin grasa, sin parafina en la cadena, sin pastillas de freno.
Cuando todo chirría y cruje, y uno está empapado completamente, por salpicaduras y propias inmersiones en charcos, si no es por tu propio sudor, el feliz acontecimiento de salir a montar en bici se torna en algo dantesco y curioso. 
Menos mal que por aquí ocurre poco.



 Frío y niebla por la mañana, sol y buena temperatura a mediodía. 


Entonces uno se arma de paciencia, no se trata de batir récords, ni de hacerse daño. Hay que intentar pasarlo bien, y se consigue.