jueves, 19 de julio de 2018

jueves, 12 de julio de 2018

Ducati Monster tailchop

Es casi obligado para todo propietario de una Monster el proceder a la subsanación de las atrocidades cometidas en pro de la preceptiva homologación del modelo. Es particularmente sangrante el tema de la bandeja apoyavasos, por enorme y claramente antiestética, delictivamente fea, deliberadamente horrenda, inadecuadamente estilosa, infiel al diseño original.

Para ello, hay que tomar medidas drásticas y, literalmente, cortar por lo sano:


Esto me llevó un ratito con la sierra, lo que unido al verano esplendoroso me hizo sudar un poco. Nadie dijo que fuera fácil.

Lo siguiente es suavizar los contornos con una lima para evitar cortes accidentales y dejar un acabado más fetén.


Rizando el rizo, y queriendo prever un hipotético caso de oxidación del tubo de acero al cromomolibdeno, tomé la decisión de pintar la zona cortada con laca para sellar adecuadamente. Para ello empleo laca profesional para uñas del color más oscuro que pude encontrar en el frigorífico (sí, el limitador las guarda allí porque dice que se conservan mejor). Es el toque modosito de este tuneo, pero como soy persona de mente abierta, hasta  me lo tomo con humor.


Con carácter previo a la maniobra de la sierra, adquirí una pieza fabricada en aluminio y muy bien terminada, con todos los troqueles hechos y anodizada en color negro. Es tan buena que hasta parece original de la moto, y viene con instrucciones y tornillería. También incorpora unos taponcitos para los agujeros de los tubos cortados, que es un buen detalle.


En una primera aproximación, y a falta de realizar los agujeros para los tornillos de la matrícula y encontrar el modo de sujetar un catadrióptico, la cosa quedaría tal que así:


¿Quiere todo esto decir que ahora tengo una chopper? En el sentido literal y estricto del término, sí, y hasta me siento un poco como Paul Teutul, aunque en realidad me identifico más con Mickey...

Está claro que esta moto está pensada para macarras, y en verdad saca lo más hortera de mi persona. Pero mola.

miércoles, 11 de julio de 2018

martes, 10 de julio de 2018

Mono y esencia

ALDOUS LEONARD HUXLEY (26 de julio de 1894, en Godalming, Surrey, Inglaterra - 22 de noviembre de 1963, en Los Ángeles, California, Estados Unidos), fue un escritor anarquista británico que emigró a los Estados Unidos. Miembro de una reconocida familia de intelectuales, Huxley es conocido por sus novelas y ensayos, pero publicó relatos cortos, poesías, libros de viaje y guiones. Mediante sus novelas y ensayos, Huxley ejerció como crítico de los roles sociales, las normas y los ideales. Se interesó, asimismo, por los temas espirituales, como la parapsicología y el misticismo, acerca de las cuales escribió varios libros. Al final de su vida estuvo considerado como un líder del pensamiento moderno.
En 1948 nos regaló esto: 

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En esta novela corta, Huxley nos presenta, mediante una peculiar técnica narrativa, un mundo postapocalíptico, tema muy en boga en aquellos años. Aprovecha para pintarnos una sociedad distinta, con otras bases e ideologías, gobernada por un poder religioso (o antirreligioso, según se mire), y ordenada en castas, un mundo lleno de devastación, contaminación radiactiva, mutaciones y barbarie. En este mundo deberá sobrevivir el protagonista que, procedente de Nueva Zelanda (que no fue afectada por "aquello", el apocalipsis de la Guerra Mundial III), llega a las costas de California, una Norteamérica salvaje y terrible en la que es abandonado y tiene que sobrevivir merced a sus conocimientos en botánica. Encuentra el amor y se enfrenta, a su modo, al poder establecido. 

El librito merece la pena leerlo, Husley es sinónimo de calidad, un avanzado en técnica y en ideas, y este ejemplo es un claro exponente de ambas cosas.

viernes, 6 de julio de 2018

switchstance

Joder con el palabro...
Dícese cuando se va con la postura cambiada, de manera inversa a la normal o propicia de cada persona. En mi caso, lo normal cuando hago trucos o surfeo es hacerlo con la pierna derecha delante y la izquierda detrás. Lo mismo en monopatín, snowboard, bici (sí, también en la bici hay posturas), o toda aquella actividad en la que en ciertos momentos hay que decantare por un lado dominante del cuerpo. 
Se achaca a hemisferio contrario dominante. No soy neurólogo, no lo sé. Tampoco es que importe.

En esta inmortalización a todo color me encuentro navegando grácilmente en mi postura "débil", con el pie izquierdo delante. No es problema el hecho de hacerlo para simplemente ir o venir, pues tal hecho no entraña dificultad técnica, y al fin y al cabo, en el kitesurf, si vas, tienes que volver, y finalmente se aprende a hacerlo eficazmente en ambos sentidos:


Con el hydrofoil todo es más complicado. Recuerdo cuando empezaba a aprender, que el mero hecho de ir recto con un mínimo de control era una experienca, digamos, que provocaba pánico, terror. Pero no hay mal que cien años dure. Uno acaba aprendiendo a ir, volver, girar, ceñir, ir al largo, lento, rápido, con agua lisa y con olas.

Y después, empecé a hacer mis primeros giros, siempre con el lado dominante, me ponía de toeside y volvíamos a empezar el proceso: errores, caídas, dolor, pánico, miedo, sustos... y finalmente control. Después unas transiciones chapuceras sobre el agua, a veces salen, a veces no. 
Y este verano he empezado a hacerlo todo desde mi lado "desfavorecido", con la postura cambiada (switch stance): girar con el pie izquierdo delante y manenerme navegando "al revés", llamado toeside, o como vulgarmente se dice por aquí, de fakie (producto de la confusión de términos procedentes del skate), lo que es realmente gratificante. El viento más frecuente en nuestro spot es el poniente, que por la orientación de la playa propicia el surf de derechas. Una ola de derechas, para surfearla dignamente, hay que hacerlo con el pie izquierdo delante. Y eso es lo que estuve haciendo hace unas tardes con el foil, porque con el foil se surfea también, es algo extraño, y casi mágico, el empuje de las olas y su efecto en un foil.
Grité, aullé, reí, me carcajeé, disfruté en suma de sensaciones que me animaron y ensalzaron mi espíritu, si es que lo tengo. Fui feliz. 

Quiero más.

domingo, 1 de julio de 2018

Tiempo para amar

Publicada en 1973, esta atípica novela de Robert A. Heinlein nos introduce aún más en la vida y experiencias de Lazarus Long, protagonista de otras de sus creaciones como ya he comentado por aquí. 

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Lazarus, que pasa sobradamente los dos mil años de edad gracias a una genética privilegiada, a su precavido e inteligente proceder en la vida, y a los tratamientos de regeneración proporcionados por la Fundación Howard, decide dejarse morir, aburrido ya de vivir, habiendo conocido muchos mundos, colonizado varios de ellos, haberse enriquecido y abandonarlo todo varias veces, y amado a muchas parejas.
Pero sus descendientes, que lo veneran como a un Dios prácticamente, no están dispuestos a perder tal fuente de sabiduría y experiencia, y le rescatan in extremis para acogerlo formando una peculiar familia en la que se dan todo tipo de relaciones.
Surge la cuestión de intentar explicar a una computadora qué sea el amor, y para ello Lazarus recurre a contar diversas historias de su larga y fructífera vida, tratando de que una fría máquina llena de complejos programas informáticos llegue a comprender el concepto. 

El fondo es el amor, y la forma es la peculiar vida del señor Long (el apellido no es casual, obviamente), llena de aventuras, viajes de años luz, relaciones incestuosas de extraño y casi imposible carácter, y un viaje final a través del tiempo que lo sitúa justo antes de la Primera Guerra Mundial que resulta no ser exactamente lo que él esperaba.

La novela posee todas las características de la literatura de Heinlein, está bien escrita, tiene grandes dosis de humor, y sus diálogos son tan entretenidos y sorprendentes como siempre, y aunque al principio pareciera que se va un poco por las ramas, a medida que avanza y se van conociendo a todos los personajes más a fondo, la acción engancha. 

No es la típica novela de ciencia ficción, para nada, y algunos pueden encontrarla demasiado empalagosa a veces, pero Heinlein ha creado con ella un Universo muy personal, agradable, y casi que uno quisiera vivir en él!!!!

karma

Eso es así. Y punto.

No hay texto alternativo automático disponible.

domingo, 24 de junio de 2018

cita:

Por naturaleza, los hombres son casi iguales; en la práctica resultan ser muy diferentes. 

Confucio

jueves, 21 de junio de 2018

Posposición 

Uno hace planes y ya lo tiene todo preparado, incluso previendo ciertas posibles inconveniencias que pudieran surgir en el camino. Como finalmente iba a ir solo, incluso me había procurado un juego de desmontadores de neumáticos para el caso de un impertinente pinchazo.
Pero la realidad es tozuda, y a menudo te atiza cuando menos lo esperas, devolviéndote al lugar que te corresponde en el devenir causal infinito que gobierna a este Universo. 
Por una concatenación de circunstancias familiares, decidí suspender, in extremis, la excursión que llevo meses planeando, una ruta por pistas y caminos hasta Sagres, subir por la Costa Vicentina hasta las cercanías de Setúbal, y volver por carreteras secundarias y reviradas. En total, tres días de supuesto disfrute motero para buscar el nirvana del trail, con tienda de campaña y todo. Todo muy bucólico hasta cierto punto, todo sueño, todo deseo, todo libertad.

Atrás quedan horas y horas frente a la pantalla de mi laptop, compaginando diversos programas para la elaboración y perfeccionamiento del track para la ruta. Es tarea grata y reconfortante, es parte del planteamiento que sigue a la decisión del destino a alcanzar. 
Accedo a información de otros que han ido por delante, sí, porque hoy día, casi todo ya lo ha hecho alguien antes que tú. Y hay personas generosas que ceden gratuitamente su experiencia, sus consejos, su ayuda, y eso es algo muy de agradecer. 

Tras la recopilación de información y tracks, suelo hacer un popurrí con el programa Mapsource, una antigua herramienta de Garmin, en el que voy pegando, copiando, recortando, y en suma editando el viaje:


Como la vuelta es por carretera, y de eso no hay track previo, me lo fabrico yo mismo. Opto por trazar la ruta en Googlemaps, que ofrece un servicio llamado My maps, en el que puedes descargar una ruta que hayas fabricado, en archivo .kml, fácilmente convertible a otro formato que reconozcan tanto Mapsource como el navegador que llevo en la moto:


Como novedad, y aunque tengo ya el track completo en este punto, decido fabricarme un rutómetro clásico para llevarlo en la bolsa sobredepósito, y también en el móvil. Tras algo de investigación (porque es algo nuevo para mí), llego a una página web llamada Rallynavigator, en la que puedes, con algunas limitaciones, fabricarte uno online:


Después puedes imprimirlo en papel, o hacerte un pdf y meterlo en el móvil, por ejemplo.

Hasta aquí todo lo relacionado con la elaboración del track. Ese track conviene revisarlo bastante bien para evitar cancelas, pistas o caminos sin salida, y también verificar que las calles que transitamos para atravesar las poblaciones tienen el sentido adecuado. No está de más verificar las distancias y los puntos donde hay gasolineras, pues el kilometraje diario excede de la autonomía de mi moto, y hay que estar al loro para no sufrir la "avería del tonto"...

En cuanto al equipaje, había decidido amarrar a la moto lo relativo a la acampada (tienda, saco y aislante), y llevar una mochila con el resto, consistente en algunas camisetas, ropa interior, útiles de aseo, algo de comida y bebida. En la bolsa sobredepósito van las herramientas, recambios, documentación, y todo eso que hay que tener a mano rápidamente, menos el celular, que me gusta llevarlo encima por si me caigo y no me puedo mover...

A la máquina, como ya saben ustedes, le acabo de hacer una revisión exhaustiva y general, por lo que estoy despreocupado en este sentido. Sólo me faltaba ajustar la suspensión trasera, que desde el primer día la nota un poco dura, pero que he ido dejando que pasara el tiempo confiando en que el uso, el paso de los km, y mi propia adaptación, hicieran su trabajo. No obstante, como ahora he "ablandado" la horquilla, para no dejar este tema descompensado, ha llegado el momento de meter mano. El manual recomienda un sag entre 7 y 8 centímetros, y comprobé que yo tengo talla ibérica, y llego apenas unos 6 y poco, de modo que toca quitar algo de precarga al muelle. Pero resulta que acceder a éste es una película: 


No hay espacio para maniobrar con la llave especial para estas lides, como yo pensaba, de modo que hay que proceder a desmontar el amortiguador y practicar las operaciones de regulación del muelle fuera de la moto. Para ello hay que desmontar previamente lo siguiente: plásticos, caja de filtro de aire, elementos de sujeción de la batería, aflojar y quitar tornillos que sujetan el subchasis-depósito.


Con el Whitepower en la mano, me acerqué a MR-Performance, instalé el objeto en un buen tornillo de banco que tienen allí, y procedí a aflojar el muelle exactamente 5 mm, tras hacer mis cálculos mentales. Cosa de cinco minutos, y qué fácil es todo cuando uno tiene las herramientas adecuadas, eh.

El montaje fue más rápido y fácil de lo previsto, todo apretado conforme al par recomendado por el manual de taller, y yupi, ahora llego con más claridad con ambos pies al suelo. A la espera de probarla a fondo en su elemento para tocar los hidráulicos y dejarla fetén.

Pero ahora, tras este parón, tardaré unos meses en tocar el campo. Tampoco pasa nada, claro. Esto de las motos va por temporadas, y no me puedo quejar de la que ahora ha finalizado. 
Me he tomado este pequeño contratiempo con filosofía, y bueno, ahora tengo tiempo para pensar en otras cosas, pulir aún más la ruta, cambiar las ruedas por el juego de llantas de carretera que tengo, y un largo etcétera. Cualquier cosa menos aburrirse, cosa difícil porque es que no me queda tiempo para eso!!!

martes, 19 de junio de 2018

Aniquilación

En la publicidad que asalta mi navegación habitual, promovida por las galletitas informáticas que pululan por doquier en el espacio virtual, me ha ido saliendo últimamente el trailer de algo que ofrece la plataforma Netflix.
Como buen aficionado a la ciencia ficción, me llamó mucho la atención, y enseguida me dispuse a investigar: se trataba de una película, y no de una serie como yo inicialmente había pensado, y además estaba basada en un libro reciente de cierto éxito editorial (del que yo nunca oí hablar, por demás). 
El filme, protagonizado por la siempre estupendísima Natalie Portman, que lo mismo hace de reina, que de militar experta en misiones suicidas, y en todo caso lo borda, se titula Aniquilación, y narra la incursión de un grupo de exploración formado por cinco mujeres en un espacio acotado en el que suceden cosas que van más allá de las leyes de la física, o al menos de dichas leyes tal y como nosotros las conocemos...

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Para darle más enfoque e intriga, el marido de Lena, la protagonista, le ha precedido en similar misión. Valga señalar que ningún miembro de expedición anterior regresa con vida, y el primero que lo hizo fue el marido señalado, en no muy buen estado físico, y mucho menos mental. 

Hay que tratar de llegar al origen de todo, atravesando primero una selva, después visitando un pueblo abandonado, y finalmente arribar a un faro en una playa, donde al principio de la película se ve caer un meteorito procedente del espacio. Allí hay una serie de encuentros, una filmación reveladora y terrible, y una posible solución al caos que se cierne sobre el planeta...

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Lena, interpretada por Portman, preguntándose algo así como "qué coño pinto yo aquí"

No debo hacer más spoiler, ni dar mayores pistas.

Es una buena peli de ciencia ficción, de casi dos horas de duración, pero que son necesarias para ambientar la acción y la comprensión de los eventos. Garland, el director, que ya deslumbró con Ex Machina, ha hecho un trabajo grandioso, no ya de adaptación (cosa que realmente desconozco pues no leí la obra original), sino en lo tocante a lo estético: la película es espectacularmente vistosa y estética, hasta el punto de hacernos aparacer como bellas las aberraciones genéticas que se van sucediendo. 

Escena propia de esta película, que puede resumir la congoja y sorpresa y susto y preguntas sin respuesta que se suceden: 

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Pero, ¿qué cojones?
Un desastre que en Españistán no la hayan emitido en cines, y sólo se pueda disfrutar en TV. Aún así, merece muchísimo la pena, un cine diferente, no apto para neófitos ni para los que se contentan y lo flipan con los X-men, Vengadores, y demás historietas para adolescentes tipo Sinsajo...
Por último, les plasmo esta composición para liarles más, pero que tiene muchísimo que ver:

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