jueves, 4 de julio de 2019

Tool, Lisboa




Pasamos una vez más por la vía reservadas a usuarios “aderente”, pronto llegaremos a cruzar el puente que nos lleva a España. Así termina estas vertiginosas veinticuatro horas que empezaron con una promesa hace seis meses, el día que Mariano me dijo que las entradas estaban agotadas pero que si alguien fallaba me avisaría para ocupar su lugar.
Sucedió. Sin pensarlo me apunté.



Vamos montados en un vehículo de alta velocidad sostenida, no políticamente correcto desde el punto de vista del ecomedioambiente políticamente correcto. Fetén, como debe ser. 

Previamente, un extraño desayuno en la parte más moderna y cosmopolita de Lisboa, el nuevo distrito financiero, formado a partir del aprovechamiento de lo invertido en infraestructuras para la Exposición Universal de 1998: moderno, bien cuidado, verde, organizado y, sobre todo y muy importante-----> BELLO.
Nos habíamos despertado y duchado, algunos incluso tomamos el primer café, en un apartamento panorámico (aunque no tanto, si consideramos que estaba en la planta 8ª de 24), construido con buenos materiales. Un apartahotel asequible si se comparten gastos entre cinco sujetos aficionados al metal progresivo.

He aquí a los sujetos.
Desde las ventanas del piso podíamos ver a tiro de piedra el lugar de celebración del mayor espectáculo sónico-visual que jamás pude sentir en vivo. 

Pasamos una noche tranquila, pues no hubo exceso alguno tras el show, aunque algunos teníamos ganas, pero las circunstancias aconsejaron mejor dedicarse a descansar, cosa que hicimos agradablemente, en un sitio bien aislado y climatizado. Maravilla.
Me permití grabar un pequeño video desde una ventana:




Con la promesa de su nuevo lanzamiento el 30 de agosto, Tool se despedía tras una hora y cincuenta minutos de pura energía, fuerza, volumen, técnica depurada y un setlist digno de ser escuchado al menos una vez al día por el resto de nuestras vidas. Luz y color, punch en nuestros pechos con cada golpe de batería y bajo, éxtasis con los guitarrazos de Adam Jones, y expectación con la puesta en escena del showman James Keenan.

A continuación les dejo unos instantes positivados en formato electrónico, paralizados en el tiempo unos, y sucesión de fotopictogramas con sonido los otros, para que intenten imaginar lo que aquello pudo haber sido si llegan a estar allí con nosotros.




















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