viernes, 5 de agosto de 2016

Matrix

¿Estoy solo?
¿Vivo en un mundo aparte?
¿Soy el único que se percata de que los nefastos periodistas nos tenían metidos en un Matrix irreal? Yo veo los bares llenos, la playa a rebosar de gente y en Navidad una locura de compras, pero leo los periódicos y ciertas webs y "estamos en la ruina", "tenemos un 20% de pobreza", "los niños pasan hambre"... 

Insultan a nuestra inteligencia en nuestra cara sin vergüenza ninguna. 

¿Por qué? ¿Cuál es el objetivo? 

Durante años he leído prensa en el desayuno, de varios signos, de uno y otro lado, esos bandos eternos e indisolubles que pueblan nuestra España. Y dan una imagen de un país, de una sociedad, de ciudades y barrios que, clara y obviamente, no se corresponden con la realidad. Es bochornoso. Mienten, engañan, maquillan, tergiversan, y a menudo inventan. No se aportan datos importantes, se obvian sucedidos inexcusablemente, se retuercen intenciones, se prejuzga, y por supuesto se sentencia y ajusticia sin pudor. 
Entiendo que un periodista tiene que comer, como todo el mundo, pero ¿dónde está el límite? El límite del honor, del buen hacer, del trabajo bien hecho (ese con el que uno se podría ir a dormir con una sonrisa de satisfacción en la cara mientras apoya la cabeza en la almohada), todo eso lo enseñan en la Facultad de Periodismo, hoy muy eufemísticamente Ciencias de la Información (o de la Desinformación). O deberían.
Es probable que haya una asignatura que se llame algo así como "deontología del periodismo", "ética periodística", o similar... pero de las intenciones y el honor no se vive, con conceptos abstractos y manipulables, a menudo subjetivos (aunque hay verdadera y fehacientemente señales de que se pueden objetivizar sin problemas incluso por un niño de dos años), uno no puede comprar el pan de cada día, y un puesto de trabajo no tiene precio en los tiempos que corren. Yo creo que a pesar de lo que digan, eso siempre ha sido así. Siempre hemos tenido que trabajar para vivir, y si para eso hay que mentir, engañar, robar, manipular y hasta matar, pues se hace. Es la vida, la ley del más fuerte, la jungla.

Consecuencia inevitable: dejar de leer prensa, webs de noticias, y de ver tendenciosos telediarios. El cuarto poder cae víctima de su propio éxito, de su codicia, de su incompetencia por ofrecer un producto de calidad. 

Menos mal que nos siguen quedando los libros.

Esta entrada un poco catártica ha sido inspirada por la lectura del último artículo de la siempre magnífica Yael Farache. 

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