lunes, 13 de junio de 2016

Fin de temporada

Aunque un poco tarde, quiero dejar constancia de que la temporada de moto de campo acabó. El curso 2015-2016 llega a su fin con la entrada en vigor de las restricciones y prohibiciones propias del verano y el calor, de cara a evitar actividades que puedan dar lugar a incendios.

Esta vez se propuso ir a Zafra, en la vecina provincia pacense, en un recorrido en parte más que trillado y fácil, pero bonito, y en otra parte por tramos de carretera secundaria y otras pistas desconocidas por estar lejos de nuestra área de influencia.

Nueve motoristas, buena convocatoria de para una ruta de fin de temporada. Mejor. Aunque los ritmos se resienten cuando el grupo es más numeroso, en esta ocasión debo hacer notar que había calidad y cierto nivel, por lo que los km iban cayendo fácilmente. 

Pero el día empezaba húmedo, por decirlo suavemente. Nos vimos obligados a vestirnos con ropas más o menos impermeables, pero aún así acabamos mojados dada la increíble cantidad de agua que nos cayó entre Fuente La Corcha y Calañas, por la pista que cruza el Odiel. Jamás me llovió tantítismo montado en una moto, y tuve que ir en segunda velocidad y con mucho tiento a ratos, tomando con precaución muchas curvas cerradas que se iban llenando poco a poco de verdaderas "escorrentías", riachuelos que cruzaban la pista, charcos de incierta profundidad y piedras que nos regalaban curiosos deslizamientos. Mis gomas mixtas pusieron al límite mis habilidades como equilibrista. Toda una experiencia que, aunque penosa, me ha hecho mejor piloto. De todo hay que extraer lo positivo. Siempre.

Llegando a Aroche, feliz.
Almorzamos en Cortegana, unas tapas y raciones en céntrica y coqueta plaza, en un entorno muy típicamente serrano, con su pavimento empedrado entre casas encaladas y tal y cual. Ya casi secos, y tras unos últimos tramos que tomamos bastante alegres, unos más que otros. Pero es que algunos estábamos deseando desfogarnos tras la mojada. Diversión a lomos de nuestras máquinas, y más risas y ricas viandas para comentar lo vivido.
Pronto partimos hacia el Norte, y llegaríamos más pronto que tarde a la ciudad de destino:

Buscando la Plaza Grande en Zafra, epicentro de los alojamientos.
Tendrán que perdonar el desorden en los pictogramas: fui colgándolos sin ton ni son mientras me llegaban vía wasap...

En el siguiente holograma bidimensional me pueden ver haciendo el símbolo surfero, contento y hambriento, recién aparcada la máquina junto a la mesa donde nos íbamos a resarcir de nuestro sufrimiento:


Como en toda ruta que se salga de lo habitual, y más si vamos varios, surgen algunas incidencias en forma de cuasi averías. Una mochila que se suelta y se quema con el tubo de escape; un cubrecárter que se afloja, una cadena que empieza a saltar por el desgaste de la transmisión, uy uy uy que me quedo sin gasolina...  En fin, lo propio. Las cosas hay que tomárselas con humor, acompañar y ayudar en la medida de la posible, es parte del tácito contrato social del motociclista que viaja en gupo.




Famosa es la pista del Mustio, que avanza entre montañas por el Norte de la provincia de Huelva, en la que a ratos nos enchufamos levantando bastante polvo, y nos divertimos derrapando a la salida de las curvas. Piedrecitas que vuelan arrancadas de su tranquilo reposo en el suelo, buitres que sobrevuelan la escena, encinas que nos rodean, algún cineasta aficionado que capta secuencias... en fin, las cosas propias.


El único punto picante de la aventura venida a menos: un riachuelo aderezado con varios troncos de árbol que algún aficionado al 4x4 había puesto en el fondo, hizo las delicias del grupo. Las bicilíndricas sufrieron de lo lindo. ¡Cuidado con ellas si las sacas de pistas anchas y rápidas! 
Por supuesto, las buenas trail monocilíndricas sortearon la dificultad sin despeinarse, claro.




Cachondeo en el respostaje en Encinasola. Ya veíamos el final, apremiados por la prisa de querer ver la final de la Copa del Rey...


Estas caras de felicidad y satisfacción sólo pueden verse tras un rápido tramo lleno de derrapadas, levantadas de rueda, charcos y apuradas de frenada:





De lo que ocurrió tras el partido, las copas, locales nocturnos, y etc, poco hay para contar, pues son cosas que, como las despedidas de soltero, hay que ir y vivirlo...

La vuelta fue casi todo por lo negro, lo que no estuvo mal y no me quejo, porque lo considero parte del trail, y la verdad que las carreteras por parques naturales, llenas de curvas y paisajes bellísimos, merecían la pena. La parte final fue por la famosa N-435, ruta principal de los quemados de Huelva, que conozco como la palma de la mano, y en la que lo pasamos pipa trazando finamente con nuestras capaces motos para todo.

Punto y final al fuera de carretera, presumiblemente hasta octubre, comienza ahora una etapa que también me gusta: paseos al amanecer en busca de perdidas carreteras terciarias por la sierra, con la excusa de ir a desayunar un sábado por la mañana...

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