miércoles, 13 de noviembre de 2013

Is Bilya

Un fin de semana en la capital sevillana es siempre una oportunidad para pasear por sus calles, disfrutar de ambiente, maravillarse con algunas curiosidades urbanas, degustar tapas o, simplemente, pasear sin rumbo ni objeto.
Un sábado como otro cualquiera, quedamos con el shurmano Julen y la Mari, y decidimos en esta ocasión atacar la zona del centro, Plaza Nueva y aledaños.

Empezamos en la Bodeguita Antonio Romero II. No sé dónde está la I, ni si quiera si existe. Pero sin duda es parada obligada para probar su tapa estrella: el Piripi, un montadito en que se mezclan ingredientes a priori raros de ver juntos. Es una tapa "de medalla", y no me refiero a que haya recibido algún premio (que a lo mejor sí), sino a que hay que tener cuidado porque gotea, y la mancha puede ser complicado sacarla...


El local a reventar a las 8 de la tarde. Un piripi para cada uno y un par de cervezas para acompañar ineludiblemente. Empezamos bien.

Tranquilamente vamos en busca de otro sitio, algo un poco menos típico, menos, digamos, de sevillanas maneras, sino uno de esos nuevos bares modernitos, llámense gastrobar, donde lo mismo te pones jincho de nouvelle cuisine, que te tomas unas copas de gintonic. El lugar escogido se llama Zelai:



Buen ambiente, decoración agradable, camareros eficientes, atención fuera de la barra, y oferta de calidad: degustamos un tataki de atún (viene siendo unos trozos de atún macerados en algún tipo de salsa japo), y croquetas de langostinos (de verdad, no de esa cosa seguramente radioactiva que son los palitos de cangrejo), que estaban buenos, buenos, buenos. Yo quedé satisfecho entre eso y las birras, pero hubo quien se pidió unos postres a base de chocolate mezclado con unos frutos secos y siropes de diferentes sabores, que quienes lo tomaron (todos menos yo) aseguraban ser transportados ipso facto al séptimo cielo...


Con las barrigas llenas se piensa mejor, y nada más óptimo que rematar la faena con un digestivo a base de ginebra y tónica en un sitio conocido y emblemático, Capitol, en plena Plaza Nueva:


Ambiente tranquilo, música decente, decoración agradable, y copas bien puestas, como tiene que ser. Unos señores enormes en la puerta de entrada se encargan de que todo transcurra con normalidad y sin contratiempos, y las camareras quitaban el hipo. O sea, el típico local nocturno.
Tarde/noche excelente.
Y para casa, que el día siguiente nos esperaba jornada deportiva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comente, quédese a gusto, pero si firma como anónimo nadie lo verá.