lunes, 9 de abril de 2018

conversaciones (IV)

"¿Tú me preguntas por el progreso?"

Me temía lo peor. Empezar su disertación con una pregunta tan directa... nunca podría traer nada bueno, pero es el precio a pagar por las enseñanzas del Maestro, el Gurú, el Master Sensei del Conocimiento. No pude sino agachar la cabeza con la mayor de las humildades hasta que mi barbilla topó con el esternón.

- Son cuestiones tan esenciales que una distracción tal me provoca retrasos en mi más introspectiva meditación. La molestia que acabas de causar en mi espacio-tiempo es prácticamente irreparable, babosa de la ciénaga más oscura. Qué digo, eres la baba que deja tras de sí la babosa de la ciénaga. Peor aún, eres el protozoo que nada en la baba de la babosa.

Me quería morir. ¿Tan torpe había sido? Intento leer y estudiar y conversar de temas afines con mis condiscípulos, pero quizá no soy el adecuado para esta forma de vida, que necesita de mayor virtuosidad, de un talento natural mucho más profundo.
Y de repente se lanzó a arrojar palabras como una ametralladora:

- Para el hombre, progresar es avanzar hacia lo que considera deseable; es, pues una noción cuyo sentido se difumina al deshumanizarse. Pero, incluso circunscrito el progreso a la subjetividad humana, es difícil definirlo con precisión, puesto que las personas abrigan deseos diferentes y no coinciden al definir la medida en que algo es valioso. Se registra, sin embargo, un mínimo consenso universal: el progreso consistiría en ir desvelando el misterio de lo real, en encarnar valores ejemplares y en inventar técnicas para adaptar el mundo a la conveniencia humana.

Completamente ojiplático me quedé, y a punto estuve de pedirle que lo repitiera despacio, incluso casi fui corriendo a por lápiz y papel para apuntar sus afirmaciones. Pero no había acabado. Había sido una mera pausa para tomar aire:

- Esas tres empresas tienen como protagonista no a las masas, sino a las minorías egregias. Entre millares de millones de individuos, destructores o simplemente consumidores, unos cuantos pensadores y creadores son los responsables del gran avance realizado y del venidero.

El alma se me caía a los pies. Yo ya intuía algo de lo afirmado con esas sentencias, pero jamás hubiera sido capaz de plasmarlas en verbo tan magistralmente.

Con las mirada en el infinito, el Hombre que Susurra a los Milenios quedó en profundo trance, y lentamente adquirió forma estática en una de las diecisiete posturas del guerrero que conozco, y que mantuvo durante 143 minutos absolutamente inmóvil.

Sé que jamás podré acercarme siquiera a ser como la sombra del protozoo que nada en la baba de la babosa, pero intento al menos... progresar!

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