martes, 21 de febrero de 2017

se sei incerto tieni aperto!

O en vulgo castellano motorístico: en caso de duda, gas!

Dado mi estado de luna de miel con la rubia italiana, he pasado unos días ardiendo en deseos (literalmente) de salir a dar una vuelta con ella. Vamos intimando poco a poco, me gusta mucho, y noto que a ella le gusto yo y le gusta mi manera de llevarla entre curvas.

La confianza es un abstracto, un valor que hay que cultivar y que requiere tiempo. No puede haber confianza sin experiencia, sin tiempo que la atestigüe, sin pruebas. Es como criar una planta: hay que plantar la semilla, regarla, cuidar de que el sol no abuse de ella, o de que le falte en demasía, nutrir el suelo, limpiar de hojas secas, podar. Lleva un proceso, y no siempre vamos a tener flores hermosas, porque toda época tiene su afán.

Incluso un lunes por la tarde de un nublado día de mediados de febrero puede ser una ocasión excelente para comprobar las peculiaridades velocísticas del chasis boloñés, que se configura como un pétreo armazón que rodea, sujeta y encarrila el motor tan especial como casi mágico de esta máquina.

Entre aquella hoy ya casi lejana 999 que tuve, y esta 749 que disfruto hoy, han pasado por mis manos varias otras motos, y con todas he disfrutado, cada una a su manera. Pero sólo con ésta de hoy he vuelto al sinvivir, a contar los minutos y segundos hasta la siguiente salida, a bajar al garaje a observarla en silencio. Mis vecinos deben pensar que no estoy bien del tarro, vaya tela con el caprichoso éste. 
Recuerdo una vez, volviendo de la Venta del Cruce, al llegar a Zalamea di la vuelta separándome del grupo de amigos y compañeros de todos los sábados, y volví a subir de nuevo yo solo. Tal era la pasión que despertaba en mí aquella máquina. Y la de ahora no es menos. Se puede decir que es menos en algunos detalles. Pero es igual en otros, la mayoría. Y mejor en pequeñas cosas, detalles que hoy sé apreciar y disfrutar.


Esta moto, cuyo diseño incita a invadir el espacio-tiempo hasta el desdoblamiento gravitatorio, es bella en pictograma, de cerca y de lejos, y gana mucho en directo (como todos los grandes diseños). Es más, hoy, cuando se cumplen catorce años de su presentación, se ve como un diseño plenamente vigente, mientras que motos más modernas parecen obsoletas a los pocos meses de ver la luz. Es la magia de Pierre Terblanche, un genio del dibujo, que sabe plasmar conceptos como la velocidad, el dinamismo, sobre algo que está aparcado. Eso es difícil. Pero no fue comprendido por la masa, a pesar de que es artífice de otros increíbles éxitos de Ducati de los que su detractores no quieren acordarse. 
Hoy soy muy feliz por poder contarles todo esto, porque estoy francamente emocionado y contento por tener la suerte, el privilegio, de posar mi culo sobre ese duro asiento y disfrutar tantísimo de una motocicleta espectacular, viva, presente. Presente en todos los sentidos.

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