jueves, 16 de abril de 2015

Escueta crónica de últimas navegadas

Los días pasan, y poco a poco va haciendo menos frío, aunque no acaban de entrar los vientos térmicos propios de la primavera en estas latitudes.
De este modo, hay que esperar a condiciones borrascosas, o tirar de coche y kilómetros para acceder al Estrecho donde casi siempre sopla algo.
No me extenderé comentando lo bien que me lo pasé, o lo mucho que aprendí, o lo bonita que fue aquella ola... Eso ya lo tienen ustedes más que visto y leído.
Terramar, en Punta Umbría, Caños de Meca, y El Portil, han sido los spots de estas trascendentales últimas sesiones. Han sido importantes para mí por diversos motivos, y cada una de ellas con su particular aliciente.

Caños: es un sitio muy popular, conocido por sus condiciones radicales cuando se alinean los astros... cosa que yo, a día de hoy, aún no he podido vivir. Había estado allí ya en dos ocasiones: una no se pudo navegar por ausencia de viento, y la otra, con más de 40 nudos, nos obligó a buscar algo más humano porque no contábamos con el material adecuado. Por fin tuve, esta vez, un día bonito, con mar grande aunque desordenado (ni rastro de la famosa ola surfeable de Caños, salvo en el extremo pegado al Faro, donde afloraban rocas por doquier con la marea bajante), sol reluciente, y viento que fue de menos a más. Gracias desde aquí sean dadas a mi hermano del viento, oh Julen, que compartió al final su flamante 5'5 metros conmigo. Disfruté mucho, y acabé agotado. Un día un poco salvaje, pero chulo.

El Portil, en nuestro spot eléctrico, he vivido la que ha sido, hasta ahora, mi mejor sesión straless surfera. Viento más que de sobra para mi amada 9, asurado, que me permitía coger las olas de izquierda, como mejor las puedo aprovechar dada mi condición de goofy. Pude ver, y catar, las mayores olas que jamás he visto en la zona, más de tres metros de altura, que me produjeron sensación de vértigo y dieron lugar a alcanzar velocidad terminal bajando sus toboganes con pleno control (no acabo de creérmelo, fue alucinante). Terminé la tarde con más de dos horas de navegación relajada en agua plana y poca profundidad en los bajos, que me permitieron por fin, tras más de un año de intentarlo y de práctica, aprender a hacer la virada prácticamente sin fallar.

Aquí aprovecho para hacer un apunte sobre el aprendizaje. Un año se dice pronto. Esto convencido de que he visto todos los videos que hay en la red, todos los tutoriales, sobre la virada. La mayoría varias veces. También he preguntado a varias personas que lo saben hacer, quienes muy amablemente me han aconsejado. He leído, he investigado, he observado, y he tragado bastante agua.
He llegado a pensar que, sencillamente, hay trucos que son inaccesibles y que hay que pasar de ellos. Tengo una edad, y mi capacidad de memoria muscular, coordinación y reflejos está lejos de ser la mejor. Uno tiene que ser consciente de sus limitaciones... Pero, joder, se trataba de una simple virada, una maniobra básica en la navegación.
Pero sin darme cuenta, iba puliendo los errores. Me sentaba en la playa y analizaba qué estaba haciendo mal. Porqué de repente me salía una vez entre cincuenta. O dos veces. Y luego no volvía a clavarla hasta dos o tres meses más tarde. Es raro, y frustrante, pasar por ese proceso.
El tiempo pasa, y cada vez me voy sintiendo más y más cómodo con una tabla de surf sin straps bajo los pies. Ya apenas miro donde los llevo colocados, y me olvido del kite. Simplemente navego dócilmente. Me gusta ir más flojo de cometa que antaño, voy amando más y más los tamaños menores de trapo.
Y de repente, el día que menos lo espero, me sale todo. Una y otra vez.
¡Qué gran felicidad! Supongo que es algo así lo que sentí la primera vez que anduve, con un añito de edad. Gran euforia. Subidón. Alegría. Osanna en las alturas.
MORALEJA: No hay que cesar en el empeño, hay que perseverar. El fruto llega, antes o después. El proceso es importante, siempre lo digo. Importa el destino, pero a menudo el camino puede ser incluso más interesante.

 
Vista general del Portil, con los bajos al fondo, y las olas a la derecha.


Típico fin de fiesta, esta vez en Las Dunas, Caños de Meca.

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