jueves, 20 de diciembre de 2018

Machos y taladros

Ya conté someramente las cositas que ocurren con la mecánica cuando las máquinas tienen cierta edad. Resumen/sinopsis: intentando extraer un tornillo que sujeta el radiador de aceite de la M900, no solo se rompió una cogida de éste, sino que dicho tornillo, gripado en el interior de la tapa de balancines, se partió quedándose la mitad dentro...
Subsanado el tema de soldar el radiador, como ya expliqué en anterior entrada, pedí repuestos a Ducati y me dispuse a enderezar el desaguisado en la medida de lo posible. 
Hay varios métodos para sacar un tornillo roto, pero si además lleva años ahí dentro haciéndose uno con la pieza que lo aloja debido al óxido y las duras condiciones a que ha sido sometida su vida... las opciones se reducen.
Con el consejo y dirección de Vicente José, y la mirada y atención a ratos de Antonio Lozano, decidimos que la solución pasa por taladrar poco a poco el dichoso tornillo con la finalidad de hacerlo desaparecer en la medida de lo posible, para después rehacer la rosca del alojamiento con un macho.
Dicho y hecho, comenzamos con una broca de 2'5 mm, pasando después a 4, y luego a 5 mm. Tarea lenta, que hay que acometer con cuidado y ciertas dosis de WD40.


Hay que vigilar constantemente que el taladro no se tuerza, y ahí el buen ojo de Vicente José fue crucial.
La paciencia es clave en esta fase, no hay que tener prisa. El material va horadándose poco a poco.



Finalizado el agujero, lo que queda es un rastro de metal de acero, que son los restos del tornillo original, enroscado en lo que en su día fue la helicoide figura hembra en la tapa de balancines de aluminio del cilindro horizontal. El método para acabar la tarea es pasar un macho para rehacer la rosca al tiempo que se eliminan esos restos.
No fue difícil, en medio minuto quedó como nuevo.


Ya llegó el paquetito con las piezas de repuesto: un silentblock nuevo, tornillería y juntas metálicas para que los latiguillos del aceite sellen bien. De paso, para rentabilizar el envío, se añadieron filtros de aire y de aceite para una próxima revisión en profundidad que merece la Monster, ¡una fantástica máquina!

En fin, un escollo más que se ha salvado con éxito, merced a las instalaciones de Monkey Road. Sigo aprendiendo y disfrutando con ello. No todo es montar en moto: enredar en ellas es también satisfactorio y pleno.

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