viernes, 11 de noviembre de 2016

procrastinar

Uno ya va teniendo edad, y cada vez cuesta más trabajo, más esfuerzo, hacer ciertas cosas.
La musculatura sigue teniendo fuerza, lo noto, pero supongo que no cómo antaño. Es ley de vida. Igualmente, la resistencia se resiente, pero sin duda, lo que más noto es los tiempos de recuperación.
Esas agujetas que duran más y que aparecen a la mínima, esa pequeña lesión que tarda más de la cuenta en curar, esa elasticidad que se va perdiendo... Todo suma.

Me siento sumamente cómodo en mi sillón reclinable, calentito, leyendo un libro o navegando con mi laptop, y una parte de mí quiere salir a echar una carrerita (no mucho, 30 minutos), pero otra parte me susurra que pa qué, con lo confortable que estoy. Y tengo que hacer un esfuerzo, vencer la resistencia, luchar contra el frío, o el calor, la desidia, la pereza. Supone un esfuerzo intelectual también, porque es mente contra cuerpo, y debe vencer la mente. La mente es un arma poderosa, siempre lo digo.

Y llevo una temporada queriendo cuidarme más, tratar mejor a mi cuerpo por dentro y por fuera. Me empeño en no comer lo que no debo y cuando no debo, y hago hincapié en atravesar ese infranqueable muro que ha sido durante toda mi vida el aceptar que debo probar verduras (descubrir las alcachofas a los 40 tuvo su miga, pero mejor tarde que nunca, ¿no creen?). Pero la tentación de tomar un buen filete con patatas fritas, o ese pastel de postre, o por rutina comer incluso cuando uno no tiene hambre... son cosas contra las que hay que enfrentarse. Todo cuenta, pero sé y noto que mi organismo agradece mucho la moderación, y que debo tragar menos de lo que parece para mantener mis requerimientos energéticos.

Igualmente, tengo que vencer al fantasma de la dejadez cuando sé, a ciencia cierta, que debo tener mi sesión de yoga o simples estiramientos. Así, en frío, siempre cuesta empezar, pero la experiencia me demuestra que una vez metidos en faena puedo pasar un buen rato tirado sobre mi colchoneta buscando asanas inverosímiles, o automasajearme la espalda hábilmente, y disfruto realmente no sólo con el mero hecho físico, sino con la relajación mental que obtengo y los resultados patentes.

¿Por qué, entonces, cuesta tanto dar el paso?

Hoy he salido a correr. Veintiocho minutos. Empecé con veinte hace unos días. Voy subiendo poco a poco, para no cargarme, que me conozco.
Pronto empezaré a coger la bici, tengo muchas ganas, pero debo esperar el momento oportuno para que el disfrute sea total. Seguramente tendré que forzarme al principio, comer ligero para poder salir antes y aprovechar las pocas horas de luz que tenemos. Va a ser una pelea interesante entre el estómago, las piernas y la cabeza, pero estoy bastante seguro de quien va a ganarla.


Procrastinar (según RAEL): diferir, aplazar.

Procrastinar (según wikipedia): La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

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