lunes, 17 de noviembre de 2014

nuestro mayor miedo

"Nuestro mayor miedo, no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada.Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Empequeñecerse no ayuda al mundo, no hay nada inteligente en encogerse para que otros no se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar como hacen los niños, no es cosa de unos pocos, sino de todos, y al dejar brillar nuestra propia luz, inconcientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros... Señor..., quiero darle las gracias..., me ha salvado la vida..."
Timo Cruz, en el film Coach Carter



Hay muchas formas de morir. Hay quien está muerto en vida, paradójica, contradictoriamente. Y pasa a menudo, con quizá demasiada frecuencia. Veo a diario a gente a mi alrededor que está totalmente muerta, zombies que siguen su rutina diaria, semanal, mensual... durante toda su existencia.

¿Por qué llegamos a ese punto? ¿Por qué no reaccionamos?

Yo me considero un gran privilegiado. He escapado de la muerte muchas veces, en el sentido literal y en el figurado. Y aunque en un principio seamos más consciente de cuando escapamos de la muerte física, llegada mi edad y reflexionando, mirando atrás y, por supuesto, con la ilusión puesta en el adelante, en lo venidero, soy muy consciente de que he escapado muchas más veces a la muerte figurada. Pero de eso me doy cuenta ahora.

He tenido mucha suerte, lo sé, lo reconozco, pero tampoco sé a quién dar las gracias porque creo que las cosas son así. A veces te salvas, a veces no, y casi nunca depende de ti, de uno mismo. Tuve la suerte de tener a mi disposición unos grandes cirujanos que me salvaron el físico. Una pena que sean tan inaccesibles que simplemente estrechar sus manos sea tarea prácticamente imposible.
Pero también he tenido, y tengo, seres queridos, familiares, una gran esposa que me ha dado dos hijos fantásticos y que me han revivido cada uno en su momento y circunstancia, cada uno a su manera. 
Y mis amigos, compañeros de fatigas, que me han ido empujando ahora hacia aquí y luego hacia allá. Ellos también me han salvado dejando que brillara, a mi manera, haciendo las cosas que me gustan. Aunque les digo lo mucho que les quiero, jamás serán conscientes de lo que hacen por los demás, por mí. 

Me habéis despertado del coma, me habéis hecho feliz, me habéis hecho ser, tener objetivos, reconocerme en ellos y disfrutar de todo el proceso.

GRACIAS