domingo, 15 de junio de 2014

no wind?

Es verano, casi. Hay levante en el Estrecho, y esto puede durar varios, muchos días. Hasta dos semanas.
Cuando esto ocurre, la brisa térmica esperable no entra nunca, pues se contrarresta un viento con el otro en toda la provincia.
Es el momento de hacer uso de las alternativas, y como siempre en esta época del año, hay que madrugar en busca de temperaturas suaves, o al menos llevaderas.
Hacía meses que no montaba en bici, y aunque no lo he echado de menos realmente, las miraba en el trastero cada vez que pasaba por allí con ojos melancólicos. Entre un batiburrillo de cometas y tablas, allí casi en estado de abandono, me miraban con tristeza, deseando surcar los caminos y singletracks de la zona, siendo libres, en su medio.


El suelo está seco sequísimo. Me lo tomo con calma. El camelback lleno de agua fresca me reconforta, como un seguro de vida, como un ángel de la guarda.

Gratuitus picture of myself
Menos mal, parece que hoy hace menos calor que ayer. Con sólo un café en el cuerpo, me siento ligero, aunque ni mucho menos en la mínima y digna forma requerida para disfrutar a tope de los senderos. Son muchos meses sin orbitar el planeta pedalier. Como contraprestación encuentro varios senderos nuevos que se han ido abriendo durante el invierno, supongo... el Seprona no estará contento.
Esta vez he circulado por la zona más oriental de los pinares de Aljaraque, que suele estar más vacía de domingueros, lo que se agradece.


La mañana va avanzando, y es obligatorio escoger caminos resguardados por la sombra. Soy gratificado con placenteras sensaciones. A pesar del campo amarillento, amarronado, paso a toda velocidad por entre los árboles, en senderos facilones de giros amplios y un poco cuesta abajo. Es algo hermoso, te sientes rápido, como un superhéroe volando bajo, con el viento susurrando en mis oídos y el rataclackclackclakakakaka del buje trasero resonando.
Algún conejo se cruza en el camino, dando saltitos con las orejas bien tiesas. Lagartos y quizá alguna bicha hace ruido en las jaras que bordean el camino aquí y allá.

El final de la ruta se acerca, voy llegando a Aljaraque de nuevo en una zona fantástica muy frondosa, llena de vegetación y sombra, y esto hace bajar la temperatura tres o cuatro grados, disminuyo la velocidad para disfrutar del momento. Incluso paro para tomar una última prueba pictográfica electropositivada:


Corta, tranquila, verdaderamente un paseo, acabo la ruta en perfecto estado, apenas cansado. Sin problemas mecánicos, la Gary Fisher ha cumplido, como siempre, su cometido. Una máquina bella y funcional, noble, divertida, y muy especial.