sábado, 10 de septiembre de 2011

Watch talk: Bullhead

Curiosamente, hay un nexo de unión entre los aficionados al motor y los que lo son a los relojes. Es posible que ello ocurra simplemente porque al final se trata de lo mismo, la mecánica. Por eso los buenos amantes de los coches son conocedores de los motores, sus secretos, sus diferencias, y tienen sus preferencias. Por eso los amantes de los relojes son conscientes del lado mecánico de su pequeña máquina y huyen de los relojes de cuarzo movidos por la energía de una pila, en favor de los llamados "relojes mecánicos", cargados con cuerda manual o automática mediante el movimiento de una masa oscilante.
Una vez demostrada la unión coche-reloj, vamos a darle una vuelta de tuerca al asunto. Retrocedamos a los años setenta, gloriosos, magníficos, inigualables. Llámenme nostálgico o tontorrón si quieren, lo aceptaré de buen grado.
En los primeros setenta había una marca que fabricó unos relojes automáticos con función de cronómetro, con un diseño tan acertado que se convirtieron en la referencia. El éxito de la estupenda película, absolutamente imprescindible para todo buen aficionado al motor, estrenada en 1971, "La veinticuatro horas de Le Mans", protagonizada por Steve McQueen , película en la que impera la velocidad y sobre todo el Porsche 917, vehículo protagonista de la carrera y que precisamente el año siguiente gano la misma convirtiéndose en todo un icono legendario, el éxito de este filme, como iba diciendo, puso de moda un tipo de reloj llamado "bullhead", cabeza de toro, que se pudo ver posteriormente en otras pelis dedicadas a carreras de coches.
Todo buen aficionado a la velocidad tenía uno en su muñeca.



No obstante, es justo reconocer que el reloj que aparece en la muñeca de McQueen en el filme citado es el bonito y legendario Heuer Monaco:


Vale, ya he mezclado cine con relojes con coches, churras y merinas, tocino y velocidad, nunca mejor dicho. Así llegamos al Seiko 6318-0040, a mi Seiko Bullhead, llamado así por la disposición de la corona y los dos botones para la función crono, que están a las doce, en vez de a las tres que es lo habitual, dándole la apariencia de tener unos cuernos, unido al tamaño masivo de la fuerte caja de acero.


Pelucazo.
A pesar de ser de los años setenta, su diseño masivo y tamaño generoso lo hacen tremendamente actual.
La maquinaria automática es famosa por su precisión, y funciona de un modo estupendo hoy, treinta y cinco años más tarde. Hoy día es raro encontrar relojes automáticos con cronómetro, y si quieren uno moderno vayan preparando la billetera a base de bien...
Este reloj costaba en sus tiempos, para que se hagan una idea, lo mismo que un Rolex Daytona coetáneo, pero era mucho más preciso y fiable, y tenía una estética claramente diferenciadora. Por ejemplo, yo nunca tendría un Daytona, y en cambio, no he parado hasta conseguir este Seiko, e incluso me planteo perseguir la otra versión de color marrón, que es de una belleza altamente interesante.
El reloj, además, presenta el día de la semana y del mes en una singular posición a las seis, en vertical.


Se puede apreciar la forma de cuña de la caja.

La caja es asimétrica, es más alta por la zona de las coronas que por la parte baja, esto es así para facilitar la lectura de los datos cuando se lleva al volante, además la postura correcta del reloj no es como en los relojes normales, es en la parte alta de la muñeca con el fin de que cumpla el cometido de dar la información de velocidad, información que se encarga de dar el taquímetro que tiene en el dial.
Me pregunto porqué ya no se hacen relojes así de bonitos y especiales.
¿Ein? ¿Por qué?

Bello. Con presencia.

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