sábado, 14 de mayo de 2011

Reborn: avanzando

Avanzando, surcando la calle número uno de la piscina del barrio. Ese era yo ayer por la mañana. Por fin pude tener algo de actividad física, aunque en principio fue bastante moderada por tratarse del primer día.
Eso de la natación nunca fue de mi preferencia, lo considero un aburrimiento. Pero en este caso tengo una fuerte motivación personal, sin duda, de modo que nadé durante un buen rato.
Unos cuantos largos estilo libre, tratando de no menear mucho la pierna izquierda. Ello es del todo casi imposible, porque cuando uno nada se produce una sincronía, como un todo, sí: si lanzas el brazo izquierdo, ese movimiento debe contrarrestarse con una rotación del tronco y una patadita de la pierna derecha, y así sucesivamente. Es inevitable en pro de la eficacia biométrica -¿?-.
Una vez que el limitador se agotó, para lo cual no hizo falta mucho -y eso que ella se ayuda de unas aletas-, me dirigí hacia la sillita hidráulica que me saca y me introduce en la piscina. Y anduve, oigan, anduve.
Gracias a que la piscina tiene una profundidad de 1'40 metros en toda ella, me dirigí andando, no nadando, hacia la hidrosilla. Fue una experiencia muy gratificante, y me llenó de orgullo y satisfacción comprobar que no he perdido la capacidad de avanzar usando únicamente mis piernas, dejando de lado la sillita de ruedas o las muletas que últimamente forman parte de mi existencia.
Con no poco dolor, porque tuve que utilizar músculos y ligamentos que han estado dormidos durante dos meses y medio, avanzaba lentamente entre las calles, atravesando el lugar. La parte posterior del muslo, algo en la rodilla, y el atrofiadísimo glúteo se quejaban indudablemente, pero mi cara estaba cruzada por una inevitable sonrisa. Andaba, caminaba, y no era tan difícil.
Qué magnífico descubrimiento.
Ha sido un buen modo de comenzar un fin de semana que, de otro modo, sólo hubiera sido un finde más, sin pena ni gloria. Eso está bien. Los cambios son buenos.
La aceptación también es buena. Hoy, en la cama, antes de levantarme, me he dado cuenta, de repente, que he aceptado a mi nuevo muslo izquierdo. Es diferente, y lo será ya para siempre, pero hasta ahora me he rebelado contra ello, sin darme cuenta de que no puedo hacer nada por evitarlo. Seguramente quede más corto que el derecho, técnicamente llamado "dismetría", pero nada grave según mi cirujano. Y ahora, si lo comparo con el muslo sano, que ya va tomando forma y recuperando su musculatura original, se ve al izquierdo deforme, canijo, con bultos y hoyos, lleno de cicatrices, con la rodilla inflamada, sin fuerza y con dolor muscular a tutiplén. Pero ESO ES ASÍ, tiene que ser así, es señal de que todo va curando y con el tiempo irá poniéndose mejor y mejor, mi convencimiento es total porque veo avances cada día. Quizá por eso lo acepto.
Y con la aceptación llega la calma, el descanso, la relajación, la felicidad. Algún día llegaré al nirvana, fijo.

Mientras tanto, les cuelgo la imagen positivada de este maquinón:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comente, quédese a gusto, pero si firma como anónimo nadie lo verá.