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lunes, 14 de septiembre de 2026

Locura !!!

Jesse Richman, ¿Quién sí no?
Instantánea tirada desde helicóptero, no hay otro modo 


 

lunes, 4 de mayo de 2026

Parque de juegos

No lo esperaba. Literalmente uno de esos días que hacen afición, con cielo absolutamente despejado, viento casi perfecto, buenísima compañía, y un escenario difícil de superar:


Mi Pepe me acompañó en esta tarde de primavera, una tarde extraña en la que no hizo su aparición el térmico de rigor, sino el principio o avance de una borrasca que nos regaló un poniente de 17/18 nudos con rachas de 23, que nos permitió dar algunos saltos y surcar el tranquilo mar a buena velocidad. 
Acabamos rendidos, pero es que estas ocasiones hay que aprovecharlas.


Despedida y cierre: 


 

jueves, 15 de mayo de 2025

En Little Mahui de nuevo

Un invierno que pasó sin pena ni gloria en el ámbito deportivo para mi persona, en parte por cierta desmotivación (estas cosas vienen y van), en parte por acomodamiento y preferencia por condiciones perfectas. 
Sólo dos veces estuve en la playa, y ambas con twintip, desde que en septiembre cerrara la temporada veraniega con el foil. 
Y ahora, con la primavera bien entrada en el calendario, he navegado dos días seguidos, uno de ellos volviendo al strapless y prácticamente estrenando mi flamante Naish Boxer de 10 metros (la usé dos veces en septiembre, pero con condiciones marginales de viento), que se ha revelado como una fantástica cometa para olas. 

Paraíso en modo ON

Feliz con el nuevo juguete

Aunque había poca ola, pude saborear las mieles de los nuevos diseños y materiales, el potencial, la sorpresa del rendimiento. 
Deseando que se den de nuevo las condiciones para explorar más las capacidades de la Naish.
 

miércoles, 14 de junio de 2023

Esos días


Sí, uno de esos días. Viento para aburrir, mucho sol, buena temperatura de aire y de agua (estamos ya en junio, eso se tiene que notar), y el parque de atracciones al lado de casa, en El Portil, aunque el spot idóneo se va desplazando poco a poco, año tras año, un poco más hacia Punta Umbría motivado por el crecimiento de la barra de arena, los bajos que afloran en la bajamar, y que dividen la mar en un canal que casi siempre lleva corriente (por la marea), una zona de poca profundidad, ideal para aprender o para hacer trucos de la vieja escuela, y la parte de mar abierto, en la que si las circunstancias son propicias se formarán unas buenas olas, predecibles, amigables, de diverso tamaño en función de la zona.



Los habituales nos dimos cita el lunes, y buscamos series bien formadas, cosa que no siempre ocurre. Hay que currárselo, y navegar a derecha y a izquierda de la costa, persiguiendo nuestras particulares Mavericks, que en esta ocasión hallamos entre El Matías y el Pirata: buenas montañas overhead, en las que me encontré gritando de emoción cuando las bajaba a toda velocidad. Varios kiteloops fueron necesarios para no desventar la cometa, dado el empuje de la masa de agua, puro surf. PURO SURF.


Me acerqué a la orilla, y descansé un buen rato sentado con la tabla al lado y la cometa despotenciada en el aire, disfrutando de un momento de soledad, y un silencio solo roto por el viento, que se quedó entre 20 y 25 nudos, a ratos fuerte con la 9 metros. Esos instantes de pensamientos fugaces, de reconsideraciones, de meditación, fueron maravillosos, pero me levanté y me di otro paseo a lomos de surfkite, jugando ya un poco más tranquilo, más cansado, pero sin dejar de disfrutar. 
¡Qué día de gloria!

Últimamente navego menos, pero de mayor calidad. Más selectivo. Mejor.
 

jueves, 25 de mayo de 2023

Poca lluvia, algo de avance con la 749, cometas que fallan

 Pero no empezaré sino con hace unos días que fui a la playa a navegar después de unos meses de inactividad náutica. Vendí mi hidrofoil a una chica de El Rompido, para ver si me animo de una vez a hacerme con material más moderno y evolucionado. Recordar que mi Liquid Force fue el primer foil fabricado en serie por una marca generalista, y lo tenía desde el 2015 ó 2016. Hoy ya todos los fabricantes de kite tiene una extensa gama de foil, que se ha visto incrementada con cometas especializadas y el nuevo auge del wing (pero ese es otro tema). 

De modo que el Hombre que Susurra a las Cometas me dejó probar un foil North, y A.V. me cedió su flamante cometa Code Zero (oh, maravilla), porque la FX de 10 m2 que iba a usar se desinfló misteriosamente mientras armaba el foil en la tabla... Vaya forma de comenzar la tarde!!

El foil North va muy bien, suave y estable, y la Code es, con diferencia, la mejor cometa que he usado para low wind y un foil. Es increíble como evoluciona el material, uno puede creer que tras veinte o veinticinco años ya no se puede inventar nada nuevo y...

Bueno, pues la primera idea que se me pasó por la cabeza fue vender la Enduro de 12 m2, y tirar la FX, que tiene ya muchos años y tiros dados, para sustituir ambas por una Code Zero de 11 m2, tal fue el hype tras probarla. Pero el Maestro me ha pasado el presupuesto del foil y la cometa y casi me he caído de espaldas. Mejor intento arreglar la FX y veremos si puedo hacerme con el foil. 

En mi garaje he hinchado la cometa para ver por dónde pierde, y rápidamente he localizado la fuga, en uno de los puntos débiles de cualquier cometa, que es la válvula que comunica el bladder del borde ataque con una de las costillas. Es fácil, sólo hay que desconectar la válvula del tubito de silicona que la une a la costilla, destornillar la pieza que la asegura al tejido del borde de ataque:


Luego se abre la cremallera que está casi a la mitad del borde de ataque, y se tira con cuidado del bladder (también conocido como "condón") hasta que logremos sacar la parte que alberga la válvula.


Se ve claramente que se despegó. Cosas del tiempo, los calores, la degradación de plásticos y pegamentos...
Lo bueno es que es fácil de reparar, simplemente se pone una válvula nueva, no es la primera vez que lo hago, ya el verano pasado lo hice en la Enduro de 12 m2. Ya está pedida, y llegará en un par de días.

La semana pasada monté por los pinares, y el suelo estaba terriblemente seco, mucha arena suelta, bancos intransitables, nula tracción en las subidas, mucha calor. Un cóctail que invita a dejarlo para mejores épocas. Pero ha llovido un par de días, cierto que no con mucha intensidad, y eso me animó a probar suerte, porque siempre es bonito recorrer los senderos después de un buen remojón: la tierra se compacta y agarra mucho, las plantas verdean, el frescor se hace por doquier.


Iluso de mí, no quise llevar la Scalpel por no ensuciarla con barro, pero es mi opción preferida por cuestiones de comodidad y salud de espalda, que nota mucho cuando no llevo suspensión trasera. Pero el manejo de la Trek Sawyer me gusta mucho. Aunque se puede pensar que su geometría está quizá un poco anticuada, no hay que olvidar que salió del talento del mismísimo Gary Fisher, y no sólo es bonita, de acero, y rara de ver, sino que va de fábula. Me lo pasé muy bien, pero la verdad, no pareciera que haya llovido, ni un charco, ni barro, suelo sequísimo, hierba amarilla... por lo menos no hizo calor. Tiene que llover mucho, mucho más.


Ya me llegó el paquete con los repuestos necesarios para proceder al montaje de la rubia italiana, salvo dos pastillas de reglaje cuyas medidas Ducati las tiene descatalogadas, y los de Ducatiparts.es, que son los mismo que carbon4us.com, no me dan solución a este peliagudo problema. Consultado foros americanos e ingleses no saco nada en claro, sólo que hay un fabricante americano que las tiene, pero es algo engorroso hacerse con ellas. Abrí un tema en facebu en un grupo de 749/999, pero nadie sabe nada de la compatibilidad entre las culatas de mi 749 y las pastillas de reglaje de una 1098, que son un poco diferentes.
Consulté con Barón Rojo, al que conozco del foro Ducatistas.com hace muchos años, y le pregunte por messenger sobre mi problemática. Me ofreció una solución alternativa, y además me confirmó que las pastillas de las testastretta evo sirven para todas las 4 válvulas. Un diez para Barón Rojo y su taller del País Vasco, Meccanica!!!!
Ya he pedido las dos pastillas que necesito a Stein Dinse, un proveedor alternativo clásico para los ducatistas más empedernidos, que me las enviará desde Alemania por UPS. Espero que lleguen rápido, llevo un mes y medio con la moto parada desmontada. 
Mientras tanto, con lo que me ha llegado puedo ir haciendo cositas de mantenimiento que tenía pensado, como cambiar el filtro de combustible, que es algo que la mayoría de la gente suele descuidar. Para ello hay que desmontar el depósito de la moto, sacar la "brida" del mismo, que es una pieza metálica en el fondo que alberga la bomba, el termistor (versión moderna electrónica del clásico aforador), la válvula de presión y el susodicho filtro. Tan fácil como desatornillar y cambiar el viejo por el nuevo. De paso he cambiado la tórica de la propia brida, porque la antigua estaba dilatada y no sellaba bien al remontarla en el depósito. Menos mal que tenía una de repuesto de hace tiempo. Todo limpito y montado, ya he comprobado que no fuga gasolina. 

La junta tórica vieja, junto al dinamómetro

Vista del impecable interior una vez quitada la brida

El conjunto de la brida cono el filtro a medio desmontar

Poco a poco uno va avanzando. Una tarde medio aprovechada, pero quedan muchas cosas para acabar esta tarea hasta dejar la rubia en estado de revista.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Wing

 Hay que probarlo todo?

Reticente desde el principio con este nuevo-viejo invento, que ahora causa furor sobre todo entre los windsurfers, he pasado todo el verano rechazando ofertas de venta, unipersonales o conjuntas (compartidas) con otros personajes por mitades e incluso por terceras partes indivisas. Ni quise probarlo en el agua, cierto es que el concepto no me atraía.

Pero la vida da vueltas, y en el último día de agosto, personado a pie de orilla con apenas cinco o seis nudos de viento, y temiendo pasar una aburrida tarde de martes acompañando al limitador (que se limita a quedarse en su silla medio tomando sol, medio leyendo en la tableta), fue llegar y topar.

Como si de un oráculo se tratase, el Hombre que Susurra a las Cometas, Manuel Oliveira, nada más verme llegar me dijo a grandes voces que cogiera ya de una vez ese invento, que se compone de un ala que es una especie de híbrido entre cometa y vela, y una tabla específica, más corta que un SUP y armada con un enorme foil a modo de quilla asesina y degolladora de incautos.


El wing, o ala, tiene en este caso una superficie de 6'4 m², que en los parámetros de esta nueva actividad deportiva es considerado muy grande, y que venía bien para el poquísimo viento que había. El objetivo era ir y venir sin derivar mucho, hacerme con las reacciones del ala en la navegación y cómo trasladar la potencia a la tabla y poder dirigirla en un rumbo elegido por mí, y no adonde caprichosamente me lleve el viento contra mi voluntad.
El manejo al principio es cansado, y poco intuitivo, pero en un par de bordos ya le fui cogiendo la idea, y vi que tenía mucho parecido con el noble deporte-arte del windsurf más que con cualquier otra cosa. Al fin y al cabo, se puede entender como un windsurf sin mástil, haciendo que tu cuerpo haga las veces de contrapeso y mástil al mismo tiempo.


No se me dio muy mal, di varios bordos y volví al sitio en cada ocasión, incluso gané terreno al viento, pero tuve que abandonar pasados tres cuartos de hora porque la intensidad de moléculas en movimiento decayó y era una lucha vana intentar avanzar por las aguas. 

Como divertimento para pasar el rato un día tonto de viento flojo puede pasar. Como inversión para añadir o, peor aún, sustituir a la cometa, ni me lo planteo. Antes me pillo una tabla de windsurf y vuelvo a mis orígenes acuáticos. Así lo he sentido yo.

martes, 4 de agosto de 2020

domingo, 25 de agosto de 2019

El shaper casual

Este iba a ser el proyecto del verano... cuando hace dos meses adquirí un tablero de madera de pawlonia con la idea de fabricarme algo, hacerlo yo, tener esa satisfacción.

Es algo así como el sueño de muchos surfers (en todas sus modalidades), y que la mayoría dejamos de lado por desidia, comodidad, falta de ganas, o de pericia. También es importante tener un sitio, herramientas, y materia prima.
En fin, que los obstáculos son muchos, pero las limitaciones derivan generalmente de nuestra mente, como casi siempre.

Y quiero hacer algo diferente. Para empezar, se tratará de una tabla para mi foil, mucho más pequeña que la que uso actualmente, cosa que hará la práctica de la navegación más cómoda, amén de un transporte mucho más facil. Hay que tender a lo sencillo, a lo básico.
Huyo de la complicación, y decido hacerla de madera.
Un lápiz y una regla para marcar las primeras medidas son suficientes. Más tarde uso mi skim de liquid force como plantilla para el tail:


Dibujo también unas líneas para ensanchar el diseño original del skim, pero no me acaba de cuadrar tan ancho:


Un par de borriquetas para apoyarla, y echamos mano de la sierra de calar:


Como dijera Miguel Angel Buonarrotti, en principio me limito a quitar lo que sobra, que no es poco... 
Empleo la misma sierra para perfilar unas "redondeces" en el nose, y pulir un par de defectillos aquí y allá.


No sé, no acabo de ver la parte delantera. Debo investigar un poco más antes de seguir, no vaya a ser que cometa algún error irreversible.


martes, 12 de febrero de 2019

capando mi foil

Al final de la temporada pasada, en septiembre, hice un par de incursiones sin fustras en el foil. Contra todo pronóstico, fui capaz de navegar con dos cacharros diferentes, un muy básico Nobile, primero con un mástil corto de 30 cm, y después con uno de 60 cm; y otro día que el mar estaba más movido, con Slinshot con ala de surf, muy grande, y mástil de 75-80 cm. Este último me costó más trabajo, pues tenía una tabla con mucho volumen que dificulta la operación del waterstart, pero aún así no me rendí y lo logré.
Esto me dio esperanzas y ganas de deshacerme del único fustra delantero que monto en mi propio foil. De cara a esta temporada, y con los térmicos acercándose en el calendario, he decidido además recortar mi mástil, de los originales 93 cm, quitándole 15 cm para dejarlo en unos más moderados 78 cm. ¿Ventajas? Supuestamente, waterstart más fácil, y un poquito más de estabilidad al ir más bajo en relación a la superficie del agua. Ya lo veremos. 
En principio iba a recortar más, pero prefiero quedarme corto, que siempre puedo quitar un poco más si me viene bien. Pero si me paso, la operación es irreversible...

El proceso comienza tomando medidas y, lo más importante, verificar y comprobar varias veces que el objeto a cortar está perfectamente alineado, horizontal, y sin ninguna duda que el seccionamiento va a ser completamente transversal, perpendicular, en ángulo de 90º. Tras un buen rato dedicado a tal tarea, con cuidado, despacio, la sierra de cinta hace su función con limpieza:




A continuación, y tras la correspondiente limpieza y eliminación de una pequeña rebabilla, procedemos a tallar las roscas para los dos tornillos que ensamblarán el fuselaje con las alas. Para ello utilizaremos unos machos para métrica 8 mm y paso de 1'125. Esta tarea es fácil porque los agujeros que alojan las roscas están pretaladrados en toda la longitud del mástil:


Voy penetrando despacio, sobre todo al principio, ligeramente lubricado el macho, primero uno más cónico y con los hilos menos marcados, y después uno que termina de tallar, más afilado, que deja el acabado definitivo:




El resultado final, satisfactorio y hasta bonito, jejeje:


¡¡Ahora sólo resta probarlo en el agua!!

lunes, 31 de diciembre de 2018

47

Sí, parece que fue ayer cuando atravesé el canal uterino para salir al exterior, donde nada más llegar sentí frío y unos azotes. Eso fue el principio de mi transcurrir por un camino lleno de dolor. Pero también de placeres. 


Semanas de sequía de aire en movimiento, algo inusitado. No hay borrascas, ergo no hay ventoleras. Siempre nos quedará el Estrecho, o eso decían, pero a veces ni eso sirve. El invierno es lo que tiene, y estamos preparados mentalmente, y aún así hay sufrimiento en nuestras perspectivas, nace la ansiedad, crece la agonía. 
Ay, ojalá todos los problemas fueran como éste, si es que ello es un problema, claro está.


El Cabo de Trafalgar nos acoge una vez más, con un Levante desaforado. Nuestras cometas de sólo 5'5 metros cuadrados nos llevan entre los 35-40 nudos, a menudo apretando el culo. La orilla está más o menos tranquila, pero dentro hay verdaderas moles de tres metros que proporcionan toboganes maravillosos sobre los que nos deslizamos con una mezcla de sonrisa y asombro en nuestra expresión. ¡Ou yeah!

No ha estado mal como regalo de cumpleaños por parte de los elementos. No me puedo quejar, y mi cara de felicidad lo refleja en el siguiente retrato tomado por Manu, que nos acompañó con su brazo roto para tirar algunas instantáneas a pie de arena:


Experiencia compartida, además, con Julitu, mi brother in arms a estos efectos y otros muchos. 


Volveremos. Muchas veces. Seguro.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

En familia

El viento viene y va a menudo de caprichosas maneras. Las previsiones tienen grandes márgenes de error, es un buen trabajo el ser climatólogo, no se exige acierto, o no como en otras profesiones. ¿Es, pues, correcto llamar a eso una ciencia inexacta? Curioso, pues se basa en modelos matemáticos, siendo la matemática la ciencia exacta por antonomasia. 

Esta vez la llegada de la brisa adecuada se retrasó, pero finalmente entró. Fui con mis cuervos a disfrutar de este domingo, ellos no navegaban desde el ya lejano mes de agosto, y nos reunimos una buena cantidad de amigos, además de numerosos extras y espontáneos forasteros, atraídos por el reclamo de la borrasca y el Poniente. 

Los niños son ya grandotes, y tuvimos que hacer un acuerdo, transacción, arreglo, para repartirnos las cometas que más o menos salió regular, porque andamos por pesos similares y eso nos penaliza a la hora de elegir al no tener dos cometas iguales, lógicamente.

De forma generosa, como corresponde a la figura paterna, no me hice mucho rato a la mar, y les dejé disfrutar a ellos. Yo, más bien, quedé bastante rato en la orilla, viéndome como en mi papel de pasajero en la corriente del tiempo, casi trascendiendo, subiendo a un punto de vista de tercera persona en la que podría, casi omniscientemente, abarcar todo el escenario de una sola mirada, incluyendo a mi persona.

Esperando a que los nudos suban
Resultando en general una experiencia positiva, ambos retoños quedaron contentos y suficientemente satisfechos con la experiencia. Era la primera vez para Pepe en estas circunstancias de borrasca y agua fría, y también la primera vez que lo hacía en otra playa que no fuera la veraniega Canaleta. 
Queda esta imagen entrañable para el recuerdo, y sirva como reafirmación de lo que ocurre por nuestras cabezas:

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Lo intenso

Hay muchas maneras de encarar una sesión de kite. Me gusta hacerlo alejado de los demás, o guardando cierta distancia. Pero a la vez, acompañado de aquellos con los que me siento seguro. Sé que no me defraudarán, no molestarán, comparten el concepto, la ilusión y la técnica, buscamos lo mismo. 
Hacer kite en las olas con mi Julen de mi alma (ese hermano que nunca tuve), mi hijo Manu (que en poco tiempo ha desarrollado un interés y un saber hacer increíbles en el surf), mi maestro Lolo... significa duplicar el placer de la experiencia. Compartir es vivir, es amar, dicen, y creo que algo hay de verdad en eso.

Esta tarde este fue el final de una navegada casi gloriosa:


Aparantemente estaba fuerte para 9 metros, y había algo de llovizna a ratos, presencia de nubes muy grises. Podía pasar cualquier cosa. Es fundamental acercarse a la orilla y ver in situ lo que está pasando: todos montan 9, incluso alguno 10 metros. Pero mi olfato me señala algo distinto, o es que el distinto soy yo... Entre que vuelvo al coche, monto la 7, me cambio la ropa de calle por el neopreno, tiro las líneas, caliento un poco los hombros... parece que ha bajado un poco el viento. Eso siempre pasa, y no sé si es real o sicológico (quizá debería estudiarlo).
Sea como fuere, me lanzo con mi Drifter del 2012, y aunque alguna que otra vez tengo que remar un poco (sólo un poco, eh), en general me desenvuelvo muy bien. Como quiera que me gustan las olas, y la cosa está que arde en nuestro parque de atracciones, pronto llego a los picos y disfruto en total soledad. Elijo la que quiera a placer, y algunas son verdaderamente grandotas. Pero con los años navegando, y llevando el material adecuado, uno se acostumbra a estar entre dragones con cierta tranquilidad. A pesar de ello, la tensión está ahí, hay que observar todo muy bien, lo que viene, lo que va, y no sólo en el agua, sino que uno tiene que mirar cada poco al cielo y controlar la evolución de la borrasca. 
Finalmente, el Sol aparece, un gran claro se abre. ¡Oh, maravilla! El viento no tardaría en empezar a bajar su intensidad, es el momento de ir yendo poco a poco, entreteniéndose por el camino con algunos saltitos y transiciones, saludo a algunos conocidos en el agua. 

Y esto es lo que queda al final de mi expedición acuática:


El cuerpo sigue a la mente, y de eso no somos conscientes apenas. Yo, en pleno proceso de envejecimiento, a mis casi 47 tacos, cada vez pienso más en esa correlación causal, normalmente inconsciente, pero otras muchas veces de manera consciente.
Tomo conciencia, y del mismo modo que uno es capaz de crear la memoria muscular, creo que no ando desencaminado si afirmo que igualmente se puede elaborar una memoria neurológica paulatina mediante la cual, con el ejercicio de una actividad, determinatemente, adapte mi pensamiento a las carencias que van apareciendo en el plano físico. 
Es importante conocer tus límites y actuar en consecuencia, pero también es cierto que a menudo los límites pueden estar más lejos de lo que uno cree. Intento, por ello, cuidarme, cada vez más. Como cosas de las que antes huía como de la peste, y me abstengo de hacer cosas que antes me daban igual. 
Noto los cambios en mi cuerpo, pero también dentro de la cabeza, y hago un esfuerzo diario, constante, de adaptación. Acercarse a la cincuentena es entrar de lleno en la crisis de la mediana edad. Algo que se relacionaba antes con  cumplir los cuarenta, pero ahora nos mantenemos jóvenes y fuertes más tiempo. Los cincuenta son los nuevos cuarenta, quiero creer, y es una edad a tener en cuenta. No estoy al nivel de las pirámides de Egipto, pero todo se andará.

viernes, 26 de octubre de 2018

Cambio de planes

Los planes estaban hechos hacía cuatro o cinco días atrás, y mientras, yo observaba que la previsión se iba tornando más y más desfavorable.
Aún así, a la hora acordada tomamos dirección Caños de Meca para un glorioso miércoles más, esos días de otoño o invierno que nos ayudan a cargar las pilas lejos del mundanal ruido. Disfrutar del viento, la costa y sus paisajes, lo salvaje, lo auténtico. Eso tiene un precio, que normalmente se cobra en tiempo, algunos desengaños y, porqué no decirlo, dinero también. Pero como ocurre con la cara gasolina que empleo en mis motos, disfruto cada céntimo, ¡no lo duden!

Llegamos al Cabo de Trafalgar sobre medio día, pero el panorama era el de un perfecto día de primavera para disfrutar del Sol en solaz y calmado sosiego. Una morena en topless llamativo nos hizo más llevadera la espera, pero finalmente decidimos, creo que acertadamente, acercarnos a Tarifa, 60 km más de ruta...


A pesar del espectacular panorama junto a la duna de Valdevaqueros, no había demasiados kiters, aunque casi todos alemanes. Hay una verdadera invasión teutona, atraídos sin duda por el clima y las condiciones, que aunque no son las ideales para cometear, menos es nada, y menos con el frío del centro y el Norte de Europa.


Decidimos montar 7 metros, y echamos un buen rato. Quizá hubiéramos ido mejor con 9 metros, pero es que en Tarifa... bueno, yo personalmente prefiero ir corto y dar alguna remada de vez en cuando, a ir pasado cada vez que entra la racha. Buena temperatura de agua, viento un poco anortado y por lo tanto offshore, pero se pudo aprovechar. Sólo por el entorno y los colores merece la pena ir de vez en cuando.
Hacía exactamente un año que estuve por allí, y tampoco es que lo haya echado de menos. Hicimos nuestras cuentas, y determinamos que Tarifa estaría en quinto o incluso en sexto lugar en un hipotético ranking de spots...


Dimos la sesión por terminada, contentos, quedándonos quizá con ganas de más y, sobre todo, de mejor calidad. Pero es que Tarifa es así. Hay cantidad, pero no calidad. 


Un merecido almuerzo en La Tribu, con deliciosas pizzas y postres caseros, y después una vuelta por alguna tienda donde pudimos ver y tocar material de última hornada.
¿Cuándo volveremos a la Meca? No tengo prisa, no está entre mi top five, pero no le hago ascos porque no Tarifa no es sólo la playa y el viento, y hay mucho que ver, visitar, pasear y disfrutar por allí.

viernes, 6 de julio de 2018

switchstance

Joder con el palabro...
Dícese cuando se va con la postura cambiada, de manera inversa a la normal o propicia de cada persona. En mi caso, lo normal cuando hago trucos o surfeo es hacerlo con la pierna derecha delante y la izquierda detrás. Lo mismo en monopatín, snowboard, bici (sí, también en la bici hay posturas), o toda aquella actividad en la que en ciertos momentos hay que decantare por un lado dominante del cuerpo. 
Se achaca a hemisferio contrario dominante. No soy neurólogo, no lo sé. Tampoco es que importe.

En esta inmortalización a todo color me encuentro navegando grácilmente en mi postura "débil", con el pie izquierdo delante. No es problema el hecho de hacerlo para simplemente ir o venir, pues tal hecho no entraña dificultad técnica, y al fin y al cabo, en el kitesurf, si vas, tienes que volver, y finalmente se aprende a hacerlo eficazmente en ambos sentidos:


Con el hydrofoil todo es más complicado. Recuerdo cuando empezaba a aprender, que el mero hecho de ir recto con un mínimo de control era una experienca, digamos, que provocaba pánico, terror. Pero no hay mal que cien años dure. Uno acaba aprendiendo a ir, volver, girar, ceñir, ir al largo, lento, rápido, con agua lisa y con olas.

Y después, empecé a hacer mis primeros giros, siempre con el lado dominante, me ponía de toeside y volvíamos a empezar el proceso: errores, caídas, dolor, pánico, miedo, sustos... y finalmente control. Después unas transiciones chapuceras sobre el agua, a veces salen, a veces no. 
Y este verano he empezado a hacerlo todo desde mi lado "desfavorecido", con la postura cambiada (switch stance): girar con el pie izquierdo delante y manenerme navegando "al revés", llamado toeside, o como vulgarmente se dice por aquí, de fakie (producto de la confusión de términos procedentes del skate), lo que es realmente gratificante. El viento más frecuente en nuestro spot es el poniente, que por la orientación de la playa propicia el surf de derechas. Una ola de derechas, para surfearla dignamente, hay que hacerlo con el pie izquierdo delante. Y eso es lo que estuve haciendo hace unas tardes con el foil, porque con el foil se surfea también, es algo extraño, y casi mágico, el empuje de las olas y su efecto en un foil.
Grité, aullé, reí, me carcajeé, disfruté en suma de sensaciones que me animaron y ensalzaron mi espíritu, si es que lo tengo. Fui feliz. 

Quiero más.

jueves, 11 de enero de 2018

Winter os cool

Valió la pena.
Agua fría, viento fuerte, mar bravo.
La siempre inquietante compañía de Manu puso un punto extra para disfrutar.
Valió la pena.


Valió la pena, es imposible decir lo contrario.

El frío, la dureza, el punto épico, la pelea... añaden belleza a este deporte/arte, una estética que los que están fuera del ámbito de este tipo de actividades no pueden comprender.

El ciclismo, el motociclismo, deportes marinos, alpinismo, tienen más en común de lo que el común mortal cree.

Valió la pena.

sábado, 6 de enero de 2018

Riders on the storm

Y aunque la espera me desesperó, mientras otros llevaban ya horas disfrutando del frente de baja presión que penetraba desde el Oeste, fue salir de la oficina, llegar a paso muy ligero a casa para comer algo, y salir pitando con un par de kites y la Skater para montarla en la tormenta. 
Su primera tormenta, que se ha saldado con varios gritos de emoción y alegría, de velocidad, de voladas, recortes, espuma y amor. Amor al viento y al agua. Amor a la vida. Amor a la libertad. 

La viva imagen de la felicidad ha quedado impresa en mi memoria para darme fuerzas y ánimos hasta la próxima borrasca.



martes, 19 de diciembre de 2017

Skater

Las cosas pueden no parecer lo que en realidad son. Me resisto a creer o pensar en qué es o qué no es la realidad. 
Percibo, siento, y decido vivir con lo que tengo o alcanzo. Vivo mis sensaciones, quiero guiarme por ellas.
¿Es ello correcto? ¿O bueno? ¿O justo? Simplemente es lo que es, y yo, como dicen las Sagradas Escrituras, también yo soy el que soy, pero escrito con letras minúsculas.
Y entre una cosa y otra, el viernes pasado la navegada acabó de esta guisa:


El domingo anterior pude probar una tabla a la que llevo el tiempo siguiendo el rastro, su evolución de diseño, e intento comprender los porqués y los cómos. Nada como ensayar de manera práctica, utilizando el método científico, para extraer mis propias conclusiones, que no tienen porqué coincidir con la literatura de revistas especializadas, o aportaciones anónimas en foros de la red.
Probé, como digo, la versión que a priori parecía más adecuada, de cinco pies y dos pulgadas de eslora, y debo añadir que la decepción o, cuanto menos, la extrañeza, fue en mi persona. No es lo que yo esperaba, no encontré mi sitio sobre ella, no estaba hecha para mí.
Mucho ojo, repito que todo esto es subjetivo. Las expectativas están condicionadas por el propio conocimiento (o ausencia del mismo), educación, habilidad, entrenamiento, estado de ánimo y forma física, y un sin fin de parámetros que pueden incluso escapar a nuestro control. Pues la cinco pies y pico se me escapó. 
Tiene sus virtudes, como una magnífica ceñida, ligereza, y velocidad, pero no me llenó. Esto es como cuando pruebas una bici: hay algunas que desde el minuto uno te parece la bici con la llevas pedaleando desde los cuatro años de edad, y otras que te resultan ingobernables, duras, desagradecidas. Antipáticas. 
No diré que la 5´2" es antipática, no. Simplemente, no es para mí.

Pero el sábado, contra todo pronóstico, y sin haberlo planeado, tuve a mi disposición la versión que yo había descartado desde el primero momento, la cuatro pies y diez pulgadas. Eso significa cuatro pulgadas más corta, y un poco menos de manga. Pero esos fríos números no lo son todo. Ante la idea de un diseño demasiado radical, o pensado para una persona ligera, yo la descarté de inmediato desde el primer momento. Pero la realidad a veces es tozuda, más que uno mismo.
¿Por qué no darle una oportunidad? Me gusta probar material, y así poder juzgar con propiedad, y enriquecer mi bagaje cultural. A posteriori, tras probar muchos tipos de tabla y cometa, como ocurre con las bicis, las motos, los coches, y supongo que todo en general, se aprenden los porqués.
Y en la hora que estuve disfrutando de la Skater aprendí. 
Es la 4'10" un ejemplar sorprendente. Muy liviana, muy ceñidora, muy rápida, muy ágil, con ganas de volar fuera del agua, y hábil recortadora entre olas.
La tabla pertenecía al Hombre que Susurra a las Cometas, y empleo con propiedad el pretérito imperfecto, porque actualmente, en el presente, se encuentra descansando entre los numerosos objetos de mi quíver.

El chiringuito Camarón fue testigo de todo, y aquí dejo constancia:



Hacía mucho tiempo que no aguantábamos hasta la misma puesta de Sol, cosa reconfortante y guinda de pastel de una buena tarde. Los sunsets invernales son tan bellos como los demás, y una buena cerveza añade quilates al evento. Buena compañía, charla entre risas, algún brindis prenavideño. Salud.



Monto en mi electrodoméstico y me dirijo a casa, satisfecho, feliz. Y solo. Mi hijo Manu ya no me acompaña, se ha pasado a otras actividades más sociales y convencionales. No le culpo siempre que con ello sea féliz.
El mar puede ser duro, sobre todo en invierno y con borrasca. A mí me gusta el mar duro, el viento frío, el agua desapacible, el encuentro con los que son como yo. Y volver en soledad, acompañado únicamente por mis desatados pensamientos, es gratificante, es único. Me siento yo. Más yo.


sábado, 25 de noviembre de 2017

Noviento

Tradicionalmente, como he podido comprobar por mí mismo, el mes de noviembre en Huelva es una sequía de viento. Y este año, con la total ausencia de borrascas, más que nunca. 

En el estrecho se salvan con sus levanteras casi semanales. 

Esta semana, por una coincidencia de baja presión intermitente, y unas cosas raras aquí y allá, ha entrado un aire de componente Este, muy raro que entre bien aquí. Se ha intentado aprovechar en el spot Camarón, donde se suele formar una ola juguetona, y no en vano es punto de reunión de surfers de la zona. 

Lo intenté con 12 metros, pero tuve que desriñonarme inflando la 15 para finalmente aprovechar una tarde extraña, con un Sol que aparecía y se volvía a esconder tras las numerosas nubes de aspecto semiinofensivo que acechaban. Una lucha por mantenerme upwind, un par de revolcones en la orilla que han causado un desperfecto en mi querida, mi adorable, mi genial tabla chewing-gum (que veremos si no lo arreglo yo); una cerveza al acabar la navegada con el maestro Lolo, AKA el Hombre que Susurra a las Cometas.


Hoy, sábado, escribo esto que ocurrió el jueves. Ha sido una semana extraña, como ya le contaba a Blanca del Rocío en la oficina, más desligado de internet, de las redes sociales, incluso del wasap, en busca de una calma interior de la que casi sin darme cuenta me he ido alejando últimamente. 
Esos momentos en la ola, casi a solas, surcando el mar al revés de como estamos acostumbrados por aquí, me han servido mucho para centrar mi yo. O eso creo.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

En el surf inesperado

Son los mejores, los que no te esperas. La falta de expectativa desemboca, irremediablemente, en un osanna pro Neptuno y Eolo.

Sí esperábamos la llegada de una pequeña borrasca, por fin, sobre nuestra tierra, cosa que se ha hecho bastante de rogar. Nos tocaría de refilón, y quizá sin lluvia, pero sí algo de viento. 

En estos casos, las previsiones son bastante erráticas y hay que cogerlas con pinzas, porque las tormentas se suelen adelantar o retrasar, y su duración y fuerza varían hasta punto insospechado. Éste ha sido el caso, pues ha tardado más horas de la cuenta en hacer acto de presencia en un miércoles festivo por ser el día de los difuntos, Halloween en el mundo anglosajón (y aquí también ya, sigh). 
Un día anómalamente soleado y caluroso para ser 1 de noviembre, cosa que ya no nos coge desprevenidos.
Después de una cerveza a mediodía con Manu y Julio en el chiringuito Camarón, Punta Umbría, finalmente decido volver a casa para almorzar tranquilamente. sobre las cinco de la tarde me avisan de que por fin el aire comienza a moverse agradablemente, por lo que enfilo veloz de nuevo, esta vez directamente al chiringuito Matías, en una playa virgen espectacular. La marea está bajando, y el viento arrecia, presentándose perfecto para mi 12 metros. 
Localizamos una zona de bajos donde se forman olas ordenadas de tamaño contenido, y pasamos una tarde magnífica surfeando. No lo esperaba. Yo no contaba con tener ese paraíso del surfkite para Julio y para mí, a nuestras anchas. Luiky se pasaba por allí, pero aferrado a su twintip, es muy de la vieja escuela.
La puesta del sol me expulsó del mar una vez más, parece ser la tónica de estas navegadas no estivales, y ahora más desde el cambio de hora.

El amigo José Carpio nos regaló esta congelación del tiempo positivada electrónica a través de su celular:

Localización: Canaleta