jueves, 26 de mayo de 2016

Dioses necesarios?

Si el Vaticano lo dice, eso es así
En fin, partiendo de la base de que el bien y el mal son conceptos ideados por la mente humana hace ya tanto tiempo que ni se sabe cuándo fue... todo lo que a posteriori ha sido creado, construido, y justificado para apoyar el uno y combatir el otro, puede ser algo siempre manipulable. Cuando menos, discutible.

El señor Bergoglio no va a venir ahora a descubrir las américas, eso lo tengo más que claro, pero no viene mal que haga un recordatorio, y como me lo encontré hace unos días navegando por el Caralibro, ha dado pie a que haya yo meditado algo sobre el asunto. Sí, a veces me quedo pensando (cuidado!!!), aunque normalmente no llego a ningún puerto. Tengo graves y grandes limitaciones, nunca destaqué especialmente por mis entendederas.

Ah, los dioses!!! 
Ser buena o mala persona basándose en el dios o dioses a los que se venera y teme. Nunca comprendí tal. Menos mal, parece que se desliga el concepto de "conducta aceptable" de la idea de pertenecer a un grupo o seguir a una corriente de pensamiento, llámese a eso religión, llámese filosofía, partido político, color, nacionalidad, o lo que sea. Me quedo más tranquilo porque lo diga el Papa Paco, sí, porque le siguen millones de personas, y aunque la idea del bien y el mal es algo que se nos inculca desde que apenas tenemos uso de razón, y que depende tantísimo del ambiente y la cultura, además del momento histórico, conviene desligarlo de ciertas creencias.
Aunque, ¿es necesario clasificarlo todo? ¿Quién dice lo que está bien o no? A ver, que esto no es nuevo. Filósofos lo han estado mirando desde tiempo inmemorial, y aunque algunos llegan a conclusiones interesantes, al final más o menos nos ponemos de acuerdo en que todo es una convención, un pacto más o menos tácito. Algo parecido a lo de vivir en sociedad y someternos a sus reglas. 
Todo sea por el bien común. Sí, ya, pero ¿qué pasa con el individuo? Porque para mí, el individuo es lo máximo. Que le den a la sociedad. Claro, la sociedad no puede existir sin individuos, pero es curioso estudiar y aprender en qué punto el individuo debe dejar casi de contar como tal, tiene que diluirse entre la masa, ir todos juntos... ¿por qué y para qué? Sobre todo es interesante que lo que es bueno para el conjunto de la sociedad, por lo general beneficia muy mucho a un grupúsculo de individuos, mientras que para la mayoría ni fu ni fa. 
Eso sí que se cumple a rajatabla, eh.

Me da miedo, pero también me da pena, pensar mucho en esto. Seguiré cuidando de mi individualidad, mi libertad, mi yo. 

Hydrofoil

Hace diez años, uno de los pioneros ya se/nos deleitaba con escenas como ésta:

Pete Cabrinha dándolo todo
Cabrinha, como sus buenos amigos Laird Hamilton, Alex Angulo, Robby Naish, y otros, es un verdadero waterman, siempre dispuesto a probar y a incorporar a su bagaje todo tipo de inventos susceptibles de proporcionar nuevas sensaciones en el medio acuático. 

Salvando muchísimo las distancias, claro está, con el tiempo me he ido convirtiendo en un personaje un poco aguerrido en lo marítimo, siempre a pequeñísima escala y dentro de mis posibilidades técnicas...
El verano pasado ya probé el artefacto en cuestión:


Y sí, es cualquier cosa menos fácil, se lo aseguro. Es un deporte totalmente diferente, uno tiene que resetear todo lo que sabe sobre deslizamiento sobre el agua, simplemente porque eso no desliza sobre el agua, sino dentro de ella. El funcionamiento del hidro-ala se basa en los mismos principios que el ala de un avión: su forma hace que se cree una diferencia de presiones entre el agua que se desliza por debajo y el que lo hace por arriba, provocando una sustentación o incluso ascensión de todo el artefacto, efecto que se acentúa con la velocidad de forma proporcional. Tiene mucho, muchísimo menos rozamiento que cualquier otro tipo de casco, por lo que la capacidad de navegar con poco viento y los ángulos de ceñida son algo increíbles y difíciles de interpretar a menos que uno no lo vea con sus propios ojos.
Aparte está, claro, la diferente sensación de ir volando sobre el agua, con ausencia de vibraciones, golpes provocados por las olas y las irregularidades de la superficie del mar, el silencio, y la libertad de elegir rumbos que con otra embarcación serían imposibles.

Recién incorporado al maletero
Ya les iré contando mis evoluciones, pues me llevará tiempo aprender a manejarlo, amén de encontrar las condiciones ideales de viento y mar.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Naufragio en el tiempo real

No hace muchos días ya hablé de las burbujas, Vernor Vinge, y la historia creada en torno al concepto de singularidad tecnológica. Y ahora va, por fin, mi habitualmente breve reseña sobre el último libro leído, de este mismo autor: Marooned in real time, hábilmente traducido como Naufragio en el tiempo real.

Originalmente publicado en 1986, entre sus líneas se tratan diversos temas, desde la investigación y resolución de un crimen, hasta disquisiciones filosóficas, pasando por ecología, biología, sicología y, por supuesto, tratándose de ciencia ficción, y siendo su autor un matemático de reputado prestigio, también se habla de tecnología. Pero no se asusten, si yo lo he comprendido todo, usted también podrá. No es un tratado para especialistas, sino una novela. Una novela fantástica y exquisita en muchos aspectos, eso sí.



Sinopsis: Una desastrosa extinción ocurrida en el siglo XXIII amenaza la continuidad de la civilización. Los poseedores del poder tecnológico intentan recoger a todos los supervivientes que van siendo liberados del éstasis de las Burbujas e incorporarlos al proyecto final, que no es otro que reconstruir la civilización con una diezmada humanidad. Pero uno de los líderes ha sido "asesinado" abandonado en el tiempo real, mientras el resto de la humanidad se encuentra en "viaje hacia el futuro" gracias a las Burbujas.

Para mayor claridad sobre las propiedades de las burbujas, lo que es el éstasis, y todas las implicaciones en relación con el tiempo, mejor léase, si no lo ha hecho ya, la reseña de La guerra de la Paz.

Si la primera novela de la serie ya fue buena, ésta es incluso mejor. La mezcla del trasfondo policíaco con la trama futurista es genial, y aunque la investigación del crimen es una excusa para deleitarse con los vericuetos del estado del planeta dentro de cincuenta millones de años, no deja de ser interesante la resolución del caso, las motivaciones de unos y otros, las facciones de poder que surgen, y la lucha de algunos personajes por la supervivencia no ya propia, sino de la especie, en la que podría ser la última oportunidad para los seres humanos.

De obligada lectura, pienso, si uno es aficionado a la buena literatura de ficción, y si no lo es, también, aunque en ese caso le costará comprender algunos conceptos.

domingo, 22 de mayo de 2016

Trafalgar

A primeros del siglo XIX, la armada inglesa, comandada por Nelson, derrotaría en famosa confrontación a la flota franco-española frente a estas aguas en las que respiro profunda, hondamente, mientras espero que el Levante haga acto de presencia:

Si la imagen se extendiera hacia la derecha, veríamos el famoso faro que vigila el Cabo.
Mientras Eolo aparecía y no, Julen, Diego y servidor dábamos un paseo por los aledaños históricos, dejábamos que los rayos ultravioletas y diversas micropartículas de origen más allá desconocido nos atravesaran sin mayores consecuencias, y tomaríamos un suave refrigerio para amenizar la espera.
Finalmente, como estaba previsto, aunque un poco retrasado, el poder del aire en movimiento fue llegando y, a la misma vez, nuestra alegría y alboroto.
Yo iba estrenando mi nueva tabla, mismo modelo que la anterior pero un poco más pequeña, diferente outline y menos litros. Aunque sobre el papel las diferencias son nimias, en la realidad de la experiencia hidrodinámica se trata, como he podido comprobar, de un animal totalmente diferente. Y es curioso, porque he estado más de un año dando vueltas al asunto de cambiar de tabla... y ahora que por fin lo hice, pasa como tantas otras veces: ¿por qué demonios no di el paso de hacerlo antes? Mierda, es que no aprendo.

El caso es que nos metimos los primeros en el agua, el viento subía y bajaba, pero con nuestras cometas de 10'5, 11 y 12 metros conseguimos llegar a la zona en la que era más constante y fuerte, y allí disfrutamos los tres en solitario (curioso, ¿no? tres en solitario...) como lo que realmente somos: niños chicos con juguetes caros.

Tras un par de paradas para descansar, la intensidad subía, y decidí montar mi "antigua" Drifter de 9 metros modelo 2012, un kite que adoro, no ya por sus características de vuelo, sino por todo lo que he aprendido con ella, me ha dado mucho, y su senectud haría que venderla fuera cualquier cosa excepto rentable...
El Levante asurado tonteaba, subía y bajaba, y a esa hora ya, sobre las 6 ó 7 de la tarde, ya íba cansado, pero teníamos que aprovechar la maravilla que es Caños de Meca con la marea baja, esa olita bella, lisa, a la que pegué unos cuantos recortes con los últimos estertores tanto del viento como de mis fuerzas.

Como siempre que he ido a navegar allí, salgo agotado del agua, y con una inmensa sonrisa. Esas sensaciones me durarán unos cuantos días, y quedamos a la espera de que las condiciones adecuadas surjan de nuevo.

Mereció la pena coger el día de vacaciones, un viernes como cualquier otro, pero que se convirtió, como ven, en algo muy especial para mi. 
Aquí tienen una instantánea típica de la postnavegada:

Estas cosas hay que celebrarlas!!!
Una pena que, en llegando el buen tiempo, la afluencia de muchos turistas y tomasoles se deja notar: suciedad, mierdas de perro, escasez de aparcamiento, ocupación de la playa... pero es algo con lo que tenemos que convivir. Adaptarse o morir. Yo ya me despido de la costa gaditana hasta septiembre como mínimo. 


martes, 17 de mayo de 2016

La mala educación

Saber matemáticas, o química, o la lista de los reyes godos. 
Estudiar la carrera de Derecho y tragarte doce asignaturas que no sirven absolutamente para nada. Acabar la carrera y no saber redactar una demanda. Aprender Derecho cuando comienzo a trabajar en el ramo.

Darme cuenta de que el 80% de los que me rodean no saben escribir correctamente, y que menos del 10% de la población lee con regularidad. ¿Por qué tanto esfuerzo para aprender a escribir correctamente? ¿De qué sirve el análisis sintáctico? ¿Para qué empeñarse en enseñarnos a redactar, a componer? ¿Dónde están los resultados?

Y la creatividad, esa se fue bien pronto al carajo. En tercero o cuarto curso de EGB ya nos la habían cercenado. Y a cambio, a meter con calzador lecciones aprendidas de memoria para exámenes, que olvidábamos a los dos días. 

No veo el sentido. No lo veía entonces y ni mucho menos lo veo ahora. Pero veo que a pesar de las décadas, el sistema no ha cambiado. Y eso que hay muchas corrientes logopedas, y hay sicólogos, y ayudas, y orientadores, y todo tipo de especialización. Pero es inútil.

La sensación de que vivimos rodeados de la ignorancia es tan grande, que sólo es superada por la falta de espíritu de la ciudadanía, la ausencia de capacidad de superación, la más infame estulticia y falta de raciocinio está por doquier. 

Está claro que el sistema no funciona... o precisamente funciona tal y exactamente como quieren. Pero ¿quién lo quiere? A mí, estas teorías de la conspiración, de los poderes fácticos, no me van mucho. Mi idea es que se ha llegado a este sistema porque es barato, es fácil para maestros y alumnos, crea autómatas para que la sociedad siga su marcha, y ya. 

Nos enseñan a endeudarnos, nos meten las tarjetas de crédito y los micropréstamos en horario de mañana para que lo vean las amas de casa. Nos preparan para estar siempre insatisfechos y querer más y más, y gastar aunque no haga falta, y para gastar hay que tener, y para tener más hay que trabajar más. Y de repente te das cuenta de que eres un esclavo.

A veces pienso que un troglodita, un hombre de las cavernas, vivía mejor que nosotros. Desde luego trabajaba mucho menos. Y no tenía unas necesidades ficticias que sostener. Estoy seguro de que eran, a su modo, felices. Como lo es un perro o un gato hoy día: sin más preocupación que llevarse algo a la boca y buscar abrigo cuando hace frío.

Un buen sistema educativo tendría que prepararnos realmente para la vida. Deberíamos recibir una verdadera y estricta educación vial, ya que conducir se ha convertido en una parte muy importante en nuestras vidas, y es algo muy serio que se ha descuidado durante mucho tiempo.
Nos deberían enseñar primeros auxilios, algo de medicina básica, lo mínimo para hacer una RCP de emergencia, curarte un corte, inmovilizar una fractura, cosas básicas que pueden salvar una vida.
Cocinar, pequeños arreglos caseros, y por supuesto filosofía. Mucha filosofía y no lo de ahora, que es de risa.

En el fondo, me da la risa. A menudo. 

La ola

La sal, el agua, la arena, la piel.


La guerra de la paz

Acometí hace poco la lectura de esta buena novela escrita por Vernor Vinge y publicada en 1984, consiguiendo ser finalista del premio Hugo.

Se engloba dentro de la serie de novelas llamadas de las "burbujas", por ser precisamente unas esferas absolutamente infranqueables y que escapan al tiempo el centro de atención sobre el que giran los argumentos de estos libros. Bajo el presupuesto de la existencia de una tecnología capaz de elaborar estas esferas de distintos tamaños dentro de las que el tiempo no transcurre, se trama toda una serie de intrigas, luchas de poder, y desencadenamiento de acontecimientos tan increíbles como fascinantes.


Sobre el señor Vinge ya habé recientemente al comentar un poco su también fascinante "Fuego sobre el abismo", en la que igualmente juega con situaciones complicadas desde el punto de vista de un observador y lo que ocurre en el tiempo. En aquélla, el elemento disturbador o dilatador era la velocidad a la que la nave de algunos de los protagonistas viajaban por la inmensidad del espacio, y trazaba con maestría el concepto de singularidad tecnológica. En ésta, en cambio, el matemático y avispado escritor se saca de las meninges un nuevo aliado, las burbujas. Es La guerra de la paz, la primera de una trilogía de éxito notable, y en ella se nos plantea la situación del planeta más o menos dentro de un siglo, cuyos habitantes fueron diezmados por la guerra nuclear y las plagas de enfermedades.
Los poseedores del secreto de las burbujas han encerrado en ellas todo aquello susceptible de producir daño a la sociedad, y así protegen de la guerra a los seres humanos. Pero son sólo ellos, los pacistas, los que deciden qué y cuándo. Lógicamente, con el tiempo, no tarda en surgir un movimiento de resistencia para acabar con el monopolio del uso de esa tecnología, y es el mismo inventor del concepto (huído y perseguido por La Paz), junto a un joven superdotado, los que darán un vuelco final a la deriva de la evolución humana.

Aparecen en el libro países que no existen, y no están los que son, suponiéndose que todo es producto del postapocaliptismo, y así se habla de Aztlán, por ejemplo, o un Nuevo Méjico cuyas fronteras poco tienen que ver con las actuales. También hay unas tribus o etnias inventadas, como los Ndelante, los Jonque, los quincalleros y tal y cual. Hay muchas cosas que no se explican, pero se van extrayendo por el contexto o, en todo caso, no resultan definitivas o importantes para la comprensión de la trama. La elaboración sicológica de los personajes es bastante correcta, y son muchos y variados, presentándose todos con sus motivaciones y sus objetivos... salvo quizá el caso de uno de los principales protagonistas, Willi Wáchendon, que vale, nos lo sitúa socialmente, se nos explica su desarraigo, su origen, pero realmente no se explica lo que le empuja a hacer lo que hace. Interpretaré que es su forma de agradecer lo que Paul Naimish hace por él dándole una formación y curándo su dolencia... No queda claro.

Sea como fuere, la novela es buena, y el planteamiento original y válido, con un final que, aunque plausible, no es el esperado por el lector (o no lo fue por mí...).

Ya he empezado a leer el segundo libro de la serie de las burbujas, Naufragio en tiempo real, que promete bastante, y da un paso de gigante en el uso del concepto de las burbujas, con un aprovechamiento de las mismas que va más allá de lo imaginable... pero esa es otra historia que pronto les contaré.

lunes, 9 de mayo de 2016

cita:

If you want to be happy, be.

Leon Tolstoi

viernes, 6 de mayo de 2016

Singletrack fury: Paz

Una mañana de esas.
Ni llueve, ni deja de amenazar. Es el tercer y último día de vacaciones en medio de un calendario, sin objeto, sin pretexto. Simplemente porque sí, y como tal, aprovecho para llevar a cabo aquello que me enamora, me da vida, me da un sentido personal y me centra.
¿Soy el único? No soy especial, hay que ser consciente de ello. Esa sensación, pura vanidad, hay que deshacerse de ella. Simplemente soy.


Mi última creación, mi postrero rescate, este combo cuadro+horquilla que acaba de cumplir veinte (20) años, me da todo lo que necesito. 
La vida simple. Así de fácil. Alto tan lógico, tan radicalmente sencillo y singular (en ambos sentidos, el estricto y el figurado), no puede sino producir un efecto claramente liberador en mi alma, si es que la tengo, o si es que tal cosa existe o es.


A pesar de unos días de pequeñas lluvias, breves, como de nubes asustadas por verter su fruto, el campo ya está mutando, se amarrona, amarillea. El verano está a la vuelta de la esquina de esa hoja de calendario que día tras día pasa una y otra vez, sin que nada pueda frenar la marcha del planeta en su órbita alrededor de esa estrella horriblemente potente que es nuestro Sol.


Deja que fluya, que nada te influya.
Veinte kilómetros, un suspiro en términos de ciclismo. Suficiente para tomar oxígeno, para desentumecer las piernas.
Me hago viejo, y lo noto. Me cuesta arrancar, y los primeros kilómetros son como a cámara lenta, como si los muslos dijeran "¡NO!" 
Pero pronto las articulaciones se lubrican, la energía sale por los poros, las piernas suben y bajan como pistones de un motor viejo que se niega a dejar de funcionar. 
La ruta, que voy improvisando entre pinos, curvas, revueltas, con un par de aventuramientos de caracter exploratorio, ayuda a entonarme. 
Oh, qué paz, menuda calma cuando paro para tomar alguna instantánea o simplemente para escuchar el silencio, sólo roto por el trino de aves locales en plena ebullescencia del cortejo. Es lo que tiene esta época.


Veinte kilómetros de pasión, de disfrutar, de soledad, de singletrack.

Colossi

Lo que se puede hacer con el acero: 















Hay que tener muchas manos, y querer o poder pagarlo, porque ese trabajo... barato fijo que no es. Hombre, hay aficiones y gustos para todo, y yo, la verdad, una fixie para dejarme barbita y llevar pantalones apretaos para lucir ese artefacto por los bares de moda, como que no. 

Pero es la prueba viviente y funcional de que aún quedan artesanos con inventiva y huevos para fabricar una maravilla de ese calibre.

Un talento así debería tener una lista de espera colosal, tal y como su nombre indica.

jueves, 5 de mayo de 2016

El gran lunes

La alineación de circunstancias propicia experiencias incomparables, aunque esperadas. 
Y eso ocurrió el pasado lunes en la playa de la Barrinha de Faro. Varios días de Levante fuerte alcanzan a esa protuberancia hacia el mar que constituye la ría de Formosa y sus alrededores, dejando como consecuencia un viento offshore muy propicio para surfear con la cometa. Unido a la buena ola que se forma allí, bonita, predecible, con espacio, y con un color de agua alucinante...

En esta ocasión no fueron grandes, pero sí aprovechables. Siempre esperamos que se den estas circunstancias, que nos visitan tres o cuatro veces al año. Fui acompañado de Manu, que se estrenó por fin con la tabla de surf en estas condiciones, no aptas para novatos, y con mi gran Julen, compañero del alma. 

Día para enmarcar, muchas emociones, y un agotamiento total tras casi cuatro horas en el agua sin parar apenas. 

Hoy, con la resaca y el tiempo de varios días para pensar en ello y asumir, absorber, crecer, asimilar, he decidido dedicar esta breve entrada a aquel día. No tuvimos tiempo ni ganas de tomas photos, pero he logrado robar ésta, en la que salgo yo, el que está con la cometa roja, blanca y azul, en una brevísima parada mientras recogía una mochila para hacer el downwind de vuelta a los coches:


Deseando repetir. Deseando volver a ese paraje paradisíaco, gozar de la naturaleza como pocas veces he podido de esa manera. Hay vivirlo, hay que sentirlo. Hay que serlo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Cita con Rama

No hace tanto que hablé aquí de otra obra del mismo autor. Entonces creo recordar que dije que El fin de la infancia me entusiasmó. Una verdadera obra maestra de la ciencia ficción.

En cambio, no es aquélla su obra más reconocida, sino la que he acabado recientemente, Cita con Rama
Escrita en 1972, recibió en 1973 el premio Nébula y en 1974 el Hugo, Locus y John W. Campbell Memorial, siendo por tanto una de las novelas más premiadas de la historia.

INCOMPRENSIBLEMENTE.

Vale, quizá yo la veo de un modo distinto a como se hacía hace más de 40 años, está claro. Pero la calidad de los trabajos coetáneos debió ser paupérrima para que Cita con Rama ganara todo eso...


Sea como fuere, por prestigio verdadero o ficticio, nunca mejor dicho, este libro llegó a mis manos y albergaba yo ciertas expectativas de pasar un buen rato. Nada más lejos de la realidad. 
Típico caso de libro que me fuerzo a leer hasta el final, aunque bien me pudiera haber ahorrado ese tiempo en cuestiones más productivas. Con toda seguridad.
Cita con Rama aburre hasta el hartazgo, pero debía comprobarlo por mis propios medios, para poder hablar con conocimiento de causa.
Pero, de todos modos, ¿qué se va a decir del autor de la serie de Odisea en el Espacio? Gracias a Kubrik fue conocido y reconocido en todo el planeta, catalogando como obra maestra y cumbre no solo de la ciencia ficción, sino del cine en general... a la que es, posiblemente, el largometraje más somnoliento de la historia. No quiero imaginar cómo debe ser el libro. 

Volviendo a lo que nos ocupa, el argumento poco tiene que ver con encuentros con un dios Hindú. En cambio, lo que parece que puede ser un punto de partida interesante, que es la localización de una inmensamente enorme nave cilíndrica de origen desconocido que entra en el Sistema Solar en dirección hacia el Sol, pronto se torna en un desvarío, por triplicado, dedicándose simplemente a describir los descubrimientos que una patrulla de reconocimiento e investigación va realizando en su misión. 

Personajes que no transmiten nada, absurdas aventurillas sin emoción alguna, es lo único que encontraremos en Cita con Rama, que vagamente recuerda a aquella genial novela de Verne, Viaje al Centro de la Tierra, publicada más de un siglo atrás (pero Verne fue más imaginativo, más realista, más creíble, más entretenido, lo que es mucho decir ya que considero a este señor un describidor excesivo). 

Rama aburre, tela, y sus continuaciones tengo entendido que son aún peores. ¡OMG! ¡Cómo serán!

Y además, se la toma como un buen ejemplo de la rama más dura de la ci-fi, cosa inexplicable, pues claramente no descifra nada, todo es vulgarmente inventado sin ton ni son, nada tiene sentido aparente en el seno de la nave espacial, ni cuál sea su fuente de energia, ni su fuerza ni su manejo, ni quienes son o eran o serán los ramanes, ni de dónde viene ni hacia dónde se dirige, etc, etc. Por no hablar del misterio de las ciudades que contiene ese sarcófago errante de cincuenta km de largo y 16 km de diámetro, los materiales de que está fabricado, los robots extraños que aparecen sin que se sepa muy bien qué hacen, y tal y cual.

Sí, quizá misterio es la palabra que quería transmitir Arthur C. Clarke, pero no todo está permitido en la literatura de ficción, creo yo. Las cosas deben adquirir un sentido, y tener una finalidad. Aquí se carece de nudo y desenlace. El libro se configura como un simple planteamiento que no va más allá, y el resultado, en mi opinión, es desastroso a más no poder.

Una pena. Verdaderamente.