jueves, 2 de abril de 2026

Contrastes

¿No es curioso que hace tres días estuviera rodeado de nieve, y hoy aquí?


Cosas de esta España nuestra, tan rica, tan variada. Hoy salí a relajar cuerpo y mente, un paseo por la carretera de la costa para ver el ambiente festivo, y la desaparición de algún emblemático chiringuito (Er Matías), y la reducción en tamaño de otros (Enebrales, Camarón). 
Felicísimo con la Kona gravillalizada, de la que cada día estoy más y más satisfecho. 
 

Breves pinceladas de un viaje muy esperado

Pues sí, mis estimados y a la par escasos lectores: conseguí realizar el deseado periplo de ida y vuelta, en moto, a Picos de Europa. Tras más de seis años de intentos fallidos, generalmente por causas meteorológicas, económicas, o ambas, los astros se alinearon, y además me acompañó P.H., con quien ya he acometido otras aventuras motociclistas, y la sintonía y camaradería estaría más que contrastada. 
Aquí ambos, felices, paseando por el centro histórico de Benavente, a medio camino entre las ciudades de Zamora y León:


Tomaríamos camino el sábado 28 de marzo, y el trayecto de ida fue íntegramente por carretera, atravesando las fantásticas dehesas extremeñas y salmantina, cuidadas, bellas, que conforman un paisaje típico, que no por estar acostumbrados a él, deja de asombrarnos. 
En nuestro camino hacia el Norte, pasaríamos por la Sierra de Francia y sus retorcidas y entretenidas carreteras, que también nos regalaron estupendos paisajes, culminando en La Alberca, proclamado "el pueblo más bonito de España". Bueno, el más bonito no sé, pero peculiar sí es, y no pude entretenerme en saber a qué se debe la estructura de sus casas. 
El frío y el viento serían, a partir de aquí, la tónica dominante del viaje, hasta que pasáramos la barrera montañosa y nos internáramos en Asturias, más adelante. 
Llegamos a Zamora, donde tocaría repostar, y decidimos hacer los últimos 60 km por autovía hasta Benavente, donde nos alojaríamos la primera noche. Allí arribamos sobre las 7 de la tarde, con 6º C, más frío que robando pingüinos, oigan, temperatura impropia de las fechas, pero parece que normales en aquellas latitudes, y es que esa ciudad se encuentra a unos 700 metros de altitud. 
Agradecidos por encontrar algún bar calentito, donde tomamos un par de birras con sus correspondientes tapas asociadas, y terminamos la jornada tomando media pizza cada uno en la única pizzería del centro. Dejamos el resto para almorzar al día siguiente, tónica que vendríamos repitiendo durante el resto del viaje: almorzar ligero con los restos de la cena. 
Partimos de la localidad zamorana a las 10:30 de la mañana, atravesando el itinerario de una procesión de Domingo de Ramos, ante la atónita mirada de dos policías locales, pero nos hicimos los suecos, a pesar de que lo único escandinavo que había por allí era la marca de la moto de P.H., y tomamos rumbo al Puerto de Ventana, uno de los pasos de montaña que conecta la provincia de León a la de Asturias, todo ello tras recorrer el puerto de Pajares por carretera, e intentar hacer la primera pista por tierras leonesas, pero tuvimos que recular porque la encontramos demasiado rota para nuestras máquinas cargadas de equipaje y neumáticos demasiado poco adecuados. 
El Puerto de Ventana, aunque en su inicio nos caía una aguanieve que no presagiaba nada bueno, nos enseñó lo que es la alta montaña. Aunque su altura máxima al coronarla no es excesiva, apenas 1600 metros, nos encontramos metido en medio de una fea ventisca con temperatura gélida, vientos serios, y nieve por doquier. Tuvimos que renunciar también a las dos pistas que partían de allí, por estar completamente cubiertas del frío elemento. Allí decidimos dirigirnos hacia Cangas de Onís bajando el puerto por la otra cara, la Norte, y fue toda una experiencia, pues la carretera se estrechaba mucho, la nieve lo cubría todo, y los árboles desnudos de hojas y cargadas sus ramas de nieve hacían un tenebroso túnel en el que la oscuridad, la humedad, el frío, el terror, dominaban la escena. A mitad del puerto, justo cuando la vegetación hacía su aparición y la nieve se iba disolviendo, nos cruzamos con un aguerrido ciclista que nos saludó sonriente ataviado con un culotte corto y arremangado. ¡Qué humillación! 




Pronto descubrimos que al otro lado, en la patria querida, el Sol brillaba como nunca y no teníamos viento, frío, ni elementos ajenos a la primavera a la que nosotros estamos acostumbrados. Paramos en una gasolinera para comer los restos de pizza del día anterior y entrar en calor. Seguimos la misma carretera que pronto se convertiría en un hermoso desfiladero y después recorrería la provincia de Sur a Norte acompañando al río Nalón. Bellísimo recorrido lleno de exuberante vegetación (el verde por castigo), altas paredes de roca, y enclaves singulares como una antigua fábrica de armamento. Pasaríamos por Proaza, donde el verano pasado tomé un magnífico pote asturiano con mis amigos Pedrín y Eugenía, a quienes visitamos en el pueblito cercano llamado Villamexín:  


Llegamos hasta casi el mismo Oviedo, donde tras quince o veinte km de autovía rodeando la capital, cogeríamos la concurrida carretera hasta Cangas, meta del día y donde estableceríamos el campamento base para el resto de la expedición. Llegamos con buena hora, tomamos posesión de nuestra habitación en el descuidado y viejo hotel "Águila Real", y dimos un buen paseo de casi 7 km por el pueblo, revisitando todo lo conocido. Mucho ambiente, cenaríamos, cómo no, un cachopo a medias, y guardaríamos la mitad para el día siguiente, tal era su tamaño. Un día de emociones que hizo que posar la cabeza en la almohada y caer en los brazos de Morfeo fuera todo uno. 
retrato típico en Cangas con el puente medieval de fondo

El segundo día en Asturias lo dedicaríamos a recorrer todas las carreteras que rodean el parque nacional de los Picos, con el fallido intento de recorrer dos pistas: una que partía de Bejes hacia Sotres, cuyo inicio fue tan vertical y delicado para mí que rogué a P.H. que desandáramos el camino por miedo a lo que vendría después. Quizá pequé de conservador, pero cuando vimos lo que vimos más tarde, nos alegramos. Y la otra, la famosa pista de Espinama a Sotres (o viceversa, porque se puede recorrer en ambos sentidos, cuando se puede), hicimos medio kilómetro solamente: nuevamente nos topamos con una terrible ventisca y el camino bloqueado por la nieve. Nos hicimos unas fotos para atestiguar estas aseveraciones, y huimos de allí rápidamente, so pena de morir por aislamiento, congelación, o comido por los lobos y osos...

parada técnica para echar una meada subiendo a Bejes

curiosidad que encontré en alguna subida en zig-zag

la verticalidad es la premisa de la montaña astur

la pista de Espinama a Sotres estaba impracticable

Para muestra de la imposibilidad de paso, un Subaru 4x4 que nos precedió, se dio la vuelta delante de nosotros...
Pero esta contrariedad propició que ejecutáramos, como alternativa, una buena ruta asfáltica: el Puerto de San Glorio, que sube hasta los 1.609 metros, con sus espectaculares miradores, carretera lisa y con buen agarre, y que nos llevó hasta Riaño, en León, sitio de interés no sólo por la historia oscura y lamentable que originó su presa, sino por su pintoresco paisaje, rodeado el gigantesco embalse por montañas que se elevan majestuosas. Aprovechamos para almorzar los restos del cachopo del día anterior, unas galletitas que siempre lleva P.H., y algo de agua para hidratarnos. 
El camino de vuelta a Asturias lo haríamos por otro puerto, el del Pontón, para el que nos tuvimos que poner nuestros respectivos impermeables por primera vez en todo el viaje, dado que la lluvia nos acompañó hasta bien entrados en el desfiladero de los Beyos, recorrido "coqueto", carretera estrecha, paredes que se elevaban hasta el cielo, y que acompaña y cruza el río Sella varias veces hasta la misma Cangas de Onís. Día de moto para el recuerdo, de verdad. 
Con casi toda la tarde por delante para descansar y estirar las piernas, nos embarcamos en la tarea, gratificante, de adquirir unos quesos típicos de la tierra, que con gusto acarrearíamos en nuestros macutos. Cenamos bien y fuerte unos papas con tres salsas, filetes empanados, y un arroz con leche (delicioso) de postre. Como es costumbre, la mitad de los filetes los guardamos para el almuerzo del Martes Santo. 
Aquí, la señora que me atendió en "casa Aquilino", donde adquirí Gamoneu, Cabrales, Afuegalpitu y Casín, explicándome el orden que debía comerlos de menor  a mayor pique en boca, cosa que yo no le pedí, la verdad, pero le dejé hacer porque vi que era feliz con ello:


También hubo parada en "La Barata", para comprar otra variedad, queso de hoja. 

Al día siguiente, con una fina lluvia por compañía, emprendimos el retorno, por autovía hasta la altura de Salamanca. Una vez superado el puerto de Pajares, y a la salida del último túnel, fue como si entráramos en otro país: cambio de clima radical, adiós a la lluvia, la nieve y el nublado. Hola al sol, frío y viento. 
Desde la frontera lusa, por carretera, llegaríamos a Seia, acogedora localidad portuguesa, puerta de la Sierra de la Estrella, que quisimos visitar. Nos alojamos en un moderno hotelito, y paseamos un poco por el pueblo viendo su particular arquitectura, comprando unos quesos (sí, más), y degustando un par de cervezas en un mirador con vistas que se extendían muchas decenas de kilómetros con perfecta visibilidad. La cena fue en una casona restaurada y reconvertida en fancy restaurant, con platos de calidad y abundantes. 
El último día, Miércoles Santo, atravesamos la Serra da Estrela, miles de curvas subiendo hasta los 2.000 metros. El espectáculo estaba servido, con una atmósfera clarísima que permitiría ver a  muchos kilómetros a la redonda, varios pequeños embalses, y hasta una estación de esquí. Algo de nieve en las cumbres, y poco acumulado en los márgenes de la sinuosa carretera, que a veces se tornaba en peligrosa por traicioneros golpes de viento. Pero llegamos felizmente a Covilha, y setenta kilómetros más tarde entraríamos a España a través de un bello puente romano a la altura de Segura, y de allí buscando la A-66 primero, y la N-630 después, hasta entrar en la provincia de Huelva y enfilar por Santa Olalla del Cala en dirección Valverde del Camino, donde nos separaríamos dándonos un fuerte abrazo y una enhorabuena por lo bien que había ido todo.

Un gran viaje que quedará en mi recuerdo, del que vuelvo con los ojos borrachos de imágenes y el cuerpo ahíto de sensaciones, en buenísima compañía, inmejorable diría. Y ya estoy pensando y dando vueltas al próximo.


domingo, 15 de marzo de 2026

Perderse está bien

Sigo un camino que cada vez se va estrechando más hasta terminar desapareciendo. ¿A dónde iría? ¿Por qué termina aquí? ¿Quién lo trazó y para qué?
Apago el motor y desmonto, decido dar un paseo por los alrededores buscando una continuación al bello sendero que traía, pero el esfuerzo es improductivo. 
Me veo en mitad de la nada, rodeado de pinos, jaras, y mucho verde. Época maravillosa para andar por el campo. Hay pájaros que cantan, algunas nubes pasan. Tiempo primaveral, sin duda, ya empiezo a pasar calor, me sobra impedimenta que al principio del viaje me venía bien.


La Yamaha se porta bien, cada vez nos conocemos mejor, y me gusta: es una máquina sencilla, capaz, económica, fiable.


Mientras la mayoría de mis compañeros de aventuras off-road se han pasado a motos gordas, yo intento aprovechar las ventajas de la ligereza de la TTR aprendiendo y memorizando un mapa mental de caminos por la zona de Niebla y Valverde. Lo paso bien, lo podría pasar mejor si fuera acompañado como antaño, pero el buey solo bien se lame. Es lo que hay.


 Teniendo en mente un largo viaje en Semana Santa, que quería hacer con la Tiger, me asaltan dudas para hacerlo con la Yamahita, ya veremos en qué quedamos al final. 

domingo, 1 de marzo de 2026

Más vale tarde que nunca

Aunque dejé pasar el tiempo porque hacía demasiado fresco, al final partí de casa marcando el termómetro 9º C, que para los estándares sureños es frío. Me abrigué convenientemente, siguiendo aquella máxima ancestral de "más vale que sobre a que falte". 
Claro, en cuanto me metí por tres caminos revirados y me tuve que emplear mínimamente, me sobraba todo, y llegué a sudar. Pero esto de la moto de campo, aunque sea en plan light, es así. 


Fui trazando un track mental para llegar al embalse de Beas, que estaba lleno, llenísimo. Mi idea era cruzar por el puente al que llega un camino de la aldea de la Navahermosa, pero me encuentro que han puesto sendas puertas en los extremos del mismo, para impedir el paso por encima, dejando sin opción de comunicación entre las zonas de Beas y Valverde, que ancestralmente se pasaba por aquí. Parece que el susodicho puente presenta peligro de derrumbe y, claro, como es costumbre, en vez de arreglar o mejorar, más fácil y cómodo (y barato) es prohibir. 
Lo curioso es que aunque las puertas tienen cerrojo, no tenían candado puesto, de modo que, bajo mi estricta y personal responsabilidad, las abrí y pasé cuidadosamente cerrándolas tras de mí. 



Llamé a P.H., quien habita no muy lejos de allí, y al final nos unimos para una expedición que quería hacer en examen de una ruta que está elaborando para el grupo de aficionados a la moto trail, o debería decir mejor maxitrail, porque sus miembros han ido pasando poco a poco a máquinas cada vez más pesadas y grandes, y hay que adaptar las rutas a las características de las nuevas monturas. 
Yo tengo mi maxitrail asfáltica, pero prefiero no meterla mucho por campo porque pesa mucho y tiene sus limitaciones de ruedas y suspensiones. 
La TTR colma, por ahora, mis solicitaciones campestres, y con nota.



 Después de dar vueltas por lo marrón y lo verde, comprobar que los riachuelos bajan alegres, los pajarillos cantan, y hay muy gente buscando gurumelos, se me echó el tiempo un poco encima y tuve que volver por la vía rápida por asfalto y pistas rectas a toda velocidad. Vivan las motos trail que te dejan hacer (casi) de todo.

jueves, 26 de febrero de 2026

Menos singletrack, poca furia. Tranquilísimo.

El pasado día 30 de diciembre de 2025, me autorregalé una cubierta 700*32 para terminar mis experimentos en la gravillalización de la sufrida Explosif. 
Esta bici, montada alrededor de un cuadro Kona de acero de más de treina años, ha pasado por diferentes montajes muy distintos, y al final ha quedado como base para mis más estrambóticos deseos y ocurrencias.
Tras un par de años en formato 69er, como un paso previo al actual, y quizá como queriendo no llegar a acabarla, al fin decidí dar el salto a ambas ruedas grandes, por probar si mejoraría en el desempeño de su función de mi última ocurrencia filosófica ciclista: lo que he dado en llamar "ciclismo contemplativo". 
De modo que cogí una rueda vieja de bici de carreras que tenía en la buhardilla cogiendo polvo, le monté el neumático del Decartón, y tuve que calzar el buje con un par de arandelas para que ajustara perfectamente a la medida de las punteras de bici de montaña (que es de 135 mm, antiguo estándard hoy denostado por culpa de la obsolescencia programada, contra el de 130 mm de las bicis de ruta). El resultado me gustó a simple vista, y di un par de vueltas a la manzana para probar que todo funcionaba correctamente en cuanto a freno y cambio.
Después, desde el día 31 de diciembre, sufrí un fuerte dolor de garganta que me tuvo afectado tres semanas. Luego vinieron lluvias pertinaces, frío, y la falta de horas de luz solar típicas de la estación, que me tenían totalmente desmotivado.
Pero por fin, no hay mal que cien años dure, decían los antiguos: 



Para ello, salí tranquilamente, sin prisas, disfrutando del fluir que las ruedas grandes proporcionan, notando como la inercia mantiene la velocidad cuando dejo de pedalear. Trazo una ruta en mi cabeza que me tiene dos horas a bordo de la fantástica bici que es esta Kona, como todas las Kona. 
El entorno privilegiado que tengo cerca de casa, me permite elegir rutas de todo tipo, y no es difícil acertar con los deseos. Tocaba pisteo, grava, pocas complicaciones. Hay que volver a acostumbrar el culo, y eso me llevará unas pocas salidas.

disculpen la falta de enfoque, me temblaba el pulso de la emoción

Efectos de las últimas lluvias: 



 Una tarde divertida: se me escaparon algunas risas, lo que siempre es buena señal. La bici va fenomenal, mejor que en la configuración 69er, la rueda trasera grande aporta flow, tracción y velocidad mantenida más fácilmente. En contra, creo que el pedalier ha quedado un poco alto, pero tampoco es que me importe mucho eso. Tengo en mente posibles mejoras, pero no hay que correr para aplicarlas, mejor que el tiempo y la práctica me vayan dictando el calendario de modificaciones. 

miércoles, 25 de febrero de 2026

La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades


 Después de saberse que @sanchezcastejon trucó las primarias, NADIE en el PSOE
pide su cabeza, ni montan en cólera. ¿Por qué?

Se explica con una escena del Lazarillo de Tormes:
"En una ocasión Lázaro y el ciego deciden comerse un montón de trozos de pan, estableciendo que cada uno cogerá un trozo, alternativamente, para comer la misma cantidad. Todo va bien hasta que Lázaro ve que el ciego comienza a tomar los trozos de 2 en 2.
El chaval, viendo la trampa, comienza a comer los trozos de 3 en 3.
En un momento dado el ciego le pega un bofetón al niño y le tira al suelo, y éste, sollozando, le pregunta al ciego:
- maestro ¿por qué me pega?
- te pego porque estás comiendo los trozos de 3 en 3
- ¿por qué dice eso maestro?
- Lo sé porque yo los estoy comiendo de 2 en 2 y tu te has callado.

jueves, 12 de febrero de 2026

Ya era hora

Se tenía que decir, y se dijo:


miércoles, 4 de febrero de 2026

Fracaso profundo

En unas declaraciones que ya están dando la vuelta a Europa, el canciller alemán admitió que la Unión Europea atraviesa un fracaso profundo debido al exceso de regulación y burocracia. 

Afirmó que tanto Alemania como el resto de Europa tienen un enorme potencial económico y tecnológico, pero que este se ve ahogado por normas absurdas, lentitud administrativa y decisiones alejadas de la realidad productiva. Sus palabras suponen uno de los cuestionamientos más duros al proyecto europeo desde dentro y refuerzan el creciente malestar social y político contra Bruselas.


sábado, 24 de enero de 2026

Suma y sigue


 El planeta Tierra sigue su curso ajeno al devenir humano o animal. El CO2 es tan necesario como el respirar. Se sigue usando desodorante y la capa de ozono, cosa extraña según los políticos, se cerró; el mar está a la misma altura que hace 2000 años (salinas de Alicante) salvo cuando el ser humano construye donde no debe como en El Portil o Matalascañas; Al Gore se hizo millonario y los polos lucen atestados de hielo, y Sánchez decia en León este verano que los incendios eran por la "caló", la de toda la vida. Resumen: engañar a los ingenuos para...¡impuestazos! Y que no se olvide, meter miedo para someter a la población con un argumento pueril. 

viernes, 23 de enero de 2026

Harrison Ford, la bicicleta, la salud


 Harrison Ford mantiene una rutina sencilla, pero constante para seguir activo a sus 83 años. 

El actor tiene en el ciclismo a su mejor aliado: suele pedalear alrededor de 25 kilómetros diarios, recorriendo la costa del Pacífico desde Brentwood hasta Malibú.

Una práctica que combina disciplina, aire libre y movimiento, clave en su forma de verse y sentirse bien. 

-Leído en la Red-


P. D.: Acerca de si es una bici asistida, yo pienso que una bici asistida, definitivamente te ayuda a poder pedalear con menos esfuerzo, pero no lo hace todo por ti. Eres tú quien se obliga todos los días a subirse a un aparato a hacer ejercicio, y créanme amigos que si ustedes aún no lo han intentado (hacer ciclismo), el kilómetro más difícil es ese, el primero qué haces, porque para ello, tuviste que levantarte de la comodidad y salir dispuesto a hacer 10, 20, 30 o los kms que sean, para enfrentarte al principal rival, el que está en tu cabeza diciéndote que sería mejor parar y dejar de pedalear; y si a eso le sumas tener más de 80 años ... queda justificado o, al menos, comprendido.