lunes, 4 de mayo de 2026

Parque de juegos

No lo esperaba. Literalmente uno de esos días que hacen afición, con cielo absolutamente despejado, viento casi perfecto, buenísima compañía, y un escenario difícil de superar:


Mi Pepe me acompañó en esta tarde de primavera, una tarde extraña en la que no hizo su aparición el térmico de rigor, sino el principio o avance de una borrasca que nos regaló un poniente de 17/18 nudos con rachas de 23, que nos permitió dar algunos saltos y surcar el tranquilo mar a buena velocidad. 
Acabamos rendidos, pero es que estas ocasiones hay que aprovecharlas.


Despedida y cierre: 


 

domingo, 3 de mayo de 2026

sábado, 2 de mayo de 2026

La Hei Hei me gusta

Se dieron las circunstancias para que este dos de mayo pudiera dar un paseo en la bici que tengo en la casa familiar de Dos Hermanas. Una vueltecilla sin mayores pretensiones, sólo para estirar las piernas y disfrutar de las sensaciones con esta fantástica máquina que cumple ahora 32 (sí, treinta y dos) años, pero cuyo rodar sensacional la hace plenamente vigente para mí y los requerimientos a la que la someto en mis rutas nazarenas.
En esta ocasión, me acerqué tranquilamente a la barriada de Bellavista, donde mi madre ejerció de maestra en este colegio:


La vuelta hasta casa fue más peliaguda, pues la existencia de una vía ferroviaria en uso y la proliferación de nuevas construcciones hizo que me perdiera un poco buscando un camino seguro y agradable. Finalmente tuve que hacer unos kilómetros por la llamada "carretera antigua", carente de arcén y en la que la mayoría de los coches exceden claramente la velocidad permitida.
Apenas 22 km paseando a Miss Daisy me vinieron muy bien para despejarme y explorar.

miércoles, 29 de abril de 2026

Oda a una máquina

Cuando hace dos años y poco me subí a la villa de Madrid a comprar mi Tiger 955, nunca iba a imaginar el rendimiento y provecho que iba a sacar a esta moto, tan desconocida como vilipendiada por su "transgresora" estética. 
Me gustan las motos así, diferentes, que a distancia se identifique qué modelo es. 
Todo un descubrimiento porque, cuando hace unos veinticinco años pude probar bien una Speed Triple que montaba este mismo motor (aunque con unos pocos cv más), me dejó frío comparada con la Ducati S4 que yo tenía entonces: la Triumph era más pesada y alta, no corría más, y se movía peligrosamente cuando pasabas de 140 km/h en circuito cerrado. Decepcionante.
Pero está claro que el tiempo nos cambia, y nuestras percepciones también, igual que las querencias y necesidades.
Yo compré esta moto para viajar y hacer alguna incursión trail-light, y ya había hecho algunas cositas con ella en 2024 y 2025: un buen trayecto trail por la Costa Vicentina, y un fantástico viaje hasta Tabernas con visita al puerto de Velefique, y el desierto de Gorafe. Con eso ya pude constatar que era una moto cómoda, fiable, y con un consumo razonable si uno se mantiene dentro de las velocidades legales, pudiendo hacer tranquilamente más de 300 km antes de encender la luz de la reserva, y aún así todavía quedan más de 5 litros de gasolina. 
También aprendí sus limitaciones, básicamente mucho peso y muy arriba, sobre todo con el depósito lleno, lo que limita mucho, al menos para mis habilidades, su capacidad off road. 
Pero sus cualidades se ajustan cada vez más a lo que quiero en una moto, tanto que cada vez la uso más y más para los paseos por la sierra los fines de semana, dejando a la 749 triste y sola en el garaje con mayor frecuencia: comodidad, facilidad de conducción, par motor, parte ciclo aceptable. 

Una vez explicado todo ello, paso a comentar muy brevemente lo que llevo hecho este año 2026: Un viaje a Picos de Europa de 2.400 km, con viento, frío, lluvia y nieve, miles de curvas, alguna pista, todo sin mayor problema; una semana de Feria de Sevilla, aguantando atascos y calor; y de postre, se la presté a un amigo para que fuera con ella a las carreras de Jerez, con lo que eso supone de polvo, caravanas, calor, arranques y paradas. Todo ello superado con nota. 

Puerto de Ventana, de León a Asturias

Pista de Espinama a Sotres

Preparados para asistir al Real

En el parking de la acampada en Jerez

Hace un tiempo la puse en venta en Wallapop, pero medio me arrepiento. Sé que si la largo me arrepentiré, porque me ha dado muchas satisfacciones y pocos problemas (casi ninguno, la verdad). Pero veo venir que no me queda mucho para seguir disfrutando de las motos en carretera, y quisiera probar más cosas. ¿Quién sabe lo que pasará? Ojalá la pudiera mantener en la cuadra, junto a la Ducati y la TTR, motos de las que no quisiera deshacerme, bien por motivos económicos o sentimentales, pero añadir otra máquina más sería inviable en nuestro estado actual familiar y pecuniario...
 

En forma


 

lunes, 13 de abril de 2026

Merecido


 

Se confirmó

El electrodoméstico que tengo cedido a mi cuervo mayor para su uso, sufrió una avería el Miércoles Santo, en su ruta habitual al bufete. El motor funcionaba, y respondía a las solicitaciones del acelerador, pero no producía movimiento en la rueda trasera. El problema se hallaba, lógicamente, en la transmisión. Con estos datos, indujimos que se habría producido la rotura de la correa, avería común en este tipo de medio de transporte. Nada grave ni caro, sobre todo si lo soluciona un servidor.

Aspecto general una vez desmontada la tapa protectora: 


Se pueden ver los restos de la correa antigua. La operación, tras estudiar un par de videotutoriales, no es complicada, y tardé una hora y media, incluida la limpieza del "taller improvisado" y una somera prueba en la calle para comprobar que funcionaba todo, lo que para ser la primera vez, y teniendo en cuenta las molestias causadas por el limitador y su madre (mi suegra), considero un buen tiempo. 
Una maravilla la Piaggio Liberty, moto sencilla, económica, fiable y fácil de mantener. 
 

jueves, 2 de abril de 2026

Contrastes

¿No es curioso que hace tres días estuviera rodeado de nieve, y hoy aquí?


Cosas de esta España nuestra, tan rica, tan variada. Hoy salí a relajar cuerpo y mente, un paseo por la carretera de la costa para ver el ambiente festivo, y la desaparición de algún emblemático chiringuito (Er Matías), y la reducción en tamaño de otros (Enebrales, Camarón). 
Felicísimo con la Kona gravillalizada, de la que cada día estoy más y más satisfecho. 
 

Breves pinceladas de un viaje muy esperado

Pues sí, mis estimados y a la par escasos lectores: conseguí realizar el deseado periplo de ida y vuelta, en moto, a Picos de Europa. Tras más de seis años de intentos fallidos, generalmente por causas meteorológicas, económicas, o ambas, los astros se alinearon, y además me acompañó P.H., con quien ya he acometido otras aventuras motociclistas, y la sintonía y camaradería estaría más que contrastada. 
Aquí ambos, felices, paseando por el centro histórico de Benavente, a medio camino entre las ciudades de Zamora y León:


Tomaríamos camino el sábado 28 de marzo, y el trayecto de ida fue íntegramente por carretera, atravesando las fantásticas dehesas extremeñas y salmantina, cuidadas, bellas, que conforman un paisaje típico, que no por estar acostumbrados a él, deja de asombrarnos. 
En nuestro camino hacia el Norte, pasaríamos por la Sierra de Francia y sus retorcidas y entretenidas carreteras, que también nos regalaron estupendos paisajes, culminando en La Alberca, proclamado "el pueblo más bonito de España". Bueno, el más bonito no sé, pero peculiar sí es, y no pude entretenerme en saber a qué se debe la estructura de sus casas. 
El frío y el viento serían, a partir de aquí, la tónica dominante del viaje, hasta que pasáramos la barrera montañosa y nos internáramos en Asturias, más adelante. 
Llegamos a Zamora, donde tocaría repostar, y decidimos hacer los últimos 60 km por autovía hasta Benavente, donde nos alojaríamos la primera noche. Allí arribamos sobre las 7 de la tarde, con 6º C, más frío que robando pingüinos, oigan, temperatura impropia de las fechas, pero parece que normales en aquellas latitudes, y es que esa ciudad se encuentra a unos 700 metros de altitud. 
Agradecidos por encontrar algún bar calentito, donde tomamos un par de birras con sus correspondientes tapas asociadas, y terminamos la jornada tomando media pizza cada uno en la única pizzería del centro. Dejamos el resto para almorzar al día siguiente, tónica que vendríamos repitiendo durante el resto del viaje: almorzar ligero con los restos de la cena. 
Partimos de la localidad zamorana a las 10:30 de la mañana, atravesando el itinerario de una procesión de Domingo de Ramos, ante la atónita mirada de dos policías locales, pero nos hicimos los suecos, a pesar de que lo único escandinavo que había por allí era la marca de la moto de P.H., y tomamos rumbo al Puerto de Ventana, uno de los pasos de montaña que conecta la provincia de León a la de Asturias, todo ello tras recorrer el puerto de Pajares por carretera, e intentar hacer la primera pista por tierras leonesas, pero tuvimos que recular porque la encontramos demasiado rota para nuestras máquinas cargadas de equipaje y neumáticos demasiado poco adecuados. 
El Puerto de Ventana, aunque en su inicio nos caía una aguanieve que no presagiaba nada bueno, nos enseñó lo que es la alta montaña. Aunque su altura máxima al coronarla no es excesiva, apenas 1600 metros, nos encontramos metido en medio de una fea ventisca con temperatura gélida, vientos serios, y nieve por doquier. Tuvimos que renunciar también a las dos pistas que partían de allí, por estar completamente cubiertas del frío elemento. Allí decidimos dirigirnos hacia Cangas de Onís bajando el puerto por la otra cara, la Norte, y fue toda una experiencia, pues la carretera se estrechaba mucho, la nieve lo cubría todo, y los árboles desnudos de hojas y cargadas sus ramas de nieve hacían un tenebroso túnel en el que la oscuridad, la humedad, el frío, el terror, dominaban la escena. A mitad del puerto, justo cuando la vegetación hacía su aparición y la nieve se iba disolviendo, nos cruzamos con un aguerrido ciclista que nos saludó sonriente ataviado con un culotte corto y arremangado. ¡Qué humillación! 




Pronto descubrimos que al otro lado, en la patria querida, el Sol brillaba como nunca y no teníamos viento, frío, ni elementos ajenos a la primavera a la que nosotros estamos acostumbrados. Paramos en una gasolinera para comer los restos de pizza del día anterior y entrar en calor. Seguimos la misma carretera que pronto se convertiría en un hermoso desfiladero y después recorrería la provincia de Sur a Norte acompañando al río Nalón. Bellísimo recorrido lleno de exuberante vegetación (el verde por castigo), altas paredes de roca, y enclaves singulares como una antigua fábrica de armamento. Pasaríamos por Proaza, donde el verano pasado tomé un magnífico pote asturiano con mis amigos Pedrín y Eugenía, a quienes visitamos en el pueblito cercano llamado Villamexín:  


Llegamos hasta casi el mismo Oviedo, donde tras quince o veinte km de autovía rodeando la capital, cogeríamos la concurrida carretera hasta Cangas, meta del día y donde estableceríamos el campamento base para el resto de la expedición. Llegamos con buena hora, tomamos posesión de nuestra habitación en el descuidado y viejo hotel "Águila Real", y dimos un buen paseo de casi 7 km por el pueblo, revisitando todo lo conocido. Mucho ambiente, cenaríamos, cómo no, un cachopo a medias, y guardaríamos la mitad para el día siguiente, tal era su tamaño. Un día de emociones que hizo que posar la cabeza en la almohada y caer en los brazos de Morfeo fuera todo uno. 
retrato típico en Cangas con el puente medieval de fondo

El segundo día en Asturias lo dedicaríamos a recorrer todas las carreteras que rodean el parque nacional de los Picos, con el fallido intento de recorrer dos pistas: una que partía de Bejes hacia Sotres, cuyo inicio fue tan vertical y delicado para mí que rogué a P.H. que desandáramos el camino por miedo a lo que vendría después. Quizá pequé de conservador, pero cuando vimos lo que vimos más tarde, nos alegramos. Y la otra, la famosa pista de Espinama a Sotres (o viceversa, porque se puede recorrer en ambos sentidos, cuando se puede), hicimos medio kilómetro solamente: nuevamente nos topamos con una terrible ventisca y el camino bloqueado por la nieve. Nos hicimos unas fotos para atestiguar estas aseveraciones, y huimos de allí rápidamente, so pena de morir por aislamiento, congelación, o comido por los lobos y osos...

parada técnica para echar una meada subiendo a Bejes

curiosidad que encontré en alguna subida en zig-zag

la verticalidad es la premisa de la montaña astur

la pista de Espinama a Sotres estaba impracticable

Para muestra de la imposibilidad de paso, un Subaru 4x4 que nos precedió, se dio la vuelta delante de nosotros...
Pero esta contrariedad propició que ejecutáramos, como alternativa, una buena ruta asfáltica: el Puerto de San Glorio, que sube hasta los 1.609 metros, con sus espectaculares miradores, carretera lisa y con buen agarre, y que nos llevó hasta Riaño, en León, sitio de interés no sólo por la historia oscura y lamentable que originó su presa, sino por su pintoresco paisaje, rodeado el gigantesco embalse por montañas que se elevan majestuosas. Aprovechamos para almorzar los restos del cachopo del día anterior, unas galletitas que siempre lleva P.H., y algo de agua para hidratarnos. 
El camino de vuelta a Asturias lo haríamos por otro puerto, el del Pontón, para el que nos tuvimos que poner nuestros respectivos impermeables por primera vez en todo el viaje, dado que la lluvia nos acompañó hasta bien entrados en el desfiladero de los Beyos, recorrido "coqueto", carretera estrecha, paredes que se elevaban hasta el cielo, y que acompaña y cruza el río Sella varias veces hasta la misma Cangas de Onís. Día de moto para el recuerdo, de verdad. 
Con casi toda la tarde por delante para descansar y estirar las piernas, nos embarcamos en la tarea, gratificante, de adquirir unos quesos típicos de la tierra, que con gusto acarrearíamos en nuestros macutos. Cenamos bien y fuerte unos papas con tres salsas, filetes empanados, y un arroz con leche (delicioso) de postre. Como es costumbre, la mitad de los filetes los guardamos para el almuerzo del Martes Santo. 
Aquí, la señora que me atendió en "casa Aquilino", donde adquirí Gamoneu, Cabrales, Afuegalpitu y Casín, explicándome el orden que debía comerlos de menor  a mayor pique en boca, cosa que yo no le pedí, la verdad, pero le dejé hacer porque vi que era feliz con ello:


También hubo parada en "La Barata", para comprar otra variedad, queso de hoja. 

Al día siguiente, con una fina lluvia por compañía, emprendimos el retorno, por autovía hasta la altura de Salamanca. Una vez superado el puerto de Pajares, y a la salida del último túnel, fue como si entráramos en otro país: cambio de clima radical, adiós a la lluvia, la nieve y el nublado. Hola al sol, frío y viento. 
Desde la frontera lusa, por carretera, llegaríamos a Seia, acogedora localidad portuguesa, puerta de la Sierra de la Estrella, que quisimos visitar. Nos alojamos en un moderno hotelito, y paseamos un poco por el pueblo viendo su particular arquitectura, comprando unos quesos (sí, más), y degustando un par de cervezas en un mirador con vistas que se extendían muchas decenas de kilómetros con perfecta visibilidad. La cena fue en una casona restaurada y reconvertida en fancy restaurant, con platos de calidad y abundantes. 
El último día, Miércoles Santo, atravesamos la Serra da Estrela, miles de curvas subiendo hasta los 2.000 metros. El espectáculo estaba servido, con una atmósfera clarísima que permitiría ver a  muchos kilómetros a la redonda, varios pequeños embalses, y hasta una estación de esquí. Algo de nieve en las cumbres, y poco acumulado en los márgenes de la sinuosa carretera, que a veces se tornaba en peligrosa por traicioneros golpes de viento. Pero llegamos felizmente a Covilha, y setenta kilómetros más tarde entraríamos a España a través de un bello puente romano a la altura de Segura, y de allí buscando la A-66 primero, y la N-630 después, hasta entrar en la provincia de Huelva y enfilar por Santa Olalla del Cala en dirección Valverde del Camino, donde nos separaríamos dándonos un fuerte abrazo y una enhorabuena por lo bien que había ido todo.

Un gran viaje que quedará en mi recuerdo, del que vuelvo con los ojos borrachos de imágenes y el cuerpo ahíto de sensaciones, en buenísima compañía, inmejorable diría. Y ya estoy pensando y dando vueltas al próximo.


domingo, 15 de marzo de 2026

Perderse está bien

Sigo un camino que cada vez se va estrechando más hasta terminar desapareciendo. ¿A dónde iría? ¿Por qué termina aquí? ¿Quién lo trazó y para qué?
Apago el motor y desmonto, decido dar un paseo por los alrededores buscando una continuación al bello sendero que traía, pero el esfuerzo es improductivo. 
Me veo en mitad de la nada, rodeado de pinos, jaras, y mucho verde. Época maravillosa para andar por el campo. Hay pájaros que cantan, algunas nubes pasan. Tiempo primaveral, sin duda, ya empiezo a pasar calor, me sobra impedimenta que al principio del viaje me venía bien.


La Yamaha se porta bien, cada vez nos conocemos mejor, y me gusta: es una máquina sencilla, capaz, económica, fiable.


Mientras la mayoría de mis compañeros de aventuras off-road se han pasado a motos gordas, yo intento aprovechar las ventajas de la ligereza de la TTR aprendiendo y memorizando un mapa mental de caminos por la zona de Niebla y Valverde. Lo paso bien, lo podría pasar mejor si fuera acompañado como antaño, pero el buey solo bien se lame. Es lo que hay.


 Teniendo en mente un largo viaje en Semana Santa, que quería hacer con la Tiger, me asaltan dudas para hacerlo con la Yamahita, ya veremos en qué quedamos al final.