Hubo un tiempo, ya casi mitológico, en que el sindicalismo vestía de mono azul, olía a asfalto, a fábrica y a rancia indignación. Eran los tiempos del megáfono y la pancarta gastada bajo la lluvia. Hoy, sin embargo, el sindicalismo patrio prefiere el tacto sedoso del dinero institucional, el aroma a despacho climatizado y el crujir de los billetes recién salidos del horno del Boletín Oficial del Estado.
Treinta y dos millones de euros. Esa es la cifra exacta del bálsamo con el que el Gobierno de izquierdas ha decidido anestesiar las gargantas de los autoproclamados "defensores de la clase obrera". Treinta y dos millones de razones públicas para que el estómago agradecido eclipse a la conciencia.
Es una inversión brillante en paz social. Con el precio de la cesta de la compra por las nubes, la vivienda convertida en un artículo de lujo inalcanzable y los contratos fijos-discontinuos maquillando el desempleo como un truco de magia barato, lo lógico sería ver las calles arder. Pero no. En el reino del servilismo subvencionado, ahora "no toca hacer ruido".
El mordisco se vuelve caricia: Los cachorros que antes devoraban gobiernos de signo contrario ante la más mínima reforma, hoy son dóciles caniches que mueven la cola al son que les marque la Moncloa.
La sordera selectiva: Si la crisis la gestiona la izquierda, los sindicatos mutan en una suerte de ONG mística que predica la resiliencia y la paciencia infinita al trabajador asfixiado.
El dinero público tiene una propiedad física asombrosa: es el mejor aislante acústico del mundo. Introduce 32 millones de euros en las arcas sindicales y obtendrás el silencio más sepulcral y absoluto que la democracia recuerde.
La ausencia de las siglas mayoritarias en según qué protestas ya no es una anomalía, es un patrón de conducta. Hay manifestaciones a las que "no se les ve" ni se les espera. Si el descontento social no lleva el sello de aprobación del ministerio de turno, el sindicato no acude. No vaya a ser que muerdan la mano que les llena el cuenco.
Es el arte de mirar hacia otro lado mientras se cobra el cheque. Un ejercicio de contorsionismo político donde los líderes sindicales logran mantener la cabeza agachada, la mano extendida para recibir la subvención y la boca perfectamente cerrada, todo al mismo tiempo.
Al final, queda un panorama desolador pero cómicamente predecible. El sindicalismo de clase ha muerto, fagocitado por el sindicalismo de estado. Ya no representan al obrero que madruga, sino al gobierno que los financia.
Mientras el ciudadano de a pie hace malabares para llegar a fin de mes, los guardianes del proletariado brindan con el dinero de todos por su propia supervivencia. Han descubierto que es mucho más cómodo y lucrativo ser el brazo armado —o más bien, el brazo sedado— del poder. Después de todo, con 32 millones de euros en el bolsillo, el ruido molesta. Es mejor dormir la siesta al calor del presupuesto.
Original de Manuel Rois Méndez
No soy dado a comentar en este blog ningún tema político, pero aunque el sindicalismo debería escapar de ese concepto, lamentablemente los sindicatos mayoritarios se identifican positiva e históricamente con el PSOE (UGT) y la izquierda más radical y ultra (CCOO). Al final, hemos acabado con unos sindicatos de Estado, de tipo vertical, prácticamente como lo que había en la época de la dictadura de Franco... curioso y llamativo. Parece que la lucha de clases, ese engaño tramado por quienes nunca llegaron a trabajar, esos ideólogos del socialismo y comunismo teóricos como Marx y Engels, por fin se ha ido dejando de lado, inventando nuevos campos de batalla para la izquierda (el neofeminismo radical, lo woke, la lucha intergeneracional) que también van cayendo por su propio peso.
Esto de los sindicatos en España es como la Monarquía, terminarán por desaparecer, no tienen sentido en un Estado moderno del siglo XXI, en el que los derechos de los trabajadores están garantizados por leyes nacionales y supranacionales: quien necesite defensa de sus derechos laborales debe acudir al Juzgado, que para eso está.































