No lo esperaba. Literalmente uno de esos días que hacen afición, con cielo absolutamente despejado, viento casi perfecto, buenísima compañía, y un escenario difícil de superar:
Mi Pepe me acompañó en esta tarde de primavera, una tarde extraña en la que no hizo su aparición el térmico de rigor, sino el principio o avance de una borrasca que nos regaló un poniente de 17/18 nudos con rachas de 23, que nos permitió dar algunos saltos y surcar el tranquilo mar a buena velocidad.
Acabamos rendidos, pero es que estas ocasiones hay que aprovecharlas.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comente, quédese a gusto, pero si firma como anónimo nadie lo verá.