lunes, 31 de diciembre de 2018

47

Sí, parece que fue ayer cuando atravesé el canal uterino para salir al exterior, donde nada más llegar sentí frío y unos azotes. Eso fue el principio de mi transcurrir por un camino lleno de dolor. Pero también de placeres. 


Semanas de sequía de aire en movimiento, algo inusitado. No hay borrascas, ergo no hay ventoleras. Siempre nos quedará el Estrecho, o eso decían, pero a veces ni eso sirve. El invierno es lo que tiene, y estamos preparados mentalmente, y aún así hay sufrimiento en nuestras perspectivas, nace la ansiedad, crece la agonía. 
Ay, ojalá todos los problemas fueran como éste, si es que ello es un problema, claro está.


El Cabo de Trafalgar nos acoge una vez más, con un Levante desaforado. Nuestras cometas de sólo 5'5 metros cuadrados nos llevan entre los 35-40 nudos, a menudo apretando el culo. La orilla está más o menos tranquila, pero dentro hay verdaderas moles de tres metros que proporcionan toboganes maravillosos sobre los que nos deslizamos con una mezcla de sonrisa y asombro en nuestra expresión. ¡Ou yeah!

No ha estado mal como regalo de cumpleaños por parte de los elementos. No me puedo quejar, y mi cara de felicidad lo refleja en el siguiente retrato tomado por Manu, que nos acompañó con su brazo roto para tirar algunas instantáneas a pie de arena:


Experiencia compartida, además, con Julitu, mi brother in arms a estos efectos y otros muchos. 


Volveremos. Muchas veces. Seguro.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Singletrack fury

Hoy sí. En mi soledad, con la única preocupación de escuchar a mi cuerpo, a mi corazón, mis piernas, me adapto a un ritmo natural, lo que me pidan las circunstancias. 
Como todos los años, llegada la fecha del aniversario de mi nacimiento, día superfluo por lo demás, tengo por costumbre internarme en algún paraje con alguno de mis velocípedos. Esta vez le tocó al Bisturí.


En esta nueva temporada de bicicampismo encuentro más y más senderos, el goce desmesurado, pues es lo más bello para disfutar. Hay que ser agradecido y reconocer la labor de aquél o aquellos que se toman su tiempo para abrir entre la maleza estas vías, algunas ocultas y casi secretas, otras más obvias y conocidas, que hacen de esta actividad una experiencia no sólo agradable, sino directamente maravillosa.


Una bici sin suspensión, incluso con algo de poco recorrido, puede convertirse en una máquina idónea para estas lides. La Cannondale Scalpel de 26 pulgadas se convierte así en un aparato muy cómodo, casi ideal. Pero mis Konas rígidas de acero o titanio se revelan igualmente interesantes en este ambiente, dada la suavidad del terreno y sus características técnicas.


Mucho verde, algunas setas, un par de grupetas que me crucé, un tiro de un cazador en la lejanía. Paz, silencio, pájaros, luz, sol.
Vida.
Libertad.
Placer.

sábado, 29 de diciembre de 2018

No tengo boca y debo gritar

Harlan Ellison nos regala este cuento publicado en 1967 (ojo a la fecha), que ganó el premio Hugo el año siguiente.

Resultado de imagen de no tengo boca y debo gritar

Y digo que es importante tener en cuenta la fecha en que se escribió y publicó, los años sesenta, dado su argumento: En el relato se cuenta cómo una computadora militar (AM, tomado de I think, therefore I am, inglés para pienso, luego existo) toma consciencia de sí misma y decide acabar con la especie humana mediante un holocausto nuclear, rescatando únicamente a cinco personas, cuatro hombres y una mujer a los que mantendrá con vida y presos en un laberinto solo para torturarlos como venganza contra la humanidad por haberla creado. Los cinco humanos se ven condenados a una existencia horrible. AM los dota de vida inmortal, los alimenta con los imprescindible para sobrevivir, envía criaturas de pesadilla para que los atormenten, y evita con su poder que puedan suicidarse para dar fin al sufrimiento al que son sometidos.
Pensar en aquel momento histórico en una trama tal, tan sencilla como novedosa, aunque hoy nos parezca algo obvio, es de tener una gran lucidez y visión, porque ¿quién tenía entonces una computadora? ¿Cómo se podía pensar en una red?

Como dato curioso, Ellison afirmó que Skynet, la máquina que toma conciencia de sí misma y lidera la guerra contra los humanos en la saga cinematográfica de The Terminator, está basada en su visión del ordenador AM de este relato, y tras demandar al estudio productor de la película, en todas las versiones posteriores de la misma aparece su nombre en los créditos, ya que el argumento se «inspira» no solo en este relato, sino en otros dos más escritos por él.

Ahí queda el dato. El trabajo escrito se lee rápido dada su intensidad, su violencia, y nos deja un final un poco feo para nosotros, los seres humanos... Tómense un rato para hacerlo.

Pierer (KTM): “Tener una marca como Ducati..."

A raíz de esta entrevista publicada en Solomoto, les animo a que le echen un vistazo, vienen al caso ciertas elucubraciones.

Tener una marca como Ducati sería interesante
Stefan en primer plano, no parece ni austriaco. Detrás de él, una magnífica Superduke 1290R.
En mi opinión, KTM sólo querría a Ducati por la V4... y ni así, pues lleva ya un par de años desarrollando su propio V4, ¿o no?

Curioso cuando menos, lo que están haciendo los fabricantes del tercer mundo. Piénsenlo detenidamente: el trabajo de las fabricas del primer mundo lo mandan a realizar al llamado tercer mundo (deslocalización). Y ello porque, unas zapatillas deportivas que aquí cuesta fabricar 50 dolares/euros y que venden en 100, se las han llevado a fabricar allí, por que les cuesta 1 dolar/euro y piensan "que listo soy, allí fabrico 50 pares con el mismo costo y multiplico por 50 mis beneficios."

Pero llegamos a 2009, las fabricas en el llamado primer mundo, han dejado de producir, porque sus costes son "elevados", esto hace que cierren sus puertas, y (junto con otras causas coincidentes en tiempo y espacio) provoca una de las mayores crisis que se recuerda, si no la mayor. Muchos de los trabajadores que se ven afectados por los cierres eran los que pagaban los 100 dolares/euros por las zapatillas y ya no las pueden comprar, con lo cual los fabricantes pierden su mercado natural, y se ven obligados a buscar nuevos mercados. Estos mercados son los llamados emergentes (curiosamente los mismos que hemos denominados tercer mundo), y claro, allí esas zapatillas no se pueden vender por 100 dolares dado su poder adquisitivo realmente precario con respecto a sus sueldos, por lo que la zapatilla de 1 dolar, la tienen que vender finalmente en 5 dolares. Como consecuencia, para ganar 50 dolares, el fabricante tiene que multiplicar por 50 su producción. EL RESULTADO MAS PROXIMO, es que para ganar lo mismo, tiene que invertir 50 veces el dinero que invertía antes para ganar lo mismo: OJO, eso hay fabricantes que lo aguantan, y otros que se ven abocados a cerrar o vender, y viene el señor de tercer mundo, y se queda con la marca por el valor de sus perdidas, y nos venden el mismo producto pero con los dueños nuevos por detrás. 

Pero pensando en un futuro que yo seguramente no veré, ¿EL RESULTADO A LARGO PLAZO, CUAL SERA? En esos países (mal llamados del tercer mundo), recorrerán el camino que recorrimos el primer mundo, y reivindicarán sus derechos, ganaran sueldos dignos, les subirá el indice de precio al consumo, y seguirán pidiendo más aumentos (pues a todos nos gusta vivir bien), lo que llevará al aumento de costes de producción, y se convertirán en el primer mundo. Cuando estos costes sean elevados, a algún industrial se le ocurrirá la feliz idea de porqué no llevar la fabricación, a algún país económicamente deprimido, y volveremos a empezar el ciclo. 
Lo realmente curioso es... ¿dónde creen ustedes que encontrarán eso de un país económicamente deprimido? ¿ein? Quizá el que algún día, hace tiempo, fue llamado primer mundo y que entonces habrá pasado a ser tercer mundo...

Lo que parece indicar esta reflexión, y puedo acertar o no, es que estamos metidos en un circulo vicioso, y al igual que las estaciones del año, se ha convertido en cíclico, aunque dicho ciclo sea tan largo para que de la generación rica a la económicamente deprimida que venga después, no se acuerde la una de lo que paso con la otra, y si no, sólo hay que revisar la historia de lo grande que fue el impero chino, o el hindú, para darnos cuenta de que ellos alguna vez fueron el primer mundo...

domingo, 23 de diciembre de 2018

Singletrack fury: enseñando al pupilo

Un día soleados de invierno, de esos que invitan a hacer cualquier cosa excepto quedarse en casa!
Gran oportunidad para adentrarme un poco más con mi hijo menor en el noble arte/afición del bicimontañismo. Antes de acometer rutas más enrevesadas o técnicamente inaccesibles para su nivel, los pinares de Aljaraque nos ofrecen un entramado de senderos que llevo veinte años recorriendo. 
Aunque su estado de forma no es el óptimo, disfruta mucho y se adapta rápido. Hoy, por ejemplo, ha usado por primera vez pedales automáticos: con un par de someras instrucciones y consejos ha sabido aprovechar sus ventajas sin tener la típica caída en parado propia de estas primera pedaladas enganchado.
Sí, los niños aprenden rápido. Demasiado. 


El ritmo ha sido tranquilo, apenas una media de 15 km/h, pero eso no impide disfrutar del entorno. Sólo pasear a Miss Daisy sería un privilegio en este bosque típico de la zona, lleno de olores y sensaciones. Me transporto a otro universo, lejano en el concepto aunque cercano en el espacio, y mientras orbito el pedalier a ritmo pausado para que Pepe me alcance, entro en alguna especie de estado semimeditativo. El cerebro necesita esos paréntesis para descansar del ajetreo diario, evadirse, recapitular. La abstracción, el simple hecho de quedarse en blanco, es casi un lujo que aparece cuando uno menos lo espera.
Busquemos ese momento, esa ocasión. Aprendamos a tenerlo, a propiciar las condiciones.


Un par de semanas sin llover y ya no queda atisbo de charcos y casi ni barro. Algún pequeño banco de arena quiere aflorar aquí y allá, pero el verde es la tónica general. Setas aparecen entre las hierbas. Otros muchos ciclistas comparten nuestra afición con algarabía y expresiones de júbilo, nos cruzamos y nos saludamos. 
Entre dos tramos de curvas, dos singletrack bonitos y movidos, con subibajas y derrapes, y algún peralte, nos encontramos con un pequeño grupo de ciclistas con bicis de enduro y pantalones baggys: me da gran alegría reconocer a Dani, Martín y César, hacía mucho que no los veía. Comentamos ligeramente los últimos devenires de las modas en tamaños de ruedas, y poco más. Nos deseamos lo mejor y seguimos cada uno hacia donde iba.


Una mañana bonita para disfrutarla en compañía sin duda. Lo he pasado bien y espero repetir con Pepe pronto. Pero primero tiene que recuperarse de la palizilla, jijijiji

sábado, 22 de diciembre de 2018

El rebaño ciego

Formando parte de la "trilogía del desastre", junto con "Todos sobre Zanzíbar ", que ya leí hace unos años y me gustó, y otra novela que pronto, sin duda, caerá entre mis manos, ahora acabo de terminar "El rebaño ciego". 


Publicada originalmente en 1972, y nominada a los premios Nebula y Locus, esta premonitoria obra presenta en los tiempos que corren una actualidad total...

Sinopsis sacada de cualquier parte: 

He aquí una visión casi profética de nuestra entrada en el próximo siglo. El Mediterráneo es un mar muerto, está prohibido bañarse en todas las playas, en las grandes ciudades no se puede salir a la calle sin llevar una mascarilla filtro. En este terrible ambiente, donde en ocasiones llueve ácido y en otras se reciben avisos de no beber agua del grifo bajo peligro de muerte o de locura, los Estados Unidos siguen viviendo su gran sueño americano. El presidente mantiene una ilusión que ya no cree nadie, mientras un nuevo movimiento, los trainitas, intenta detener la locura colectiva al grito de “¡Deteneos, me estáis matando!”. Y un grupo de personas normales, de la calle, viven, sobreviven, a través de todo un año angustioso, el desmoronamiento de un mundo cuyo final es inevitable, a menos que pongamos algo de nuestra parte para detenerlo. Pero, ¿es posible todavía dar marcha atrás?
Con un hilo argumental en el que el verdadero protagonista es el medio ambiente, entendido globalmente, la Pachamama, Gea, el planeta Tierra, cuyos estertores estamos viviendo como testigos y a la vez verdugos, echándonos las culpas los unos a los otros, pero sin resolver nunca nada, cada uno a lo suyo... Ya vendrá alguien y lo arreglará. O no. 
Como borregos, ciegos.

Pues eso.

Obra fantástica del género, imperdible, un must en toda regla.

Cruisin’

Un paseo, dije. Una vueltecita tranquila, pensé. 
Uf, hace fresco: paso del mono de cuero de una pieza. Total, iré con la M900 y en plan tranqui. Un par de camisetas, el cortavientos, la chaqueta con forro térmico y protecciones integradas, los guantes enguatados. Eso sí, los pantalones de cuero con deslizaderas, por si acaso, nunca se sabe...


Sobre las 10:30 ó las 11, la temperatura subió, como es costumbre en el lugar, y dejé de sentir frío en las piernas. 
Un café cortado en la Venta del Cruce, pocas motos aún, pues es temprano. Una R1M en el parking, la creme de la creme, preciosa. No es una Panigale, pero me valdría, estoy seguro.
Sigo ruta hacia el Norte. Galaroza, Fuenteheridos, Aracena, y ahí comienzo a bajar en dirección Campofrío y Riotinto. 
Antes de alcanzar Campofrío soy adelantado por un grupo de motoristas que van muy rápido. Los veo venir de lejos y me aparto para dejarles pasar cómodamente. No me saluda ni uno. 
¿Voy tan lento? Simplemente tiro a lo que el cuerpo me pide. Mi felicidad no se rige por la de los demás, quiero creer, quiero pensar. Sigo hasta Valverde sin mayores incidencias, el Sol luce esplendoroso, hay cierto tráfico, no me preocupo más que por disfrutar del paseo.
Alargo la vuelta desviándome hacia Sotiel Coronada para coger el tramo de curvas que da a los Pinos, dejándome llevar por el pompone, el motor ronronea, yo sonrío, y una Yamaha de 1000cc me adelante a, calculo, medio metro. Ummmm, ¿por qué? Buffff, a saber... cada cual tiene sus fobias, sus manías y sus procederes, pero está claro que hay cosas que no son correctas. Detrás viene una R6 con él, pero como aprieto un poco, sólo un poco, se ve incapaz de superar a una moto con 40 cv menos. Y aunque no se trata de eso en la vida y en esta carretera precisamente, lo hago. ¿Por qué? Porque sí, es suficiente razón para mí.

Desde el cruce con la carretera nacional hasta casa no hay nada que resaltar, salvo señalar que las obras que van para dos años siguen igual a ojos del que pasa por los desvíos provisionales. 

Un paseo, simplemente eso. Una agradable vuelta a lomos de una magnífica moto, que no es perfecta, pero me vale. Por supuesto. Claro. Sí. 

jueves, 20 de diciembre de 2018

Machos y taladros

Ya conté someramente las cositas que ocurren con la mecánica cuando las máquinas tienen cierta edad. Resumen/sinopsis: intentando extraer un tornillo que sujeta el radiador de aceite de la M900, no solo se rompió una cogida de éste, sino que dicho tornillo, gripado en el interior de la tapa de balancines, se partió quedándose la mitad dentro...
Subsanado el tema de soldar el radiador, como ya expliqué en anterior entrada, pedí repuestos a Ducati y me dispuse a enderezar el desaguisado en la medida de lo posible. 
Hay varios métodos para sacar un tornillo roto, pero si además lleva años ahí dentro haciéndose uno con la pieza que lo aloja debido al óxido y las duras condiciones a que ha sido sometida su vida... las opciones se reducen.
Con el consejo y dirección de Vicente José, y la mirada y atención a ratos de Antonio Lozano, decidimos que la solución pasa por taladrar poco a poco el dichoso tornillo con la finalidad de hacerlo desaparecer en la medida de lo posible, para después rehacer la rosca del alojamiento con un macho.
Dicho y hecho, comenzamos con una broca de 2'5 mm, pasando después a 4, y luego a 5 mm. Tarea lenta, que hay que acometer con cuidado y ciertas dosis de WD40.


Hay que vigilar constantemente que el taladro no se tuerza, y ahí el buen ojo de Vicente José fue crucial.
La paciencia es clave en esta fase, no hay que tener prisa. El material va horadándose poco a poco.



Finalizado el agujero, lo que queda es un rastro de metal de acero, que son los restos del tornillo original, enroscado en lo que en su día fue la helicoide figura hembra en la tapa de balancines de aluminio del cilindro horizontal. El método para acabar la tarea es pasar un macho para rehacer la rosca al tiempo que se eliminan esos restos.
No fue difícil, en medio minuto quedó como nuevo.


Ya llegó el paquetito con las piezas de repuesto: un silentblock nuevo, tornillería y juntas metálicas para que los latiguillos del aceite sellen bien. De paso, para rentabilizar el envío, se añadieron filtros de aire y de aceite para una próxima revisión en profundidad que merece la Monster, ¡una fantástica máquina!

En fin, un escollo más que se ha salvado con éxito, merced a las instalaciones de Monkey Road. Sigo aprendiendo y disfrutando con ello. No todo es montar en moto: enredar en ellas es también satisfactorio y pleno.

Excentricidades

Me gusta ir a Monkey Road, no solo por su carácter social en cuanto a reunión de amigos que charlan de motos en un ambiente mecánico y sano, sino porque raro es el día que no aprendo algo. 
Esta es la culata de una Honda NSS250 de 2007, también conocida como Mojonda Forza: 


Cuando Antonio Lozano me dijo que había que hacer un reglaje de válvulas a este escutre, le dije que contara conmigo. Me gusta eso de poner las válvulas a punto, una tarea desconocida para la mayoría de los motoristas, que alguna vez han oído que es algo que hay que hacer, pero que pocos saben en qué consiste, cuáles son sus bases y su finalidad. El porqué, vaya.
De eso hay mucho escrito, y no me voy a extender aquí ahora.
Pero hablaré un poco de la NSS250 porque se trata de un caso peculiar. Sí. Ya de por sí, la mecánica de los escutres es peculiar, por decirlo amable y suavemente... cuando no se caga uno en las muelas de los diseñadores/ingenieros que deciden poner cada cosa donde la han puesto. Cada ejemplar de esta casi deleznable especie de objeto con ruedas tiene sus hechos diferenciales. Ubicación de periféricos, sistemas de transmisión, cableado, accesibilidad... es una quimera en la que a menudo es difícil penetrar. Pero dejemos esto para otro día. Quiero hablarles del curioso sistema de reglaje y ajuste de la holgura de las válvulas.
Históricamente, este juego existente entre la válvula y la pieza que debe empujarla para abrirla, se delimitaba mediante un conjunto de tuerca y contratuerca: se afloja la contratuerca, y apretando o aflojando el tornillo (que aquélla sujetaba de manera fija) se acerca o se aleja el balancín de apertura de la válvula. Es un sistema fácil, pero tiene sus limitaciones cuando se trata de obtener el máximo rendimiento a base de rpm. 
Posteriormente vino el reglaje por pastillas calibradas, que es la norma hoy día en los motores modernos y con prestaciones dignas: la distancia que separa la válvula del balancín o de la leva directamente (según el caso), viene determinada por el espesor de una pastilla que se intercala entre ellos. Cuando hay un desgaste o la holgura no es correcta, hay que calcular el espesor que sobra o falta, y cambiar la pastilla por la que sea más adecuada. Este es un sistema más fiable y mantiene el ajuste por más tiempo.

Pero con la Forza nos hemos encontrado con algo que yo nunca había visto. Tiene la ventaja de que no hay que andar con galgas midiendo huecos, ni hay que desmontar culatines, árboles de levas, balancines ni nada: se trata de un sistema de excéntricas que se pueden manipular desde el exterior del cilindro. De modo que sólo hay que desmontar un par de tapas para acceder a la culata, destaponar los registros que nos permitirán saber cuándo se encuentra el pistón en PMS, y siguiendo el sencillísimo procedimiento que encontré en la red, en un manual de servicio del modelo del escutre en cuestión, se realiza el ajuste en un momento.



Como dato para que conste en el récord estadístico, decir que este vehículo contaba con 62.000 km y jamás se había hecho tal operación, y aún así apenas hubo que modificar el ajuste. Increíble. Sirve para hacerse una idea de la calidad de este producto japonés que, aunque exento de alma o belleza, incapaz de producir más sensaciones que una lavadora, un friegaplatos o un horno microondas, es decir, que nació con el objeto de servir como otro electrodoméstico más, tiene cierta calidad en su concepto, una idea ésta de los ejes excéntricos que sujetan a los balancines que no parecía ser muy fiable a priori sobre el papel, pero que para los fines del susodicho aparatejo va de lujo.

Al César lo que es del César, sí señor.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Cosas de la edad

Cuando una máquina tiene 18 años y hay tornillos que nunca se han tocado, expuestos a la suciedad y el agua, puede ocurrir que estén griposos y al intentar sacarlos se rompan. O algo peor, como que en el proceso de extracción se rompa aquello a lo que está atornillado o la pieza que éste sujeta. 

Fue el caso del radiador de aceite de la Monster 900:




La opciones son comprar un radiador usado (nuevo puessss... baratos no son), o buscarse la vida y que alguien te lo suelde. El aluminio tiene su miga, como bien me ha explicado Juan Borrego, ingeniero, soldador y tornero, amén de mecánico, todo ello en sus ratos libres. Con un aparato de soldadura TIG se ofreció gentilmente a ello: 


Algunos problemas iniciales porque no cogía la soldadura, fueron solventados con cepillados enérgicos, un poco de piedra amoladora, y paciencia. Tras otros pocos intentos, por fin se pudo pegar el trozo fracturado. 
Vale, no es una obra de arte, pero tampoco era necesario mayor esmero, pues e radiador va en un sitio poco accesible a la vista, y la soldadura quedará oculta tras los únicos silent-blocks que tiene esa moto. Un win-win total, sí señor. 



Agradecer desde aquí la pronta ayuda del ingeniero, persona ocupada con múltiples responsabilidades, que no ha dudado en perder un buen rato no solo haciendo el trabajito, sino dándome las explicaciones oportunas además. Bravo!!!!

lunes, 10 de diciembre de 2018

100 GPs

Este es un artículo escrito por Manuel Pecino, publicado en agosto de este año, justo antes del Gran Premio de Brno, en la web de noticias sobre el mundo de las motos deportivas Sportrider. Me permito traducirlo y colgarlo aquí, porque es curioso e interesante, y a ver si empezamos a bajar un poco de la nube en la que el periodismo español mayoritario ha elevado, ensalzando sus virtudes, e ignorando deliberadamente sus obvios defectos como piloto, a MM93:

"El domingo 5 de agosto, en el Automotodrom Brno, República Checa, Marc Márquez —25 years and 169 days old— correrá su 100º carrera de MotoGP. Sus 40 victorias y cuatro títulos mundiales en la categoría son impresionantes, pero ¿cómo se comparan con las 100 primeras carreras en la categoría máxima de sus colegas múltiples veces campeones Jorge Lorenzo, Casey Stoner, Valentino Rossi, Mick Doohan, Eddie Lawson, y Giacomo Agostini? ¿Son acaso los logros de Márquez realmente algo tan espectacular? 

Márquez ha estado rompiendo récords desde su llegada a MotoGP, y considerando su edad y habilidad, su futuro parece incluso más brillante. He escrutado su primeros 100 GPs y las he comparado con el mismo periodo de otros "top riders", pero sólo he incluido aquellos que han participado en al menos 100 carreras en las categorías de 500cc y/o MotoGP y que ganaran al menos un título mundial. 

Esos criterios excluyeron a campeones mundiales que nunca llegaron a completar ese número de carreras, como Kenny Roberts (58), Mike Hailwood (59), Wayne Rainey (83), and Barry Sheene (87). La razón por la que ninguno de estos pilotos alcanzó ese número de grandes premios es mayormente debido al hecho de que, durante sus respectivas carreras, cada temporada albergaba pocos GPs. Además, la longevidad de sus carreras como pilotos eran generalmente más cortas que ahora. 




Esta es la sexta temparada de Márquez en MotoGP -su undécima temporada si contamos su paso por las categorías inferiores de 125cc y Moto2-. En cambio, Roberts estuvo en el Campeonato del Mundo seis años; Rainey también corrió en 500cc durante seis años. Su colega americano Freddie Spencer, cuyas cifras de precocidad aguantaron hasta la llegada de Márquez, participó en 62 carreras de 500cc... Pero dejemos las excepciones aparte y movámonos a la comparación. 

Agostini está arriba del todo en mi lista de ganadores en los 100 primeros GPs. La tabla que se acompaña ayuda a explicar esa posición de privilegio: de 1968 a 1972, Ago ganó cada carrera de 500cc que terminó, lo que es una evidencia de que, en aquellos tiempos, el nivel general de competitividad mecánica era relativamente bajo. 

Cuando Rossi alcanzó 100 GPs, tenía un título más que su rival español y 14 victorias más. Ha pasado tanto desde entonces que incluso aquellos de nosotros que tuvimos la suerte de ver aquellas carreras en persona casi hemos olvidado cómo fueron las 100 primeras carreras en la categoría reina. Cuando Rossi alcanzo ese hito, había ganado un increíble 78'2% de los puntos del campeonato disponibles. 

Márquez, mientras tanto, nunca ha ganado más de seis carreras por temporada, excepto en 2014, su segundo año en MotoGP, en el que obtuvo el récord de mayor número de victorias en una sóla temporada: 13. 

Doohan es otro piloto que cuenta de manera importante en esta comparación. El cinco veces Campeón del Mundo de 500cc alcanzó los 100 GPs antes de 1997, una temporada en la que tuvo 12 victorias (otro récord roto por Márquez). 

Márquez es también el piloto más joven del cuadro, un factor indicativo de lo mucho que ha influido el número de carreras por temporada en el tiempo que le ha llevado a lograr este objetivo. Agostini lo alcanzó a los 33 años de edad. Lorenzo y Stoner lo hicieron a los 26. Márque, no obstante, sólo tiene 25 años. 

Su próximo objetivo, el GP 150º, puede llegar en tan sólo tres temporadas más. ¿A quién habrá superado por entonces?

viernes, 7 de diciembre de 2018

singletrack fury: Dulce otoño 

Todo empezó con un día de vacaciones en medio de una semana, que me sirve para ampliar el puente de la Constitución. Cojonudo. 
Me gusta ir en coche hasta Aljaraque, donde ya entro directamente en faena sin tener que hacer el odioso carril bici... pero no pudo ser. 
En fin, salir desde casa ya pedaleando es algo que no hacía desde... ya ni me acuerdo. Sea como fuere, la ida siempre se hace más corta, y vuelven a mi cabeza esos recurrentes pensamientos de que es un lujo tener el campo tan cerca. Vivir en una ciudad pequeña tiene sus indudables ventajas.
Enseguida me di cuenta de que iba a hacer un día magnífico de preinvierno. Pareciera que estamos en septiembre, en vez de diciembre, pero el color y la humedad que el campo ofrece nos hace salir de dudas rápidamente.


Armado con mi Santa Cruz vuelvo a pasear tranquilamente por algunas zonas que hace muchos meses que no rodaba. Encuentro senderos nuevos, y otros que unos recientes trabajos de desbroce han dejado casi impracticables.

El Sol me acompaña en todo momento. Un miércoles cualquiera es ideal, poca gente en los caminos, y me encuentro con el curioso fenómeno de unas telas de araña impregnadas con el rocío:




Los mejores singletrack se convierten en una fiesta de luces y sombras en las que el suelo agarra espectacularmente y es una delicia acometer las curvas apoyando fuerte en el manillar.
De vez en cuando decido parar para echar una meada, tirar fotillos, o simplemente observar en silencio los sonidos de la naturaleza. Esto es un chute en toda regla, hay que saborearlo en toda su extensión, y creo que el ciclomontañismo (aún en su versión más light del mero cross country que estoy haciendo) es algo más que pedalear y pedalear.


Me pregunto si los leñadores hacen esto adrede:

Abruptos cortes de caminos...
Disfruto mucho con mi clorofílico velocípedo de aluminio y ruedas de 26", tan lejos del mainstream como yo mismo del ideario filosófico del ciclista común. Pero no es algo buscado, sino una llegada a esa meta por mera eliminación, simple cuestión de gustos y de evolución. Cuarenta años dando pedales te llevan a ciertas conclusiones, y uno está ya casi de vuelta de todo, me hago más exigentes con algunas cosas, menos puntilloso con otras, y directamente paso de las demás.


Ay, una pena que siga encontrando estos lamentables espectáculos en medio del bosque. Es el efecto de los "cristales rotos" llevado a otro escenario. Algo tan lamentable como fácil de remediar:


También uno halla asentamientos humanos en medio de ninguna parte, familias enteras de inmigrantes que se afincan en chabolas y viven rústicamente, o mejor dicho, medievalmente (sin luz, ni agua corriente.... y mejor no pregunto qué hacen con sus necesidades fisiológicas o con los desperdicios). ¿Acaso la autoridad no los detecta? ¿A qué se dedica el temido SEPRONA? ¿Sólo a perseguir motos de enduro? En fin...

En la vuelta a la ciudad me detengo un ratillo en las salinas. Hay muchas aves picoteando en las aguas mínimamente profundas. A pesar de su alto contenido en NaCl, deben medrar ciertos crustáceos o algo, que les atrae. 

Espejo salado

Nada como llegar a casa y prepararme un redesayuno como es debido, yum yum


En fin, ruta light, muchas paradas, baja media, y demasiado trayecto fuera del campo. Pero mucho peor es no hacer nada y quedarse aberronchao en la mesa camilla, con el pijama puesto y viendo la tele...

domingo, 2 de diciembre de 2018

Humos, atascos, derechos y deberes.

"Hay gente que ha elegido renuncia activa hacia sus libertades e imposición de sus ideas hacia los demás, y empiezo a estar verdaderamente quemado. Es a nivel mundial y es cada vez más notorio, aunque igual soy yo que me estoy haciendo mayor y siempre ha sido una evolución propia de la sociedad el tener esta lucha interna entre individuos, y yo no lo sabía."

En esos pensamientos iba yo enfrascado mientras corría lentamente (aprecien, por favor, la figura retórica estilística) por mi ciudad. Correr a un ritmo moderado y conscientemente fácil y cómodo es algo adecuado para mi salud, como la experiencia me dicta. Llevo corriendo desde los trece o catorce años, lo que significa mucho tiempo, muchos kilómetros... y muchísimas horas pensando. 

Mientras uno corre, puede abstraerse, divagar, filosofar, o simplemente dejarse llevar por la corriente de personas que circulan por las mismas aceras y parques. También se puede observar, y yo lo hago. Estudio mi ciudad, la miro y remiro, y aunque el hecho de frecuentar casi siempre recorridos similares hace que en general pase desapercibido (por convertirse en costumbre) el orden ciudadano, siempre me llama la atención la organización de las calles de cualquier enclave humano, y me resulta atractivo, sugerente, pensar y soñar en los porqués y los cómos se ha llegado a la configuración actual, y también soy dado a figurarme hacia dónde se dirigirá la evolución. 

Vivimos en tiempos un poco convulsos en ese aspecto. Parece que los poderes públicos se han puesto de acuerdo en dirigir la marcha de la movilidad y el transporte individual desde cero. Hasta ahora se han limitado a arreglar más o menos los desaguisados provocados por la avalancha habitual de vehículos que quieren hacer uso del suelo asfaltado público. Pero ahora van a la raíz del asunto: nos están diciendo qué vehículo debemos comprar si queremos poder circular por nuestras calles, por nuestras ciudades, bajo unos criterios no demostrados de ecologismo y limpieza. Y además, por dónde y cuándo podemos o no podemos, y eso de manera diferente (y casi arbitraria) en cada ciudad, casi volviendo a una organización tipo "ciudad-estado" propia de la Edad Media.

Ah, la ecología, ese leit motiv de finales del siglo XX y, por lo que hororizado veo, lo que llevamos del XXI. Y va a peor. La lista de ignominias practicadas en su nombre es tan extensa, que me da náuseas sólo pensar en ello. 

Pero vamos al asunto que motiva esta entrada. En mis sucesivas carreritas a pie veo cosas. Como buen ciudadano, y partiendo de la base de mi ideologia anarquista, que también tiene su derivación social, de orden y método, me gusta imaginar cómo mejorar mi vida y, de paso, la de los demás, mis vecinos y conciudadanos. Porque el anarquismo es algo más que aquellas consignas que veíamos pintadas en las paredes en los años 80 (sin rey ni amo, poli bueno es poli muerto, etc), de hecho aquellas pintadas obedecían más a la confusión mental de algunos retrógrados de la izquierda más rancia y radical que nada tienen que ver con los verdaderos ideólogos del anarquismo verdadero. De todos modos, hay tantos tipos de anarquismos que me aburro de explicarlo a quien a veces tiene el valor de preguntarme. Como quiera que no es el tema de la entrada, paso de largo y sigo. 

Hay en mi ciudad un campus universitario que pasado el horario escolar se cierra. Y digo que se cierra con todo el sentido del mundo: está enteramente rodeado con un vallado especial, y tiene algunas puertas de entrada y salida, tanto para vehículos como para peatones. Bien, supongamos que a las 21:00 horas se cierran esas puertas, y queda todo el campus en silencio y vacío de seres humanos. Pues algunas de esas puertas destinadas a vehículos están reguladas por semáforos porque dan a avenidas principales. Y si les digo que durante las horas en que está el campus cerrado esos semáforos siguen cumpliendo religiosamente su ciclo de verde-ámbar-rojo indefinidamente, ¿me creerían? He ahí la cosa.

Hay una avenida principal, la arteria más importante de entrada y salida de la ciudad, en la que se hace parar el tráfico una y otra vez, y otra, y otra... para dejar paso a ....  ¿lo adivinaron? Correcto, a nadie. Porque ese semáforo que se pone rojo en la avenida para dejar paso a los que salen de la Universidad es inútil durante esas horas. ¿Qué consecuencias tiene esto en el tráfico? El momento en que más contamina un vehículo es cuando está parado esperando para arrancar de nuevo. Un semáforo en rojo con coches que se van acumulando uno detrás de otro, en una avenida de tres carriles, sin ningún motivo, es algo aberrante, es casi delictivo por parte de los responsables. Y luego llega el momento de la arrancada, en que el humo se acumula, los acelerones causan más molestias en forma de ruidos, y además, el sinsentido de esperar provoca malestar en el ciudadano. Los habitantes de los edificios colindantes deben estar encantados, sobre todo en los largos meses de verano y cuando el buen tiempo invita a tener las ventanas abiertas. El horror.

Todo lo que sea alterar la velocidad del vehículo es perder energía, como ya aprendimos de pequeños cuando nos enseñaron las leyes de la termodinámica (¡gracias, Newton!), pero está claro que los políticos se saltaron esa clase.

Frenar para tener que acelerar es de malos conductores. Tocar el freno es costumbre negativa y algo de malos conductores cuando se va en carretera, por ejemplo, y hay que sustituirlo por la anticipación y la adecuación a la velocidad que la vía permite, quitando excepcionales casos de emergencia y lógica. Sostengo y mantengo ante el tribunal que haga falta que una de las peores lacras que tiene la sociedad de hoy es que no hay buenos conductores (bueno, tiene que haberlos, claro, pero son minoría), nos enseñan a aprobar el carnet, y a partir de ahí cada uno se dedica más o menos a sobrevivir en una selva en la que estamos rodeados de peligros, depredadores que se quieren colar en cualquier hueco, falta de cortesía, y desde luego mucha escasez de sentido común. Es decir, que se conduce no pensando en el todo, sino en mi coche, mi viaje, mi destino, y el que va al lado, delante y detrás, que se jodan.

Pero una cosa es cometer esos errores de motu propio porque uno es torpe, inexperto, inútil o iletrado, y otra cosa muy diferente es cuando eres obligado a ello por poderes políticos sin ningún sentido.

Después de esta diatriba catártica, les cuento un poco más el asunto del arreglo de algunos desaguisados. Ese caso de semáforos que siguen cortando, parando la circulación innecesariamente, es una isla en la polinesia de errores garrafales, caos circulatorio y meteduras de pata en que consiste la regulación del tráfico en mi ciudad. Unos fallos son más evidentes que otros, pero hay están. Yo soy un mero ciudadano sin estudios especializados en matemáticas (porque sepan ustedes que todo el asunto del tráfico, rotondas, semáforos, puntos de ceda el paso, stops, pasos de peatones, etc, está regulado por algoritmos matemáticos), pero me tengo por observador avezado y persona cabal a veces, y salta a la vista del ser humano de inteligencia media que con un pequeño cambio aquí y otro allá, la cosa podría ser muy diferente.

De modo que se me ocurrió una idea, en mi ignorancia de cómo funciona el mundo en ciertas cuestiones, claro. Me dije, "joder, voy a hacer un listado de puntos conflictivos y cómo se podrían resolver o, por lo menos, mejorar; y luego voy al Ayuntamiento y hablo con quien corresponda y expongo el asunto".

JAJAJAJJAJJAJAJ

De locos está esto lleno, y yo soy uno más. Sólo uno más. Las cosas no se hacen así, no se pueden hacer así. Uno no llega al Ayuntamiento, solicita hablar con el concejal de movilidad, o peor, si quiero ser más ambicioso, propongo una reunión con los responsables de movilidad y medio ambiente (o transición ecológica, ainssss), y les sueltas tus propuestas. No. Así no. Eso no tiene sentido, ellos no están ahí para eso, y además ¿quién soy yo para decirles a ellos cómo han de hacer su trabajo? ¿Ein?

Resultado de imagen de encoger hombros

Y yo sólo quiero ser útil, hacer algo por la comunidad, por la ciudad, mi ciudad. Mejorar la calidad de vida del pueblo, sin más. 

Trabas, inconvenientes. Honor herido, insultado, no se admite que venga uno y me diga cómo hacer mi trabajo, mi obligación, aunque claramente sea mejor y ayude. Da que pensar.

Opción dos. Paso a un plan de ataque más ambicioso. Aquí lo que manda es el dinero, y punto. Pues monto una empresa, pongamos "Clean Movility, S.L.", hago todo un dossier de diversos puntos conflictivos, sus posibles soluciones, alternativas viables, planes de inversión si ha lugar; todo ello bien fundamentado con números, estadísticas, datos reales, ejemplos plausibles, explicaciones claras y entendibles para el lector medio de EGB, incluso de LOGSE (me adapto a lo que haga falta). Y voy y se lo vendo al Ayuntamiento. 

Nuevo error. El Ayuntamiento no puede comprarme eso, porque debe pasar por una criba que busca la limpieza en las inversiones, los gastos. Habría que convocar un concurso público con lo que ello implica: tiempo, dinero, competencia con terceros que ahora se arriman a este ascua, y todas esas cosillas que pasan en los concursos, ya me entienden. ¿Para finalmente adjudicarse a? Ummmm, no quiero ni debo pensar mal. Aún así, bueno, soy un idealista. Conozco a una persona que tiene un alto cargo en el Ayuntamiento... y le dejo caer que tengo una idea, una propuesta, que puede ser algo bueno para la ciudad, le digo expresamente "para mejorar la ciudad, la vida en esta ciudad". Porque mi idea, recuerden, era hacerlo gratis et amore, eh. "Uy, eso está muy bien", me contesta, "precisamente en unos días se va a abrir plazo para un plan de movilidad" (un concurso, una especie de subasta), "pero no lo va a hacer el propio Ayuntamiento, sino XXX (que es la empresa pública encargada del transporte público). Ya te aviso yo cuando salga".

Me quedé con las patas colgando, que lo sepan. Y uno saca varias conclusiones, a cual más decepcionante. La primera es el muro burocrático que rodea el acceso a cualquier cosa de la Administración. Otra es el mangoneo de dicha Administración: para hacer un contrato con terceros, el Ayuntamiento tiene unos límites, unos topes económicos que si se superan hay que aprobarlos en el Pleno del Ayuntamiento (problemas porque, claro, hay que exponerlo en público, ante los concejales de la oposición, y hay que aprobarlo por mayoría, etc). Hay dos maneras de salvar este escollo: una es no hacer contratos por encima de este tope; la otra es que esos contratos lo haga una empresa pública en la cual se delegan tales responsabilidades. Eso es una vergüenza, pero es lo que se viene haciendo desde hace cuarenta años. En este segundo caso, supongo que la Ley obligará a publicar una convocatoria, claro, pero no me cabe duda de que eso está ya adjudicado hace tiempo (afirmar algo así es tener un prejuicio muy grande, pero uno ya tiene una edad y una ligera idea de cómo funciona el mundo).

Por supuesto, a mí nadie me ha avisado aún de esa convocatoria, ni sé siquiera donde se publicaría (¿en el BOJA? ¿Mediante edictos en el tablón de anuncios del Ayuntamiento? ¿por wassap?).

Así que aquí me hallo, triste y frustrado. Me he empapado de fórmulas logarítmicas, he leído numerosos trabajos sobre mejoras y ratios y modos de abordar el problema de atascos, incluso llegué a hacer un esbozo fundamentado filosóficamente. Todo para nada. 

Bueno, me queda afiliarme al partido, meterme en el organigrama, alcanzar un puestito en Diputación o el Ayuntamiento, entablar amistad con el concejal, y darle a la tecla adecuada en el momento justo.

Y mientras tanto, aquellos cuyo trabajo (como servidores públicos, no lo olviden, puestos ahí por nosotros para que lo hagan, para que mejoren nuestra ciudad, para que nos sirvan) es precisamente hacer lo que yo iba a proponer, ¿a qué coño se están dedicando? 

jueves, 29 de noviembre de 2018

Planetas invisibles

Cuando vi este libro en Amazon, no pude evitar echar mano de unos pocos euros para traérmelo a casa. 


¿De qué va? Lean, si quieren, la contraportada.


Profundamente emocionado quedé tras la lectura de la trilogía de "El problema de los tres cuerpos". Se abrió ante mí la puerta de la ciencia ficción oriental, algo que había estado oculto siempre, supongo que no tanto por la lejanía, como por la diferencia de estilo de vida, filosofía, ideología. Aunque quedaron atrás los tiempos del Telón de Acero, y las ideologías y sistemas de gobiernos presentan fronteras cada vez más difusas, nuestra sociedad, nosotros mismos, hemos sido educados y criados en lo occidental. Hasta sus últimas consecuencias. Así, en el Instituto de educación secundaria estudiamos a filósofos occidentales únicamente, y lo mismo se lee para el arte, la evolución de las ciencias, literatura y, por supuesto, historia. 
Nada se nos enseñó de China, Japón, India, cuyas aportaciones en todos los campos señalados han sido enormes a través de los milenios. 

En esta nueva era de la información, la globalización, la World Wide Web, todo es más cercano, y la apertura de relaciones comerciales con Oriente ha hecho que su cultura sea cada vez más cercana también. Como parte de esa cultura, el nicho de la ciencia ficción hace asimismo su aparición, y es obvio que China tiene mucho que ofrecer. No en vano, mil millones de seres humanos pueden producir mucho...

En el libro que ahora me ocupa se hace un pequeño repaso a algunos autores representativos de la ciencia ficción china contemporánea, con resultado variopinto. Se tratan temas dispares, y en la mayoría de las ocasiones se nota ese aire poético y casi mágico de la cultura ancestral de ese país, que también podemos notar en su cine más elaborado. Hay mucha imaginación, y todos están escritos con una técnica espectacular, bella, elegante en su mayoría, y salvo un par de los relatos, los demás son de nota. De buena nota, quiero decir. 

La recopilación es interesante, tela, y además tiene un prólogo ilustrativo de la situación y evolución de este tipo de literatura. Para poner un broche de oro, se incluyen al final otros tres ensayos que completan la experiencia. Es este un libro bien hecho, estructurado, ameno. Se disfruta de principio a fin, y lo recomiendo a todos los que tengan curiosidad por este mundo.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

En familia

El viento viene y va a menudo de caprichosas maneras. Las previsiones tienen grandes márgenes de error, es un buen trabajo el ser climatólogo, no se exige acierto, o no como en otras profesiones. ¿Es, pues, correcto llamar a eso una ciencia inexacta? Curioso, pues se basa en modelos matemáticos, siendo la matemática la ciencia exacta por antonomasia. 

Esta vez la llegada de la brisa adecuada se retrasó, pero finalmente entró. Fui con mis cuervos a disfrutar de este domingo, ellos no navegaban desde el ya lejano mes de agosto, y nos reunimos una buena cantidad de amigos, además de numerosos extras y espontáneos forasteros, atraídos por el reclamo de la borrasca y el Poniente. 

Los niños son ya grandotes, y tuvimos que hacer un acuerdo, transacción, arreglo, para repartirnos las cometas que más o menos salió regular, porque andamos por pesos similares y eso nos penaliza a la hora de elegir al no tener dos cometas iguales, lógicamente.

De forma generosa, como corresponde a la figura paterna, no me hice mucho rato a la mar, y les dejé disfrutar a ellos. Yo, más bien, quedé bastante rato en la orilla, viéndome como en mi papel de pasajero en la corriente del tiempo, casi trascendiendo, subiendo a un punto de vista de tercera persona en la que podría, casi omniscientemente, abarcar todo el escenario de una sola mirada, incluyendo a mi persona.

Esperando a que los nudos suban
Resultando en general una experiencia positiva, ambos retoños quedaron contentos y suficientemente satisfechos con la experiencia. Era la primera vez para Pepe en estas circunstancias de borrasca y agua fría, y también la primera vez que lo hacía en otra playa que no fuera la veraniega Canaleta. 
Queda esta imagen entrañable para el recuerdo, y sirva como reafirmación de lo que ocurre por nuestras cabezas:

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Lo intenso

Hay muchas maneras de encarar una sesión de kite. Me gusta hacerlo alejado de los demás, o guardando cierta distancia. Pero a la vez, acompañado de aquellos con los que me siento seguro. Sé que no me defraudarán, no molestarán, comparten el concepto, la ilusión y la técnica, buscamos lo mismo. 
Hacer kite en las olas con mi Julen de mi alma (ese hermano que nunca tuve), mi hijo Manu (que en poco tiempo ha desarrollado un interés y un saber hacer increíbles en el surf), mi maestro Lolo... significa duplicar el placer de la experiencia. Compartir es vivir, es amar, dicen, y creo que algo hay de verdad en eso.

Esta tarde este fue el final de una navegada casi gloriosa:


Aparantemente estaba fuerte para 9 metros, y había algo de llovizna a ratos, presencia de nubes muy grises. Podía pasar cualquier cosa. Es fundamental acercarse a la orilla y ver in situ lo que está pasando: todos montan 9, incluso alguno 10 metros. Pero mi olfato me señala algo distinto, o es que el distinto soy yo... Entre que vuelvo al coche, monto la 7, me cambio la ropa de calle por el neopreno, tiro las líneas, caliento un poco los hombros... parece que ha bajado un poco el viento. Eso siempre pasa, y no sé si es real o sicológico (quizá debería estudiarlo).
Sea como fuere, me lanzo con mi Drifter del 2012, y aunque alguna que otra vez tengo que remar un poco (sólo un poco, eh), en general me desenvuelvo muy bien. Como quiera que me gustan las olas, y la cosa está que arde en nuestro parque de atracciones, pronto llego a los picos y disfruto en total soledad. Elijo la que quiera a placer, y algunas son verdaderamente grandotas. Pero con los años navegando, y llevando el material adecuado, uno se acostumbra a estar entre dragones con cierta tranquilidad. A pesar de ello, la tensión está ahí, hay que observar todo muy bien, lo que viene, lo que va, y no sólo en el agua, sino que uno tiene que mirar cada poco al cielo y controlar la evolución de la borrasca. 
Finalmente, el Sol aparece, un gran claro se abre. ¡Oh, maravilla! El viento no tardaría en empezar a bajar su intensidad, es el momento de ir yendo poco a poco, entreteniéndose por el camino con algunos saltitos y transiciones, saludo a algunos conocidos en el agua. 

Y esto es lo que queda al final de mi expedición acuática:


El cuerpo sigue a la mente, y de eso no somos conscientes apenas. Yo, en pleno proceso de envejecimiento, a mis casi 47 tacos, cada vez pienso más en esa correlación causal, normalmente inconsciente, pero otras muchas veces de manera consciente.
Tomo conciencia, y del mismo modo que uno es capaz de crear la memoria muscular, creo que no ando desencaminado si afirmo que igualmente se puede elaborar una memoria neurológica paulatina mediante la cual, con el ejercicio de una actividad, determinatemente, adapte mi pensamiento a las carencias que van apareciendo en el plano físico. 
Es importante conocer tus límites y actuar en consecuencia, pero también es cierto que a menudo los límites pueden estar más lejos de lo que uno cree. Intento, por ello, cuidarme, cada vez más. Como cosas de las que antes huía como de la peste, y me abstengo de hacer cosas que antes me daban igual. 
Noto los cambios en mi cuerpo, pero también dentro de la cabeza, y hago un esfuerzo diario, constante, de adaptación. Acercarse a la cincuentena es entrar de lleno en la crisis de la mediana edad. Algo que se relacionaba antes con  cumplir los cuarenta, pero ahora nos mantenemos jóvenes y fuertes más tiempo. Los cincuenta son los nuevos cuarenta, quiero creer, y es una edad a tener en cuenta. No estoy al nivel de las pirámides de Egipto, pero todo se andará.

domingo, 18 de noviembre de 2018

La poetisa

No sabía realmente. Tenía una idea, un prejuicio quizás.
Nunca me atrajo la cantautoría, supongo que la razón es que refleja todo lo contrario a lo que me gusta realmente de la música. No quiero que me malinterpreten, no. Doy gran valor a todo proceso creativo, y sin duda la música es uno de ellos, ciertamente singular, que no sólo requiere talento natural, sino técnica, práctica, y elección del momento.
En mi vida diaria jamás he escuchado música de autor, me aburre, la temática no me interesa, y para colmo se suele acompañar de ideología política o algo peor: misticismo, experiencias religiosas, historias demasiado personales. Nada de eso me interesa.

Pero la vida da muchas vueltas, y conozco a los padres de Ana Vázquez Limón desde hace unos años. A ella la conocí cuando aún era estudiante de Ingeniería. Ya acabó la carrera, y ha trabajado en lo suyo aquí y allá, lejos, y ahora cerquita, en el Puerto de Huelva. Se le da bien, mayormente porque es una aplicada estudiante, está bien orientada, y tiene habilidad e inteligencia para ello... aunque realmente no le vuelva loca. No se puede dar marcha atrás en el tiempo, y quizá sabiendo lo que sabe ahora no hubiera escogido hacerse ingeniera. Nunca lo podremos comprobar.

Sea como fuere, lo que sí le gusta, y muchísimo, es la música. Es persona sensible, demasiado, sus sentimientos están a flor de piel, y no le cuesta reconocerlo sino que, antes al contrario, habla de ello abriéndose a los demás, compartiendo, y así tenemos que se junta el hambre con las ganas de comer: componer y cantar sus propias canciones es una válvula de escape ideal.
Pero sus canciones son algo más, son poemas, verdaderamente. Se salen del esquema al que estamos habituados de lo que se puede escuchar en las fórmulas de radio, de lo comercial, y se adentra en el sentimiento, en expresar a veces el sufrimiento de una pérdida, el valor de la amistad, el amor por alguien, lo de dentro. Son temas difíciles de expresar, pero ella lo consigue, y además con una naturalidad que te deja desarmado.

Todo esto y otras cosas me venían a la cabeza cuando este viernes estaba sentado en el teatro de San Bartolomé de la Torre, rodeado de decenas de personas que disfrutaban de ese espectáculo íntimo (no por el escenario, sino por lo que se estaba ofreciendo sobre aquellas tablas). En más de una ocasión me sorprendí a mí mismo con la boca abierta, e incluso, para comenzar el repertorio, un par de lágrimas afloraron sobre mis mejillas. 

Acompañado por un amigo a la guitarra o al piano, según lo requiriera la ocasión, ella también rasgueaba los acordes principales, los cimientos sobre los que se edifican sus composiciones. Pero el recital comenzó con un poema, una creación particular de ritmo enorme, rima mayormente asonante, profundidad, belleza.
Después, cinco o seis temas, otro poema, una bulería con su padre a la guitarra (porque dice que ella no sabe tocarla), y un bis. Entre canción y canción siempre algún comentario presentando el argumento, alguna ocurrencia fruto de la improvisación y los nervios. 

Maldita luz cenital que afea.
Todo salió a pedir de boca. Y yo quedé maravillado.
Esto hay que vivirlo en pequeñas dosis, hay que digerirlo, hay que asimilarlo. Esto va más allá del mero concepto de música, y se adentra en el arte. El arte más íntimo y personal, y cómo un ser humano es capaz de desnudarse, y darse y exhibirse frente a los demás, propios y extraños, y provocar efectos, emociones.

Bravo, Ana. Sigue siendo tú, huye de aquél que te quiera cambiar, porque si alguien lo consigue (lo dudo), perderíamos algo muy grande.

lunes, 12 de noviembre de 2018

El engaño Hemingway

Estos últimos días he estado leyendo varios relatos cortos de Harlan Ellison, intrigado sobre todo por el significado de uno en concreto, titulado La bestia que gritaba amor en el corazón del universo. Aunque lo he leído tres veces, y he buscado reviews y opiniones, no tengo claro si finalmente lo he entendido. Es algo tan metafórico, y que juega con supuestos que deben saberse conocidos por el lector, y mezcla, además, universos y conceptos, que más bien parece un mal sueño en una noche de tormenta tras una demasiado copiosa cena regada con demasiado vino. Es la definición o comentario que me viene a la cabeza cuando pienso en La bestia..., en la que se supone que se habla del bien y el mal, de la erradicación de este último y las consecuencias que tendría (o tiene). 
Aparte, leí otros cortos relatos, aunque de tono más leíble. Algunos más entretenidos, otros simplemente prescindibles, pero eso es normal. Y así, entre lectura y lectura, llegué a ¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic-tac, que sí me gustó bastante. Con un estilo que podría llamarse, no sé, ¿esquemático?, Ellison nos presenta un mundo distópico en el que el tiempo es la medida de todas las cosas, y el reloj es el que marca el ritmo de la vida de los habitantes de esa peculiar sociedad en la que un tirano, el señor Tic-tac, tiene la potestad de quitar tiempo de vida a los que no cumplan los horarios establecidos rígidamente. Pero como en todas estas historias de totalitarismos literarios, hay algún disidente, algún rebelde que se enfrenta al sistema. Esta novelita trata de ese rebelde, sus actos, y lo que pasa en esa sociedad que, en cierto modo, se parece un poco a la nuestra quizá.

Resultado de imagen de el engaño hemingway

Esto me llevó a una novela de Joe Haldeman, a quien tengo por bueno desde que leí la muy magnífica La guerra interminable, aunque más tarde quedé un pelo decepcionado con su normalita La paz interminable. La obra que he acometido ahora ha sido El engaño Hemingway, en la que un profesor de literatura, especializado en el famoso autor, es convencido por un truhan para llevar a cabo un timo consistente en falsificar, creándolos desde la nada a partir de los conocimientos del profesor del estilo, carácter y vivencias del nobelizado escritor norteamericano, unos escritos que se perdieron siendo éste muy joven y sin haber llegado a publicarlos. Así, dirían que han sido encontrados, y los publicarían o venderían sacando millonarios beneficios. En esta historia de pillos, amores a tres bandas, o cuatro más bien, ya hay jugo para ser algo entretenido per se. Pero Haldeman añade un plus: la existencia de un multiverso, y unos seres que pueden saltar entre ellos, cuya misión es evitar desastres que lleven a la destrucción. Por algún motivo, si el plan del timo sigue adelante, la supervivencia de la Tierra se pone en peligro, y uno de estos seres recibe el encargo de evitar el buen fin de los planes de los protagonistas.
La novela es intrigante, desafiante, movida. Hay acción y tensión, hay violencia y sexo, y hay ciencia ficción. Pero lamentablemente, Haldeman no supo terminarla decentemente, o yo no he sabido entender ese fin. Y entonces, supongo que podría haber sido de otro modo más comprensible, o es que simplemente se le acabó el tiempo y/o las ideas, o vaya usted a saber. Una pena.


A continuación, interesado por el legado de Ernest H., he leído algunos cuentos cortos: Los asesinos; Colinas como elefantes blancos; En el muelle de Esmirna; Un lugar limpio y bien iluminado.
Hemingway escribe de forma directa, sin rodeos. Es claro, y consigue describir sin aburrir, con un lenguaje no rebuscado ni rimbombante, y no cae en defectos que saltan a los ojos en otros muchos autores. Aunque los temas no son de mi interés en general, reconozco que hay valor, virtud, en su obra. Quizá algún día, más adelante, me adentre en leer alguna de sus más laureadas novelas, pero ahora no es el momento para mí.

sábado, 10 de noviembre de 2018

El pantano

El objetivo era explorar la zona del pantano de Beas para enlazar dos rutas. Perico, siempre atento al terreno que rodea una finca familiar, me condujo en un día propicio para la práctica del todoterreno en moto, adentrándonos en zonas parcialmente ignotas.


El objetivo se cumplió más o menos fácilmente, y su cara de satisfacción era patente. La luz del día se abría paso entre nubarrones espesos, que se fueron tupiendo más y más a medida que iba pasando la mañana, llegando a crecer en mí la sensación de que en cualquier momento podía caer una de esas potentes lluvias tormentosas, cosa que finalmente no ocurrió.

Belleza de parajes sin fin en toda la zona que va desde Beas hasta Valverde, centro turístico-endurero de la provincia sin duda. Nosotros vamos en plan light, pero hacemos algunos pinitos con nuestras capaces monturas.


Pasamos junta a alguna dehesa dedicada a la crianza de ganado, y más tarde nos adentramos en pistas cercanas a la zona del Manzanito, cosa que no es que me quite el sentío, pero da acceso a otras rutitas entre cortafuegos y rampas, curvas y vadeos de arroyos. Bastante divertido.




Tras cuatro horas de pelea con las ruedas de tacos y la potencia de las austríacas, Perico y servidor separamos nuestros caminos a la altura de La Peñuela, desde donde volví directo a Huelva y él seguiría investigando, en su afán de preparar una ruta (que seguro será recordada en el futuro memorablemente) para el grupo. 
Feliz, cansado, harto de moto. Aún así, por la tarde, todavía me quedaron ganas de seguir castigándome en forma de carrera a ritmo leve durante 40 minutos. Me hago viejo, pero me resisto.