lunes, 7 de septiembre de 2026
martes, 4 de agosto de 2026
domingo, 5 de julio de 2026
Justicia social y redistribución
“Permítame ofrecerle mi definición de justicia social: Yo me quedo con lo que gano y usted se queda con lo que usted gana. ¿No está de acuerdo? Bueno entonces explíqueme: ¿cuánto de lo que yo gano le pertenece a usted y por qué?”
Con esta pregunta directa y sin rodeos, el economista y pensador estadounidense Walter E. Williams desafiaba la idea dominante de “justicia social” redistributiva. Para él, la verdadera justicia no consiste en quitarle a unos para darle a otros, sino en respetar el derecho de cada persona sobre el fruto de su propio esfuerzo.
Williams, que creció en un barrio pobre de Filadelfia y se convirtió en un defensor de la economía de libre mercado y los derechos individuales, usaba esta frase para exponer lo que consideraba una incoherencia moral: si se acepta que el Estado puede decidir cuánto le “pertenece” a otro de tu trabajo, entonces ya no hay propiedad privada, solo propiedad concedida por el poder.
Una reflexión incómoda, provocadora y muy clara que sigue generando debate hoy en día.
viernes, 3 de julio de 2026
Un animal sublimado
sábado, 20 de junio de 2026
Los silencios comprados
Hubo un tiempo, ya casi mitológico, en que el sindicalismo vestía de mono azul, olía a asfalto, a fábrica y a rancia indignación. Eran los tiempos del megáfono y la pancarta gastada bajo la lluvia. Hoy, sin embargo, el sindicalismo patrio prefiere el tacto sedoso del dinero institucional, el aroma a despacho climatizado y el crujir de los billetes recién salidos del horno del Boletín Oficial del Estado.
Treinta y dos millones de euros. Esa es la cifra exacta del bálsamo con el que el Gobierno de izquierdas ha decidido anestesiar las gargantas de los autoproclamados "defensores de la clase obrera". Treinta y dos millones de razones públicas para que el estómago agradecido eclipse a la conciencia.
Es una inversión brillante en paz social. Con el precio de la cesta de la compra por las nubes, la vivienda convertida en un artículo de lujo inalcanzable y los contratos fijos-discontinuos maquillando el desempleo como un truco de magia barato, lo lógico sería ver las calles arder. Pero no. En el reino del servilismo subvencionado, ahora "no toca hacer ruido".
El mordisco se vuelve caricia: Los cachorros que antes devoraban gobiernos de signo contrario ante la más mínima reforma, hoy son dóciles caniches que mueven la cola al son que les marque la Moncloa.
La sordera selectiva: Si la crisis la gestiona la izquierda, los sindicatos mutan en una suerte de ONG mística que predica la resiliencia y la paciencia infinita al trabajador asfixiado.
El dinero público tiene una propiedad física asombrosa: es el mejor aislante acústico del mundo. Introduce 32 millones de euros en las arcas sindicales y obtendrás el silencio más sepulcral y absoluto que la democracia recuerde.
La ausencia de las siglas mayoritarias en según qué protestas ya no es una anomalía, es un patrón de conducta. Hay manifestaciones a las que "no se les ve" ni se les espera. Si el descontento social no lleva el sello de aprobación del ministerio de turno, el sindicato no acude. No vaya a ser que muerdan la mano que les llena el cuenco.
Es el arte de mirar hacia otro lado mientras se cobra el cheque. Un ejercicio de contorsionismo político donde los líderes sindicales logran mantener la cabeza agachada, la mano extendida para recibir la subvención y la boca perfectamente cerrada, todo al mismo tiempo.
Al final, queda un panorama desolador pero cómicamente predecible. El sindicalismo de clase ha muerto, fagocitado por el sindicalismo de estado. Ya no representan al obrero que madruga, sino al gobierno que los financia.
Mientras el ciudadano de a pie hace malabares para llegar a fin de mes, los guardianes del proletariado brindan con el dinero de todos por su propia supervivencia. Han descubierto que es mucho más cómodo y lucrativo ser el brazo armado —o más bien, el brazo sedado— del poder. Después de todo, con 32 millones de euros en el bolsillo, el ruido molesta. Es mejor dormir la siesta al calor del presupuesto.
Original de Manuel Rois Méndez
No soy dado a comentar en este blog ningún tema político, pero aunque el sindicalismo debería escapar de ese concepto, lamentablemente los sindicatos mayoritarios se identifican positiva e históricamente con el PSOE (UGT) y la izquierda más radical y ultra (CCOO). Al final, hemos acabado con unos sindicatos de Estado, de tipo vertical, prácticamente como lo que había en la época de la dictadura de Franco... curioso y llamativo. Parece que la lucha de clases, ese engaño tramado por quienes nunca llegaron a trabajar, esos ideólogos del socialismo y comunismo teóricos como Marx y Engels, por fin se ha ido dejando de lado, inventando nuevos campos de batalla para la izquierda (el neofeminismo radical, lo woke, la lucha intergeneracional) que también van cayendo por su propio peso.
Esto de los sindicatos en España es como la Monarquía, terminarán por desaparecer, no tienen sentido en un Estado moderno del siglo XXI, en el que los derechos de los trabajadores están garantizados por leyes nacionales y supranacionales: quien necesite defensa de sus derechos laborales debe acudir al Juzgado, que para eso está.
viernes, 12 de junio de 2026
Solo
Akio Toyoda dice sentirse "muy solo" defendiendo los motores de combustión mientras la industria entera corre hacia los eléctricos.
Mis alabanzas a este señor, extraña mezcla de empresario y apasionado del motor.
miércoles, 20 de mayo de 2026
French Theory: Origen, causas y consecuencias del wokismo.
"Quiero presentar mis disculpas, en nombre de los franceses, por haber dado a luz a la Teoría Francesa (que ha dado a luz a la peor de las mierdas ideológicas: el wokismo).
Hemos dado al mundo a Descartes, Pascal, Tocqueville. Y luego, en las ruinas intelectuales del pos-68, hemos dado a Foucault, Derrida, Deleuze. Tres hombres brillantes que han fabricado, en la elegancia de nuestra lengua, el arma ideológica que hoy paraliza a Occidente.
Hay que entender lo que hicieron. Foucault enseñó que la verdad no existe, que solo hay relaciones de poder disfrazadas de saber. Que la ciencia, la razón, la justicia, la institución médica, la escuela, la prisión, la sexualidad, todo es solo una puesta en escena de la dominación. Derrida enseñó que los textos no tienen un sentido estable, que todo significante resbala, que toda lectura es una traición, que el autor está muerto y que el lector reina. Deleuze enseñó que hay que preferir el rizoma al árbol, el nómada al sedentario, el deseo a la ley, el devenir al ser, la diferencia a la identidad.
Tomados aisladamente, son tesis discutibles. Combinadas, exportadas, vulgarizadas, forman un sistema. Y ese sistema es un veneno.
Porque esto es lo que pasó. Estos textos, ilegibles en Francia, cruzaron el Atlántico. Los departamentos de Yale, de Berkeley, de Columbia los absorbieron en los años 80. Encontraron allí un terreno que no existía en casa: el puritanismo americano, su culpa racial, su obsesión identitaria. La Teoría Francesa se casó con ese sustrato, y el hijo de ese matrimonio se llama wokismo.
Judith Butler lee a Foucault e inventa el género performativo. Edward Said lee a Foucault e inventa el poscolonialismo académico. Kimberlé Crenshaw hereda el marco e inventa la interseccionalidad. En cada paso, la matriz es francesa: no hay verdad, solo hay poder, por lo que toda jerarquía es sospechosa, toda institución es opresiva, toda norma es violencia, toda identidad es construida y por tanto negociable, toda mayoría es culpable.
Así es como tres filósofos parisinos, que probablemente nunca imaginaron sus consecuencias prácticas, han proporcionado el software de explotación a toda una generación de activistas, de burócratas universitarios, de responsables de recursos humanos, de periodistas, de legisladores. Así es como hemos obtenido una civilización que ya no sabe decir si una mujer es una mujer, si su propia historia merece ser defendida, si el mérito existe, si la verdad se distingue de la opinión.
Es una mierda por una razón simple, y hay que decirla con calma. Una civilización se sostiene sobre tres pilares: la creencia de que existe una verdad accesible a la razón, la creencia de que existe un bien distinto del mal, la creencia de que existe un legado que transmitir. La Teoría Francesa se ha propuesto dinamitar los tres. No por maldad. Por juego intelectual, por fascinación por la sospecha, por odio a la burguesía que los había nutrido. Pero el resultado está ahí. Toda una generación ha aprendido a deconstruir y nunca ha aprendido a construir. Toda una generación sabe sospechar y ya no sabe admirar. Toda una generación ve el poder en todas partes y la belleza en ninguna.
Me disculpo porque nosotros, los franceses, tenemos una responsabilidad particular. Es nuestra lengua, nuestras universidades, nuestros editores, nuestro prestigio los que han dado a ese nihilismo su empaque chic. Sin la legitimidad de la Sorbona y de Vincennes, esas ideas nunca habrían cruzado el océano. Hemos exportado la duda como otros exportan armas.
Lo que se construye ahora, en Silicon Valley, en los laboratorios de IA, en las startups, en los talleres, en todos los lugares donde la gente aún fabrica cosas en lugar de deconstruirlas, es la respuesta. Una civilización se reconstruye por los constructores, no por los comentaristas. Por aquellos que creen que la verdad existe y que vale la pena consagrarse a ella. Por aquellos que asumen una jerarquía de lo bello, lo verdadero, lo bueno, y que no tienen vergüenza de transmitirla.
Entonces, perdón. Y al trabajo."
Fdo: un francés
jueves, 12 de febrero de 2026
sábado, 24 de enero de 2026
Suma y sigue
jueves, 22 de enero de 2026
Fracaso estructural
Se atribuye a Albert Camus la frase: «No se puede dar al Estado el poder de hacer el bien sin darle también el poder de hacer el mal; en realidad, de hacer cualquier cosa». Cuando solemos necesitar tres comisiones, cien expertos y una cumbre europea para no decir nada, no es poco mérito condensar en tan pocas palabras uno de los mayores autoengaños de la política contemporánea: la creencia de que el problema no es el poder, sino quién lo ejerce.
En España, desde hace décadas, los abusos institucionales, la colonización partidista y la erosión progresiva del Estado de derecho han generado una reacción social que va de menos a más. Pero esa reacción es, en lo esencial, fulanista. Apunta a nombres propios (Felipe, Aznar, Zapatero, Rajoy, ayer, Sánchez hoy) o como mucho a unas siglas, mientras los fallos del modelo y la cultura del poder permanecen prácticamente intactos.
El problema es en buena medida estructural. La Transición resolvió con éxito una urgencia del momento histórico: evitar el conflicto y asegurar el cambio de la dictadura a la democracia. Pero lo hizo al precio de dejar sin cerrar cuestiones clave: separación efectiva de poderes, despolitización de los órganos de control, límites reales al Ejecutivo, fiscalización práctica de los partidos políticos, responsabilidad personal de los cargos públicos. Lograr el consenso era imprescindible, pero tuvo un coste: una debilidad de origen que ha sido explotada por quienes aspiran a concentrar el poder, que en España nunca han sido precisamente una minoría exótica.
El resultado es una democracia en la que ciertamente se vota, pero en la que los principios de igualdad ante la ley, separación de poderes y control del Ejecutivo se han ido volviendo inoperantes. No mediante golpes radicales, sino a través de un goteo de acciones e interpretaciones interesadas, y una colonización de las instituciones que debería alarmarnos mucho más de lo que lo hace.
Cuando depositamos en el Estado el poder de «hacer el bien», lo que estamos haciendo es concederle el poder de imponer, discriminar, sancionar y moldear la sociedad conforme a criterios ideológicos. Y ese poder no cambia de naturaleza según quién gane las elecciones. Cambia de manos.
Pero el poder, como la historia se ha encargado de demostrarnos una y otra vez, nunca se conforma con hacer solo el bien.
Entre otras cosas, porque nadie en el poder reconocerá jamás estar haciendo el mal.
jueves, 15 de enero de 2026
¿Adiós al globalismo?
Donald Trump está desmantelando rápidamente gran parte del sistema globalista que se apoyaba en una red de organizaciones supranacionales y que utilizaba operativamente en muchos contextos ONG, organizaciones no gubernamentales, muchas de las cuales en realidad estaban financiadas por Estados, principalmente EEUU, y por tanto eran gubernamentales de facto.
sábado, 10 de enero de 2026
La belleza no es subjetiva. Otra prueba.
Mayo: Éso es totalmente falso, lo primero que hace un negro exitoso es conseguirse una rubia, Pelé, Ronaldo, Tiger Woods y un inacabable etcétera confirman lo que digo. Lo mismo los indios, Monzón, Charles Bronson, Sergio Romero no quieren las de su raza, quieren rubias, y solo porque son muy exitosos pueden conseguirlas... Por otra parte debo decirte que la belleza es objetiva; subjetiva es la emoción que emite opiniones como si fueran conocimientos. La belleza es totalmente objetiva; está vinculada con las proporciones, la simetría, el color y la mecánica del ojo. Es perfectamente medible. Es 90-60-90 y no 70-110-120. Lee el estudio de las proporciones de Da Vinci. El mito de la belleza subjetiva fue prodigado e impuesto por las mujeres feas y por los hombres que no conquistan mujeres bellas. Ésta muy divulgado porque dentro de estos dos grupos se encuentra la gran mayoría de la población.
jueves, 8 de enero de 2026
El derecho internacional
En el caso de Venezuela, organismos internacionales documentaron durante años detenciones arbitrarias, torturas, persecución política y represión sistemática. Informes, resoluciones y condenas públicas dejaron constancia del carácter autoritario del régimen, pero no lograron frenar la tiranía ni proteger a sus víctimas, ni impedir centros de detención como el Helicoide ni la criminalización de la disidencia.
Esa contradicción es señalada con crudeza por el periodista Cristian Campos, al cuestionar que el derecho internacional no haya servido para evitar la tortura y la represión, pero sí sea invocado ahora para blindar al responsable político de esos abusos. Su planteo expone un dilema de fondo: normas pensadas para ordenar las relaciones entre Estados que terminan siendo ineficaces (o funcionales) frente a regímenes que violan derechos desde el poder.
Por eso, el súbito alarmismo de quienes hoy se refugian en el derecho internacional contrasta con décadas de inacción frente a la dictadura venezolana. El problema no es la existencia de principios jurídicos, sino su aplicación selectiva. Cuando el derecho no protege a las víctimas, pero sí incomoda cuando cae el victimario, su credibilidad queda inevitablemente en entredicho.
miércoles, 7 de enero de 2026
Bruja mala
Von der Leyen rechaza la palabra "censura" y habla de "pre-debunkage". Este nuevo idioma le recuerda a Orwell: cambiando el lenguaje, cambiamos la realidad percibida.
Es importante saber que las normas sobre servicios digitales son aplicables en todo el mundo. Las grandes plataformas deben acatar las reglas de la UE en todas partes. Resultado: el contenido legal en los Estados Unidos, protegido por la 1a Enmienda, puede ser censurado a nivel mundial si no le gusta Bruselas.
La DSA (Ley de Servicios Digitales) también empuja estas plataformas para sofocar las críticas a las instituciones o políticas de la UE de antemano, por temor a las multas. La Unión Europea establece el ministerio de la "verdad" y ya no sirve al pueblo, sino que decide por encima de ellos qué opiniones se toleran, qué narrativas son "seguras" y qué voces deben desaparecer. Todo esto en una indiferencia casi general.
El nazismo intenta consolidarse en Europa.
La ventaja es que Europa hoy, es nada.
Ni la poderosa China.
Ni la invencible Russia.
Ni el gendarme universal, USA.
NI India, Irán, el mundo árabe, Japón, África o HispanoAmerica son vasallos de nadie, menos de la paupérrima UE.
Vete a cuidar vacas alemanas y apartarte de nuestra vista, no vayamos a forzar que tú y tu compa Lagarde, acabéis en El Temple como María Antonieta.
lunes, 5 de enero de 2026
Un poco de cordura
Es un reconocimiento explícito de que la hoja de ruta verde, tal y como estaba diseñada, colisionaba frontalmente con la realidad industrial y social del continente.
Este viraje de 180 grados, orquestado por la presidenta Ursula von der Leyen bajo la presión de su propia familia política, el Partido Popular Europeo (PPE), marca el fin de una etapa caracterizada por un idealismo regulatorio que a menudo ignoró las capacidades reales del mercado.
La realidad, obstinada, ha terminado por imponerse a la utopía legislativa.
Los datos son innegables. El estancamiento en la venta de vehículos eléctricos, incapaces de penetrar en el mercado de masas por su elevado precio, y la crisis estructural de gigantes como Volkswagen, que afronta cierres de plantas históricos en Alemania, han encendido todas las alarmas.
Europa ha comprendido tardíamente que no puede legislar contra su propia industria ni imponer una transición que la clase media europea no puede pagar.
La decisión de Bruselas supone la victoria del pragmatismo económico sobre las posturas climáticas más rígidas, defendidas por España y Francia, frente al pragmatismo de Alemania, Italia y el PPE.
sábado, 3 de enero de 2026
Memoria
EL 1 de diciembre del año 1993, en plena destrucción de Yugoslavia, un comando español del contingente militar de cascos azules destinado en Bosnia, perteneciente al Tercio “Alejandro Farnesio” de la Legión, se encuentra en la ciudad de Konjic a 40 kilómetros de Sarajevo con una masacre perpetrada por el grupo musulmán "pañuelos verdes", famosos en toda Bosnia por sanguinarios y despiadados.
En la guerra de Yugoslavia la prensa sólo hacía referencia a las masacres de ortodoxos contra musulmanes pero la realidad era que ambos bandos eran igual de crueles e inhumanos, como en todas las guerras.
El comando militar español, compuesto por 35 legionarios y mandado por un joven teniente Legionario llamado José Luis Monterde Maldonado, escucha, cerca de su posición, los gritos desesperados de unas 200 mujeres y niños huyendo de los musulmanes y unos 10 soldados croatas cubriendo la retirada de la población civil que, al ver los 5 o 6 vehículos blindados de la ONU, se refugian tras ellos.
Los soldados croatas se rinden de inmediato e informan al teniente Monterde que si no les dan amparo, los van a degollar a todos.
Los pañuelos verdes advierten a los españoles que si no entregan a los croatas, los pasarán a cuchillo a todos.
Monterde consulta por radio a su alto mando militar de qué hacer y el alto mando le ordena que intente aguantar y negociar pero que, si no es posible, que entregue a las 200 mujeres y niños junto a los 10 soldados croatas a los musulmanes y que no miren atrás, a lo que el joven Teniente Monterde contesta: "de aquí no se mueve nadie . . .".
Planta cara a los pañuelos verdes que al mirar a la cara al enemigo que tiene enfrente, se repliega y se marcha.
Aquellas 210 vidas inocentes fueron salvadas y posteriormente, el portavoz en Sarajevo de las Fuerzas de Protección de la ONU para la antigua Yugoslavia, Barry Frewer, describió al teniente español y sus compañeros como "unos verdaderos héroes”.
En Croacia el día 1 de diciembre es celebrado como el Dia de los Inocentes de Konjic y se rinde homenaje a los soldados españoles que defendieron a esas personas.
Casi nadie en España sabe esto, es mejor hablar de la “memoria histórica” que nos divide y no de nuestra historia reciente y pasada de la que deberíamos estar orgullosos.
Por ellos, por los que no volvieron y dieron sus vidas por un mundo mejor.
martes, 30 de diciembre de 2025
El arte de filosofar
Si deseas convertirte en filósofo, lo primero que debes comprender es que la mayoría de las personas viven con un mundo de creencias que carece de justificación racional, y que el mundo de creencias de una persona tiende a ser incompatible con el de otra, por lo que ambas no pueden tener razón. Las opiniones de las personas están diseñadas principalmente para sentirse cómodas; la verdad, para la mayoría, es una consideración secundaria.
— Bertrand Russell, El arte de filosofar: y otros ensayos (1968), Ensayo I: El arte de la conjetura racional (1942), pág. 7
martes, 25 de noviembre de 2025
Orwell
En 1937, George Orwell recibió una bala en el cuello durante la Guerra Civil Española -en una trinchera en Los Monegros-. El francotirador había apuntado con precisión —pero el proyectil rozó su arteria por apenas unos milímetros. Tendido en el suelo, ahogándose, Orwell creyó que había llegado su última hora.
No moriría por la gloria, ni por su país, sino por la verdad.
Aquel momento lo marcó para siempre.
Había ido a España a luchar contra el fascismo, pero en el frente descubrió otro enemigo igual de peligroso: la mentira.
Vio a hombres traicionarse en nombre de la justicia, y a la prensa torcer los hechos hasta borrar toda huella de realidad.
Aquella herida la llevó toda la vida —una fina cicatriz en la piel, una herida profunda en el alma.
De esa herida nacieron sus obras más grandes.
En Rebelión en la granja, mostró cómo las revoluciones pueden corromperse hasta convertirse en tiranía.
En 1984, lanzó al mundo una advertencia terrible: la verdad puede ser destruida, reescrita, sustituida por el discurso del poder.
Pero el genio de Orwell no nació en los salones intelectuales.
Echó raíces en la miseria y la lucidez.
Lavó pisos en París, compartió la vida de los mineros del norte de Inglaterra, vivió entre los olvidados para comprender la realidad de los más pobres.
Para él, escribir no era una profesión —era un acto moral: “En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario.”
Cuando escribió 1984, enfermo de tuberculosis en una isla helada de Escocia, lo hacía entre accesos de tos, negándose a descansar.
Quería entregar una última verdad antes de que su voz se apagara.
Y cuando finalmente se extinguió, no dejó solo novelas.
Dejó un espejo.
Un espejo que, todavía hoy, refleja con demasiada precisión nuestro mundo.
George Orwell no solo escribió sobre la opresión.
La vivió.
La superó.
Y con la cicatriz en el cuello y el fuego en sus palabras, nos dejó una advertencia —para que nunca podamos decir que no lo sabíamos.
Fuentes: Homenaje a Cataluña (1938), En busca de la verdad — BBC, Britannica, The Guardian.

















