sábado, 1 de febrero de 2020

Singletrack: el invitado

Más que invitado, porque esta es sus casa como lo es la mía, le considero el acompañante o el compañero o el hermano. Son tantas vivencias las compartidas con Julio... experiencias juntos, y muchas de ellas en bicicleta de montaña. Austria, Andorra, Segovia, Portugal... y después de todos estos años aún no conocía mis pinares de Aljaraque, El Portil, Cartaya.

Se trajo su flamante Trek Procaliber, una bici bien parida, con soluciones técnicas interesantes, como ese sistema de amortiguación de la tija heredado de la Domane, una magnífica bicicleta de carretera creada pensando en carreras como la París-Rubaix. La Procaliber, con su cuadro en fibra de carbono, geometría moderna con reach generoso, y una decoración que emula (salvando las distancias) a las famosísimas Klein de los primeros años 90, me sorprende cuando nos intercambiamos las monturas. Para ir "parejos", escogí hoy mi propia Trek, una Sawyer de 2011, casi diez años de evolución del concepto. Y se notan, vaya si se notan eso diez años. Porque cuando nos compramos a medias la Sawyer, ese model formaba parte de una gama especial dentro de Trek, era la "Gary Fisher Collection", dedicada exclusivamente a las bicis con ruedas de 29 pulgadas. Junto con Niner y alguna otra marca boutique minoritaria, fueron los primero impulsores y creyentes en las ventajas de ese tamaño de rueda. Gary Fisher estaba detrás, claro, un gurú del ciclismo de montaña, pionero y creador de las primeras bicis de este tipo hace cuarenta años o más, junto a su colega Tom Ritchey. Un avanzado, un visionario, un verdadero gurú en el más puro sentido filosófico de la palabra, el bueno de Gary.
Entonces, en 2011, nos miraban como a unos freaks por ir con una bici así. Cierto es que la Sawyer rendía culto y homenaje a aquellas primeras "klunkers", por sus formas y materiales usados. Incluso hoy puede verse como una rareza, una frikada, pero aún así la bici es perfectamente válida para la práctica del bicimontañismo. No solo es bonita, sino que tiene buena geometría, y sigue dando el callo como el primer día.


Pero hoy toca hablar de la Procaliber, una magnífica bici que no podría encuadrar en un nicho concreto, porque aunque su apariencia pueda sugerir una especialización en el ámbito del XC, me encuentro, en cuanto me subo a ella, con una geometría nada radical. Esto puede servir para casi todo. Es muy ligera (no en vano, Trek es pionera en el uso de la fibra de carbono en los cuadros), y recién bajado de la Sawyer y su cuadro de acero (12'6 kg tal y como está la bici ahora) y cabalgando la Procaliber, es como montarse en el Halcón Milenario: cada pedalada me impulsa eficientemente hacia adelante como si me hubiera montado en una bici de carretera, es casi la misma sensación. Cuestiones aparte como la transmisión moderna 1x12 (que me ha parecido cómoda y eficaz, pero un poco ruidosa en los cambios subiendo a los últimos piñones), o la horquilla de gama media (una RS Recon de 100 mm), el cuadro me ha enamorado en cuanto llevaba diez metros recorridos: rígido en el pedaleo pero cómodo, seguramente gran culpa la tiene el mencionado sistema de amortiguación del tubo de la tija del sillín. Presenta buena rigidez en las bajadas, en las que nos hemos encontrado raices, regueros, surcos, curvas contraperaltadas y tierra suelta. Es predecible, manejable, y tiene ese punto de las bicis bien pensadas que (como me ha pasado cada vez que he probado una Specialized) parece que lleves con ella toda la vida. Una bici fácil, y muy bonita.

Con  mi Julen de mi alma!!! Ambos felices de disfrutar de los pinares

Un tío orgulloso y conjuntado con su montura

Claro que, a veces uno se confía, y este terreno puede ser un poco traicionero si no le has cogido el feeling al agarre... Bueno, un resbalón de la rueda delantera lo puede tener cualquiera. Y no pierde la sonrisa el tío:


Y al finalizar la ruta me dice "quédatela una semana, ya me la devolverás", y no lo dudo ni un solo segundo: "ni hablar, que me conozco, Julio".

Ahí lo dejo.

Gran día. Gracias, Julio, hoy me has, nos has, hecho muy felices.

viernes, 31 de enero de 2020

desobediencia civil

Multitud de hombres sirven al estado, no principalmente como hombres, sino como máquinas, con sus cuerpos. Son el ejército y la milicia, carceleros, policías, guardias, posse comitatus, etc. En la mayoría de los casos no poseen libertad de juicio ni sentido moral sino que esos hombres se sitúan al mismo nivel que la madera, la tierra y las piedras, y es posible que también se puedan fabricar hombres de madera que sirvan igual de bien a ese propósito. No requieren mayor respeto que los hombres de paja o los montones de tierra. Tienen el mismo valor que los caballos y los perros. Pero incluso a hombres así se les considera buenos ciudadanos. Otros —como pasa con la mayoría de los legisladores, políticos, abogados, ministros y funcionarios— sirven al estado principalmente con la cabeza y, puesto que rara vez realizan distinciones morales, es tan probable que sirvan al Diablo, sin pretenderlo, como a Dios. Muy pocos, como los héroes, los patriotas, los mártires, los reformistas en el amplio sentido del término y los hombres, también sirven al estado con su conciencia y, por tanto, necesariamente se resisten casi siempre; y por eso habitualmente se los trata como a enemigos.

HENRY DAVID THOREAU

jueves, 30 de enero de 2020

singletrack: preparando la visita

Entre las lluvias de la semana pasada y un resfriado que me está costando quitarme de encima... y además el viento no quiere hacer acto de presencia. Hubo un tiempo en que las borrascas traían fuertes ventoleras de componente suroeste, que rolaban a norte al final. Pero nada, no hay manera.

Mientras tanto matamos el ansia deportiva como buenamente podemos. Así he recuperado esa afición que tenía un poquitín olvidada por falta de tiempo más que nada. He hallado la motivación en la desmotivación eólica (curiosa paradoja), y los senderos casi inacabables que encuentro cada día que me adentro en ese bosque de pinos, jaras y eucaliptos que están a cinco minutos de la ciudad.

En preparando la visita de un amigo el sábado, le llevaré a conocer mi terreno:

El campo está glorioso, y aunque no hay demasiados charcos ni mucho barro (la tierra, ansiosa y sequísima, lo ha chupado todo rápidamente), el verde aflora por doquier y hay mucho agarre, algo inesperado y raro en este tipo de suelo que suele tener arenilla suelta y pequeñas piedras que llevan a la traición de la estabilidad en curva, y la falta de tracción en subidas empinadas.

Este es el resumen de la salida de hoy, 34 km de puro disfrute:


La Santa Cruz ha estado perfecta, como siempre, una devoradora de curvas que adora las bajadas a todo trapo, pero sube muy dignamente. Y tras tardes como ésta, solo cabe decir aquello de 

LAS 26 PULGADAS NO ESTÁN MUERTAS, ¡VIVAN LAS 26 PULGADAS!

desmoengendro: Eleven, por Atom Bomb Motorcycles

Dicen que recibieron una SS900 del 92. Dicen que estaba hecha polvo. Dicen que un tipo comenzó a rascarse la cabeza, pensativo. Una cosa llevó a la otra y...



La verdad es que el "diseño" tiene altibajos en la ejecución de esta bicha. El dos-en-uno desentona un poco, con ese poco recorrido de ¿silenciador? Da idea de inacabado y, en todo caso, de demasiado gamberro e innecesariamente outsider, algo fuera de lugar en una Ducati como ésta.
Tampoco concuerda correctamente la línea horizontal, quedando el colín desubicado respecto al depósito, algo difícil de rematar cuando se trata de un depósito que trata de ajustarse a los chasis Ducati.


Aunque en verdad, no estamos ante un chasis realmente Ducati, sino en una realización custom a partir de los planos de un 999, usando diferentes diámetros y espesores, e incorporando la pipa de la dirección original de la SS donante, con el ángulo un poco diferente. Dicha dirección da sostén a las tijas de la SS, que acogen sin problemas una horquilla de Suzuki GSX-R, cuyo único atractivo visual son las punteras radiales para las pinzas. Ya ves tú. El basculante, en cambio, si es de 999.


Parece ser que el motor sufrió un overhauling en toda regla, para ponerlo al día, aprovechando para montar unos Keihin FCR, pistones de alta compresión, embrague y flywheel aligerados, culatas hechas y etc. En fin, lo mínimo en estos casos.


Pero lo que hace especial a esta moto es el depósito y el colín, totalmente hechos a mano. El depósito en aluminio, ligeramente inspirado en el de la 999, con formas más pulidas y redondeadas, más convencional si se quiere ver así, dejando más hueco para los "filtros" de aire y para que se vea con total claridad el cilindro trasero. El colín, por su parte, se fabricó sobre la base del piloto de 1098 comprado por módico precio en eBay.


En definitiva, una moto que bien podría ser una actual SS Nuda, o algo así: ligera, sencilla, bruta, adorable.



Ducati 900SS custom by Atom Bomb.

Ducati 900SS custom by Atom Bomb.

Ducati 900SS custom by Atom Bomb.

Las mejores poesías de la lengua española

En una edición reducidísima de solo 50 ejemplares, llegó a mis manos el número 20, dedicado a mi hijo Pepe, nieto de autor:


Una antología, una más de entre las cienes que debe haber sobre este tema, y seguramente casi todas incluyen los mismos autores y poemas. En este caso, además de los clásicos españoles e iberoamericanos más conocidos e indispensables, el autor recoge varios poetas modernos, y abarca todos los estilos, desde el formalismo más acusado y férreo hasta el verso libre sin compromisos (y en muchos casos ni siquiera hay rima). 
La lectura de esta antología es fácil, porque sigue un patrón o guía asequible y fácilmente comprensible. Los autores son ordenados por orden alfabético, y no de importancia o de antigüedad. Hay una breve nota biográfica de cada uno, con reseña de sus más importantes obras, influencias y pertenencia a escuelas o movimientos, además de una pequeña selección de versos, que oscila entre dos y cinco o seis, según lo que al antólogo le guste. 
Lo he leído con gusto y me ha sido grato introducirme un poco en ese desconocido mundo de la poesía, algo prácticamente olvidado por los jóvenes (y los no tan jóvenes) hoy día. Pero yo lo comprendo, encuentro cierto excusa en un mundo en el que todo se vive más rápido, más ahora, más ya. No hay tiempo para nada, las redes lo ocupan todo, uno pasa muchas horas en el trabajo y lo que quiere es entretenimiento instantáneo y sin esfuerzo. Y la poesía requiere esfuerzo, tiempo y dedicación. También hay que buscar su momento, que puede ser, a mí me ocurre, cuando uno menos lo espera. Hay días en que me cuesta leer un solo autor, y tengo que repasar los poemas un par de veces o tres porque no me entero, no lo cojo, no lo pillo. Y otro día, en cambio, devoro sin piedad, puedo pasar dos horas, dos horas y media, tres horas, leyendo y absorbiendo, concentrado, en silencio o con una musica agradable de fondo a bajo volumen...
La poesía es así, supongo, como todas las artes, y sin duda hay que estar dotado para ser poeta. No digo ná para ser uno bueno!!

Porque lo bello es bello, y existen los cánones, y en poesía también es así, no se puede negar. Me gusta la poesía porque es enemiga de aquello tan falaz y repulsivo de "para gustos, los colores", o "sobre gustos no hay nada escrito". Por favor, cada vez que oigo una de esas alocuciones insensatas tiene lugar una tremendo facepalm en toda regla. 

domingo, 26 de enero de 2020

Singletrack in slow mode.

De mi época de descendedor conozco a Martín, un argentino que acabó vivienda en Huelva y se trajo su afición a la madre patria. 
Ahora, mucho años más tarde, me lo he encontrado en mi territorio habitual, con su flamante bici de enduro, moderna, de geometrías vanguardistas, materiales exóticos, ligera y eficaz. Un bombón de bici... pero quizá no la más adecuada para estos pinares aljaraqueños y cartayeros.
Me cuenta que se fisuró la cadera por dos sitios hace mes y medio practicando descenso, y es que ya vamos para viejos!!!, le contesto. Yo lo dejé antes de los 40. El tiene ahora 44, y sigue. Pues tú sigue, dígole, y ambos nos reímos.
Me acompaña, el ritmo es lento porque no está acostumbrado a rodar más que cuesta abajo, y se está curando de la lesión, y su bici no es adecuada, pero es la que tiene para andar por aquí. Y eso que me cuenta que tiene once bicicletas en su nueva casa de Bellavista. Once, y ninguna rígida ligera para andar por los revirados senderos de los pinares. 
Los duros descenders son asín.

Cambiando de tercio, hacía tanto que no pasaba por este caminito, que ya se me había olvidado este curioso cartelito:


Situado en uno de los dos árboles que hacen un paso en el sendero, un poco en curva, que según la velocidad a la que vayas puedes rascar los cuernos, o no. Huy, no uy. Juas.


Este es Martín, y su magnífica Pivot de enduro. Sí, efectivamente, el de la tienda de bicis es rico.


Sigo con lo mío, he investigado un poco hoy, con resultados positivos. Casi siempre se aprende algo, se descubre, se disfruta. Y mi Chameleon dando el callo. Llevo ya casi diez años con ella y me gusta mucho. Su nombre se lo pusieron en Santa Cruz porque el cuadro tiene un programa muy polivalente, y hasta tiene un pedalier con sistema excéntrico para tensar la cadena si la quieres montar con una transmisión singlespeed. Mi montaje es un poco endurero de la vieja escuela, si entendemos como viejo lo que se hacía hace ocho o diez años. Hoy día me miran raro por ir con ruedas de 26 pulgadas, transmisión de doble plato, o neumáticos de 2'1. Juas. Me parto.


Breve parada para coger aire tras minirrpecho de inclinación inciclable.

lunes, 20 de enero de 2020

desmoengendro: Rasio D'karma

Da gusto navegar por la red y de repente toparse con algo de esta categoría. Sí, CATEGORÍA.

Estos dos jóvenes con cierto background en bicis y motos de competición, se lanzaron y asombraron con la consecución de ésta, su primera obra reconocida, basada en una Ducati Darmah de 1980.
Es decir, la donante debió ser algo similar a esto:


A esa moto con motor cuya distribución está gobernada por eje rey (cuya puesta a punto, con esos delicados engranajes helicoides, era muy delicada, y que en la preparación que nos ocupa podemos admirar a través de unas ventanitas ad hoc), se le buscó el modo de acoplar una palanca de arranque, y se le despojó, sin piedad, de todo lo superfluo, innecesario, pesado, redundante o ridículo, por muy necesario que fuera treinta años atrás. La idea era hacer una moto básica, pero utilizable.
Y vaya si lo han logrado.




Sin caer en la desmesura, sin dejarse llevar por la excesiva incongruencia, añadiendo calidad a la vez que quitaban remilgos al diseño inicial, fueron reinventando, poniendo al día esa Darmah, sin caer en lo estrafalario, ni en lo estrambótico. uniendo sus líneas amablemente. Nada cae fuera de lugar y dejan su impronta en multitud de detalles insignificantes prima facie, pero que son las cosas que marcan la direrencia, sin ninguna duda, como la consecución de las formas del depósito y la perfecta actualización de la pintura que lo adorna, o la conversión al monoamortiguador trasero: magistral.


Uno admira estas fotografías y se admira, y se pregunta de dónde habrán sacado esas ruedas, que son como una versión contemporánea de las usadas en su día, más de tres décadas atrás y que, desde luego, una vez empleadas en esta creación pareciera que ningunas otras hubieran podido cumplir esta función. ¡Bravo, aplaudo felicitando, por no caer en las consabidas y típicas llantas de radios!


Sobre el trabajito del asiento-colín, con verlo quita el hipo, aprovechando para integrar el piloto. Una moto que al final queda plena y satisfactoria, en la que nada está fuera de tono, ni siquiera la brutal horquilla y tijas procedentes de una 1098 nada menos, con sus pinzas radiales. Para ello, igual que para meter el Ohlins trasero, el chasis tuvo que ser modificado. Gloriosamente, añadiría.


Hay que mencionar más cositas que delatan la profesionalidad, el buen gusto, y la pasión por la perfección y los acabados: la ausencia de cables visibles, que recorren la moto por sitios ocultos. Sólo vemos lo imprescindible, cosas como el acelerador, o los tubos de gasolina, o las pipas de bujía. Es que esto es un no parar...


Detalle de la conjugación perfecta de pasado y presente, unidos en algo realmente funcional:


Detalle del acabado del sillín, acogedor, retro, racing tone-up. No olviden percatarse de la existencia de intermitentes, carentes de protagonismo, como no podía ser de otro modo en esta obra:


Finalmente, la visión trasera es sencillamente perfecta y espectacular, con el verdadero protagonismo del depósito, reciclado de un NCR (sus formas incomparables lo delatan), con un puesto de mando minimalista que aprovecha el faro original sobre el que se ha encastrado el único reloj.


Toda la carne es hierba

Publicada en 1965 por Clifford D. Simak, en ella se nos cuenta una historia de invasión alienígena, o de una pretensión de invasión en todo caso. 
La sinopsis que viene en la contraportada es como sigue: Milville sería una pequeña ciudad adormecida, una ciudad como tantas otras si no fuera por una peculiaridad: había en torno a ella algo impalpable, una frontera, que podía ser atravesada por todo. Menos por la vida. 
Uno de los habitantes de tan singular ciudad era Brad, individuo más o menos fracasado, propietario de un invernadero. En algún momento comienzan a aparecer en éste misteriosas flores moradas. Flores que son las claves que permiten pasar a un universo paralelo, en el que existen inteligencias no humanas. Casi sin proponérselo, Brad se convierte en su interlocutor… 
TODA LA CARNE ES HIERBA es una hermosa fábula filosófica; una reflexión sobre cómo el desconocimiento de los mejor de los sentimientos incapacita a los seres para conseguir la armonía.




Pero la verdad es que poco alumbra sobre el verdadero contenido de esta buena novela de ciencia ficción en la que tenemos ciertos ingredientes fundamentales que, aunque a veces cogidos y tratados con pinzas y a la ligera, hacen que nos cuestionemos cosas, nos planteemos dudas filosóficas, pongamos en tela de juicio lo que es real y lo que no. Y todo aderezado por ese humanismo del que Simak inunda sus trabajos, como ya pude leer y comprobar en mi adolescencia al devorar "Estación de tránsito", su obra más aclamada y famosa, siempre presente en los listados de las mejores novelas del ramo. 
Aquella me encantó, y seguramente me volvería a encantar si la leyera de nuevo hoy. Pero no, lo que ha pasado por mis manos ahora es esta otra que trataré de resumir un poco tratando de no spoilear demasiado o quitarles las ganas de leerla ustedes mismos.

Todo empieza cuando Bradshaw Carter, Brad para los amigos, camino de una relajante jornada de pesca, choca contra una barrera transparente. A la sorpresa del extraño accidente se une al poco el descubrimiento de que rodea el pueblo, Milville, a modo de gigantesca cúpula (mira tu de donde sacó Stephen King la idea para... LA CÚPULA, que publicó en 2009, y fue llevada a la TV en una serie producida por el propio King y Steven Spielberg) que solo pueden atravesar los objetos inanimados, dejando a los lugareños aislados del resto del mundo.

Afortunadamente, a Simak le interesaba más el porqué de la cúpula que las miserias (que también) de los habitantes de Milville dejados a su suerte, así que pronto se descubre el misterio, Brad encuentra en su despacho un extraño teléfono, sin disco (recordemos, años 60) ¡ni cable! En el que recibe una sorprendente llamada de los responsables de haber levantado la cúpula ofreciéndole un trabajo como diplomático, podríamos decir que de representante plenipotenciario.

Poco a poco, en sucesivas interacciones con algunos vecinos que fueron reclutados hace tiempo por los propios alienígenas (algunos sin saberlo siquiera, sí, aunque parezca increíble), y las experiencias que Brad vive a causa de su papel en la invasión, se va haciendo una idea de cuales son las verdaderas intenciones de las flores, aunque el final, otra curiosa vuelta de tuerca, pone patas arriba todo lo que se estaba planteando hasta entonces.

Los paisanos de Milville sufren desconcertados su aislamiento físico del resto del mundo, a pesar de que siguen teniendo teléfono, electricidad, agua y comida, y pronto afloran sentimientos de odio y proyección de culpabilidad sobre nuestro protagonista, aprovechando algunos odios ancestrales que empujan al linchamiento público ante la incomprensión de lo que sucede. Una auténtica jauría humana se desata, y Brad debe luchar por convencer a los demás de su inocencia y de los fines verdaderos y posibles de los invasores.

Resultado de imagen de Clifford D. Simak Toda la carne es hierba

Los extraterrestres también resultan del todo atípicos. Manejan el tiempo y el espacio a su antojo y el caudal de conocimientos del que disponen es abrumador, sin embargo, por su propia naturaleza, no disponen de capacidad para ponerlos en práctica. Aunque no se explicita del todo en la novela, si es fácil comprender que su relación con las razas que ya conocen es simbiótica, ellos ponen el intelecto, los demás el músculo. Pero Simak necesita un casus belli, y en una rara demostración de impaciencia y falta de habilidad diplomática, hacen una serie de peticiones a los representantes de la humanidad (si, hay algo así como un llévenme ante su líder) con tan poco tacto que causan un gran desconcierto y la desconfianza a nivel mundial.

No es que esté escrita de forma brillante, ni que el estilo de Simak sea especialmente fluido o atrayente, no. Pero el planteamiento es original, y contiene varias ideas llamativas, como el tratamiento del espacio y el tiempo, y cierta penetración sicológica, que hacen que la historia se lea con cierto interés. No es un clásico, y posiblemente no deba serlo, pero tampoco pierden nada con leerlo, pues plantea cuestiones universales para el pensamiento humano.

viernes, 17 de enero de 2020

Singletrack fury más.

Más y mejor. Hoy me debatía en mi fuero interno, no me decidía, no sabía qué visiklet coger para mi paseo vespertino. Y es que me gustan todas, y mucho. Y las imagino ahí abajo, en el trastero, temblando de emoción por saber cuál será la elegida, y cuando me llevo una, las demás se quedan tristonas, de bajón.
Pajas mentales aparte, es cierto que a veces me cuesta elegir, y en otras ocasiones, en función de las características de la ruta, lo tengo mucho más claro.
Esta semana he ido posponiendo la práctica velocípeda por diversas cuestiones, y finalmente las piezas del puzle han cuadrado para poder salir hoy, y me sentía fuerte y con ganas, de modo que en vez de ir en coche hasta el punto de partida (en invierno, con pocas horas de luz por la tarde, me facilita mucho la vida), salí montado desde mi propia casa, lo que supone no sólo más kilómetros, sino el riesgo de volver con la noche encima... cosa que ocurrió.
En fin, la aventura es la aventura.
Kilómetros, de eso se trataba. Carril bici, un poco de callejeo, carriles de enlace para asaltar los senderos, un poco de exploración en la zona lindante con El Rompido... lo normal en estos casos. 


La Trek Sawyer fenomenal, como siempre. Una bici capaz, con geometría fantástica y firmada por el propio Gary Fisher, con el exotismo de tener el cuadro de acero y con formas retro que recuerdan a aquellas klunkers de los inicios de este deporte... y además rara de ver, tengo entendido que sólo hay dos en España, la mía (talla M) y otra en talla L cuyo dueño tiene un blog que yo seguía pero que abandonó (una pena, porque era muy activo, participaba en numerosas marchas y competiciones con ella). Supongo que aún la tendrá, cuesta desprenderse de una cosa así.
Se revela como perfecta para estos singletracks de los que me considero "piloto local", en ellos se encuentra como pez en el agua.


sábado, 11 de enero de 2020

Singletrack fury: no parar

Personalmente, a veces soy feliz. Y me puedo sentir libre. Muy feliz.
Percepción subjetiva de bienestar, el deporte es diversión. O debería serlo. 
Y cuando tengo tres o cuatro horas por delante de una bonita mañana invernal, comenzar con 9ºC y acabar con 15ºC, es un lujo. 
La pena es que sigue sin llover, y falta hace para nuestros campos. Pero teniendo lo que tenemos, hay que aprovechar y gozar de lo que hay, no cabe otra cosa.
Y la Scalpel se sigue comportando como lo que es, una magnífica bicicleta todoterreno capaz de proporciones dosis interminables de disfrute, de felicidad, de libertad.
En esta ocasión les cuelgo tres tomas del mismo momento, tres versiones distintas, quizá igualmente evocativas, me gustan todas. Intercalo ejemplos de los cartelitos que usa El Bocina para señalar los famosos caminitos que discurren por estos nuestros pinares, con sus peculiares faltas de ortografía, el dibujito knaif de un velocípedo con bocina sonando, y el color rojo de la tinta normalmente.







Por todos esos y muchos otros más he pedaleado hoy, y curiosamente he encontrado muchísimo menos tráfico este sábado matinal que el miércoles por la tarde cuando estuve por allí la última vez. Habrá sido casualidad.