sábado, 11 de enero de 2020

Singletrack fury: no parar

Personalmente, a veces soy feliz. Y me puedo sentir libre. Muy feliz.
Percepción subjetiva de bienestar, el deporte es diversión. O debería serlo. 
Y cuando tengo tres o cuatro horas por delante de una bonita mañana invernal, comenzar con 9ºC y acabar con 15ºC, es un lujo. 
La pena es que sigue sin llover, y falta hace para nuestros campos. Pero teniendo lo que tenemos, hay que aprovechar y gozar de lo que hay, no cabe otra cosa.
Y la Scalpel se sigue comportando como lo que es, una magnífica bicicleta todoterreno capaz de proporciones dosis interminables de disfrute, de felicidad, de libertad.
En esta ocasión les cuelgo tres tomas del mismo momento, tres versiones distintas, quizá igualmente evocativas, me gustan todas. Intercalo ejemplos de los cartelitos que usa El Bocina para señalar los famosos caminitos que discurren por estos nuestros pinares, con sus peculiares faltas de ortografía, el dibujito knaif de un velocípedo con bocina sonando, y el color rojo de la tinta normalmente.







Por todos esos y muchos otros más he pedaleado hoy, y curiosamente he encontrado muchísimo menos tráfico este sábado matinal que el miércoles por la tarde cuando estuve por allí la última vez. Habrá sido casualidad.

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