sábado, 15 de octubre de 2016

el café

Apuro un café al final de la tarde, un brebaje que me ha sabido a gloria después de una comida copiosa, varios pequeños vasos de digestivo de origen italiano, y campo, mucho campo.
Siempre es un placer compartir un día de campo con los amigos, sobre todo en días perfectos como el de hoy, con mucho sol y buena temperatura, niños jugando, mayores riendo y compartiendo experiencias.

Y el café. Bendito café. Me gusta mucho, desde pequeño.


Apuro el tazón con pena porque se acaba. Pienso en muchas cosas. Es lo malo de esos momentos tontos, esos ratos raros en que pareciera que el tiempo se detiene infinitamente y pasan muchas cosas por la cabeza. Mi hijo pequeño reclama la atención de mi persona y salgo de mi ensoñación, pero un poso de algo que fue, de algo que pasó veloz, queda en algún rincón. Ya volverá, quiero suponer.
La tormenta de arena, de Dorian, suena en algún lugar no muy lejos, conduzco de vuelta entre curvas y pinos nocturnos.
Pepe duerme en el asiento trasero del coche. El limitador, mientras, revisa el Caralibro que no ha podido ver en todo el día, largo día. Queda demostrado que hay vida más allá de las redes sociales. Absolutamente.
Manu anuncia que el Madrid mete un gol al Betis al poco de comenzar el partido.

Vuelvo un poco atrás en el tiempo, hasta esta mañana, cuando a lomos de mi moto he rememorado viejos tiempos. Curioso eso de llamar así a algo que ocurría hace diez o doce años. Pero... ¡qué gran verdad es aquello de la relatividad del tiempo!. 
Mientras tuve que levantar la visera del casco tras la subida del puerto de montaña llegando a Zalamea, para ventilar esa lágrima que asomaba a mis cansados ojos, no cabía mi corazón en el pecho, latiendo tan fuerte que pensé que rompía el mono de una pieza. Tal era la emoción que sentí.
La fábula del escorpión.

La vida da vueltas, y a menudo llegamos al mismo punto de partida. Días como el de hoy son el porqué me levanto a las 6:13 a diario.

martes, 11 de octubre de 2016

El porqué

Desde cierta edad, algo tan lejano ya que ni me acuerdo, me gusta la comunión entre motor, ruedas, potencia... sensaciones.
Hoy hay coches muy potentes, y los fabricantes se han embarcado en una lucha increíble con coches de alrededor de 1000 cv, llenos de tecnología, sí, pero... ¿y las sensaciones?

¿Puede un vehículo deportivo actual emocionar como lo hicieron antaño otros?

En unos días en los que casi cualquier utilitario, incluso los alimentados con esa cosa que usan las calderas, alcanza tranquilamente los 200 km/h, y además fácilmente, con seguridad, aplomo, y cualquier vaina con un permiso expedido por la DGT, en estos días, como digo, hay mucho donde elegir. Casi cada fabricante tiene vehículos basados en compactos, sobrepotenciados, que pasan holgadamente de los 200 cv, cifras que antaño estaban reservadas para coches prácticamente inalcanzables para la clase media.

Un Golf GTI actual rinde 230 cv. Hay rivales que llegan a los 300 cv según versiones. Pensemos que un Porsche 911 (993) no tenía tanta potencia, y además era muy delicado de conducir en según qué circunstancias. Hoy un GTI es un coche amable en el día a día, poco gastón, y capaz de correr tanto como para que vayas directamente a la cárcel y quedarte sin puntos en un viaje Huelva-Sevilla.

¿Esto es bueno? ¿Es malo?
Creo que nada es bueno ni malo per se. Eso son calificativos que la mente humana, en sus ganas de abstraer conceptos, inventa.
Pero vayamos a cosas tangibles, vayamos a lo emocionante, vayamos a lo que era y ya no es ni será.

Chris Harris es un probador de coches, especializado en deportivos. Por sus manos ha pasado prácticamente todo lo que se pueda llamar así, y lo plasma en unos videos amenos, en un inglés muy correcto y entendible, lleno de expresividad y emoción. No en vano, se ha convertido con el tiempo en un referente, por sus acertadas apreciaciones y su manera de transmitir lo que vive en el momento en que se pone al volante de uno de esos supercars que la mayoría sólo veremos en fotos y videos...

Recupero aquí uno de 2013, han pasado ya tres años, en el que pone cara a cara, frente a frente, a dos grandes mitos. Aunque, para ser sinceros, casi cualquier coche salido de esa fábrica es potencialmente un mito:



El video es un poco largo quizá, unos 22 minutos, pero para los más flojos o ignorantes les aviso que está subtitulado en mejicano, aunque es perfectamente entendible por un por un españolito medio. Merece la pena. Aunque sea por cultura general. 

Es decir: no es que sea recomendable, es que es obligatorio.

sábado, 8 de octubre de 2016

Volviendo a volver

Me caí en la curva de las putas.

Así de claro y directo me dijo Javi Vázquez, de Valverde, lo que le había pasado con su Gixxer. Me recibió alegre y casi emocionado, diría yo, cuando llegué a la venta del cruce de Santa Ana. Llevaba una camisete roja en la que se leía, con grandes letras, "DUCATI", y le pregunté: esa de ahí es mía. Señalaba hacia una Multistrada S de última hornada. Un buen pepino de manillar alto, muy caro. Enseguida llegó un amigo suyo sobre una Panigale 959, aún más nueva. Una de las pocas deportivas RR en el antaño abarrotado párking de la venta, hoy lleno de big trails, naked y algunas custom. Y mi 690.

Javi era un tandero de los buenos, no se perdía una, y llegó a hacerse con una furgoneta grande para usarla de motorhome y pasar fines de semanas enteros en los circuitos de toda andalucía. Me ha alegrado mucho pasar un buen rato con él, y sus calificaciones de las cosas me han llamado mucho la atención. 
¿Por dónde has venido?, me pregunta. He venido por San Bartolomé, Alosno, Cabezas Rubias, y de ahí por la carretera de San Telmo hasta la N435, le contesto. "Venir por la autopista y la general hasta Zalamea se me hace pesado con la KTM". Claro, me contesta él. Y me dice "¿Conoces la carretera de Zalamea a Calañas? Esa es muy buena para tu moto." 
Claro que la conozco, la cogí hace un par de semanas, le contesto, y él añade, "a esa la llaman la carretera de los corbades". Nos reímos cuando me explica que antaño en la gloriosa época de los quemados quemadísimos de las doble R, al volver a Valverde, los que no querían más "guerra" tiraban por esa carreterilla...
Ah, los buenos viejos tiempos, locura sobre ruedas, mucha velocidad, kneedragging... excesivo y peligroso. Todo ello sobre la N435. Me comenta que la N435 es "el circuito de los pobres". 

Como véis, tiene nombre para todo. Javi es carpintero. Le va bien, según juzgo por la moto que lleva. Me alegro.

Mientras tanto, un par de tomas pictográficas en una de las solitarias y perdidas carreteras que he tomado hoy:




La 690, de fábula, no puedo decirlo más alto. Acoplándome al concepto supermotard, me encuentro muy lejos de los límites, aún con los neumáticos sport-turismo que lleva, unos modestos Metzeler Z6. Son los que traía el kit de ruedas, y para esta temporada ahí se van a quedar. No van tan mal. Supongo que no serán tan pegajosos como unos Supercorsa, pero de momento no me han dado ni un solo susto, y estoy cualquier cosa menos cerca de la inclinación que pueden soportar, seguro.

La semana que viene comienza la temporada de moto de campo, pero no me veo con ninguna prisa por montar los tacos, sobre todo si no llueve y sigue haciendo calor.

Por si acaso, la vuelta de hoy ha pasado de los 250 km, que no están tan mal. La provincia de Huelva tiene muchas curvas y paisajes que ofrecer.

jueves, 6 de octubre de 2016

Verano sin fin

Y pasan los días, y las semanas, y seguimos teniendo unas increíbles tardes de alrededor de 30ºC, con la playa toda ella para nosotros.
Es algo magnífico y muy disfrutable, sin ningún tipo de duda. 

Y si además nos encontramos al final de la navegada con ciertos personajes... pues las reminiscencias de un verano que se resiste a abandonarnos del todo son incluso más fuertes:


Hay que reponer sales y líquidos después del ejercicio, eso es algo que hay que cumplir siempre, y si es en buena compañía, pues mejor.

Los días pasan, como digo, y ya he perdido la cuenta de los que estamos aprovechando con nuestro aparatos de sobrevolar el agua. Y lo digo totalmente en serio. 
Hoy ha sido la última grandísima experiencia, un típico día de menos a más, y justo una hora antes del sunset se ha "enchufado" bien (curioso, hablar de enchufamiento cuando me refiero a 10 o 12 nudos, a esos extremos hemos llegado). 
Recoger el material mientras la oscuridad se cierne sobre nosotros lentamente es una experiencia bella si se ha podido aprovechar el viento. Y se ha podido, con creces.

Ya empiezan a salir, pocas, pero algunas sí, viradas y trasluchadas. Es un mundo muy diferente técnicamente. Uno ve videos en la web, y parece muy fácil... pero no lo es para nada. A día de hoy puedo estar feliz de haber asimilado bien algunos conceptos, y mi memoria muscular y sistema nervioso central dan muestras de funcionar correctamente, mucho mejor de lo que yo pensaba. 

En definitiva, me veo obligado a tomar decisiones curiosas, como no ir a la playa sabiendo que va a haber viento de sobra... porque uno está tan hecho polvo de tantos días seguidos que es necesario dar un poco de reposo al cuerpo.

Es justo y necesario.

jueves, 29 de septiembre de 2016

El rango

Llevo poco en esto del kite, apenas un pestañeo. Pero un deporte tan joven, tan tan joven, ha tenido, tiene y tendrá una gran evolución por delante.
Los diseños de las cometas mejoran cada año, nuevas gamas llegan a los usuarios que demandan características determinadas para sus condiciones especiales, nuevos materiales, evolución natural en los diseños, sistemas de seguridad...
Con las tablas la cosa ha sido más lenta, pero es indudable que hay una búsqueda constante de prestaciones: tablas más ligeras, resistentes, que deslizan mejor. Tablas para surf específicamente diseñadas para ser usadas con una cometa, reforzadas, maniobrables y resistentes para la nueva ola (nunca mejor dicho) del freestyle strapless, sólo para los más locos o freaks (o ambas cosas).
Es la evolución.

Lo último en llegar ha sido el hydrofoil, un invento que ya es antiguo, como conté en este mismo bloc. Aplicado a una tabla de kite, con las ventajas para crear viento aparente que tiene una cometa y que ninguna otra vela puede ofrecer, se ha convertido, de la noche a la mañana, en una manera asequible, divertida y emocionante de navegar con brisas que rayan lo ridículo.
Estos últimos días, ya no recuerdo cuántos seguidos, hemos navegado a diario. Si no lo hemos hecho, ha sido por no querer, o no cuadrar horarios, nunca por falta de condiciones. Y eso es algo alucinante, tratándose de una actividad que depende de los elementos.
Hace tres o cuatro días, lo hicimos con cinco nudos. Ayer con más de cuarenta.
Es imposible, por tanto, que no tengamos estas caras de felicidad:


Celebrando el último recorrido con los foils.

Disfrutando del sunset en la vuelta tras la navegada.
Este es el efecto de 40 nudos de Levante en Caños de Meca
Fin de la sesión, celebración garantizada!!

Faro de Trafalgar al fondo. Foto invertida por cortesía del celular de Diego, el macarra de la derecha.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Supermoto

Se puede considerar una prueba de fuego. Un poco o bastante tardía, según se mire, pero las cosas suceden cuando suceden, ni antes ni después, eso es un hecho metafísicamente irrebatible. 

Por tanto, he aquí:


Después de intentos de asfaltización por mi parte, frustrados en parte, exitosos en otras cuestiones, al final uno acaba por rendirse a la evidencia. El concepto es el concepto, y lo original, lo pensado en Mattinhofen, supera con creces cualquier tipo de ocurrencia que uno pueda tener a más de dos mil kilómetros de distancia. Ellos saben más que yo, y llevan décadas haciéndolo. No en vano fueron los primeros en llevar a la calle, fabricado en serie, una supermoto. 

Mientras tarareo en silencio (curiosa paradoja, ¿no creen?) los acordes de Hands all over, de los insuperables y eternos Soundgarden, tema que llevo unos diez días sin poder sacarme de la cabeza, tal es su genialidad y fuerza, mientras tarareo esos legendarios riffs, y medio silbo un solo de guitarra que no parece un solo, transcurro por las carreteras de enlace, tranquilo, hasta San Bartolomé de la Torre. Preparando mi mente y mi cuerpo para lo que va a venir, enseguida enfilo dirección Alosno, y voy más allá, no mucho más, hasta Tharsis, donde doy media vuelta y vuelvo hasta el Portichuelo, donde desayuno plácidamente y me da tiempo a inmortalizar el estado actual de la 690.

Como ven, nada del otro mundo, salvo la perspectiva, la potencialidad, el ser consciente de las capacidades que me puede ofrecer semejante artefacto. Ciento cuarenta y pocos kg para 67 cv, y ruedas de carretera dignas de dicho nombre, son un cóctel perfecto para divertirse en curvas, cuanto más cerradas y lentas mejor. Pero el combinado no hace ascos a tramos más abiertos: la suavidad de rodadura, el aplomo, la calidad de chasis y suspensiones, los frenos que salen con nota... Todo cuadra en esta maravillosa máquina.

He tardado, sí. He tardado en dar el paso, pero las cosas al final salen como tienen que salir, no caben medias tintas. La moto me ha parecido brutal con esos Metzeler M6, unas gomas de corte más bien sport-turismo, y no unas verdaderas deportivas, y aún así el comportamiento sport ha sido impecable, a falta de exigir un poco más. Pero habrá tiempo para llegar a esas fronteras, de explorar los límites. Como en tantas otras cosas de la vida, hay mucho recorrido por delante, y tengo tiempo, no prisa.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La vieja guardia

De este rancio modo se traduce al castellano el original "Old Man's War". Se trata del trabajo más famoso del norteamericano John Scalzi, una autoridad contemporánea en esto de la ciencia ficción. No en vano, este señor ha logrado ganar un premio Hugo a su carrera con motivo de su blog, que rellena a diario, y en el se tratan los más diversos temas. 


El libro tiene todos los ingredientes para convertirse en una novela de acción, de amor, de futuro... pero es, al mismo tiempo, simple, asequible y, sobre todo, divertida de leer. Destila un humor, a veces ácido, y aunque narra cosas que pueden ser terribles, y penetra (puede que de modo superficial, de pasada) en lo que todo soldado se pregunta alguna vez, eso de la validez de sus actos, la moralidad de la cuestión, etc, es una novela que casi apasiona. 
Se lee de un tirón, pues su estilo sencillo y no intentar profundizar en la personalidad y carácter de los personajes ayuda.

El protagonista es John Perry, un señor que al cumplir los 75 años de edad, como muchos otros, decide enrolarse en la Fuerzas de Defensa Colonial, que se dedican, como su propio nombre indica, a defender las colonias de humanos que pueblan la galaxia. Claro, el tema tiene truco, pues acceder a ese ejército implica un rejuvenecimiento físico total, con lo que tenemos a gente con una larga vida en cuerpos de veinte años. Imaginen el cóctel...
Aventuras por doquier, algo de sexo, humor, un poco de filosofía, y viajes por toda la Vía Láctea peleándose con todo tipo de alienígenas en una lucha por el espacio de los mundos habitables.

Recuerda mucho a Starship Troopers (Tropas del Espacio), de Heinlein, y a Forever War (La guerra interminable), de Haldeman, dos auténticos y verdaderos clásicos cuya lectura no puede faltar. El autor no niega estas y otras influencias, pero este libro es distinto, no tan elaborado como aquéllos, aunque en realidad no podría afirmar que es peor ni mejor, sólo un poco diferente. 

A mí, personalmente, me ha entusiasmado, y supongo que a ustedes, si acometen la fácil empresa de su lectura, les encantará.

martes, 20 de septiembre de 2016

La visita triste

Como saben, he pasado un par de días de viaje con motivo de una boda. La boda, bien, muy bien. El viaje, estupendo. Mérida es una ciudad siempre digna de ser visitada, y he ido incontables veces.

Como última etapa de esta excursión, fuimos a visitar a mi tía Matilde. La Mati.

La Mati es soltera, y supongo que entera. Vivió toda su larga vida en casa de sus padres, y cuando mi abuelo enviudó, se encargó de él hasta sus últimos días. Ido aquél, quedó sola en la casa que la había visto nacer hace ahora noventa años. 
Eso es una edad. Noventa años, madre mía. 

Como todas las personas que viven solas, y han llevado una vida prácticamente encerrada entre cuatro paredes en un pueblecito de esa región extrema y dura, se adquieren rarezas, y mi tía, la verdad, era rara. Hablo en pasado, porque hoy día ya no la reconozco como la Mati de antaño. Persona de fuerte carácter, trato seco y distante al menos conmigo, por causa del deterioro de cuerpo y mente es hoy alguien a quien me cuesta trabajo reconocer.


Con la vejez, tuvo que ser acompañada en su casa, primero con una chica que iba varias horas durante el día, que limpiaba y cocinaba. Más tarde, hubo que hacer varios turnos, y era necesario que quedara también alguien por la noche. 
El deterioro físico le hacía imposible valerse por sí misma para las más nimias tareas personales. Cada vez necesitaba más ayuda y dedicación, y en un pueblo pequeño hay poca disponibilidad para esos menesteres. Tampoco sus familiares más allegados podían, por diversos motivos, aunque el principal es que también son personas de edad.
Tras varias reuniones y comités, se tomó la decisión de internarla en un centro para mayores, buen eufemismo para un geriátrico, y allí es visitada por sus hermanos (los que quedan) y algunos otros familiares, supongo que sobrinos. 
Por supuesto, la llevaron allí engañada, pues ella no quería salir de su casa, ni dormir en otro lugar que no fuera su cama, ni comer otra cosa que lo que fuera cocinado en su cocina. Pero como quiera que la memoria a corto plazo la tiene inoperante, y la demencia senil galopante le impide regir, al final hicieron lo que hicieron, que hoy, visto lo visto, creo que es lo correcto.

Es difícil imaginar que esté mejor en otro lugar. Allí tiene atención médica constante, es aseada, alimentada, cuidada, y el sitio es agradable.

Pero verla en ese estado ha sido un poco... raro. Por decirlo de algún modo. Ya repito que no es la Mati de antaño. No me reconoció, para empezar. Repetía las cosas. No puede andar, y apenas moverse, dada su debilidad y extrema delgadez.
Mi madre le compró un helado de chocolate, y se lo dio como si fuera un bebé, y con todas y cada una de las cucharaditas que se llevó a la boca dijo lo mismo, una y otra y otra vez: "¡qué rico está, pero qué frío!"
Se lo zampó entero. 
Por sus escasas palabras deduje que no sabía en realidad dónde se encontraba ni quiénes éramos. O a lo mejor sí, a ratos quizá. 
Llegado el momento de irnos, se puso triste al saber que la dejábamos allí sola. Se quería venir con nosotros. De repente se dio cuenta de que no estaba en su casa. Al rato se le olvidó ese mismo hecho.

Me asaltan muchas preguntas y dudas, aunque supongo que la mayoría no tienen respuesta. Es terrible lo que la vejez hace con las personas, con las mentes. ¿De qué sirve vivir así? La naturaleza es sabia, y hace un siglo era raro llegar a esos extremos. Hace dos siglos, la esperanza de vida no superaba los cincuenta años. Nadie tiene demencia senil, ni Alzheimer, ni casi Parkinson, a esas edades, y uno puede llegar con la dentadura completa. 
Le vamos ganando tiempo al cronómetro de la Parca, pero me pregunto si nos renta en términos de experiencia vital. La mente es un misterio, a menudo insondable. Las conexiones se rompen, o cambian, o se atrofian, y es un proceso irreversible, tristemente. Porque es triste ver personas que en su día, puede que no hace tanto tiempo, eran válidas, útiles, hasta necesarias en nuestras vidas, que se vuelven irreconocibles incluso para ellas mismas.

domingo, 18 de septiembre de 2016

La boda, el tiburón, y avances con el foil

El fin de semana se presentaba atípico, motivado principalmente por mi asistencia a la boda de la hija de una prima hermana a quien apenas conozco y sólo he visto tres veces en mi vida. Pero sí que conozco a mis primas, y siempre me cayeron bien, a pesar de tener poco trato con ellas por causa de la distancia.
De modo que hago de choffeur para mis padres, ofreciéndome a manejar el tiburón, vehículo sobre el que ya hablé hace años en este bloc:

A la puerta de un local donde adquirir gustosos manjares deirvados del cerdo, en Monesterio
El MB CLS, al que yo veo como heredero ideológico (salvando las distancias temporales y prestacionales) del afamado Citroen "Tiburón", es todo un placer para un viaje hasta Mérida. El aparato es un tragamillas impresionante, no tiene fin, nunca va forzado sea cual sea el crucero que llevemos, tiene un aplomo digno del AVE (supongo que los 1800 kg tienen algo que ver), amén de una comodidad fuera de toda duda. 
El bicho corre tela, pero el gran problema es que no lo parece, y puede ser fácil acabar entre rejas...
La boda, bien. Gran ágape, calidad en los productos, mucho ambiente, y un tiempo cojonudo. Me alegro muchísimo por los novios, la verdad.

Me dio tiempo a llegar hoy a mediodía para devolver tanto al tiburón, como a mis padres, sanos y salvos, a su hogar dulce hogar, y sin solución de continuidad agarré el volante de mi mosquito, que me pareció en esos momentos más mosquito que nunca: pequeño, ligero, duro de suspensiones y dirección, pero encantador por el ambiente de su interior, su potencia y manejo, a pesar de pronto va a cumplir nueve años. Sigue rindiendo al máximo nivel, y con sólo 55.000 km está prácticamente en rodaje. Maravilloso. Una gozada.

Llegar a casa, comer un plato de pasta amorosamente dedicado por el limitador, y poner pies en polvorosa hacia Punta Umbría, con ella, sí, raro pero verdad. 
Una floja brisa nos recibe, con una temperatura ideal para estar en la playa. Magnífico mes de septiembre, como siempre. 
Dudo, pero unas palabras cruzadas con el Hombre que Susurra a las Cometas me dan el ánimo que necesito, y finalmente, este es el resultado:




Una increíble tarde de hydrofoil, con vientos entre 5 y 8-10 nudos, en la que me he lanzado a intentar trasluchar y virar, con un par de veces exitosas (entre los 30 intentos...), pero sé, por experiencia, que estoy en el camino, y pronto estaré cambiando de amura sin tener que caer al agua necesariamente.

Lo que parecía que iba a ser un rollo de fin de semana, ha sido en realidad una experiencia gratificante de principio a fin, y es que, la verdad, cuando uno llega a una edad, se aprende a disfrutar de casi todo lo que hace.

Sed felices, disfrutad. Vivid.

Administrar

Leo en El Mundo, en su edición del viernes, un artículo de opinión del que me permito extraer el siguiente párrafo. Es sólo la punta de un iceberg muy grande:

"Tan solo con la Línea 9 del Metro Barcelona nos han robado más de 14 000 millones de €, presupuestada en 2.500 millones € y que ya nos ha costado más de 17.000 millones de € para poner en servicio tan solo 28 estaciones de las 52 pagadas, es el mayor desfalco de dinero público de la historia de España, pero hay tantos implicados y son tan poderosos que no se investigara jamás. .El túnel bajo el canal de la Mancha (tres túneles) es submarino con una longitud de 50,5 Km. y costó 15000 millones de €. La obra se inició en 1987 y a pesar de los retrasos en 1994 ya estaba funcionando."

Me ha recordado al similar desfalco que me escandlizó hace ya unos años con el asunto del soterramiento de la M-30 en Madrid, obra que duró muchos años, y que costó una cantidad indecentísima de dinero que incluso los nietos y bisnietos de los de mi quinta que vivan en la Capital tendrán que pagar. Presupuestos que se superan sin miedo, en forma de MILES DE MILLONES DE EUROS, es algo común en esta España nuestra, que ve cómo poco a poco, y sin al parecer remedio alguno, se va entrampando sin remedio, desde la entidad local más cercana al ciudadano, el Ayuntamiento, hasta la Admninistración Central (el propio Estado), pasando, cómo no, por las CCAA. Todas son deficitarias, todas viven de prestado, hacen presupuestos basados en el crédito que los bancos, las administraciones superiores, o Europa y el FMI, les va a proporcionar basándose en no me puedo explicar qué garantías.

La única y verdadera misión de la Administración es, precisamente, esa: ADMINISTRAR. Es decir, coger el dinero fruto de nuestro trabajo, esa parte que se detrae inmisericórdemente de nuestras nóminas cada mes, ese 21% que se suma al precio de cada bien o servicio (una quinta parte de todo lo que pagamos es impuesto para el Estado) que adquirimos, más impuestos especiales (tabaco, alcohol, combustibles, tasas ecológicas, universitarias, de exámenes, de casi cualquier papel público...) toda esa pasta que son muchos miles de millones de euros, y usarlos para prestar servicio público, que revierta en bienes, en beneficio del pueblo. Es realmente doloroso comprobar que no hay un puto administrador público que haga bien su trabajo, y no porque no sepan, sino porque son irresponsables. Irresponsables en el sentido puro y literal del término, pues no tienen que responder ante la Justicia por su mala gestión (un alcalde entrampa su ayuntamiento, o un presidente del gobierno entrampa a un país hasta superar el 100% del PIB, dios mío, ¿cuándo se creen ustedes que vamos a poder devolver eso?), y no pasa nada: se va de rositas, y encima de se echa flores por lo que ha logrado!!!!   De locos.
E irresponsable porque no hace su trabajo de administrar de forma cabal, como un buen padre de famiilia, de manera lógica y, claro, obviamente, responsable.

Esto es una puta mierda.