lunes, 31 de diciembre de 2018

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Sí, parece que fue ayer cuando atravesé el canal uterino para salir al exterior, donde nada más llegar sentí frío y unos azotes. Eso fue el principio de mi transcurrir por un camino lleno de dolor. Pero también de placeres. 


Semanas de sequía de aire en movimiento, algo inusitado. No hay borrascas, ergo no hay ventoleras. Siempre nos quedará el Estrecho, o eso decían, pero a veces ni eso sirve. El invierno es lo que tiene, y estamos preparados mentalmente, y aún así hay sufrimiento en nuestras perspectivas, nace la ansiedad, crece la agonía. 
Ay, ojalá todos los problemas fueran como éste, si es que ello es un problema, claro está.


El Cabo de Trafalgar nos acoge una vez más, con un Levante desaforado. Nuestras cometas de sólo 5'5 metros cuadrados nos llevan entre los 35-40 nudos, a menudo apretando el culo. La orilla está más o menos tranquila, pero dentro hay verdaderas moles de tres metros que proporcionan toboganes maravillosos sobre los que nos deslizamos con una mezcla de sonrisa y asombro en nuestra expresión. ¡Ou yeah!

No ha estado mal como regalo de cumpleaños por parte de los elementos. No me puedo quejar, y mi cara de felicidad lo refleja en el siguiente retrato tomado por Manu, que nos acompañó con su brazo roto para tirar algunas instantáneas a pie de arena:


Experiencia compartida, además, con Julitu, mi brother in arms a estos efectos y otros muchos. 


Volveremos. Muchas veces. Seguro.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Singletrack fury

Hoy sí. En mi soledad, con la única preocupación de escuchar a mi cuerpo, a mi corazón, mis piernas, me adapto a un ritmo natural, lo que me pidan las circunstancias. 
Como todos los años, llegada la fecha del aniversario de mi nacimiento, día superfluo por lo demás, tengo por costumbre internarme en algún paraje con alguno de mis velocípedos. Esta vez le tocó al Bisturí.


En esta nueva temporada de bicicampismo encuentro más y más senderos, el goce desmesurado, pues es lo más bello para disfutar. Hay que ser agradecido y reconocer la labor de aquél o aquellos que se toman su tiempo para abrir entre la maleza estas vías, algunas ocultas y casi secretas, otras más obvias y conocidas, que hacen de esta actividad una experiencia no sólo agradable, sino directamente maravillosa.


Una bici sin suspensión, incluso con algo de poco recorrido, puede convertirse en una máquina idónea para estas lides. La Cannondale Scalpel de 26 pulgadas se convierte así en un aparato muy cómodo, casi ideal. Pero mis Konas rígidas de acero o titanio se revelan igualmente interesantes en este ambiente, dada la suavidad del terreno y sus características técnicas.


Mucho verde, algunas setas, un par de grupetas que me crucé, un tiro de un cazador en la lejanía. Paz, silencio, pájaros, luz, sol.
Vida.
Libertad.
Placer.

sábado, 29 de diciembre de 2018

No tengo boca y debo gritar

Harlan Ellison nos regala este cuento publicado en 1967 (ojo a la fecha), que ganó el premio Hugo el año siguiente.

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Y digo que es importante tener en cuenta la fecha en que se escribió y publicó, los años sesenta, dado su argumento: En el relato se cuenta cómo una computadora militar (AM, tomado de I think, therefore I am, inglés para pienso, luego existo) toma consciencia de sí misma y decide acabar con la especie humana mediante un holocausto nuclear, rescatando únicamente a cinco personas, cuatro hombres y una mujer a los que mantendrá con vida y presos en un laberinto solo para torturarlos como venganza contra la humanidad por haberla creado. Los cinco humanos se ven condenados a una existencia horrible. AM los dota de vida inmortal, los alimenta con los imprescindible para sobrevivir, envía criaturas de pesadilla para que los atormenten, y evita con su poder que puedan suicidarse para dar fin al sufrimiento al que son sometidos.
Pensar en aquel momento histórico en una trama tal, tan sencilla como novedosa, aunque hoy nos parezca algo obvio, es de tener una gran lucidez y visión, porque ¿quién tenía entonces una computadora? ¿Cómo se podía pensar en una red?

Como dato curioso, Ellison afirmó que Skynet, la máquina que toma conciencia de sí misma y lidera la guerra contra los humanos en la saga cinematográfica de The Terminator, está basada en su visión del ordenador AM de este relato, y tras demandar al estudio productor de la película, en todas las versiones posteriores de la misma aparece su nombre en los créditos, ya que el argumento se «inspira» no solo en este relato, sino en otros dos más escritos por él.

Ahí queda el dato. El trabajo escrito se lee rápido dada su intensidad, su violencia, y nos deja un final un poco feo para nosotros, los seres humanos... Tómense un rato para hacerlo.

Pierer (KTM): “Tener una marca como Ducati..."

A raíz de esta entrevista publicada en Solomoto, les animo a que le echen un vistazo, vienen al caso ciertas elucubraciones.

Tener una marca como Ducati sería interesante
Stefan en primer plano, no parece ni austriaco. Detrás de él, una magnífica Superduke 1290R.
En mi opinión, KTM sólo querría a Ducati por la V4... y ni así, pues lleva ya un par de años desarrollando su propio V4, ¿o no?

Curioso cuando menos, lo que están haciendo los fabricantes del tercer mundo. Piénsenlo detenidamente: el trabajo de las fabricas del primer mundo lo mandan a realizar al llamado tercer mundo (deslocalización). Y ello porque, unas zapatillas deportivas que aquí cuesta fabricar 50 dolares/euros y que venden en 100, se las han llevado a fabricar allí, por que les cuesta 1 dolar/euro y piensan "que listo soy, allí fabrico 50 pares con el mismo costo y multiplico por 50 mis beneficios."

Pero llegamos a 2009, las fabricas en el llamado primer mundo, han dejado de producir, porque sus costes son "elevados", esto hace que cierren sus puertas, y (junto con otras causas coincidentes en tiempo y espacio) provoca una de las mayores crisis que se recuerda, si no la mayor. Muchos de los trabajadores que se ven afectados por los cierres eran los que pagaban los 100 dolares/euros por las zapatillas y ya no las pueden comprar, con lo cual los fabricantes pierden su mercado natural, y se ven obligados a buscar nuevos mercados. Estos mercados son los llamados emergentes (curiosamente los mismos que hemos denominados tercer mundo), y claro, allí esas zapatillas no se pueden vender por 100 dolares dado su poder adquisitivo realmente precario con respecto a sus sueldos, por lo que la zapatilla de 1 dolar, la tienen que vender finalmente en 5 dolares. Como consecuencia, para ganar 50 dolares, el fabricante tiene que multiplicar por 50 su producción. EL RESULTADO MAS PROXIMO, es que para ganar lo mismo, tiene que invertir 50 veces el dinero que invertía antes para ganar lo mismo: OJO, eso hay fabricantes que lo aguantan, y otros que se ven abocados a cerrar o vender, y viene el señor de tercer mundo, y se queda con la marca por el valor de sus perdidas, y nos venden el mismo producto pero con los dueños nuevos por detrás. 

Pero pensando en un futuro que yo seguramente no veré, ¿EL RESULTADO A LARGO PLAZO, CUAL SERA? En esos países (mal llamados del tercer mundo), recorrerán el camino que recorrimos el primer mundo, y reivindicarán sus derechos, ganaran sueldos dignos, les subirá el indice de precio al consumo, y seguirán pidiendo más aumentos (pues a todos nos gusta vivir bien), lo que llevará al aumento de costes de producción, y se convertirán en el primer mundo. Cuando estos costes sean elevados, a algún industrial se le ocurrirá la feliz idea de porqué no llevar la fabricación, a algún país económicamente deprimido, y volveremos a empezar el ciclo. 
Lo realmente curioso es... ¿dónde creen ustedes que encontrarán eso de un país económicamente deprimido? ¿ein? Quizá el que algún día, hace tiempo, fue llamado primer mundo y que entonces habrá pasado a ser tercer mundo...

Lo que parece indicar esta reflexión, y puedo acertar o no, es que estamos metidos en un circulo vicioso, y al igual que las estaciones del año, se ha convertido en cíclico, aunque dicho ciclo sea tan largo para que de la generación rica a la económicamente deprimida que venga después, no se acuerde la una de lo que paso con la otra, y si no, sólo hay que revisar la historia de lo grande que fue el impero chino, o el hindú, para darnos cuenta de que ellos alguna vez fueron el primer mundo...

domingo, 23 de diciembre de 2018

Singletrack fury: enseñando al pupilo

Un día soleados de invierno, de esos que invitan a hacer cualquier cosa excepto quedarse en casa!
Gran oportunidad para adentrarme un poco más con mi hijo menor en el noble arte/afición del bicimontañismo. Antes de acometer rutas más enrevesadas o técnicamente inaccesibles para su nivel, los pinares de Aljaraque nos ofrecen un entramado de senderos que llevo veinte años recorriendo. 
Aunque su estado de forma no es el óptimo, disfruta mucho y se adapta rápido. Hoy, por ejemplo, ha usado por primera vez pedales automáticos: con un par de someras instrucciones y consejos ha sabido aprovechar sus ventajas sin tener la típica caída en parado propia de estas primera pedaladas enganchado.
Sí, los niños aprenden rápido. Demasiado. 


El ritmo ha sido tranquilo, apenas una media de 15 km/h, pero eso no impide disfrutar del entorno. Sólo pasear a Miss Daisy sería un privilegio en este bosque típico de la zona, lleno de olores y sensaciones. Me transporto a otro universo, lejano en el concepto aunque cercano en el espacio, y mientras orbito el pedalier a ritmo pausado para que Pepe me alcance, entro en alguna especie de estado semimeditativo. El cerebro necesita esos paréntesis para descansar del ajetreo diario, evadirse, recapitular. La abstracción, el simple hecho de quedarse en blanco, es casi un lujo que aparece cuando uno menos lo espera.
Busquemos ese momento, esa ocasión. Aprendamos a tenerlo, a propiciar las condiciones.


Un par de semanas sin llover y ya no queda atisbo de charcos y casi ni barro. Algún pequeño banco de arena quiere aflorar aquí y allá, pero el verde es la tónica general. Setas aparecen entre las hierbas. Otros muchos ciclistas comparten nuestra afición con algarabía y expresiones de júbilo, nos cruzamos y nos saludamos. 
Entre dos tramos de curvas, dos singletrack bonitos y movidos, con subibajas y derrapes, y algún peralte, nos encontramos con un pequeño grupo de ciclistas con bicis de enduro y pantalones baggys: me da gran alegría reconocer a Dani, Martín y César, hacía mucho que no los veía. Comentamos ligeramente los últimos devenires de las modas en tamaños de ruedas, y poco más. Nos deseamos lo mejor y seguimos cada uno hacia donde iba.


Una mañana bonita para disfrutarla en compañía sin duda. Lo he pasado bien y espero repetir con Pepe pronto. Pero primero tiene que recuperarse de la palizilla, jijijiji

sábado, 22 de diciembre de 2018

El rebaño ciego

Formando parte de la "trilogía del desastre", junto con "Todos sobre Zanzíbar ", que ya leí hace unos años y me gustó, y otra novela que pronto, sin duda, caerá entre mis manos, ahora acabo de terminar "El rebaño ciego". 


Publicada originalmente en 1972, y nominada a los premios Nebula y Locus, esta premonitoria obra presenta en los tiempos que corren una actualidad total...

Sinopsis sacada de cualquier parte: 

He aquí una visión casi profética de nuestra entrada en el próximo siglo. El Mediterráneo es un mar muerto, está prohibido bañarse en todas las playas, en las grandes ciudades no se puede salir a la calle sin llevar una mascarilla filtro. En este terrible ambiente, donde en ocasiones llueve ácido y en otras se reciben avisos de no beber agua del grifo bajo peligro de muerte o de locura, los Estados Unidos siguen viviendo su gran sueño americano. El presidente mantiene una ilusión que ya no cree nadie, mientras un nuevo movimiento, los trainitas, intenta detener la locura colectiva al grito de “¡Deteneos, me estáis matando!”. Y un grupo de personas normales, de la calle, viven, sobreviven, a través de todo un año angustioso, el desmoronamiento de un mundo cuyo final es inevitable, a menos que pongamos algo de nuestra parte para detenerlo. Pero, ¿es posible todavía dar marcha atrás?
Con un hilo argumental en el que el verdadero protagonista es el medio ambiente, entendido globalmente, la Pachamama, Gea, el planeta Tierra, cuyos estertores estamos viviendo como testigos y a la vez verdugos, echándonos las culpas los unos a los otros, pero sin resolver nunca nada, cada uno a lo suyo... Ya vendrá alguien y lo arreglará. O no. 
Como borregos, ciegos.

Pues eso.

Obra fantástica del género, imperdible, un must en toda regla.

Cruisin’

Un paseo, dije. Una vueltecita tranquila, pensé. 
Uf, hace fresco: paso del mono de cuero de una pieza. Total, iré con la M900 y en plan tranqui. Un par de camisetas, el cortavientos, la chaqueta con forro térmico y protecciones integradas, los guantes enguatados. Eso sí, los pantalones de cuero con deslizaderas, por si acaso, nunca se sabe...


Sobre las 10:30 ó las 11, la temperatura subió, como es costumbre en el lugar, y dejé de sentir frío en las piernas. 
Un café cortado en la Venta del Cruce, pocas motos aún, pues es temprano. Una R1M en el parking, la creme de la creme, preciosa. No es una Panigale, pero me valdría, estoy seguro.
Sigo ruta hacia el Norte. Galaroza, Fuenteheridos, Aracena, y ahí comienzo a bajar en dirección Campofrío y Riotinto. 
Antes de alcanzar Campofrío soy adelantado por un grupo de motoristas que van muy rápido. Los veo venir de lejos y me aparto para dejarles pasar cómodamente. No me saluda ni uno. 
¿Voy tan lento? Simplemente tiro a lo que el cuerpo me pide. Mi felicidad no se rige por la de los demás, quiero creer, quiero pensar. Sigo hasta Valverde sin mayores incidencias, el Sol luce esplendoroso, hay cierto tráfico, no me preocupo más que por disfrutar del paseo.
Alargo la vuelta desviándome hacia Sotiel Coronada para coger el tramo de curvas que da a los Pinos, dejándome llevar por el pompone, el motor ronronea, yo sonrío, y una Yamaha de 1000cc me adelante a, calculo, medio metro. Ummmm, ¿por qué? Buffff, a saber... cada cual tiene sus fobias, sus manías y sus procederes, pero está claro que hay cosas que no son correctas. Detrás viene una R6 con él, pero como aprieto un poco, sólo un poco, se ve incapaz de superar a una moto con 40 cv menos. Y aunque no se trata de eso en la vida y en esta carretera precisamente, lo hago. ¿Por qué? Porque sí, es suficiente razón para mí.

Desde el cruce con la carretera nacional hasta casa no hay nada que resaltar, salvo señalar que las obras que van para dos años siguen igual a ojos del que pasa por los desvíos provisionales. 

Un paseo, simplemente eso. Una agradable vuelta a lomos de una magnífica moto, que no es perfecta, pero me vale. Por supuesto. Claro. Sí. 

jueves, 20 de diciembre de 2018

Machos y taladros

Ya conté someramente las cositas que ocurren con la mecánica cuando las máquinas tienen cierta edad. Resumen/sinopsis: intentando extraer un tornillo que sujeta el radiador de aceite de la M900, no solo se rompió una cogida de éste, sino que dicho tornillo, gripado en el interior de la tapa de balancines, se partió quedándose la mitad dentro...
Subsanado el tema de soldar el radiador, como ya expliqué en anterior entrada, pedí repuestos a Ducati y me dispuse a enderezar el desaguisado en la medida de lo posible. 
Hay varios métodos para sacar un tornillo roto, pero si además lleva años ahí dentro haciéndose uno con la pieza que lo aloja debido al óxido y las duras condiciones a que ha sido sometida su vida... las opciones se reducen.
Con el consejo y dirección de Vicente José, y la mirada y atención a ratos de Antonio Lozano, decidimos que la solución pasa por taladrar poco a poco el dichoso tornillo con la finalidad de hacerlo desaparecer en la medida de lo posible, para después rehacer la rosca del alojamiento con un macho.
Dicho y hecho, comenzamos con una broca de 2'5 mm, pasando después a 4, y luego a 5 mm. Tarea lenta, que hay que acometer con cuidado y ciertas dosis de WD40.


Hay que vigilar constantemente que el taladro no se tuerza, y ahí el buen ojo de Vicente José fue crucial.
La paciencia es clave en esta fase, no hay que tener prisa. El material va horadándose poco a poco.



Finalizado el agujero, lo que queda es un rastro de metal de acero, que son los restos del tornillo original, enroscado en lo que en su día fue la helicoide figura hembra en la tapa de balancines de aluminio del cilindro horizontal. El método para acabar la tarea es pasar un macho para rehacer la rosca al tiempo que se eliminan esos restos.
No fue difícil, en medio minuto quedó como nuevo.


Ya llegó el paquetito con las piezas de repuesto: un silentblock nuevo, tornillería y juntas metálicas para que los latiguillos del aceite sellen bien. De paso, para rentabilizar el envío, se añadieron filtros de aire y de aceite para una próxima revisión en profundidad que merece la Monster, ¡una fantástica máquina!

En fin, un escollo más que se ha salvado con éxito, merced a las instalaciones de Monkey Road. Sigo aprendiendo y disfrutando con ello. No todo es montar en moto: enredar en ellas es también satisfactorio y pleno.

Excentricidades

Me gusta ir a Monkey Road, no solo por su carácter social en cuanto a reunión de amigos que charlan de motos en un ambiente mecánico y sano, sino porque raro es el día que no aprendo algo. 
Esta es la culata de una Honda NSS250 de 2007, también conocida como Mojonda Forza: 


Cuando Antonio Lozano me dijo que había que hacer un reglaje de válvulas a este escutre, le dije que contara conmigo. Me gusta eso de poner las válvulas a punto, una tarea desconocida para la mayoría de los motoristas, que alguna vez han oído que es algo que hay que hacer, pero que pocos saben en qué consiste, cuáles son sus bases y su finalidad. El porqué, vaya.
De eso hay mucho escrito, y no me voy a extender aquí ahora.
Pero hablaré un poco de la NSS250 porque se trata de un caso peculiar. Sí. Ya de por sí, la mecánica de los escutres es peculiar, por decirlo amable y suavemente... cuando no se caga uno en las muelas de los diseñadores/ingenieros que deciden poner cada cosa donde la han puesto. Cada ejemplar de esta casi deleznable especie de objeto con ruedas tiene sus hechos diferenciales. Ubicación de periféricos, sistemas de transmisión, cableado, accesibilidad... es una quimera en la que a menudo es difícil penetrar. Pero dejemos esto para otro día. Quiero hablarles del curioso sistema de reglaje y ajuste de la holgura de las válvulas.
Históricamente, este juego existente entre la válvula y la pieza que debe empujarla para abrirla, se delimitaba mediante un conjunto de tuerca y contratuerca: se afloja la contratuerca, y apretando o aflojando el tornillo (que aquélla sujetaba de manera fija) se acerca o se aleja el balancín de apertura de la válvula. Es un sistema fácil, pero tiene sus limitaciones cuando se trata de obtener el máximo rendimiento a base de rpm. 
Posteriormente vino el reglaje por pastillas calibradas, que es la norma hoy día en los motores modernos y con prestaciones dignas: la distancia que separa la válvula del balancín o de la leva directamente (según el caso), viene determinada por el espesor de una pastilla que se intercala entre ellos. Cuando hay un desgaste o la holgura no es correcta, hay que calcular el espesor que sobra o falta, y cambiar la pastilla por la que sea más adecuada. Este es un sistema más fiable y mantiene el ajuste por más tiempo.

Pero con la Forza nos hemos encontrado con algo que yo nunca había visto. Tiene la ventaja de que no hay que andar con galgas midiendo huecos, ni hay que desmontar culatines, árboles de levas, balancines ni nada: se trata de un sistema de excéntricas que se pueden manipular desde el exterior del cilindro. De modo que sólo hay que desmontar un par de tapas para acceder a la culata, destaponar los registros que nos permitirán saber cuándo se encuentra el pistón en PMS, y siguiendo el sencillísimo procedimiento que encontré en la red, en un manual de servicio del modelo del escutre en cuestión, se realiza el ajuste en un momento.



Como dato para que conste en el récord estadístico, decir que este vehículo contaba con 62.000 km y jamás se había hecho tal operación, y aún así apenas hubo que modificar el ajuste. Increíble. Sirve para hacerse una idea de la calidad de este producto japonés que, aunque exento de alma o belleza, incapaz de producir más sensaciones que una lavadora, un friegaplatos o un horno microondas, es decir, que nació con el objeto de servir como otro electrodoméstico más, tiene cierta calidad en su concepto, una idea ésta de los ejes excéntricos que sujetan a los balancines que no parecía ser muy fiable a priori sobre el papel, pero que para los fines del susodicho aparatejo va de lujo.

Al César lo que es del César, sí señor.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Cosas de la edad

Cuando una máquina tiene 18 años y hay tornillos que nunca se han tocado, expuestos a la suciedad y el agua, puede ocurrir que estén griposos y al intentar sacarlos se rompan. O algo peor, como que en el proceso de extracción se rompa aquello a lo que está atornillado o la pieza que éste sujeta. 

Fue el caso del radiador de aceite de la Monster 900:




La opciones son comprar un radiador usado (nuevo puessss... baratos no son), o buscarse la vida y que alguien te lo suelde. El aluminio tiene su miga, como bien me ha explicado Juan Borrego, ingeniero, soldador y tornero, amén de mecánico, todo ello en sus ratos libres. Con un aparato de soldadura TIG se ofreció gentilmente a ello: 


Algunos problemas iniciales porque no cogía la soldadura, fueron solventados con cepillados enérgicos, un poco de piedra amoladora, y paciencia. Tras otros pocos intentos, por fin se pudo pegar el trozo fracturado. 
Vale, no es una obra de arte, pero tampoco era necesario mayor esmero, pues e radiador va en un sitio poco accesible a la vista, y la soldadura quedará oculta tras los únicos silent-blocks que tiene esa moto. Un win-win total, sí señor. 



Agradecer desde aquí la pronta ayuda del ingeniero, persona ocupada con múltiples responsabilidades, que no ha dudado en perder un buen rato no solo haciendo el trabajito, sino dándome las explicaciones oportunas además. Bravo!!!!