lunes, 18 de mayo de 2020

Cómo hacer un coche

Adrian Newey es uno de los más famosos diseñadores de coches de Fórmula Uno de la historia. Hay otros que también han adquirido relevancia por sus éxitos en grandes escuderías, pero ninguno de la manera y con la tozuda dedicación y obtención de resultados de Newy.


Hijo de un veterinario y una profesora de arte, creció en la Inglaterra rural de los años sesenta, alimentando su pasión por los coches gracias a la afición a los clásicos de su padre, quien le enseñó a fabricarse lo que le hiciera falta. Ya desde pequeño montaba maquetas, y de ahí pasó a fabricarse sus propios engendros motorizados.
Estudió ingeniería aeronáutica no muy convencido, pero su formación fue clave para desarrollar sus ideas en un mundo en el que cada milésima de segundo cuenta: la alta competición de coches en circuito. 
Sus comienzos en la Fórmula Indy le sirvieron de rodaje para posteriormente introducirse en diversos equipos de la Fórmula Uno en una época en que los equipos, en el mejor de los casos, contaban con cinco ingenieros para desarrollar el producto (hoy día tienen más de doscientos). 
Era la época en que surgieron ideas como el túnel de viento, que al principio se usaba con modelos a escala 1:5; el efecto suelo, los difusores traseros; la suspensión activa, frenada combinada activa; controles electrónicos de estabilidad y de frenada; la era turbo; la era de los motores aspirados; los V10, los V8, el KERS, los atuales V6 con turbo; y numerosos ingenios, tanto de suspensiones como aerodinámicos y mecánicos, todo ello interrelacionado (como los escapes sopladores para un segundo difusor, las cajas de cambios "seam-less" más pequeñas y estrechas que permitían una aerodinámica forma de botella de coca-cola)... La lista de historias contadas en este libro es casi interminable, todas ellas muy interesantes, que dan una visión del competitivo mundo de las carreras en que los aciertos en el diseño, el azar, la pericia de los pilotos, y la unión dentro de los equipos son todos factores igualmente importantes para tener éxito.
Todo ello se relata en este libro que recorre cuatro décadas de desarrollo mecánico, de reglamentos, de ideología del diseño, aventuras personales (lo tres matrimonios de Adrian, sus relaciones con los hijos y sus padres, amistades con diverssos personajes históricos, su paso por el colegio, instituto y universidad), incluso sus negociaciones de contratos con los dueños de los equipos. Su paso por Williams, Mc Laren y finalmente Red Bull Racing, con increíbles éxitos; relaciones con pilotos de la talla de Senna, Raikonen, Prost, Couthard, Webber o Vettel; los llamativos entresijos de fabricas a cargo de Ron Dennis o Frank Williams; la creación de RBR desde los inicios hasta ganar cuatro veces seguidas el mundial de constructores y pilotos... merece la pena y mucho la lectura de este documento, redactado de manera amena y hasta comprensible cuando el autor se introduce en temas técnicos para contar las ideas que tiene y los avances obtenidos retorciendo el Reglamento.
He pasado muy buenos ratos con su lectura, he aprendido cosas, y siempre viene bien un repaso histórico a algunos de los mejores años que hemos vivido de la Fórmula Uno, que hoy se nos antoja un poco aburrida y poco llamativa...

lunes, 11 de mayo de 2020

singletrack fury: lo hice

La fase uno ya está aquí, y no sé si hice bien o mal desde el punto de vista legal o ético. En mi fuero interno lo tengo claro.
He encontrado el campo perfecto, con agarre, sin polvo, bonito después de las ultimas lluvias caídas que, aunque breve, han dado algo de vida a nuestros pinares. 


La escogida esta vez fue la Santa Cruz, que se mueve en estos senderos como pez en el agua, muy ágil y de pedaleo eficiente. 

He disfrutado muchísimo, he gritado, he reído. Dos meses más tarde por fin he podido rodar como es debido. 

domingo, 10 de mayo de 2020

desmoengendro: sport 1000, por Ilario Ninni & star.ace

En esta terrible época de sequía de proyectos loables, en la que parece que las meninges de los preparadores sólo tienen capacidad para mirar la horrible Scrambler (maldita moda) y hacer no menos horribles esperpentos con ruedas, de vez en cuando hay que echar mano del concepto simple.

De todos es sabido que es difícil mejorar lo excelso, y sabemos que con las Sportclasic, Ducati lo clavó. Y aunque uno se cansa de ver lo mismo una y otra vez, a veces aparece un rayo de luz, y la demostración palpable de que menos es más:



No se ha realizado una inversión desmesurada, ni se trata tampoco de un trabajo de orfebrería. Y quizá por eso me gusta. Empezando por el color, ese amarillo que tan bien se ajusta a la época que quiere retratar, y que se extiende algún latiguillo y cable.
¡Viva la simplicidad!
Ese parece ser el lema de Ilario Ninni, el autor, quien lo ha hecho todo fácil, tirando de catálogo de piezas pre-hechas, sin tener que fabricar nada. De este modo, un colín reducido, un asiento aún más reducido, pero que juegan con el minimalismo al límite de lo tolerable para no dejar al depósito de gasolina en un plano mastodóntico, con un dorsal levemente perfilado también en amarillo, queda como anillo al dedo.
Seguimos con una de mis obsesiones, la implementación de un dos en uno, que aunque de tamaño generoso, para mi gusto queda mejor que los escapes dobles de serie, que son un auténtico atentado a la dignidad deportiva.



Por no cambiar, no se han cambiado ni los baratos Brembo de gama baja, pero total, qué más da. Muchas veces perdemos la perspectiva y creemos que vamos montados en una superbike de competición... y nada más lejos de la realidad. Un viejo adagio filosófico dice que "quien no es consciente de su realidad, perece en ella".



Aprovechando la reducción de peso de colín y escape, así como otras piezas menores como unas estriberas mecanizadas, encontramos todo un catálogo de objetos en fibra de carbono. Algo de gramos se habrán robado por aquí y por allá, o quizá sólo sea una concesión a la estética. Para el que le guste, claro, pues en una moto de marcado carácter retro como ésta, quizá el carbono está de más, no obstante congenia perfectamente con el amarillo del serbatoio, y le da un toque profesional.



Aquí la tenemos, lista para rodar, con todos sus aditamentos a falta de un retrovisor y la matrícula. Motocicleta perfectamente usable y que no dudo que a día de hoy, cuando lean estas líneas, su dueño estará disfrutando de manera enorme:

El inconfinado mecánico

Las dos "pastillas" calibradas que pedí a ducatiparts.es tardaron justamente un mes en llegar. Lo achacaremos a que no había stock y venían de Italia, donde la fábrica está bajo mínimos. La verdad es que desconozco quién ni cómo se surte de recambios esta web, que pertenece a los mismos que carbon4us.com. 
Un conocido me contó que las piezas las consiguen a través de un concesionario de Málaga, pero no sé si es cierto o no.

Sea como fuere, me disponía a remontar todo, y la parte más peliaguda es el momento de colocar los dos semianillos que dejan fijada la pastilla de cierre impidiendo que ésta se deslice por el vástago de la válvula, un sistema muy ingenioso, muy parecido a los típicos sombreretes que tienen las válvulas que usan muelles para cerrar. El caso es que las desmo tienen un muelle cuya misión es lograr la estanqueidad adecuada a bajas rpm y ralentí, y hay que vencer su resistencia empujando el balancín de cierre para poder colocar la pastilla y sus semianillos. Esto es una tarea truculenta, y aunque yo estaba avisado de que había que tener cuidado porque el retorno del muelle es potente si un semianillo está mal colocado, pues sí, voló por los aires una primera vez. 

Previamente yo había intentado bloquear el balancín para que no ocurriera esto, pero no logré dar con la tecla. Vi un par de videos en youtube, pero fue inútil, no lograba introducir un destornillador o una llave allen gruesa (de 8 mm) en el sitio adecuado. Así que lo intenté a la vieja usanza: empujando hacia abajo con un destornillador, y al mismo tiempo intentar poner el semianillo en su alojamiento... pero tuve que desistir. 

La primera vez que el semianillo de marras cayó al suelo del garaje tardé unos 25 minutos en encontrarlo. Es diminuto, el garaje no está muy iluminado, y hay multitud de chasca, objetos de diversa índole, muchas sombras, algo de suciedad... pero lo encontré. Me armé de paciencia, y procedí a intentarlo de nuevo, pero esta vez fue peor: salió catapultado como lanzado con un tirachinas a la velocidad de la luz, más o menos, o eso me pareció. Creí escucharlo chocar con el techo, y después caer sobre algo a unos metros de mi posición. Una hora de infructuosa búsqueda más tarde, abandoné toda esperanza. Recogí todo y me dispuse a buscar la manera de hacerme con algunos semianillos nuevos. Lamenté no haber pedido tres o cuatro de repuesto cuando compré las pastillas. Esperar otro mes por esas diminutas piezas de alambre de cuatro milímetros no me hacía mucha chispa, pero es lo que hay. Incluso me puse en contacto con Pepo Rosell para gestinarlo, y ya había consultado dos webs y había memorizado en el móvil el tlfno de Retalbikes, el concesionario más cercano en Sevilla.

Al final de la tarde el limitador me sugirió una idea, así que bajé de nuevo, arranqué el coche y lo moví para que sus luces iluminaran todo el espacio que ocupa mi garaje, y así, medio tendido en el suelo, fijando mucho la vista, enseguida lo encontré ¡eureka!, no me lo podía creer. La alegría fue en mí. Vaya sensación de alivio y gozo me invadió. Así que esta mañana me puse manos a la obra y por fin terminé de montarlo todo, con su correspondiente arrancada a la primera.

En esta primera imagen pueden ver la llave allen de 8 mm que usé para bloquear el balancín de cierre, colocada en su sitio, el balancín abajo del todo, y el vástago de la válvula desnudo:


En la segunda instantánea ya he colocado la pastilla de cierre. Para bloquear la pastilla y que no se deslice hacia arriba hay que ubicar los dos semianillos:


En este último holograma bidimensional con zoom ampliado, se observa perfectamente los semianillos ya colocados en su ranura, impidiendo que la pastilla se salga de su sitio. Pueden observar restos de grasa que he usado para que no se caigan mientras dura el proceso:


Con esta operación termina el mantenimiento previsto de la Monster, a la que ahora le quedan muchos miles de km por delante sin tener que hacer nada importante.

En esta nueva situación de desconfinamiento progresivo, mañana comienza la "fase 1", que es la segunda, en realidad la tercera, no queda claro si podremos usar la moto para dar un paseo. Tampoco si podré ir a la playa a hacer kitesurf. Todo es ambiguo, y a menudo contradictorio. Estamos aquí a verlas venir, y la verdad es que quien ha esperado dos meses puede bien esperar un poco más. No hay prisa ni ansiedad, y la salud y acabar con la epidemia es lo primero. 
Saludos y ánimos a todos mis lectores confinados como yo, y a los que incumplen las normas... que les den bien.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Inconfinable

Hay que ser un poco rebelde. Un poco. Como con cabeza.
Dado que inexplicablemente se nos ha impuesto un horario que no tiene sentido para salir con libertad controlada de nuestras casas, y que tal horario es incompatible con la práctica de determinadas actividades, hay que tomar medidas. Una sería no practicar dichas actividades, o hacerlas mal. Otra es ignorar o tergiversar, o interpretar la norma de un modo laxo. De este modo, defiendo que uno puede retrasarse un poco al final, o del mismo modo adelantarse al inicio: no creo que ni lo uno ni lo otro afecte al paseo de los mayores de 70 años cuando yo voy en bici buscando salir de la ciudad. 
Hay que aplicar un poco de sentido común a las cosas, pero esto choca frontalmente con la falta de capacidad de razonamiento de los seres encargados de velar por el cumplimiento de lo ordenado, quienes se escudan en el "es la Ley" sin cuestionarse absolutamente nada más. Sin duda tienen el trabajo que merecen, se lo han ganado.


Busqué una zona menos transitada, esta vez por el Norte, pisteo puerco puro y duro, pero al menos me ha servido para explorar un par de puntos que no conocía, y me he sentido vivo al surcar esos parajes de sembrados a buena velocidad con la bici de Wisconsin. 
Aún así se me hizo noche llegando a casa de vuelta, lo que no es agradable, porque si hubiera surgido algún pinchazo, avería o caída, hubiera sido desastroso. No tiene mucho sentido salir en esas condiciones, no compensa el estrés, la presión de la hora. Uno sale en bici a disfrutar, y no a mirar constantemente el reloj.

lunes, 4 de mayo de 2020

Ritchey, 1979

Cuando veo una de estas bicicletas de los inicios del mtb, no puedo dejar de pensar que se ha perdido algo en el camino hasta los modelos de hoy día. Quizá la palabra es "pasión", o "amor", o "dedicación". Quizá es sólo una paja mental de un casi cincuentón que mira hacia atrás pensando demasiado, echando cosas de menos, y mirando el mercado actual, una selva donde el "sálvese el que pueda" y la obsolescencia programada campan a sus anchas. 
Hace unos días estuve mirando entradas del bloc de hace diez años, la mayoría eran sosas (y a lo mejor lo siguen siendo), y muchísimas fotos se han perdido en los archivos digitales y la nube, ese gran invento que nos iba a facilitar mucho la vida, ¿se acuerdan? Nos venden la moto constantemente, en todos los aspectos de la vida, y nos dirigen y manejan sin que siquiera nos demos cuenta. Esto es terrible, y aunque uno es consciente de ello, es algo tan sutil, refinado y profundo, que no podemos casi evitarlo. 
















Inconfinado

Y llegó el ansiado día 2 de mayo, fecha señalada históricamente por otros motivos desde principios del siglo XIX, pero en estos momentos pocos se acuerdan de aquello. 
Miles de seres humanos en la ciudad estaban deseando salir, y salieron como toro del chiquero, embistiendo y llevándose por delante lo que hiciera falta, algunos ordenada y civilizadamente (quiero pensar que la mayoría), pero otros con total desprecio no sólo por la norma y la recomendación (que uno puede desoir y desobedecer si va en contra de la moral o de la lógica, ateniéndose a las consecuencias que se deberán aceptar), sino hacia el prójimo, el vecino, el conciudadano. Es el egoísmo llevado a la máxima expresión, la materialización del pasotismo hacia el vecino, el congénere, la absoluta ignorancia de las más elementales reglas de educación y urbanidad. El superhombre, el lobo de Hobbes, nos rodea, aflora en estas circunstancias de crisis en que algunos sujetos se vuelven irascibles, su conducta transmuta a otra personalidad, se vuelve irreconocible.
Pero vivimos en sociedad, y si a uno no le gusta lo que ve, puede hacer tres cosas: aguantarse, intentar cambiarlo, irse a otro sitio. Pero nunca, repito, nunca, se puede permanecer en el sistema viviendo a tu puta bola, porque el propio sistema te cogerá, te engullirá, te masticará y finalmente escupirá una pulpa contigo. 
Tampoco defiendo ahora aquello de "ver-oir-callar", sino algo más sutil, o más elaborado: ver, oir, callar, hacer lo que te salga del navo siempre que no molestes a nadie. 

Pues el día dos, sábado, a las 9:15 horas salí con mi bici de carretera para tantear los ánimos y el tránsito por el puente Sifón, antiguo Puente de Punta Umbría, ya que sospechaba que al final del mismo podría haber un corte al ser el límite del término municipal, barrera infranqueable según el Decreto del día anterior. No había nadie que impidiera el paso hacia el carril bici que une Huelva con Punta Umbría, pasando por los términos de Aljaraque y Gibraleón. Bien, me dije, mañana será mi día.
A las 20 horas salí con la máquina de discutir a dar un paseo, lo que fue un error y una experiencia nefasta por lo que ya he explicado más arriba.
A las 8:15 horas del domingo salía de mi casa sobre una de mis bicis de montaña, soñando con surcar los senderos entre los pinos, pero me topé con el muro de tres patrullas de la Guardia Civil, en total seis robots verdes, que juzgaban la conveniencia o no de ir para acá o para allá en función de criterios que sólo sus circuitos neuronales programados comprendían: si vives en Huelva, no puedes pasar, y o te das la vuelta o sigues hacia el dique Juan Carlos I, hasta una cinta policial que cruza la carretera, momento en que hay que dar la vuelta y regresar (p.k. 11 de dicha carretera); si vienes de Huelva pero vives en Aljaraque, puedes pasar hacia Aljaraque (pero cómo coño puede ser que vengas entonces de Huelva?); si vienes de Aljaraque y vives en Aljaraque, no puedes pasar hacia la ciudad, pero sí seguir por la carretera del espigón (pero cómo, si eso es término municipal de Huelva?); si vienes de Aljaraque pero vives en Huelva, puedes seguir hacia Huelva o hacia el espigón (pero cómo coño puede ser que vengas entonces de Aljaraque?). 
Imposible razonar con ellos, de modo que me veo obligado a hacer una de las cosas más horribles que hay en ciclismo, que es seguir muchos km por carretera con una bici de campo.


La vida se abre camino rápidamente, pues cada grieta, junta de dilatación, o al borde alcantarillas y tapas de registro, está surcada de hierbas y pequeñas plantas que al no ser constantemente pisadas han aflorado. Durarán poco. 
Muchos ciclistas, aficionados habituales, pero también casuales pedaleros de oportunidad, con tal de escapar un poco de la urbe. En general la concordia, las sonrisas, los saludos, han sido la tónica habitual, lo que se agradece. A la vuelta, 9:30, ya no estaban los agentes del orden en el cruce conflictivo, cicunstancia que aproveché para adentrarme hacia el lado prohibido, mucho más atractivo (como suele ocurrir siempre) que lo permitido. Llegué hasta mis amados pinares, di una vuelta por algunos senderos sin extenderme mucho, comprobando que la hierba y los matojos lo inundan todo, y volví al carril bici. 



Pero ya era tarde, y fruto de la casualidad quiso el destino que mi persona fuera interceptada por otra patrulla benemérita que había detenido a un vehículo en el principio del puente. Yo ya tenía pensada una excusa que contar si esto me ocurriera, aunque la norma es la norma, y estaba preparado para apechugar y soportar lo que me quisieran echar. Al final la cosa no pasó a mayores, una mera amonestación verbal, como si el guardia fuera mi padre y yo un hijo díscolo y rebelde. 
Llegué a casa a las 10:55. Sano y salvo, cansado después de 52 km, pero feliz de que todo hubiera salido bien. 
El sistema del desconfinamiento tiene fallos, es imposible contentar a todo el mundo, y tenemos que adaptarnos lo mejor que podamos. Es lo que hay. Pero a lo mejor no interesa ese nivel de estrés por pedalear un par de horas a mediodía (pues entre las 6 y las 7:30 hay poca luz, y por la tarde a partir de las 21:30 nos encontramos en la misma tesitura) o por la noche, y con los límites espaciales que nos imponen. Yo era feliz por poder dejar guardado el rodillo, pero quizá tengo que volver a cogerlo.

Ya veremos.

jueves, 30 de abril de 2020

la chica mecánica

Publicada en 2009, esta novela ganó en 2010 una ristra impresionante de premios que califican su calidad y valía: Hugo, Nebula, Locus y John W. Campbell Memorial, entre otros.




La acción se sitúa en el siglo XXII, en el que Anderson Lake es uno de los pocos occidentales que ha obtenido permiso de trabajo y residencia en Tailandia. Sin embargo, la fábrica que dirige es una tapadera: su misión es descubrir la reserva de semillas no modificadas de plantas desaparecidas hace muchos años en el resto del planeta, que misteriosamente se han conservado en el aislado reino asiático, y entregarla a la multinacional biotecnológica para la cual realmente trabaja. Paolo Bacigalupi nos lleva a un mundo donde el cambio climático ya se produjo, casi se han agotado el petróleo, el gas y el carbón, la tracción animal ha reemplazado los motores de combustión, la ingeniería genética se aplica en cultivos, animales e incluso humanos, y las multinacionales biotecnológicas controlan la principal fuente de alimentos: las semillas transgénicas. Un mundo donde las personas han de recordar de nuevo qué las hace humanas.
En su búsqueda por esos recursos secretos y escondidos, Anderson Lake se topa con Emiko, la chica mecánica, un "neoser", fabricada y diseñada para servir originalmente como secretaria y ayudante de un rico magnate japonés, que la abandonó en uno de sus viajes a Tailandia, y ahora para subsistir tiene que recurrir a la prostitución en un sucio local donde es denigrada y abusada constantemente dada su situación de ilegal/prohibida. Pero Emiko tiene otras virtudes, o ventajas, o habilidades, que nadie sospecha... y algún que otro inconveniente también. Y aunque la presencia de la chica mecánica es casi accidental o accesoria en la trama, finalmente una acción suya sirve de detonante para que el tenue equilibrio de poder del país se derrumbe provocando el colapso de toda una civilización.
La línea argumental incluye otros varios personajes que nos ayudan a ir dibujando la composición y el clima de la sociedad Thai, formada por una base de millones de ciudadanos que viven prácticamente en la pobreza, en un mundo prácticamente sin energía eléctrica, ni derivados del petróleo; una realeza que nunca aparece y que uno duda que exista realmente; un dos grandes grupos de poder, que son el Ministerio de Medio Ambiente y el de Comercio, enfrentados en una guerra intestina por recursos, energía y violencia. En medio, los "farangs", o extranjeros, enviados y delegados de multinacionales agrícolas dedicadas al estudio, investigación y comercialización de semillas transgénicas, los productores de calorías. 

Una novela más de tintes apocalípticos dentro de un presupuesto post-apocalíptico, lo que puede parecer un lío o una contradicción, pero no lo es. Una llamada de atención sobre el problema medioambiental, una petición de socorro ecológico... que no servirá de nada, pues como en el mismo libro podemos leer, lo que manda es el poder, el dinero, la avaricia, el desprecio por el prójimo. Y ya sabemos que la realidad siempre acaba superando a la ficción.

Magnífica lectura que no puedo dejar de recomendar.

miércoles, 29 de abril de 2020

confinado, 17: mal

Descubro que no se podrá traspasar la frontera provincial hasta que finalice la tercera fase de desescalada, esto es, como pronto, el 22 de mayo. Eso son prácticamente dos meses. 
Dos meses más sin poder ver en persona a mis padres. Es de traca. Yo no puedo visitar a mi familia que está en la provincia contigua, pero transportistas varios, o mi jefa que vive en Sevilla, pueden hacerlo a diario y sin ningún problema. Yo, que iría directo de mi casa a la suya, sabiendo que ni en mi ámbito familiar ni en el suyo hay ningún infectado, no puedo. Pero un paquete que viene de Amazon desde Francia, que habrá pasado por no sé cuantas manos, y cuyo porteador puede venir de cualquier sitio y ha pasado por varias paradas en diferentes localidades desde Perpignan hasta Huelva, sí puede. 
La norma dice que no está permitido salvo causas justificadas, y yo pregunto ¿cuáles son esas causas? ¿están tasadas? ¿quién las tiene que justificar y bajo qué criterios? 

Es todo tan arbitrario, se explica tan mal, hay tantas situaciones diferentes, que resulta difícil para el humano acostumbrado a cuestionarse las cosas el acatar estas recomendaciones que nos llegan como órdenes de un ser superior, inapelables, dogmáticas... pero sin apoyo no ya científico, sino siquiera moral. 

Mientras tanto, leo a diario los escándalos (a diario, sí, es impresionante esto) motivados por la falta de rigor de este Gobierno, que miente llamativamente, no deja de verter propaganda, manda un mensaje contradictorio día sí y día también, y mientras el apocado e inútil del Presidente, a quien la situación tiene desbordado física y mentalmente, no es capaz de convencer a nadie de que las cosas se están haciendo ni medianamente bien, el Vicepresidente Segundo no pierde ocasión para meter con calzador sus propuestas de tintes comunistas. Para mí ya estamos viviendo la aplicación de un estricto régimen comunista, al más puro estilo de la R.D.A. de la posguerra, en la que tampoco se podía circular, era necesario un pase para todo, había racionamiento, y todos, absolutamente todos los que tenían dos dedos de frente, querían pasarse al otro lado del muro. Han pasado 32 años de la caída de aquel muro, pero hay niñatos (que ni vivieron aquella época, ni mucho menos la de la temida y odiada dictadura franquista) que quieren volver a levantarlo, caiga quien caiga, arda quien arda (por seguir con su propio lenguaje), y a costa de lo que sea (aunque sea de los miles de muertos por esta epidemia). 

Me siento mal. Me siento, amarrado de manos, atado en mis libertades más elementales, despojado de algunos de mis derechos más fundamentales, y todo realizado sin los procedimientos adecuados legales previstos en la propia Constitución Española de 1978, con la que podemos o no estar de acuerdo, pero es la que hay y tenemos que acatarla TODOS. Y si no gusta, que se cambie... pero no hay quien ate esa mosca por el rabo, por algo será. 

Las cosas se han hecho mal, se siguen haciendo mal, y lo pero es que todo indica que se van a seguir haciendo mal. 

Perdonen el tono miserable y derrotista de esta entrada, pero no siempre uno va a estar de buen humor y ánimo elevado: son muchos días, y todos tenemos nuestros problemas.

martes, 28 de abril de 2020

Confinado, 16: el inconfinable

Llevo varios días sin publicar nada, y es que he estado pensando. Me estrujo las ideas, veo cosas, siento que... bueno, hay sensaciones que son demasiado íntimas, pero ocurren historias que me revuelven las tripas. La Libertad, mi libertad y la de los míos, se ve conculcada en este confinamiento, hasta un punto que se vuelve prácticamente insoportable para alguien de mi línea de pensamiento, de mi ideología vital, de mis convicciones. La Libertad es lo primero. Sin ella, ¿qué somos?


Muchos se quejan de que el Gobierno es una mierda, y están deseando salir de casa, pero obedecen a rajatabla al Gobierno que odian, y ese odio lo proyectan hacia la gente que quiere ser libre.

“Volveremos a la normalidad muy tarde”, dice la gente criticando a los que han sacado a sus chavales. La normalidad la crearemos nosotros de nuevo cuando perdamos el miedo a vivir. El ser humano ha convivido durante miles de años con virus y no se ha parado el mundo, ¿vale?

Nacemos, nos reproducimos, observando como el telediario reproduce la muerte en nuestras mentes. Mediante la sobreinformación en los telediarios, redes sociales, de que ahí fuera hay algo que nos va a matar si no salimos ultraprotegidos… y ese miedo, el hambre y la falta de ingresos mínimos, acabará matando más que el propio virus. Suicidios, falta de ayudas… es peor el puto remedio de quedarse en casa y paralizar el país, que la puta enfermedad, joder.

Pero aquí parece que la gente está dispuesta a sacrificar meses de su vida encerrada, pensando que al salir el virus habrá desaparecido… El virus ha venido para quedarse, y cuanto antes lo pasemos, mejor. Seguir ahí encerrados debilitará nuestro sistema inmune, por mucho que hagamos areobic mientras grabamos videos chorras para subirlos a Tik Tok. Nos hemos acostumbrados a estar tan metidos en casa que ya está mal visto cualquiera que sale.

Acostumbrados a vivir con miedo, pan y circo, todos los putos días desde la tele: estar encerrado mola, puedes ver series, aplaudir a las ocho mientras pones música a tope; y se ha normalizado tanto, que salir a la calle es una locura o una aventura con demasiados protocolos a seguir.

Otros temen al virus pero quieren salir a trabajar, mientras se quejan del que pasea a sus niños o sale a correr solo. ¿Qué piensan, que el virus sólo les perdonará a ellos? A ver si empezamos a abrirnos cuentas como usuarios de la vida propia, y dejamos a los demás vivir la suya con los riesgos que eso conlleve. Pero aquí lo que mola es imponer a los demás, jugar a ser policías, marujas envidiosas de balcón: quédate en casa, descárgate el logo y ponlo en tu perfil y siéntete buen ciudadano, múerete en casa esperando las soluciones, no salgas a la calle vaya a ser que te mueras… pero ten cuidado no vayas a morirte en tu casa por quedarte más tiempo del que puedas.

Creo que si seguimos así, y el tiempo pasa y no espabilamos, muy posiblemente habrá que cambiar el hashtag “yomequedoencasa”. Cogeremos el puto móvil por última vez en nuestra vida  para abrir nuestra red social preferida y postear “se acabaron las provisiones, yo me muero en casa”. Sin que sea el virus el que te mate.