sábado, 19 de septiembre de 2015

el dolor (reborn)

Leyendo el bloc de quien me introdujo en el Yoga, Carlos Serratacó, especialmente en su última entrada, no he podido resistir a escribir ésta que ahora lees, a modo de catarsis o liberación. 

En "yoga y dolor", leo cosas como éstas: 

Vivir con dolor, y si ese dolor es fuerte, sea estable o esporádico es algo muy duro. Aquí el yoga con toda su enseñanza nos puede ayudar muchísimo. Es duro porque en primer lugar si ya de por si nos cuesta entrar en contacto con lo íntimo de nosotros, con dolor, es más complicado, es un andar tortuoso incluso sentirte.
Luego hay un martilleo constante dentro de nosotros de no aceptar dicha situación, hay algo dentro que no acepta la situación. Hay casos que lo único que te apetece es lanzarte por el balcón.

Aplicable sin duda a la vida misma con carácter general, no solo a la práctica de yoga. Seguramente todos conocemos a alguien que viva en esa situación, personas ancianas, por ejemplo, o aquejadas de algún tipo de enfermedad crónica. 

Con esa entrada, y las casualidades existen (como la experiencia me ha demostrado continuamente), me ha tocado de lleno. 
Recuerdo que entré en el maravilloso mundo del yoga merced a una lumbalgia que sufrí hace varios años, para reforzar la espalda y corregir posturas y tal y cual. Y el yoga entró en mi vida como un ciclón.
Más tarde, por avatares de la vida, no he podido seguir practicándolo tan seriamente, si es que tal adverbio se puede aplicar en este caso, pero nunca he dejado de hacerlo, mucho o poco, tarde o temprano, con más o menos esfuerzo. A menudo, simplemente observando mi respiración plena en un momento de tranquilidad en la playa o en la montaña... En esos momentos suele ser suficiente.

Pero hace unas semanas, sin esperarlo porque no he tenido ningún aviso, he tenido un nuevo ataque de lumbago. Ya lo había olvidado, fíjate, son los mecanismos de defensa de la mente. Y de repente, de un modo grotesco y quizá cómico (sentado en la taza del wáter mientras leía apaciblemente un libro), ese pinchazo terrible en la baja espalda que me deja absolutamente inútil.

Tras el típico tratamiento médico, y pasados los síntomas más dolorosos, me puse a estudiar mi caso, en el afán de encontrar la causa. No es fácil. No soy médico, ni siquiera estudié ciencias. Y ya sabéis que la red es una gran fuente de desinformación...

Mientras tanto, y aunque lo más duro ha pasado, tengo una sensación constante, una pequeña quemazón en determinada vértebra, como un recuerdo sordo, a veces ni lo noto, pero otras me llego a asustar porque pareciera que me va a dar el lumbago de nuevo que me lleve a urgencias. 

Busco y practico a diario una rutina de asanas que creo que vienen bien. Me relajan, y mi cuerpo no se queja. Sé que es un camino largo, y que la edad pasa factura. Tampoco mis aficiones ayudan, porque tengo la espalda muy machacada y el limitador de velocidad dice que soy muy bruto... 

Pero sí, por desgracia, comprendo lo que es vivir con dolor, y aunque lo mío es realmente algo leve comparado con lo que sufre mucha gente, puede llegar a convertirse en una situación desquiciante. Hay que armarse de una buena fortaleza mental, plantar cara a la vida con optimismo, sonreír, dejar pasar, incluso olvidar.


viernes, 18 de septiembre de 2015

Solaris

No he podido evitar acordarme del SETI, el programa de búsqueda de inteligencia alienígena que lleva a cabo la NASA desde hace décadas, al leer "Solaris", de Stanislaw Lem. Y me he tenido que descojonar.

Cuando uno busca en la red por las mejores novelas de ciencia ficción de todos los tiempos, en las innumerables listas y comentarios, de cualquier fuente y dispar procedencia, este libro de los años sesenta siempre sale entre los primeros puestos. 

Solaris ha sido llevado al cine en tres ocasiones, y yo no he visto ninguna de esas películas. Después de leído, no siento la necesidad. Es difícil imaginar esa historia plasmada en el celuloide, aunque no imposible, y menos con las capacidades y técnica actuales. Pero, sinceramente, poco podría aportar a la experiencia de leerlo.

La historia trata de un planeta llamado Solaris, a muchos años luz de nuestro sistema solar, cubierto por un enorme océano que resulta ser un ser vivo, aunque de una naturaleza desconocida. Sobre él hay situada una base creada para su estudio, y para intentar comunicarse con ese ser que, parece, alberga cualidades cognoscitivas a tenor de ciertas señales. A la base llega Kris Kelvin, un sicólogo, que se encuentra con un panorama, cuanto menos, desesperanzador: desorden total en la base, y los dos miembros de la tripulación que aún sobreviven aparecen en un estado de aparente locura o desquiciamiento. El doctor Kelvin debe investigar las causas, y sufrir en sus propias carnes los síntomas y avatares que Solaris le causa.




La obra fue bien recibida desde su inmediata puesta en escena, y eso a pesar de venir de más allá del telón de acero, por sus indudables cualidades literarias (está muy bien escrito), técnicas, y filosóficas. Ahonda en la naturaleza del ser humano, critica el antropocentrismo de la ciencia a lo largo de la historia, plantea cuestiones interesantes, y deja en entredicho la capacidad del hombre, como tal, para comunicarse con una entidad alienígena con la que no comparte no ya cultura, sino morfología, necesidades, o forma de vida en lo más mínimo. Caray, ¡pero si no somos capaces de llegar a acuerdos y entendimientos entre nosostros mismos!!!

El autor, de hecho, dice: "El hombre a salido a explorar otros mundos y otras civilizaciones, sin haber explorado su propio laberinto de pasajes oscuros y sus cámaras secretas, y sin encontrar lo que yace detrás de las puertas que el mismo ha sellado."

El final es uno de esos que te deja con la lengua fuera, y debemos suponer lo que ocurrirá a posteriori, aunque queda planteado magistralmente. 

Vale, un imprescindible, lo acepto.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿civilización?

Creo recordar que ya hablé en el bloc sobre el concepto "rabia contra la máquina" (rage against the machine). Fue aquí, por si alguien quiere recordar el asunto.

Hoy día, para mí, el tema cobra especial actualidad dada la situación laboral de millones de personas en el mundo. Y se añade el drama diario que ocurre entre la costa del Norte de Africa y las de Italia y Grecia sobre todo.

La sobrepoblación, el descontrol de la demografía, es un factor importante que estamos descuidando. No somos animales irracionales (aunque cada vez dudo más de la veracidad de tal afirmación), y ya vamos tarde con la búsqueda de remedios, ideas, medidas, lo que sea, para paliar en la medida de lo posible la que se avecina.

Antes de seguir, me gustaría haceros una pregunta que puede parecer complicada, pero su respuesta es bastante sencilla en verdad: ¿por qué caen los imperios? ¿por qué culturas y civilizaciones antes boyantes pasan a desaparecer? En la historia documentada hay notables casos. Y en la no documentada también, merced a investigaciones.

Es sabido que las civilizaciones colapsan. Todas lo hacen, tarde o temprano. Y cuando hace seiscientos años hablábamos de los mayas y aztecas, hace casi dos mil años fueron los romanos, y hace tres mil años los faraones egipcios, las cosas eran un poco diferentes a como el planeta lo es hoy día.

Me explico. Y para ello me iré al ejemplo extremo de los mayas. Vivían en un sitio alejado de todo, y eran autosuficientes hasta cierto punto. Y fueron creciendo más y más, se expandieron todo lo que se pudieron expandir, y se gobernaban con los métodos que entonces eran más eficaces (reyes o emperadores designados por la divinidad de turno, en cuyo nombre hacían sacrificios y tal y cual). Es lo que funcionaba cultural y socialmente, y no hay que darle más vueltas ni juzgarlos. Pero llegó un momento en que eran tantos, la demanda de alimento era tan enorme, que no pudieron abastecerse. Hay que tener en cuenta ciertos factores que hoy damos por sentados, pero que en aquel momento no existían, determinaron la rápida caída de aquel modo de vida, de la supervivencia de toda una civilización. No conocían la rueda, y el único modo de transportas mercancías para ellos era echárselo a hombros... Sus formas de comunicación eran paupérrimas. Ni siquiera tenían caballos...

Veo venir en un futuro no muy lejano algo similar pero a escala general, a nivel universal. Esta vez afectará no sólo a una región o una cultura: será el fin de todo tal y como lo conocemos. Pero me parece increíble que no se tenga en cuenta la burbuja demográfica que crece día a día de forma imparable. Esto me recuerda a un virus que infecta al organismo y se reproduce más y más, tanto, tanto, que acaba con la vida de su anfitrión, y por ende con la suya propia...

Muchos piensan y dicen en voz bien alta que nosotros, los seres humanos, somos un virus para el planeta.
Bueno, yo no lo creo, en el sentido de puede que acabemos con nosotros mismos, pero desde luego no con la Tierra, que seguirá su curso tranquilamente, por supuesto. Si la naturaleza tiene un don, ese es el de la autorregulación, y el estudio de la evolución desde que tenemos noticias de las eras más alejadas en el tiempo así lo demuestran.

La lectura de este artículo de El Mundo, sobre cuatro falsos mantras migratorios, hablando del drama del que hablaba al principio de esta entrada, ha sido lo que me ha motivado para escribirla.

Bola extra: esta entrada fue escrita hace unas semanas, pero no estaba muy seguro de querer publicarla. Mientras tanto, ha explotado en nuestras narices el asunto de Hungría y los huídos de la guerra que tiene lugar en Siria. Es curioso que haya sido ahora, cuando la susodicha guerra lleva produciéndose desde 2011...
Mientras tanto, en China, y con ello vuelvo al principio de mi reflexión, en una fábrica han sustituido a 600 trabajadores por 60 robots. Lleva ocurriendo más de un siglo. ¿Cuánto aguantaremos? La noticia aquí.

viernes, 11 de septiembre de 2015

apuntes sobre técnica kitera en olas

Algunas pequeñas cuestiones, quizá básicas, para los que quieran enfrentarse a esta fantástica forma de ver el mar. Si no practica kitesurf, obvie automáticamente esta entrada y pase a la siguiente. O no.

Spray a tuti plein

En primer lugar, existe la creencia de que kitear en olas no funciona con vientos flojos.
Esta afirmación, que en parte es cierta, hay que entenderla analizando dos premisas principales: 1) ¿qué hay que entender por surfear?, y 2) ¿cuándo se puede considerar que trabajamos con vientos flojos (low wind)?

1) Las condiciones del mar son muy variables de una playa a otra, y en una misma playa de un día para otro, o incluso durante el mismo día podemos observar cómo van cambiando el tamaño de las olas y la duración del periodo en función de las mareas. Yo he tenido días gloriosos de surfkite con modestas olas de la altura de mi cadera o incluso de mi rodilla, por ejemplo, pero cuando ha cambiado la marea y la ola ha aumentado de tamaño, pero venían más seguidas y desordenadas, lo que antes era un lujo se convirtió más tarde en una pesadilla impracticable.
Dicho esto, hay que distinguir dos maneras de surfear con cometa: aprovechar la fuerza de la ola usando lo más mínimamente posible la tracción de la cometa, o usar fundamentalmente el tirón de la cometa para dedicarse a entrar verticalmente, hacer un slash potente, y salir pitando huyendo de la ola varios metros para girar haciendo un bottom turn y volver a hacer lo mismo. Yo no soy un purista del surf, básicamente porque nunca he hecho surf sin cometa (salvo breves escarceos con SUP), y para mí todo es muy satisfactorio, pero creo que un surf aprovechando la ola es algo más puro y bonito, aunque quizá no tan espectacular. Me gusta bajar la ola en diagonal a toda velocidad aprovechando el empuje de la gravedad, tratando de que la cometa no se desvente, y eso implica tener la atención puesta en muchas cosas a la vez. No es fácil dominar ese arte, y también depende mucho de la dirección del viento en conjunción con la de la ola.

2) Sobre el asunto del low wind hay mucho escrito. Hace tres años, lo que no es mucho tiempo, que es cuando yo empecé en esto del kite, todo lo que fuera inferior a 12 nudos era considerado LW, y navegar en esas condiciones era inútil porque implicaba volver al punto de partida andando por la orilla con el penoso walk of shame, o el uso de material específico de competición (muy caro y difícil técnicamente). Tres años, como digo, es poco tiempo, pero el kitesurf es un deporte joven, y la evolución en diseño y materiales aporta ventajas impensables de un año para otro. Esto hace que hoy, navegar con 8 nudos esté al alcance de cualquiera. Las modernas cometas de medidas de 15 a 18 metros, incluso hay parapentes que llegan hasta los 21 metros, proporcionan unas prestaciones increíbles, con una facilidad de uso que hasta un novato puede aprovechar.
Mi elección personal en este aspecto actualmente es una Cabrinha Contra 2015 de 15 metros, que tiene un giro rápido, se mantiene perfectamente volando en los vacíos de viento, y su rango superior es enorme (tanto, tanto, que yo todavía no lo he alcanzado). Con ella navego cómodamente disfrutando desde los 8 nudos, acompañado de mi tabla Kitefish de Liquid Force, hasta como mínimo los 17-18 nudos de hace unos días sin miedo ni tensiones, gracias a su gran capacidad de depower y las posibilidades de trimado de la barra.

Típico caso de viento offshore

Explicadas las dos bases fundamentales sobre las que quiero sentar este pequeño ensayo, volvamos al artístico asunto de surfear con viento flojo. ¿Se puede hacer?
Para comprender la respuesta a tan aparentemente inocente cuestión, hay que ahondar más. Surfear es el acto de desplazarse sobre el agua empujado por la energía de una ola. Para mantenerse a flote es necesaria una velocidad determinada, pero no me refiero a la velocidad de avance de la ola, sino a aquella con la que el surfista se mueve. Si la velocidad es demasiado reducida, el conjunto tabla-surfista se hundirá. La velocidad mínima necesaria para que eso no ocurra se llama "velocidad de planeo". La velocidad de planeo para tu peso sobre una tabla (X) y una ola (Y) determinados es una constante. Pero dejemos para otro momento las funciones matemáticas...
Lo importante es saber que la velocidad de planeo que te mantiene a flote navegando con una cometa se consigue fácilmente con vientos de 12 nudos y una cometa adecuada, por poner un ejemplo, pero cuando bajas una ola, es fácil que la velocidad del surfero iguale y supere a la del viento, y por tanto a la de la cometa, lo que propicia que ésta se desvente, pierda capacidad de sustentación, y caiga irremisiblemente al agua. Es una situación incómoda, frustrante, y acaba con las ganas de meterse en el agua con vientos flojos.
La capacidad de una cometa de aguantar esa situación sin caerse (stall), se llama "drift", en español "derivar". Los diseñadores de cometas hacen su trabajo, algunos lo hacen bien, y con ello nos adentramos en una tercera y crucial cuestión:

3) Las características que debe reunir una buena cometa para olas: en las últimas temporadas casi todas las marcas han introducido en su catálogo un modelo específico para la práctica del surf. Bueno, en realidad, ¿qué hay de verdad en ello, y cuánto de márketing? Obviamente, quieren vendernos cometas, y cuantas más, mejor. Pero tengan en cuenta que desde los mismos inicios del deporte, se han surfeado olas, primero con las cometas de botavaras anchísimas y dos líneas, después con las primeras de tipo C sin apenas depower, luego con las tipo bow, y así prácticamente con lo que cada cual tenía a mano, hasta nuestros días. Eso no quita que unas vayan mejor que otras para estos menesteres, y todo tiene un porqué.
¿Qué debe ofrecer un kite de olas? Debe tener buen drift (como ya he explicado), buena capacidad de depower, un giro rápido, buen relanzamiento, y construcción resistente.
Dependiendo de las condiciones en que se navegue, la prioridad de estas características varía. Por ejemplo, en tallas pequeñas, que se usan con mucho viento, la importancia de conceptos como el drift desaparece (cualquier cometa deriva bien con 25 nudos), pero es más importante el poder despotenciarla adecuadamente o la resistencia cuando se estrelle a gran velocidad y sea revolcada entre las olas de un mar arrebolado. Con poco viento, en cambio, cobra especial importancia la capacidad de relanzar la cometa, cosa que se aprecia en vientos marginales, y por supuesto el drift.
Pero la posibilidad de hacer drift tiene unos límites físicos, y aunque hay cometas que actúan en esas condiciones como sustentadas por algún componente mágico, los milagros no existen: si avanzas bajando una ola hacia tu cometa, en la misma dirección del viento, a una velocidad superior a la del mismo viento, no hay diseñador ni ingeniero que te salve.
Igual que cuando navegamos en un rumbo de través o ceñida estamos creando viento aparente, cuando vamos en empopada iremos más o menos a la misma velocidad del viento, y si añadimos el empuje de una ola, no solo no creamos viento aparente, sino que estamos destruyendo el viento existente.

Concentración en el botton turn. Vista puesta en el labio donde va a realizar el próximo corte.

Explicados estos conceptos, creo que de fácil comprensión para un ser humano con normales capacidades de raciocinio, es posible que algunos de ustedes estén ahora peor que al principio.
En mi propia experiencia personal les diré que yo disfruto de las tablas de surf con cometa, y que, obviamente, hacerlo con 10-12 nudos no es lo mismo que con 25-30. Sinceramente, con 25 nudos cualquiera lo hace. Con 10 nudos, hacer surf no es imposible, pero es diferente, y obliga a trabajar duro, tanto técnica como físicamente.
Una vez que los vientos son tales que puedes usar una cometa de 9 ó 10 metros, se pueden dibujar trazadas en la ola más confortablemente, simplemente haciendo algún que otro loop agresivo, y aún así tendremos que vérnoslas con líneas destensadas a menudo.
El kiteo de olas se vuelve genial con vientos para 7-8 metros de cometa, incluso para 5-6 metros: con 30-35 nudos, el viento es tan fuerte que uno ya se puede olvidar prácticamente de la cometa cuando está en la ola, y en esas condiciones casi todos los kites tienen buen drift, como ya he señalado.

4) Y aún no he tocado el espinoso punto de los diferentes tipos de viento, que reduciré a estos efectos a dos: onshore y offshore. El primero es el viento típicamente más seguro y navegable, viento que viene del mar, hacia la costa (on the shore), y el segundo es el viento de tierra, que va hacia el mar (off the shore).
El peor viento para surfear es el que es directamente onshore, perpendicular a la línea de la costa: es el que llena el mar de choppy, rompe las olas, y cuando surfeas vas directamente hacia la cometa desventándola. Pero en caso de rotura de material, caída de cometa o cualquier problema, el propio viento te lleva de vuelta a la orilla.
El mejor viento para surfear es el side offshore, de tierra pero angulado, algo así como lo que ofrece el levante de Tarifa o el que se da en Caños de Meca en sus mejores días (también es el que aparece en el 98% de los videos de pros en youtube). Este viento deja el mar suave entre las olas, permitiendo a las tablas correr y a las olas coger una forma perfecta y hueca, e impide el desvente de la cometa produciendo, en cambio, el efecto contrario. Por contra, en caso de problemas, puedes acabar en altamar.



Bola extra. Mitos y leyendas.
He leído mucho, desde los inicios de mi interés por el kitesurf, sobre técnica. Y he visto miles de videos. He hablado con muchos cometeros, de nueva hornada y de la vieja escuela, monitores, habituales, de navegación diaria, kiteros de verano, truqueros orilleros, y quemados de las olas.
Una de las constantes entre ellos es el siguiente consejo: "usa una cometa pequeña", porque dicen que es más rápida de manejar en la ola, y su menor potencia evitará que te saque contra tu voluntad en situaciones de viento fuerte o movimientos bruscos. Bueno, en mi experiencia, es raro que eso ocurra, y si uno se ve sobrepotenciado puntualmente, el mejor depower que hay es irse al largo y punto. Ya cerrarás la trayectoria unos metros más adelante.
Las condiciones en las que yo habitualmente me desenvuelvo, con viento onshore, precisan de potencia. Es normal hacer un par de bordos de ceñida con la cometa frenada, y luego soltar el freno para abordar la sección de surf con toda la potencia posible porque así es más difícil desventarla. Esa es mi experiencia personal.
Me puse muy contento cuando hace unos días leí a Ian Alldredge (icono vivo del surfkite, todas las imágenes que ilustran esta entrada son suyas) lo siguiente: "Go as a big size as you can when onshore, the more kite power you have, the better for keeping speed and control and getting out, and upwind. Your sessions will be shorter as you tire faster, but more action packed."

¿Hay que ser embustero para ser político?

Más bien, eso ayuda. Mal imaginamos cómo un hombre decidido a sacrificar su vida a la verdad podría hacer una carrera política, ya sea en el más bajo escalafón o en la cima. Pues, en materia de política, no existen más que dos cuestiones: ¿cómo acceder al poder? Y una vez alcanzada la cima, ¿cómo mantenerse en ella? Los dos interrogantes tienen la misma respuesta: todos los medios son buenos. Llamamos maquiavelismo a este arte de apartar completamente la moral para reducir la política a puros problemas de fuerza. En otros términos, principalmente los del decir popular: el fin justifica los medios: todo es bueno, con tal de que se obtenga lo que se perseguía. 

Desde esta perspectiva, la mentira proporciona un arma temible y eficaz.

El acceso al poder supone la demagogia, es decir, la mentira para con el pueblo. Los candidatos a las funciones oficiales han renunciado desde siempre a la verdad para limitarse a sostener un discurso adulador destinado a los electores: pueblo excepcional, genial, ancestral, inventivo, creador, etcétera. En lugar de atender al interés general que la función demanda, el político ansioso de mandato busca muy a menudo el asentimiento de la mayoría -cincuenta y uno por ciento, eso basta. Para obtenerlo, alaga, seduce, engatusa y promete, tiene un propósito útil para recoger los votos, pero ninguna intención de hacer honor a sus promesas -de las cuales afirmará, más tarde, que solo comprometen a quienes las creyeron.

La mentira destinada a aumentar las intenciones de voto, a crear una dinámica electiva, a falsear los sondeos, se duplica con una mentira sobre el adversario con el fin de desacreditarlo. Nunca se le reconoce talento, inteligencia o mérito, todo lo que propone es malo, está mal hecho, perdido de antemano. Esta categoría de hombres o mujeres jamás sale de la lógica gubernamental u opositora: la verdad es relativa al campo en el que uno se encuentra, verdad es todo lo que piensa y hace el candidato defendido, erróneo todo lo que procede de su adversario. No hay un absoluto para la verdad que permita pensar en términos de interés general, de destino del país, de salud de un Estado, del papel de la nación en el planeta, y que permitiría reconocer al opositor, por poco que fuese, algo de virtud, sobre todo, cuando sus propuestas van en ese sentido; nada de verdad absoluta, por tanto, sino una subjetividad, verdades de circunstancia.

Mentira dirigida al pueblo, al adversario, pero también mentira sobre uno mismo: se ocultan las propias zonas sombrías, se borran las molestas huellas del trayecto, los fracasos, las blasfemias, las tomas de posición tajantes en función de la verdad del momento (respecto a la energía nuclear, civil o militar, la realización de una Europa de moneda única, la supresión de la mili en provecho de un ejército profesional, las opiniones de los responsables políticos al más alto nivel cambian siguiendo las épocas y las estaciones electorales...). Y se pretende presentar un proyecto para el destino del país, cuando este se ha elaborado minuciosamente por gabinetes de consejeros en comunicación, con el fin de que corresponda al perfil del mejor producto vendible.

Cuando esas mentiras han seducido suficientemente a los electores como para que el poder no sea un objetivo, sino una realidad, se trata, segundo tiempo importante de la acción política en las democracias modernas, de mantenerse en su lugar. 
¿Cómo quedarse? ¿De qué manera llegar hasta el final? ¿No irse? ¿Volver lo más rápido posible? Las mismas respuestas que en el caso precedente: todos los medios son buenos y, entre ellos, la mentira. Pues ningún político dice amar el poder por el disfrute que su ejercicio procura, nadie dice gustar de ese fuerte alcohol por la embriaguez que proporciona, sino que todos hablan de su obligación de permanecer por el bien del país y los ciudadanos, para terminar lo que no ha dado tiempo a hacer, para realizar lo que no se ha tenido tiempo de hacer a causa del destino, de la fatalidad, de los otros, de la coyuntura (nunca de uno mismo).

Siempre triunfa la voluntad particular en detrimento del interés general.

Las células de información y de comunicación de las instancias de poder  (el Estado o el Gobierno)  ceban a los periodistas con informaciones creadas para seducir. Mentira, todavía allí, asociada a la propaganda, a la publicidad, llamada hasta hace poco reclamo. El verbo sirve para perjudicar, las palabras de un hombre de la oposición salen de su boca como si la realidad del poder no existiese, y valen para aumentar las promesas electorales, para dar lecciones, criticar, anunciar que se hará mejor, etc. Las declaraciones de un electo en el ejercicio del poder dan siempre la impresión de que se ha quedado en la oposición. Porque la función política obliga a una mentira particular, caracterizada por una práctica sofística.

Celebración del envoltorio, desprecio del contenido. Los sofistas eran grandes enemigos de Platón (428-347 a. de C). Para ellos, lo esencial reside en la forma, nunca en el fondo: poco importa lo que se dice, el contenido, el mensaje, el valor de la información o lo que las palabras anuncian para el futuro, pues solo cuenta la forma, la manera, la técnica de exposición. Antepasados de los publicistas, preocupados únicamente por vender un producto y atraer la atención sobre el envoltorio más que sobre el contenido, esos filósofos cobraban un alto precio por enseñar a hablar, exponer, seducir a la muchedumbre y asambleas sin ninguna consideración por las ideas transmitidas. 
El conjunto de los combates de Sócrates y Platón, su portavoz, persigue a esta calaña, esta profesión singular.
Para un sofista, la verdad reside en la eficacia. Es verdadero lo que alcanza sus fines y produce sus efectos. Es falso todo lo que malogra su meta. Fuera de la moral y de las consideraciones del vicio o la virtud, lo que importa, para los alumnos de los sofistas, es, en las condiciones de la democracia griega, tomar la palabra en la plaza pública, seducir a su auditorio, complacer y, sobre todo, obtener su voto para ser elegido y ocupar un escaño en las instancias decisorias. Mientras Sócrates enseña verdades inmutables, los sofistas - Protágoras (siglo v a. de C), Gorgias (hacia el 487-380 a. de C), Hipias (segunda mitad del siglo V a. de C), Critias, Pródico (siglo V a. de C.) y algunos otros- se vanaglorian de los méritos de la palabra seductora y el verbo arrebatador.

El arte de la política es un arte de la sofística, por lo tanto, de la mentira. Para disimular esta evidencia, algunos teóricos del derecho incluso han forjado el concepto de razón de Estado, que permite justificar todo, sostener el silencio, intervenir como más alta instancia en el curso normal de la justicia, clasificar asuntos secretos de defensa o de Estado, negociar con terroristas a los que se pagan tributos o con Estados sanguinarios, pasar contratos discretamente para vender armas a los gobernantes oficialmente enemigos, porque contravienen el principio de los derechos del hombre, pero oficiosamente amigos, cuando pagan en moneda fuerte.


Fuente: Esta fantástica parrafada lo extraje hace mucho tiempo de un libro de texto de filosofía para Bachillerato. Sigue estando de plena vigencia, ¿como no iba a estarlo? La política es la que es, y no la que debería ser. Ha sido así siempre, y como la idea va a asociada al hombre, mientras éste siga siendo hombre, así seguirá siendo la idea que emana de él. No hay otra. Tristemente.

Pórtigo (Gateway)

"Pórtico". de Frederik Pohl, es la última novela de ciencia ficción que he acabado de leer. Y es, en puridad, auténtica ciencia ficción en el más puro sentido del género. 

A pesar de que muchos críticos aducen una falta de calidad literaria en el significado cualitativo del término, a mí no me lo ha parecido especialmente, o al menos, no menos o pero que otros libros de reputado prestigio y/o éxito comercial, aunque eso en realidad signifique bien poco.


La trama consiste en las experiencias de un minero que decide enrolarse como prospector, una especie de viajero/descubridor que utiliza unas naves de tecnología alienígena (de una especie desaparecida hace medio millón de años al menos) de la que no se sabe mucho, que son capaces de viajar distancias de años luz en pocos días... con la duda de lo que uno encontrará al llegar, o si de siquiera llegará. Al mismo tiempo, se intercalan episodios de charlas en la consulta de un siquiatra robótico que trata de ahondar en los problemas de infancia, sexuales y de culpa que arrastra nuestro querido protagonista. 
Ambas líneas narrativas, que se sitúan en momentos diferentes, acaban convergiendo en un final en el cual lo comprendemos todo. Todo lo que tenemos que comprender para que esta maravillosa novela me haya gustado tanto, tantísimo.

Una vez más, volvemos a viajes espaciales, lo desconocido, ambientes sofocantes y claustrofóbicos, tratamiento de problemas como sobrepoblación o falta de recursos naturales, tecnología del futuro, y singularidades del espacio-tiempo en forma de agujeros negros. Fantástica combinación a mi parecer. 

Un imprescindible en el casillero de lecturas obligadas para los aficionados al sci-fi, por méritos propios, no lo duden.

martes, 8 de septiembre de 2015

The Century

Miro hacia la estantería que preside el salón de mi casa y veo libros, montones de libros que ya he leído, algunos dos veces. Recuerdo casi perfectamente cuándo leí cada uno de ellos, y si me gustaron o no.

Otros, en cambio, quedan en el olvido, pasan sin pena ni gloria.

Esto último me ha ocurrido con "El umbral de la eternidad", de Ken Follet. Tercera parte de la trilogía "The century". Como los dos libros que le precedieron, pasa sobradamente de las mil páginas. No pasa nada, y no me amilana un libraco de estos cuando lo tengo entre mis manos, sobre todo si resulta interesante y ameno. Pero no es el caso de el umbral. 


Una serie de libros que más bien parecen, casi, bovedillas para levantar un muro, que se encuadran dentro del ámbito de la novela histórica, que quiere abarcar todo el siglo XX... es muy difícil. Obviamente pasará de puntillas sobre algunos temas, y tratará con exceso de detalle otras cuestiones. Yo, como español, echo en falta un poco de profundidad, un mínimo de profundidad más bien, en el tratamiento de la Guerra Civil... aunque en realidad, poca trascendencia tuvo para el resto de Europa, esa es la verdadera realidad, y quizá por eso es. Pero eso fue en el segundo libro, "El invierno del mundo". En este último que ahora he acabado, se trata el asunto de la Guerra Fría, la división en dos de Europa, el Telón de Acero, el muro de Berlín...

Me ha gustado bastante la crítica, la denostación, el repudio al sistema comunista. En fin, lo obvio que muchos no quieren ver, quizá demasiados en estos tiempos. Pero no es esta entrada la adecuada para tratar tan manida cuestión.

Lo que interesa es que, a pesar de las 1120 páginas, el libro me ha dejado con una sensación ligera. Es posible que la palabra estafa me haya pasado por la cabeza en algún momento llegando al final. No es de esos que, tras haber ocupado algunas semanas la mesita auxiliar que tengo al efecto en el salón, un buen día le busco sitio en la biblioteca y me deja con un sentimiento de vacío, de pérdida.

Y eso que he detectado un poco más de elaboración en la prosa, sobre todo en el primer tercio del volumen. Bah, un espejismo.

Ken Follet, o "cómo vivir de los réditos de la construcción de una catedral".

señales

A veces no estoy seguro de saber interpretar.

Recibo muestras, signos, pero como chocan con mis deseos, o con mis anhelos, o con mis creencias, busco alguna razón para ignorarlos. Y eso a pesar de que la experiencia me ha enseñado que debo prestar atención a las señales.
Muchas veces.

Y es que parece que a menudo ronde por esa delgada línea, ya saben. Y no debería.

Son 43 tacazos ya los que han pasado por este cuerpecito mío, y los golpes duelen cada vez más, tardo más tiempo en recuperarme de los esfuerzos, y mi resistencia claramente no es la de antaño.

A lo mejor no es nada, simplemente estoy un poco cansado. Pero me cuesta muchísimo resistirme: me encuentro bien, voy con potencia, veo la ola, me tiro a ella sin pensarlo. Normalmente sale bien y me río, y grito yo solo en la inmensidad del océano. Y llego a casa y no soy capaz ni de quitarme la camiseta, y a duras penas levanto el pie para pasar a la ducha.

Algo parecido ocurre con aquella sucesión de curvas... ¿por qué seguir arriesgando así? ¿merece la pena? ¿Acaso el dolor que a veces me recuerda el clavo que tengo en el interior de mi fémur no fue suficiente?

Rayando el sinsentido, la vida a veces se me presenta extraña. Estos pensamientos me atormentan demasiado a menudo, y sirvan estas líneas como catarsis posiblemente.

Atrás quedan aquellas manidas frases del tipo "en el riesgo está el placer", "demasiado nunca es suficiente", y tal. Tampoco es que busque lo contrario. Son etapas que uno quema, fases de una evolución, quiero pensar.

Quiero creer.

Quiero querer.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El dolor

De nuevo nos vemos las caras: 


En la imagen ven antiinflamatorio, analgésico, relajante muscular, protector gástrico y gel tópico, junto a una reproducción de un cráneo que tengo pendiente de tunear. Detrás pueden atisbar la célebre trilogía de J.R.R. Tolkien que conservo desde hace 25 años, y la serie completa de La Fundación, de Isaac Asimov.

En el verano de 2008 de 2008 tuve una lumbalgia terrible, con motivo de una imbricación de vértebras que causó la contractura de los músculos que rodean la columna en su zona más baja, la cual me tuvo postrado varios días absolutamente inútil, y dos semanas de baja laboral. Yo nunca había tenido problemas de espalda, y practicaba deporte habitualmente. Acababa de volver de La Pinilla de practicar descenso en bicicleta de montaña durante cuatro días sin descanso, y la verdad es que estaba tan agotado que me dediqué a descansar tranquilamente. Al tercer día de descanso, agachándome para sacar un enchufe de la pared, se produjo el crujido en la espalda.

A raíz de aquello comencé a practicar yoga, que me ha ayudado mucho en mi estado de salud física y mental, sin duda.

Esta vez, tras siete días conduciendo por Italia, numerosos paseos por diversas localidades toscanas, y una ruta de varios kilómetros el último día recorriendo Roma, el mismo día que llegué del aeropuerto de San Pablo me dirigí directamente a la playa porque había 25 nudos y eso tenía que aprovecharlo. Era domingo. El Lunes volvió a hacer viento, y navegué un total de tres horas con gran disfrute, aunque tuve que parar a media tarde porque ya mi cuerpo no daba más de sí.
Curiosamente, tres días más tarde, el jueves, sentado tranquilamente en el trono, leyendo un libro (como es mi costumbre), me llegó el fatal pinchazo. Tras los iniciales momentos de pánico, me rehice mentalmente y con mucho esfuerzo conseguí limpiar mi trasero y medio subirme la ropa interior. 
"A urgencias del tirón", le dije al limitador, y allí me prescribieron todo lo que ven en la foto, más un inyectable que rehusé inyectarme porque no quería sufrir los efectos secundarios.

Esta vez me ha dado más flojo, no ha habido crujido de la osamenta, y en pocos días ya me encuentro muchísimo mejor. No he pedido baja, y ya ayer hice unos ejercicios yóguicos y me lancé con extremo cuidado a disfrutar del suave viento que hubo en Punta Umbría. 

Una vez me dijo una anciana que una vez que te da el lumbago, uno lo tiene ya para toda la vida. Ahora veo que estaba en lo cierto, pero también observo y descubro un patrón en su aparición, por lo menos en mi caso particular. Sin duda, estar medio en forma, la higiene postural que me esfuerzo en practicar desde hace muchos años, y el yoga, me han protegido y propiciado una recuperación en tiempo récord. Debo aprender de las enseñanzas que la vida me otorga. Tomo nota, y paso página. 

Tengan cuidado con los excesos, cuídense, y mucha atención al doblar el espinazo o cargar con objetos pesados!!!

sábado, 29 de agosto de 2015

los cristales rotos

En 1969, en la Universidad de Stanford, (USA), el Prof. Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y color.
Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York, y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos, abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes, y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada lugar.
El auto del Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas, ya sea robándose lo utilizable o destruyendo el resto. El de Palo Alto se mantuvo intacto.
Es común atribuir a la pobreza las causas del delito, postura en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras (de derecha y de izquierda).
Pero el experimento no finalizó allí. A la semana, cuando el auto del Bronx estaba deshecho y el de Palo Alto impecable, los investigadores rompieron el vidrio de este último. Como resultado, se desató el mismo proceso que en el Bronx: robo, violencia y vandalismo. ¿Por qué un vidrio roto en el auto del barrio supuestamente "seguro" desata un proceso delictivo?
Es que no se trata de pobreza. Es evidentemente algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Acá viene lo interesante: un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, desinterés, despreocupación, que va rompiendo códigos de convivencia. Es como una sensación de ausencia de ley, de normas, de reglas, algo así como que "vale todo". Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.
En experimentos posteriores, (James Q. Wilson y George Kelling), desarrollaron la "teoría de las ventanas rotas, la misma que desde un punto de vista criminológico, concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
Si se rompe el vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás.
Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importar a nadie, entonces allí se generará el delito.
Si se cometen pequeñas faltas (estacionar en lugar prohibido, exceso de velocidad o no respetar luz roja), y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.
Si permitimos actitudes violentas como algo normal en el desarrollo de los niños, el patrón de desarrollo será de mayor violencia cuando estas personas sean adultas.
Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a los asaltos), serán los delincuentes quienes ocuparán esos espacios.
La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década del 80 en el Metro de Nueva York, en aquellos años el lugar más inseguro de la ciudad. Se comenzó de lo pequeño a lo más grande: grafitis, suciedad, ebriedad, evasiones del pago de pasajes, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes, lográndose hacer del subte un lugar seguro.
En los ?90, Rudolph Giuliani, sobre la base de las "ventanas rotas" y el Metro, impulsó una teoría de "tolerancia cero". La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana. El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la€ ciudad de Nueva York.
Cabe aclarar, para la gente de pensamiento "progre", que la expresión "tolerancia cero", si bien podría sonar a una especie de solución autoritaria y represiva, su concepto principal radica en la prevención y promoción de condiciones sociales de Seguridad. No se trata de "linchar al delincuente". No se trata de avalar la prepotencia policial, ya que de hecho, también puede aplicarse la "tolerancia cero" respecto de los abusos de autoridad. No se trata de "tolerancia cero""frente a la persona que comete el delito sino frente al delito mismo.
Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana.
Es bueno volver a leer esta teoría y de paso difundirla. La solución a este problema YO NO LA TENGO, ESTIMADO LECTOR pero he comenzado a reparar las ventanas de mi casa, estoy tratando de mejorar los hábitos alimenticios de mi familia, le he pedido a todos los miembros de la familia que evitemos decir malas palabras delante de nuestros hijos, también hemos acordado no mentir, ni siquiera mentiras pequeñas, porque no hay mentiras pequeñas, ni grandes, una mentira es una mentira y punto, hemos acordado aceptar las consecuencias de nuestros actos con valor y responsabilidad, pero sobre todo dar una buena dosis de educación a nuestros hijos, con esto espero comenzar a cambiar en algo lo que antes hubiera hecho mal, he soñado que los míos algún día repitan esto el día de mañana, con la finalidad de que los hijos de mis hijos, o los nietos de mis hijos vean algún día, un nuevo Mundo, un Mundo sin ventanas rotas.
Por Juan Carlos Aiello - Licenciado en Estrategia y Organización Empresarial.

Este copy/paste me ha parecido adecuado ponerlo en este mi bloc. Hace ya mucho, quizá años, leí sobre esta teoría, y el tiempo me ha demostrado, con claros ejemplos prácticos, en el día a día, que es cierta. Y lo que es peor: que cada vez es más frecuente el deterioro de la sociedad, al menos donde yo vivo, como consecuencia de la realimentación de sus efectos.
De este modo, por ejemplo, una calle está limpia, y un día aparece (y no por arte de magia precisamente) una cagada de perro. Si los servicios de limpieza municipales no hacen su trabajo (que es lo normal, que no lo hagan), en un par de días serán varias las cagadas, y antes de que te des cuenta la acera se habrá convertido en un campo minado de excrementos perrunos, como si alguien hubiera colocado un cartel luminoso que dijera "toilette canino". En mi propia calle sucede.
Asimismo, si en algún punto de un parque hay papeles y plásticos por el suelo, pronto se convierte en un auténtico vertedero, pues ya la gente no se preocupa de buscar las papeleras, considerando que no es incorrecto arrojar desperdicios al suelo.
Me entristece muchísimo ver cómo padres que van con niños pequeños, en lugar de dar ejemplo y educar a sus hijos, tiran colillas al suelo, no les importa que sus niños hagan lo propio con envoltorios de caramelos, arrojan papeles y desperdicios por la ventanilla del coche, etc. 
En verdad creo que formo parte de una generación perdida, de un conjunto de padres que han pasado de encargarse de la educación de sus hijos (que es una tarea enojosa, dura y que ocupa el 95% de nuestro tiempo), a dejarlos en una permisividad absoluta. Nuestros hijos nos ganan, cuando debería ser al contrario. Veo padres débiles, vagos, blandos. Padres que han perdido todo rastro de dignidad, con los que sus hijos hacen y consiguen aboslutamente todo lo que se les antojan. Padres que no luchan, se rinden a la primera; hijos que no conocen un no por respuesta, ni la frustración. Hijos exigentes que se creen en la posesión del derecho a tenerlo todo y tenerlo ya, y no entra en sus esquemas el no obtener al instante cualquier deseo que se le ocurra.
Vamos bien.