miércoles, 2 de diciembre de 2020

Bushido Racing

 Hay pioneros. Rarezas. Desconocidos sucesos que, por adelantados a su época, no llegaron a cuajar. 

Las razones, los motivos de este fracaso, pueden ser distintos, variopintos. Más allá de las ocurrencias, hay genialidades a las que merece la pena echar un vistazo. Una de ellas, sin duda, es este ejemplar de bicicleta de 1987, con suspensiones de larguísimo recorrido, un producto hecho por encargo, muy caro, en el que no sólo se podía elegir el material de construcción (titanio o aluminio), sino ángulos de dirección y tubo de sillín, así como tipo de acabado. 

Once pulgadas de recorrido tanto delante como detrás, que son unos 275 mm, es tela, incluso para una bici de descenso actual, pero da una idea de la radicalidad del concepto. Otros detalles son los frenos de disco de fibra de carbono, ¡en 1987! Todo ello con un peso inferior a 25 libras, equivalentes a menos de once kilos y medio. Brutal.

Supongo que un precio exorbitado hizo fracasar el proyecto.







martes, 1 de diciembre de 2020

Venecia en los pinos

Estamos deseando que llueva. Y cuando por fin lo hace, la cosa viene de forma torrencial, abrumadora casi, inundante. Y lo digo literalmente. Los pinares se han convertido en una enorme laguna surcada por numerosos canales, y ciclar por ellos se vuelve una aventura que acaba con la paciencia, el calor corporal, y el ánimo del sufrido (en este caso) deportista, así como con la puesta a punto de la máquina, el velocípedo, que se queda sin grasa, sin parafina en la cadena, sin pastillas de freno.
Cuando todo chirría y cruje, y uno está empapado completamente, por salpicaduras y propias inmersiones en charcos, si no es por tu propio sudor, el feliz acontecimiento de salir a montar en bici se torna en algo dantesco y curioso. 
Menos mal que por aquí ocurre poco.



 Frío y niebla por la mañana, sol y buena temperatura a mediodía. 


Entonces uno se arma de paciencia, no se trata de batir récords, ni de hacerse daño. Hay que intentar pasarlo bien, y se consigue.






jueves, 19 de noviembre de 2020

Otoño, humedad, fronteras virtuales

 La Libertad suele tener un precio. Hace unos días es posible que una cámara con sensor de velocidad captara que circulaba a 0’036 km/s, y puede que este hecho tenga sus consecuencias. 

Mientras tanto, no puedo sino sentirme un privilegiado por muchos motivos, con la que está cayendo. Las lacras del desempleo y la enfermedad asolan un mundo, un planeta, en el que puede que el principal problema sea que somos demasiados. Esto no es nuevo, hay mucho escrito desde que Thomas R. Malthus, en su libro de 1798 "Ensayo sobre el principio de la población" (An Essay on the Principle of Population) predijo que la sobrepoblación provocaría la extinción de la raza humana para el año 1880. Vale, se pasó un poco, pero no iba mal encaminado filosóficamente.

"Todos sobre Zanzíbar" es una novela de ciencia ficción distópica escrita por John Brunner y publicada por primera vez en 1968, de la que ya hablé por aquí hace mucho tiempo, y trata este asunto y sus consecuencias más inmediatas, en general la falta de recursos para todos. 


Pero de momento tengo un oficio (monótono, rutinario, y quizá hasta aburrido y poco motivante), y no me ha atacado el covid19, ni a familiares o amigos. Y a pesar de las restricciones en derechos de circulación, puedo disfrutar de cierta actividad física en plena naturaleza, que es sano y siempre bienvenida. 


El campo se cubre de verde, por fin. Aire puro, paz, agua y sol nos acompañan en los trayectos entre el bosque surcado por una red de senderos.

Las fronteras ¿existen? En esta era de globalización parece que se incrementa el sentimiento de propiedad hasta límites insospechados. Mejor no planteárselo y mirar hacia adelante. No molestar a nadie, no abusar, sonreir. Amar.

lunes, 9 de noviembre de 2020

En realidad, nunca estuviste aquí

 You were never really here, una sorpresa que me encontré en la plataforma de Amazon para video, protagonizada por Joaquin Phoenix (ahora todo el mundo le conoce, aleluya al Joker, manda cojones).

Basada en el libro del mismo título de Jonathan Ames, cuando uno ve esta película nota que hay muchas cosas que se dan por sentadas. No son quizá tan importantes o trascendentes para la trama (o quizá sí), y la imaginación del espectador debe trabajar para cuadrar algunas cosas, pero se coge el hilo de la acción y ya no se suelta hasta el extraño e improbable final que te deja como... como... ¿ya? ¿así? joder hostia, no me jodas.


Llevo años adorando a este actor, cuyo trabajo me parece sublime, así como su elección de las películas en las que interviene, algunas de ellas nada comerciales (como la que ahora nos atañe), y en su día quedé absolutamente hipnotizado por sus maneras en The Master, que vi dos veces seguidas, o Señales, Her, El Bosque, En la cuerda floja...


Pero en ésta, joder, y perdonen que es la segunda vez que uso la expresión, pero es que joder, Phoenix se sale, está brutal, el papel le va que ni pintado, lo borda. INSUPERABLE. No creo, sinceramente, no pongo a ningún actor del panorama actual mejorando su trabajo. Lo que aparece como un argumento de peli barata de acción, gracias a las maneras de la dirección de Lynne Ramsay (espectacular, sincera, directa, brutal, un puñetazo en toda la cara del visionador de este su producto), la adaptación tan sui generis del guión, y la actuación de todos los participantes en la acción, se convierte en casi una obra maestra. 

Pero aviso: no es un cine para cualquiera. Su visceral sinceridad, sus brutales escenas de violencia sin ser verdaderamente violentas, o al menos no hacer de la violencia algo desagradable y gratuito, sino algo justo y necesario en el momento en que ocurre, no agradará al espectador medio acostumbrado a productos mascaditos, a héroes de pacotilla irreales, y efectos especiales sin sentido. 

Esta es una película de un héroe, sí, un señor desconocido y que quiere seguir siéndolo, que va más allá de lo exigible, todo por su concepción del bien y el mal, y a lo que ha consagrado su vida. 


Pueden ver en estos fotogramas que expongo, que Joaquin ha puesto unos kilos y se ha dejado pelos largos y barbas. Encarna a un veterano de guerra y exFBI (cosa que no se cuenta en la peli, pero sí en el libro, aunque en el film hay destellos del pasado que aparacen como flash backs rápidos, vertiginosos diríase, que no solo refieren a ese pasado bélico o policiaco, sino también a una infancia tortuosa), que vive con su anciana madre, a la que cuida y protege, y se gana la vida rescatando a niñas del tráfico de personas. Cuando es contratado por un Senador para que rescate a su hija, ocurre algo inesperado que da un giro total al encargo... y a su vida que tan bajo control tenía. 

Y, bueno, a mí la vida personal del actor me puede interesar hasta cierto punto, porque creo que si uno conoce un poco la historia, la biografía, la educación y creencias, puede tener una experiencia más completa de su trabajo. Pero en el caso de Phoenix, me llevé una decepción al saber que es un vegano ultraconvencido hasta las últimas consecuencias, y tengo por tales su implicación en numerosas fundaciones y entidades para salvar el planeta, los animales, y su afiliación y defensa de Amnistía Internacional, esa onegé de la que no quiero saber nada (qué gran noticia si me entero mañana de su desaparición y quema!!!!). No importa, cada uno, como digo, cree en lo que cree, y seguramente Joaquin lo hace de corazón y con pleno convencimiento. Eso me vale si influye en que su trabajo sea tan espectacular. Y punto pelota.


Se veía venir...

Hay que aprovechar al máximo. Algunos tenemos que sufrir las consecuencias del incumplimiento otros de normas y consejos por el bien de todos. Mientras otros se reúnen a hurtadillas como si nada estuviera ocurriendo, en un despreciable acto de egoísmo absoluto, sin respecto y con todo el desprecio hacia sus semejantes, incluso sus más allegados mayores, los demás salimos casi lo imprescindible, huímos de meetings multitudinarios, nos repele la muchedumbre, nos alejamos de la grey. 
Hay muchos libros que leer, pelis que ver, paseos que dar.
Y se veía venir que esto pronto iba a acabar, como ya ocurrió. Aquella vez fue un poco inesperado. Ahora era crónica de un encierro anunciado. 

Servidor aprovechó para montar en moto por el campo el sábado, una ruta variopinta en la que tuvimos que sufrir carretera, aburridas pistas, campo a través por un track que ha desaparecido... para llegar al precioso e incomparable entorno del precoto de Doñana. En alguna parte entre Bollullos e Hinojos, nos fuimos perdiendo por senderos estrechos con muchas curvas, en un terreno idealmente regado por las últimas lluvias (por fin). 

Tanto se retorció la cosa, que en un túnel de vegetación nos encontramos un paso entorpecido por un pino que se se había caído con los vientos de la semana pasada, y alguno tuvo problemas para pasar por debajo. El ratito que tardamos en pasar por esa estechura, la Honda XR650R de Pedrito se recalentó, y tuvimos que parar motores para esperar a que se enfriara un poco.

En la primera imagen, al fondo pueden ver el tronco caído en medio del camino, a media altura. En primer plano Antuán aprovechando para echar unas caladas. Pedrito ni se quitó el casco, abochornado como estaba, supongo. Perico, detrás, sonríe malicioso...


Lillo se descojonaba de la situación, y no es para menos. Algunos no se enteran de que para seguir el ritmo de aventura y dificultad de motos modernas (690 y 701), no se puede ir con una moto casi del siglo pasado. La tecnología ha avanzado, y no nos queremos enterar. El romanticismo tiene un precio.

La de marras es bonita, suena fenomenal, pero nunca comprenderé la fama y mitología que hay alrededor de este modelo y su antecesora, la XR600, a las que también he visto romper en una ruta cualquiera, amén de los problemas para arrancarlas en caliente y otros inconvenientes....




El domingo tocó coger bici.
Fue un arrebato, mitad porque el cuerpo me lo pedía, mitad porque dormí poco y mal, y con el madrugón ya tenía las pilas cargadas. Salí casi al alba y aproveché para pedalear con tiempo fresco y un poco de llovizna al principio que apenas me molestó. 
Tuve tiempo de volver tras 50 km para ver las carreras de Moto2 y MotoGP en casa.


El terreno del pinar apareció perfecto en esa mañana dominical, poca gente, las gafas se me empañaban a ratos, sobre todo en algún sendero ratonero donde no podía desarrollar velocidad. Buen agarre, algunos charcos, barro, y finalmente salió el sol: glorioso.




Para rematar los últimos retazos de libertad, antes del cierre de mañana martes, hoy he subido a la venta del Cruce de Santa Ana con la 749, a la que hacía dos semanas que no arrancaba. Una subida-bajada non stop, con mejor ritmo en la vuelta, una vez reconocido el terreno y visto que no había tanta humedad en el suelo como pensaba en un principio. De este suceso no hay prueba pictográfica, ni falta que hace, la moto ya está muy vista.
Llegué casi sin contratiempos a casa sobre las seis de la tarde con bastante sol de frente, lo que hace la vuelta muy molesta en algunos puntos, sobre todo alrededor de Valverde del Camino por la orientación de la carretera.
Mañana martes comienzan dos semanas de reclusión perimetral: no podremos salir del término municipal, con lo que prácticamente se anula pasear en moto, y muy poco en bici. ¿Saldré a correr un poco para mantener algo de forma? Ya veremos.
 

sábado, 31 de octubre de 2020

Primer intento

Perico la bautizó como la "cuesta de la vida después de la muerte", y más recientemente como “del renacimiento”. 

Innumerables veces hemos pasado por una pista que transcurre junto a la parte más baja de la famosa cuesta, incluso una vez dimos un rodeo enorme para verla desde arriba. La hemos subido y bajado a pie, y así llevamos dos temporadas. La temporada pasada nos marcamos como meta final hacerla, pero llegó el Covid19, y con ello el confinamiento. Toda intención quedó abruptamente interrumpida el 15 de marzo.

Ahora, con renovadas ganas, y animado por múltiples causas motivadoras, en el transcurso de un inocente paseo improvisado de última hora, en la típica parada en la base del cortafuegos miré hacia arriba y me lancé con la 690 mientras Perico, atónito, totalmente offside, se llevaba las manos a la cabeza... 

Me quedé a la mitad por culpa de unos regueros y grietas que encontré en mi línea de subida, sin darme tiempo a pasarme a la otra línea paralela y tuve que parar perdiendo toda la inercia. Fue imposible arrancar de nuevo porque la rueda patinaba, aunque lo intenté todo. De modo que cautamente di la vuelta y bajé, acción que sí pudo quedar inmortalizada gráficamente por mi estupefacto compañero de ruta:



Más tarde tuvimos un coitus interruptus al encontrarnos con esta señal:

Continuamos por otros derroteros sin más transcendencia que un gran disfrute por un cortafuegos lleno de toboganes, curvas y firme contraperaltado: muy divertido. 

El primer paseo offroad de la temporada 20-21, un poco tarde porque no llovía, y aún así, a pesar de lo que cayó la semana pasada, el terreno está tremendamente seco. Hace falta agua en este campo de Huelva, agua que de vida, verdor, barro, charcos y tracción.

viernes, 30 de octubre de 2020

Trimble Inverse

Bicicleta que salió al mercado allá por 1988, diseñada por Brent Trimble, quien meramente hizo una revisión de las formas que se popularizaron en el siglo XIX, el diseño de viga o en cruz, uno de los más tempranos modelos en el diseño de bicis. Esta idea fue rechazada con el tiempo por ser considerada demasiado flexible, y reemplazada rápidamente con el familiar cuadro en forma de rombo. 
Usando tecnología moderna, Trimble fue capaz de resolver los problemas de flexibilidad del diseño con una combinación de fibras de vidrio y carbono, para crear un chasis fuerte y ligero. El gran diámetro de los tubos contribuye a su rigidez. 
El ejemplar que ahora presento es un modelo de primera generación, con tres agujeros en las punteras. 
Trimble hizo esto antes de que ningún fabricante se lanzara a hacer monocascos. Antes incluso de que Lotus lo empleara en sus coches, antes de Burrows... fue un verdadero gamechanger. 

No pierdan ojo con los numerosos detalles de este bello y curioso ejemplar: 

 








Saleen S7

 






He aquí un supercar americano, un tracción trasera con motor situado en el centro (más o menos), un V8 de siete litros con cambio manual de seis velocidades, chasis tubular con paneles de aluminio en forma de panal de abelas, carrocería de fibra de carbono, suspensiones de doble wishbone, y 550 cv para 1300 kg. 

lo imposible

Nuestros cerebros no pueden hacerlo, pero la memoria muscular va aprendiendo con el tiempo... y de repente "lo imposible" se convierte en posible, y más tarde se vuelve incluso fácil y relajado.

Y para lograrlo, nuestro "aparato" neuronal, el conjunto cerebro-nervios-músculos, tiene su propio sistema: cuando algo sale bien se producen unas endorfinas que lleva a sentir placer, euforia, sensaciones agradables; cuando fallamos, ocurre lo contrario y aparece malestar, frustración... Así nuestro propio cuerpo premia o castiga nuestra propia habilidad, y con esos premios y castigos vamos aprendiendo. Sólo queda separar lo bueno de lo malo, repetir una y otra y otra vez, y dejar volar un poco la imaginación.

¡Vamos! Somos capaces de hacer mucho más de lo que creemos.

jueves, 29 de octubre de 2020

Singletrack fury: la opresión

Cuando el cerco del confinamiento se va cerrando en esta llamada "segunda ola", algo me dice que hay que aprovechar cada ocasión de semilibertad que podamos disfrutar.
Es la nueva normalidad que nos ha tocado, y no se engañen, eso no lo ha inventado Pedro Sánchez, que se ha limitado a traducir lo que los americanos ya denominaron. Como siempre, los demás van por delante, aunque sea también en estos pequeños detalles del lenguaje. Eso en sí no está mal, es decir, si uno no sabe o no puede (porque no da para más), lo mejor es imitar al que sí sabe o puede, es norma elemental de supervivencia, y está claro que en estos momentos nos encontramos un poco en ese punto: supervivencia, unos amarrados al sillón tan deseable, y otros llegando a fin de mes, salvando los muebles, o intentando disfrutar de mínimos momentos de ocio. 
Dicen que quien evita la ocasión, evita el peligro. Hay que olvidarse de tanto alternar no sólo ya con amistades, sino incluso con la familia. Y ahora a la fuerza, pues mis padres y hermanas, como los del limitador, se encuentran en la vecina provincia sevillana, a donde no nos va a estar permitido acceder en al menos diez días.
Mejor olvidar estas incumbencias aunque sea un rato, y montar en bici me lo permite, porque me concentro en conducir, pilotar. Cuidado con esa arenilla suelta, ojo a aquella raiz, ¿tendrá tracción esa subida? 
Con el cambio de hora la oscuridad se cernía sobre mí a la vuelta, de nuevo. 
Demasiados frentes unidos para oprimir el espíritu.
Pero hay que seguir, hay que empujar, hay que luchar.