lunes, 18 de mayo de 2020

desmoengendro: Velocita D'Epoca, por BCR

Y surcando los mares de bits, echando las redes en pos de maravillas técnicas, un oscuro día de tormenta alcanzo a llevar a la cubierta de mi bergantín semejante pieza:



Oh, extasiado me he quedado, y no es para menos. Detrás, o debajo de este montón de metal modificado, labrado, esculpido, se esconden cienes de horas de trabajo no sólo manual, sino de darle vueltas al coco.



Soluciones ingeniosas, arreglos geniales, detalles brillantes, dedicación exquisita, y algún que otro gazapo intolerable también.





Pero prefiero callar, y dejar que ustedes contemplen y juzguen. Valoren, se lo ruego, y enjúguense las lágrimas vertidas por la emoción, no lo nieguen:

























La donante parece ser una SS900 Superlight.

Singletracks vacacionales

Esta semana se nos ha impuesto como vacacional dada la casi inexistente carga de trabajo en la oficina, son las consecuencias del covid que nos han llegado un poco retardadas, y como consecuencia, lo veo venir, la recuperación también vendrá igualmente retardada. 
Pero no es costumbre mía el llorar por estos temas, sino adaptarme, vivir el momento, sentir el ahora, y meditar en la calma. Hay muchas maneras de meditar, de dar ese descanso al cerebro, y yo suelo hacerlo de diversas maneras, tanto pasivas, sentado sobre un puff con las piernas cruzadas, ojos cerrados, y concentrado únicamente en mi respiración; como activas, practicando alguna actividad (moto, bici, correr, kite), todas ellas exigen una concentración especial, a menudo pueden convertirse en acciones que se dejan al albur de la memoria muscular, dejando la mente prácticamente vacía aunque no del todo...


Es normal empalmar tres o cuatro curvas tirando la bici bien abajo, sintiendo el agarre de las gomas, bombear con las piernas y el manillar saliendo despedido hacia adelante mientras grito "yiiiijaaaaaa". Cualquiera que me vea u oiga pensará que estoy mal, pero no sabe lo que se pierde si nunca ha sentido algo así.
Soy un gran defensor de las sensaciones, de escuchar a tu cuerpo, y ya conté aquí hace mucho cómo dejé de usar ordenadores y ciclocomputadoras. Sólo llevo el móvil con una app para seguimiento y poder ver por donde he ido y controlar el tiempo que estoy montando.
Pero las sensaciones, ah, a veces hay que buscarlas, y en otras ocasiones te alcanzan y te transportan, te lanzan, te empujan.


Me pierdo por los pinares, descubro nuevos senderos, el terreno está perfecto tras una semana lloviendo, ahora el campo florece por doquier, y se inunda de flores amarillas y azules. El crepitar de la arena y las pequeñas piedrecillas bajo las ruedas, el roce de las hierbas, trinos de pájaros aquí y allá.


Las difucultades aparecen a la hora de practicar otros deportes. El kite es difícil, las informaciones contradictorias, no está claro lo que se puede y lo que no se puede hacer. Correr ya se me hace duro para rodillas y tobillos, y las calles están atestadas a las horas consignadas para su ejercicio. Mi reencuentro desde hace varios meses con el ciclismo me ha dado un impulso de vitalidad que no esperaba a estas alturas de mi vida, y disfruto mucho, muchísimo con cada una de mis bicis, todas distintas, todas cumplen su cometido, todas diferentes, es difícil por no decir imposible elegir una favorita. De todos modos, para qué elegir sólo una.






Con el nombre de este caminito queda todo dicho.

Sigan viviendo, disfrutando a su manera, superando, mejorando, formándose, apreciando, amando.

Cómo hacer un coche

Adrian Newey es uno de los más famosos diseñadores de coches de Fórmula Uno de la historia. Hay otros que también han adquirido relevancia por sus éxitos en grandes escuderías, pero ninguno de la manera y con la tozuda dedicación y obtención de resultados de Newy.


Hijo de un veterinario y una profesora de arte, creció en la Inglaterra rural de los años sesenta, alimentando su pasión por los coches gracias a la afición a los clásicos de su padre, quien le enseñó a fabricarse lo que le hiciera falta. Ya desde pequeño montaba maquetas, y de ahí pasó a fabricarse sus propios engendros motorizados.
Estudió ingeniería aeronáutica no muy convencido, pero su formación fue clave para desarrollar sus ideas en un mundo en el que cada milésima de segundo cuenta: la alta competición de coches en circuito. 
Sus comienzos en la Fórmula Indy le sirvieron de rodaje para posteriormente introducirse en diversos equipos de la Fórmula Uno en una época en que los equipos, en el mejor de los casos, contaban con cinco ingenieros para desarrollar el producto (hoy día tienen más de doscientos). 
Era la época en que surgieron ideas como el túnel de viento, que al principio se usaba con modelos a escala 1:5; el efecto suelo, los difusores traseros; la suspensión activa, frenada combinada activa; controles electrónicos de estabilidad y de frenada; la era turbo; la era de los motores aspirados; los V10, los V8, el KERS, los atuales V6 con turbo; y numerosos ingenios, tanto de suspensiones como aerodinámicos y mecánicos, todo ello interrelacionado (como los escapes sopladores para un segundo difusor, las cajas de cambios "seam-less" más pequeñas y estrechas que permitían una aerodinámica forma de botella de coca-cola)... La lista de historias contadas en este libro es casi interminable, todas ellas muy interesantes, que dan una visión del competitivo mundo de las carreras en que los aciertos en el diseño, el azar, la pericia de los pilotos, y la unión dentro de los equipos son todos factores igualmente importantes para tener éxito.
Todo ello se relata en este libro que recorre cuatro décadas de desarrollo mecánico, de reglamentos, de ideología del diseño, aventuras personales (lo tres matrimonios de Adrian, sus relaciones con los hijos y sus padres, amistades con diverssos personajes históricos, su paso por el colegio, instituto y universidad), incluso sus negociaciones de contratos con los dueños de los equipos. Su paso por Williams, Mc Laren y finalmente Red Bull Racing, con increíbles éxitos; relaciones con pilotos de la talla de Senna, Raikonen, Prost, Couthard, Webber o Vettel; los llamativos entresijos de fabricas a cargo de Ron Dennis o Frank Williams; la creación de RBR desde los inicios hasta ganar cuatro veces seguidas el mundial de constructores y pilotos... merece la pena y mucho la lectura de este documento, redactado de manera amena y hasta comprensible cuando el autor se introduce en temas técnicos para contar las ideas que tiene y los avances obtenidos retorciendo el Reglamento.
He pasado muy buenos ratos con su lectura, he aprendido cosas, y siempre viene bien un repaso histórico a algunos de los mejores años que hemos vivido de la Fórmula Uno, que hoy se nos antoja un poco aburrida y poco llamativa...

lunes, 11 de mayo de 2020

singletrack fury: lo hice

La fase uno ya está aquí, y no sé si hice bien o mal desde el punto de vista legal o ético. En mi fuero interno lo tengo claro.
He encontrado el campo perfecto, con agarre, sin polvo, bonito después de las ultimas lluvias caídas que, aunque breve, han dado algo de vida a nuestros pinares. 


La escogida esta vez fue la Santa Cruz, que se mueve en estos senderos como pez en el agua, muy ágil y de pedaleo eficiente. 

He disfrutado muchísimo, he gritado, he reído. Dos meses más tarde por fin he podido rodar como es debido. 

domingo, 10 de mayo de 2020

desmoengendro: sport 1000, por Ilario Ninni & star.ace

En esta terrible época de sequía de proyectos loables, en la que parece que las meninges de los preparadores sólo tienen capacidad para mirar la horrible Scrambler (maldita moda) y hacer no menos horribles esperpentos con ruedas, de vez en cuando hay que echar mano del concepto simple.

De todos es sabido que es difícil mejorar lo excelso, y sabemos que con las Sportclasic, Ducati lo clavó. Y aunque uno se cansa de ver lo mismo una y otra vez, a veces aparece un rayo de luz, y la demostración palpable de que menos es más:



No se ha realizado una inversión desmesurada, ni se trata tampoco de un trabajo de orfebrería. Y quizá por eso me gusta. Empezando por el color, ese amarillo que tan bien se ajusta a la época que quiere retratar, y que se extiende algún latiguillo y cable.
¡Viva la simplicidad!
Ese parece ser el lema de Ilario Ninni, el autor, quien lo ha hecho todo fácil, tirando de catálogo de piezas pre-hechas, sin tener que fabricar nada. De este modo, un colín reducido, un asiento aún más reducido, pero que juegan con el minimalismo al límite de lo tolerable para no dejar al depósito de gasolina en un plano mastodóntico, con un dorsal levemente perfilado también en amarillo, queda como anillo al dedo.
Seguimos con una de mis obsesiones, la implementación de un dos en uno, que aunque de tamaño generoso, para mi gusto queda mejor que los escapes dobles de serie, que son un auténtico atentado a la dignidad deportiva.



Por no cambiar, no se han cambiado ni los baratos Brembo de gama baja, pero total, qué más da. Muchas veces perdemos la perspectiva y creemos que vamos montados en una superbike de competición... y nada más lejos de la realidad. Un viejo adagio filosófico dice que "quien no es consciente de su realidad, perece en ella".



Aprovechando la reducción de peso de colín y escape, así como otras piezas menores como unas estriberas mecanizadas, encontramos todo un catálogo de objetos en fibra de carbono. Algo de gramos se habrán robado por aquí y por allá, o quizá sólo sea una concesión a la estética. Para el que le guste, claro, pues en una moto de marcado carácter retro como ésta, quizá el carbono está de más, no obstante congenia perfectamente con el amarillo del serbatoio, y le da un toque profesional.



Aquí la tenemos, lista para rodar, con todos sus aditamentos a falta de un retrovisor y la matrícula. Motocicleta perfectamente usable y que no dudo que a día de hoy, cuando lean estas líneas, su dueño estará disfrutando de manera enorme:

El inconfinado mecánico

Las dos "pastillas" calibradas que pedí a ducatiparts.es tardaron justamente un mes en llegar. Lo achacaremos a que no había stock y venían de Italia, donde la fábrica está bajo mínimos. La verdad es que desconozco quién ni cómo se surte de recambios esta web, que pertenece a los mismos que carbon4us.com. 
Un conocido me contó que las piezas las consiguen a través de un concesionario de Málaga, pero no sé si es cierto o no.

Sea como fuere, me disponía a remontar todo, y la parte más peliaguda es el momento de colocar los dos semianillos que dejan fijada la pastilla de cierre impidiendo que ésta se deslice por el vástago de la válvula, un sistema muy ingenioso, muy parecido a los típicos sombreretes que tienen las válvulas que usan muelles para cerrar. El caso es que las desmo tienen un muelle cuya misión es lograr la estanqueidad adecuada a bajas rpm y ralentí, y hay que vencer su resistencia empujando el balancín de cierre para poder colocar la pastilla y sus semianillos. Esto es una tarea truculenta, y aunque yo estaba avisado de que había que tener cuidado porque el retorno del muelle es potente si un semianillo está mal colocado, pues sí, voló por los aires una primera vez. 

Previamente yo había intentado bloquear el balancín para que no ocurriera esto, pero no logré dar con la tecla. Vi un par de videos en youtube, pero fue inútil, no lograba introducir un destornillador o una llave allen gruesa (de 8 mm) en el sitio adecuado. Así que lo intenté a la vieja usanza: empujando hacia abajo con un destornillador, y al mismo tiempo intentar poner el semianillo en su alojamiento... pero tuve que desistir. 

La primera vez que el semianillo de marras cayó al suelo del garaje tardé unos 25 minutos en encontrarlo. Es diminuto, el garaje no está muy iluminado, y hay multitud de chasca, objetos de diversa índole, muchas sombras, algo de suciedad... pero lo encontré. Me armé de paciencia, y procedí a intentarlo de nuevo, pero esta vez fue peor: salió catapultado como lanzado con un tirachinas a la velocidad de la luz, más o menos, o eso me pareció. Creí escucharlo chocar con el techo, y después caer sobre algo a unos metros de mi posición. Una hora de infructuosa búsqueda más tarde, abandoné toda esperanza. Recogí todo y me dispuse a buscar la manera de hacerme con algunos semianillos nuevos. Lamenté no haber pedido tres o cuatro de repuesto cuando compré las pastillas. Esperar otro mes por esas diminutas piezas de alambre de cuatro milímetros no me hacía mucha chispa, pero es lo que hay. Incluso me puse en contacto con Pepo Rosell para gestinarlo, y ya había consultado dos webs y había memorizado en el móvil el tlfno de Retalbikes, el concesionario más cercano en Sevilla.

Al final de la tarde el limitador me sugirió una idea, así que bajé de nuevo, arranqué el coche y lo moví para que sus luces iluminaran todo el espacio que ocupa mi garaje, y así, medio tendido en el suelo, fijando mucho la vista, enseguida lo encontré ¡eureka!, no me lo podía creer. La alegría fue en mí. Vaya sensación de alivio y gozo me invadió. Así que esta mañana me puse manos a la obra y por fin terminé de montarlo todo, con su correspondiente arrancada a la primera.

En esta primera imagen pueden ver la llave allen de 8 mm que usé para bloquear el balancín de cierre, colocada en su sitio, el balancín abajo del todo, y el vástago de la válvula desnudo:


En la segunda instantánea ya he colocado la pastilla de cierre. Para bloquear la pastilla y que no se deslice hacia arriba hay que ubicar los dos semianillos:


En este último holograma bidimensional con zoom ampliado, se observa perfectamente los semianillos ya colocados en su ranura, impidiendo que la pastilla se salga de su sitio. Pueden observar restos de grasa que he usado para que no se caigan mientras dura el proceso:


Con esta operación termina el mantenimiento previsto de la Monster, a la que ahora le quedan muchos miles de km por delante sin tener que hacer nada importante.

En esta nueva situación de desconfinamiento progresivo, mañana comienza la "fase 1", que es la segunda, en realidad la tercera, no queda claro si podremos usar la moto para dar un paseo. Tampoco si podré ir a la playa a hacer kitesurf. Todo es ambiguo, y a menudo contradictorio. Estamos aquí a verlas venir, y la verdad es que quien ha esperado dos meses puede bien esperar un poco más. No hay prisa ni ansiedad, y la salud y acabar con la epidemia es lo primero. 
Saludos y ánimos a todos mis lectores confinados como yo, y a los que incumplen las normas... que les den bien.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Inconfinable

Hay que ser un poco rebelde. Un poco. Como con cabeza.
Dado que inexplicablemente se nos ha impuesto un horario que no tiene sentido para salir con libertad controlada de nuestras casas, y que tal horario es incompatible con la práctica de determinadas actividades, hay que tomar medidas. Una sería no practicar dichas actividades, o hacerlas mal. Otra es ignorar o tergiversar, o interpretar la norma de un modo laxo. De este modo, defiendo que uno puede retrasarse un poco al final, o del mismo modo adelantarse al inicio: no creo que ni lo uno ni lo otro afecte al paseo de los mayores de 70 años cuando yo voy en bici buscando salir de la ciudad. 
Hay que aplicar un poco de sentido común a las cosas, pero esto choca frontalmente con la falta de capacidad de razonamiento de los seres encargados de velar por el cumplimiento de lo ordenado, quienes se escudan en el "es la Ley" sin cuestionarse absolutamente nada más. Sin duda tienen el trabajo que merecen, se lo han ganado.


Busqué una zona menos transitada, esta vez por el Norte, pisteo puerco puro y duro, pero al menos me ha servido para explorar un par de puntos que no conocía, y me he sentido vivo al surcar esos parajes de sembrados a buena velocidad con la bici de Wisconsin. 
Aún así se me hizo noche llegando a casa de vuelta, lo que no es agradable, porque si hubiera surgido algún pinchazo, avería o caída, hubiera sido desastroso. No tiene mucho sentido salir en esas condiciones, no compensa el estrés, la presión de la hora. Uno sale en bici a disfrutar, y no a mirar constantemente el reloj.

lunes, 4 de mayo de 2020

Ritchey, 1979

Cuando veo una de estas bicicletas de los inicios del mtb, no puedo dejar de pensar que se ha perdido algo en el camino hasta los modelos de hoy día. Quizá la palabra es "pasión", o "amor", o "dedicación". Quizá es sólo una paja mental de un casi cincuentón que mira hacia atrás pensando demasiado, echando cosas de menos, y mirando el mercado actual, una selva donde el "sálvese el que pueda" y la obsolescencia programada campan a sus anchas. 
Hace unos días estuve mirando entradas del bloc de hace diez años, la mayoría eran sosas (y a lo mejor lo siguen siendo), y muchísimas fotos se han perdido en los archivos digitales y la nube, ese gran invento que nos iba a facilitar mucho la vida, ¿se acuerdan? Nos venden la moto constantemente, en todos los aspectos de la vida, y nos dirigen y manejan sin que siquiera nos demos cuenta. Esto es terrible, y aunque uno es consciente de ello, es algo tan sutil, refinado y profundo, que no podemos casi evitarlo. 
















Inconfinado

Y llegó el ansiado día 2 de mayo, fecha señalada históricamente por otros motivos desde principios del siglo XIX, pero en estos momentos pocos se acuerdan de aquello. 
Miles de seres humanos en la ciudad estaban deseando salir, y salieron como toro del chiquero, embistiendo y llevándose por delante lo que hiciera falta, algunos ordenada y civilizadamente (quiero pensar que la mayoría), pero otros con total desprecio no sólo por la norma y la recomendación (que uno puede desoir y desobedecer si va en contra de la moral o de la lógica, ateniéndose a las consecuencias que se deberán aceptar), sino hacia el prójimo, el vecino, el conciudadano. Es el egoísmo llevado a la máxima expresión, la materialización del pasotismo hacia el vecino, el congénere, la absoluta ignorancia de las más elementales reglas de educación y urbanidad. El superhombre, el lobo de Hobbes, nos rodea, aflora en estas circunstancias de crisis en que algunos sujetos se vuelven irascibles, su conducta transmuta a otra personalidad, se vuelve irreconocible.
Pero vivimos en sociedad, y si a uno no le gusta lo que ve, puede hacer tres cosas: aguantarse, intentar cambiarlo, irse a otro sitio. Pero nunca, repito, nunca, se puede permanecer en el sistema viviendo a tu puta bola, porque el propio sistema te cogerá, te engullirá, te masticará y finalmente escupirá una pulpa contigo. 
Tampoco defiendo ahora aquello de "ver-oir-callar", sino algo más sutil, o más elaborado: ver, oir, callar, hacer lo que te salga del navo siempre que no molestes a nadie. 

Pues el día dos, sábado, a las 9:15 horas salí con mi bici de carretera para tantear los ánimos y el tránsito por el puente Sifón, antiguo Puente de Punta Umbría, ya que sospechaba que al final del mismo podría haber un corte al ser el límite del término municipal, barrera infranqueable según el Decreto del día anterior. No había nadie que impidiera el paso hacia el carril bici que une Huelva con Punta Umbría, pasando por los términos de Aljaraque y Gibraleón. Bien, me dije, mañana será mi día.
A las 20 horas salí con la máquina de discutir a dar un paseo, lo que fue un error y una experiencia nefasta por lo que ya he explicado más arriba.
A las 8:15 horas del domingo salía de mi casa sobre una de mis bicis de montaña, soñando con surcar los senderos entre los pinos, pero me topé con el muro de tres patrullas de la Guardia Civil, en total seis robots verdes, que juzgaban la conveniencia o no de ir para acá o para allá en función de criterios que sólo sus circuitos neuronales programados comprendían: si vives en Huelva, no puedes pasar, y o te das la vuelta o sigues hacia el dique Juan Carlos I, hasta una cinta policial que cruza la carretera, momento en que hay que dar la vuelta y regresar (p.k. 11 de dicha carretera); si vienes de Huelva pero vives en Aljaraque, puedes pasar hacia Aljaraque (pero cómo coño puede ser que vengas entonces de Huelva?); si vienes de Aljaraque y vives en Aljaraque, no puedes pasar hacia la ciudad, pero sí seguir por la carretera del espigón (pero cómo, si eso es término municipal de Huelva?); si vienes de Aljaraque pero vives en Huelva, puedes seguir hacia Huelva o hacia el espigón (pero cómo coño puede ser que vengas entonces de Aljaraque?). 
Imposible razonar con ellos, de modo que me veo obligado a hacer una de las cosas más horribles que hay en ciclismo, que es seguir muchos km por carretera con una bici de campo.


La vida se abre camino rápidamente, pues cada grieta, junta de dilatación, o al borde alcantarillas y tapas de registro, está surcada de hierbas y pequeñas plantas que al no ser constantemente pisadas han aflorado. Durarán poco. 
Muchos ciclistas, aficionados habituales, pero también casuales pedaleros de oportunidad, con tal de escapar un poco de la urbe. En general la concordia, las sonrisas, los saludos, han sido la tónica habitual, lo que se agradece. A la vuelta, 9:30, ya no estaban los agentes del orden en el cruce conflictivo, cicunstancia que aproveché para adentrarme hacia el lado prohibido, mucho más atractivo (como suele ocurrir siempre) que lo permitido. Llegué hasta mis amados pinares, di una vuelta por algunos senderos sin extenderme mucho, comprobando que la hierba y los matojos lo inundan todo, y volví al carril bici. 



Pero ya era tarde, y fruto de la casualidad quiso el destino que mi persona fuera interceptada por otra patrulla benemérita que había detenido a un vehículo en el principio del puente. Yo ya tenía pensada una excusa que contar si esto me ocurriera, aunque la norma es la norma, y estaba preparado para apechugar y soportar lo que me quisieran echar. Al final la cosa no pasó a mayores, una mera amonestación verbal, como si el guardia fuera mi padre y yo un hijo díscolo y rebelde. 
Llegué a casa a las 10:55. Sano y salvo, cansado después de 52 km, pero feliz de que todo hubiera salido bien. 
El sistema del desconfinamiento tiene fallos, es imposible contentar a todo el mundo, y tenemos que adaptarnos lo mejor que podamos. Es lo que hay. Pero a lo mejor no interesa ese nivel de estrés por pedalear un par de horas a mediodía (pues entre las 6 y las 7:30 hay poca luz, y por la tarde a partir de las 21:30 nos encontramos en la misma tesitura) o por la noche, y con los límites espaciales que nos imponen. Yo era feliz por poder dejar guardado el rodillo, pero quizá tengo que volver a cogerlo.

Ya veremos.