sábado, 20 de abril de 2019

Carreteras por descubrir

Mientras Photobucket decide hoy mismo restringir de nuevo su uso gratuito (aunque sea con una enorme marca de agua) a sus millones de usuarios, cosa que debo asumir pues nadie da nada gratis en la red (salvo unos pocos locos que bloguean sin sentido...), me tengo que buscar la vida para subir las imágenes a este mi bloc. 
Misteriosamente, y aunque sigue sin estar vigente la función de subir imágenes de una aplicación de pago que en su día adquirí, si lo hago a través del navegador del celular parece que ya sí se puede hacer (hace un par de años no era así, motivo por el que tuve que comprar la app). Esto es una batalla constante, pero poco a poco voy teniendo pírricas victorias. 

Y es que no quería hacer esta entrada sin una retratadura que la adornara un poco:

Primas lejanas. 
La Cagiva Raptor 650 con motor de origen Suzuki se me escapa irremisiblemente a manos de Antoñito, empalmando curva tras curva, enlazando los giros, sin darme tiempo casi a respirar, en una batalla cruenta y atroz, en la que tengo que pelearme con mi Monster 900 para controlar su par a medio régimen saliendo de curvas de segunda y tercera velocidad (atención: peligro!!!). Un par de derrapes entre umbrías y húmedos parches, una levantada de rueda en un piff-paff en subida con amago de shimmy, y los escalofríos recorren mi espalda. Intengo aprovechar las pequeñas rectas que aparecen para recuperar algunos metros, pero ni así. Antoñito tiene manos, y la nobleza de la Cagiva le acompaña, hacen buena pareja, y pienso "menos mal que no es la mil...".

Él tenía el proyecto de hacer la N2 portuguesa, una carretera que recorre el país luso de arriba abajo, o de abajo arriba, como ustedes quieran, y aprovecha estos días de vacaciones para ello. Decidí acompañarle el primer día, y vaya si me alegro de haberlo hecho.

Desde Huelva hasta Faro por carretera que va paralela a la costa, en Portugal la llamada N-125, una tediosa vía con mucho tráfico, rotondas, atravesando pequeñas localidades, con largos espacios con prohibición de adelantar. Pero al llegar a Faro ya encaramos la N2 dirección Norte. Enseguida paramos en Sao Bras de Aportel a tomar un cafelito. O un café. Más bien CAFÉ, con mayúsculas, pues es lo que nos espera los siguientes 41 km, hasta Almodóvar, que es donde yo tenía pensado separarme y tirar hacia España de vuelta.

Menudos 41 km, que se los voy a describir: curva-curva-curva-curva-curva-rectita-paella-curvone-garrote-horquilla-curva-curva-curva-giro-arriba-giro-abajo-curva-contracurva-recontracurva-curvita-curvón-rectita-apurada de frenada-garrote-curva. Y vuelta a empezar. Repítase. Cojan aire. Agárrense al manillar. En la frenada aprieten las rodillas contra el depósito. Sienta la fuerza de la gravedad, la energía cinética, la fuerza centrípeta y la centrífuga. Y a veces, si saben, recen.

Eso quedará para el recuerdo.

Paramos en la primera rotonda al llegar a Almodóvar y nos despedimos con una gran sonrisa en la cara mientras le deseo suerte en su viaje que es ahora cuando verdaderamente comienza. 

¡¡¡Madre mía, menuda carretera!!!

jueves, 18 de abril de 2019

la Algarvicenta

Cada vez me está costando más encontrar un hueco para escribir, y es porque prefiero no hacerlo por hacerlo, por simplemente rellenar. Es mejor no marcarse una obligación, cosa que sólo llevaría a una retahíla de entradas sin interés.
No quiero decir con esto que si escribo menos, mis aportaciones serán más interesantes o de mayor calidad. Intento ser humilde (aunque a veces cuesta mucho, juas), y cada vez creo que estoy logrando ser más honesto conmigo mismo. Es una empresa árdua, hay que tomar decisiones sobre qué compartir y qué no.
Más de un año de preparación efectiva, estudio de mapas, creación del track, visionado de videos, lectura de crónicas de aquellos que lo hicieron antes que yo, esperar el momento adecuado. Y por fin acometí la empresa (no quiero llamarlo aventura, es un término que me queda un poco grande) aprovechando unos días de vacaciones con motivo de la Semana Santa. Igual que el año pasado fui con Perico al desierto de Tabernas, en Almería, esta vez me ha vuelto a acompañar en este viaje hacia el lado contrario de la Rosa de los Vientos: una ruta por Portugal atravesando el Algarve hasta Sagres en su primera jornada, subir hasta la península de Troia por la Costa Vicentina el segundo día, y la vuelta por carreteras secundarias en el tercer y último día. 
Cuando lo planeé no era verdaderamente consciente de lo que hacía, y he pecado de soberbia motera, orgullo prejuicioso, y flojera de remos, entre otras faltas al código de honor del trailero de pro. Mea culpa. 
Pagamos nuestras culpas con una derrota parcial, pero aún así... ¡qué bella experiencia!

Comenzamos el lunes por carretera hasta Ayamonte, donde antes de cruzar el puente hacia el extranjero repostamos a tope nuestras motos (la gasolina en Portugal es 30 céntimos por litro más cara) y desayunamos.


Cruzado el Guadiana, atrravesamos la localidad de Castro Marim para iniciar el track off road que nos llevará por toda clase de pistas, y cuando digo "toda clase" es porque es la jodida y sincera verdad, atravesando el Algarve: largas subidas, bajadas vertiginosas, vías rápidas de curvas enlazadas amplias, senderos tipo singletrack, algún arroyuelo, multitud de fregesías, y sobre todo mucho polvo. Yo de esto último no me entero mucho porque voy casi todo el rato primero (supongo que me dejan tal honor por haber confeccionado el track de GPS). No obstante, a veces me quito y me pongo el último, y ahí empleo la técnica de dejar muuuuucha distancia con los demás para no tragarme la nube tan perjudicial para el motor como para la apariencia formal de mi vestimenta...

En alguna parte paramos a descansar y relatar ciertas anécdotas, y decidimos tomarnos esta autofoto de los asistentes:


En otra ocasión, a mediodía, pasadas algunas emociones y calor, tomamos unas cocacolas revitalizantes y ya se empiezan a ver las sonrisas que prácticamente no seríamos capaces de borrar de nuestras caras el resto del viaje: 



Sí, esto es Portugal, aunque no lo parezca.


El tiempo se nos echa encima, y después de almorzar en alguna parte de cuyo nombre no me acuerdo, culminamos la sierra de Monchique, que fue quemada en casi su totalidad hace poco más de un año en pavoroso y terrible incendio:


El trayecto por estas montañas casi acaba con nuestra paciencia. Nos encontramos con un terreno muy seco y roto, con numerosos surcos dejados por las lluvias que, al no contar con vegetación que la absorbiera y frenara, ha formado numerosas "escorrentías" que horadaron el firme. Como consecuencia, las pistas se encuentran en deplorable estado, con mucha piedra suelta, zonas en las que la incipiente vegetación y maleza prácticamente oculta y borra los poco o nada transitados caminos. Todo un reto para nuestra paciencia y resistencia. Mucho rato subiendo y bajando en primera y segunda velocidad, flanqueados por barrancos, tanteando el terreno varias veces bajándonos de las motos y explorando previamente a pie... El avance se hace muy muy lento, se eterniza el transcurso de los kilómetros. El tiempo pasa demasiado rápido, y en nuestra parada en Monchique, con una cervecita de la famosa marca local "Sagres" para recuperarnos de la pérdida de sales minerales, decidimos terminar por carretera. Nos separan más de 70 km por carretera de nuestro destino. Por campo serían muchos más de revirada pista de montaña similar a lo que acabábamos de pasar, y nos cogería la noche en medio de ninguna parte sin duda.


Hicimos lo correcto, entramos en Sagres por fin con el Sol ya poniéndose...
Tuvimos una buena acogida en el apartamento que había reservado Perico, barato y bueno, espacioso, limpio y bien situado, con sitio para dejar las motos resguardadas. Los cuerpos nos pedían combustible, y acudimos prestos a la pizzería D'Italia, conocida por otros viajes familiares a la zona, que no defraudó, todo estaba riquísimo.


El segundo día comenzamos con bastante retraso porque Pedrito necesita más que una novia. Lleva exceso de equipaje, y el proceso de desmontar y montarlo todo por la mañana se eterniza. Para colmo, cuando llevábamos 20 km se percata de que dejó olvidado algo en el aparcamiento, y decide volver. Seguimos sin él para encontrarnos más adelante. Perico y yo disfrutamos mientras tanto de algunas de las pistas más alucintantes y los paisajes que más me han emocionado en muchísimo tiempo: la Costa Vicentina, un verdadero espectáculo para gentes sensibles. Acantilados, vegetación peculiar, grandes olas, y un terreno muy diferente al que estamos acostumbrados.










Tras reunirnos con Pedrito, seguimos el peculiar track, que alterna a partir de Bordeira una zona brutal de arena con muchas curvas que puso a prueba nuestra resistencia física y mecánica. La XR650 con el agua hirviendo parecía que iba a estallar, y nuestras KTM con el ventilador encendido constantemente por ir todo el rato en primera y segunda escarbando sin parar, avanzando lentamente, sin poder coger velocidad porque era un trazado muy revirado y es peligroso correr ahí con tanta arena.
Después unas pistas muy rápidas y rectas atravesando un gigantesco bosque de eucaliptos: bastante sombra y muy entretenido, subidas y bajdas suaves dejando a la moto correr en cuarta a punta de gas, nos permitió relajarnos un poco y enfriar motores y cuerpos. 
Más tarde un peculiar tramo siguiendo el curso de un canal de riego en un estrecho caminito que nos obligaba a llevar un ojo en el camino y el otro a la derecha vigilando el agua:




Alguna parada más con cerveza incluida (sin alcohol, por equivocación, ainsss), y llegaríamos hasta Odeceixe, donde acaba ya el Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina, donde ya tocaba almorzar. Un pueblo muy bonito, con el típico empedrado de losetas que inunda todo el sur de este bello país, y lleno de cuestas. 


En este punto se establece un parlamento y toma de decisiones importantes, dado que la previsión de que el miércoles lloviera mucho y fuerte no hacía sino empeorar. Algo increíble y difícil de creer, con el soleado y caluroso día que estábamos teniendo, pero el clima es así en estas fechas. Una tremenda borrasca se acerca por el Atlántico, y la vuelta prevista por carretera, lloviendo todo el día y con las ruedas de tacos, sin equipamiento adecuado, no parece ser la mejor opción. Finalmente, tomamos la decisión de volver en ese mismo momento aunque fuera perdiendo el coste del alojamiento de esa noche en Melides. Creo que acertamos de lleno.
La vuelta me pareció fantástica, es un verdadero placer recorrer carreteras secundarias y terciarias con nuestras grandes monocilíndricas, que ofrecen un peculiar tacto de acelerador y agradable entrega de potencia. Maravillosos paisajes, miles de curvas, asfalto en perfecto estado y tráfico prácticamente nulo.






Entraríamos en Huelva sobre las 9:15 horas. Misión cumplida. Culos doloridos, aunque no tanto como en otros viajes (Tabernas fue peor, lo juro, más días y doble de km). Una última cerveza para recapitular y felicitarnos mutuamente, y nos quedamos con buen sabor de boca, aunque sabemos que habrá que repetirlo por dos razones: el simple placer de volver a esos sitios, y acabar completamente el track. Ya estoy revisando los sitios conflictivos, las alternativas, y viendo fechas. Y quizá sí sea buena idea llevar la tienda de campaña y no depender de tener que llegar a apartamento u hotel concertado que condicione la ruta. Todo habrá que valorarlo.
Finalmente, a la mañana siguiente, toca el lavado y engrase de la máquina que tan bien se ha portado, como siempre. Cuanto más la uso, más me gusta y más contento estoy:


viernes, 5 de abril de 2019

Viernes

Y no me refiero al día de la semana, no, sino a la novela de Heinlein (grande Heinlein).

Está escrita cuando el autor ya había sobrepasado los 80 años de edad, y no tenía nada que demostrar... ni tampoco debía rendir pleitesía. Liberado, pues, de cortapisas, muros y condicionantes que afectaran a la manera de plasmar ideas y situaciones, nos ofrece esta aventura protagonizada por una mujer de nombre Viernes, que se enfrenta a un mundo un poco distinto al que conocemos.



Viernes es una correo especializada, su trabajo es llevar cosas, mensajes o lo que fuere, desde A hasta B, pase lo que pase, y le pese a quien le pese. Para ello tiene una fuerte preparación en artes marciales, manejo de todo tipo de armas, habilidades ocultas (como una formación para ser la perfecta meretriz)... pero lo más importante, y al mismo tiempo oculto, es que se trata de una persona artificial, creada en un laboratorio, mejorada genéticamente, y posee fortalezas físicas como una gran resistencia, fuerza, velocidad, etc. 
La acción se sitúa en un futuro indefinido en el que los Estados Unidos de Norteamérica aparecen fragmentados en varios pequeños países, y las relaciones entre las distintas naciones, unas más democráticas que otras, se encuentran cercadas por fuertes fronteras. Pero quien verdaderamente manda son las grandes corporaciones, las cuales tienen presencia e influencia en todos los Estados, incluso en la Luna, otros planetas conquistados por el hombre, y ciudades espaciales flotantes.

La novela tiene grandes contenidos de acción, y aunque hay muchos personajes (cosa habitual en el autor), no encontramos esos ágiles diálogos que son el meollo para disfrutar que sí hay en sus otros grandes clásicos. No quiere esto decir que sea aburrido, no, sino que se dedica a explorar y hacer mucho hincapié en la relación de Viernes con el resto de los personajes: distintos modos de familias, sus constantes relaciones sexuales, su aceptación en la sociedad como persona artificial, son estos los ejes principales. Eso y, por supuesto, su extraña relación con su jefe, que la hace mejorar y pensar sobre filosofía, formarse, ser una gran persona. Como muestra, un botón, que es este fragmento de una de las últimas conversaciones que tuvo con él: 


-  ¿Cuáles son las señales de una cultura enferma?
-    ¡Jefe, por los clavos de Cristo! Todavía estoy metida de lleno en el complejo Shipstone.
-   Nunca podrás meterte de lleno en él. Te di dos misiones a la vez para que pudieras descansar tu mente con un cambio de paso. No me digas que ni siquiera le has dedicado un pensamiento a la segunda misión.
-    He hecho tan sólo algunos tanteos preliminares. He estado leyendo a Gibbon y estudiando la Revolución Francesa. También Del Yalu al Precipicio, de Smith.
-  Un tratado muy doctrinario. Lee también Los ultimas días del dulce país de la libertad, de Penn.
-   Sí, señor. He empezado a hacer grupos. Es una mala señal cuando la gente de un país deja de identificarse con el país y empieza a identificarse con un grupo. Un grupo racial. O una religión. O un idioma. Cualquier cosa, con tal de que no englobe a toda la población.
-   Un mal signo, realmente. Particularismo. Hubo un tiempo en que fue considerado un vicio español, pero cualquier país puede caer en ello.
-   Realmente no conozco España. La dominación de los hombres sobre las mujeres parece ser uno de los síntomas. Supongo que la inversa también es cierto, pero no lo he encontrado en ninguna de las historias que he escuchado ¿Por qué no, Jefe?
-  Dímelo tú. Prosigue.
-   Por todo lo que he escuchado, antes de que una revolución pueda producirse, la población debe perder su fe tanto en la policía como en los tribunales.
-  Elemental. Adelante.
-   Bien... el alza de los impuestos es importante, y lo es también la inflación de la moneda, y las variaciones del producto nacional bruto. Pero todo eso es viejo; todo el mundo sabe que un país va a la ruina cuando su balanza de pagos se desequilibra negativamente y sigue en esta forma... aunque siempre se hagan interminables intentos por arreglar las cosas a través de la legislación. Pero he empezado a buscar señales más pequeñas, esas que algunos llaman los signos de las vacas flacas. Por ejemplo, ¿sabes que aquí va contra la ley el ir desnudo fuera de la casa de uno? ¿Incluso dentro de tu propia casa, si hay alguien que pueda verte?
-  Cosa bastante difícil de hacer cumplir, supongo. ¿Qué significado le ves a eso?
-   Oh, no se trata de hacer cumplir. Pero tampoco puede ignorarse. La Confederación está llena de leyes como esta. Me parece que cualquier ley que no es hecha cumplir y no puede hacerse cumplir debilita a todas las demás leyes. Jefe, ¿sabes que la Confederación de California subvenciona a las prostitutas?
-    No tenía noticia de ello. ¿Con qué fin? ¿Para sus fuerzas armadas? ¿Para su población penal? ¿O como utilidad pública? Confieso una cierta sorpresa.
-   Oh, no se trata de eso en absoluto. El gobierno las paga para que mantengan sus piernas cruzadas. Para erradicarlas enteramente del mercado. Son entrenadas, autorizadas, examinadas... y almacenadas. Sólo que no funciona. Las designadas como «excedente de artistas» reciben el cheque de su subvención... luego siguen ocupándose de su trabajo secular. Lo cual se supone que no tienen que hacer, puesto que eso desestabiliza el mercado de las prostitutas no subvencionadas. Así que la unión de prostitutas, que patrocinó la legislación original para apoyar el desarrollo de la unión, está ahora intentando elaborar un documento que tapone los agujeros en la ley de subvenciones. Y eso tampoco funciona.
-  ¿Por qué no funciona, Viernes?
-  Jefe, las leyes para hacer retroceder una marea nunca funcionan; eso es lo que dijo el Rey Canuto. Seguro que conoces eso.
-  Quería asegurarme de que lo conocías tú.
-   Pensaba que me estabas insultando. Encontré algo bueno. En la Confederación de California va contra la ley negarle un crédito a una persona únicamente porque esta persona haya ido a la quiebra. El crédito es un derecho civil.
-  Supongo que eso tampoco funciona, pero ¿qué forma toman los incumplimientos?
-  Aún no lo he investigado, Jefe. Pero pienso que cualquiera que intente aprovecharse de ello se verá en desventaja intentando sobornar a un juez. Quiero mencionar uno de los síntomas obvios: la violencia. Asaltos callejeros. Francotiradores. Pirómanos. Bombas. Terrorismo de cualquier clase. Disturbios, por supuesto... pero sospecho que los pequeños incidentes de violencia, picoteando a la gente día tras día, daban a una cultura incluso más que los disturbios que surgen de pronto y se apagan en seguida. Creo que eso es todo por ahora. Oh, reclutamientos y esclavismo y las compulsiones arbitrarias de todo tipo y la prisión sin fianza y sin un juicio rápido... pero esas cosas son obvias; todas las historias las listan.
-  Viernes, creo que has olvidado el síntoma más alarmante de todos.
-  ¿De veras? ¿Vas a decírmelo? ¿O debo tantear en la oscuridad buscándolo?
-   Hummm. Esta vez te lo diré. Pero luego búscalo. Examínalo. Las culturas enfermas muestran un complejo de síntomas tales como los que has nombrado... pero una cultura agonizante exhibe invariablemente una rudeza personal. Malos modales. Falta de consideración hacia los demás en asuntos sin importancia. Una pérdida de educación, de modales gentiles, es más significativo que un disturbio.
-  ¿Realmente?
Uf. Hubiera debido obligarte a descubrirlo por ti misma; entonces te hubieras dado cuenta. Este síntoma es especialmente serio en tanto que ningún individuo piensa nunca en él como una señal de mala salud sino como prueba de su fuerza. Míralo. Estúdialo. Viernes, es demasiado tarde para salvar a esta cultura... esta cultura mundial, no sólo el fenómeno que tenemos aquí en California. Por consiguiente debemos empezar a preparar ya los monasterios para la próxima Edad Oscura. Las grabaciones electrónicas son demasiado frágiles; debemos tener de nuevo libros, hechos con tinta estable y papel resistente. Pero puede que eso no sea suficiente. La reserva para el próximo renacimiento puede que tenga que venir de más allá del cielo. - El Jefe se detuvo, respirando pesadamente -. 

Bien, el argumento o línea que se baraja para exponer todo lo dicho es más o menos simple: Se producen unos ataques a varios países al mismo tiempo, desconociéndose de quién vienen; esto coge a Viernes por sorpresa en un país que no es el suyo, y se narra las aventuras que pasa viajando, peleando, haciendo el amor, comiendo, nadando, corriendo, hasta llegar a su base, para descubrir que su jefe fallece y todo su mundo se derrumba. Se le hace un último encargo como correo, momento que aprovecha para cambiar de aires emigrando a otro planeta donde finalmente se establece. Y fue feliz y comió perdiz.
El libro es ameno, se lee bien y fácil, pero aunque entretenido, es de una ciencia ficción bastante light salvo detalles puntuales (los poderes de la protagonista y poco más, pues ni siquiera las sociedades que se retratan aparecen como situaciones dignas de ser llamadas una utopía). Hay que leer antes otros muchos libros del mismo Heinlein para llegar a éste. Aún así, no es tiempo desperdiciado.

jueves, 28 de marzo de 2019

frenada, vibraciones y dobleces

Llevo un tiempo detectando unas vibraciones en el tren delantero de la 749 a la hora de frenar, que tienen lugar sobre todo cuando lo hago de forma más suave. Si freno a fondo no suele ocurrir. Para más irritación, no siempre pasa.
Cuando vienen estas cuestiones, me rasco la cabeza, pongo cara de ido, me abstraigo... y pienso en las múltiples causas que pueden llevar a la solución del problema. No era algo realmente grave, porque no era una vibración fuerte que impidiera el uso del freno como me ocurrió en su día con la minigixxer (discos alabeados totalmente por calentón en unas tandas en Jerz en pleno mes de julio...). Era, más que nada, algo molesto, sobre todo en cuanto a la suavidad y tacto.

Porque uno con el tiempo y la práctica desarrolla un gusto por la calidad, y gusta de que las cosas funcionen como es debido. Y en una moto deportiva con 16 años, es frecuente encontrar pegas, pequeñas contrariedades. No me quejo, es el precio por comprar una deportiva usada (quizá mal usada a veces, o mal mantenida, o vaya usted a saber).

De modo que empecé por hacer un reapriete de la dirección en lo que atañe a los rodamientos. Se desmonta la pletina superior, aflojo completamente la tuerca especial que sujeta todo el conjunto, inspecciono, limpio un poco la zona (aparenta estar en buen estado, aunque con rodamientos de esta edad nunca se sabe) y no veo señales de óxido ni exceso de suciedad, reaprieto todo con los pares exigidos en el manual.


Además le dí a los frenos una buena ración de producto limpiafrenos, pensando que también podían estar los discos y/o pastillas contaminados. Un par de días más tarde subí a la sierra a comprobar cómo funcionaba todo, y aunque en principio parecía estar perfecto, sentí de nuevos esas extrañas vibraciones que no respondían a esfuerzos o condiciones determinadas, sino que seguían apareciendo de modo aleatorio. 
Seguí rascándome el cráneo.

Circulando muy despacio con el casco de ciudad (uno abierto, que deja entrar todo el ruido, apenas aísla), escuché un roce irregular, un swish-swish-swish, y me puse a darle al coco. Los discos no estaban gastados medimos el grosor y estaba en torno a 4'75 mm, muy lejos del límite establecido por el fabricante, pero sí presentaban irregularidades en las pistas, seguramente por haber sido usados con pastillas demasiado gastadas, por ejemplo. Y el roce señalado, ummmmm, un pequeño alabeo que cuando se frena fuerte es absorbido por ser discos anclados flotantes, pero no al circular despacio o frenar flojito...

En fin, que tomé por la calle de enmedio y encargué unos nuevos discos flotantes de la marca NG, para sustituir a los viejos Brembo. La operación se llevó a cabo en las instalaciones de MR Performance, además sede del CSMZAB -Club Social de la Mecánica Zen y Amantes de la Birra-, bajo la atenta mirada y consejos de su Presidente, Antonio Lozano, y con la colaboración desinteresada del siempre solícito Vicente.

Para aflojar los tornillos que sujetan los discos (unos torx 40) se emplea la herramienta universal junto con un destorgolpe. Suelen estar bastante duros porque llevan fijatornillos a mogollón y llevan mucho tiempo sin moverse, y además sufren diferencias térmicas, todo ello un cóctel idóneo para el gripaje. Unos buenos martillazos y salieron sin problema.


Quitar viejos y poner los nuevos es coser y cantar, sólo hay que poner un poquito de fijatornillos y emplear la dinamométrica (importante siempre, sobre todo en lo que afecta a la seguridad en la conducción).


Por último, se monta la rueda en su sitio y se bombea la maneta de freno tres o cuatro veces para que coja presión.


Sólo queda hacer prueba de carretera, ciudad, con frío y calor y otras diversas condiciones, para comprobar que el problema se ha resuelto. Pero eso será otro día. Sólo decir que del MR Performance a casa todo fue suaaaaave como la seda... bien!!

Irrealidades virtuales

Ha llegado a mis manos, cedido temporalmente por mi colega Juan Ramón, una recopilación de cuentos de Alfred Bester, reunidos bajo ese título. 
Me ha tenido bastante entretenido, y aunque no todas las historias mantienen la misma calidad, hay algunas que son realmente sabrosas y he disfrutado muchísimo.



Enumeración de elementos leídos:
- Desapareciendo
- Oddy y ello
- Estrellita, estrellita
- 5.271.009
- Tiernamente Fahrenheit
- La elección de Hobson
- Acerca del tiempo y la Tercera Avenida
- El tiempo es el traidor
- Los hombres que asesinaron a Mahoma
- El hombre Pi
- Ya no hacen la vida como antes
- ¿Desea esperar?
- El orinal floreado
- Adán sin Eva
- Y quedan 3 1/2
- Galatea Galante
- El diablo sin gafas

Todos ellos han sido previamente publicados en uno y otro lugar (revistas, otras pequeñas recopilaciones, etcétera), salvo el último, que lo es en esta ocasión póstumamente. 

Bester ha sido para mí un descubrimiento tardío, y ya he reseñado por aquí alguna de sus mejores novelas que, sin duda, me han entusiasmado, tanto por la historia que cuentan, como el peculiar estilo del autor, que volvemos a encontrar en la mayoría de las narraciones de "Irrealidades virtuales".
Totalmente recomendable si quieren pasar un buen rato.

martes, 19 de marzo de 2019

280

Fueron esos, unos 280, los kilómetros que recorrimos en una atípica ruta de fin de semana este variopinto grupo de aficionados a la moto:


Desplazamiento con exceso, quizá, de distancia, dado que un par de las máquinas eran nuevas y sus pilotos no demasiado duchos en el noble arte del curveo. Todo transcurrió sin incidencias, y tuvimos ocasión de pisar sobre variada mezcla de carreteras. 
Suerte de poco tráfico, ninguna incidencia que destacar del lado mecánico, sin sustos ni caídas... al menos nada digno de mención.

El punto final, como guinda de una tarta ya de por sí bastante gustosa, una bajada hasta el embalse del Corumbel desde Berrocal, una delicia de asfalto impecable y 127 curvas en sólo 21 km. Hicimos en el embalse una parada de reagrupamiento, y todos sonreíamos, sudorosos, y comentábamos ésta o aquella curva, la frenada de más allá, la subida anterior, o la menor o mayor potencia de los motores.


Tres naked y una Mojonda Adventure Sports 1000. Disfrutar de cualquier moto es una cuestión de actitud, y esta experiencia así lo demuestra. Dame unas curvas en la montaña, y todo vendrá servido por añadidura. Como verdaderos roadracers, unos warriors, unos kneesliders, los outsiders del lado oscuro del motociclismo, lo que no se cuenta porque no se puede ni debe. Así fuimos, somos, seremos.
Libertad, sensaciones, emoción. Eso es.

No puede faltar un buen fin de fiesta, como mandan los cánones. Nos quedamos Antonio L. y servidor, y para amenizar un poco llamé al limitador, que nos acompañó un ratito mientras daba cuenta de su respectivo tercio:


el día que el mundo se fue

- Algo que nunca podré tener.

- A la deriva y en paz.

- Lo frágil.

- Lo venidero.

- Ido, todavía.

- El día que el mundo se fue.

- Y todo lo que podría haber sido.

- La persistencia de lo perdido.

- Dejando la esperanza.

Aunque pudieran parecer declaraciones, observaciones, o meras descripciones de cómo uno se siente a veces, no son más que los títulos de los temas del disco dos de "And All That Could Have Been/Still" (2002) de Nine Inch Nails. Con esta obra magnífica, mitad grabada en un concierto en directo, mitad breve recopilación de algunas canciones de temática íntima (aunque ¿qué canción de Trent Reznor no lo es en mayor o menor medida?), uno tiene la sensación de estar montado en la vagoneta de una montaña rusa, lo mismo bajando a velocidad vertiginosa, que subiendo lentamente, acelerando, sufriendo una fuerte presión al tomar aquella curva...

Lo que me sirve, me viene de perlas, para pensar en aquellas cosas que una vez quise hacer y que, por hache o por be, al final se truncaron. Eso no es ni bueno ni malo, nunca lo podré saber, y me viene al recuerdo aquella fábula de origen oriental del chino cuyo hijo se partió una pierna en una caída del caballo. 

Acometo el listado, que es más corto de lo que en un principio pude imaginar:
- Tener una hija. En mi mundo mental imaginario enfocado hacia el futuro ya tenía nombre, se llamaría Lola. No Dolores, ni mucho menos María Dolores. No. Se iba a llamar Lola. Seguro que me iba a dar muchos dolores (precisamente) de cabeza, pero en lo global, la suma, sería algo maravilloso.

- Ir con mi coche a Nurburgring Nordsleife. Tener el viaje organizado y truncarse es algo que me ocurrió. Ya no volvió a surgir la oportunidad de volver a empezar, incluso vendí mi coche. No es traumático, simplemente creo que hubiera sido un viaje casi épico, un must para todo petrolhead. Quizá no soy suficientemente aficionado. Quizá no lo quise con la intensidad necesaria.

- Hacerme entender, y querer convencer a otros de que mi opción es la correcta. He tardado mucho en comprender que cada persona vive su realidad de manera diferente, y que los conceptos del bien y el mal difieren de un sujeto a otro. No hay grandes diferencias, pero sí son suficientes como para chocar frontalmente a veces. Mejor dejar pasar, asumir nuestras diferencias y vivir en paz con uno mismo.

- Seguro que hay muchas otras cosas, pero ahora no caigo. O a lo mejor no había tantas como yo en un principio creí. Y eso es bueno. Seguramente soy conformista (no lo creo), o no deseé tanto como en un principio había pensado. De cualquier modo, qué más da. Soy lo que soy y no me arrepiento de nada.



Bola extra:
Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

-Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y cayó al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tú eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Quien sabe.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Serpiente del sueño

Vonda N. Mclntyre obtuvo los premios Nebula (1978), Hugo y Locus(1979) con esta novela de pretendida ciencia ficción, que no deja de ser una historia de aventuras del género de la fantasía. 

La novela parece dirigida a un público, si no infantil, sí al menos adolescente. No más. Aunque detrás de esta somera percepción inicial, y analizando un poco más profundamente los hechos narrados y las circunstancias en que tienen lugar los acontecimientos, los sucesos que llevan a la protagonista a viajar de un lado para otro, sus relaciones con los demás personajes, etc, nos damos cuenta de que subyace una cierta ideología de género.
No en vano, la autora es una reconocida activista por los derechos de la mujer, y se nota por su valentía y audacia al poner a una en el papel principal de la obra, en el tratamiento que se da a la actividad sexual (tomada como algo libre, sin necesidad de compromiso y con una cierta promiscuidad libertina), pero sobre todo en dar al hombre un papel de personajes secundarios evidentes y, en todo caso, los malos son siempre del sexo masculino. Curioso, cuanto menos.

Serpiente, que así se llama nuestra heroína, es una "curadora" en un mundo postapocalíptico, que pertenece a una casta dedicada a la práctica de la medicina, para lo que tiene que usar tres serpientes distintas de cuyos venenos se aprovecha para sus fines. En un planeta asolado por un desastre nuclear hace mucho tiempo, no hay sociedad, sino pequeñas tribus, y alguna ciudad que otra (que se rigen por el sistema de ciudad-estado). Hay también, signos de tecnología de origen extraterrestre, pero nunca aparece ningún alienígena ni es posible el contacto con esos seres.
En una intervención para sanar a un niño, los miembros de su tribu matan una de las serpientes de la curadora, del tipo "serpiente del sueño", de origen alienígena, cuya especie tiene unas características muy especiales sin las que no puede seguir ejerciendo su profesión. Comienza así un viaje en busca de una serpiente del sueño sustituta, empresa árdua ya que son escasas.

Supongo que la historia gustó en su día por el contenido feminista, pero poco más. El argumento es pueril, el desenlace es absolutamente previsible, las conclusiones o enseñanzas... nulas.

Bajo mi punto de vista, se puede leer como curiosidad, pero en general lo considero prescindible. Una pena. 

viernes, 1 de marzo de 2019

días blancos

Aprovechando un par de días en que el cuervo menor vacacionaba entre semana, nos pegamos un relativo madrugón (madrugón para mis acompañantes, no para mí que acostumbro a amanecer a diario a las seis de la mañana), para coger carretera y manta, literalmente, en dirección a Pradollano, urbanización en término de Monachil, donde se ubica la más grande y meridional estación de esquí de Europa. 
El día vino con nubes, y con pronóstico de chubascos posibles, cosa que ocurrió, y fue de menos a más, hasta que se convirtió en algo tan inclemente que tuvimos que irnos después de un par de bajadas tras parar para tomar un tentempié. 


A pesar de la nevada, no había mucho viento, pero la visibilidad era regular. No hizo especial frío, y la nieve se encontraba en buen estado incluso para evolucionar grácilmente con una tabla de snowboard bajo mis pies. 

En este punto tengo que señalar que hacía dos años que no pisaba Sierra Nevada, y me he encontrado mayor. La elasticidad abandona mi cuerpo, y he tenido que condurar mis reservas energéticas para no desfallecer demasiado. Aún así, puedo seguir disfrutando de las curvas y desniveles,  y aunque al principio no iba muy seguro, enseguida cogí confianza. Todo esto no es difícil si tengo que ir esperando constantemente a mis acompañantes, menos duchos que un servidor, y en escasa forma física.

Tras pasar tarde y noche en el pueblo de Monachil, donde tenemos casa de un familliar, volvimos a la carga el día siguiente, con un Sol en pleno apogeo. Días así son los que han convertido a esta singular estación en un proyecto muy atrativo, pues con la nevada de la tarde anterior, teníamos una combinación de temperatura agadabilísima y nieve en perfecto estado, permitiéndome aventurarme fuera de pista varias veces, notando asombrado cómo me hundía hasta las rodillas si bajaba un poco la velocidad, y viendo por el rabillo del ojo salir spray de nieve en polvo en las curvas... ¡realmente sensacional!





Pepe fue de menos a más, en una rápida y segura progresión, pero iba muy cansado, no está acostumbrado a hacer tanto ejercicio. Disfrutamos muchísimo los dos, y yo le animaba constantemente a que bajara de toeside y a que me acompañara en mis incursiones fuera de pista. Grandes risas y gritos, algunas caídas y más risas. Exploramos gran parte de la estación, visitamos la zona de la Laguna de las Yeguas, pero allí la nieve estaba peor, había más placas de hielo y no nos gustó.
Subimos a la zona del Observatorio:



Incluso nos atrevimos con el punto más algo, el Veleta, desde donde tomé esta imagen en la que se ve Borreguiles allí abajo, muuuuuy lejos. Desde allí arriba hicimos una larguísima bajada non stop, empalmando con la pista del Río hasta Pradollano, lo que significa prácticamente seis kilómetros. 

Desde el Veleta les saludo
A hora prudente, y antes de agotarnos del todo, decidimos retirarnos. Devolvimos los útiles alquilados, fundamentalmente las tablas, y nos pegamos un merecido homenaje en Crescendo, un menú a base de sus especiales hamburguesas aderezadas con guacamole.




Una experiencia notable, pero aún quedaba la dura vuelta, un trayecto de varias horas hasta casa. A pesar del cansancio y la paliza de coche, es una de las muy pocas veces que he llegado de vuelta con muchas ganas de repetir, pero la verdad es que no sé si tendremos ocasión de hacerlo de nuevo esta temporada, tanto por disponibilidad de tiempo como de dinero, porque nunca se me olvida la famosa frase que le dijo un vendedor de El Corte Inglés a mi padre, siendo yo pequeño, cuando éste resopló y casi silbó cuando le dijo aquél el precio del conjunto de botas, esquís y chaquetón plumífero: "este es un deporte para potentados, señor". Sólo el forfait de dos días para los tres que íbamos nos costó 254 euros. Toma castaña pilonga.

jueves, 21 de febrero de 2019

Cronopaisaje

Gregory Benford puso a nuestra disposición en 1980 esta obra que ganó el premio Nebula del mismo año, entre otros.

La novela, escrita por un señor que es físico, profesor de universidad, tiene tintes "hard", nos quiere introducir en la profunda física de partículas subatómicas, y nos explica lo que puede para que más o menos lo podamos comprender. Muchas cosas nos suenan a chino, y la verdad es que uno no sabe si parte de lo que se dice es real o mera ficción...

El caso es que la acción se desarrolla en parte en 1998, que es el futuro (téngase en cuenta la fecha de publicación), y en parte en 1962-63. En el futuro, en que el planeta está inmerso en una tremenda degradación del medioambiente, un científico investigador en Cambridge intenta enviar un mensaje al pasado para avisar de ello, para que se tomen medidas que puedan salvar la ecología a tiempo, y para ello se emplean "taquiones", una partícula capaz de viajar más rápido que la luz. Sí, así es. Se configura el tiempo más como una constante que como un contínuo, es algo raro a priori, y poco intuitivo de comprender, pero los tiros de la física van por ahí. En el pasado, 1962, hay otro grupo de investigadores en California que, en el seno de unos experimentos, reciben entrecortadamente los mensajes, y tienen que convencer a sus colegas de que vienen del futuro y nos están avisando de algo.


Bien, la novela se hace un poco difícil de leer sobre todo por su carácter de ciencia ficción hard, como se ha dicho. Además de los numerosos personajes y las relaciones entre ellos y sus respectivas parejas e incluso otros familiares, las numerosas explicaciones físicas hacen que la lectura sea farragosa y lenta, y a ratos casi se pierde la atención y la motivación. No es una novela de acción, sino más bien entregada a contar las intrigas y las luchas en el seno de los departamentos de investigación de las facultades universitarias, constantemente acosadas por la espada de damocles de la financiación, la carrera de ratas en que se convierte la adquisición de poder y renombre, etcétera.

Debo decir que su lectura me dejó un poco frío, y que no la volvería a leer, y aún así he dejado pasar unos días desde que llegué al final para ver la reacción que su poso ha dejado en mí. Ahora la recuerdo con otros ojos, y creo que el tema tratado es interesante, pero no se ha expuesto de forma amena y entretenida. Creo que una novela de ciencia ficción debe, sobre todo, entretener, y ésta no lo consigue, aunque tenga otros méritos.