Visto escrito a mano en la pared de un gimnasio de Australia.
sábado, 13 de enero de 2018
jueves, 11 de enero de 2018
Winter os cool
Valió la pena.
Agua fría, viento fuerte, mar bravo.
La siempre inquietante compañía de Manu puso un punto extra para disfrutar.
Valió la pena.
Valió la pena, es imposible decir lo contrario.
El frío, la dureza, el punto épico, la pelea... añaden belleza a este deporte/arte, una estética que los que están fuera del ámbito de este tipo de actividades no pueden comprender.
El ciclismo, el motociclismo, deportes marinos, alpinismo, tienen más en común de lo que el común mortal cree.
Valió la pena.
martes, 9 de enero de 2018
sábado, 6 de enero de 2018
Riders on the storm
Y aunque la espera me desesperó, mientras otros llevaban ya horas disfrutando del frente de baja presión que penetraba desde el Oeste, fue salir de la oficina, llegar a paso muy ligero a casa para comer algo, y salir pitando con un par de kites y la Skater para montarla en la tormenta.
Su primera tormenta, que se ha saldado con varios gritos de emoción y alegría, de velocidad, de voladas, recortes, espuma y amor. Amor al viento y al agua. Amor a la vida. Amor a la libertad.
La viva imagen de la felicidad ha quedado impresa en mi memoria para darme fuerzas y ánimos hasta la próxima borrasca.
jueves, 4 de enero de 2018
conversaciones (II)
-Perdona, oh, maestro, que te interrumpa justo cuando vas a tomar tu baño de media tarde.
Lentamente el Hombre que Todo lo Sabe se gira hacia mí, con la toalla sobre un hombro, vestido con sólo un rústico taparrabos. Su mirada me interroga sin tener que abrir los labios siquiera.
- Hace muchos minutos, más de 60 -comienzo mi relato-, estaba sentado estudiando a los clásicos y, aún sabiendo que debo ejercitarme en el plano físico también, me sentí un poco reacio a dar el paso.
- ¿Y que pasó? Estoy en ascuas.
- Bueno, el caso es que lo pensé y repensé, quizá más de lo debido.
- Uh -levantando las cejas-.
- Finalmente me enfundé unas zapatillas de deporte y estuve trotando de cochineras maneras durante al menos 2.400 segundos. Me alegré, a pesar de mis iniciales reticencias, el resultado ha sido positivo no sólo para mi cuerpo, sino también para la mente.
- En fin, ya sabes, querido jabato que retoza en el barro, que el deporte es diversión. Y puedo añadir, sin miedo a equivocarme, aquello tan manido de mens sana in corpore sano. Pero, intuyo que no ibas por ese camino elucubrativo... ¿acaso yerro? -preguntó alzando ahora una sola ceja-.
Justo en ese momento, y no en otro, me doy cuenta de que el tupido vello corporal que cubre el pecho de Aquél que Susurra a los Cielos es de un impenetrable color níveo. Apenas sí distingo uno de sus pezones entre la arboleda capilar.
- En efecto, oh, mi guía. Me pregunto qué es lo que me impulsó verdaderamente a lanzarme a correr en esta ocasión. Es decir, las opciones estaban ahí: quedarme cómodamente sentado en mi puf ojeando interesantes lecturas, o salir a correr con el frío invernal.
- Y esa sensación, esa duda, ¿nunca la tuviste antes? -No me dejó responder, qué digo, ni abrir la boca- Si te fijas, si te estudias, y te repetí cienes y cienes de veces que tienes que estudiarte, que es el primer paso para el conocimiento, pues sigo, si te estudias y analizas tu recorrido por el camino de la vida desde que dejaste la absorber el dulce néctar de la ubre materna, convendrás conmigo en que hay un denominador común para todo lo que has hecho.
Mi boca si se abrió esta vez, de par en par. La mandíbula se desencajaba de mi cráneo. Fui consciente de lo que me acababa de descubrir, se abrió ante mi gran ojo mental esa visión de millones de actos durante la duración de mi vida, y casi, casi, llegué a atisbar el tal denominador...
Como viera que no salía sonido de mis cuerdas vocales, el Enseñador, cargado de paciencia, me ilustró. Y comenzó cambiando la toalla de un hombro al otro:
- Se llama voluntad.
- ¿Ein?
- ¿Como que ein?
- ¿Así de simple es la respuesta?
- ¿Acaso te parece poco, ínfima molécula incapaz de retener el más insignificante de los aprendizajes? ¿Es que la voluntad no lo es todo? -y alzó un poco la voz, cosa muy, muy, muy rara- ¡LO ES TODO!
- Caray, maestro -casi me atreví a susurrar, agachando la cabeza-.
- En tu lengua materna, la palabra voluntad se define como la capacidad humana para decidir en libertad lo que se desea y lo que no, y viene del latín, voluntas, que deriva del verbo volo, que significa querer, desear. Y aunque ni te des cuenta, ya desde que eras casi un mero cigoto de comadreja que se arrastra, siempre has hecho uso de ella. La voluntad es la fuerza que te mueve para conseguir lo que quieres, explicado vulgarmente para que tu limitada entendedera sea permeable al concepto teórico.
Yo seguía mudo, dando vueltas en mi cabeza a tamaña revelación, alucinando con la penetración de semejante verdad en mis meninges.
- Es cierto, pues -me atreví a sugerir- que si quiero algo, si realmente quiero algo, ¿puedo hacerlo?
- No confundir el deseo con tu capacidad real de obtener lo que deseas. Eso es algo que la experiencia y el autoconocimiento debe enseñarte. Pero sin duda que el acto volitivo es lo más importante. Sin él no hay nada. Ni si quiera hay vida. Pues quien no quiere, muere, no vive.
- Oh.
- Sí.
- Vaya.
- Medita sobre ello, tampoco es para tanto.
Y tras esa última orden suya, dejó la toalla en el suelo, se quitó el taparrabos dejando un peludo trasero al aire, y se sumergió lenta y placenteramente en las tibias aguas termales de una poza volcánica. Sin duda, quería estar solo a partir de ese momento. Y allí le dejé.
lunes, 1 de enero de 2018
A story of uniqueness
He descubierto una serie de hilos en diversos foros internacionales (ducati.org, ducati.ms, speedzilla...), con interesantes puntos de vista acerca de lo acertado o no, las consecuencias más o menos fatales, y el supuesto éxito o fracaso relacionado con el modelo 999 de Ducati (lo que engloba a su hermana menor, la 749).
La comparación con aquélla a la que tuvo que sustituir, la serie 916, o incluso con la que vino después, la 1098, es una constante, y se le achacan cosas tan falaces y distantes de la realidad como que casi llevó a Ducati a la quiebra.
| Ducati 916 de 1994 |
¿Saben lo que comentaron los técnicos de Ducati cuando vieron terminada por fin a la 916? Dijeron que parecía una moto de chica. Así de claro. Era una moto pequeña y sexy (sobre todo tras años dedicando sus vidas a la musculosa y viril 851/888), si es que tal atributo se puede achacar a una moto, roja, y a primera vista exhuberante y diferente... hasta que uno echaba la vista atrás y descubría que, en realidad, no había nada nuevo en ella.
Sus principales rasgos de diseño fueron copiados impunemente, plagiados, de la Honda NR750: escapes bajo un colín muy ensanchado, basculante monobrazo, faros dobles horizontales. Estos tres rasgos inequívocamente separaron a la 916 de cualquier otra moto deportiva de su época, pero hay que reconocer que no fue un hallazgo propio, ni una revolución. Su suerte fue que no se vendieron muchas NR, pero fue una opción de Honda que tal hecho ocurriera así.
En cuanto a la motorización, un desmoquattro original con un pequeño aumento de cubicaje, en lo demás prácticamente idéntico al 888. Nada innovador, pues, nada sobresaliente, nada que sea excusa para elevar al trono del diseño al que, en mi opinión, injustamente se ha sentado a Massimo Tamburini.
En pleno proceso de desarrollo de la sucesora de la campeonísima 888, en 1992, Tamburini se fijó en la NR750 de Mitsuyoshi Hohama, y quedó tan impactado que rompió todo lo que tenía preparado para empezar de nuevo su diseño de la 916. Y yo digo: oh, qué gran diseñador fue Tamburini, sí, claro.
Es decir, que este idolatrado señor lo es por plagiar un diseño, mientras que todas las demás creaciones exitosas salidas de su centro de diseño (contratado como empresa externa por Ducati, que entonces no tenía su estudio propio, cosa que no ocurrió hasta 2006) fueron dibujadas por Pierre Terblanche (Supermono, SSie, Multistrada, ST3, Hypermotard, MHe, Sportclasic, S2R y por último las Monster 696/1100) y Miguel Angel Galluzzi (888, SS, Monster, ST2 y 4). Lamentable lo que hace el marketin y el fanatismo.
| Honda NR750, presentada en 1989, vendida en 1992 |
Ducati se arriesgó muchísimo con la 916, mucho más que con la 999, con un cambio radical estético sobre todo lo que Ducati había hecho anteriormente, y logró alzar a Massimo Tamburini al Olimpo de los diseñadores de motos, aunque su trabajo con esta máquina tenía muchos fallos, evidentes unos, más ocultos otros.
Detalles como pillarte los pulgares con el depósito al girar el manillar a baja velocidad; la insufrible incomodidad derivada de su gran altura de asiento, asiento que además estaba inclinado haciendo que cayeras sobre el depósito con tus partes nobles cargando todo el peso de tu cuerpo sobre los bajísimos semimanillares; un basculante que flexaba y que obligaba a cambios y experimentos en las motos destinadas a la competición (incluso hay fotos de Karl Fogarty rodando con 916 de basculante doble brazo); problemas de calentamientos por una falta de estudio de los flujos de aire dentro del carenado... todo eso sin contar que era una auténtica pena épica de colosales dimensiones hacer un simple reglaje de válvulas, para cuya realización había que desmontar media moto.
Hay que reconocer, no obstante, los benificios achacables casi en su totalidad a su parte ciclo: era una moto corta y ágil, con el centro de gravedad bajo por la configuración de su motor, un chasis inmejorable, ahora extendido hasta el anclaje del basculante por primera vez. Su aplomo del tren delantero no tenía igual, y seguramente sigue sin tenerlo.
| La magnífica Ducati 999 05 |
Ducati, a pesar de tener esta moto en venta desde 1994, y vendiendo más Monster que nunca, casi entró en bancarrota en 1995, y tuvo que ser Texas Pacific Group Inc. quien adquirió la firma, salvándola de la desaparición por enésima vez. Esta compañía norteamericana, TPG, está especializada en comprar empresas que se encuentran al límite, reflotarlas y venderlas cuando son rentables. No hay que ser muy listo para obtener la lectura adecuada.
Tras un tiempo negociando, fue adquirida y sacada al mercado de valores. Se comenzaron a meter más controles de calidad, y se cambiaron suministradores de componentes que eran conflictivos y producían fallos. Una nueva gama comenzó a levantar la compañía, encabezada por la numerosa oferta de las variantes de la Monster, y las nuevas ST y Multistrada. Y por fin llegó la materialización del encargo realizado a Terblanche: la 999, dibujada a partir de una hoja completamente en blanco, desde cero, sin cortapisas.
La 999 fue una moto diseñada desde adentro hacia afuera, desde la interioridad del motor Testastretta y buscando su mejor accesibilidad, pasando por mostrar el bonito chasis multitubular (oculto casi totalmente en la 916), pero enseñando las culatas del cilindro vertical, con una ergonomía mucho más estudiada y regulable, colín minimalista (hoy un estándar en el diseño de las motos deportivas, pero entonces fue un verdadero shock), y un cambio radical en la estética de esos componentes que precisamente diferenciaron a la 916, y ahora más imitados entonces por la competencia: el doble faro horizontal con las tomas de admisión debajo, y el doble escape bajo el colín (Yamaha, Honda y Kawasaki tenían sus propias versiones de estos elementos, en un total alarde de falta de imaginación, por otro lado lo que siempre han ido haciendo los japoneses: imitar y no inventar nada, salvo honrosísimas excepciones).
Muy al contrario, la 916 fue diseñada de fuera hacia dentro. Tamburini hizo el traje, y después puso al maniquí dentro. Todo queda supeditado a la estética, y como consecuencia toda la parte mecánica y sobre todo eléctrica, queda apretado e inaccesible. El proceso de fabricación es errático, cada remesa de motos viene con el cableado ubicado de manera diferente, hay problemas con muchos proveedores, y además es cara y tiene un servicio postventa no tan adecuado como sería deseable, por lo que no se venden tanto como se espera. Esa fue la realidad pura, y es sabido que fue la Monster quien salvaba los muebles aquellos primeros años.
Su salvación fue el exitoso paso por el campeonato mundial de WSBK, en el que arrasó, dicen, aprovechando las ventajas que el reglamento permitía a las bicilíndricas.
Pero ahí tampoco fue manca la trayectoria de la 999. Esta última ganó tres de las cuatro temporadas de su vida útil. La 1098, en cambio, sólo ganó dos de los seis en que participó. La más moderna Panigale, introducida en el Campeonato en 2013, no ha ganado ninguno, y ya está prevista su sustituta... Va a resultar que la 999 no era tan mala, después de todo.
| Ducati 1098 |
Llegamos ahora a la sustituta de la 999, la esperada 1098, una máquina que, tras la salida de Terblanche y Galluzzi de Ducati, fue obra de Fabbro (discípulo del primero en sus últimos años en Ducati), en un total alarde de falta de ideas y claro ejemplo de cómo no hacer las cosas.
Copio aquí parte de una entrevista a pie del stand Ducati en el salón de Milán de noviembre de 2006, cuando se presentó la 1098, con Giandrea Fabbro, a la sazón su diseñador:
Pregunta: What was your design philosophy with the new 1098?
Respuesta: “It was to design a sportbike without any compromise, without any understatement and the image had to be sport. That’s why it is much pointier than before.”
P: Did you take much influence from the old 916?
R: “Of course, you cannot avoid that. So we tried to interpret the styling clues of the 916 in a modern way. We then designed a pointy cowling, I mean fairing.”
Lo más interesante es la afirmación que me he permitido resaltar y subrayar... ¡Las cosas que un hombre tiene que decir...!
Es obvio que fue obligado a repetir el diseño de Tamburini, convenientemente actualizado a una época, a una clientela que debía aceptarla casi trece años más tarde. La similitud con la 916 es tan patente como bochornosa, solo que esta vez estaba incluso peor hecha. El comentario general era "se parece a la 916, pero vista con los ojos de un japonés". No hay peor insulto para una Ducati... cosa que se repetiría años más tarde (pero esa es otra historia).
Detalles estilísticos aparte, la accesibilidad mecánica, lejos de mejorar, empeoró: había que desmontar multitud de paneles plásticos, muchos tornillos, para acceder al motor. Similar caso ocurría si querías desmontar el colín. Lo que con la 999 eran literalmente cuatro tornillos, más uno grande si querías separar el conjunto del depósito, en la 1098 se perdía la cuenta en número de piezas y minutos transcurridos. Levantar depósito para acceder al cilindro trasero o los cuerpos de inyección supone echar una hora para un mecánico avezado, mientras en una 999 lo puedo hacer yo en menos de diez minutos. Extraer el amortiguador trasero para regularlo o cambiarlo, exige desmontar previamente el basculante... y así sucesivamente en una serie interminable de sandeces y errores de diseño, todo por supeditar la globalidad de la estética a los tres pilares básicos de la Honda NR: faro doble horizontal con tomas de aire debajo, escapes bajo el colín, basculante monobrazo. Y ese afán de ocultar una de las piezas más bellas de la moto: su chasis tubular. Un despropósito.
Tengo que alabar a Tamburini, que aunque copión, hizo una moto ciertamente bella, al menos más que la original Honda (aunque las proporciones distan mucho de ser perfectas) con la 916, y sobre todo realizó un trabajo verdaderamente genial con su verdadera sucesora estilística: la MV Agusta F4, una máquina casi insuperable en su momento, que aunque seguías pillándote los pulgares al girar la dirección, fue un verdadero remozamiento de la 916, más proporcionada, más exótica, más impresionante, más moderna. Comparar la F4, que fue lo que siguió a la 916 en la cabeza de un diseñador verdadero, con una máquina hecha varios años más tarde (la 1098) con el mismo objetivo en mente, es un auténtico insulto, y da una perspectiva realista, de facto, de las limitadas habilidades del equipo de Fabbro.
La 1098, y poco después la 1198, aumentada su cilindrada hasta el límite del reglamento de WSBK, nunca me transmitió nada. He podido conducirla por mis curvas habituales en carretera de montaña, y aunque en parado se nota más ligera que la 999, en marcha no pude percibir ventaja alguna más que su mayor potencia. Técnicamente es un motor 999 con las culatas algo modificadas y más cilindrada, ergo aportó bien poco en el plano mecánico. En la parte ciclo, el basculante monobrazo y una posición de conducción cargando un poco más de peso delante son las diferencias, ambas cosas demandadas por un público que no es capaz de discernir los parámetros elementales que rigen la dinámica de una motocicleta, y que yo no comparto por diversos motivos. Creo que no hay que confundir lo que quiere un piloto de competición mundial con lo que necesita un conductor de fin de semana que lo máximo que aspira es a rozar rodilla un poco en unas tandas libres de cuando en cuando. Hay mucho "piloto profesional" en la calle, y vivimos en la era de la desinformación a través de internet.
Otra cuestión fue el espinoso asunto de llevar al límite el diseño del motor. La parte alta, el llamado "tren alternativo", los cilindros y culatas, no dieron problemas. Pero un bloque que lleva explotándose desde los años ochenta, que entonces soportaba la mitad de potencia, fue llevado al máximo de su resistencia. La moto 1x98 sufrió numerosos problemas de roturas de caja de cambios no sólo en competición, sino a nivel de aficionado, averías caras. Sumándose a ello el deshonroso papel de la hermana pequeña, la 848, superada ampliamente por la competencia japonesa, y sin posibilidad de medirse en campeonatos por salirse por arriba de los límites de cilindrada establecidos. Problemas electrónicos y una enorme partida de casquillos de fricción en la unión de las bielas con el cigüeñal, trajeron de cabeza a miles de dueños que no han querido saber nada más de Ducati desde entonces.
El tema es singular en la historia del diseño de la motocicleta, y crucial en la particular de la marca italiana. Ni las XX9 eran tan malas ni feas, ni la 916 y 1X98 son tan bonitas ni buenas.
Toda la información está sacada de la página web de Ducati, Motorcycle, Sportbikes, entrevistas a personajes implicados, la lectura del libro "999, birth of a legend", y conocimientos personales.
Dakar?
El Dakar, esa mítica "carrera-aventura-rally-promoción-negocio" que se ha convertido en algo tan absolutamente diferente a lo que T. Sabine ideó hace ahora casi cuarenta años, es algo muy diferente para muchos participantes.
No todo son equipos oficiales, famosos pilotos, coches, camiones y motos espectaculares, asistencias increíbles, y arreglos imposibles en tiempo récord mientras los masajistas ponen a punto los cuerpos cansados de los pilotos, que después se retiran a las motorhomes a dormir plácidamente.
No.
Hay otro Dakar, se llama categoria Malle Moto, y son pilotos privados con una moto y un cajón lleno de repuestos y herramientas, que la organización va llevando de una vivac al siguiente. No hay mecánicos que te esperen. Te tienes que limpiar, engrasar, mantener y arreglar la máquina tú mismo, quitando horas al sueño. Por supuesto, hay que montar la tienda de campaña, y si llueve, te jodes, y si hace calor, polvo, viento, nieve... pues también te jodes.
Si se rompe la moto, te jodes. Y es algo bastante duro, cuesta mucho esfuerzo físico y, por supuesto, económico, porque preparar una moto para esto es algo muy caro. Hay que tener nociones de mecánica para poder arreglar las posibles averías tú mismo, hay que tener inventiva, inteligencia, resistencia, y desde luego hay que saber andar en moto de campo. No es una prueba para viejos, ni para endebles, ni para cobardes.
Es todo tan, tan, tan diferente a la carrera que nos muestran en la TV, en los resúmenes de Teledeporte, Eurosport, etc, que parece una competición distinta.
Entre ayer y hoy he estado viendo este documental prácticamente grabado en su totalidad por un participante de Malle Moto, un tal Lyndon Poskitt. ¿No le conocías, verdad? Yo tampoco.
Ahora ya sí, y tened por seguro que su nombre tardará en olvidárseme, porque me ha abierto los ojos sobre lo que es el Dakar, o al menos lo que es el Dakar actual, que son dos Dakares en realidad. El de los famosos, pilotos oficiales, ha dejado de interesarme. Fin.
sábado, 30 de diciembre de 2017
viernes, 29 de diciembre de 2017
Conversaciones (I)
Y me asaltó una nueva duda. Y aunque traté de reflexionar sobre ello, mi limitada capacidad no me permitió llegar a ningún puerto. Y me aventuré, con todo el máximo respeto y fervor del que soy capaz, a preguntar al maestro, quien se encontraba en la postura del loto, con los ojos cerrados.
- El dolor –dije-, ¿es tan absolutamente necesario?
Sin abrir los ojos, con apenas perceptibles movimientos de sus labios, me preguntó a su vez:
- Dime, pequeño renacuajo que aprende a nadar, ¿qué te duele?
- Bueno, me dan punzadas en la espalda, aquí y allá. Y también la rodilla izquierda me molesta a veces…
- Ah, creí que te referías a otro tipo de dolor.
- ¿Acaso hay otros dolores?
- Me referiste dolores físicos. Hay solución para eso a través de la medicina, renacuajo de la charca, tanto la tradicional como la occidental. Lo dejo a tu elección. Pero, sí, hay otro dolor, mucho peor: el dolor del espíritu, un dolor interno que no se ve en las radiografías, que no puedes realmente localizar en ninguna parte física de tu cuerpo, por maltrecho y castigado que esté.
- ¿Sí? Bueno, si tal cosa existe, no sé si alguna vez lo padecí.
- Es cierto que muchísimas personas lo sufren a diario, pero no lo saben…
Pensé en ese momento que me estaba troleando. Traté de eliminar tal idea de mi mente, por lo que suponía de falta de respeto hacia el gran sensei. Casi lo conseguí.
No obstante, seguí indagando sobre este nuevo concepto que se abría ante mi poco lúcida mente.
- ¿Como cuando muere un familiar querido, maestro?
- Es un claro ejemplo, captas el concepto, aunque vagamente, me temo. Hay muchas causas que pueden originar el dolor interno, como me gusta referirlo. Asimismo, dicho dolor puede ser más o menos profundo, y también poco o muy duradero. Es un proceso largo, y se necesita tiempo y experiencia para identificarlo y superarlo, porque ese dolor del espíritu, por llamarlo de alguna manera y que tu mente en formación pueda comprenderlo, hay que aprender a reconocerlo, a tratarlo, a superarlo o, en algunos casos, saber cómo terciar con él, como hacerlo tu compañero por una temporada, o por toda una vida. Incluso puedes llegar a apoyarte en él, beneficiarte, aunque te suene extraño y contrario a toda lógica.
- Oh, ¡es terrible esto que ahora me descubres!
- ¿Por qué te azoras, simple ameba de caldo primigenio? Sin duda, debes estar atacado por algún tipo de dolor del alma, por llamarlo de alguna manera y que tu mente en formación pueda comprenderlo. Cuéntame qué es lo que te aqueja, y trataré de consolarte.
- Mi gran enseñador, amo de mis pensamientos, adivinador de intenciones, tu sabiduría me deja sin palabras…
- Vamos, déjate de idioteces, suéltalo ya –me espetó bruscamente-.
- Verá, oh, Gran Ojo que Todo lo Ve: lo que más dolor me causa es la actitud de mis semejantes.
- Explícate.
- Bueno, observo que quienes me rodean desprecian lo que yo amo, por ejemplo, y eso me entristece. Y creo que la tristeza es un tipo de dolor.
- Estás en lo cierto, y veo que no eres tan lerdo –y en ese momento abrió los ojos y fijó su penetrante y acerada mirada en mí-. Debes saber que no todos pensamos igual, ni tenemos los mismos objetivos vitales, los mismos intereses o, simplemente, iguales quehaceres. No puedes pretender que los otros te comprendan, pero sí debes pretender, y lograr, comprender a los otros. Cuando te metas en sus mentes, cuando aprendas a leer sus vidas, cuando seas capaz de ponerte en su lugar, podrás asumir y, en definitiva, aceptar. La aceptación es importante, fiel seudópodo de un organismo unicelular, para ser feliz y no sufrir dolor.
- Ah, sí, esto me recuerda a aquello que dijo Confucio, ¿cómo era?
- ¿Confucio? ¿Confucio? Pero ¿qué manera es esa de referirte al Gran Confucio? ¡Jamás dejarás tu estado de ciega lombriz, impertinente y descarado ser!
Agaché la cabeza fijando la vista en el suelo, humillado y, porqué no decirlo, afectado por las duras palabras del maestro. De mi boca sólo pudieron salir las siguientes balbuceantes palabras:
- Ruego el más implorante de los perdones, oh, sabio maestro, no soy más que el escupitajo de un buitre que regurjita la bilis del putrefacto hígado de la carroña más seca.
- Está bien –aceptó, satisfecho-. El aforismo es el siguiente, y grábalo a fuego en tu desusada neurona, pues debe iluminar tu camino. Siempre.
- ¡Estoy preparado! –exclamé, dándome cuenta inmediatamente que ese exceso de entusiasmo podía perjudicarme a los ojos de Aquel que Todo lo Sabe-
Me miró de reojo girando un poco la cabeza hacia un lado, cerró sus párpados, se levantó lentamente, desentumeciendo sus tobillos y rodillas –pues llevaba siete horas, cuarenta y nueve minutos y treinta y tres segundos en padmasana-, juntó las palmas de sus manos a la altura del pecho, y muy muy muy serio por fin dijo:
- Ten fortaleza para cambiar lo que se puede cambiar, serenidad para aceptar lo que no puedes cambiar, y sabiduría para entender la diferencia.
- ¡Oh!
Se giró y, sin decir una sola palabra más, comenzó a bajar lentamente la montaña hacia el monasterio.
viernes, 22 de diciembre de 2017
Lo corto
Lo corto, lo breve, lo escaso.
Y mientras otros celebraban algo, no recuerdo bien el qué. Ni mucho menos el porqué.
Hace frío, me dije. El Sol se pondrá pronto, advertí. Son días de tráfico intenso, me auto susurré en mis adentros.
¿Y?
Sólo arrancarla, sentir el ronrroneo, la vibración, el calor, el nervio... me emociono.
Una hora para subir, otra para bajar. En medio, un cortado en la venta de siempre, mientras la rubia espera tranquila en el párking. Sola. Valiente. Caliente.
Breve, pero intenso, como un buen café cortado español, de esos que uno sólo se puede tomar aquí, o en Portugal, o en Italia. En pocos sitios más es igual de sensacional.
¿Qué tendrá el café? ¿Qué tendrán las motos?
Obras, camiones, un tractor con el remolque volcado poco antes de llegar a Beas, alguna humedad subiendo el puerto de Zalamea. Una Honda Paneuro me saluda al pasar. Algún tonto en la autopista.
Sin más particulares, dejo a la italiana en el garaje, bien segura con sus dos candados y bajo la funda, escondida de ojos indiscretos. Aún así, la miro una última vez antes de cerrar la puerta del trastero. Ella lo merece... me hace tan feliz!!!
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