Sabíamos a lo que íbamos. Más o menos. O algo así.
Cuando ante la falta reiterada de viento, típica de estas fechas invernales, insinué al hermano que nunca tuve, Jules, y al Susurrador de Cometas, AKA Reina Mora, o el primo Lolo, la posibilidad de una excursión a la salvaje y surfera playa de Carrapateira, conocida por Bordeira, enseguida los acontecimientos se precipitaron.
La previsión de viento iba de generosa el domingo a muy muy muy generosa el sábado. Pero nunca se sabe, y mucho menos en un spot tan desconocido para nostros como ése, en el que nunca habíamos navegado. Mar gruesa. Bastante gruesa en mi opinión. Como tenía que viajar en mi pequeño destechable biplaza, tuve que seleccionar con cierto tino el material a llevar, y finalmente acerté. Pura suerte.
El alojamiento tuvo lugar en una aldea reconstruida, y reconvertida en un pequeño resort de viviendas de uno, dos o tres dormitorios, en plan apartamento de esos con cocina incluida en el salón. Un sitio pintoresco, como casi todo lo rural en el país vecino, con sus tres únicas calles empedradas, en cuesta, y diferentes colores para la decoración de cada casita. Un gran bar-restaurante con wifi, y cobertura telfónica que va y viene caprichosamente, completan la oferta. El enclave es perfecto para nuestros fines, a pocos km de las numerosas y solitarias playas de la costa atlántica del Algarve, casi lindando con el Alentejo. No es que en verano estas playas se abarroten, ni mucho menos, y es raro encontrar turismo español por aquí fuera del propio de la nueva ola pijpi (o jipija) de perroflautas en furgoneta o autocaravana.
Carrapateira es un minúsculo pueblo repleto de bares, restaurantes y viviendas en alquiler, y a pocos metros se encuentra Bordeira, una extensa playa de arena llena de dunas, a la que se accede por dos sitios, y en ambos casos tienes que mojarte, como mínimo, hasta las rodillas si la marea está baja, motivo por el cual mi limitador la odia. A mí me maravilla, y no por llevar la contraria a mi contraria, no. Me maravilla por su orientación al Oeste, por estar flanqueada por los acantilados más altos de la Península Ibérica, por lo agitado y asilvestrado de sus frías aguas. Y si además tenemos viento, pues imagínense.
Bordeira en invierno, con viento derivado de borrasca y mar de fondo, no es playa para viejos. No beach for old men, at all. Algunos se hacen caquita sólo de pensarlo. Nosotros, en nuestra inconsciencia juvenil (motivado por el irrebatible complejo de Peter Pan que tenemos), ignoramos todo eso, y simplemente nos dedicamos a disfrutar del momento. Siempre hay algo (repito, siempre) positivo que extraer, y este fin de semana ha sido fantástico en ese aspecto.
Toda la playa para nosotros tres, viento para cometa pequeña, el primer día 30-35 nudos, y el segundo 20-25, condiciones de oleaje casi extremas pero con el sol brillando sobre nuestras cabezas, un aprés navegada de categoría en Sitio do Rio a base de pescado fresquísimo de la costa a precio irrisorio, y un lugar perfecto para descansar... ¿qué más queremos?
Es seguro que repetiremos. Es seguro que pronto habremos repetido. Lo malo es que el listón se ha puesto tan elevado... que puede ser decepcionante la siguiente vez.
Bola extra para los que habéis llegado hasta aquí:
miércoles, 25 de febrero de 2015
lunes, 16 de febrero de 2015
Reencuentro
Oh. Sí. En toda regla.
Tras meses sin aparecer por Terramar, el sábado se presentaba a priori como uno de esos días que, a pesar de la previsión generosa, podía ocurrir cualquier cosa. Las borrascas es lo que tienen: pueden adelantarse, retrasarse, pasar de largo, llover o no, y el viento venir de aquí o de allá...
Curiosamente, estuvimos un grupo pequeño de cuatro o cinco para una playa que es kilométrica. A placer.
El viento parecía en principio justo para 12 metros, como me avisaba el Hombre que Susurra a las Cometas. Pero él ha dejado de ser referencia para mí, al menos en cuanto a tamaño de kite a escoger, pues se está dejando ir en cuanto a lastre que rodea su zona abdominal.
Yo deseando probar de una vez la RRD Religion 10'5 que compré hace tres semanas pensando en Manu y el verano (sospechando que con la 9 iba a ir demasiado flojo, pues crece por días), sin dudarlo, la monté y al agua con ella. Sensaciones muy buenas, es un kite muy potente, o al menos así me lo pareció dadas las condiciones de viento. Me llevaba sin problemas, si bien es cierto que el viento iba in crescendo y pronto empecé a frenarla.
La Religion se siente muy estable, no hace cosas raras en vuelo como sí he notado en otras cometas que he probado, enseguida me hice a ella. Tiene menos presión en barra que las Cabrinha, lo que me viene de lujo para la tendinitis en los codos. Y se situa en plena ventana, no tiende a ir al borde, supongo que para facilitar el drift en el surf. Eso hace que sea tirona, potente, y que cueste ceñir con tablas que no sean adecuadas. Con la de surfkite todo fue como la seda. Gira rápido, casi como la Drifter de 9 metros, y cuando la cogí con el twintip y pegué un par de saltos, pude comprobar que tiene una gran sustentación, algo sorprendente para el tipo de cometa que es. En resumen, me ha gustado mucho, tiene un diseño especial, poco visto, y su construcción y detalles son espectaculares.
El viento seguía subiendo, y Manu paró a coger la 7 metros, momento que yo aproveché para engancharme a la 9.
El tío estuvo muy bravo, se lanzó directamente a por el Kitefish en plan strapless, con gran éxito. Le pude ver recortar un par de olitas, y trasluchar sin caerse. Se le da bien, y veo que compartiremos grandes surfeadas. Totalmente.
El Gurú del Viento nos tomó todas estas fotos casi al final de la sesión cuando el viento ya bajaba, con el móvil, en condiciones extrañas de luz y reflejos de agua en suspensión, de ahí la calidad (o más bien la falta de ella).
Minisecuencia de recorte a diminuta ola casi en la orilla casi sin viento ya:
Una tarde fantástica que acabó con el mar bastante revuelto, como es habitual en Punta cuando lleva un par de horas soplando.
Panorama del parking del Terramar mientras nos cambiábamos de ropa:
Tras meses sin aparecer por Terramar, el sábado se presentaba a priori como uno de esos días que, a pesar de la previsión generosa, podía ocurrir cualquier cosa. Las borrascas es lo que tienen: pueden adelantarse, retrasarse, pasar de largo, llover o no, y el viento venir de aquí o de allá...
Curiosamente, estuvimos un grupo pequeño de cuatro o cinco para una playa que es kilométrica. A placer.
El viento parecía en principio justo para 12 metros, como me avisaba el Hombre que Susurra a las Cometas. Pero él ha dejado de ser referencia para mí, al menos en cuanto a tamaño de kite a escoger, pues se está dejando ir en cuanto a lastre que rodea su zona abdominal.
Yo deseando probar de una vez la RRD Religion 10'5 que compré hace tres semanas pensando en Manu y el verano (sospechando que con la 9 iba a ir demasiado flojo, pues crece por días), sin dudarlo, la monté y al agua con ella. Sensaciones muy buenas, es un kite muy potente, o al menos así me lo pareció dadas las condiciones de viento. Me llevaba sin problemas, si bien es cierto que el viento iba in crescendo y pronto empecé a frenarla.
La Religion se siente muy estable, no hace cosas raras en vuelo como sí he notado en otras cometas que he probado, enseguida me hice a ella. Tiene menos presión en barra que las Cabrinha, lo que me viene de lujo para la tendinitis en los codos. Y se situa en plena ventana, no tiende a ir al borde, supongo que para facilitar el drift en el surf. Eso hace que sea tirona, potente, y que cueste ceñir con tablas que no sean adecuadas. Con la de surfkite todo fue como la seda. Gira rápido, casi como la Drifter de 9 metros, y cuando la cogí con el twintip y pegué un par de saltos, pude comprobar que tiene una gran sustentación, algo sorprendente para el tipo de cometa que es. En resumen, me ha gustado mucho, tiene un diseño especial, poco visto, y su construcción y detalles son espectaculares.
El viento seguía subiendo, y Manu paró a coger la 7 metros, momento que yo aproveché para engancharme a la 9.
El tío estuvo muy bravo, se lanzó directamente a por el Kitefish en plan strapless, con gran éxito. Le pude ver recortar un par de olitas, y trasluchar sin caerse. Se le da bien, y veo que compartiremos grandes surfeadas. Totalmente.
El Gurú del Viento nos tomó todas estas fotos casi al final de la sesión cuando el viento ya bajaba, con el móvil, en condiciones extrañas de luz y reflejos de agua en suspensión, de ahí la calidad (o más bien la falta de ella).
Minisecuencia de recorte a diminuta ola casi en la orilla casi sin viento ya:
Una tarde fantástica que acabó con el mar bastante revuelto, como es habitual en Punta cuando lleva un par de horas soplando.
Panorama del parking del Terramar mientras nos cambiábamos de ropa:
| Típico atardecer espectacular huelvano |
Entre arenas y pinares
O lo que es lo mismo, la tercera edición de la ruta propuesta por Antuán, miembro del CTA que en su día me acogió con los brazos abiertos en el pequeño grupo de Huelva para hacer y compartir rutas en motos trail por la provincia.
Gracias a el y otros compañeros del Comando Choquero, he ido aprendiendo las mieles de esta atractiva actividad, una forma agradable y muy provechosa de seguir con mi afición a las motos. Me quito, así, la espinita de rozar rodilla por esos circuitos, y la adrenalina fluye por mis venas al tiempo que mantengo la sensación de libertad en un entorno bello y, por qué no decirlo, tan adecuado que Huelva nos ofrece.
A menudo me siento un privilegiado, un tipo con suerte. Suerte por tener buena gente que me ayuda y me enseña, que me aconseja, y siempre sin pedir nada a cambio. Suerte por haber escogido finalmente una máquina que no me ha dado ni el más mínimo problema y que, por ahora, cumple con las expectativas de lo que yo quería hacer. Suerte por tener tiempo y ganas para disfrutarla. Suerte por tantas y tantas cosas que haría falta una entrada al bloc enteramente dedicada a agradecer a la vida, los elementos, el yin y el yang, y al cosmos en geneal, para equilibrar el karma. Seguro.
Ahora estamos a otra cosa. Aquí les dejo un modesto montaje para que se hagan una idea de la espectacularidad de los parajes por los que discurre esta cita anual, ya famosa en el club, a la que acude gente desde lejos para tener la oportunidad de rodar en arena. Fue un día propicio porque llovió la noche anterior y el suelo estaba más compactado de lo habitual, lo que propició mayor disfrute de los casi cuarenta asistentes.
El corte musical "North", de Chet Faker.
Gracias a el y otros compañeros del Comando Choquero, he ido aprendiendo las mieles de esta atractiva actividad, una forma agradable y muy provechosa de seguir con mi afición a las motos. Me quito, así, la espinita de rozar rodilla por esos circuitos, y la adrenalina fluye por mis venas al tiempo que mantengo la sensación de libertad en un entorno bello y, por qué no decirlo, tan adecuado que Huelva nos ofrece.
A menudo me siento un privilegiado, un tipo con suerte. Suerte por tener buena gente que me ayuda y me enseña, que me aconseja, y siempre sin pedir nada a cambio. Suerte por haber escogido finalmente una máquina que no me ha dado ni el más mínimo problema y que, por ahora, cumple con las expectativas de lo que yo quería hacer. Suerte por tener tiempo y ganas para disfrutarla. Suerte por tantas y tantas cosas que haría falta una entrada al bloc enteramente dedicada a agradecer a la vida, los elementos, el yin y el yang, y al cosmos en geneal, para equilibrar el karma. Seguro.
Ahora estamos a otra cosa. Aquí les dejo un modesto montaje para que se hagan una idea de la espectacularidad de los parajes por los que discurre esta cita anual, ya famosa en el club, a la que acude gente desde lejos para tener la oportunidad de rodar en arena. Fue un día propicio porque llovió la noche anterior y el suelo estaba más compactado de lo habitual, lo que propició mayor disfrute de los casi cuarenta asistentes.
El corte musical "North", de Chet Faker.
martes, 3 de febrero de 2015
El placer de navegar en casa
Hace mucho tiempo, en mis inicios, creo que la primera vez que navegué en la Culata, aquél que me introdujo en el arte-deporte del pandorguismo, Luiky, me lo dijo. Que El Portil era un paraíso. Que él había estado en medio mundo navegando... y que allí había de todo. Que un día bueno en El Portil no tiene precio.
Entonces creí que era un exagerado, el típico huelvano de "mi tierra es la mejón"... Pero el tiempo le ha dado la razón. Todo esto teniendo en cuenta que yo no he navegado por medio mundo, sólo por la costa occidental de Andalucía y parte del Algarve.
El Portil puede enamorar, en serio. Ayer tuvimos una tarde realmente gloriosa:
Hay otros paraísos en la costa cercana que pueden tildarse de lugares únicos, como Tarifa (hasta cierto punto, porque ya he hablado anteriormente de lo que es y de lo que en verdad no es Tarifa), Isla Canela o Faro. Enclaves que comparten un fáctor común: ofrecen distintos escenarios al mismo tiempo, y sobre todo son cambiantes según la marea del momento o la componente del viento que sople.
A mí me gusta mucho El Portil, cada vez más, por que tiene su punto salvaje (que creo no tiene Isla Canela, por ejemplo) con esa isla que surge del agua con la bajamar, aquí plano y allí olas, y mucho espacio para navegar a tu antojo. Pero sobre todo porque lo tengo al lado, y eso es un lujo.
Una persona que también conocí a través de Luiky es Jesús Vigueras, un joven que lleva un tiempo aprendiendo a hacer windsurf, pero que lleva bastante navegando en barcos dignos de ese nombre. A vela, claro, de otro modo no es navegar. Este ha sido el que me enseñó lo de "el tiempo que se pasa navegando no se descuenta del resto de tu vida.....es tiempo extra...".
Bueno, quizá es una exageración, producto de la exaltación del espíritu tras una buena navegada.
El Portil puede enamorar, en serio. Ayer tuvimos una tarde realmente gloriosa:
| Mar tranquilo cerca de la orilla y en cien metros para adentro. Olas al fondo. Con la marea baja todo esto se amplifica. |
A mí me gusta mucho El Portil, cada vez más, por que tiene su punto salvaje (que creo no tiene Isla Canela, por ejemplo) con esa isla que surge del agua con la bajamar, aquí plano y allí olas, y mucho espacio para navegar a tu antojo. Pero sobre todo porque lo tengo al lado, y eso es un lujo.
| El final de la tarde, espectacular como siempre. |
Bueno, quizá es una exageración, producto de la exaltación del espíritu tras una buena navegada.
| Fin de fiesta con colacao doble y un par de tostadas para reponer calorías. Agotados, pero MUY contentos. |
Ah, el placer de navegar en casa....como una vez tituló Antonio Abellan:
jueves, 29 de enero de 2015
democracia
Esta entrada va a ser un poco más larga de lo normal, y sin dibujitos ni conjuntos de píxeles coloreados que formen imágenes llamativas. Va de algo más serio, y como tal voy a tratarlo de manera seria, a pesar de no profundizar demasiado proque tampoco se trata de escribir un libro, aunque el tema lo merezca. Seguro que alguien lo hizo ya por mí. Son sólo un conjunto de reflexiones personales, aunque algunas deberían ser tomadas como dogmas de fe y seguro que mejor nos iría a todos. Espero que les guste, estén o no de acuerdo:
¿Es esto la democracia? Votar cada cuatro años una lista para que gobierne un partido político en base a un programa que, desde que tengo uso de razón ninguna de las formaciones que llegaron al poder jamás cumplió, desde luego tiene poco parecido con algo que signifique, más o menos, “gobierno del pueblo”.
Vale, algunos dicen que la democracia representativa es la menos mala de las formas de gobierno. No estoy de acuerdo, para variar, con lo que piensa la mayoría. En nuestro país, la democracia se configura como el gobierno de lo que la mayoría elige, lo que, inevitablemente, lleva a que ocupe ese cargo alguien que tenga la mitad más uno de los escaños. Eso puede significar que, según las actuales normas que rigen la legalidad electoral, puede ser Presidente alguien a quien no ha votado siquiera la mitad de los españoles (y no españoles también) con derecho a hacerlo.
Luego está el espinoso asunto de la mayoría absoluta. Yo es que cuando leo o escucho la palabra “absoluto”, es que me dan unos escalofríos similares a los que sufrí cuando la pequeña Caroline se metió en el aparato de TV en “Poltergeist”. En serio.
¿Es esto la democracia? Los tiempos han cambiado, indudablemente, y creo que no hay que demostrarlo. No ya la Constitución de 1978 (que nació viciada a nativitate), sino los sistemas de gobierno que se aplican en la mayoría de los Estados occidentales, se pueden considerar caducos, desfasados, obsoletos. La sociedad ha cambiado, las ideas políticas han evolucionado, la implicación del pueblo es distinta o quiere serlo, y también la economía, tanto a nivel local como global, tiene poco o nada que ver con la de antaño, no sólo en España, sino en el planeta.
Se impone una aportación de los librepensadores que existen (que sí, que los hay, lo sé), filósofos de la política, estudiosos de la sociología, economistas no vendidos a los poderes fácticos… un mejoramiento ideológico práctico, con formas aplicables, sostenibles, que se explique de manera diáfana a los habitantes, a los ciudadanos. Tienen que convencernos de que puede hacerse algo verdadero, algo factible, que nos beneficie a todos. Que todos aportemos y que todos recibamos.
Deben reconocerse derechos verdaderos de los cuales cualquier sociedad avanzada que se precie no pueda prescindir, pero también tenemos que concienciarnos de que tenemos una responsabilidad, unas obligaciones que cumplir con nuestros conciudadanos, con el prójimo. El conjunto de todos, que es esa cosa etérea y difuminada que llamamos “Estado”, la res pública, ese ente abstracto que, en verdad, no lo es. No hay Estado sin pueblo, el Estado somos todos, somos nosotros, y nos sirve a nosotros. Es, al mismo tiempo, una herramienta de distribución con una función principal, y esto debe quedar muy claro: administrar el dinero que recibe de nosotros. Punto. Esa es la función primigenia, el origen de todo. Debemos desechar la idea esa tan funesta y que tanto daño ha estado haciendo de que “ese dinero no es de nadie”, o peor aún, “es del Gobierno”. Falso. Ese dinero es mío, tuyo, nuestro, de todos, y como tal debe invertirse en nuestro bienestar, en el de las personas, todas y cada una, que han aportado.
¿Es esto la democracia? Obviamente, hay que seguir unos principios de solidaridad, pero de verdadera solidaridad, no esa caridad mal disfrazada que es lo que ha ido sustituyendo poco a poco, sin que muchos se den cuenta, al concepto original. La solidaridad es “ir juntos”. Unos hacen unas cosas y otros otras, unos aportan algo, y otros aportan lo otro, cada uno en función de su potestad, su posibilidad. La solidaridad que nos han hecho creer que es, es una mentira, una falacia horrible que sólo lleva a la anulación de muchas personas, y a la explotación inmisericorde de otras, es la caridad obligatoria e impuesta, algo que por su propio concepto es no sólo contradictorio y paradójico (ya que la caridad, per se, es algo voluntario), sino una aberración, una barbaridad, una imposición cruel, una fuente de mala educación y malestar.
¿Acaso, pregunto, es esto democracia? El descontento de un sector de la población ha ido en auge desde que en 2007 comenzó el declive económico y financiero que afectó a Occidente en general de forma grave, pero mucho más en nuestro país, cuya economía se basaba en gran medida en el ladrillo. Con el paso de estos últimos años, hemos aprendido a vivir con la derrota. Sí, la derrota que supone ver la quiebra de principios sociales que creíamos inexpugnables e inamovibles. Pero vemos que se han cerrado centros de salud, plantas enteras de hospitales, se eliminaron ayudas necesarias, se han reducido los salarios de muchos empleados públicos que han dedicado su vida a la enseñanza o a la medicina (pilares fundamentales de nuestros reconocidos derechos), nuestros mayores han perdido poder adquisitivo, cientos de miles de ciudadanos se quedaron sin trabajo, y miles y miles de familias pasaron y aún pasan unas carencias imposibles de comprender y asimilar por los que antaño constituyeron el grueso de la clase media de nuestra sociedad.
Algunos dicen que cargan demasiado peso sobre esa clase media, formada por funcionarios de todo tipo, asalariados, familias con ambos cónyuges trabajando, y pequeños empresarios. Se especula con que quieren destruir a esa masa de población, hundirla en la miseria, exprimirla hasta decir basta. A ellos se les ha incrementado la exacción de impuestos (aún en contra de lo prometido en la campaña electoral correspondiente), se les ha exigido mayor productividad, más horas semanales, y todo a cambio de menos sueldo, mientras el precio de las cosas subía y subía. Pero no se preocupen, no pueden acabar con la clase media. Si lo hacen, ¿quién sostendrá el país? Son los únicos que con el pago de sus impuestos alimentan esa insaciable boca mamona del Estado que nunca se sacia. Sin clase media, el Estado no se puede nutrir. Por eso digo que todo tiene un límite, y aunque hijos de puta, los encargados de velar por la subsistencia de dicha clase no son tontos.
Perdónenme el exabrupto, no es propio de mí expresarme en estos términos, pero creí conveniente meter un poco de sal en ese punto del monólogo. ¡Que no decaiga!
Siendo esto la democracia que tenemos, ¿qué hacemos con ella? Llegados a este punto, y viendo que la clase política es conservadora en la evolución de su ideología, formas, ofertas y expectativas, ¿qué hacer? La desolación es en mí, cuando veo la oferta, aunque parece que la actual demanda de mayor justicia real, tanto en los Juzgados como en la distribución de la riqueza adquirida por la fuerza de los curritos que no pueden huir de las exacciones obligatorias y constantes del fruto de su esfuerzo, repito, la oferta y la demanda van cambiando, y eso siempre es motivo y señal de cambios.
El cambio es bueno, o así lo creo yo. Pero el ser humano es reticente al cambio. Lo normal es tener miedo, porque el cambio, por lo general, significa lo desconocido, que es el mayor miedo que tiene el hombre. Y todos sabemos que el hombre es cobarde por naturaleza. Hacen falta, pues, valientes, a un lado y al otro, tanto en la oferta como en la demanda.
La cuestión ahora es ¿los hay?
Por tanto, yo, nosotros, todos, quienes formamos parte de la demanda del cambio, de la petición de sentido común, del basta ya contra la corrupción desmesurada, contra el expolio continuado e inagotable de nuestras cuentas corrientes, los que deseamos y soñamos con una regeneración total de la clase política (que ha demostrado una absoluta falta de empatía con el pueblo al que representa, que es miope, que es prepotente, torticera, cruel y déspota), tenemos que jugar nuestras cartas. Tenemos que posicionarnos. Debemos hablar, gritar, para ser oídos. Y aunque sólo sea una vez cada cuatro años, tenemos ahora una oportunidad de oro para expresarnos.
¿Qué democracia es ésta? La que permite que, con la famosa frase de “un hombre, un voto”, el sufragio universal se haya convertido no sólo en la norma general y común de Occidente, sino que, por fuerza de repetirla insaciablemente, se torne en principio universal, inmutable e incontestable del concepto de la democracia. Ahora, que vivimos en la era en la que la mayoría de los que tienen derecho a voto ostentan una formación deficiente, da miedo pensar en las intenciones de voto.
Hace unos días leí que hoy tenemos a la población peor formada y mejor informada de la historia reciente. Y la información es importante, sin duda, sobre todo si uno aprende a cribar, a separar el grano de la paja, y a verificar y asegurarse de que las fuentes de que se nutre son fiables y no tendenciosas. Me preocupa, en cambio, la falta de formación. Es ello algo que siempre ha existido, desgraciadamente, pero en lo que atañe al sufragio universal es un tema inquietante y aterrador a partes iguales.
Dieciocho años. Prácticamente el único requisito que se necesita para votar. Piénsenlo bien. Vale, en algún momento de la vida de toda persona hay que establecer un punto de inflexión, hay que suponer una madurez suficiente, una formación adecuada para emitir juicios basados en conocimientos y observación de la realidad que te rodea.
Pero la experiencia del día a día demuestra todo lo contrario. Mientras que físicamente, los individuos de 18 años están más maduros que antaño, grandes, fuertes y desarrollados con creces, la edad mental es harina de otro costal. No hay más que dar un paseo por la calle, por los primeros cursos de cualquier Universidad, por los centros deportivos, charlar un rato con ellos. Es lamentable y cruel, pero es así.
La inmadurez del español medio de 18 a 25 ó 30 años es algo sensacional. La falta de criterio, la falta de formación política o filosófica, la negación a aceptar responsabilidades, la huída de las obligaciones, da miedo. Y al mismo tiempo, no son conscientes de ello. Claro, como en todo, hay excepciones. Pero no son las excepciones las que votan, sino lo general, que en este caso es todos.
¿Democracia condicionada? Nuestro país, además, arrastra el estigma de la terrible Guerra Civil, a pesar de que hace 75 años que terminó. Sus efectos, es cierto, acabaron en 1975, aunque puede decirse que, en tanto en cuanto la Ley Fundamental que nos rige, la Constitución de 1978, fue dictada como una transacción para contentar al antiguo y al nuevo régimen, puede decirse, como iba señalando, que alcanzan hasta nuestros días. Y me pregunto, triste, cuántas generaciones más, cuántas décadas, tienen que pasar para que nos desprendamos de esta losa que condiciona el pensamiento de muchos de nuestros compatriotas, hasta tal punto que suelen decir cosas como “ es que a mi abuelo lo mataron unos X (póngase aquí el bando que prefiera)”. Y de ahí no hay quien los saque, a pesar de que sus signos vitales revelen una forma de vida totalmente opuesta a lo predicado.
¿La democracia? Claro, claro, sí, sí. Y la cacareada “conciencia de clase”, ¿qué me dicen de eso? Uno participa de tal signo político en función de su puesto laboral o estatus social, simplemente por la pertenencia al mismo. Y si mi situación cambia, bien porque ahora me convierta en pequeño empresario, o bien porque me traslade a vivir a un chalet porque mis posibilidades económicas me lo permiten, o si me quedo en el paro y ahora me he arruinado, entonces también cambiará mi filiación política.
Lógico, muy lógico.
Y todo el problema es que la política no deja de ser un tipo de filosofía, en verdad es filosofía económica aunque se quiera disfrazar de ideales más elevados introduciendo parámetros prácticamente rayanos en la religión. Y la filosofía, en sí, no es ninguna tontería. Para saber filosofía, para entender de ella, hay que estudiarla, y hacerlo bien a fondo. Eso merece tiempo y, sobre todo, esfuerzo, que es algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer.
Hay que profundizar en los porqués, los cuándos, enlazar con la historia, y no sólo de nuestro país, sino historia universal, de los hechos y del pensamiento. Para llegar a conclusiones válidas, y reforzarlas, y poder defenderlas, hay que saber qué, porqué, cuándo y para qué. La filosofía y la historia nos enseñan todo eso, pero la educación que recibimos en la escuela, institutos, incluso en las universidades, carecen de la profundidad necesaria, quizá porque a los poderes fácticos y políticos que nos gobiernan no les interesa. De todos modos, no es el sitio ni el momento de entablar ahora una teoría de la conspiración al respecto. Sólo digo que hay que estudiar, formarse, ilustrarse, aprender a razonar. Y eso es algo que echo mucho en falta en nuestra sociedad.
Mi voto no puede valer lo mismo que el de quien vota a X porque su padre lo hace, sin más. No puede valer lo mismo que el que vota porque es un currito asalariado explotado por el patrón, que mañana cambiará su voto por el contrario si decide largarse de la fábrica y monta una panadería. No puede valer lo mismo que el que vota sin criterio porque no sabe lo que son derechos y obligaciones, ni tiene la mínima idea de las leyes fundamentales que rigen la economía de mercado. No puede valer lo mismo que la del rebotado de la Guerra Civil. No puede valer lo mismo del que vota porque le cae bien un candidato sin más. No puede valer lo mismo que… La lista es inagotable. Y todo amplificado pro la legislación electoral que hace que el voto de las grandes ciudades valga más que el voto aislado o de pequeñas poblaciones. O que el voto de la minoría que puede hacer de partido bisagra valga infinitamente más que el del que vota a un partido mayoritario (cien mil votos dirigen un país, como lo ha hecho el PNV, por ejemplo, durante muchos años, eso es inconcebible e inadmisible). Eso es horrible.
¿Qué democracia? En un sistema en el que no hay separación fáctica de poderes, y la propia Constitución reconoce abierta unas tremendas desigualdades entre los habitantes de este país (sanitarias, educacionales, fiscales, o de responsabilidad penal…), un estado que cada día que pasa es más y más burocrático, más y más regulado, más y más coartador de derechos y libertades, más y más kafkiano… sinceramente, no me apetece participar de ese juego. No comulgo con el sistema. Lo soporto y aguanto lo mejor que puedo, pero no me pidan que participe activamente. Ni me echen la culpa de nada por no participar, pues ninguna culpa tengo. Simplemente aguanto como puedo el chaparrón.
momentos, ocasiones, oportunidad
Hoy, entusiasmado, me dirigí a la playa, ese nuevo spot redescubierto para navegar prácticamente en soledad (me encanta), y válido para ciertas direcciones del viento que impiden practicar en los sitios habituales.
Pero en el transcurso del viaje, la fuerza eólica disminuyó, tanto que no pude hacer más que intentarlo sin éxito. Había que probar, ya que estaba allí. La pereza es enemiga de la salud, y es como perder una batalla del cuerpo contra la mente. De modo que me enfundé el neopreno, hinché la 12 (una pena no haber llevado todo el arsenal...), y traté de evolucionar, remando a base de tremendos ochos y kiteloops, que terminaron rápidamente con una derivada brutal de casi 200 metros orilleando downwind.
El retorno, claro, fue un merecido paseo de la vergüenza, pero menos, porque no había ningún testigo aunque yo ahora aquí confiese mi pecado.
El astro rey estaba bajando ya, y sin nubes que estorbaran, calentaba más de la cuenta para ser 29 de febrero. Recogí los bártulos y caminé tranquilamente hacia el coche. La calma era en mí, a pesar del pinchazo, y me lo tomé con filosofía. No había perdido mucho tiempo y quedaba bastante tarde por delante para hacer cosas.
Con una sonrisa en la cara me cambié de ropa, quedándome en camiseta porque el día lo pedía a gritos, y me quedé un rato sentado en el borde del maletero, junto al camino de tablas de madera que lleva hasta la playa. Tenía al Sol enfrente y me daba de lleno, transmitiéndome sus cálidas radiaciones. Cerré los ojos, relajé mi cuerpo, enderecé la espalda y practiqué unos ejercicios de pranayama.
Hacía bastante tiempo que no respiraba con profundidad, sitiéndolo de verdad, llenando y vaciando cada recoveco, intentando no pensar en nada. En un estado semimeditativo, me di cuenta de la felicidad que sentía en ese preciso momento, y fui consciente de que no haber navegado había propiciado una ocasión de disfrutar de otro modo. Fui REALMENTE feliz.
A eso no puede llamar "perder la tarde". Aunque solo fuera por ese ratito, ya estaba salvada, y no sólo la tarde, sino todo el día.
Al yoga le debo bastante, sobre todo aprender mucho sobre mí y sobre mi cuerpo. En su día aportó grandes beneficios a la mejora y corrección de mi espalda, pero con el paso de los años he ido descuidando su práctica. Eso me deja un regusto amargo, casi un sentimiento de culpabilidad, porque sé que es bueno para mí, pero no practico lo que debiera.
Las ocupaciones, hobbys, práctica de otros deportes... le han robado su espacio. Las cosas son como son, pero de vez en cuando encuentro la oportunidad de meter un par de asanas, sobre todo si no he hecho nada muy físico en el día.
Ahora estoy enfrascado, y ésta es una nueva oportunidad, en sanar algunos dolores que aparecen, como tendinitis en codos, pequeñas lumbalgias, y una molestia en el hombro derecho motivada por un revolcón con la moto, que aunque leve, me ha desmotrado que los años han hecho gran mella en mi resistencia y, sobre todo, en mi capacidad de recuperación. Para este fin, con cierta perspicacia y no poca osadía, me permito hacer uso de lo que algunos llaman "yoga terapéutico", que no es más que aplicar con inteligencia y propiedad algunas posturas para distender, relajar, fortalecer... esos músculos y articulaciones que lo necesiten.
Bueno, les dejo ya, que me voy a hacer el perro boca abajo.
Pero en el transcurso del viaje, la fuerza eólica disminuyó, tanto que no pude hacer más que intentarlo sin éxito. Había que probar, ya que estaba allí. La pereza es enemiga de la salud, y es como perder una batalla del cuerpo contra la mente. De modo que me enfundé el neopreno, hinché la 12 (una pena no haber llevado todo el arsenal...), y traté de evolucionar, remando a base de tremendos ochos y kiteloops, que terminaron rápidamente con una derivada brutal de casi 200 metros orilleando downwind.
El retorno, claro, fue un merecido paseo de la vergüenza, pero menos, porque no había ningún testigo aunque yo ahora aquí confiese mi pecado.
El astro rey estaba bajando ya, y sin nubes que estorbaran, calentaba más de la cuenta para ser 29 de febrero. Recogí los bártulos y caminé tranquilamente hacia el coche. La calma era en mí, a pesar del pinchazo, y me lo tomé con filosofía. No había perdido mucho tiempo y quedaba bastante tarde por delante para hacer cosas.
Con una sonrisa en la cara me cambié de ropa, quedándome en camiseta porque el día lo pedía a gritos, y me quedé un rato sentado en el borde del maletero, junto al camino de tablas de madera que lleva hasta la playa. Tenía al Sol enfrente y me daba de lleno, transmitiéndome sus cálidas radiaciones. Cerré los ojos, relajé mi cuerpo, enderecé la espalda y practiqué unos ejercicios de pranayama.
Hacía bastante tiempo que no respiraba con profundidad, sitiéndolo de verdad, llenando y vaciando cada recoveco, intentando no pensar en nada. En un estado semimeditativo, me di cuenta de la felicidad que sentía en ese preciso momento, y fui consciente de que no haber navegado había propiciado una ocasión de disfrutar de otro modo. Fui REALMENTE feliz.
A eso no puede llamar "perder la tarde". Aunque solo fuera por ese ratito, ya estaba salvada, y no sólo la tarde, sino todo el día.
Al yoga le debo bastante, sobre todo aprender mucho sobre mí y sobre mi cuerpo. En su día aportó grandes beneficios a la mejora y corrección de mi espalda, pero con el paso de los años he ido descuidando su práctica. Eso me deja un regusto amargo, casi un sentimiento de culpabilidad, porque sé que es bueno para mí, pero no practico lo que debiera.
Las ocupaciones, hobbys, práctica de otros deportes... le han robado su espacio. Las cosas son como son, pero de vez en cuando encuentro la oportunidad de meter un par de asanas, sobre todo si no he hecho nada muy físico en el día.
Ahora estoy enfrascado, y ésta es una nueva oportunidad, en sanar algunos dolores que aparecen, como tendinitis en codos, pequeñas lumbalgias, y una molestia en el hombro derecho motivada por un revolcón con la moto, que aunque leve, me ha desmotrado que los años han hecho gran mella en mi resistencia y, sobre todo, en mi capacidad de recuperación. Para este fin, con cierta perspicacia y no poca osadía, me permito hacer uso de lo que algunos llaman "yoga terapéutico", que no es más que aplicar con inteligencia y propiedad algunas posturas para distender, relajar, fortalecer... esos músculos y articulaciones que lo necesiten.
Bueno, les dejo ya, que me voy a hacer el perro boca abajo.
sábado, 24 de enero de 2015
cita?
jueves, 15 de enero de 2015
Cruel Dakar
Y llegó la etapa 8 del Rally Dakar 2015.
Partiendo del Salar de Uyuni y hasta Iquique, las motos debían completar una llamada "etapa maratón" dividida en dos días. Era el segundo día de la maratón, lo que significa que los pilotos no han dormido en sus motorhomes (los que lo tuvieran, claro...), sino en un barracón estilo militar, y además no han tenido a su disposición las asistencias técnicas de sus equipos (los las tengan, claro...). Maratón se asocia a larga carrera, muchos kilómetros sin descanso, tantos que lo han tenido que hacer en dos días.
El lugar de llegada la etapa 7, y partida de la 8, es el Salar de Uyuni, que el desierto de sal más extenso del mundo, y además situado a más de 3660 metros sobre el nivel del mar. Esto añade complicación.
La sal, como todo el mundo sabe, es enemiga de la mecánica. Yo creo que es enemiga de todo, salvo para solucionar la falta de sabor de algunos platos.
La cosa se agrava con la altitud, que hace que la mecánica no rinda óptimamente, ni tampoco los cuerpos humanos, que tienen que trabajar en condiciones de poca concentración de oxigeno y en este caso, además, frío. La temperatura en el momento de la salida era de 2 grados centígrados, que contrasta con los 45 grados de un par de días antes (que dio lugar a averías mecánicas, abandonos, e incluso la muerte por deshidratación de un piloto de motos).
Para rizar el rizo, había estado lloviendo por la noche, y poco antes de la "largada", una pertinaz llovizna seguía haciendo mella en el ánimo de los pilotos.
A la salida de la especial después del tramo de enlace, muchos pilotos llegaron ya en condiciones de hipotermia, y todavía quedaba lo peor. Imaginen que, muertos de frío, tenéis que circular a 150 km/h en un lago de agua y sal, a dos grados. Por todo ello los pilotos dijeron que "así no se podía salir", a lo que la organización se negó. Basta transcribir las palabras de Paulo Gonçalves: "La organización ya ha cobrado la pasta de la etapa y ahora nos sacarán a nosotros como a perros." Curioso, el portugués hablaba en español.
Al llegar al primer repostaje, pararon las motos y al intentar arrancarlas, éstas se negaron. Sal en los componentes eléctricos y agua, ya tienes el cóctel perfecto para problemas mecánicos. Fueron muchos los que no podían arrancar la moto pero además, la sal en los radiadores evitaba que pudiesen refrigerar correctamente.
Pilotos empujando la moto, tirando agua con una botella a los radiadores, intentando arrancar... y Marc Coma gritando a Etienne Lavigne (de la ASO, empresa que organiza el Rally) que parase las motos si alguna salía porque si no, se iban a quedar con diez. Y con diez no se quedó, pero al final fueron quince los que se quedaron fuera, bien por casos de hipotermia (Farrés tuvo que ser trasladado al hospital) o problemas mecánicos.
Después, en el programa que Teledeporte dedica todas las noches siguiendo la competición, dan la razón a los pilotos. A esos lloricas. A esas nenazas, sí, porque ya hay que hablar en esos términos. Y comienzan a decir sandeces como que éste está siendo el Dakar más duro de la historia, o que la etapa 8 se recordará para siempre como la más dura, que qué cruel es la ASO, y tal y cual.
Una mierda para todos ellos.
Recuerdo hace dos años, en el Dakar 2013, que los pilotos y, sobre todo, la prensa, se quejaban de que con la llegada del rally a América, había perdido la dureza y el componente aventura. En el 2014 la cosa tuvo un giro interesante, fueron etapas más largas y por rutas más duras, con cambios de temperaturas y de altitud. La cosa se empezaba a poner buena, y pronto salieron las voces de los quejicas.
Ahora, desde la etapa 1, ya hemos escuchado quejas, hemos tenido que aguantar las pataletas de estos niños pequeños con cuerpos de hombretones que, para mí, cada vez merecen menos respeto y veneración, si es que alguna vez lo tuvieron. Sólo me descubro ante los que disputan la categoría Malle Moto, motos sin asistencia, en la que los propios pilotos se lo tienen que hacer todo, que vienen durmiendo una media de tres horas por noche... cuando duermen.
Me parto el culo cuando veo a Marc Coma lloriqueando, o a Barreda llorando, literalmente, porque la moto no le arranca y le tienen que remolcar 300 km perdiendo tres horas y cualquier opción de ganar. Monsieur, ca c'est le Dakar.
En Africa, todo era distinto. También era otra época. Los años pasan muy rápido, y la gente tiene poca memoria. Yo recuerdo etapas de más de 1000 km con motos de 250 kg. Recuerdo pilotos que tenían que subirse en marcha porque no podían estar parados (no llegaban al suelo y se caían de lado). Recuerdo gestas épicas de hacer el Dakar en Vespa, en Porsche 911, en vehículos prácticamente de serie, con apoyos mínimos y durmiendo a diario en tienda de campaña. Ahora las condiciones son diferentes, el paisaje es infinitamente más variado, hay dunas gigantes, arena, barro, altura, bosques, pistas de grava, lluvia, frío y calor. Y puedes tener de todo en una sola etapa. Acojonante. Definitivamente, me gusta más el nuevo Dakar, que es más épico, más bonito, más lejano y exótico (al menos para los europeos).
El Dakar lleva buen camino, y su propia dureza hará de criba para pusilánimes y pijos con ganas de colgarse la medallita de llegar al final (como pasaba antes con el Lago Rosa). Ahora el Dakar es para hombres. Perdón, es para HOMBRES. El Dakar, no es rally for old men, eso es así. Y parece que muchos se apuntan pensando que es la Baja California, el Campeonato de España de Rally-TT, o el Faraones. Y no.
El Dakar no se puede comparar. El Dakar es el Dakar, y punto.
Y si no te gusta, o te asustaste, haber elegido muerte, Marc Coma.
Partiendo del Salar de Uyuni y hasta Iquique, las motos debían completar una llamada "etapa maratón" dividida en dos días. Era el segundo día de la maratón, lo que significa que los pilotos no han dormido en sus motorhomes (los que lo tuvieran, claro...), sino en un barracón estilo militar, y además no han tenido a su disposición las asistencias técnicas de sus equipos (los las tengan, claro...). Maratón se asocia a larga carrera, muchos kilómetros sin descanso, tantos que lo han tenido que hacer en dos días.
El lugar de llegada la etapa 7, y partida de la 8, es el Salar de Uyuni, que el desierto de sal más extenso del mundo, y además situado a más de 3660 metros sobre el nivel del mar. Esto añade complicación.
La sal, como todo el mundo sabe, es enemiga de la mecánica. Yo creo que es enemiga de todo, salvo para solucionar la falta de sabor de algunos platos.
La cosa se agrava con la altitud, que hace que la mecánica no rinda óptimamente, ni tampoco los cuerpos humanos, que tienen que trabajar en condiciones de poca concentración de oxigeno y en este caso, además, frío. La temperatura en el momento de la salida era de 2 grados centígrados, que contrasta con los 45 grados de un par de días antes (que dio lugar a averías mecánicas, abandonos, e incluso la muerte por deshidratación de un piloto de motos).
Para rizar el rizo, había estado lloviendo por la noche, y poco antes de la "largada", una pertinaz llovizna seguía haciendo mella en el ánimo de los pilotos.
A la salida de la especial después del tramo de enlace, muchos pilotos llegaron ya en condiciones de hipotermia, y todavía quedaba lo peor. Imaginen que, muertos de frío, tenéis que circular a 150 km/h en un lago de agua y sal, a dos grados. Por todo ello los pilotos dijeron que "así no se podía salir", a lo que la organización se negó. Basta transcribir las palabras de Paulo Gonçalves: "La organización ya ha cobrado la pasta de la etapa y ahora nos sacarán a nosotros como a perros." Curioso, el portugués hablaba en español.
Al llegar al primer repostaje, pararon las motos y al intentar arrancarlas, éstas se negaron. Sal en los componentes eléctricos y agua, ya tienes el cóctel perfecto para problemas mecánicos. Fueron muchos los que no podían arrancar la moto pero además, la sal en los radiadores evitaba que pudiesen refrigerar correctamente.
Pilotos empujando la moto, tirando agua con una botella a los radiadores, intentando arrancar... y Marc Coma gritando a Etienne Lavigne (de la ASO, empresa que organiza el Rally) que parase las motos si alguna salía porque si no, se iban a quedar con diez. Y con diez no se quedó, pero al final fueron quince los que se quedaron fuera, bien por casos de hipotermia (Farrés tuvo que ser trasladado al hospital) o problemas mecánicos.
Después, en el programa que Teledeporte dedica todas las noches siguiendo la competición, dan la razón a los pilotos. A esos lloricas. A esas nenazas, sí, porque ya hay que hablar en esos términos. Y comienzan a decir sandeces como que éste está siendo el Dakar más duro de la historia, o que la etapa 8 se recordará para siempre como la más dura, que qué cruel es la ASO, y tal y cual.
Una mierda para todos ellos.
Recuerdo hace dos años, en el Dakar 2013, que los pilotos y, sobre todo, la prensa, se quejaban de que con la llegada del rally a América, había perdido la dureza y el componente aventura. En el 2014 la cosa tuvo un giro interesante, fueron etapas más largas y por rutas más duras, con cambios de temperaturas y de altitud. La cosa se empezaba a poner buena, y pronto salieron las voces de los quejicas.
Ahora, desde la etapa 1, ya hemos escuchado quejas, hemos tenido que aguantar las pataletas de estos niños pequeños con cuerpos de hombretones que, para mí, cada vez merecen menos respeto y veneración, si es que alguna vez lo tuvieron. Sólo me descubro ante los que disputan la categoría Malle Moto, motos sin asistencia, en la que los propios pilotos se lo tienen que hacer todo, que vienen durmiendo una media de tres horas por noche... cuando duermen.
Me parto el culo cuando veo a Marc Coma lloriqueando, o a Barreda llorando, literalmente, porque la moto no le arranca y le tienen que remolcar 300 km perdiendo tres horas y cualquier opción de ganar. Monsieur, ca c'est le Dakar.
En Africa, todo era distinto. También era otra época. Los años pasan muy rápido, y la gente tiene poca memoria. Yo recuerdo etapas de más de 1000 km con motos de 250 kg. Recuerdo pilotos que tenían que subirse en marcha porque no podían estar parados (no llegaban al suelo y se caían de lado). Recuerdo gestas épicas de hacer el Dakar en Vespa, en Porsche 911, en vehículos prácticamente de serie, con apoyos mínimos y durmiendo a diario en tienda de campaña. Ahora las condiciones son diferentes, el paisaje es infinitamente más variado, hay dunas gigantes, arena, barro, altura, bosques, pistas de grava, lluvia, frío y calor. Y puedes tener de todo en una sola etapa. Acojonante. Definitivamente, me gusta más el nuevo Dakar, que es más épico, más bonito, más lejano y exótico (al menos para los europeos).
El Dakar lleva buen camino, y su propia dureza hará de criba para pusilánimes y pijos con ganas de colgarse la medallita de llegar al final (como pasaba antes con el Lago Rosa). Ahora el Dakar es para hombres. Perdón, es para HOMBRES. El Dakar, no es rally for old men, eso es así. Y parece que muchos se apuntan pensando que es la Baja California, el Campeonato de España de Rally-TT, o el Faraones. Y no.
El Dakar no se puede comparar. El Dakar es el Dakar, y punto.
Y si no te gusta, o te asustaste, haber elegido muerte, Marc Coma.
El robo
Durante un robo, el ladrón de bancos gritó a todo el mundo en el banco: "No se muevan. El dinero pertenece al Estado. Sus vidas les pertenecen a ustedes ".
Todo el mundo en el banco se tiende en el suelo silenciosamente. Esto se llama "Mind Changing Concept", cambiar la forma convencional de pensar.
Cuando una señora estaba sobre la mesa provocativamente, el ladrón le gritó: "¡Por favor, sea civilizada! ¡Esto es un robo y no una violación! "
Esto se llama "Ser Profesional", concentrarse sólo en lo que están capacitados para hacer.
Cuando los ladrones de bancos volvieron a casa, el ladrón más joven (con un máster en Administración de Empresas) le dijo al ladrón viejo (que sólo ha terminado el grado 6 en la escuela primaria): "Eh, hermano mayor, vamos a contar lo mucho que tenemos."
El ladrón más viejo refutó y dijo: "Tú eres muy estúpido. Hay tanto dinero que nos va a llevar mucho tiempo contarlo. Esta noche, los telediarios nos dirán cuánto hemos robado del banco. "
Esto se llama "Experiencia". Hoy en día, la experiencia es más importante que las calificaciones de papel!
Después de que los ladrones se habían ido, el gerente del banco le dijo al supervisor bancario que llamara a la policía rápidamente. Pero el supervisor le dijo: "¡Espera! Saquemos fuera 10 millones del banco para nosotros y lo añadimos a los 70 millones que hemos malversado previamente del banco ".
Esto se llama "Nadar con la marea." Conversión de una situación desfavorable para su ventaja.
El supervisor dice: "Sería bueno que hubiera un robo cada mes."
Esto se llama "Matar aburrimiento." La felicidad personal es más importante que su trabajo.
Al día siguiente, las noticias de televisión informaron que 100 millones fueron tomados del banco. Los ladrones contaron y contaron y contaron, pero sólo podían contar 20 millones. Los ladrones estaban muy enojados y se quejaron: "Arriesgamos nuestras vidas y sólo tomamos 20 millones. El gerente del banco tomó 80 millones con un chasquido de dedos. ¡Parece que es mejor ser educado que ser un ladrón! "
Esto se llama "El conocimiento merece la pena tanto como el oro."
El gerente del banco estaba sonriendo y feliz porque sus pérdidas en el mercado de acciones están ahora cubiertas por este robo.
Esto se llama "Aprovechar la oportunidad." Atreverse a tomar riesgos.
¿Quiénes son los ladrones reales aquí?
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