martes, 5 de enero de 2016

Sur + Oeste

Un par de días de borrasca invernal, POR FIN, nos han permitido recibir este nuevo año con grandes sonrisas en nuestros rostros, como pueden ver en la siguiente toma pictográfica positivada:


Al fondo, Manu seguía disfrutando del viento, aunque ya iba siendo más flojo. Yo me salí cansado por la gran navegada, que nos tuvo metidos en el Atlántico hasta la puesta de sol.
También hubo momentos para los fallos, como éste que aquí ha quedado inmortalizado, donde podemos observar a Julitu torpeando:


¿Qué decir? Una pena que la cámara delantera del gayfón 4 tenga una resolución de mierda, similar a una gameboy ochentera, sobre todo en condiciones de escasa luminosidad...

Padre e hijo felices, y muy cansados
Nos tomamos una fresca birra para celebrar el acontecimiento, mientras el final de la tarde nos regalaba estos colores impresionantes, como casi siempre por esta costa:


Al día siguiente, la borrasca se recrudecía un poco, y en vez de navegar en el chiringuito del Matías, nos fuimos un poco más allá, en El Portil, porque las condiciones de marea baja en unión con el poco mar de fondo y vientos fuertes, convierten aquella zona en un verdadero parque de atracciones donde podemos encontrar de todo.


Por mi parte tuve una sesión con el twintip dedicado a dar saltos en el canal de la ría, y después me fui con Manu y el surfkite en busca de olas que, por supuesto, no defraudaron. Fue una tarde de gloria, hacía tiempo que no lo pasaba tan bien por estas playas a las que considero mi casa.


Ayer surgió el tema de qué spot era el que más me gustaba, y no supe realmente decantarme, pero El Portil tiene muchas papeletas por diversos motivos. Es un sitio un poco mágico, y la barra del Rompido tiene su punto salvaje. Para mi gusto, hubiera estado mejor la navegada si el viento hubiera sido más fuerte y constante... pero las borrascas son impredecibles, y es parte de su misterio. Es bonito navegar, nunca tienes las misma condiciones, y el mar y el entorno es tan cambiante y exigente a veces, que te envuelve y te engulle, y te haces uno con él.



Uy, me he puesto un poco místico. Perdón.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

44

Un día superfluo, como otro cualquiera. Pero el aniversario de mi nacimiento, desde hace muchos años, es una excusa más para hacer una ruta btt. 

Como no podía ser de otro modo, casi inevitablemente me veo obligado a hacerlo sólo. 

No pasa nada. Antes al contrario, disfruto de mi soledad aprovechando para parar cuando me sale de los bemoles, y tomo tal o cual bifurcación en función de mi mera intuición o, si acaso, de forma azarosa. 


Un día especial merece usar un arma especial. Mi Hei Hei recuperada al estilo neo-retro, ha hecho, como en cada ocasión que la uso para estos menesteres, buen papel. Con las limitaciones y exigencias del concepto singlespeed, llevarla por entre los pinos ha sido una absoluta delicia. 
No obstante, un total ejercicio de frikismo para la gran mayoría seguidora del mainstream impuesto por las marcas a base de márquetin: si no llevas una 29er o 27'5er, carbono y 1x11, eres un desfasado, un carca, un rancio, o un globero. O todas esas cosas a la vez.


Llámenme, pues, como les apetezca. Yo ya, a mis 44, como comprenderán, me preocupo muy poco por esas apreciaciones estériles y banales, y hace mucho tiempo que dejé ese juego de a ver quién la tiene más grande.
Me divierto yendo a mi rollo, haciendo mis paseos con diferentes monturas, todas distintas, sensaciones diferentes como he explicado otras veces en el bloc. Sin estrés, sin pulsómetro ni ordenador, parando a echar una meada si se tercia, o a mirar el paisaje, o a tirar un par de tomas fotográficas para hacer más llevadera estas entradas.

Equilibrios

Habituales faltas ortográficas en carteles que adornan algunos senderos
Hoy, a pesar de ser miércoles, me he cruzado con bastantes ciclistas por el campo. Serán las vacaciones navideñas, supongo. Todos han sido amables y han devuelto el saludo. No siempre es así, hay algunos que se toman los entrenamientos muy en serio, y su concentración es tan alta que ni ven lo que tiene a tres metros por delante, y mucho menos a su alrededor. Bonito modo de disfrutar del entorno. Carne de velódromo, sin duda. Allá cada cual.

He sido muy feliz, y me he sorprendido varias veces sonriendo de pura felicidad mientras pedaleaba con fuerza para subir algún repechillo, teniendo cuidado de no perder tracción. Sonreír. Ese gesto tan olvidado.

Momento contemplativo, esencial en toda ruta

Uno de mis adorados singletracks

Curiosa y larga pasarela de madera que bordea parte de la Laguna de El Portil

lunes, 28 de diciembre de 2015

los riesgos aceptables y la inevitabilidad del dolor

Creo que fue Ayrton Senna quien dijo aquello de que uno tiene un límite, y empuja y persevera y se empeña en superarlo, y cuando por fin lo consigue, aparece otro límite un poco más allá, y entonces todo vuelve a empezar, y así en un ciclo inagotable. Claro, él murió joven, desgraciadamente, quizá intentando superar uno de esos límites, y nunca llegó a su techo. Posiblemente.

Pero no todos somos Ayrton Senna, está claro, y por fue uno de los mejores (para muchos el mejor) pilotos de Fórmula Uno de la historia.

Pero cuando descendemos a niveles más terrenales, y alcanzado cierto momento en mi trayectoria vital, uno se plantea el asunto de los límites esos. ¿A quién no le ha pasado?

Yo, como practicante de diversos deportes, muchos catalogados como "de riesgo", he sido siempre muy consciente de mis límites, y eso a pesar de que las lesiones no se han cebado conmigo especialmente. Pero reconozco que asocio la búsqueda del límite con la inevitabilidad del dolor. Es un hecho comprobado. Si buscas el límite haciendo descenso en bicicleta, tienes todas las papeletas para romperte huesos, dislocarte hombros, partir rodillas, despeñarte, que se te cruce un pino, etc. Y todo eso es doloroso.
Si te gusta buscar esas décimas al cronómetro rodando en moto en un circuito de velocidad, antes o después arrastrarás por el suelo. Con suerte, todo se salvará con un mono raspado, y un carenado y semimanillar o estribera echados a perder. Con menos suerte te puede atropellar otro piloto y partirte el fémur en cuatro partes...

Pero los límites seguirán estando ahí. Y el dolor está siempre presente en lo más profundo de tu cerebro si ya has pasado por ese trance alguna vez. Hay que saber escuchar al cuerpo, lo he dicho muchas veces, y saber retirarse cuando aún estamos a tiempo. Pero reconozco, igualmente, que a menudo somos muy brutos, y en la vorágine del esfuerzo, con la adrenalina corriendo a borbotones por nuestra sangre ávida de sensaciones, podemos cegarnos.

Así, por ejemplo, son muchos los que se lesionan por correr más allá de lo recomendable, o de lo posible a ciertas edades y careciendo de la preparación adecuada. Y luego está el mundo Youtube. Los videos han hecho mucho daño. Y una cámara hace mucha pupa también. No hay más que ponerse a orillas del agua en una zona de kitesurf con cámara en ristre, para que los ególatras de turno presenten su paupérrimo espectáculo agolpándose para sacar el más extremo truco en zonas que casi no tienen agua...

¿Qué nos empuja a querer superarnos constantemente? ¿En verdad el dolor nos frena? ¿Influye el dolor por igual en todas las personas? ¿Por qué algunos se pirran por medirse con los demás y otros pasan absolutamente del rollo competitivo?

A veces, en verdad casi siempre, paro en mi actividad deportiva por unos momentos e intento sentir.

Para sentir es importante conocer que significa la pausa.
La pausa es la capacidad de detenerme y verme, sentirme. La pausa implica silencio interno. Y la propia progresión de una sesión de kite o bici, o un viaje, o una carrera a pie, nos va llevando a la calma y al silencio, Entonces eso que siento he de absorberlo, saborearlo bajo las bases de la pausa.
Así va naciendo la escucha, que es escuchar más allá de la mente bajo unas determinadas condiciones de introspección, que cuando convive con nosotros, la escucha se convierte en un estado de percepción, de uno, y del mundo.
Cuando descubro con asombro- sí,sí, todavía queda asombro en uno- que lo que siento, ese sentir, es tan mágico como real, voy introduciendo esas pautas, ese sentir, ese silencio, esa calma en mi vida cotidiana, y me doy cuenta que mi vida cambia hacia lo mejor de mí.
El sentir quita protagonismo al ego y eso es importante. El ego es indispensable, pero tiene su lugar. Somos más que ego. Y un camino para darnos cuenta de ello es abrir paso al sentir.

Doy las gracias desde aquí a mi gurú yóguico, Carlos Serratacó, por sus enseñanzas y guía. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

Viva la vieja escuela!

Me hago viejo. Bueno, mejor decir que me hago mayor. Más cauto, más prudente, más estudioso. ¿Más vivo? 
Diferente. Los tiempos cambian, mis tiempos cambian también. 
Sentada brevemente esta base un poco perogrullesca, sólo queda decir que me encantan todas las burricletas que tengo, cada una me proporciona sensaciones diferentes, estilos divergentes a la hora de acometer las rutas. No mejor ni peor (y todo ello a pesar de las diferencias de peso y geometrias), más bien distintas. No podría desprenderme de ninguna sin producir un desequilibrio en mi garaje y en mi disfrute. 
Hoy ha tocado un poco de vieja escuela: 

Muy chuli Kona Hei Hei de 1997, ligeramente puesta al día en lo imprescindible
El reloj avanzaba a media mañana, y tenía que ser ruta breve, en un navideño día repleto de cumplimientos. 
La expedición circular es un circuito bastante llano que sigue en su primer tercio el curso de un canal. Me cruzo con un ciclista barbudo y sin casco, con biciclo de dudosa capacidad campestre. Al rato adelanto a un corredor que sudaba ensimismado y aislado en sus estereoaltavoces portátiles de uso personal. 
El segundo tercio consiste en una pista que recordaba más rota. La han arreglado, lo que me consuela y alegra. Un par de coches vienen en sentido contrario a mío levantando una enorme polvareda. Y yo pensando que a lo mejor encontraba barro y charcos tras la lluvia de unos días atrás. Iluso. 
El último tercio es el más variado. A ratos paralelo a la N-4, paso entre algunas casas de labranza, chalets en suelo rústico, y finalmente cruzo sobre la autopista para penetrar en la barriada Las Portadas. A partir de ese punto, unos km de asfalto hasta llegar. al punto de inicio. 

Breve, pero el caso es hacer algo, aunque sea poco.

En 2011, durante mi recuperación, hice muchas veces esta misma ruta, pero no recuerdo haberla realizado tan rápido y tan descansado. 
No creo estar en buena forma. Si acaso, forma normalita. Pero me he alegrado mucho al ver los datos del computador telefónico gepeesiano y comprobar que he bajado de la hora y que la media superó holgadamente los 20 km/h. 
Sin duda, la Hei Hei era una gran bici. Y lo sigue siendo. Una bici extrema, radical en su concepto racing, con medidas y geometría que, aunque avanzadas y vanguardistas en su época, son muy distintas a lo que se estila hoy. De postura exigente, es una máquina creada para correr, y no está mal, de vez en cuando, dar un alegre paseo con ella para volver a las raíces, para tener una comprensión más plena de lo que fue y lo que hoy es el bicimontañismo. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

hardtails rule!!!!

Vale, el circuitillo está bastante limpio. Vale, el tipo es un crack muy serio. Vale, seguro que en las tomas falsas hay un montón de talegazos.
Vale.
Pero no me digan que no mola, eh:

Singletrack fury: corto, intenso.

Uno hace lo que puede. Las cábalas, carambolas, puzzles, que a veces son necesarios, nos pueden permitir gozar de un rato moviendo el pedalier, que siempre es mejor que no hacer nada. 
Menos tiempo para dedicar a una ruta hace que ésta se convierta en algo intenso, frenético, vital. 


El terreno en inmejorable estado tras las lluvias recientes, nos presenta senderos de todo tipo, mis adorados singletracks, a veces salpicados con salpicadores charcos de escasa enjundia, que hacen la experiencia, si cabe, más disfrutona y feliz.


El arma escogida para tan singular combate fue mi adorada Sawyer, bici muy especial para mí por diversos motivos. Llegó a mi garaje en un momento importante de inflexión en mi vida, como ustedes recordarán si siguen éste, mi bloc. Es la única 29er entre todas mis otras 26ers, con cuadro de acero directamente inspirado por las klunkers de antaño y diseñada por el mismo y gran Gary. Gary Fisher, me vengo a referir, claro está.

Pasando a cuestiones más mundanas, que no falte el inoportuno y poco agraciado auto-retrato, que a saber dónde quería enfocar el gayfón:


Como les dije al inicio, ruta breve, apenas hora y cuarto, pero a buen ritmo. Este es el trazado plasmado en topomapa a traves de satélite globalmente posicionado:


Bravo, Gisela !

Se corona Campeona del Mundo por DÉCIMA vez. 


Y eso con sólo 22 añitos. Esta chica catalana, pero afincada desde chiquitita en Tarifa, donde ha sabido invertir sus ganancias y regenta diversos negocios en torno a la movida del viento, actualmente en pleno proceso de expansión en Centroamérica, sabe estar, es educada, siempre sonriente, y no se avergüenza de ponerse sus enormes gafas para ver bien cuando se encuentra fuera del agua. 
Me cae bien, es una luchadora nata dentro de un deporte duro y muy difícil técnicamente. 
¿Veremos algún día reconocida su valía y dedicación con el reconocimiento de un premio de gran repercusión como el Princesa de Asturias?

Dúdolo.

lunes, 21 de diciembre de 2015

el tamaño no importa

Aún hoy día, después de años, se sigue discutiendo en foros, y en la vida real te encuentras algún garrulo que otro.

Si el desarrollo final es el mismo (metros por pedalada) es indiferente el tamaño de la rueda.
Otra cosa es que entren más factores en juego.
Por ejemplo, la UCI prohibió las minivelos por la ventaja aerodinámica que suponía poder rodar más cerca del ciclista que llevas delante. Y anuló los records obtenidos con estas bicicletas, como el que logró el Coventry C.C. en persecución por equipos en el 63. 


La UCI también prohibió las ruedas grandes hace 30 años por la ventaja que su mayor inercia otorgaba en determinadas pruebas, como el récord de la hora que batió Francesco Moser en el 88 sobre un monstruo con rueda trasera de 37":


En el campo de bici de carretera este es un tema que fue tratado hace décadas, como ya estoy señalando. Así, hasta 25km/h es más eficiente la rueda pequeña que la grande, entre 25 km/h y 53 km/h más o menos funcionan igual, mientras que por encima de 53 km/h la rueda grande es más eficiente. Por ahí parafrasean mucho a Alexi Grewal, campeon olímpico de ciclismo en carretera:
"Tests have shown that up to 16 mph, the small wheel is more efficient that a big wheel. Between 16 and 33 mph, there is little difference. Over 33 mph, the gyroscopic effect of the big wheel makes it more effective. Most folks do not go over 33 mph."

Elementos como el viento en contra, la calidad de los componentes, la rugosidad del asfalto y, por supuesto la postura del ciclista pueden ser determinantes a la hora de acentuar esas diferencias. 

Pero concretando, en cuestas pronunciadas, donde las velocidades son bajas, con buen asfalto las ruedas pequeñas hacen más fácil la subida.

Recuerdo a Tony Rominger (uno de los máximos rivales de Miguel Induráin, ganador de tres Vueltas a España y un Giro de Italia) participando en cronoscaladas con una Colnago, creo, con ruedas de 650c (27'5 pulgadas, frente a las "habituales" 29). Y era muy bueno en esto, y confiaba mucho en esas ruedas. Y, sin embargo, no las usó más que uno o dos años.
Sobre el papel son mejores para ese terreno y esa modalidad. Peeero... una vez más el reglamento UCI limitó el uso de ese tipo de ruedas de ese tamaño a categoría cadete, junior y demás. En élite están prohibidas por su clara ventaja en etapas de alta montaña, lo que es una estupidez porque la clara ventaja será para el que la monte, ¿no? Pues que la monten todos. O ninguno, o quien le apetezca. Pero así son los reglamentos, lo que no quita que la física sea la física. Y punto.

Yo tengo varias bicis de montaña, y una de carretera que tengo castigada en la buhardilla porque la verdad es que lo de lo negro no me mola mucho. Pero la bici de campo me encanta. Siempre me gustó. Y las tengo de todos los colores y materiales, de 26 y de 29 pulgadas. 
Y no salgo en bici ni para estar más cómodo, ni más seguro, ni más descansado que en casa. Salgo para complicarme la vida haciendo algo superfluo y accesorio que es esforzado y arriesgado a veces, y en ello reside su gracia. No necesito edulcorarlo, me gusta su sabor tanto cuando sale dulce como cuando sale salado, amargo, agrio, ácido... lo que toque cada vez, como en un menú degustación. 
Y es raro que no me guste.

Podría seguir hablando de márketing (vulg. mercadeo), obsolescencia programada, etc... pero ¿de qué serviría? Seamos libres, divirtámonos. Disfrutemos de lo que tenemos, no deseemos lo que no necesitamos.

invierno

Por fin llegó el solsticio más esperado del año, al menos para mí.
Hoy comienza el invierno, y con ello, a partir de ahora los días irán siendo más y más largos. Oh, aleluya!
Oh, osanna!

Es triste para el celtíbero común, y más si uno es sureño por domicilio, que a las seis de la tarde ya se esté poniendo el Sol. Y creo que tengo suerte por vivir al Oeste de la península, porque los que residan en la costa Este se les roban entre tres cuartos de hora y una hora de luz más. EL HORROR.

En fin, podré salir a navegar, montar en bici, en moto, o simplemente pasear, sin tener que engolliparme con el almuerzo, y disfrutaré de un horario más cabal para la práctica de múltiples aficiones. Eso está bien.

Necesitamos el Sol. Necesito el Sol. Personalmente me da vida y energía.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Nuevo singletrack hallado!!

Oh! Si!
Hay pocas sensaciones más reconfortantes para mí que el encontrar un nuevo sendero inexplorado, recorrerlo, descubrir que es bastante largo y bonito. 
Pues eso es lo que me ha pasado esta tarde. Hoy no disponía de coche, y he tenido que ir y volver haciendo unos km de odioso carril bici. Mucho más odioso a la vuelta, como siempre, claro. No me gusta porque es un tiempo precioso y unas energías que podría disfrutar en el campo en vez de por un aburridamente rectilíneo carril que presenta poco o ningún atractivo.


Bueno, estas cosas me las tomo con filosofía y tranquilidad, de nada sirve calentarse mentalmente. Hago esto por diversión, por disfrute, me encanta pedalear por el campo. Lo de hacer deporte no es el objetivo principal, aunque es cierto que lo acepto gustoso como un daño colateral.
Enseguida penetro en los pinares que rodean Aljaraque, zona que controlo como la planta de mi pie.


Me planteé llegar hasta la Laguna de El Portil, y según cómo fuera de hora, jugaría a su alrededor y me daría la vuelta. No me gusta que se haga la noche por esa fría y desprotegida vía verde, y eso empieza a ocurrir sobre las 18 horas, así que hay que aprovechar el tiempo...
Lo que no quita que haga mis paraditas para tirar alguna instantánea. Cero estrés, siempre. Forever. 


Me temo que quizá me esté aficionando mucho al autorretrato biker, pero me hace ilusión. Aún no tengo pillado el modo de hacer la toma desde media altura con el manos libres, y tampoco es plan de ir con un palito de selfie por ahí. Ni que fuera un turista!! En fin, ya maquinaré algo. Seguro.

La Chameleon se integra en el ambiente, con el sol despidiéndose lentamente entre los árboles:


Me flipa esta bici, desde el primer día que la monté. Su geometría es espectacular, y el juego que le dan las vainas cortas y la horquilla de 150 mm de recorrido es inimaginable. 
¡Larga vida al aluminio! ¡Larga vida a las ruedas de 26"!

A la vuelta no pude resistirme a la tentación de retratar el sunset en algún sitio a medias entre marismas y salinas:




En sólo un par de días ya voy acostumbrando a las posaderas, que es lo que más se resiente en los reinicios de temporada, al menos en mi caso. Bien de piernas, de pulmones y de corazón, gracias. Deseando ya que pase el solsticio de invierno y los días comiencen a alargarse.