domingo, 14 de diciembre de 2014

Series, pelis, downloads

Durante los últimos días, o quizá semanas, una pequeña tormenta, o quizá grande, ha sacudido algunas de las páginas web más populares para la descarga de series. No quiero conectar esto con el lanzamiento, al msimo tiempo, de Movistar Series, pero me niego a aceptar que se trata de acontecimientos completamente aislados. No creo en esas casualidades.
Ojo: no voy a hacer un canto épico sobre lo ideales que son los servicios de video on demand españoles, como el que hoy nace. Les queda mucho por mejorar. Pero tampoco esperéis de mí un apoyo incondicional a los que bajo el cómodo paraguas de la "cultura libre" se han llevado las manos a la cabeza cuando su proveedor de series "alegal" (dejémoslo ahí, para no discutir) habitual se ha quedado fuera de combate. 
Hay que reconocer que el modelo de televisión de pago, ya sea en su formato más tradicional o en los nuevos, de venta de contenidos unitarios y concretos, en España deja mucho que desear. Entre los que se quisieron posicionar como un servicio de lujo (sin serlo y sin saber que así se negaban a sí mismos la porción más grande del mercado) y los que creyeron que el espectador seguía siendo un mero tragador de pienso audiovisual, el sector televisivo español se convirtió en un embrollo delirante del que, como tenemos memoria de pez, hemos olvidado muchos "hitos" del pasado reciente: desde la chapuza de Vía Digital hasta el fiasco de la TDT, pasando por las derivas sin sentido de la televisión pública. Y mientras todo aquello se liaba más y más, internet crecía y se desarrollaba exponencialmente, una masa enorme (y sobre todo, enormemente joven) de espectadores abandonaba la televisión de toda la vida y se generaba una brecha gigantesca entre lo que pedían los consumidores  (cuidado: no todos los consumidores) y lo que ofrecían los productores, entre lo que ES y lo que DEBERÍA SER. Y en esas seguimos.
Pero lo que no tiene ningún sentido, y si lo tiene es siniestro, es casar argumentos del tipo "el cliente siempre tiene la razón" con una concepción de la propiedad intelectual y de las obras audiovisuales como "patrimonio de todos" o, peor aún, como derechos, convirtiendo series y películas (y libros, y música, y videojuegos) prácticamente en bienes expropiables a título individual. Series para todos, series de todos, pero pagadas por... ¿por quién? Casi peores son los que ahora ponen como defensa a su favor una ley, la del canon digital, que para otras cosas consideran monstruosa.
Se plantean muchas interrogantes, la verdad es que es así. Tanto para los defensores de las páginas de descargas como para los que intentan generar modelos empresariales que cubran esa demanda tan evidente. No es un tema sencillo, y tiene derivaciones muy diferentes e interrogantes complejos, como la diferenciación entre productos culturales "descargables" (no es lo mismo una serie, una película y un libro... ¿o sí?) o las posturas ambiguas y muy peculiares de algunos agentes imprescindibles en todo esto, como las operadoras telefónicas o la sacrosanta televisión por cable norteamericana. Así que no me empecéis los argumentos con "la cosa es muy sencilla" porque no lo es. Qué más quisiéramos.
Y ahora, las preguntas:
-¿Exactamente cuántas series se descargan en España? ¿Cuántas son novedades y cuántas pertenecen al "fondo de armario" de series?
-¿Y cuántos son los espectadores que la televisión "tradicional" considera "perdidos"? ¿Cuántos de ellos son irrecuperables?
-¿Es posible que las series que sí se emiten en canales españoles y en exquisita sincronía con EE.UU sean de las más descargadas en plataformas "alternativas"? Hablo de 'Homeland', 'The Walking Dead', 'Juego de Tronos', 'Mad Men'...
-¿En qué posición se encuentran las series digamos  "del otro lado", las que poca gente descarga, porque poca gente ve y, precisamente por eso, jamás se emitirán en canales "oficiales" españoles?
-¿Cómo afecta el follón de contratos, derechos, ventanas de emisión y permisos que hace que, por ejemplo, el material en DVD siga caminos muy distintos que la emisión "tradicional" o en pantallas virtuales online? ¿Habéis intentado comprar las últimas temporadas de 'The Good Wife' o 'House of Cards? Y de 'Rubicon' o Lights Out' ni hablamos...
-¿Sólo a mí me parece que los proveedores de internet han estado jugando un doble juego peligroso -y un poco hipócrita-, ofreciendo anchos de banda enormes, a precios relativamente altos, sin ofrecer un servicio de contenidos propio y, por tanto, controlado?
-¿Con qué argumento puede defenderse la descarga de una película en formato "screener" (esa aberración) o un libro en pdf? ¿Y no se lo han montado muy mal las industrias culturales defendiendo sólo los derechos de los autores y no su propio trabajo como creadores de unos formatos de calidad?
-¿Qué pintan en este debate algunos creadores de series españolas, cuando su producto es de los menos afectados por esta problemática? ¿Cuántos directores de cine españoles que jamás han llenado una sala con sus películas culpan a las descargas de su nula conexión con el espectador, enturbiando el debate desde su egoísmo (y ego)?
-¿Cómo puede obviarse un tema como el del doblaje, cuando la inmensa mayoría del producto descargado está en versión original?
-¿Y el subtitulado? ¿No se ha llegado demasiado tarde a la reivindicación de algo tan sano y tan barato? ¿Es posible que alguien aún no sepa por qué en España el doblaje es la opción "por defecto" en series y películas?
Y así sucesivamente.

Superstición vs razón. Lo irracional, el miedo.

Ni vuestro éxito ni vuestro fracaso; ni en las estrellas, ni en otra parte. Los resultados dependen de vosotros y de vuestra voluntad, nada más entra en juego, ni mucho menos la influencia de los astros o la conjunción de los planetas el día que estéis pez sobre vuestro examen más imortante.
Vuestra historia no está inscrita en ninguna parte -¿dónde lo estaría?, ¿en el cielo?, ¿en un lugar accesible solo a los médiums vía las líneas de la mano o la tirada de cartas?-, sino que depende de vuestra elaboración, de vuestra construcción, de vuestra decisión.
El porvenir se escribe, no está redactado todavía: haceos a esta idea, vuestro destino depende de vuestros proyectos y de la energía que ponéis en realizarlos. Quizá hoy más que nunca, donde, en Occidente al menos, la razón puede funcionar libremente sin temer la prisión o la hoguera, cuando la religión ha perdido gran parte de su poder de coacción y nocividad, los hombres y las mujeres se han entregado a la creencia en lo irracional en todas sus variantes: videncia y numerología, tarot y horóscopo, carta astral, posos del café y mesas giratorias, espíritus que se comunican y vida tras la muerte, fantasmas y espectros, extraterrestres y platillos volantes, a lo que se añaden las apariciones de la Virgen, los milagros, la resurrección de la carne, las predicciones de Nostradamus y, más aún, la creencia en la inmortalidad del alma, en la reencarnación y otras locuras irracionales. Por todas partes, se difunden y amplifican esas ficciones: los medios de comunicación de gran audiencia, prensa especializada o divulgativa, libros y colecciones editoriales.
Por lo demás, la mayor parte de vosotros cree seguramente en una u otra de esas opciones, incluso en todas... ¿No?
La permanencia de lo irracional se comprueba fácilmente. Desde el comienzo del pensamiento, antes de la filosofía propiamente dicha -siglo VI antes de Jesucristo, al menos en Europa occidental-, se cree en los mitos, que expresan un pensamiento mágico e irracional y están plagados de dioses que adquieren la forma de animales, de bestias que copulan con humanos engendrando posibles criaturas -el centauro, por ejemplo, mezcla de caballo y hombre, o el Minotauro, cabeza de toro sobre cuerpo de hombre-, de nacimientos que tienen lugar por la pierna -preguntad a Júpiter-, de herreros que trabajan en el epicentro de los volcanes -ved a Vulcano-, una mujer escondida en una becerra de madera para ser fecundada por un toro -así, Pasífae que da nacimiento al Minotauro-, esperma transformado en espuma sobre las olas, etc.
La mitología forma el pensamiento primitivo y las religiones se apoyan en este pensamiento irracional: ¿cómo, si no, comprender el cristianismo cuando presenta a una mujer engendrando a un niño sin la ayuda de un padre, un hombre que trasforma el agua en vino, multiplica los peces, camina sobre el agua, resucita a los muertos y se aplica la receta a él mismo, tres días después de haber sido torturado y crucificado?
En la mitología y la religión, la prueba no sirve de nada, la deducción tampoco, no más el uso de la razón, la reflexión, el análisis o el espíritu crítico. Ninguna necesidad de pensar, de hacer funcionar la inteligencia: creer basta; después, obedecer. La adhesión se solicita, cuando no se fuerza a ella, pues la comprensión no es de ninguna utilidad. De lo irracional se valen con frecuencia los individuos retorcidos y decididos a guiar a los hombres y a mantenerlos en un estado de sujeción.

Tengo miedo, luego existo...
¿De qué lógica procede lo irracional? Del miedo al vacío intelectual, de la angustia ante la evidencia difícilmente aceptable, de la incapacidad de los hombres para asumir su ignorancia y la limitación de sus facultades, entre ellas la razón. Donde pueden decir «no sé» o «ignoro por qué», «no comprendo », inventan historias y creen en ellas. Para no tener que transigir con un cierto número de evidencias, con las cuales, sin embargo, hay que contar (la vida es corta; pronto vamos a morir incluso si es hasta los cien años, es corta frente a la eternidad de la nada de la que venimos y hacia la que vamos...; tenemos poco o ningún poder sobre el desarrollo de esta breve existencia; después de la muerte no hay nada más que descomposición, y no una vida bajo distinta forma, etc.-) los hombres inventan ficciones y les piden auxilio.
Lo irracional colma las brechas que la razón abre al destruir ilusiones. Incapaces de vivir únicamente según lo real racional, los humanos construyen un mundo completamente irracional más fácil de habitar al estar provisto de creencias que procuran una aparente paz con uno mismo.
¿El rayo cae sobre un árbol? Un hombre de la Antigüedad grecorromana no sabe por qué, e inventa un dios malvado, vengador, al tanto de las corrupción humana, que utiliza el rayo para corregir a sus semejantes. Zeus y sus relámpagos, he aquí la razón de la tormenta griega o romana. Más tarde, el mismo rayo percibido por un hombre del siglo XX, un poco al corriente de la física moderna, se convierte en la resultante de un intercambio de polaridad entre nubes cargadas de electricidad y el sol. La huella del movimiento de la energía en un arco eléctrico, he aquí la razón del rayo.
Razón antigua y mitología contra razón moderna y científica: lo irracional de ayer se convierte en lo racional de mañana y cesa de inquietar, de dar miedo. Lo irracional es lo que todavía no es racional, ya sea para un individuo, ya sea para una época o una cultura, y no lo que no lo será nunca. Lo que hoy escapa a la comprensión conduce a los hombres a lanzar hipótesis extraídas de las fuentes de lo irracional, donde no existen límites: se puede recurrir a la imaginación más desbocada, a las ideas más peregrinas, con tal de que se tenga la eficaz ilusión de hacer retroceder la ignorancia.
Desde el momento en que el problema ya no se plantea, tras el descubrimiento de la solución gracias a la razón, la creencia se abandona y va a parar al museo de falsas ideas que hasta hace poco se creían verdaderas.
En cambio, sobre ciertas cuestiones imposibles de resolver con el progreso de la ciencia, de la investigación, de la técnica, lo irracional reina como dueño durante largo tiempo. Así, ante cuestiones metafísicas -etimológicamente, aquellas que se plantean después de la física-: ¿de dónde venimos?, ¿quiénes somos?, ¿a dónde vamos?, para decirlo con expresiones cotidianas, dicho de otro modo: ¿por qué tenemos que morir?, ¿qué hay después de la muerte?, ¿por qué disponemos de tan poco poder sobre nuestra existencia?, ¿a qué puede parecerse el porvenir?, ¿qué sentido dar a la existencia?, en efecto: ser mortal, no sobrevivir, sufrir determinaciones, no escapar a la necesidad, estar confinado a este planeta, son algunos de los motivos que hacen funcionar el motor irracional a toda máquina.
Todas las prácticas irracionales pretenden dar respuesta a esos problemas angustiosos: la existencia de espíritus inmortales que se mueven en un mundo donde se los podría interrogar con la ayuda de una mesa giratoria nos calma: la muerte no atañe más que al cuerpo, no al alma, que conoce la inmortalidad; la posibilidad de leer y predecir el porvenir con cifras, líneas de la mano, posos del café, una bola de cristal, cartas, fotos, nos apacigua: el porvenir ya está escrito en alguna parte, algunos -los médiums- pueden acceder a ese lugar y revelarme su contenido, no he de temer el buen o mal uso de mi libertad, de mi razón, de mi voluntad, lo que debe llegar llegará; la existencia de objetos volantes no identificados, por lo tanto, de planetas habitables, de una vida fuera del sistema planetario, de fuerzas misteriosas venidas de lo más recóndito de las galaxias, nos regocija: podemos creer que nuestra supervivencia en otra parte está asegurada por potencias que gobierna el cosmos y, por lo tanto, nuestra pequeña existencia, etc.
Lo irracional es un auxilio, sin duda, pero un auxilio puntual, porque no cumple sus promesas. En cambio, la razón puede ser igualmente socorrida, pero con más seguridad: principalmente, cuando se concentra sobre la destrucción de las ilusiones y creencias, las ficciones creadas por los hombres para consolarse con los ultramundos, los más allá inventados, que siempre dispensan de un buen vivir aquí y ahora.
La filosofía y el uso crítico de la razón permiten obtener otras soluciones, en este caso, certidumbres viables, y consuelos mucho más seguros: ante las mismas evidencias -la muerte, la limitación de los poderes humanos, la pequeñez del hombre ante la inmensidad del mundo, la angustia frente al destino-, la filosofía proporciona medios para dominar nuestro destino, para convertirnos en los actores de nuestra existencia, para liberarnos de miedos inútiles y paralizantes y no abandonarnos, atados de pies y manos, como niños, a los mitos de ayer u hoy. Dejad de mirar las estrellas, vuestro porvenir no está inscrito en ninguna parte: está por escribir y solo vosotros podéis ser los autores.

Esto es un extracto de un antiguo manual de filosofía de instituto que anda por casa. Pasados muchos años lo he vuelto a leer. El tiempo lo ha reforzado en mi mente, veo que es gran verdad, nada nuevo, y al mismo tiempo son cosas que nos intentaron inculcar pero que, viendo lo que veo a mi alrededor, a menudo me pregunto si mis vecinos, compañeros, conciudadanos, han visto las mismas cosas, han estudiado las mismas lecciones, han ido a los mismo colegios que yo...

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La constitución

Afirmar que la constitución española es democrática es desconocer en profundidad el proceso por el que se llevó a cabo dicha constitución y además desconocer profundamente cuáles son los rasgos distintivos de una democracia representativa de corte liberal.
En cuanto al primer punto, la Constitución de 1978 fue elaborada en secreto por representantes de partidos en unas cortes que no estaban legitimadas para ello. No hubo un proceso constituyente como tal, y al final resultó ser el acuerdo entre la élites financieras y económicas del régimen y los partidos que querían acceder al control de las instituciones. 
Para ello, y bajo la tutela de los EEUU y la socialdemocracia alemana, se elaboró una constitución que en esencia dejaba intacto el poder económico, repartía el poder político a las élites de esos partidos, colonizados por esas élites económicas, e introducían imposiciones del rey Juan Carlos I y del ejército.
A resulta de esto se llega al referéndum de la Constitución donde la gente tuvo que votar entre ese texto en el cuál se le venía impuesto sin posibilidad de rechazar la monarquía, la indivisibilidad de España, y tantos otros desmanes...y el miedo a otra guerra civil o dictadura, miedo previamente azuzado por los medios del régimen y la extrema derecha.
En cuanto al segundo punto, la constitución no es democrática si por ello tomamos como modelo la democracia representativa liberal.
No existen separación de poderes ni en ejercicio ni en origen.
Los ciudadanos no elijen a sus representantes, sino que refrendan una lista cerrada confeccionada por la ejecutiva del partido la cuál está colonizada por los intereses de la élite económica. 
Esos ciudadanos no elijen a su presidente, sino que es elegido por el legislativo, del que además forman parte habitualmente los miembros del propio gobierno. Por tanto el ejecutivo no es elegido en origen por los ciudadanos.
En la práctica el legislativo obedece al ejecutivo al existir en los diputados una disciplina del voto hacia la decisión del partido. Incluso el ejecutivo puede legislar sin necesidad de pasar el trámite del legislador mediante Real Decreto.
Si no hay separación de poderes entre el legislativo ni el ejecutivo, tampoco lo hay con el judicial cuyos órganos de control y altos tribunales están controlados por los partidos que son los que elijen a sus miembros, así como las fiscalías son elegidas por el ejecutivo.
Un proceso constituyente es símplemente un proceso donde se constituye un nuevo modelo de relación política a través de la elaboración de una nueva constitución.
Es muy complicado poner de acuerdo a los poderes fácticos sobre la creación de algo así, una constitución que guste y contente a todos, a unos y otros, ni si quiera a la mayoría de la población. Uy, pero ¿qué digo? La población precisamente es quien menos va a ser tenida en cuenta, ¿no? 

El aviso del caso Podemos está ahí. Ellos parece que quieren hacer un proceso constituyente digno. Los demás partidos deben tomar buena nota y actuar en consonancia.

Creo que una constitución que va para 40 años y que está viciada ab initio, que actualmente es mayoría la población que no tuvo la oportunidad de votarla  (todos los nacidos después de 1960), que intenta regular las relaciones de una sociedad que ha cambiado tantísimo en cantidad y calidad, con tantos sucesos que han ocurrido nacional e internacionalmente, en lo político y en lo económico, la caída de regímenes idealistas, el apogeo del capitalismo y su estrepitoso chocazo con la realidad de la mentalidad humana, que no está preparada aún para la libertad financiera porque no conoce sus propios límites y verdaderas espectativas, necesita no ya una modificación o parches aquí y allá para salir del paso, sino una redacción desde cero, bajo un prisma de la realidad nacional, de los fines, y de los medios de que disponemos. 
Una nueva constitución.
Luego vendrá la segunda parte, que se cumpla. Pero quiero creer que si se hace bien, no tiene más remedio que cumplirse. Es de cajón, y es lo primero que tiene que tener en mente el legislador, en este caso el constituyente.

las pequeñas percepciones


"Hay signos a millares que hacen pensar que en todo momento existen
en nosotros infinidad de percepciones, pero sin apercepción y sin reflexión,
es decir, cambios en el alma misma de los cuales no nos damos cuenta,
porque las impresiones son o demasiado juntas, de manera que no tienen
nada que permita distinguirlas por separado, pero aunque estén unidas a las
otras no por ello dejan de producir efecto y de hacerse notar en el conjunto,
aunque sea confusamente.

Así es como la costumbre da lugar a que no pongamos atención al movimiento de un molino o a un salto de agua cuando desde hace algún tiempo hemos vivido al lado. No se trata de que dicho movimiento no impresione siempre a nuestros órganos, y que a continuación no ocurra en el alma nada que responda a dichas impresiones, en virtud de la armonía entre el alma y el cuerpo, sino que esas impresiones que se dan en el alma y en el cuerpo, privadas de los atractivos de la novedad, no son lo bastante fuertes como para atraerse nuestra atención y nuestra memoria, ocupadas en objetos más llamativos.

Toda atención exige memoria, y a menudo, cuando no estamos suficientemente advertidos de que debemos poner atención a algunas de nuestras propias percepciones actuales, las dejamos pasar sin reflexionar e incluso sin darnos cuenta; mas si alguien nos advierte inmediatamente después, y nos hace notar, por ejemplo, algún ruido que se acaba de oír, nos acordamos de él, y nos damos cuenta de que ya hemos tenido antes alguna impresión del mismo. Se trataba, por tanto, de percepciones de las que no nos habíamos apercibido en el momento mismo, sino que la apercepción en ese caso solo se producía en virtud de una
advertencia, tras un cierto intervalo, por pequeño que fuese."

"Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano (1703-1704)"
Gottfried Wilhelm Leibniz (alemán, 1646-1716)
Filósofo, matemático, jurista, inventor, físico, diplomático, teólogo, químico,
ingeniero, historiador, autor de una obra inmensa. Buscó construir un lenguaje universal a partir de las matemáticas.

Me doy cuenta de que no estaba loco. La reflexión de esos pequeños momentos de soledad y paz a menudo me lleva a conclusiones. Me alegro muchísimo de haber encontrado, por pura casualidad, en una navegación (literal) por el inmenso océano de información que es la red, el texto de arriba, que no ha hecho sino refrendar lo que yo ya sabía sin saberlo. Paradójico o no, así es la cosa.
Es un interesante ejercicio mental la meditación, el intento casi imposible de vaciar la mente, tratar de no pensar en nada. Digo tratar porque conseguirlo es harina de otro costal. Cuando estamos en ese estado de privilegio y sosiego, oh, amigos, a menudo nos podemos centrar en pequeñas cosas, detalles que suelen pasarnos por alto. Y encontramos placer en lo diminuto, en el párvulo gesto, en lo inapreciable. Es bella tal cosa.

Anécdota: Al final de una clase de yoga, Elena, la maestra (y quiero dar a esa palabra una acepción de respeto y sabiduría que merece) nos ordenó colocarnos en la posición del diamante, cerrar los ojos y concentrarnos. Yo hice lo propio, sobre mi esterilla de color azul, ignorando el dolor en los empeines por recaer todo mi peso sobre los talones, y de repente ella me tocó con el dedo índice en mi entrecejo (que yo tenía fruncido en un gesto constreñido, aún sin darme cuenta), y abrí los ojos. Allí estaba ella, delante de mí, en cuclillas, sonriendo y diciéndome: "concéntrate en no concentrarte". Relajación, pero sin flaccidez. Serenidad pero sin distracción. Concentración, pero sin tensión. De eso se trataba.

Test Volvo V60 D4

En Tarifa y no hay viento, una vez más. A falta de ello, a otros menesteres nos podemos dedicar, también gozosos, sin duda.
Entre ellos, he podido disfrutar, y lo digo con toda la intención literal, disfrutar, de la conducción de lo último en coches "juveniles" de la marca sueca.
En un esfuerzo por cambiar el perfil de su cliente destino, en Volvo han dado un paso importante al olvidar su manida estética de caja cuadrada. Ya no hay que fabricar coches con aspecto viejuno para transmitir sensación de seguridad. Bien.
Los Volvo son coches que siempre me gustaron, tienen algo especial, pero en los últimos años han ido dando palos de ciego, y ciertos fracasos en algunos de sus modelos más asequibles, tanto desde el punto de vista estético como dinámico, habían relegado a esta marca a un puesto muy abajo entre mis preferencias, sobre todo desde que probé el S40 D (136 cv) hace dos o tres años.
Pero el V60 no tiene nada que ver. Vale, han mantenido algunas señas de identidad como las formas de la consola central que baja hasta el falso tunel de transmisión, por ejemplo, y el volante.
Volvo ha cambiado la nomenclatura de sus vehículos, o los ha recolocado, de modo que ahora, por ejemplo, lo que antes se llamaba V40, la versión familiar del S40, es el V60, siendo el V40 algo así como un S30 familiar. Un poco rollo todo esto, he perdido la perspectiva de tamaños y denominaciones.



Me gustan los familiares, ranchera, station wagon, break, avant, o como quieran llamarlos. En el argot de los foros son conocidos como "fruteros".
El coche probado ha sido la versión D4 de 181 cv y cambio automático de 8 velocidades, en nivel de equipamiento Momentum, que es el más básico. La verdad es que no he echado en falta nada importante o imprescindible.
Exteriormente ha habido una clara mejora de calidad. Buenos acabados, franquicias estupendas, ajustes dignos, sonido bueno al cerrar las puertas, llantas bonitas... Se nota, por fin, que es un coche europeo, y para europeos. Transmite una imagen dinámica, casi deportiva, y decir eso de un Volvo es decir mucho, en serio.



El morro tiene hasta una apariencia de agresividad impropia, mola. El perfil se ve compacto y aerodinámico, supongo que la caída del techo bajando hacia el maletero propicia esa sensación, igual que que la ancha cintura a la altura del eje trasero, sobresaliendo sobre la línea de las ventanillas. Los pilotos traseros tienen una forma única, especial, reconocible. Un punto de distinción en un mundo en el que los diseños de la mayoría de los coches son tan parecidos que cuando vas conduciendo tienes la sensación de que ves el mismo coche una y otra y otra vez. Cuando ves un V60 no puedes evitar fijarte en él.
Lo han conseguido. Han dado en el clavo. El anterior V40 era anodino, aburrido, soso. Este V60 es bonito, brioso, denota personalidad en quien lo conduce. Repito, mola.

Pasemos al interior.



Un cuadro de mandos vanguardista, limpieza de líneas, materiales agradables al tacto y a la vista. Nada desentona, nada fuera de lugar. Nada espectacular, pero tampoco ridículo ni difícil de manejar. Las plazas delanteras muy bien. Las traseras, para dos adultos, perfecta. Para tres no tanto. Eso siempre y cuando no sean muy altos los que van atrás, por culpa de la pendiente descendente del techo.
Una vez más, buenos ajustes, y una insonorización sobresaliente aunque apuremos las revoluciones del motor que usa combustible de ese que se utiliza para las calderas. Exento de vibraciones y ruidos, me dejo guiar por la programación electrónica del eficaz cambio automático, que he probado en modos normal y sport.
El coche es una máquina de tragar kilómetros, cómodo, rápido, y no muy gastón según me cuenta el dueño. En curva se maneja bien, apoya sinceramente, sin sustos ni movimientos extraños. Predecible y firme, fácil sobre todo. No tiene tendencia a subvirar a pesar el caballaje que es capaz de transmitir.
Los adelantamientos con cuatro personas a bordo son un chiste con ese D4, que igualmente frena aceptablemente, con buen tacto y potencia.

Pero todo no puede ser perfecto. Tiene el mismo defecto mortal y tremendo que el BMW serie 3 ranchera, o el nuevo Seat León familiar: un maletero ridículo. No hay más que comentar al respecto. Uno se compra un coche de este tipo por tener un maletero digno, algo que merezca la pena, sin tener que meterte en la gama superior de los V70, Serie 5, Audi A6 Avant. Supongo que por esa causa tienen tanto éxito los monovolúmenes pequeños como el Touran, el Zafira, C-Max y compañía.

Me lo compraría si no tuviera hijos, seguramente la misma versión que he probado. Un buen coche.

martes, 9 de diciembre de 2014

viernes, 28 de noviembre de 2014

cita:

I would rather be on my motorcycle thinking about God than in church thinking about my motorcycle.

Originally Posted by Dragoon,
del foro www.advrider.com

miércoles, 26 de noviembre de 2014

motores (I)

Me gustan. Todos: los de coche, los de camión, los de barco... pero los que más me gustan y más controlo son los de moto, quizá porque lo de las motos lo llevo en vena, quizá porque van al aire y se ven mejor, quizá porque suenan más, quizá porque he trasteado con más de uno.

La mecánica me gusta, la entiendo, comprendo los principios de la termodinámica, y me maravilla la inventiva del hombre. La variedad en la configuración y número de cilindros proporciona un colorido arcoiris. Hay algunos fabricantes que se caracterizan por usar un determinado tipo de motor. Hay otras marcas que tocan todos los palos.  

- Empezaré por el más sencillo, el monocilíndrico. Como su propio nombre indica, son motores de un solo cilindro, y por su construcción y física dan lugar a notorias vibraciones que se suelen solventar con ejes contrarrotantes. Este motivo, y su alta cilindrada unitaria hacen que no puedan alcanzar demasiadas revoluciones, y su entrega de potencia los hace ideal para terrenos con poca adherencia. No son muy potentes, pero sí controlables y fácilmente dosificables. Su sonido es característico y claramente reconocible: 



En este motor hay una explosión cada dos vueltas de cigüeñal. Son explosiones, por tanto, muy espaciadas. El ejemplo del video es una XT600 de 1996, refrigerada por aire, todo un clásico.


- El siguiente paso, obviamente, son los bicilíndricos. Aquí las combinaciones son variadas, para volverse loco. Y lo curioso es que cada jugada tiene su aquel. Según la configuración, cambia todo. La forma de entregar la potencia, la capacidad de traccionar, el sonido, es diferente de un tipo a otro, y todos tienen su razón de ser, su porqué. 
El principal motivo de pasar del mono al bi es, sin duda, lograr más potencia para una misma cilindrada. Pronto se descubrió que dos cilindros de 400 rinden más que uno de 800, son más regulares, más fiables, y todo hay que decirlo: suenan más bonito. La estética forma parte importante a la hora de elegir moto, y el sonido es parte de la estética. 
- Motor "bóxer", llamado así por enfrentar el movimiento de los pistones. También llamados "flat" en el mundo anglosajón, por motivos obvios. Es típico de BMW, y lo llevan haciendo desde que lo presentaran en el Salón de París de 1923. En el motor bóxer, hay una explosión por cada giro del cigüeñal, lo que hace que tenga lugar un equilibrado natural de la parte más importante que genera vibraciones. Como contrapartida, al llevar el cigüeñal en sentido longitudinal al de la marcha, al acelerar en vacío tiene lugar un efecto curioso de vaivén de toda la moto que no a todo el mundo gusta...




- Otro bicilíndrico típico es el que usó, y usa todavía, Triumph: dos cilindros en línea, dispuestos en sentido transversal. Gracias a su disposición se consigue un motor más estrecho y ligero que el de BMW, y al calar el cigüeñal a 360º, las explosiones se suceden igual que en un bóxer. Por tanto, en verdad, el sonido no difiere mucho: 



 
Esa era una Bonneville, motor refrigerado por aire, no mucha potencia (64 cv para 895 cc). El motor de una BMW F800 es lo mismo pero actualizado al siglo XXI, con refrigeración líquida, inyección electrónica, doble árbol de levas para cuatro válvulas por cilindro (85 cv para 800 cc): 



Se aprecia un motor con menos inercias que sube más rápido de vueltas, y también menos ruido mecánico de engranajes y cadena de distribución. Es un motor más fino, más logrado, pulido, moderno. Pero aún se le puede dar una vuelta de tuerca más, y Husqvarna, en su modelo Nuda, sobre la base del mismo motor de BMW aumentó la cilindrada hasta 895 cc, mayor compresión, distinta distribución y, muy importante de cara al sonido y la entrega de potencia al suelo: calado el cigüeñal a 315º. Esto quiere decir que un cilindro produce la explosión, y antes de que el cigüeñal haga un giro completo, cuando lleva recorrido 315 grados (un giro son 360), hace su explosión el segundo. Posteriormente, sigue girando una vuelta y un octavo de otra hasta que se produzca otra explosión por el primer cilindro. ¿Por qué complicarse? Gracias a esta jugada, acercando las dos explosiones en el tiempo, se transmite la energía más de golpe a la rueda, y luego se la deja descansar más tiempo. Con eso se obtiene más tracción. Claro, hay una contrapartida y son las vibraciones extra porque desaparece el equilibrado natural de un bi calado a 360º: 



  
Madre mía, ¡qué me gusta esta motooooo! Una gran pena que el trust BMW-Husqvarna se rompió, y ahora, en manos de KTM, ya se dejó de fabricar. Una joya, sólo para freaks de lo radical y lo distinto.

- Pasamos a una configuración más especial, la de los motores en uve. Como su propio nombre indica, los dos cilindros se disponen formando una V más o menos cerrada. Se caracterizan porque las muñequillas de las bielas van cogidas en el mismo punto del cigüeñal, y por tanto, el desfase entre la explosión de los cilindros viene determinado por la mayor o menos apertura de la uve. Una uve más cerrada da lugar a explosiones más juntas y un largo periodo sin explosiones. Una uve más abierta consigue espaciar las explosiones. Los motores en uve tienen un sonido siempre bonito, dan mucho carácter a las motos, y son definitivamente la seña de identidad de algunos fabricantes como ahora veremos.
El motor en uve de moto más antiguo es el que hace Harley Davidson, todavía refrigerado por aire y con dos válvulas por cilindro. Una anticualla, que extrae alrededor de 70 ó 75 cv de su bloque de más de 1600 cc hoy día. Harley, salvo en sus modernos motores refrigerados por agua y desarrollados por Porsche, tiene la uve a 45º:



Ese es una Sportster 883 con escapes abiertos. Ojo al típico ralentí superbajo con el único y espectacular "cotoclop cotoclop cotoclop".

Vamos abriendo la uve hasta los sesenta grados, para encontrarnos con Aprilia y su motor de 997 cc fabricado por Rotax, que equiparon las Mille, Tuono y Falco. Un motor fácil de usar, con buena capacidad de tracción, aunque un poco falto de chicha en bajos y medios. Puede parecer que tiene un funcionamiento irregular, pero en marcha es una delicia:



Parece que los fabricantes europeos son dados a experimentar, y los austríacos de KTM sorprendieron al mundo con el lanzamiento de su 950, un motor en uve a 75º, bastante potente, suave, con mucho par, y que lo mismo calza a sus naked Superduke y Supermoto, como a las camperas Adventure y Superenduro, y posteriormente, en sucesivas versiones de más y más cilindrada, a la RC8, una radical deportiva. Es un motor de cárter seco que por sus características es el más ligero de la categoría: 




Brutal la Superduke 1290 R, 192 cv declarados!!!!

En la siguiente entrega hablaré de los motores en uve a 90º.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Las mujeres del surf

¡Bravo!


sábado, 22 de noviembre de 2014

SOA (atención, spoiler)

Y por fin sucedió. Pero me pregunto porqué. ¿Por qué hay que esperar once malditos episodios?

Comenzó, tras un apocalíptico final de la sexta temporada en la que, si algo había quedado claro es que la matriarca, la madre, la que trajo al mundo a Jax Teller, era una maldita sicópata, desequilibrada, una loca en el estricto sentido del término. Comenzó la séptima temporada de Sons Of Anarchy de una manera demencialmente lamentable.
El horror era en mí al comprobar que, episodio tras episodio, la cosa no mejoraba sino antes al contrario. De mal en peor.
Asesinatos por doquier, tramas enrevesadas implicando a personajes nunca vistos, predicadores pedófilos, viudas negras con poder para atar las manos del mayor gangster de color de la historia, asesinos a sueldo, hijos con problemas de conducta, amantes que van y vienen, a vueltas con el tráfico de armas que tanto trabajo costó quitarse de encima, drogas, chinos, latinos, negros y arios... un no acabar de despropósitos continuados sin fin aparente.

Yo seguí insistiendo, quizá empujado por lo que disfruté con las anteriores seis temporadas, que es bastante decir. Seis temporadas. Y de repente llegó el capítulo once de la séptima.

LA APOTEOSIS. El acabose. El cenit de la tensión. Todo ha merecido la pena, aunque sólo fuera por ver la entrevista de Juice con Teller en la penitenciaría de Stockton, a solas, sin cámaras grabando, en la que el primero le cuenta, entre lágrimas, toda la verdad a Jackson, quien está al borde de un ataque de nervios, destrozado por la tensión, por alcanzar la claridad de tantas y tantas cosas, de tantos despropósitos. La muerte de los chinos inocentes (ahora lo sabe), la muerte de Jury acusado prematuramente de traición (ahora es consciente), la muerte inútil de Bobby, y lo peor, la traición de una madre, el horror inafrontable de la verdad más oscura. Temblando, llorando, histérico, de golpe y porrazo se da cuenta de todo lo que se le viene encima, de como su mundo, que siempre ha estado desde el episodio uno de la primera temporada en un precario equilibrio, tratando de arreglarlo como buenamente puede, a menudo inteligentemente, ahora se vuelve una gran bola de fuego lanzada a toda velocidad hacia él.

Ni siquiera sé si este es el último episodio de esta temporada, aún no he acabado de ver el capítulo para escribir estas líneas antes de que se me pase la emoción. Porque sí, me he emocionado, he estado a punto de verter una lagrimita con la entrevista de la cárcel. He visto a Jax tan derrotado, tan hundido... no sabemos si podrá llegar más abajo.

Aún así, y reconociendo que sólo por el clímax que ha supuesto este episodio, es difícil asumir, aceptar, que han sido necesarios otros diez capítulos anodinos, aburridos la mayoría, sin aportar nada más que desatinos y desgracias, arreglados con diálogos ridículos y mediocres, metiendo relaciones imposibles (un asesino irlandés con una jefa de la policía local, un asesino desquiciado y fanático enamorado de un travesti, un convicto violado sistemáticamente por el jefe de la mafia aria carcelaria...), situaciones grotescas metidas con calzador en el guión, tejemanejes de policias corruptos y relaciones muy rebuscadas entre diversos clanes al unísono.
Todo ello era innecesario. No tiene sentido. Queda una sensación de que ha sido necesario rellenar un hueco, unas horas en episodios larguísimos de más de una hora sin un objeto claro.

De repente, la luz. Le doy un 10 a este episodio, pero la nota media de toda la temporada es tan baja y lamentable, tan deprimente en su falta de calidad, que le resta el brillo que tuvo en su día la serie y que ahora es ya insostenible.

Una pena. Pero les aseguro que este episodio once ha sido, seguramente, el mejor de toda la serie. El mejor. A mí es el único que me ha emocionado de verdad.