copy/paste de El Mundo, edición digital, de hoy:
El hombre taciturno que a la fecha ejerce como presidente ejecutivo de YPF, no es la persona rebosante de optimismo que en mayo del 2012 tomó posesión de su cargo. Miguel Galuccio llegó a la compañía con el propósito de transformarla en una formidable palanca, para que Argentina alcanzara la "soberanía energética".
En conversaciones privadas que han trascendido a la prensa (que tal vez él mismo ha hecho trascender), el ingeniero de 45 años confiesa que una de sus ocupaciones en estos días consiste en transmitir malas noticias a Cristina Kirchner. Y que de sólo verlo, la presidenta se pone de mal humor.
En la Casa Rosada ya todo está listo para el acto que tendrá lugar este martes al cumplirse un año desde que la jefa del gobierno envió al Congreso su proyecto de ley para expropiar el 51% de las acciones de YPF, que estaban en manos de la española Repsol.
El dramático anuncio que hizo Cristina el 16 de abril del 2012, fue el corolario de una campaña de acoso que comenzó en noviembre del 2011, cuando por primera vez acusó a la empresa que dirigía Antonio Brufau, de conducir "una política de vaciamiento, de no producción, de no exploración", convirtiendo a un país que se autoabastecía con holgura –e incluso exportaba excedentes- en una nación forzada a importar gas y petróleo.
Los testimonios que han ido surgiendo del epicentro de la toma de decisiones, certifican que Cristina Kirchner no pretendía llegar tan lejos. Que fue Axel Kicillof, vice-ministro de Economía y su gurú personal, el que la convenció de que YPF tendría un futuro brillante sin el lastre de Repsol. Las enormes napas de crudo y gas que se habían detectado en Vaca Muerta, un mega-yacimiento al sur del país, resarcirían con creces, las pérdidas ocasionadas por "la insaciable codicia de los españoles" desde que tomaron el control de la petrolera en 1998.
La primera tarea que se impuso Miguel Galuccio, desde su despacho en la Torre YPF, fue la de convencer a las grandes empresas del sector de invertir sus caudales en la explotación de aquel yacimiento virgen. Hasta la fecha, ninguna de las compañías ha invertido un solo dólar en Vaca Muerta por no correr la misma suerte que Repsol.
Las ilusiones que sembró en Cristina se disuelven bajo el corrosivo ácido de la realidad. Pero el que debe dar la cara no es Kicillof, el joven patilludo que sedujo a la presidenta con sus teorías keynesianas-marxistas, sino Galuccio, el profesional que abandonó una brillante carrera en el sector privado para tomar el timón de una nave que hace agua por todos los costados.
"YPF ni siquiera ha cumplido con los planes que se propuso para los 100 primeros días de su nueva gestión como empresa estatizada. En el 2012 Argentina tuvo que importar combustibles por un valor de 12.000 millones de dólares. Este año las compras en el exterior sobrepasarían los 15.000 millones de dólares y nada indica que la situación se vaya a revertir", sostiene Sebastián Scheimberg, de la fundación Pensar. Cabe destacar que el experto en hidrocarburos hizo la estimación antes del incendio que destruyó parcialmente la refinería de Ensenada, la mayor del país. A causa del siniestro, YPF deberá invertir entre 600 y 800 millones de dólares adicionales, para que no falten combustibles refinados en el mercado local.
Pese a los nubarrones que gravitan sobre el sector energético, el gobierno se empecina en adoptar medidas populistas, a contramano del razonamiento más elemental.
El jueves pasado, Guillermo Moreno, ministro de Comercio Interior, decretó el congelamiento del precio de las naftas por tres meses. Ninguna de las petroleras que operan en el país acató las órdenes del sheriff de la economía. Por el contrario, al día siguiente YPF aumentó el precio de sus productos en un 7% y Esso el de los suyos en más de un 9%. Si Moreno no tomó represalias es porque las compañías le hicieron un gran favor al desactivar la bomba de tiempo que él mismo armó al pretender que los precios se mantengan estáticos cuando la cotización del dólar no para de subir.
Joaquín Riberalta, un ex asesor en materia de hidrocarburos del Ministerio de Economía, dijo a ELMUNDO.es que ningún inversor en su sano juicio, querría asociarse a Argentina sin antes observar un cambio radical en la conducta de quienes la gobiernan.
"La imagen que proyecta Cristina Kirchner es la de alguien que le tiene alergia a las inversiones privadas. No parece que haya tomado consciencia de que este país va camino de una catástrofe energética", sentencia Riberalta.
martes, 16 de abril de 2013
El concepto
La generación del golf GTI, la R80GS, la Puch Cobra, el Copaturbo, el París-Dakar africano de grandes bicilíndricas… Los que tenemos o empezamos a tener la barriguita prominente, el pelo gris, y algún que otro clavo o tornillo reforzando nuestro esqueleto… Ahora, cuarentones, más o menos despreocupados o pasotas, a menudo caemos en el funesto tópico de “cualquier cosa pasada fue mejor”.
Sí, sí. “Ya no se hacen motos como las de antes”, y sigo: recuerdo la época de las auténticas motos trail, aquellas monocilíndricas legendarias con refrigeración por aire y carburadores… esas sí que eran buenas motos, y no las de ahora. Ahora no hay motos buenas, no hay motos trail. Claro, claro. Más tarde, en otra entrada, volveré a este asunto. Pero ahora, ¿qué cosa sea el trail? ¿Ein? Ya esbocé un poco esta cuestión en una anterior entrada. Al final, creo que nos equivocamos al intentar definir a una moto o un estilo de moto como trailera.
El trail parece ser más un ejercicio de estilo por parte del piloto (nunca mejor dicho lo de pilotar, por ser la navegación un apartado interesante e importante, si uno quiere, en esta actividad) que una catalogación o nicho de diseño o propiedades características de una máquina inerte. Una cosa está clara, yo creo que el trail se ha hecho toda la vida, incluso mucho antes de acuñarse el palabro.
Nuestros abuelos ya hacían trail, alguno en moto, los menos, pero otros en bici, otros a pie, y otros en burra. Hoy día es más o menos fácil acceder a una motocicleta, es la democratización de los bienes de lujo, y con la democratización viene el jolgorio de fabricantes, la oferta, y el consumidor que se ve arrastrado por la publicidad y la literatura vertida por las revistas “especializadas”. Aunque ahora, por lo visto, tampoco se hacen pruebas como las de antes.
Y es que nada es lo que era. Nada… ¿o sí? Lo de viajar o explorar o simplemente hacer kilómetros sin destino definido se ha hecho siempre, está claro y es algo irrefutable, y además, me atrevo a afirmar que cada cual lo ha hecho con lo que ha tenido, querido o podido. Los casos de esos que dan la vuelta al mundo por todo tipo de países y terrenos con una Goldwing viejuna o una R1 de las primeras; correr el Dakar con una Vespa; atravesar toda Europa y Asia en bicicleta; todo ello es conocido y aceptado. Y ahora cada cual tiene que buscar su instrumento. Antes con un mapa y una brújula si acaso. Hoy hay quien no sale de casa sin el Garmin último modelo y un celular con varias aplicaciones, incluso un teléfono satélite.
Unos viajan aún en monocilíndricas alegando que tienen potencia suficiente y son económicas y fiables, y otros que no se mueven con menos de 100 cv bajo su culo. Unos no han cogido una moto de campo en su vida, y otros no han pisado el asfalto más que con el coche familiar para ir a trabajar. Hay de todo en la viña del Señor. Me vengo a referir a que es el tema de trasladarse por todo tipo de firme, sin entrar en los extremos, lo que define al concepto, y no el medio empleado: obviamente, no queremos hacer trial, que es en lo que parece que un sector de los foros y clubes se obstina. Para eso están las motos de trial y las de enduro puro y duro. No se trata de empalmar dobles y mesetas en un circuito de cross, ni de batir ningún récord de velocidad en una pista del desierto. Como tampoco se puede batir el mejor tiempo del circuito de Jerez con ninguna moto que te permita hacer con seguridad un viaje cargado hasta las trancas por Marruecos. Eso es inviable.
Vemos, por tanto, que una moto de enduro no es una moto adecuada. Poderse se puede, cuidado, pero no es la más adecuada, como tampoco Lo es una Panigale, ni una K1600LT. Que habrá gente que lo haga, no me cabe duda, porque ya lo dijo el famoso torero: “hay gente pa tó”.
O sea, y como colofón (unos pocos fuegos de artificio ahora, por favor, tachán tachán), que el trail no compra, ni depende de la flecha. Es el arquero, es el camino, es la idea. O como decía el gallego Pazos de la peli Airbag: el conceto.
Sí, sí. “Ya no se hacen motos como las de antes”, y sigo: recuerdo la época de las auténticas motos trail, aquellas monocilíndricas legendarias con refrigeración por aire y carburadores… esas sí que eran buenas motos, y no las de ahora. Ahora no hay motos buenas, no hay motos trail. Claro, claro. Más tarde, en otra entrada, volveré a este asunto. Pero ahora, ¿qué cosa sea el trail? ¿Ein? Ya esbocé un poco esta cuestión en una anterior entrada. Al final, creo que nos equivocamos al intentar definir a una moto o un estilo de moto como trailera.
| Legendaria. |
El trail parece ser más un ejercicio de estilo por parte del piloto (nunca mejor dicho lo de pilotar, por ser la navegación un apartado interesante e importante, si uno quiere, en esta actividad) que una catalogación o nicho de diseño o propiedades características de una máquina inerte. Una cosa está clara, yo creo que el trail se ha hecho toda la vida, incluso mucho antes de acuñarse el palabro.
| Emilio Scotto a las puertas de Thula, la ciudad semiprohibida. |
Nuestros abuelos ya hacían trail, alguno en moto, los menos, pero otros en bici, otros a pie, y otros en burra. Hoy día es más o menos fácil acceder a una motocicleta, es la democratización de los bienes de lujo, y con la democratización viene el jolgorio de fabricantes, la oferta, y el consumidor que se ve arrastrado por la publicidad y la literatura vertida por las revistas “especializadas”. Aunque ahora, por lo visto, tampoco se hacen pruebas como las de antes.
Y es que nada es lo que era. Nada… ¿o sí? Lo de viajar o explorar o simplemente hacer kilómetros sin destino definido se ha hecho siempre, está claro y es algo irrefutable, y además, me atrevo a afirmar que cada cual lo ha hecho con lo que ha tenido, querido o podido. Los casos de esos que dan la vuelta al mundo por todo tipo de países y terrenos con una Goldwing viejuna o una R1 de las primeras; correr el Dakar con una Vespa; atravesar toda Europa y Asia en bicicleta; todo ello es conocido y aceptado. Y ahora cada cual tiene que buscar su instrumento. Antes con un mapa y una brújula si acaso. Hoy hay quien no sale de casa sin el Garmin último modelo y un celular con varias aplicaciones, incluso un teléfono satélite.
Unos viajan aún en monocilíndricas alegando que tienen potencia suficiente y son económicas y fiables, y otros que no se mueven con menos de 100 cv bajo su culo. Unos no han cogido una moto de campo en su vida, y otros no han pisado el asfalto más que con el coche familiar para ir a trabajar. Hay de todo en la viña del Señor. Me vengo a referir a que es el tema de trasladarse por todo tipo de firme, sin entrar en los extremos, lo que define al concepto, y no el medio empleado: obviamente, no queremos hacer trial, que es en lo que parece que un sector de los foros y clubes se obstina. Para eso están las motos de trial y las de enduro puro y duro. No se trata de empalmar dobles y mesetas en un circuito de cross, ni de batir ningún récord de velocidad en una pista del desierto. Como tampoco se puede batir el mejor tiempo del circuito de Jerez con ninguna moto que te permita hacer con seguridad un viaje cargado hasta las trancas por Marruecos. Eso es inviable.
Vemos, por tanto, que una moto de enduro no es una moto adecuada. Poderse se puede, cuidado, pero no es la más adecuada, como tampoco Lo es una Panigale, ni una K1600LT. Que habrá gente que lo haga, no me cabe duda, porque ya lo dijo el famoso torero: “hay gente pa tó”.
| Ole sus McNuggets!!! |
lunes, 15 de abril de 2013
apuntes técnicos: 26 vs 29
Como saben, me embarqué en la bonita tarea de diseñar una bicicleta de montaña, algo único, raro y exclusivo. No crean que está olvidado.
Un proceso de creación, cualquiera que sea el ámbito, tiene siempre algo de artístico. Cada vez que la veo se me ocurre algo, un retoque aquí o allí.
Y luego, cuando creo que está acabada finalmente, pienso ¿y si...?
Y poco a poco va tomando cada vez más fuerza, más cuerpo, más calado.
La Summit Clunky ha tomado su forma casi definitiva sobre el papel, pero soy consciente y estoy preparado para que sea modificada (espero que no mucho) por cuestiones de fabricación: ese tubo no se puede curvar así, esa inclinación hará que la soldadura salte, aquella unión de tubos es imposible de soldar a mano, el tornero no me puede fabricar la pieza...
Sea como fuere, uno investiga y lee. Y en mi caso me documento, estudio, experimento, juego.
Una vez me dijo Julen que la Sawyer (mi 29er) había llegado por fin a la tienda, y que su manejabilidad, contra todo pronóstico, era excelente, y que se podían hacer cosas increíbles con ella, como girar en redondo en menos espacio y con más estabilidad que con una Fuel EX. Yo no sabía si creerlo aunque, ¿por qué iba Julen a mentirme sobre tan nimia cuestión?
Pero todo tiene una explicación. La física es la física, y contra ella no se puede ir, y me acuerdo muy mucho cada vez que beso el suelo en un arrastrón por el campo...
La ingeniería es un campo apasionante, y muy extenso, tanto tanto tanto que se ha dividido en varios subtipos a su vez. Quizá yo sea un ingeniero frustrado, porque pienso que para ser un buen ingeniero, como para casi todo, a uno le tiene que apasionar lo que hace.
Me encanta desmontar cosas, descubrir el porqué de su funcionamiento, y volverlo a montar todo. Desde chico. Generalmente me ha salido bien.
Ya con los cochecitos de scalextric experimenté de todo, y enseguida comprendí las ventajas de un menos peso en la dinámica de todo aquello que esté en movimiento, así como los beneficios de bajar el centro de gravedad (y hablo de cochecitos a escala 1/32 de unos 120 gramos de peso!!!!).
El mundo de las motos y las suspensiones regulables es tremendo, pero el de las bicis de montaña no se queda atrás. Hoy se puede jugar con medidas de amortiguador, distancias entre ejes, alturas de horquilla, ángulos de dirección, y se puede aprender mucho experimentando y siendo mínimamente observador.
Lo que me lleva al examen de ángulos y medidas de las bicis con ruedas de 29" de diámetro, y sus diferencias con las de 26". Porque, después de una buena temporada con la Sawyer, me pregunto cómo es posible que esa bici vaya tan endemoniadamente bien no ya donde se supone que debe ir bien, sino en situaciones enlas que, supuestamente, no debería desenvolverse con ligereza o habilidad. Y es que hay mucha idea preconcebida sobre las bicis de ruedas grandes.
Bien es cierto que Gary Fisher, a la postre el alma máter creadora de la Sawyer e inspiradora de la gama de 29" de Trek, lleva muchos años haciendo bicis de éstas, y obivamente sabe lo que hace. Para Gary, la Sawyer no es un experimento, sino la sublimación de su saber hacer, su propia experiencia de competición y de tiempo libre, y miles de horas sentado en sillines escuálidos lo atestiguan.
El porqué una 29er se comporta como se comporta es fácilmente explicable, y creo que voy a intentarlo.
29er for dummies
Una rueda de mayor diámetro, 29 pulgadas contra 26, genera mayores inercias (para ilustrarse un poco sobre el concepto de momento de inercia, ver aquí). Esto tiene su lado negativo, en cuanto que resulta más difícil de acelerar o de frenar en teoría. Pero la realidad es que las aceleraciones en cualquier bicicleta (a menos que uno sea campeón de ciclismo en pista) tienen no mucha importancia, y las frenadas se dejan a los frenos de disco que, hoy día, tiene potencia más que de sobra para hacer su trabajo dignamente. Por contra, un mayor momento de inercia tiene sus ventajas: mayor estabilidad cuanto más rápido rodemos, y más fácil mantener una velocidad constante.
Otro tema muy interesante es la cuestión del ángulo de ataque:

Puede parecer que un grado de diferencia no es mucho, pero créanme, supone una diferencia importante. Un escalón de 10 cm o una roca que sobresale o una raiz, afectará en mayor medida a la marcha de una rueda pequeña, mientras que una rueda de mayor diámetro superará ese obstáculo con más indiferencia.
Esto permite fabricar una bici con un ángulo de dirección más cerrado que un modelo homónimo de 26", con lo que obtenemos una mayor manejabilidad a baja velocidad, una máquina más, digamos, "ratonera". La estabilidad a alta velocidad no se verá resentida por la inercia generada por el giro de las ruedas. Es esta una de las ventajas más interesantes y que pasan más inadvertidas para el gran público.
Hay otra cuestión y es la del centro de gravedad. Infórmense, si es que se han atrevido a salir a la calle todos estos años sin saberlo, sobre qué es el cdg, porque mi hijo lo estudió en el cole cuando tenía 11 años...
La estabilidad general de una bicicleta viene determinadas por varios factores, y uno de los más importantes ha sido siempre la altura del pedalier. Pero en verdad, lo que se quería decir era la altura del centro de gravedad, que depende directamente de la altura a la que está el pedalier. Antes, cuando todas las bicis de montaña eran de 26 pulgadas, era importante, aunque prácticamente todos los fabricantes lo situaban en el mismo sitio, milímetro arriba, milímetro abajo.
Con la llegada de las bicis de doble suspensión, la cosa empezó a tornarse concienzuda: había que escoger entre tener una bici con buena altura libre al suelo para no tocar con los platos en obstáculos al bajar escalones o vencer la suspensión, o tener una bici estable en las bajadas rápidas y que no se encabritara a la primera de cambio en las subidas empinadas.
Dejemos las cosas en un ámbito más predecible y fácil de comprender, y remitámonos a bicis rígidas (sin suspensión). La situación del centro de gravedad respecto de la altura del punto de giro de las ruedas es algo sumamente importante, pero nunca ha sido tan trascendente como a la hora de comparar una bici de 26" con una de 29". Comparativamente, una bici de 29" tiene el pedalier (y por tanto el centro de gravedad) una pulgada y media más abajo que una de 26, que vienen a ser 3'81 cm, ¡casi cuatro centímetros). La diferencia es determinante, definitiva diría yo. En términos de conducción real, ello significa que la estabilidad intrínseca de una 29er con su pedalier bien colocado es netamente superior: entra más fácil en curva y se mantiene en ella, mantiene la trayectoria deseada y es más difícil descolocarla por culpa de los obstáculos.
Hay más. Una rueda de mayor diámetro implica mayor superficie de contacto con el suelo. Esto es algo buscado en el mundo del automóvil, por ejemplo: todos sabemos que los coches deportivos tienen llantas de gran diámetro. Y es porque la huella del neumático es más grande:
Conclusiones y evolución futura a medio plazo
Parece que según mis disertaciones, siempre desde el punto de vista de un estudioso de letras puras, no tiene sentido seguir fabricando bicis de 26", ni siquiera tenerlas en el trastero... ¡quemémoslas!
No, hombre, no, tranqui.
Todo tiene su cabida, y en la variedad puede uno regocijarse, sin duda. Una bici de 26" es más juguetona, pero no sólo por tener ruedas que permiten una aceleración más rápida y giros más explosivos por no tener que vencer un momento de inercia tan elevado como el de una 29er, sino también por su distancia más corta entre ejes y el menor peso de sus componentes principales ya que tienen dimensiones más recogidas (el cuadro y las ruedas).
De un año a esta parte hay un boom de una nueva medida intermedia, ruedas de 27´5 pulgadas, que en realidad son de 27. La diferencia parece ser poca, pero obliga a hacer cambios en la geometría y medidas de la bici, no tantas como en las de 29, pero algo sí, si es que se quieren hacer las cosas bien, claro.
Post scriptum.
Tiremos por tierra algunas afirmaciones sin fundamentos propias de mentes pueriles, garrulos sin conocimiento de la realidad física que les rodea, analfabetos integrales que deberían quedarse en su casa vegetando o metidos en cápsulas como en Matrix:
- las 29er son bicis con poca manejabilidad: falso
- las 29er van mal en terrenos abruptos: muy falso
- las 26 son mejores: falso
- las 29 son mejores: falso
- las 27'5 aúnan lo mejor de los dos mundos: falso
- las 27'5 no tienen ninguno de los defectos de las 26 y 29: muy falso
- en mi bici de 26 le entran perfectamente unas ruedas de 27'5, se las he puesto y va mejor: falso (la mente y la imaginación son armas poderosas)
- las 26 van a desaparecer: JA JA JA JA JAAAAA
- las 29 van a desaparecer: requeteJAJAJAJAJAJA
Un proceso de creación, cualquiera que sea el ámbito, tiene siempre algo de artístico. Cada vez que la veo se me ocurre algo, un retoque aquí o allí.
Y luego, cuando creo que está acabada finalmente, pienso ¿y si...?
Y poco a poco va tomando cada vez más fuerza, más cuerpo, más calado.
La Summit Clunky ha tomado su forma casi definitiva sobre el papel, pero soy consciente y estoy preparado para que sea modificada (espero que no mucho) por cuestiones de fabricación: ese tubo no se puede curvar así, esa inclinación hará que la soldadura salte, aquella unión de tubos es imposible de soldar a mano, el tornero no me puede fabricar la pieza...
Sea como fuere, uno investiga y lee. Y en mi caso me documento, estudio, experimento, juego.
Una vez me dijo Julen que la Sawyer (mi 29er) había llegado por fin a la tienda, y que su manejabilidad, contra todo pronóstico, era excelente, y que se podían hacer cosas increíbles con ella, como girar en redondo en menos espacio y con más estabilidad que con una Fuel EX. Yo no sabía si creerlo aunque, ¿por qué iba Julen a mentirme sobre tan nimia cuestión?
Pero todo tiene una explicación. La física es la física, y contra ella no se puede ir, y me acuerdo muy mucho cada vez que beso el suelo en un arrastrón por el campo...
La ingeniería es un campo apasionante, y muy extenso, tanto tanto tanto que se ha dividido en varios subtipos a su vez. Quizá yo sea un ingeniero frustrado, porque pienso que para ser un buen ingeniero, como para casi todo, a uno le tiene que apasionar lo que hace.
Me encanta desmontar cosas, descubrir el porqué de su funcionamiento, y volverlo a montar todo. Desde chico. Generalmente me ha salido bien.
Ya con los cochecitos de scalextric experimenté de todo, y enseguida comprendí las ventajas de un menos peso en la dinámica de todo aquello que esté en movimiento, así como los beneficios de bajar el centro de gravedad (y hablo de cochecitos a escala 1/32 de unos 120 gramos de peso!!!!).
El mundo de las motos y las suspensiones regulables es tremendo, pero el de las bicis de montaña no se queda atrás. Hoy se puede jugar con medidas de amortiguador, distancias entre ejes, alturas de horquilla, ángulos de dirección, y se puede aprender mucho experimentando y siendo mínimamente observador.
Lo que me lleva al examen de ángulos y medidas de las bicis con ruedas de 29" de diámetro, y sus diferencias con las de 26". Porque, después de una buena temporada con la Sawyer, me pregunto cómo es posible que esa bici vaya tan endemoniadamente bien no ya donde se supone que debe ir bien, sino en situaciones enlas que, supuestamente, no debería desenvolverse con ligereza o habilidad. Y es que hay mucha idea preconcebida sobre las bicis de ruedas grandes.
Bien es cierto que Gary Fisher, a la postre el alma máter creadora de la Sawyer e inspiradora de la gama de 29" de Trek, lleva muchos años haciendo bicis de éstas, y obivamente sabe lo que hace. Para Gary, la Sawyer no es un experimento, sino la sublimación de su saber hacer, su propia experiencia de competición y de tiempo libre, y miles de horas sentado en sillines escuálidos lo atestiguan.
El porqué una 29er se comporta como se comporta es fácilmente explicable, y creo que voy a intentarlo.
29er for dummies
Una rueda de mayor diámetro, 29 pulgadas contra 26, genera mayores inercias (para ilustrarse un poco sobre el concepto de momento de inercia, ver aquí). Esto tiene su lado negativo, en cuanto que resulta más difícil de acelerar o de frenar en teoría. Pero la realidad es que las aceleraciones en cualquier bicicleta (a menos que uno sea campeón de ciclismo en pista) tienen no mucha importancia, y las frenadas se dejan a los frenos de disco que, hoy día, tiene potencia más que de sobra para hacer su trabajo dignamente. Por contra, un mayor momento de inercia tiene sus ventajas: mayor estabilidad cuanto más rápido rodemos, y más fácil mantener una velocidad constante.
Otro tema muy interesante es la cuestión del ángulo de ataque:
Puede parecer que un grado de diferencia no es mucho, pero créanme, supone una diferencia importante. Un escalón de 10 cm o una roca que sobresale o una raiz, afectará en mayor medida a la marcha de una rueda pequeña, mientras que una rueda de mayor diámetro superará ese obstáculo con más indiferencia.
Esto permite fabricar una bici con un ángulo de dirección más cerrado que un modelo homónimo de 26", con lo que obtenemos una mayor manejabilidad a baja velocidad, una máquina más, digamos, "ratonera". La estabilidad a alta velocidad no se verá resentida por la inercia generada por el giro de las ruedas. Es esta una de las ventajas más interesantes y que pasan más inadvertidas para el gran público.
Hay otra cuestión y es la del centro de gravedad. Infórmense, si es que se han atrevido a salir a la calle todos estos años sin saberlo, sobre qué es el cdg, porque mi hijo lo estudió en el cole cuando tenía 11 años...
La estabilidad general de una bicicleta viene determinadas por varios factores, y uno de los más importantes ha sido siempre la altura del pedalier. Pero en verdad, lo que se quería decir era la altura del centro de gravedad, que depende directamente de la altura a la que está el pedalier. Antes, cuando todas las bicis de montaña eran de 26 pulgadas, era importante, aunque prácticamente todos los fabricantes lo situaban en el mismo sitio, milímetro arriba, milímetro abajo.
Con la llegada de las bicis de doble suspensión, la cosa empezó a tornarse concienzuda: había que escoger entre tener una bici con buena altura libre al suelo para no tocar con los platos en obstáculos al bajar escalones o vencer la suspensión, o tener una bici estable en las bajadas rápidas y que no se encabritara a la primera de cambio en las subidas empinadas.
Dejemos las cosas en un ámbito más predecible y fácil de comprender, y remitámonos a bicis rígidas (sin suspensión). La situación del centro de gravedad respecto de la altura del punto de giro de las ruedas es algo sumamente importante, pero nunca ha sido tan trascendente como a la hora de comparar una bici de 26" con una de 29". Comparativamente, una bici de 29" tiene el pedalier (y por tanto el centro de gravedad) una pulgada y media más abajo que una de 26, que vienen a ser 3'81 cm, ¡casi cuatro centímetros). La diferencia es determinante, definitiva diría yo. En términos de conducción real, ello significa que la estabilidad intrínseca de una 29er con su pedalier bien colocado es netamente superior: entra más fácil en curva y se mantiene en ella, mantiene la trayectoria deseada y es más difícil descolocarla por culpa de los obstáculos.
Hay más. Una rueda de mayor diámetro implica mayor superficie de contacto con el suelo. Esto es algo buscado en el mundo del automóvil, por ejemplo: todos sabemos que los coches deportivos tienen llantas de gran diámetro. Y es porque la huella del neumático es más grande:
| Vale, el dibujito está quizá un poco exagerado, pero la diferencia real existe, no lo duden. |
Conclusiones y evolución futura a medio plazo
Parece que según mis disertaciones, siempre desde el punto de vista de un estudioso de letras puras, no tiene sentido seguir fabricando bicis de 26", ni siquiera tenerlas en el trastero... ¡quemémoslas!
No, hombre, no, tranqui.
Todo tiene su cabida, y en la variedad puede uno regocijarse, sin duda. Una bici de 26" es más juguetona, pero no sólo por tener ruedas que permiten una aceleración más rápida y giros más explosivos por no tener que vencer un momento de inercia tan elevado como el de una 29er, sino también por su distancia más corta entre ejes y el menor peso de sus componentes principales ya que tienen dimensiones más recogidas (el cuadro y las ruedas).
De un año a esta parte hay un boom de una nueva medida intermedia, ruedas de 27´5 pulgadas, que en realidad son de 27. La diferencia parece ser poca, pero obliga a hacer cambios en la geometría y medidas de la bici, no tantas como en las de 29, pero algo sí, si es que se quieren hacer las cosas bien, claro.
Post scriptum.
Tiremos por tierra algunas afirmaciones sin fundamentos propias de mentes pueriles, garrulos sin conocimiento de la realidad física que les rodea, analfabetos integrales que deberían quedarse en su casa vegetando o metidos en cápsulas como en Matrix:
- las 29er son bicis con poca manejabilidad: falso
- las 29er van mal en terrenos abruptos: muy falso
- las 26 son mejores: falso
- las 29 son mejores: falso
- las 27'5 aúnan lo mejor de los dos mundos: falso
- las 27'5 no tienen ninguno de los defectos de las 26 y 29: muy falso
- en mi bici de 26 le entran perfectamente unas ruedas de 27'5, se las he puesto y va mejor: falso (la mente y la imaginación son armas poderosas)
- las 26 van a desaparecer: JA JA JA JA JAAAAA
- las 29 van a desaparecer: requeteJAJAJAJAJAJA
domingo, 14 de abril de 2013
vadeo con final ¿feliz?
Estas cosas pasan. Uno cree que conoce el río, pero claro, a veces hay crecidas por las lluvias, y ya sabemos, lo dijo Heráclito hace tres mil años, nunca se puede cruzar el mismo río dos veces...
singletrack fury: el escalpelo comienza a cortar
Glorioso y magnífico día para hacer cualquier tipo de actividad outdoors. Aunque tengo que reconocer que a pleno sol podría hacer un poquito, una mijita, de calor.
Por suerte, los pinares que rodean a Aljaraque proporcionan fresca sombra bajo la que cobijarse, y aprovechando que el suelo aún tiene algo de humedad, he disfrutado de esos bancos de arena aún compactados por las lluvias de estas semanas atrás. Los senderos están algunos machacados, bien por haber pasado motos de enduro, bien porque algunos ESTÚPIDOS que temen mancharse sus zapatillas Sidi o Specialized han creado variantes por doquier para esquivar algún charquito.
Mountainbikers de salón. Con sus bicis de 5.000 euros impolutas, gastados los tacos de sus ligerísimas y frágiles ruedas en el carril bici.
Lo peor.
El antimuntanbaik.
El no querer compartir ruta con este tipo de personajes (que en Huelva, como supongo en todos lados, abunda) hace que normalmente salga solo en bici. A lo mejor, como saben ustedes, puede que me acompañe Julen (poco, dada la lejanía de nuestras respectivas procedencias) o Pedrito, pero eso es como si fuera solo, o incluso mejor.
Hay grupos que quedan los martes y los jueves en el principio del carril bici antes de cruzar el Puente del Sifón. Si usted es gregario, gusta de ir en manda, aborregado, también puede disfrutar de amplia compañía los sábados y domingos por la mañana en el mismo sitio.
Eso yo lo dejé hace años. Era terrible: saliamos 25 ó 30 ciclistas con gran desorden, y normalmente desprecio por los demás usuarios de la vía verde que comunica Huelva con el campo, imponiendo la ley del más fuerte como si esto fuera una selva. Y luego, cuando nuestras ruedas por fin pisaban la hierba o el polvo, era aún peor. Gran alboroto, uno que pinchaba, otro que rompía la cadena, ahora que paramos a hacer recuento, ahora hay que esperar a unos rezagados, ahora Fulanito se ha perdido... Hemos llegado a pasar más de cuatro horas para hacer poco menos de 20 km. Es demasiado.
Cuando voy solo, en cambio, voy a mi aire. Nadie me frena y yo no freno a nadie. Nadie presiona. Si pincho o rompo, me busco las habichuelas. Si me pierdo, me encuentro. Y a menudo veo conejos, perdices, meloncillos, águilas, ratones, lagartos de todo tipo... y el trinar de los pájaros no cesa. Eso es bello. Eso es naturaleza. Huyo de las pistas, del que llamo "pisteo puerco". Busco el sendero, el caminito, lo recóndito, lo escondido. A veces me caigo (hace tiempo que no, acabo de caer en la cuenta), a menudo se me escapa un grito de emoción, un yiiijaaaaa, cuando bordo tres o cuatro curvas seguidas, o doy un saltito, o me enchufo en una breve bajada.
Y cuando me sale de los mc nuggets, paro a tirar una instantánea:
Qué bonita y qué bien va la Scalpel, mamma mía. Jamas pude imaginar que iba a disfrutar tanto de su conducción. Las cualidades de su diseño son asombrosas por inesperadas, pues es perfecta para mis propósitos.
El que piense que es una bici de rally, o de competición, o de maratones... se equivoca. Se puede hacer todo eso, pero no creo que sea el arma adecuada para ello. Porque tras ese rígido cuadro de fibra de carbono, el sistema de suspensión sin rodamientos en los puntos de giro, la horqiulla monobarra (o sea, que no es una horquilla, claro está), se esconde una bicicleta con un potencial de divertimento desmesurado, asombroso.
Curiosamente no me he cruzado con ciclistas en las zonas perdidas de senderos, sí en alguna pista de enlace. Pero la nota diferente de hoy ha sido econtrarme con una patrulla del SEPRONA en moto, unas Yamahas TT600E. Estaban parados en medio de un caminito, y no sé qué hacían allí, la verdad, aunque poco importa ahora.
Les saludé (educación ante todo), y les pregunté sobre la legalidad de circular en moto por caminos y pistas. No me lo han aclarado mucho, curiosamente, y me dijeron que me acercara a la Consejería de Medio Ambiente a preguntar. Sí me han dicho una cosa que yo no sabía: no se puede circular por el campo con vehículos a motor durante la temporada de verano. Por los incendios, dicen (¿?).
En fin, me despedí y allí les dejé, charlando tranquilamente. Dura la vida y el trabajo de la Guardia Civil. Lo mismo me presento yo a Guardia del SEPRONA ese, oigan, es cojonudo.
En definitivo, la rutita de hoy ha sido bonita, un disfrute total.
Por suerte, los pinares que rodean a Aljaraque proporcionan fresca sombra bajo la que cobijarse, y aprovechando que el suelo aún tiene algo de humedad, he disfrutado de esos bancos de arena aún compactados por las lluvias de estas semanas atrás. Los senderos están algunos machacados, bien por haber pasado motos de enduro, bien porque algunos ESTÚPIDOS que temen mancharse sus zapatillas Sidi o Specialized han creado variantes por doquier para esquivar algún charquito.
Mountainbikers de salón. Con sus bicis de 5.000 euros impolutas, gastados los tacos de sus ligerísimas y frágiles ruedas en el carril bici.
Lo peor.
El antimuntanbaik.
El no querer compartir ruta con este tipo de personajes (que en Huelva, como supongo en todos lados, abunda) hace que normalmente salga solo en bici. A lo mejor, como saben ustedes, puede que me acompañe Julen (poco, dada la lejanía de nuestras respectivas procedencias) o Pedrito, pero eso es como si fuera solo, o incluso mejor.
Hay grupos que quedan los martes y los jueves en el principio del carril bici antes de cruzar el Puente del Sifón. Si usted es gregario, gusta de ir en manda, aborregado, también puede disfrutar de amplia compañía los sábados y domingos por la mañana en el mismo sitio.
Eso yo lo dejé hace años. Era terrible: saliamos 25 ó 30 ciclistas con gran desorden, y normalmente desprecio por los demás usuarios de la vía verde que comunica Huelva con el campo, imponiendo la ley del más fuerte como si esto fuera una selva. Y luego, cuando nuestras ruedas por fin pisaban la hierba o el polvo, era aún peor. Gran alboroto, uno que pinchaba, otro que rompía la cadena, ahora que paramos a hacer recuento, ahora hay que esperar a unos rezagados, ahora Fulanito se ha perdido... Hemos llegado a pasar más de cuatro horas para hacer poco menos de 20 km. Es demasiado.
Cuando voy solo, en cambio, voy a mi aire. Nadie me frena y yo no freno a nadie. Nadie presiona. Si pincho o rompo, me busco las habichuelas. Si me pierdo, me encuentro. Y a menudo veo conejos, perdices, meloncillos, águilas, ratones, lagartos de todo tipo... y el trinar de los pájaros no cesa. Eso es bello. Eso es naturaleza. Huyo de las pistas, del que llamo "pisteo puerco". Busco el sendero, el caminito, lo recóndito, lo escondido. A veces me caigo (hace tiempo que no, acabo de caer en la cuenta), a menudo se me escapa un grito de emoción, un yiiijaaaaa, cuando bordo tres o cuatro curvas seguidas, o doy un saltito, o me enchufo en una breve bajada.
Y cuando me sale de los mc nuggets, paro a tirar una instantánea:
Qué bonita y qué bien va la Scalpel, mamma mía. Jamas pude imaginar que iba a disfrutar tanto de su conducción. Las cualidades de su diseño son asombrosas por inesperadas, pues es perfecta para mis propósitos.
El que piense que es una bici de rally, o de competición, o de maratones... se equivoca. Se puede hacer todo eso, pero no creo que sea el arma adecuada para ello. Porque tras ese rígido cuadro de fibra de carbono, el sistema de suspensión sin rodamientos en los puntos de giro, la horqiulla monobarra (o sea, que no es una horquilla, claro está), se esconde una bicicleta con un potencial de divertimento desmesurado, asombroso.
Curiosamente no me he cruzado con ciclistas en las zonas perdidas de senderos, sí en alguna pista de enlace. Pero la nota diferente de hoy ha sido econtrarme con una patrulla del SEPRONA en moto, unas Yamahas TT600E. Estaban parados en medio de un caminito, y no sé qué hacían allí, la verdad, aunque poco importa ahora.
Les saludé (educación ante todo), y les pregunté sobre la legalidad de circular en moto por caminos y pistas. No me lo han aclarado mucho, curiosamente, y me dijeron que me acercara a la Consejería de Medio Ambiente a preguntar. Sí me han dicho una cosa que yo no sabía: no se puede circular por el campo con vehículos a motor durante la temporada de verano. Por los incendios, dicen (¿?).
En fin, me despedí y allí les dejé, charlando tranquilamente. Dura la vida y el trabajo de la Guardia Civil. Lo mismo me presento yo a Guardia del SEPRONA ese, oigan, es cojonudo.
En definitivo, la rutita de hoy ha sido bonita, un disfrute total.
| Se acabó, al maletero y hasta la próxima. |
Picolo
¿Se esconde, de verdad, tras la abrumadora persecución a los motociclistas en la carretera, un motivo altruista, una vigilancia por nuestro bien? O, más bien, puede, y sólo puede, que estemos ante un afán recaudatorio que raya en lo sangrante.
Y es que ese es el sentir del aficionado a pasear en moto por el mero placer de pasear.
Y podríamos entrar en la catadura moral de esos que, ataviados con un uniforme verde, asalariados con nuestros propios impuestos (robados sin pudor, a pesar de haber ganado nuestro dinero honradamente), parapetados tras gafas de sol, bigotes, y variopintos gorros, con pistola al cinto, esos mismos que coartan nuestra libertad, esos que atemorizan, insinúan, actúan con prepotencia y con cada vez menos educación (ya no dan ni los buenos días..., aunque claro, son consecuentes: saben que desde que te dan el alto, el día que era bueno se ha torcido), esos mismos incumplen las mismas normas que, por estúpidas e incoherentes, son difícilmente asumibles. Pero no se puede exigir a los demás y no cumplir tú.
Doble moral se llama tal. Cara dura y poca o ninguna vergüenza.
Y ese cuerpo, o esa agrupación, que en su inicio se creó para ayudar al conductor, para socorrer, para orientar, para regular las situaciones que se salgan de lo normal, se convierte en un arma para el expolio de Juan Español. Y por lo general contra el Juan Español que paga sus impuestos y lleva una vida ordenada, productiva, que se puede permitir un lujo como es tener una moto para dar un paseo dominical.
Porque, claro, no va a dar el alto a la fragoneta de los malocotones. No, a esos no, manque no lleven seguro, ni cinturón, ni carné. Porque, ¿qué multa va a pagar ese?
No, el target, el objetivo lógico es Juan Español Pagano, el que paga, el que tiene un currito, cuenta corriente aunque sea ínfima o en números rojos. A ese sí.
¿Por qué?
miércoles, 10 de abril de 2013
martes, 9 de abril de 2013
big air
Gran aire, pillar aire, vuelo importante, o, como decía mi colega de descenso en bici Noé: "una volada".
Muchos cometeros coinciden en que lo que más engancha de ello es volar, o la sensación cercana a volar, que se puede conseguir:
Yo creo que hay mucho más. Pegar una volada es interesante y seguramente adrenalítico a tope (ya les contaré si algún día lo hago...), pero hay más, mucho más. La velocidad, clavar el canto en un giro rápido, ver cómo levantas una cortina de agua, o surfear una ola aunque sea pequeñita, ya es suficiente para motivarte al cien por cien.
El nervio antes de entrar al agua, el relax que viene al final, la charla comentando como fue la cosa, el café o la cervecita... hay muchas cosas de las que disfrutar.
Muchos cometeros coinciden en que lo que más engancha de ello es volar, o la sensación cercana a volar, que se puede conseguir:
Yo creo que hay mucho más. Pegar una volada es interesante y seguramente adrenalítico a tope (ya les contaré si algún día lo hago...), pero hay más, mucho más. La velocidad, clavar el canto en un giro rápido, ver cómo levantas una cortina de agua, o surfear una ola aunque sea pequeñita, ya es suficiente para motivarte al cien por cien.
El nervio antes de entrar al agua, el relax que viene al final, la charla comentando como fue la cosa, el café o la cervecita... hay muchas cosas de las que disfrutar.
lunes, 8 de abril de 2013
Primavera!!
Con qué ánimo va uno a la playa con el sol luciendo orgulloso tras alguna pequeña bruma de altura.
La previsión era normalita tirando a floja, pero los térmicos ya van haciendo su aparición, aunque sea tímidamente. Tras el fiasco de ayer, que era el día que mi cuervo mayor iniciaba oficialmente su cursillo de kite, hoy, a la salida del curro, los móviles echaban humo: que sube, que no entra, que anoche hizo frío y ahora con el pedazo de día va a entrar el térmico fijo... que vamos, que no vamos, y si vamos, ¿a dónde?
Pues iremos donde estadística y geológica y fisicamente más sopla: Canaleta.
Lo mejor: toda la playa, enooooorme, para nosotros. Al final nos juntamos seis o siete, y fue bonito porque cada cometa era de un color diferente, y no nos hemos estorbado absolutamente nada... teniendo dos kilómetros de playa para nosotros, tendríamos que ser estúpidos!!!
Llamé a Julio en cuanto llegué y vi las condiciones, y no dudo en apuntarse. Raudo se plantó en Punta Umbría justo cuando la fuerza eólica comenzaba a decaer, pero le animamos a inflar su cometa, y al agua a practicar water-start.
El sueva poniente térmico ha hecho el milagro, y Julen ha saboreado las mieles del deslizamiento, aunque breve, pero intenso, como es siempre el aprendizaje de esta cosa tan emocionante.
Estoy muy contento y esperanzado porque veo que él está evolucionando muy rápido, y pronto compartiremos grandes días de navegadas interminables.
No podía faltar una visita al lugar habitual a reponer sales minerales y celebrar los avances y el buen día que hemos aprovechado todo lo que hemos podido:
Cometas, amigos y birras, ¿qué mejor modo de acabar la tarde?
Como casi siempre, uno de los mejores momentos es cuando vuelvo. Saliendo de Punta por la autovía siento los últimos rayos del sol poniente en la cara. Normalmente voy tranquilo, escuchando música, y es un ratito un poco mágico, recapitulando todo lo que hice, lo que salió bien y lo que no, y porqué. Y es un punto de relax muy grande, bastante hondo. Y quizá, sin saberlo, todo lo que hago va enfocado a ese momentito de diez o quince minutos que tardo en llegar a Huelva. Sin saberlo, o sin ser realmente consciente.
Llego a casa, dejo todos los bártulos en su sitio, enjuago la barra, el arnés, el neopreno... y me siento tranquilamente, con los músculos relajados, flojos, sin hacer absolutamente nada.
Todo ha salido bien, y eso siempre es algo para celebrar. No siempre es así, y lo mejor es que cada vez hay más días positivos que negativos. Y eso mola. Ya te digo.
La previsión era normalita tirando a floja, pero los térmicos ya van haciendo su aparición, aunque sea tímidamente. Tras el fiasco de ayer, que era el día que mi cuervo mayor iniciaba oficialmente su cursillo de kite, hoy, a la salida del curro, los móviles echaban humo: que sube, que no entra, que anoche hizo frío y ahora con el pedazo de día va a entrar el térmico fijo... que vamos, que no vamos, y si vamos, ¿a dónde?
Pues iremos donde estadística y geológica y fisicamente más sopla: Canaleta.
Lo mejor: toda la playa, enooooorme, para nosotros. Al final nos juntamos seis o siete, y fue bonito porque cada cometa era de un color diferente, y no nos hemos estorbado absolutamente nada... teniendo dos kilómetros de playa para nosotros, tendríamos que ser estúpidos!!!
Llamé a Julio en cuanto llegué y vi las condiciones, y no dudo en apuntarse. Raudo se plantó en Punta Umbría justo cuando la fuerza eólica comenzaba a decaer, pero le animamos a inflar su cometa, y al agua a practicar water-start.
El sueva poniente térmico ha hecho el milagro, y Julen ha saboreado las mieles del deslizamiento, aunque breve, pero intenso, como es siempre el aprendizaje de esta cosa tan emocionante.
Estoy muy contento y esperanzado porque veo que él está evolucionando muy rápido, y pronto compartiremos grandes días de navegadas interminables.
No podía faltar una visita al lugar habitual a reponer sales minerales y celebrar los avances y el buen día que hemos aprovechado todo lo que hemos podido:
Cometas, amigos y birras, ¿qué mejor modo de acabar la tarde?
Como casi siempre, uno de los mejores momentos es cuando vuelvo. Saliendo de Punta por la autovía siento los últimos rayos del sol poniente en la cara. Normalmente voy tranquilo, escuchando música, y es un ratito un poco mágico, recapitulando todo lo que hice, lo que salió bien y lo que no, y porqué. Y es un punto de relax muy grande, bastante hondo. Y quizá, sin saberlo, todo lo que hago va enfocado a ese momentito de diez o quince minutos que tardo en llegar a Huelva. Sin saberlo, o sin ser realmente consciente.
Llego a casa, dejo todos los bártulos en su sitio, enjuago la barra, el arnés, el neopreno... y me siento tranquilamente, con los músculos relajados, flojos, sin hacer absolutamente nada.
Todo ha salido bien, y eso siempre es algo para celebrar. No siempre es así, y lo mejor es que cada vez hay más días positivos que negativos. Y eso mola. Ya te digo.
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