domingo, 27 de enero de 2013

Singletrack fury: el desentreno

Pues sí, parece que lo que he estado haciendo estos últimos meses se podría llamar así: desentreno.
Salidas cortas, pocos kilómetros, ritmo pausado, generalmente acompañado por algún neófito o personajes en ínfima forma física...
Ello ha desembocado en una forma lamentable en mí, desconocida, apabullantemente triste.
Ayer me percaté cuando, en un momento dado, decidí hacer una ruta un poco más larga de lo normal. En previsión de fortuitas consecuencias decidí ir en coche hasta la cercana localidad de Aljaraque y salir desde allí, para así ahorrarme los 14 km de carril bici horrible entre mi casa y ese punto. A ver, los podía haber hecho, pero no me gustaron las sensaciones cuando llegué de vuelta al coche con las piernas doloridas.
No hay excusas, llevo varios días sin hacer nada, he dejado descansar a mi cuerpo lo suficiente como para tomar la bici on fuerzas suficientes.
Pero he ido solo, con tiempo, con ganas de hacer trecho. Cuarenta y cuatro kilómetros de todo campo a través, he llegado hasta el final de El Rompido y he bordeado el campo de golf por los senderos acondicionados al uso senderista, he cruzado eucaliptales, atravesado trampas de arena, recorrido numerosos singletracks, retorcidos senderos, sorteado charcos, he embarrado la bici con alegría y sin miedo.
Y me han dolido las piernas. Sensación olvidada. Y ahora recuperada. Recuerdo cuando no hace ni un año todos los días hacía 50 ó más km. Y llegaba a casa tan fresco...
Hoy me he levantado como nuevo, estoy bien, ni cansado, ni fatigado ni resentido. Es raro. Todo esto es raro. ¿La edad? ¿La encomienda multidisplinar a variadas maneras de entretenimiento físico?
Qué se yo.

No paré ni para echar una instantánea recordatoria, y la hice montado por un caminito, para no perder tiempo ni cortar el ritmo:

Photo diferente para un día diferente
Bueno, les dejo, que salgo a correr un poco. Sólo un poco, eh!

Bayerische café







cita:

viernes, 25 de enero de 2013

El negro rebelde

La historia real, y la historia del cine, está plaga de leyendas humanas en forma de hombre negro. Desde el ya lejano Kunta Kinte, pasando por los políticos de los movimientos de liberación norteamericanos, hasta el púgil más grande entre los grandes, Clasius Clay, y otros muchos que me dejo en el tintero.

Y ahora, Quentin Tarantino viene a contarnos una historia más, ficticia, sobre otro negro liberado, rebelde, llevado a su situación mental por causa de los que en su día le oprimieron.
Y es que es ello, la venganza, el odio, el alimento que nutre este filme del ya de por sí bastante violento director. De todos es sabida la afición de Quentin por la sangre, y aquí no podía faltar su ración de embadurnamiento al estilo del coche en que fue accidentalmente muerto un joven en Pulp Fiction, o similares circunstancias en Reservoir Dogs, Kill Bill y tal y cual: esa escena en que las paredes de un pasillo se ven embardunadas, estilo gotelé, del rojo líquido sanguinolento.
Sin Animo de spoilear la peli, creo que sabrán que hablo de:



Con el elenco de magníficos participantes en la obra, el gran Christoph Waltz a la cabeza -a quien adoro después de Malditos Bastardos y Un Dios Salvaje-, es casi inevitable pasar un rato no agradable, sino muy reconfortante y liberados, nunca mejor dicho. Ya está bien de pelis del Oeste mojigatas y previsiblemente ridículas en su concepto, llenas de héroes absurdos al estilo John Waine. ¿Dónde están los que hacían pelis como Solo ante el peligro? Vale, Fred Zinnemann, después de ganar cuatro estatuillas por su labor directora, falleció tiempo ha. Pero, ¿no hay creadores con estilo y los arrestos suficientes para hacer un western de calidad?
Menos mal que siempre nos quedará Quentin, cuyas incursiones en diversos y variopintos géneros nos demuestra que domina como pocos el arte de la creación de guiones -como es el caso- y la llevanza de la realización de la obra cinematográfica con avanzada visión y calidad más que contrastada.
De acuerdo, se pasa un poco con alguna escena rayana en el gore, pero eso le da crudeza a algunas escenas que, pienso y comparto, es necesario para remarcar la situación que viven los personajes.

Jamie Foxx es Django, con la D muda, un esclavo liberado que toma la senda de los cazarrecompensas, instruido por un alemán dentista que acaba convirtiéndose en su mentor y amigo, con el fin último de liberar a su esposa, Brujilda, quien sirve en la plantación de Leonardo di Caprio, asistido por Stephen -encarnado para la ocasión, magníficamente por supuesto, por Samuel Jackson, actor fetiche de Tarantino- en su papel de esclavo con ventajas. No hay mucho más que contar, porque el argumento es así de sencillo. El intríngulis es cómo hacer que esa banalidad argumental se haga interesante, y Quentin lo consigue, como siempre, en primer lugar por sus acertados diálogos, la caracterización de los personajes, la habilidad de enseñar lo justo, con algunos brevísimos flashbacks, lo bárbaro de algunas escenas... lo que viene siendo Tarantino en su salsa, sin ir más lejos.
Merece destacar la fotografía cuidada, dado que gran parte de la acción se desarrolla al aire libre, y EEUU se presta a ello con pasiajes de todo tipo: montañas nevadas, parajes arbolados, plantaciones enormes, la pantanosa Mississipi, y tal y tal.

Se agradece el cameo de algunos actores, entre los cuales se encuentra el mismísimo Tarantino, y también los guiños ácidos y humor negro de la cinta que tanto me mola. Ja ja ja, lo que me pude reir con la escena del ataque de los seudo  Ku Klux Klan...

Bueno, aquí lo dejo sin antes advertirles, por si no se habían dado cuenta, de que Django desencadenado es una peli merecedora de ser vista, altamente recomendable, aunque tampoco es para lanzar cohetes, cuidado, a menos que uno sea entusiasta Tarantinófilo... Un ocho, como mínimo, hay que darle, estando el panorama como está.

Maui

Es lo que tiene Maui. Uno ve este video y, bueno, puede figurarse que Jason y Robby son profesionales bien pagados y esponsorizados... Pero si siguien visualizando, al pasar la mitad más o menos, pueden ver que comparten olas con otros muchos locales. Es lo que tiene vivir en uno de los mejores sitios del planeta para estas cosas:

miércoles, 23 de enero de 2013

historias oceánicas

Ruben Lenten es un completo desconocido para el público de a pie. Incluso para muchos practicantes del cometeo. Todo tiene su porqué, no se crean.
Este joven tiene un único objetivo: volar, cuanto más alto y lejos, mejor, únicamente ayudado por una cometa y una twintip en sus pies, lo que ya es bastante. Lleva al extremo a un deporte que practicado en su ámbito más chichinabesco ya es bastante extremo y peligroso.
Pasa las horas devorando el windgurú, estudiando los partes metereológicos, y allá donde vislumbra la posibilidad de ciclogénesis explosivas, cuanta más baja presión mejor, allá que hace las maletas y se pira a su encuentro.
Comenzó en ello a los 12 años, y llegó a convertirse en parte de los escogidos del circuito mundial, pero lo abandonó por no estar conforme con el sistema de puntuación... Fue entonces cuando se convirtió en un más firme soul surfer, y se enfrascó en una búsqueda personal totalmente diferente. El reto era, es, él mismo.
¿Quién dijo frío? ¿Quién dijo huracán? ¿Quién dijo miedo?


Pasemos a otro tema, a otra historia. Kelly Slater sí que es más conocido. Bueno, quizá en mi oficina sólo haya una persona que ha escuchado ese nombre alguna vez, pero en el ámbito marítimo del arte del deslizamiento sobre una tabla aprovechando la fuerza de la ola decir Kelly Slater es como nombrar a Dios. Es el Robby Naish o Bjorn Dunkenberk del windsurf, el Messi del fútbol, el Federer del tenis, el Valentino de las motos. Es el amo y señor de la ola, y sus once títulos mundiales así lo certifican. Se acerca el fin de su reinado, y tiene proyectos vanguardistas a la vista, y, como no podía ser de otro modo, si están relacionados con el sufr, pues mucho mejor.
Llegamos, pues, a donde quería yo. Todos hemos estado alguna vez en una piscina de olas, ¿verdad? Sí, esas horribles bañeras atestadas de grasientas señoras embadurnadas en aceite solar de los parques acuáticos...
Pero hay que darle una vuelta de tuerca al concepto, y con un poco de imaginación y otro mucho de ingeniería, lograr materializar esto, que es algo en lo que una de esas señoras no entraría en la vida:

Primeras imágenes de la piscina diseñada por la empresa de Kelly Slater | KS Wave Co
Ola infinita en un parque temático, diseñado por KS Wave Co.
Australia será el primer país que goce de tal grandiosidad maravillosa entre las maravillas grandiosas, si es que finalmente ve la luz.
Ojalá alguien se decidiera a hacer algo así en las costas andaluzas para potenciar la oferta turística y añadir algo nuevo y no lo típico y rancio y aburrido e incluso soez de lo sota-caballo-rey a lo que estamos acostumbrados.
Les pongo una pequeña retrataúra del calvito de oro:

Kelly Slater. | ASP | Kirstin Kelly Slater. | ASP | Kirstin

Gracias al diseño circular de la piscina, las olas pueden ser configuradas en función del nivel del surfista con una altura máxima de algo más de dos metros y con un movimiento continuo. Vamos, una ola a la carta... brutal!!!

Seguimos con Kelly.
Con cuarenta primaveras a sus espaldas, la edad a la que yo comencé a practicar kitesurf, Slater es el surfero con más títulos mundiales, como dije más arriba. Ahora, en Hawai, trata de obterner la decimosegunda corona en la última prueba del circuito, el Billabong Pipe Masters. Nadie ha conseguido tantas victorias como él, siendo el más joven (con 20 años) y el más viejo (39) en hacerlo. Pero, aunque su depurado surf ha servido de inspiración a un par de generaciones, ahora se nos ofrece otra perspectiva, o mejor dicho, otras perspectivas para poder ver su genialidad. Todo ello gracias a cuarenta cámaras Gopro, tan populares ellas (¿quién no tiene una? pues yo no tengo, ea).


Grunge



martes, 22 de enero de 2013

Bayerische Motoren Werke

habermannandsons:

Green BeeEmm


BMW

motorcyclesanddesign:

Best looking BMW cafe I have come across!

Via Inazuma Café









viento, mar, olas, frío, borrasca, noroeste

Estos días atrás, hasta hoy, incluso mañana, nuestra zona ha sido atravesada por una borrasca. El paso de una borrasca es la única oportunidad de que sople algo de viento en la costa sur occidental durante la época invernal, a la espera de que avanzada la primavera comiencen a hacer su aparción los vientos térmicos de Poniente típicos de aquí.
Al contrario que los térmicos, lo que la borrasca trae suele ser más o menos fuerte, racheado, y habitualmente de componente Norte o Noroeste, y raros son los días de viento de Poniente. Lo ideal es que el viento sea on shore, es decir, del mar hacia la costa, o como máximo paralelo a la costa. Queda terminántemente prohibido navegar con viento de terral, que es el que va del interior hacia el mar.

La falta de viento hace que los aficionados al windsurf y al kiteboarding estemos enganchados constantemente al Windguru, y nos vemos obligados a viajar de aquí para allá en busca de las mejores condiciones, como nómadas del viento, como vagabundos del surfeo, aguzando la investigación y afilando el ingenio para navegar en los sitios más favorables.

Así, últimamente he podido descubrir un spot secreto en Isla Cristina para navegar con Nornoroeste; he ido al Caño de la Culata, en el Portil, como ya he narrado anteriormente, he estado en la Canaleta, el spot que me vió hacer los primeros bordos; y hoy, como algo excepcional dada la dirección del aire en movimiento que venía del Noroeste, hemos estado en Mazagón.
Mazagón, es un sitio de veraneo típico. En invierno está muerto, más que muerto. Es raro ver un alma paseando por la playa, y menos un día raro como hoy, en el que toda la mañana ha estado lloviendo a ratos. Un día feo, gris, invernal. Y ventoso, muy ventoso.

Dejé pasar la mañana, currando en la oficina, mirando de soslayo a través de la ventana cómo las ramas de los ficus benjamina se movían sin cesar.

Por fin llegó la hora de la salida, un almuerzo rápido -spaguetti a la putanesca, deliciosos-, y hacia Mazagón, donde ya me esperaba Javi, 23 km justos desde mi casa. "Coge la cometa pequeña", me dice. Saco la Nomad de 9 metros del maletero, y mientras la inflo, la arena me pica en los tobillos. Una mariposilla cosquilleaba en el estómago. Un spot nuevo, unas condiciones desconocidas, unas olas, en series de tres, de más o menos un metrillo de altura... y viento racheado, fuertecillo. Javi me vigila, espera a ver cómo me desenvuelvo. Me cuida.
Me enfrento por fin a la rompiente, sin miedo, decidido. Me cuesta un par de intentos, pero no cejo en mi empeño. Constancia, timing, oportunidad, y de repente ya estoy deslizándome, planeando mar adentro, perpendicular a la playa, hacia el fondo. El reflejo del sol sobre el mar me daña los ojos y tengo que mirar en ángulo extraño. El viento es muy racheado, ahora todo, ahora nada, la cometa se mueve mucho, es rápida, pero predecible en su potencia, fácilmente frenable, divertida.
Alguna ola que otra me hace despegar por pura velocidad, como una rampa. Son saltos tipo snowboard, los controlo bien. Me voy animando, juego con la tabla, esquivo espumas, tiro de la barra, bajo la cometa a saco, no dejo que la velocidad se venga abajo. Disfruto mucho. Es hora de volver y doy la vuelta entre ola y ola, a trancas y barrancas. La cometa es muy rápida, no estoy acostumbrado y toco el agua con el culo, pero no me sumerjo del todo y enseguida estoy encarado hacia la playa. Ahora voy en la dirección de la ola, y empiezan a ocurrir cosas extrañas, fenómenos dignos de análisis, pero que rápidamente asimilo y comprendo, y aprendo a aprovecharlas a mi favor: cuando alcanzo a una ola por detrás, porque avanzo más rápido que ella, hay un momento de falta de viento, la cometa casi se cae, la tabla casi se hunde. Hay que remar, hay que mover la cometa sinoidalmente para que aumente el viento aparente. Ya estoy justo sobre la cima, on the lip. Veo delante de mí la rampa de bajada, un último tirón y... ¡para abajo! ciño a lo bestia, busco la diagonal, me encuentro en el bottom de la ola y noto el empuje bestial, la cometa es ahora una catapulta, y el agua aquí y ahora está tan lisa como un espejo que se curva a mi izquierda. Son sólo unos segundos, un par de pequeños giros para ajustar la velocidad y no salirme de la ola, cuando veo que me acerco demasiado a la orilla. Es el momento de dar la vuelta y volver a adentrarme en el mar, huyendo de la rompiente, para empezar de nuevo.

Esa ha sido la tarde de hoy, algo nuevo, radical, emocionante. Rachas de más de 30 nudos, algún vuelo descontrolado... pero me quedo con las increíbles sensaciones vividas. Ahora es el momento del análisis, de la causa-efecto, de asimilar lo aprendido.

Les dejo esta instantánea justo antes de irme, cuando ya los tres cometeros y los cuatro o cinco windsurfers nos habíamos salido después de que el viento bajara su intensidad, para que aprecien la belleza de una tarde de invierno:


Una playa magnífica. Cada día es diferente, y si no, comparen con esta otra toma del pasado domingo en el Caño:


Ahora, el relax, en compañía del limitador y este licor de almendra amarga, cortesía de mi amigo Alberto, de Zalamea:

lunes, 21 de enero de 2013

cinema review

La noche más oscura es, en general, y sin necesidad de que pase el resto de los 344 días que le quedan a este año, el bluff más grande del 2013. Y lo digo sin quitar mérito al anterior GRAN trabajo de Bigelow, The hurt locker, traducida como En tierra hostil, o cualquiera de las otras no tan curradas pero igualmente llamativas en su día, y, sobre todo, entretenidas y con las que disfrutar del CINE, con mayúsculas, como Point Break -Le llaman Bodhi-, o la impactante Días extraños, una gran peli que he visto cuatro o cinco veces, con un guión currado y un argumento que se sale.
En cambio, Zero Dark Night es todo lo opuesto: aburre hasta la saciedad, no tiene argumento, el guión es de pena, y el desenlace, por previsto y sabido, totalmente carente de emoción o sorpresa. En resumen, las dos horas y media peor empleadas de los últimos meses, lo que es mucho decir. No se la recomiendo a nadie, salvo, claro está, a los norteamericanófilos de turno, y por ello, porque el tema huele a venganza cinematográfica para mayor gloria de los cuerpos de inteligencia y de asalto de EEUU, uau, america powah, estoy seguro de que alguna estatuilla se llevará, lo que indicará una vez más lo indicativo del glamour de Jólibu. No le dedico ni una línea más a este bodrio, ni pogo pictograma de ello. Incalificable.

Por otro lado, ese actor tan irregular como simpático y cercano en su vida fuera de la pantalla, antaño sex symbol de quinceañeras, me devuelve la fe en el Séptimo Arte con Jack Reacher, un thriller en toda regla, con dosis de acción que entretienen, frases acertadas y humor ácido a ratos. El cócktail idóneo para una noche de lunes mientras descanso mi cuerpo del tute del fin de semana. Cerca, aunque no de una intensidad tan brutal como Collateral, es un filme entretenido, con un guión digno de ese nombre, algún que otro giro inesperado y presenta un esquema que se completa con la aparición de algunos actores consagrados como valores seguros. Basada en una serie de novelas de Lee Child, obviamente espero que haya secuela y/o precuela, que desde luego iré a ver. Un 7´5 es lo mínimo que se puede otorgar a esta obra que se sale de lo común por mezclar temas, y que me ha recordado un poco a las pelis de Harry el Sucio, convenientemente pasadas por el tamiz del tiempo y adaptada al gusto del público actual.