martes, 12 de marzo de 2013

Grande

Lo he calculado, y estoy seguro de que el GRAN Robby Naish es de los pocos que tienen más de 10.000 horas de navegación en su vida. Con creces.

Me he quedado corto, seguro.

Para despejar dudas, aquí lo vemos pletórico y elegante celebrando su cincuenta cumpleaños.

Ole. Y ole.

domingo, 10 de marzo de 2013

W O W

Cosa más preciosa, mother of the beautiful love!!!
El minimalismo al poder. Quítese todo lo que sobra en una normalmente anodina Guzzi, píntela de un color sobrio (los valientes visten de negro), y con un par de detalles adecuados obtendrán esto:







Me encantan las formas del del conjunto depósito/asiento/colín. Me chiflan las llantas de 16" con gomas de perfil alto. Me flipa el contraste de la refrigeración líquida en conjunto con los frenos de tambor. O la horquilla invertida y la simplicidad del monoamortiguador anclado directamente al basculante rígido sin articulación en el cardán.
Gloriosa, sencillamente.

miércoles, 6 de marzo de 2013

airstyle

Fueron los inicios del cometeo, kitesurf, o tambíen conocido como pandorguismo playero. La cosa de coger más y más aire fue lo que enganchaba, y engancha, de esta actividad. Los primeros años, los kiters pegaban unas voladas de aúpa, y se puede comprobar en los videos viejunos demostrativos, con el gran Robby Naish entre otros, flotando durante interminables momentos sobre las aguas.
Luego llegó la época del estilo wake, el freestyle, con trucos en potencia en los que, desenganchados del arnés, cuantas más volteretas des, más puntuación sacas en los campeonatos...
Y de entre todos estos saltadores de hoy, de repente sale Toby, el del video que les cuelgo a continuación, que pasa de modas y sigue con su forma de hacer las cosas al modo de la vieja escuela, oldschool. A él le gusta llamarlo "airstyle":

El agua plana del Portil, y condiciones ideales de viento para ir y venir ganando terreno a barlovento sin sufrir fuertes tirones, ha hecho que haya disfrutado de una placentera tarde, la octava del año, pudiendo comprobar que mi rodilla va por buen camino y todo quedó en un susto. Menos mal. Salí muy contento, aunque la sesión fue breve... o es que simplemente me quedé con ganas de más, pero es que no pude comenzar antes por otras obligaciones. En fin, al final, después de guardar el material y vestirme de persona, estuve hasta que casi se hizo de noche charlando con unos y con otros, que es otra buena cosa que tiene esto del pandorguismo: une mucho. Ha sido guay.

martes, 5 de marzo de 2013

trail extremo

Ya puse el video de los rusos chalaos, también alguna foto de motos viejunas, y es posible que en el pasado colgara algún otro filme de Muebleuwe GS800.
Le toca el turno a las Tiger 800XC, en este montaje patrocinado por Icon, un fabricante de ropa técnica de protección para deportes extremos. En él, un par de pilotos de cross hacen todo tipo de diabluras con dos motos que van adaptando a las diferentes circunstancias, básicamente cambiando neumáticos. Los más avispados verán que ahora salen con guardabarros delantero, luego no, después sí de nuevo... y otros detalles.
Por lo demás, salvo los escapes y unos pocos aditamentos (cubrecárter, defensas de motor), las motos están de serie. Es largo, pero entretenido porque van por todo tipo de caminos, bosques, nieve, desierto, playa, ciudad, campo abierto...

trail viejuno

lunes, 4 de marzo de 2013

Pantah!







Espada de fuego

En 1992 hubo una conmoción en el minoritario mundo de los aficionados a las motos deportivas: apareció en la escena la Honda Fireblade, la mítica CBR900RR, sí, sí, doble erre, que mola más. Fue la primera RR de la historia, y todo tiene su porqué. CB era por tener cilindros en número par y en disposición en línea transversal, la primera R era reservada a las deportivas (igual que sin ella estaríamos ante una naked, y con una F, de fairing, ante una moto carenada), 900 por la cilindrada, a medio camino entre las populares 750 y las excesivas 1000, y la RR final de "racing replica".


1992

Honda prometía la manejabilidad de una 750 con la potencia de una 1000... pero en realidad quedaba entre dos aguas, y no daba ni lo uno ni lo otro. Tenía otras características peculiares, como la obstinación de Tadeo Baba, el alma máter inspiradora del proyecto, por que su llanta delantera fuera de 16 pulgadas de diámetro para mayor manejabilidad... pero lo que logró en verdad es que la moto fuera muy delicada de tren delantero. Sus meneos a alta velocidad, en cambios de rasante o en cambios bruscos de dirección eran fenomenales, y el concepto de "shimmie" se convirtió en algo habitual en los cafés de los quemados de fin de semana.


La segunda en 1996, entre nosotros "la vaquita"
Se fue pasando de los originales 893 cc y 124 cv de la primera versión, a 918 y 130 en la segunda; pasando por los 929 cc y 151 cv de la tercera, por fin con inyección electrónica, que vino acompañada por un considerable aumento de peso, llanta de 17, y cifras mentirosas en banco de potencia y prestaciones reales, como se comprobaría fácilmente después.


Tercera versión, año 2000, engordando.
La cuarta versión fue la de 954 cc, ya en 2002, y aunque prometía la misma potencia que la anterior, era una máquina mucho más ágil, explosiva y emocionante. Y además bonita, la verdad. Se hizo un esfuerzo en contener el peso, y fue la primera vez que se montó de serie unos discos de freno delanteros de 330 mm de diámetro.


Versión 2004, cada vez menos 900, cada vez más lejos del concepto.
Pero en 2004 llegó la primera CBR1000RR, con una estética totalmente nueva: escapes bajo el colín de aspecto monoplaza, doble faro con tomas ram debajo, chasis y basculante monolíticos, larga distancia entre ejes, y un extraño amortiguador de dirección electrónico. Esta moto coincidió en el tiempo con mi Ducati 999, y tuve ocasión de probarla en la sierra gracias a mi amigo Gabi, en una tarde de intercambio. Recuerdo que no me gustó mucho: era dura de mover entre las curvas, el motor no acababa de explotar, los frenos eran de pena, y al lado de mi Ducati la moto parecía un buque por su anchura y tamaño y general. Tenía 998 cc y declaraba 172 cv de potencia. Este modelo recibió un lavado de cara en el año 2006, con cambios en la parte delantera del carenado y algunas partes internas del motor.
Finalmente, en 2008, llegó a los concesionarios una versión totalmente renovada que nada compartía con todo lo anterior... pero esa es otra historia.


2004-5, en tono oscuro. Afilada y rápida, sobre todo en recta.

El caso es que el viernes fui a Sevilla en moto con unos amigos, y a la vuelta cambié mi moto con Pedrito, que tiene una CBR1000RR de 2005 con algunas mejoras: amortiguador y muelles de horquilla Olhins, escape completo, Power Commander, latiguillos metálicos, desarrollo acortado... y cerca de 40.000 km.
Bajarme de la mía y circular con esa Honda fue como atravesar un portal dimensional.
La Fireblade 1000 de Pedrito es la mejor Honda que he probado: muy potente, demasiado quizá; mucho más manejable de lo que yo recordaba, al nivel de mi Susi, y muy muy suave, sin vibraciones. Quizá ese manejo tan ligero se deba a que el amortiguador sea un poco más largo que el original, pero no le pregunté tal dato al dueño. Desde luego, la que probé hace años de Gabi no tenía nada que ver. En lo único que fallaba era en los frenos.
Cuando me monté de nuevo en la Minigixxer, volvía a la realidad. Se acabó el efecto hiperespacio, el botón on-off que era el acelerador de aquel monstruo impresionante, y vuelta al anodino mundo de las motos de 600 deportivas, muy revolucionadas, con vibraciones, ruido y pocas nueces. Al menos mi moto es más estrecha y eso gusta mucho, al menos a mí.

Tardaré en olvidar esa catapulta con ruedas que aceleraba por encima de la raiz cuadrada de 62.500 y más allá sin aparente esfuerzo.

No hubo ocasión de inmortalizar a la bestia, pero ya se la pueden imaginar, toda negra ella.

La no violencia

Leyendo anoche el blog de mi guruji, a quien tengo por maestro tremendo del arte del yoga, y a quien le debo mucho, o al menos bastante, de mi actual cuerpo y alma, leyendo su blog (como iba diciendo) vi que dedicó una entrada a la “ahimsa”, la no violencia, un punto importante, si no crucial, de Yama, la ética del yoga.
En esa entrada se habla de Ghandi como uno de los principales ejemplos y modelos a seguir en ello.

Aprovecho la ocasión que me brinda este pequeño espacio para exponer mi opinión, que difiere, en mucho, de la de mi querido gurú. Para mí, el político indio no era pacífico en absoluto. Hay muchas maneras de ejercer la violencia, y no quiero pensar que mis escasos o inexistentes lectores tomen por tal el mero y único acto de violencia física. Eso sería grosero, un entendimiento soez del concepto de “violencia”. Hay muchos tipos de violencia. Quizá para un niño pequeño sí, una bofetada, un empujón, sujetarlo contra su voluntad, sea la única manera de violencia que pueda comprender su cerebro. Pero a ese niño le queda mucho por aprender, y con el tiempo se dará cuenta de que hay violencias peores.
Hay violencias que no se manifiestan como esa forma básica y primigenia, violencia consistente en el no hacer, o en el no dejar hacer, o simplemente violencia verbal, gritar, amenazar, chantajear, abusar de poder, manipular. Hay violencia que se ejerce sobre nuestras personas y, es increíble, ni nos damos cuenta.

A menudo, por desgracia, la violencia sólo se puede combatir con violencia. Es raro el caso en que la verdadera violencia es contrarrestada con buenas palabras y raciocinio.

¿Hay algo más violento que una manifestación? En muchas manifestaciones, por no decir todas, un grupo de personas exigen algo en su provecho personal (algo que, por lo general, no afecta al resto de conciudadanos). ¿Quién no ha sufrido alguna vez un corte de carretera o de un puente o de la vía principal de su ciudad, causando molestias, perjuicios insalvables, incluso amenazas y daños materiales para, ay, aquel que osare ejercer su derecho de libre circulación por los espacios públicos? Oiga, en ejercicio de su derecho de manifestación usted se puede tumbar sobre el suelo de una carretera, impidiendo así la circulación normal de vehículos a menos que pasen por encima de su cadáver.
Eso, precisamente eso, es un claro ejemplo de violencia. Un chantaje en toda regla, una imposición de un ser sobre el otro para alcanzar un fin egoísta y personal. Y al vecino que le ondulen.
Normalmente la cosa no pasa de ahí. En casos extremos puede haber luchas callejeras como ocurría con los Astilleros de Cádiz cuyos trabajadores cortaban constantemente el puente de acceso a la ciudad y tenían que intervenir las fuerzas armadas para poner orden. Para algunos, increíblemente, eso no es violencia.

Imaginen ahora que alguien quiere lograr algo, y para coaccionar al Estado, al poder público democráticamente elegido por todos, por todos, decide tumbarse sobre la vía del AVE impidiendo su circulación y perjudicando a cientos de pasajeros. ¿Hay algo más violento? A ver, lo hay, claro está. Pero esa actitud es bastante violenta, y seguramente haya que solucionarla por la fuerza. Ah, pero él estaba pacíficamente tumbado en la vía, no estaba haciendo daño a nadie…

Volvamos a Ghandi, el gran ejemplo de la Ahimsa. Ciudadano ejemplar de un estado en vías de desarrollo, bajo la protección y dirección del Reino Unido, se unió al clamor que quería y pedía la libertad, la independencia y la marcha, o expulsión en su caso, de los ingleses de la India, a la que había exprimido hasta la saciedad. Claro caso de violencia contra violencia: los ingleses estaban ejerciendo una supremacía militar, obraban con fuerza; los indios, unos más explícitamente violentos que otros. Porque hubo indios violentos, claro que los hubo, en el sentido más común del término, que atentaban contra la autoridad de la Reina de Inglaterra. Hasta que Ghandi encontró la manera de ejercer la violencia “pacíficamente”, y vendió ese rollo a todos sus seguidores, e incluso a quienes no lo eran (porque tenía muchos enemigos, como todos los políticos, y de hecho acabaría asesinado, como supongo todos ya saben), pero que le apoyaron en su momento porque les interesó. A muchos interesaba una liberación del yugo anglosajón.
Pero sus métodos, lejos de ser pacíficos, eran meros y comunes chantajes y coacciones. Es cierto que él no iba pegando mamporros por la vida, pero sus mamporros eran de otro tipo. Quizá era la mejor opción dentro de la violencia, porque a la violencia hay que responder de manera proporcional (en caso contrario, el que reprime la violencia se convierte en abusador o ente de peor calaña incluso), pero violencia al fin y al cabo. De hecho, pregonaba públicamente la total fidelidad a los dictados de la conciencia, llegando incluso a la desobediencia civil si fuese necesario...

Mira, mira qué cara de buenín!!!

Porque, digo yo, ¿cuántos actos de nuestra vida no se rigen por la violencia? Lo que ocurre es que la violencia se ha civilizado de tal modo que acaba por pasar inadvertida, como ya dije al principio.

Epílogo:

plegable!!

Siendo yo un chaval, la segunda bici que poseí fue una G.A.C. de paseo, plegable. Era muy muy muy pesada, tenía transportín y hasta luces, delante y detrás, cuya electricidad era suministrada por una dinamo que iba a la rueda delantera y que, cuando estaba conectada, era insufrible por el freno que suponía. De color roja, la recuerdo con nostalgia, pero también con odio.
Yo hubiera querido una Motoretta.

En fin, ayer, más de treinta años más tarde, tuve la ocasión de probar una bici plegable moderna, una de esas bicis que tan de moda se van poniendo en las grandes ciudades. Pero no se crean que fue una Brompton, que eso es gama alta y de lo mejor y bastante caras, por cierto. No.
La Monty F-19 es el objeto de mi discurso. Monty, antaño fabricante de magníficas bicis de BMX y de trialsín, tiene ahora su parcelita en este nicho de mercado moderno que son las bicis plegables, la solución perfecta para el ciudadano joven con poco espacio en su cuchitril de soltero, que le permite circular a los sitios de moda o a su lugar de trabajo de una manera ecológica y políticamente correcta.
Yo sigo prefiriendo ir en moto, y si es a escape libre, mejor aún. Es mi venganza por los fuegos artificiales de las Fiestas Colombinas, o los cohetes del Rocío, o los petardos de Navidad, o los ruidos de cláxon, gritos, algarabías, alborotos y más cohetes y petardos cada vez que el Real Madrid o el Barça ganan algo.

La Monty F-19 es una bici curiosa, supongo que como todas las plegables de ruedas pequeñas de hoy. Es muy fácil de plegar y desplegar, y tiene soluciones ingeniosas para hacer que los pedales ocupen menos espacio, y que no te rompas las uñas doblando el cuadro en tres partes, bajando y subiendo la tija del sillín, y tal y cual.
Pero a mí lo que me gusta es la dinámica de la bicicleta, y como tal, ésta cumple a la perfección. Es un velocípedo muy fácil de conducir, y pude comprobar además que simplemente subiendo o bajando el sillín, se adaptaba perfectamente a mí, a mi limitador, a mis dos cuervos e incluso a mi sobrina de seis años.
Esta cosa mola, y para muestra, un botón:

El atuendo hipster no es impresdindible, pero un jersey con coderas y una gorra para la calva ayudan un poco al rollito neo-snob, ¿o no?

Se nota que los ángulos están estudiados, y sus componentes tienen una calidad aceptable dado el uso al que va dirigido. Queda comprobar la durabilidad en buenas condiciones, y sobre todo ante un trato duro con lluvia o sol, el paso por baches sucesivos, algún choque imprevisto con bordillos y obstáculos móviles como otros ciclistas, perros y peatones desprevenidos...

La calidad no es para tirar cohetes, eso está claro, y poco más se puede pedir por lo que cuesta. La bici cumple, lo que ya es bastante, y se nota que se ha hecho un esfuerzo por hacer las cosas medio bien.
A mí, en definitiva, me ha gustado, aunque reconozco sus limitaciones de diseño y componentes, y estoy deseando poder comprobar lo que es una Brompton para flipar en serio.

viernes, 1 de marzo de 2013