Déjalo ir o sé arrastrado.
Proverbio zen
martes, 23 de octubre de 2012
lunes, 22 de octubre de 2012
sin excusas
Uno ve cosas como ésta y piensa que, la verdad, no hay excusas cuando de verdad se desea algo:
domingo, 21 de octubre de 2012
Los mártires
Busquen, si tienen interés, la historia de San Serván y San Germán. Yo no estoy dispuesto a ponérselo fácil, la verdad, fuera aparte que sea un tema histórico/mítico que poco me interesa.
Allende en la tierra de mis ancestros, de donde mi sangre procede, estuve este fin de semana, disfrutando de unos días en familia con unos amigos.
En una casa que fue rehecha prácticamente desde los cimientos hace pocos años, y que poco a poco, debido al abandono, volverá a autodestruirse con la ayuda del tiempo y los elementos, pasamos las horas magníficamente, pues la vivienda, al estilo de las grandes casas de pueblo extremeñas, es enorme en el tamaño de salón y habitaciones, y dispone de patio trasero e incluso corral. O sea, sitio es lo que sobra allí.
Con los sucesivos viajes de los tres hermanos que somos, poco a poco la hemos ido acondicionando para estos viajes relámpago de fin de semana, con cosas que nos facilitan y hacen atractiva la estancia, como una buena barabacoa, mesas y sillas a tutiplén, una segunda tv para que los niños jueguen un rato a la Wii, y tal y cual.
En el camino de ida paramos en Monesterio a comprar carne de cerdo ibérico de pata negra auténtica. Solomillo, presa y lomo, para la barbacoa y la plancha. ¡Simplemente espectacular!
El sábado nos levantamos cuando el cuerpo nos lo pidió, desayunamos tranquilamente, y luego subimos entre una espesa niebla hasta la sierra -pequeña montaña- que limita por el Norte con el Pueblo, para hacer la oportuna visita y expedición a la conocida como "piedra resbaliza": una losa inclinada y pulida por el culo de miles de arroyanos y visitantes durante los siglos, y que oficia de tobogán natural:
Pues sí, no es gran cosa, pero llegar hasta allí es lo más interesante. Como digo a mis más allegados, el camino es lo importante. No obstante, los críos no dudan en tirarse una y cien veces... y algunos mayores también, que casi he destrozado los vaqueros!!
En fin, camino de vuelta, barbacoa con un día cojonudo después de levantarse la niebla, que acabó tal que así:
Buena compañía, risas, comentarios, alegrías, visitas a familiares... las cosas propias de los viajes a Arroyo.
El domingo me levanté con ganas de más ejercicio, conque animé a todos los demás a coronar la cima de la montaña hasta llegar a donde se encuadran un montón de antenas enormes. Se creó hace tiempo una pista que serpentea en giros de 180 grados para permitir a los de mantenimiento acceder a tan inhóspito lugar.
Decir que los otros tres adultos que venían se dieron la vuelta en los primeros cuatrocientos metros. Yo, en cambio, decidí llegar al final. Me acompañaron los tres niños en la expedición:
Se me olvidó encender el Endomondo en la subida, pero lo utilicé en la bajada para saber cuánto y cómo, y este es el resultado:
Allende en la tierra de mis ancestros, de donde mi sangre procede, estuve este fin de semana, disfrutando de unos días en familia con unos amigos.
En una casa que fue rehecha prácticamente desde los cimientos hace pocos años, y que poco a poco, debido al abandono, volverá a autodestruirse con la ayuda del tiempo y los elementos, pasamos las horas magníficamente, pues la vivienda, al estilo de las grandes casas de pueblo extremeñas, es enorme en el tamaño de salón y habitaciones, y dispone de patio trasero e incluso corral. O sea, sitio es lo que sobra allí.
Con los sucesivos viajes de los tres hermanos que somos, poco a poco la hemos ido acondicionando para estos viajes relámpago de fin de semana, con cosas que nos facilitan y hacen atractiva la estancia, como una buena barabacoa, mesas y sillas a tutiplén, una segunda tv para que los niños jueguen un rato a la Wii, y tal y cual.
En el camino de ida paramos en Monesterio a comprar carne de cerdo ibérico de pata negra auténtica. Solomillo, presa y lomo, para la barbacoa y la plancha. ¡Simplemente espectacular!
El sábado nos levantamos cuando el cuerpo nos lo pidió, desayunamos tranquilamente, y luego subimos entre una espesa niebla hasta la sierra -pequeña montaña- que limita por el Norte con el Pueblo, para hacer la oportuna visita y expedición a la conocida como "piedra resbaliza": una losa inclinada y pulida por el culo de miles de arroyanos y visitantes durante los siglos, y que oficia de tobogán natural:
Pues sí, no es gran cosa, pero llegar hasta allí es lo más interesante. Como digo a mis más allegados, el camino es lo importante. No obstante, los críos no dudan en tirarse una y cien veces... y algunos mayores también, que casi he destrozado los vaqueros!!
En fin, camino de vuelta, barbacoa con un día cojonudo después de levantarse la niebla, que acabó tal que así:
| Tarrta casera de galletas y chocolate, café au lait, y Legendario con limón a mansalva |
El domingo me levanté con ganas de más ejercicio, conque animé a todos los demás a coronar la cima de la montaña hasta llegar a donde se encuadran un montón de antenas enormes. Se creó hace tiempo una pista que serpentea en giros de 180 grados para permitir a los de mantenimiento acceder a tan inhóspito lugar.
Decir que los otros tres adultos que venían se dieron la vuelta en los primeros cuatrocientos metros. Yo, en cambio, decidí llegar al final. Me acompañaron los tres niños en la expedición:
| Pepe descubriendo, maravillado, la hermosura de la naturaleza |
| Cerca de la cima. Arroyo de San Serván al fondo. |
| Desenfocado y con bruma mañanera, al fondo está Mérida. |
jueves, 18 de octubre de 2012
Reborn: la fuerza del viento
Hace unos días estuve en la playa con los críos, pequeños que cuervos que igual que me quitan la energía igualmente me dan vida. Les estuve montando unas cometas, y entre pitos y flautas tardé más de la cuenta en meterme en el agua con la mía.
Se me pasó la mejor racha de viento, y me costó encontrar mi lugar entre el oleaje orillero para ir y volver sin problemas.
Un domingo sigue siendo un domingo, y si entre semana en condiciones propicias de rasca podemos ser cuatro o cinco cometeros en La Canaleta, el fin de semana lo multiplica por cuatro.
Hoy por hoy ya no es eso un problema o causa de preocupación para mí, porque empiezo a defenderme sobre la tabla.
Inesperadamente, la cosa empezó a funcionar sobre las siete de la tarde, un poco tarde valga la redundancia. De modo que me pegué unos cuantos largos disfrutables, aprendiendo a dar la vuelta sin caerme, quemando etapas, subiendo escalones. No me cercioré de Manu en la orilla tomando instantáneas con su pequeña cámara a pilas...
Deben perdonar la calidad, pero entre el viento, el movimiento del sujeto a inmortalizar, y la calidad misma del aparato empleado -Canon PowerShot A410, 3.2 megapixels-, esto es lo máximo que pudo hacer:
¿Quién me lo iba a decir a mí, que a estas alturas de mi vida iba a aprender algo nuevo?
El kitesurf es algo bello. Puede ser salvaje, y también light. El hecho de controlar la potencia -que puede ser brutal- de una cometa tan grandota a través de una barra y un arnés, el equilibrio sobre la pequeña tabla, la lucha constante por ganarle terreno al viento, el surfeo de las olas, el salto, la curva, la estela que dejas en el agua, el abanico de salpicaduras que levantas...
Es emocionante, de verdad, te hace sentir vivo.
Vivo.
Post scriptum: ¡gracias, Manu!
Se me pasó la mejor racha de viento, y me costó encontrar mi lugar entre el oleaje orillero para ir y volver sin problemas.
Un domingo sigue siendo un domingo, y si entre semana en condiciones propicias de rasca podemos ser cuatro o cinco cometeros en La Canaleta, el fin de semana lo multiplica por cuatro.
Hoy por hoy ya no es eso un problema o causa de preocupación para mí, porque empiezo a defenderme sobre la tabla.
Inesperadamente, la cosa empezó a funcionar sobre las siete de la tarde, un poco tarde valga la redundancia. De modo que me pegué unos cuantos largos disfrutables, aprendiendo a dar la vuelta sin caerme, quemando etapas, subiendo escalones. No me cercioré de Manu en la orilla tomando instantáneas con su pequeña cámara a pilas...
Deben perdonar la calidad, pero entre el viento, el movimiento del sujeto a inmortalizar, y la calidad misma del aparato empleado -Canon PowerShot A410, 3.2 megapixels-, esto es lo máximo que pudo hacer:
| A punto de arrancar |
| Arrancando |
| Enfilando pa dentro, clavando canto |
| De vuelta |
El kitesurf es algo bello. Puede ser salvaje, y también light. El hecho de controlar la potencia -que puede ser brutal- de una cometa tan grandota a través de una barra y un arnés, el equilibrio sobre la pequeña tabla, la lucha constante por ganarle terreno al viento, el surfeo de las olas, el salto, la curva, la estela que dejas en el agua, el abanico de salpicaduras que levantas...
Es emocionante, de verdad, te hace sentir vivo.
Vivo.
Post scriptum: ¡gracias, Manu!
miércoles, 17 de octubre de 2012
Bello
Uno de los patrocinadores y el reloj, impresionantemente bello, que por supuesto se llama "Stratos":
Fixie!!!
La moda de las fixies lleva ya un tiempo entre nosotros, aunque aquí abajo sea algo extraño y muy rarísimo de ver.
Como siempre pasa con estas cosas, Barcelona se lleva la palma, y pueden verse por sus calle verdaderas maravillas que poco tienen que envidiar a las virguerías estéticas que pululan por Londres o NY.
Españistán siempre ha ido a remolque con las modos, y una o dos temporadas de retraso son necesarias para que las cosas lleguen. Pero hoy día, con internet al alcance de nuestros dedos, constantemente actualizados desde el gayfón o dispositivo análogo, los tiempos se reducen, las distancias se acortan, las modas son globales, y los intereses casi también.
De modo que por mi mente ha pasado alguna vez la idea de hacerme de una bici de pista reconvertida a callejera impenitente. O viceversa.
Pero antes de dar el paso me he informado, he investigado los orígenes, los porqués, los pros y los contras. Y no es difícil darse cuenta de lo suicida que puede llegar a ser tal actividad: circular por la vía pública con una bici sin frenos, en la que no puedes dejar de pedalear, tiene tantos imponderables, pueden ocurrir tantas cosas que mejor prefiero ni pensarlo. Es de locos, verdaderamente.
El piñón fijo tiene un único objetivo: mínimo peso y máxima eficiencia en el pedaleo. Con una línea de cadena perfecta y el desarrollo adecuado, es la mejor forma de no perder vatios de potencia y maximizar la duración de los componentes sujetos a desgaste. Eso, para una pista ovalada de madera con grandes peraltes en sus dos curvas, puede ser lo ideal. Para circular alegremente por la calle, definitivamente, es una jodida locura propia de una mente perturbada.
En fin, que mi colega Antoñito Monkey -no me pregunten el porqué del apelativo, nunca lo supe, y a estas alturas ya importa poco-, un apasionado de la bicicleta, se ha comprado una. Vale, es una de baja estofa, pero nadie se va a gastar una pasta en algo para probar y que luego resulte rana, ¿no?
No sé ni la marca, pero tampoco me quita el sueño, la verdad. La fixie es lo que es: un cuadro, un par de ruedas, un manillar y unas bielas que siempre te empujan para adelante, tanto como tú las empujes a ellas.
Obsérvese la ausencia de sistemas de seguridad para la detención del vehículo. Bueno, pasemos ahora a las sensaciones que proporcionó el montarse en ello.
El problema principal no está en arrancar, sino en parar. Las bielas siguen girando mientras la rueda trasera lo haga, y en verdad, es tan sencillo como levantar las piernas y quitar los pies de los pedales, pero eso tan sencillo que aun niño pequeño le sale sin querer, a mí, que llevo décadas montando en bicis "normales", me costó dilucidarlo.
Un simple gesto como girar en redondo en una calle puede tornarse en algo complicado si tienes que sincronizar el pedaleo y teniendo cuidado de no tocar con ellos en el suelo al tumbarte. Bueno, eso puede venir de unas bielas demasiado largas para este tipo de bici, que suelen llevar longitudes inferiores a 165 mm, y no los 175 habituales.
No quiero ni pensar en parar ante un imprevisto -un perro que se cruza, un bache, una pelota seguida de un niño, un semáforo que se torna rojo cuando vas lanzado...-, que en una bici de éstas se puede convertir en causa casi segura de revolcón y heridas y contusiones varias. Madre mía.
Hay que cambiar la técnica: no se frena o para, sino que se esquiva y punto.
En resumen, no es bici para viejos, y creo que con eso lo digo todo.
Como siempre pasa con estas cosas, Barcelona se lleva la palma, y pueden verse por sus calle verdaderas maravillas que poco tienen que envidiar a las virguerías estéticas que pululan por Londres o NY.
Españistán siempre ha ido a remolque con las modos, y una o dos temporadas de retraso son necesarias para que las cosas lleguen. Pero hoy día, con internet al alcance de nuestros dedos, constantemente actualizados desde el gayfón o dispositivo análogo, los tiempos se reducen, las distancias se acortan, las modas son globales, y los intereses casi también.
De modo que por mi mente ha pasado alguna vez la idea de hacerme de una bici de pista reconvertida a callejera impenitente. O viceversa.
Pero antes de dar el paso me he informado, he investigado los orígenes, los porqués, los pros y los contras. Y no es difícil darse cuenta de lo suicida que puede llegar a ser tal actividad: circular por la vía pública con una bici sin frenos, en la que no puedes dejar de pedalear, tiene tantos imponderables, pueden ocurrir tantas cosas que mejor prefiero ni pensarlo. Es de locos, verdaderamente.
El piñón fijo tiene un único objetivo: mínimo peso y máxima eficiencia en el pedaleo. Con una línea de cadena perfecta y el desarrollo adecuado, es la mejor forma de no perder vatios de potencia y maximizar la duración de los componentes sujetos a desgaste. Eso, para una pista ovalada de madera con grandes peraltes en sus dos curvas, puede ser lo ideal. Para circular alegremente por la calle, definitivamente, es una jodida locura propia de una mente perturbada.
En fin, que mi colega Antoñito Monkey -no me pregunten el porqué del apelativo, nunca lo supe, y a estas alturas ya importa poco-, un apasionado de la bicicleta, se ha comprado una. Vale, es una de baja estofa, pero nadie se va a gastar una pasta en algo para probar y que luego resulte rana, ¿no?
No sé ni la marca, pero tampoco me quita el sueño, la verdad. La fixie es lo que es: un cuadro, un par de ruedas, un manillar y unas bielas que siempre te empujan para adelante, tanto como tú las empujes a ellas.
| El objeto en cuestión |
El problema principal no está en arrancar, sino en parar. Las bielas siguen girando mientras la rueda trasera lo haga, y en verdad, es tan sencillo como levantar las piernas y quitar los pies de los pedales, pero eso tan sencillo que aun niño pequeño le sale sin querer, a mí, que llevo décadas montando en bicis "normales", me costó dilucidarlo.
Un simple gesto como girar en redondo en una calle puede tornarse en algo complicado si tienes que sincronizar el pedaleo y teniendo cuidado de no tocar con ellos en el suelo al tumbarte. Bueno, eso puede venir de unas bielas demasiado largas para este tipo de bici, que suelen llevar longitudes inferiores a 165 mm, y no los 175 habituales.
No quiero ni pensar en parar ante un imprevisto -un perro que se cruza, un bache, una pelota seguida de un niño, un semáforo que se torna rojo cuando vas lanzado...-, que en una bici de éstas se puede convertir en causa casi segura de revolcón y heridas y contusiones varias. Madre mía.
Hay que cambiar la técnica: no se frena o para, sino que se esquiva y punto.
En resumen, no es bici para viejos, y creo que con eso lo digo todo.
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