sábado, 14 de enero de 2017

Frior

Queda claro que este año 2017 me estoy tomando con calma publicar en el bloc. No hay prisa.
Mejor dedicar más empeño en escribir o narrar cosas más especiales. Al fin y al cabo, no quiero que esto se convierta en un diario que aburra y espante a los sufridos que lleguen aquí por casualidad, casi por equivocación.

Llevamos unas semanas de sequía de viento en Huelva, y hoy ya no hemos podido aguantar más. Mi Juli de mi alma necesitaba una sesión como agua de mayo (más bien como agua de enero) tras unos avatares familiares y laborales que lo han tenido apartado del viento varias semanas. 

Pero la previsón es de viento del Norte, o más exactamente del Noreste. Componente jodidilla. Eso es poco aprovechable en general, y al final decidimos acercarnos a probar en un sitio a priori propicio: Sanlúcar de Barrameda, enclave singular, bello, asqueroso, triste y alegre, rico y pobre, contaminado y virgen, bien y mal situado. Todo ello a la vez. Sí, increíble.
Vista general desde el paseo marítimo donde hemos aparcado, justo donde montaríamos el aparejo y nos haríamos a la mar. ¿O era al río? Qué se yo:


Efectivamente, lo que se ve al fondo es Doñana, centro neurálgico de aprovechados, corruptos, sobreprotección de unas especies y eliminación sistemática de otras, todo ello sin el más mínimo criterio ecológico ni, mucho menos, moral.


Enero, viento del Norte, todo ello significa frio. Si cuando es caliente la cosa, hablamos de calor, ¿por qué no llamamos "frior" cuando el tema está helado que te cagas? Pues eso, ha hecho frior en el agua. Es algo que no todos lo llevamos igual. Ejemplo: mi hijo Manu lo odia, se le montan los dedos de las manos y los pies, y se le ponen rojos. Empieza a tiritar y de repente se va al coche a cambiarse de ropa. Tan es así que me ha dicho que no quiere volver a navegar hasta la primavera. Pero a mí prácticamente no me afecta, lo llevo bien. No se me enrojecen los pinreles ni se me montan los dedos ni sufro calambres.
Julio hoy se ha tenido que salir cuando llevaba hora y media en el agua con claros sintomas de enfriamiento. Yo llevaba puesto un chaleco anti-impacto sobre el neopreno, que algo de viento y frio te quita, y mi gorro de neopreno (antiestético pero eficaz), y esas cositas pueden marcar la diferencia.

Sea como fuere, una vez dimos por finalizada la sesión, nos acercamos a Bajo de Guía para tomar un almuerzo como es debido que nos ayudara a recuperar las calorías perdidas:





Y de postre, una de las especialidades de esta curiosa población, el tocino de cielo, que fue de una calidad suprema, se deshacía en el paladar, de una suavidad y textura sin parangón. Y servido sin nata ni caramelo líquido, como debe ser. ¡Válgame dios, menuda delicatesen!


Finalmente un café para redondear tan buena comida, y un camino de vuelta con amena charla con mi windbrother, mientras sonaba flamenquito en Radio3. ¿Se puede pedir más?

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