jueves, 8 de septiembre de 2016

No todo es correr

Un día festivo en mi ciudad, que aprovecho para dar una vuelta en mi minúsculo descapotable, que llevaba dos o tres semanas sin catar por diversas circunstancias.


imagen de archivo
En verdad, me gusta hacerlo los sábados por la mañana bien temprano, por ser día con ausencia de camiones y casi de tráfico en general, pero no podía aguantar más.
De todos modos, el paseo fue breve, apenas ir hasta Alosno para desayunar en El Portichuelo mi tostadita con jamón. Realmente paseando a Miss Daisy, por ser un tramo el que une San Bartolomé con Alosno casi totalmente en línea contínua, y tuve a tres vehículos que me hacen cuestionarme si procede que todos tengamos derecho a estar autorizados para llevar una máquina de 1500 kg por una carretera de curvas. En fin, no entraré en el tan manido asunto de la filosofía que ilumina a nuestra Dirección General de Tráfico, Ministerio del Interior, y Gobierno en general. Es lo que queremos, es lo que tenemos.

La vuelta, a cielo abierto, ha sido maravillosa. Tuve suerte y no me molestó nadie, por lo que pude ir a mi ritmo, que no fue salvaje ni mucho menos (la cordura parece que va haciendo mella en mi leve intelecto), pero sí apurando alguna que otra marcha. Sólo escuchar ese motor en la soledad de esa zona previa a la sierra es un gran placer difícil de transmitir desde estas modestas palabras.

Parada obligatoria en Tody para comprar unos donuts que mis niños devorarán con fruición, y unas garrafas de aceite, de calidad extrema. A partir de ahí, techo ubicado en su posición cerrada, musiquita para amenizar el camino, y llegada tranquila al garaje, muy contento con el rendimiento de mi adorada y pequeña flechita plateada que espero seguir disfrutando mucho en estos paseos matutinos que tanta energía me dan. 

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