jueves, 28 de febrero de 2013

Marc



El señor Márquez enseñando al público la manera correcta de tomar las curvas de derechas, primando la velocidad de paso en vez de perder el tiempo derrapando. Algunos decían que eso no se podía hacer con las motoGP...

MUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA

No veo el momento de que empiece el Mundial!!!!

miércoles, 27 de febrero de 2013

TT 2011 review

Un poco más de este asunto, que no se me olvida, está por ahí dentro, en mi cabeza, en algún recoveco, y periódicamente sale a flota como para recordarme que hay que ir, que tengo que ir. Que iré.


martes, 26 de febrero de 2013

trail ruso

Estos rusos, sin duda, eso que beben cada dos por tres en el video les provoca locura colectiva...
El video es genial, de lo mejor que he visto últimamente, se lo pasan teta, es una flipada curiosa: una ruta de 4000 km, de los que 1400 son offroad, en 15 días.
Pasen y vean, no tiene desperdicio:


domingo, 24 de febrero de 2013

Aquiles

Imagina a un rey que librara sus batallas: sería un espectáculo.



Aquiles humilla a un niño, a un rey y destroza a un gran guerrero. Todo en 2 minutos...

IDS

Intelligent Depower System, así es como Cabrinha  bautizó hace unos años a su sistema de "suelta rápida". Desde los inicios del pandorguismo, la cuestión de la seguridad ha ido yendo a más, por motivos obvios, ya que cientos de accidentes (algunos con terrible final) dieron la fama que aún hoy día tiene a esta actividad tan bonita como peligrosa.

Cada fabricante de cometas tiene su propio sistema de salvamento, de despotenciación total del aparato. Unos son más acertados, y otros menos, y es paradójico que las denominaciones a veces dan miedo "sistema suicida" se llama uno, "sin vuelta atrás" otro... Con nombres así, la verdad, se le quitan a uno las ganas de usarlas.

Luego encontramos los problemas del relanzamiento (operación o maniobra para regresar la cometa al aire de nuevo después de haber caído), mejor o peor logrados según el diseño de ciertas partes del elemento volador.

Mis cometas son de la marca Cabrinha. Las compré en un principio porque fue las que me ofreció el "hombre que susurra a las cometas", mi maestro o gurú del viento. Yo era un neófito total (y en gran medida lo sigo siendo...), y cogí lo que me puso delante. Después he comprobado que son cometas caras, pero muy muy buenas por ciertas características únicas que no explicaré aquí ahora para no aburrirles en demasía. Una de esas, que sí viene al caso para la historia que narraré en unos instantes, es el sistema de seguridad: el antes referido IDS, abreviatura producto de márquetin, que viene a ser algo así como "sistema inteligente de desponteciación". La verdad es que el sistema es bueno, para muchos es el mejor. Yo no puedo juzgar porque no he probado otro, pero sí he observado y estudiado los otros sistemas y realmente el IDS me parece el más lógico, fiable, verdaderamente eficaz, y además sencillo. Se trata de activar un mecanismo que deja a la cometa unida sólo por las líneas centrales, las que van al borde de ataque, de modo que es imposible que contenga algún resto de potencia. La cometa caerá, si es que no ha caído antes por alguna otra circunstancia, y se colocará en una posición exenta de todo peligro, reacciones asesinas, tirones, etc. Todo ello sin riesgo de romper nada, y fácilmente colocable de nuevo en su estado previo para poder relanzarla rápidamente si se quiere.

El viernes se cumplió la previsión, y después de mucho tiempo volvió a soplar viento del Oeste, incluso del Suroeste, que es con el que yo aprendí y el más típico aquí. Pero nada de los suaves y predecibles vientos térmicos que soplan desde la primavera hasta finales del verano, no. Es el viento producto de una borrasca, por lo que es fuerte, y racheado, y sube y baja a capricho, e incluso puede rolar de golpe y porrazo a Norte, lo que es algo peligroso porque en caso de algún problema te llevaría mar adentro. Y eso no mola.

Pues salí de casa sobre las 16 horas con todo en el maletero (regla número 7, por decir un número: si se tiene, se lleva), y con todo me refiero a las dos cometas que tengo, una de 12 metros y otra de 9. Vi en la red que en ese momento el viento soplaba entre 25 y 30 nudos, que es bastante. Eso es lo máximo con lo que yo he navegado, y la verdad es que no es lo ideal para un principiante y menos con olas, y menos racheado. Así que tiré al Caño de la Culata, en El Portil, donde siempre sopla algo menos que en La Canaleta (3 ó 4 nudos por lo menos), y el agua es plana aunque tenga el inconveniente de la corriente del canal. Pero cuando llegué me encuentro que las condicines han cambiado, y la cosa se ha quedado en más o menos la mitad. Bueno, por suerte me traje la pandorga gorda, así que monté la de 12 mientras la playa se llenaba de cometas pequeñas de 9 y 7 metros que en esas nuevas condiciones no podían tirar de sus dueños...
En unos pocos minutos estaba en el agua, entre varios windsurfistas y sólo un par de cometeros más. Más de una hora haciendo largos hasta la barra y probando cosas pero sin hacer tonterías, muy pendiente de las rachas y comprobando dónde soplaba fuerte y dónde no. Intenté navegar toeside pero no era el día: cuando uno está aprendiendo resulta que un día te salen las cosas y al siguiente no, y todo va en porcentajes y cada vez te va saliendo mejor y más veces, hasta que al fin lo controlas. Tiene que ver con la memoria muscular, la capacidad de conexión neuronal, la velocidad de reacción.. vamos, lo que viene siendo la práctica.

El caso es que ya estaba yo un poco cansado. Cuando uno empieza a cambiar de postura, a girar antes de tiempo para dejar descansar la pierna trasera, cuando pierde la concentración y estás a punto de caer al agua, cuando esa olita te coge desprevenido más de una vez... es el momento de salirse y descansar un rato o directamente recoger y dar por finalizada la sesión. Así que me digo "el último largo", y yendo hacia dentro me entra una racha de loco, calculo 25 nudos o asín, y la cometa que me tira lo más grandísimo, algo alucinante. Menos mal que ha sido en agua plana y puedo controlarlo más o menos, despotencio al máximo durante unos segundos que se hacen eternos, apunto con la tabla hacia barlovento al máximo que la fuerza de mis piernas me permiten (diosssss, el muslo izquierdo arde), la cometa se situa en el borde la ventana del viento, y logro frenar el asunto. Buff, doy la vuelta, salgo bien del trance, y me enchufo hacia la playa en un largo de vuelta que lo hago a la velocidad del rayo y ciñendo a tope sin problemas. Reparto bien el peso entre los dos pies, la cometa bien situada casi en el límite de la ventana, bien baja para ayudarme a clavar el canto: el agua que sale despedida me salpica en el pecho, en los brazos, en la cara. ¡¡Velocidad!!.
Me acerco a la orilla, ciño al máximo para frenar y subo lentamente la cometa con el depower al máximo.. y pasó lo que tenía que pasar: entró la racha de las rachas, la madre de todas las rachas. A tres metros de la arena el viento me arrastra, la tabla me derrapa, no puedo con ella, me levanta, me voltea, la cometa cae, la tabla se me desengancha... y todo en la orilla. Menos mal que no hay nadie, pero ni un alma, en la playa. Como puedo salgo del agua con la cometa más o menos controlada pero imposible bajarla de manera estable con esa fuerza de viento. Me arrastra poco a poco por la arena, yo trato de oponerme a ella, la subo al cénit con cuidado, y pienso un poco ¿qué hago ahora? No puedo autoaterrizarla solo, sin ayuda, en estas condiciones de viento, bastante pasado. A mi derecha, a 25 ó 30 metros, otro que también se ha salido y que está en mi misma situación. No hay nadie para ayudarnos a bajar las cometas... salvo tres windsurfistas que juegan en la orilla con un perro y no nos echan ni puñetero caso. Les grito, les hago señales, pero nada. Miran hacia mí pero parece que vieran a un fantasma o que yo fuera transparente. Ni se inmutan. Uno piensa de todo en ese momento.
Al fin pongo la cometa baja, al borde, y suelto el IDS haciéndolo todo como he visto en youtube decenas de veces: y la cometa cae al suelo, se queda sin fuerza y comienzo a recoger las líneas lentamente, con miedo y totalmente inseguro porque es la primera vez que lo hago, y además solo. Culmino la operación con éxito, wow, y ayudo al otro a bajar su cometa. El otro era mucho más novato que yo, aún no sabe ceñir bien y no es capaz de volver al sitio, me confiesa. Estaba muy asustado, más que yo.

Ahora, en frío, y con la suerte de no haber ocurrido ninguna desgracia personal ni consecuencias materiales, quiero creer, quiero pensar, en serio, lo deseo de corazón, que los tres tipos aquellos no me oían, o no se daban cuenta de la situación de peligro. Dejémoslo aquí, por mi parte está olvidado, aunque quizá algún día hablaré de la estupida rivalidad entre windsurfer y kiters. No es ahora el momento.

Lo que he aprendido es que: 1) hay que ser muy vigilante y tener muchísimo cuidado, la racha puede entrar en el momento más inoportuno, y por Ley de Murphy lo hará; 2) intentar estar acompañado siempre por alguien que te pueda/sepa ayudar; y 3) si todo lo demás falla, hay que aprender a ser autosuficiente para estos casos extremos, hay que saber salvarse, aún a costa de perder el material o romper algo, porque la seguridad personal es lo primero. Claro está, hasta que no te pasa algo así, uno no aprende a manejar el IDS, o a recoger la cometa después de matarla. Así ya he aprendido a recuperar mi tabla ganando barlovento cuando la he perdido en una caída en medio del océano, o a recoger la de otro, levantar yo solo la cometa, bajarla en tierra, relanzarla en el agua. Todo ello se hace con la experiencia, no te lo pueden enseñar en un cursillo.

Amén.



Post scriptum: el viernes fue la séptima vez que navegué en lo que llevamos de 2013. La estadística es horrible, y más teniendo en cuenta que lo he hecho todos y cada uno de los días que ha habido viento, incluso haciendo muchos kilómetros en busca del spot adecuado. Siete días de cincuenta y dos arroja un porcentaje nimio del 13'5% de días navegables...

sábado, 23 de febrero de 2013

miércoles, 20 de febrero de 2013

Kona DH 2014: preview

Aunque apartado hace ya unos años del mundo descender y freerider, no he podido evitar que esto me llamara la atención hasta el punto de gritar para mis adentros "What the hell!!!"


Lo anodino hecho bici de descenso, la verdad
Menuda perla se acaba de sacar de la manga la legendaria KONA, marca de bicis camperas donde las haya, de la que me considero el afortunado poseedor de varias de ellas. Es cierto que, de un tiempo a esta parte, el fabricante canadiense ha ido dando palos de ciego, sobre todo con el sistema de suspensión de sus bicis de enduro, y ha ido cambiando las inconfundibles formas de antaño, así como los graciosos y cojonudos nombres que identificaban a los modelos.
Pero es que esto ya es el acabose: uno la ve y no sabe si está ante una Trek, una de las últimas Norco -que también ha ido perdiendo poco a poco su identidad, todo sea dicho-, o una Sepcialized. No me considero un purista en nada, y mucho menos en el tema de las bicis, y no soy realmente talibán seguidor o afin en exclusividad de un fabricante en concreto. Al contrario, pruebo de todo, y la verdad es que me gustan todas. Asimismo, soy consciente de que, sobre todo hoy, un fabricante está para ganar pasta, no para hacer cuadros que entusiasmen a tres o cuatro nostálgicos del diseño ochentero, o a dos exquisitos de los acabados y piezas de calité extraordinaria, no.
Kona, como todos, lo que tiene que hacer es vender, y su producto está ahí. Lleva dos o tres años en la cuerda floja, después del pinchazo de la burbuja del freeride, y ahora trata de ganarse esa parcela que perdió, sobre todo tras la huida de Fabien Barel de sus filas. La prueba son las magníficas bicis de doble suspensión que tiene en catálogo ahora mismo, tanto en 26 como en 29 pulgadas, que son además de buenas máquinas, bonitas de verdad.

Volviendo al prototipo 2014, vemos una parte delantera de fibra de carbono, con la bieleta de la suspensión y la parte trasera -vainas y tirantes- en aluminio. La pipa de la dirección sobredimensionada tiene un ángulo bastante radical de sólo 64 grados, bastante habitual en las antecesoras -Kona Stab, oh que gran máquina-, y presenta algún detalle curioso como esa guía para el cableado totalmente inédita:

Mola tela la chapita de la marca ahí puesta.


Espacio para montar la rueda más gorda del mercado, y magnífico acceso al amortiguador: chapeau!


domingo, 17 de febrero de 2013

los patitos y su mamá

mucho ojo

Atentos a la cara de felicidad al acabar la sesión:

horizonte final

Este es el título de una tremenda película de ciencia ficción de índole terrorífica, en serio. Una vez tuve que dejar de verla cuando iba por la mitad, del acojone que tenía, y terminé el día siguiente a mediodía. Sí, soy así de impresionable.

El final de un horizonte, motociclísticamente hablando, puede estar muy cerca para mí. Hoy he realizado la que puede haber sido la espuela, o la penúltima subida a la sierra con la Minigixxer:

Solitaria ella, única representante del deportivismo en carretera abierta
Una mañana fría, aunque no tanto como la de ayer en bici, y el madrugón correspondiente, han propiciado que no hubiera apenas motociclistas en la N-435, antaño ruta inevitable de los más quemados de las provincias de Huelva, Sevilla, Badajoz y parte de Portugal.
Cientos de accidentes y la masificación de inexpertos moteritos de tres al cuarto en la búsqueda de sensaciones propiciaron en su día la persecución, acoso y derribo, a saco, de los usuarios de este tipo de máquinas. Hoy día, la diezmada raza de pilotos racing se dedican a desfogarse en los circuitos, en un entorno más controlado y exento de "recetas" por parte de la Benemérita... lo que, unido a la galopante crisis, ha hecho que el mundo de las hypersports sea hoy una mera anécdota.
Sí, es raro ver ya a esos locos enfundados en sus monos de cuero de una pieza con las deslizaderas gastadas, tomando el café de rigor en la cafetería a pie de carretera, contando batallitas al más puro estilo "Joe Bar Team", o "Ace Cafe".

Panta rei, todo pasa, decían ya hace tres mil años los clásicos griegos. Efectivamente, lo he podido vivir en mis carnes. Solo me crucé, en el camino de vuelta, con una maxitrail y dos Muebleuves viejunas que iban de paseo. Aún así y todo, fui parado en el cruce de Calañas, a la altura de Los Pinos de Valverde, por los agentes de verde, que me hicieron una inspección general y, previa amenaza de recetarme 80€ para terminar de joderme el ánimo por no considerar que la pegatina de la ITV estuviera en el lugar oportuno, me dejaron ir... Oh, alabado sea el Señor Todopoderoso -The Almighty Lord-, por su infinita misericordia y elevada comprensión. ¡Qué manera de escudriñar los neumáticos, verificar si llevaba el preceptivo catadióptrico trasero, comprobar la legalidad de los intermitentes, verificar la corrección de la póliza del seguro... Lo siguiente puede ser una prueba de ADN in situ para cerciorarse de que yo soy realmente quien digo ser y no un usurpador cualquiera. Me ahorro aquí y ahora los calificativos que merecen estos despreciables fariseos, sepulcros blanqueados de la moralidad sobre ruedas, perros que obedecen a su amo como robots sin conocimiento ni lucidez ni capacidad de discernimiento.

La decisión está prácticamente tomada. Iba a adquirir una trail viejuna de allá el 1990 ó, a los sumo, el 1992, y compaginarla con la GSXR, pero no tiene sentido. En un mundo en que las carreteras están hechas para el más lento y el más torpe, conducir una deportiva es un sinsentido absoluto y puede producir a corto plazo serios daños cerebrales, problemas de personalidad y, sobre todo, una enorme caída de la autoestima que nos suma en la más profunda de las depresiones.
Con una trail puede abrirse un nuevo mundo ante mí, y ya imagino en mi cabeza rutas fantásticas llenas de aventuras y alegrías, lejos de la civilización y, sobre todo, del acecho recaudatorio del gran Leviatán llamado Estado. O eso creo.