lunes, 5 de enero de 2026

Un poco de cordura

 


La carta enviada por Sánchez a Von der Leyen el pasado 11 de diciembre, implorando mantener el veto de 2035 bajo el pretexto de la "seguridad jurídica" para las inversiones ya realizadas, ha sido desoída con una frialdad diplomática que ilustra la pérdida de influencia de la postura española.

Es un reconocimiento explícito de que la hoja de ruta verde, tal y como estaba diseñada, colisionaba frontalmente con la realidad industrial y social del continente.

Este viraje de 180 grados, orquestado por la presidenta Ursula von der Leyen bajo la presión de su propia familia política, el Partido Popular Europeo (PPE), marca el fin de una etapa caracterizada por un idealismo regulatorio que a menudo ignoró las capacidades reales del mercado.

La realidad, obstinada, ha terminado por imponerse a la utopía legislativa.

Los datos son innegables. El estancamiento en la venta de vehículos eléctricos, incapaces de penetrar en el mercado de masas por su elevado precio, y la crisis estructural de gigantes como Volkswagen, que afronta cierres de plantas históricos en Alemania, han encendido todas las alarmas.

Europa ha comprendido tardíamente que no puede legislar contra su propia industria ni imponer una transición que la clase media europea no puede pagar.

La decisión de Bruselas supone la victoria del pragmatismo económico sobre las posturas climáticas más rígidas, defendidas por España y Francia, frente al pragmatismo de Alemania, Italia y el PPE.

domingo, 4 de enero de 2026

usted está aquí

Para los que no quieren leer, la realidad actual explicada con libros que HAY QUE LEER, PORQUE VER LAS PELÍCULAS NO CUENTA. George Orwell, Rad Bradbury, Aldous Huxley y Anthony Burgess.



sábado, 3 de enero de 2026

Memoria

Se os echó de menos en Valencia...

EL 1 de diciembre del año 1993, en plena destrucción de Yugoslavia, un comando español del contingente militar de cascos azules destinado en Bosnia, perteneciente al Tercio “Alejandro Farnesio” de la Legión, se encuentra en la ciudad de Konjic a 40 kilómetros de Sarajevo con una masacre perpetrada por el grupo musulmán "pañuelos verdes", famosos en toda Bosnia por sanguinarios y despiadados.

En la guerra de Yugoslavia la prensa sólo hacía referencia a las masacres de ortodoxos contra musulmanes pero la realidad era que ambos bandos eran igual de crueles e inhumanos, como en todas las guerras.

El comando militar español, compuesto por 35 legionarios y mandado por un joven teniente Legionario llamado José Luis Monterde Maldonado, escucha, cerca de su posición, los gritos desesperados de unas 200 mujeres y niños huyendo de los musulmanes y unos 10 soldados croatas cubriendo la retirada de la población civil que, al ver los 5 o 6 vehículos blindados de la ONU, se refugian tras ellos. 

Los soldados croatas se rinden de inmediato e informan al teniente Monterde que si no les dan amparo, los van a degollar a todos. 

Los pañuelos verdes advierten a los españoles que si no entregan a los croatas, los pasarán a cuchillo a todos. 

Monterde consulta por radio a su alto mando militar de qué hacer y el alto mando le ordena que intente aguantar y negociar pero que, si no es posible, que entregue a las 200 mujeres y niños junto a los 10 soldados croatas a los musulmanes y que no miren atrás, a lo que el joven Teniente Monterde contesta: "de aquí no se mueve nadie . . .". 

Planta cara a los pañuelos verdes que al mirar a la cara al enemigo que tiene enfrente, se repliega y se marcha. 

Aquellas 210 vidas inocentes fueron salvadas y posteriormente, el portavoz en Sarajevo de las Fuerzas de Protección de la ONU para la antigua Yugoslavia, Barry Frewer, describió al teniente español y sus compañeros como "unos verdaderos héroes”.

En Croacia el día 1 de diciembre es celebrado como el Dia de los Inocentes de Konjic y se rinde homenaje a los soldados españoles que defendieron a esas personas.

Casi nadie en España sabe esto, es mejor hablar de la “memoria histórica” que nos divide y no de nuestra historia reciente y pasada de la que deberíamos estar orgullosos.

Por ellos, por los que no volvieron y dieron sus vidas por un mundo mejor.

martes, 30 de diciembre de 2025

El arte de filosofar

 Si deseas convertirte en filósofo, lo primero que debes comprender es que la mayoría de las personas viven con un mundo de creencias que carece de justificación racional, y que el mundo de creencias de una persona tiende a ser incompatible con el de otra, por lo que ambas no pueden tener razón. Las opiniones de las personas están diseñadas principalmente para sentirse cómodas; la verdad, para la mayoría, es una consideración secundaria.

— Bertrand Russell, El arte de filosofar: y otros ensayos (1968), Ensayo I: El arte de la conjetura racional (1942), pág. 7



sábado, 27 de diciembre de 2025

sábado, 6 de diciembre de 2025

Singletrack fury: el sendero infinito

Hace unas semanas coincidí con Ernesto el Bocina en un bar, y no pude sino levantarme y darle un abrazo mostrándole mis respetos y admiración por su labor constructora de senderos en los pinares de Punta Umbría, Aljaraque y Cartaya. 
Hacia varias lunas que no cogía la bici de monte, no me gusta el campo seco y amarillo, el polvo, las trampas de arena. Y durante la época calurosa, que se extiende más allá de lo que se conoce como “verano”, en estas latitudes, prefiero usar la flaca o mi engendro gravillalizado. 
Pero hoy me decidí por el bisturí, pensando, con buen criterio, que el momento era propicio. 


El verde empieza a dominar e espectro del color de la naturaleza que me rodea. Ni un charco, nada de barro. El terreno está muy necesitado de agua, y lluvias tan torrenciales como esporádicas, ayudan poco, y hasta pueden hacer más daño que bien. 


No me he cruzado con ningún otro ciclista hoy, y mira que el día está bueno. Varios nuevos caminitos he investigado, y hasta he rodado por el suelo cuando a la salida de una cerradísima curva la rueda delantera se ha metido en unas jaras y me he quedado frenado, cayéndome prácticamente parado sin darme tiempo a sacar el pie de la cala. Como un novato, sí, ríanse. 

Aún así, lo pasé muy bien, y estoy contento de haber salido con la bici hoy, en lugar de coger la moto. 

martes, 25 de noviembre de 2025

cita:


 

Orwell


En 1937, George Orwell recibió una bala en el cuello durante la Guerra Civil Española -en una trinchera en Los Monegros-. El francotirador había apuntado con precisión —pero el proyectil rozó su arteria por apenas unos milímetros. Tendido en el suelo, ahogándose, Orwell creyó que había llegado su última hora.

No moriría por la gloria, ni por su país, sino por la verdad.

Aquel momento lo marcó para siempre.

Había ido a España a luchar contra el fascismo, pero en el frente descubrió otro enemigo igual de peligroso: la mentira.

Vio a hombres traicionarse en nombre de la justicia, y a la prensa torcer los hechos hasta borrar toda huella de realidad.

Aquella herida la llevó toda la vida —una fina cicatriz en la piel, una herida profunda en el alma.


De esa herida nacieron sus obras más grandes.

En Rebelión en la granja, mostró cómo las revoluciones pueden corromperse hasta convertirse en tiranía.

En 1984, lanzó al mundo una advertencia terrible: la verdad puede ser destruida, reescrita, sustituida por el discurso del poder.

Pero el genio de Orwell no nació en los salones intelectuales.

Echó raíces en la miseria y la lucidez.

Lavó pisos en París, compartió la vida de los mineros del norte de Inglaterra, vivió entre los olvidados para comprender la realidad de los más pobres.

Para él, escribir no era una profesión —era un acto moral: “En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario.”

Cuando escribió 1984, enfermo de tuberculosis en una isla helada de Escocia, lo hacía entre accesos de tos, negándose a descansar.

Quería entregar una última verdad antes de que su voz se apagara.

Y cuando finalmente se extinguió, no dejó solo novelas.

Dejó un espejo.

Un espejo que, todavía hoy, refleja con demasiada precisión nuestro mundo.


George Orwell no solo escribió sobre la opresión.

La vivió.

La superó.

Y con la cicatriz en el cuello y el fuego en sus palabras, nos dejó una advertencia —para que nunca podamos decir que no lo sabíamos.


Fuentes: Homenaje a Cataluña (1938), En busca de la verdad — BBC, Britannica, The Guardian.

lunes, 17 de noviembre de 2025

En soledad, disfrutando del verde que va llegando

Un sábado cualquiera, uno más en que, a pesar del frío, me casi obligo a vestirme de romano. Toda una parafernalia lo de tener que encajarse en un disfraz de rodilleras, botas, peto, chaqueta, guantes, casco... pero es necesario para disfrutar con mínimas garantías de seguridad. 
Esta vez me acordé de llevar una riñonera con algunas herramientas y pequeñas piezas como alambre, bridas de plástico, tornillos varios. 
Fueron tres horas de alegría, risas dentro de mi casco, algún grito y wows que se escaparon, en las que hubo de todo menos autopista. La mayor parte campo, pistas fáciles, algún repechito con roderas y mucha arena que no hubiera podido salvar con la Tiger, pero que la TTR pasa como danzando, como disfrutando de su elemento. 


La máquina se ha comportado dignamente, cada vez nos entendemos mejor. Tras las últimas mejoras en forma de cambio de retenes de horquilla y mantenimiento del amortiguador, se ha vuelto incluso más cómoda y segura. ME GUSTA.



 

viernes, 14 de noviembre de 2025

Sequoyah


 No sabía leer ni escribir.

Así que inventó todo un sistema de escritura.

A comienzos del siglo XIX, en la Nación Cherokee, un orfebre llamado Sequoyah observaba a los colonos blancos con sus “hojas que hablan”: aquellos papeles cubiertos de signos misteriosos capaces de enviar mensajes a distancia y conservar el conocimiento a través del tiempo.

Los cherokees, en cambio, no tenían escritura.

Su historia, sus leyes, sus leyendas existían solo en la memoria, transmitidas de boca en boca, de generación en generación.

Y Sequoyah comprendió algo esencial: el saber de su pueblo era frágil.

La muerte de una generación podía borrar siglos de sabiduría.

Entonces decidió actuar.

Sus amigos lo tomaron por loco.

Su esposa, exasperada por su obsesión, incluso habría quemado sus primeros trabajos.

Los demás se burlaban: ¿cómo un hombre analfabeto podría crear un sistema de escritura?

Ni siquiera los lingüistas formados lograban semejante hazaña.

Pero Sequoyah tenía algo que ningún erudito poseía:

conocía íntimamente su lengua, desde dentro.

Durante doce años trabajó.

Primero intentó asignar un símbolo a cada palabra —demasiadas para recordarlas.

Luego probó con pictogramas —demasiado complicados, demasiado limitados.

Cualquiera habría abandonado.

Él persistió.

Y un día tuvo una revelación.

En lugar de crear signos para las palabras o las ideas, crearía signos para los sonidos.

Descompuso la lengua cherokee en sus sílabas fundamentales e inventó un carácter para cada una.

Ochenta y cinco símbolos.

Eso fue todo lo que necesitó.

Ochenta y cinco signos para representar todos los sonidos de la lengua cherokee.

En 1821, Sequoyah presentó su silabario a los jefes cherokees.

Ellos se mostraron escépticos.

Entonces hizo una demostración:

escribió los mensajes que le dictaron, y su hija —que había aprendido el sistema— los leyó en voz alta desde otra habitación, sin haber oído las palabras originales.

Los jefes quedaron asombrados.

El sistema funcionaba.

Lo que siguió fue extraordinario.

En pocos meses, miles de cherokees aprendieron a leer y escribir en su propia lengua.

La tasa de alfabetización se disparó.

Personas que nunca habían sostenido una pluma escribían ahora cartas, llevaban registros y preservaban sus relatos.

Para 1825, la mayoría de la Nación Cherokee sabía leer y escribir, con un nivel de alfabetización superior al de muchos colonos anglófonos.

En 1828, el Cherokee Phoenix se convirtió en el primer periódico indígena de América, publicado en cherokee y en inglés gracias al silabario de Sequoyah.

Lo que había logrado rozaba el milagro.

Trabajando solo, sin educación formal, creó un sistema de escritura tan elegante e intuitivo que miles de personas lo dominaron en pocos meses.

Los lingüistas aún hoy lo consideran uno de los mayores logros intelectuales de la historia humana.

Muy pocos sistemas de escritura han sido inventados por una sola persona,

y el de Sequoyah es el único que alcanzó un éxito tan rápido y universal.

Pero lo que hace su historia aún más conmovedora es el contexto.

Lo logró durante una de las épocas más oscuras para el pueblo cherokee.

Las presiones de los colonos aumentaban.

El gobierno estadounidense exigía sus tierras.

La expulsión forzada era inminente.

En medio de esa crisis existencial, Sequoyah dio a su pueblo algo que ninguna fuerza podría arrebatarles:

el poder de preservar su lengua, su conocimiento, su identidad.

Cuando llegó la Ruta de las Lágrimas en 1838 —aquella marcha forzada en la que murieron miles de cherokees al ser expulsados de sus tierras—,

llevaron consigo el silabario de Sequoyah.

Perdieron sus tierras, sus hogares, sus seres queridos.

Pero no su lengua.

Gracias a su invento, el idioma cherokee pudo escribirse, transmitirse, enseñarse y publicarse.

Sobrevivió al exilio, a la represión cultural y a generaciones de intentos de asimilación.

Hoy, el silabario cherokee sigue vivo.

Se enseña en las escuelas, aparece en los letreros de las carreteras de la Nación Cherokee y hasta existe en formato digital, en computadoras y teléfonos.

Sí, hoy se pueden enviar mensajes de texto en cherokee gracias a un orfebre del siglo XIX que se negó a dejar morir su lengua.

Sequoyah nunca aprendió a leer ni a escribir en inglés.

No lo necesitaba.

Había creado algo mucho más valioso:

una forma para que su pueblo pudiera leerse y escribirse a sí mismo.

En un mundo que intentaba borrar la identidad cherokee,

inventó una herramienta para preservarla para siempre.

No fue solo innovación.

Fue resistencia.

Fue supervivencia.

Fue amor, hecho visible para un pueblo y su lengua.

Su nombre es Sequoyah.

Y le dio a la Nación Cherokee algo que nunca podrían quitarles:

sus propias palabras, escritas con sus propias manos,

preservadas para la eternidad.