En unas declaraciones que ya están dando la vuelta a Europa, el canciller alemán admitió que la Unión Europea atraviesa un fracaso profundo debido al exceso de regulación y burocracia.
Afirmó que tanto Alemania como el resto de Europa tienen un enorme potencial económico y tecnológico, pero que este se ve ahogado por normas absurdas, lentitud administrativa y decisiones alejadas de la realidad productiva. Sus palabras suponen uno de los cuestionamientos más duros al proyecto europeo desde dentro y refuerzan el creciente malestar social y político contra Bruselas.
