domingo, 7 de mayo de 2017

Berrocal y más allá

Se acerca, inexorablemente, el final de la temporada motocampera, no tanto por las prohibiciones legislativas, sino por las propias características climáticas de nuestro Sur ibérico, que llenan de polvo y centigrados los parajes que solemos visitar a lomos de nuestras amantísimas máquinas.


Es por ello que debemos aprovechar, si podemos, las últimas oportunidades. De este modo, el sábado 6 de mayo, nuestro compi Diego nos había preparado una ruta larga, que se adentraba en la sierra, cosa poco normal en nosotros. Aprovechamos para almorzar a mitad de trayecto, cosa que sólo sucede una o dos veces al año, y son momentos entrañables y esperados por los asistentes para reír, contar anécdotas, y recordar a los que no pudieron venir.


A pesar de todo, la zona más cercana a Valverde del Camino la habíamos rodado no hacía mucho, pero no por ello fue menos disfrutada. Hay que señalar algo que los aficionados a la moto de campo, bicicleta, incluso senderistas, saben bien, y es que un mismo trayecto puede parecer muy diferente de una semana a la siguiente. No ya digo un mes!!!
El campo está vivo, la naturaleza respira y sigue sus ciclos. Hoy verde, frondosa, fresca y húmeda. Mañana seca, dura, resbaladiza. Ayer impenetrable y oscura. Siempre bella, siempre agradecida, siempre fuerte. La vida se abre paso a toda costa, y somos necios y pretenciosos al creer que podemos derrotarla. El hombre desaparecerá del planeta, y la naturaleza seguira, tan tranquila y campante, su reinado imparable.

Irreprochable, la 690 es imparable en el todoterreno
Tres KTM 690R, una BMW F800GS, y una Yamaha XT660R, forman el conjunto bien avenido que discurre agradablemente por pistas, caminos, riachuelos, carreteras secundarias, piedras, barro y arena. Con éxito y disfrute, por supuesto.



El relax hace su aparición en el momento justo, sin prisas, de manera automática, y reponemos líquidos y calorías perdidas en la aventura vivida, preparándonos para seguir con otra disposición dado el cansancio que vamos acumulando, y las preocupaciones debidas tras un almuerzo como es debido...


Aún así llegamos a cimas lejanas, tierras no por ello inhóspitas. Nos acercamos a Berrocal. Bosques típicos nos rodean, plantaciones enormes de eucaliptus (a los que poco a poco voy aprendiendo a soportar, es lo que hay) que proporcionan sombra y vida. Algunos ciervos son vistos, pocos seres humanos. Mejor así.




Los kilómetros se suceden, y paramos a veces para echar un pitillo, alguna meada, o simplemente descansar un poco. Vamos bajando poco a poco, la pista parece interminable, hacia Paterna del Campo. A lo lejos se vislumbran las torres generadoras de electricidad solar, un espectáculo curioso, pues están bastante lejos...


Siempre quedan ganas para sonreír y saludar a la cámara. A todos nos gusta montar en moto durante horas, sabemos que pronto echaremos todo esto de menos. Pero también sabemos que el adiós es más bien un hasta luego.






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