martes, 9 de febrero de 2010

lo clásico

La belleza de lo verdaderamente clásico.
En los últimos años se están recuperando diseños de épocas pasadas que dejaron huella en nuestros corazones y también, todo hay que decirlo, en nuestro ojos: el Mini, el New Beetle, el Fiat 500 en los coches; y en motos tenemos las Triumph Bonneville o la gama retro de Ducati.
No queriendo entrar en lo acertado o adecuado de la adaptación de estos recientes diseños, la verdad es que nos recuerdan, sí o sí, sin ningún género de duda, a aquellos a los que autoplagian. O sea, sus líneas son un calco de los modelos de antaño, con las necesarias reformas para actualizar sus prestaciones, y las mínimas reformas para adecuarse a los nuevos tiempos y sus demandas -más espacio interior, por ejemplo, en el caso de los autos, o acabados dignos del precio que marcan sus fabricantes-.

No obstante, aunque los casos mencionados son populares, conocidos por casi todos, no dejan de ser vulgares copias modernas de máquinas que, aunque bonitas y reconocidas por una u otra causa, fueron "vulgares", en el sentido estricto del vocablo. Quiero decir que eran coches del vulgo, de la gente -como dirían los Compadres-. Eso resta glamour, y mucho.

Ultimamente hay cierta fiebre del vehículo clásico en nuestro país, aunque no tanto como en Reino Unido o EEUU, pero, la verdad, los clásicos típicos de aquí dan un poco de pena, incluso un poco de asco. Lo de la repugnancia es debido, en gran parte, a la tan acérrima como irracional defensa frente a terceros del valor intrínseco que puede tener un cochecillo como un Seat 600, un 850 o un R-4. NO, oiga, NO. Para usted, tonto de los cojones, le recordará una grata niñez o juventud, con bonitas estampas familiares, o le recordará su primer y lamentable polvo apretado en el asiento trasero de una de esas cajas de cerillas, y por ello tiene ese valor subjetivo. Pero no crea que está en posesión de algo de verdadero valor.
Nunca preguntaré a un necio de estos lo que le costó rehabilitar o restaurar su lata con ruedas -ya sé que su mecánico es rico-.
Y encima, tienen el valor de mirarte mal y tacharte de ignorante e inculto. Y eso lo afirma quien no es que no haya leído nada acerca de Kierkegaard, sino que ni siquiera sabe quién sea tal señor.

Les voy a poner algunos verdaderos ejemplos de autos clásicos, coches ante los que hay que descubrirse impepinablemente, que no te pueden dejar indiferente, y que SÍ tienen valor intrínseco, y mucho:



El magnífico Shelby AC Cobra de 1962


Bizzarrini GT Strada 5300 de 1966
Datsun Fairlady Z de 1969




Y el glorioso y magnífico* SLR 300 "Gullwing" de 1955

Son sólo cuatro ejemplos de verdaderos clásicos con carisma y valor. Ante ellos me quito el sombrero, y todos deberían hacer lo mismo, y no porque lo diga yo. La lista de coches clásicos buenos, bonitos y verdaderos ejemplos de otra época llena de refinamiento, potencia, deportividad y lujo, es larga, ya lo creo.
Iré poniendo por aquí algunas fotos de esos coches que realmente merecen la pena.
* Les cuento porqué es magnífico:
Tiene el motor central delantero, quiere esto decir que el bloque se encuentra justo detrás del eje delantero, para que el coche tenga un mejor reparto de pesos. También tiene un chasis multitubular y una carrocería de aleación de magnesio, lo que contribuye a un peso en seco de 880 kg. Montó un motor derivado del utilizado por Mercedes en la F1, que era un 8 cilindros en línea, subido de cilindrada hasta 2.981'70 cc, que obtenía una potencia que oscilaba entre 299 y 310 cv, dependiendo de la admisión utilizada, a 7.400 rpm, con un par máximo de 318 Nm. Dicho motor era montado longitudinalmente, y girado 33 grados para bajar su perfil por motivos aerodinámicos y para bajar el centro de gravedad, provocando el característico bulto del capó en el lado del pasajero. Otros detalles y curiosidades son: la distribución era por un sistema desmodrómico -similar al usado hoy día por Ducati-, en vez de muelles; utilizaba inyección electrónica, lo que era una novedad entonces; por supuesto, tenía suspensión trasera independiente; en competición se instalaba un freno aerodinámico, similar en funcionamiento a lo que podemos ver hoy en el Veyron o el mismísimo SLS, sólo que situado en la parte frontal en vez de atrás. Llegaba a alcanzar casi 290 km/h. Señores, no olviden que hablo de 1955!!!

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